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viernes, 27 de junio de 2014

Resúmenes Sociología del Género Parte 32

En la asignatura Sociología del Género del segundo cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2013/14, formamos un grupo de trabajo algunas/os compañeras/os y elaboramos los siguientes resúmenes de la bibliografía básica de la asignatura. Derechos reservados de sus autores.


1. -Ehrenreich, Barbara y English, Deirdre (1990): Cap. 1: “Introducción”, en Por su propio bien. (150 años de consejos de los expertos), Madrid: Taurus, pp. 11-41. Javier Prieto González // 2. -Durán, María Ángeles (2006): “Las fronteras sociales del siglo XXI”, en Isabel Morant (Dir.), Historia de las mujeres en España y América Latina. Madrid: Cátedra, Volumen IV “Del Siglo XX a los umbrales del XXI”, pp. 465-493. María Dolores Aviles y José Antonio Delgado Guanche // 3. -Giddens, Anthony (2007), “El género”, en Sociología, Madrid: Alianza Universidad, pp. 441-452. Blas García Ruíz // 4. -Marqués, Josep-Vicent (1991): Cap. 1 (extracto): “Androcentrismo, un caso particular de sociocentrismo”, en Josep-Vicent Marqués y Raquel Osborne, Sexualidad y sexismo. Primera parte: Marqués, “Varón y patriarcado”. Madrid: Fundación Universidad-Empresa, pp. 23-27. Lorenzo Vellarino Cordero // 5. -Osborne, Raquel (1997): "Feminismos", Dossier Debate "La igualdad de la mujer", Temas para el Debate, octubre, nº 35, pp. 46-50. Ruth Cardedal Fernández // 6. -Giddens, Anthony (2007): “Walby: la teorización del patriarcado”, “El ´feminismo negro` y “El feminismo postmoderno”, op.cit., pp. 456-459. Javier Hermoso Ruíz // 7. -Osborne, Raquel (1996): "¿Son las mujeres una minoría"?, Isegoría (Revista de Filosofía Moral y Política), monográfico sobre Multiculturalismo, justicia y tolerancia, Madrid, nº 14, octubre, pp. 79-93. Antonia Pineda Vergara y Fernando Pedro Bruna Quintas // 8. -Giddens, Anthony (2007): “Perspectivas teóricas sobre la familia y las relaciones íntimas”, op. cit., pp. 246-256. Julio Monteagudo Diz // 9. -Ferreira, Virginia (1996), “Mujer y trabajo. La división sexual del trabajo en el análisis sociológico: de natural a socialmente construida”, en María Antonia García de León, Félix Ortega y María Luisa García de Cortázar, (comps.), Sociología de las mujeres españolas, Madrid: Ed. Complutense, pp. 93-119. (Selección: pp. 93-111). Antonio Jesús Acevedo Blanco // 10. -Brullet, Cristina (2004): “La maternidad en occidente y sus condiciones de posibilidad en el siglo XXI”, en Ángeles de la Concha y Raquel Osborne (Eds.): Las mujeres y los niños primero (Discursos de la maternidad). Barcelona, Madrid: Icaria y UNED, pp. 201-228. (Selección: pp.213-228). Antonia Florentina López Caballero // 11. -Osborne, Raquel (2005): “Desigualdad y relaciones de género en las organizaciones: diferencias numéricas, acción positiva y paridad”, Política y Sociedad, vol. 42, nº2, 2005, pp. 163-180. María Aurora Sieiro López // 12. -Torres San Miguel, Laura y Antón Fernández, Eva (2005), Violencia de género, Caja España, Obra Social, Colección: Cartilla de Divulgación (Lo que usted debe saber sobre). (Selección: pp. 18-33). Daniela Isabel Lili Pedraza y Mónica Pedraza Darias // 13. -Osborne, Raquel (2009): Cap. 2, “Malos tratos: un problema estructural”, en Osborne, Raquel: Apuntes sobre violencia de género. Barcelona: Bellaterra Edicions, Serie General Universitaria, pp. 83-136.  Mónica Pedraza Darias Tomás Javier Prieto González // 14. -Platero, Raquel (Lucas) (2013): "Introducción. La interseccionalidad como herramienta de estudio de la sexualidad", en Platero, Intersecciones: cuerpos y sexualidades en la encrucijada. Barcelona: Bellaterra, pp. 15-72. (Selección: pp. 23-48). María Isabel García Duran // 15. -Büchner, J. "Notas para la ponencia “Género y globalización" (versión 2004): 20 pp. Cristina Martínez Blanco

