viernes, 1 de octubre de 2010

El debilitamiento de los sindicatos y la quiebra del modelo corporatista


El debilitamiento de los sindicatos y la quiebra del modelo corporatista

El incremento en la complejidad y multiplicidad de las estructuras de clase, como en los sectores ocupacionales de clase media y las transformaciones políticas, a partir de la década de los setenta, se manifestaron en dificultades de ajuste en el devenir de las democracias y en la naturaleza de representación de los partidos políticos, concerniendo fundamentalmente a los partidos de izquierdas y a los sindicatos. Poniendo en tela de juicio los ideales socialdemócratas tradicionales, fundamentado en la armonización entre los partidos socialistas que intervenían en el plano político, y los sindicatos en el laboral, dos apéndices de un cuerpo social que actúan en un mismo plano político.
En el momento que las clases medias se cuestionaron sobre las crecientes imposiciones fiscales que requería el Estado de Bienestar, los primeros avatares de la crisis de los años setenta y el aumento del desempleo, los partidos social-demócratas revelaron el riesgo de ser sancionados electoralmente. Esa sospecha influyó a plantear nuevas estrategias encaminadas a logar apoyos entre las clases medias, considerando acertadas las propuestas de alejarse de las tesis sindicales más <<obreristas>> , formulando nuevas políticas <<autónomas>> que no estuvieran subordinadas a los intereses y necesidades de los sindicatos, en la búsqueda de la integración y representación más diversificadora. Un proceso que llevó a paliar la influencia de los sindicatos en los partidos socialdemócratas y a una gradual desimplicación política, en una acción que se presentó como una conquista de la autonomía social, aunque en la práctica evidenció una sólida pérdida de mecanismos de influencia política.
El elemento diferenciador en la marcha de la pérdida de poder de los sindicatos estuvo en la mecánica de pactos sociales que se articulaba en torno al modelo de Estado de Bienestar clásico, caracterizando básicamente por tres rasgos:

·      Por el establecimiento adoptado en los acuerdos comunes en torno a las políticas económicas y sociales.
·      Por el impulso en la integración de los agentes sociales y sindicatos, en la conformación de los criterios de orientación de la política económica, mediante instituciones como consejos económicos-sociales o las instancias de arbitraje.
·      El estímulo de los gobiernos en la definición de las políticas y acuerdos establecidos por los diferentes agentes sociales.

Entendiendo que algunos elementos de la política no se decretaban en el Parlamento, sino decididos en mesas de negociación. Superando con ello el conflicto abierto, instaurando la negociación frente al conflicto como herramienta efectiva y resolutiva, contribuyendo a que en algunos países se constituyera una de las etapas con más paz, estabilidad, progreso u crecimiento económico en la historia occidental. Un proceso que convivió con la crítica al <<corporalismo>>, en su carácter polisémico de las expresiones, y en la crítica de constituir el <<modelo de democracia clásica>>, <<basado en el pluralismo político>>. En cualquier caso, el <<corporatismo>> acabó satisfaciendo un papel de <<teoría-blanco>> o <<teoría diana>>, que atrajo muchas críticas académicas y políticas a lo que acontecía, en nombre de un pluralismo político independiente de los intereses socio-económicos. Unos enfoques éstos, puestos en cuestión, tras la crisis de petróleo de 1973 en dos frentes, el primero que defendía las negociaciones no sólo en el ámbito social sino también en el parlamentario, y la otra desde la escena académica en duras críticas al respecto del poder que habían adquirido los sindicatos  como mediadores de las políticas socioeconómicas.
Se trazó a partir de la década de los setenta un panorama abierto de consenso social junto a un modelo alternativo de línea neoliberal, buscando principalmente la competencia y estabilidad empresarial. Y resultando en una pérdida de influencia de los sindicatos, traducida en la merma efectiva y simbólica de poder. Apartando por tanto a los sindicatos de las oportunidades decisorias prácticas.
Otro efecto importante en la fractura de los modelos corporatistas ha sido la evolución de una contrarreforma social de importantes repercusiones, que se manifestó en desempleo, precarización laboral, exclusión social y desigualdades sociales, etc.
En el final del siglo XX la crítica neoliberal centró su discurso en que los sindicatos y los poderes públicos habían alcanzado una cota de poder desmesurada en las democracias occidentales. La mejora electoral de los grupos conservadores se sustentó en la línea de dichas <<imágenes de poder>> despertaron en sectores de las clases medias de los países desarrollados, lo que contribuyó en un cambio de rumbo de las políticas propias del Estado de Bienestar.
Se modificaron las percepciones colectivas en las postrimerías del siglo XX, el poder e influencia de los sindicatos pasaron a los niveles más bajos en la escala de poder. Produciéndose además un retroceso considerable en la afiliación sindical en la mayoría de los países industrializados, condicionada por algunas de las siguientes razones:
·    La imagen pública de los sindicatos en los años socialdemócrata, respecto al poder e influencia alcanzados.
·     Retroceso en adhesión sindical.
·     Fracaso en las expectativas de los trabajadores hacia los propuestas sindicales.
·     La merma en la influencia política práctica de los sindicatos.

El desarrollo por parte de la izquierda europea en el ocaso del siglo XX, junto al enfriamiento de las relaciones sindicales-políticas, han actuado en reciprocidad en la detrimento de influencia política. En consecuencia, factores como la pérdida en la integración institucional de los sindicatos, del poder de sectores sociales y laborales, unido al agotamiento de las alternativas socialistas, han arrojado a una fragilidad en la estabilidad política, emergiendo los movimientos xenófobos y racistas, aumento de las expresiones violentas, grupos de extrema derecha, de la expansión de la sensación de inseguridad, de fenómenos de hiperliderazgos, de la propagación de ideas neo-bonapartistas y de la afirmación de movimientos antipolíticos.

Resumen de epígrafe de La sociedad dividida de José Félix Tezanos