3.2. La cantidad es calidad; cuando se alcanza la masa crítica.

Masa crítica: incremento en la cantidad relativa de mujeres. Implica «un cambio cualitativo en las relaciones de poder que permite por primera vez a la minoría utilizar los recursos de la organización o de la institución para mejorar su propia situación y la del grupo al que pertenecen» (Valcárcel). Con la incorporación de las mujeres a instituciones y organizaciones tradicionalmente masculinas se acaba poniendo en cuestión la masculinidad de dichas entidades. A esta situación ha tratado de dar respuesta el planteamiento de la paridad, más allá de la consideración de las mujeres como grupo minoritario en un marco dominante como miembros de un grupo discriminado, criterio en el que se basan la mayoría de legislaciones que promueven la igualdad, se aplica un planteamiento antidiscriminatorio de igualdad formal por medio de acciones positivas. Con este modelo, la carga de la prueba recae en el grupo que se siente discriminado. En el mejor de los casos se mejora la igualdad de oportunidades de las mujeres y se consiguen iniciativas puntuales, de difícil continuidad y la desigualdad sustantiva de hombres y mujeres permanece incuestionada.

No se trata de incorporarse gradualmente a un mundo masculino y masculinizado. Desde la perspectiva de la paridad se sostiene que hombres y mujeres no son grupos humanos separados sino la base constitutiva de la especie humana. La relación de interdependencia establecida estructuralmente  ha de dar lugar a una posición de equivalencia entre los sexos, estableciendo paridad entre mujeres y hombres «como una prioridad política que emana de los principios fundamentales y constitutivos de la ciudadanía». Si bien el locus de la representación política es el analogado por excelencia, el objetivo de este cambio de paradigma es la consecución de la igualdad para ambos sexos en todas las esferas de la vida social.

Constituirse como masa crítica permite pasar a ser una minoría menos minoritaria, en torno al 30-35%, va a permitir comenzar a influir en la cultura del grupo y lograr el establecimiento de las alianzas entre los partícipes del grupo menos numeroso. Así sus miembros podrán empezar a cambiar la estructura de poder y el propio estatus como minoría para poder reproducirse y crecer. Todo ello estará relacionado  con el apoyo externo con que cuente esa minoría, formado por el movimiento de mujeres en general, redes y recursos.

Dahlerup analiza los resultados de constituirse en amplia minoría en los países escandinavos tras impulsar las mujeres iniciativas encaminadas a ampliar su participación laboral y política. Conclusiones (ventajas):

  • Disminución de los estereotipos femeninos, sin abolirlos en su totalidad;
  • Creación de nuevos roles y modelos para las mujeres, jóvenes o no;
  • Fin de la resistencia abierta contra las mujeres que se dedican a la política;
  • Cambio en las actitudes negativas de los electores ante a posibilidad de verse representados por mujeres;
  • Apertura de espacios para las mujeres en la política.


Las mujeres en la política sienten que con su incorporación semimasiva ha creado un mejor ambiente en el seno de las instituciones políticas. Por contra, si tienen hijos y familia que atender lo viven como un problema a diferencia de los varones que lo perciben como un apoyo.

La sola presencia de una mujer en un foro era percibida como amenazadora y subversiva por los varones, generando resistencia. Pero para que pueda producirse un cambio duradero debe estar al menos presente una minoría significativa de mujeres. Dahlerup comenta que la minoría como masa crítica se diferencia de la situación de «tokenismo» por ese salto cualitativo dado en la definición de masa crítica y que implicaba la capacidad para «movilizar los recursos de las organizaciones o instituciones para acelerar su incremento numérico y mejorar su posición en general».

Otros cambios se producen con el aumento de la presencia de las mujeres en la política: cambios institucionales y de procedimiento en su naturaleza teniendo la mujer cabida en ellas; repercusión en la legislación haciéndola sensible al impacto de género y favoreciendo el acceso continuado de las mujeres a la política; alteración del discurso político; logro de un amplio número de mujeres en las listas electorales de todo partido que se precie y presencia de las mujeres en altos cargos como signo de distinción y modernidad.

En situación numérica más favorable, para lograr cambios cualitativos resulta imprescindible el apoyo y la mutua conexión entre las mujeres que participan activamente en las políticas partidistas junto a todo tipo de movimientos de las mujeres. Es lo que siempre han hecho los hombres sin necesidad de organización explícitas a través de la fratría o grupo juramentado. La relación es biunívoca en cualquier caso: las reivindicaciones del movimiento de las mujeres, unidas a la presión de las mujeres en los partidos políticos han hecho posible el inicio de las políticas de paridad en España.

4. A modo de epílogo

·      La acción positiva no se aplica sólo a las mujeres.

  • Existe una igualdad formal entre mujeres y hombres, pero se mantiene una desigualdad real. Las mujeres necesitan una sobrecualificación para lograr posiciones similares a las de los varones.
  • Toda desigualdad encierra un desequilibrio de poder, y al poder no se renuncia fácilmente.

·      La trasformación de los ámbitos de poder sólo puede conseguirse si existen alianzas entre mujeres y dejan de ser minoría. Las acciones positivas y la paridad pueden jugar un papel relevante para lograr este objetivo.

miércoles, 25 de junio de 2014

Resúmenes Sociología del Género Parte 30

En la asignatura Sociología del Género del segundo cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2013/14, formamos un grupo de trabajo algunas/os compañeras/os y elaboramos los siguientes resúmenes de la bibliografía básica de la asignatura. Derechos reservados de sus autores.


1. -Ehrenreich, Barbara y English, Deirdre (1990): Cap. 1: “Introducción”, en Por su propio bien. (150 años de consejos de los expertos), Madrid: Taurus, pp. 11-41. Javier Prieto González // 2. -Durán, María Ángeles (2006): “Las fronteras sociales del siglo XXI”, en Isabel Morant (Dir.), Historia de las mujeres en España y América Latina. Madrid: Cátedra, Volumen IV “Del Siglo XX a los umbrales del XXI”, pp. 465-493. María Dolores Aviles y José Antonio Delgado Guanche // 3. -Giddens, Anthony (2007), “El género”, en Sociología, Madrid: Alianza Universidad, pp. 441-452. Blas García Ruíz // 4. -Marqués, Josep-Vicent (1991): Cap. 1 (extracto): “Androcentrismo, un caso particular de sociocentrismo”, en Josep-Vicent Marqués y Raquel Osborne, Sexualidad y sexismo. Primera parte: Marqués, “Varón y patriarcado”. Madrid: Fundación Universidad-Empresa, pp. 23-27. Lorenzo Vellarino Cordero // 5. -Osborne, Raquel (1997): "Feminismos", Dossier Debate "La igualdad de la mujer", Temas para el Debate, octubre, nº 35, pp. 46-50. Ruth Cardedal Fernández // 6. -Giddens, Anthony (2007): “Walby: la teorización del patriarcado”, “El ´feminismo negro` y “El feminismo postmoderno”, op.cit., pp. 456-459. Javier Hermoso Ruíz // 7. -Osborne, Raquel (1996): "¿Son las mujeres una minoría"?, Isegoría (Revista de Filosofía Moral y Política), monográfico sobre Multiculturalismo, justicia y tolerancia, Madrid, nº 14, octubre, pp. 79-93. Antonia Pineda Vergara y Fernando Pedro Bruna Quintas // 8. -Giddens, Anthony (2007): “Perspectivas teóricas sobre la familia y las relaciones íntimas”, op. cit., pp. 246-256. Julio Monteagudo Diz // 9. -Ferreira, Virginia (1996), “Mujer y trabajo. La división sexual del trabajo en el análisis sociológico: de natural a socialmente construida”, en María Antonia García de León, Félix Ortega y María Luisa García de Cortázar, (comps.), Sociología de las mujeres españolas, Madrid: Ed. Complutense, pp. 93-119. (Selección: pp. 93-111). Antonio Jesús Acevedo Blanco // 10. -Brullet, Cristina (2004): “La maternidad en occidente y sus condiciones de posibilidad en el siglo XXI”, en Ángeles de la Concha y Raquel Osborne (Eds.): Las mujeres y los niños primero (Discursos de la maternidad). Barcelona, Madrid: Icaria y UNED, pp. 201-228. (Selección: pp.213-228). Antonia Florentina López Caballero // 11. -Osborne, Raquel (2005): “Desigualdad y relaciones de género en las organizaciones: diferencias numéricas, acción positiva y paridad”, Política y Sociedad, vol. 42, nº2, 2005, pp. 163-180. María Aurora Sieiro López // 12. -Torres San Miguel, Laura y Antón Fernández, Eva (2005), Violencia de género, Caja España, Obra Social, Colección: Cartilla de Divulgación (Lo que usted debe saber sobre). (Selección: pp. 18-33). Daniela Isabel Lili Pedraza y Mónica Pedraza Darias // 13. -Osborne, Raquel (2009): Cap. 2, “Malos tratos: un problema estructural”, en Osborne, Raquel: Apuntes sobre violencia de género. Barcelona: Bellaterra Edicions, Serie General Universitaria, pp. 83-136.  Mónica Pedraza Darias Tomás Javier Prieto González // 14. -Platero, Raquel (Lucas) (2013): "Introducción. La interseccionalidad como herramienta de estudio de la sexualidad", en Platero, Intersecciones: cuerpos y sexualidades en la encrucijada. Barcelona: Bellaterra, pp. 15-72. (Selección: pp. 23-48). María Isabel García Duran // 15. -Büchner, J. "Notas para la ponencia “Género y globalización" (versión 2004): 20 pp. Cristina Martínez Blanco

2.3. Tiempo disponible

En varios estudios se observa que el reparto de tareas domésticas no es equitativo siendo desfavorable para las mujeres, sean amas de casa o asalariadas. Los datos reflejan que los padres pasan cuatro veces menos tiempo con sus hijos que las madres, y no se sienten obligados con respecto a ello. Si bien el sexo es quien determina quién realiza el trabajo doméstico, el nivel de estudio contribuye eficazmente a suavizar la división sexual del trabajo en el hogar, pero la variable decisiva no es tanto la categoría del marido como el de la mujer; sólo la hipogamia de la mujer le permite tener mayor poder de negociación y lograr una distribución equitativa en la pareja.

En los países nórdicos, en el mundo de la política, se concluye que la familia es para el hombre un apoyo y para la mujer continua siendo una carga extra; al feminizar la política ellas tendieron a suprimir reuniones formales o informales en horarios incompatibles con obligaciones familiares. (Dahlerup).

Un índice de la difícil compaginación se observa en la historia de la política española, en el predominio de mujeres solteras o separadas y mujeres sin hijos, mientras que la mayoría de los varones tienen hijos. La familia tradicional ha sido el soporte masculino para acceder a las esferas de poder; la mujer trabajaba en ámbito doméstico o subordinaba su carrera. Las mujeres que han contado con el firme apoyo de cónyuge han sido pioneras en política española, pero lo más frecuente es no contar con ese apoyo y el nº de hijos es menor en políticas mujeres que hombres, lo que esconde en gran parte la incompatibilidad entre familia y función pública para las mujeres. La que alcanza puestos directivos ha demostrado previamente un perfil de disponibilidad temporal, aunque muchos hombres defienden lo contrario haciendo alusión a falta de tiempo de las mujeres y la falta de compromiso que no genera confianza entre colegas, lo cual desmienten los datos; esto parece ocultar la no aceptación del mando femenino (Callejo). Sean solteras o casadas las mujeres se ven envueltas en relaciones de "doble vínculo". En un estudio de altos ejecutivo sobre su opinión sobre mujeres "promocionables", las mujeres no madres, solteras, divorciadas y viudas provocan mayor agresividad (feas, antipáticas, putas, solitarias) cuestionan el dominio tradicional del hogar presidido por la mujer y del trabajo por el varón; las "no promocionables" porque se "autoexcluyen" son a menudo ridiculizadas, pero se prefieren porque no cuestionan la división tradicional y mantienen el lugar central en hogar, y ayudan a varón con su sueldo.

2.4. Los modelos de socialización

  1. Se suele decir que las mujeres no han sido socializadas en el poder, que el poder no es una meta para ellas. Gallego en primeros estudios prefeministas sobre la participación política se obtenía como resultado un supuesto desinterés de las mujeres por esta actividad. En estudios con una óptica feminista posteriores se puso de manifiesto que el aparente desinterés no tenía que ver con el sexo femenino sino con las condiciones de vida de las personas relacionadas con edad, nivel de estudios y empleo. Resultados que enlazan con la sociología feminista que apunta a que los intereses de las personas responden a su experiencia y a su ubicación en el mundo. Esta experiencia ha llevado a las mujeres a rechazar en gran parte la política al uso, siendo percibido este ámbito como un locus que las ha ignorado tradicionalmente. Cuando las mujeres han cambiado su ubicación social a causa de su mayor incorporación a lo público, su interés por la política ha aumentado. Ver aproximarse situaciones de poder sin tantos obstáculos por delante posee un efecto imán hacia otras mujeres, es decir, no es sólo la socialización hacia el «no poder« la que disuade, «el poder llama al poder», y el partir de una situación de menor poder individual y colectivo las sitúa en desventaja y provoca su retraimiento.
  2. Que las mujeres no «quieran» participar en política es respondido por la socióloga Kanter por las dificultades atisbadas o sabidas con las que se encuentran las "token women" o "mujeres símbolo" (Dahlerup) que se hallan solas en un mundo de hombres. Es tal el esfuerzo que éstas tienen que efectuar para adaptarse a un mundo de varones, sin conseguir ser una más, que no extraño que sirvan de antimodelo para otras mujeres.


En vez de preguntarse ¿por qué las mujeres se interesan menos por la política?, se debería plantear ¿qué tiene la política que no gusta a las mujeres? desculpabilizándolas así de ese aparente desinterés (García de León). El modelo cultural masculino entendiendo la vida de forma unidimensional en términos de poder, trabajo, ambición, etc... no deja espacio para otras dimensiones y lleva a que las mujeres o no pueden cumplir con este modelo o no se sienten cómodas por la actitud de los varones, resistentes al acceso de las mujeres a estas posiciones (García de León).

3. De las «mujeres símbolo» a la masa crítica

La importancia de las proporciones entre grupos con diferentes estatus en las organizaciones y en la vida social hacen necesarias las acciones positivas. Ello ayudará a comprender qué significa estar en minoría tanto respecto a la dinámica entre personas que componen los grupos como en cuanto a las posibilidades de ejecución de ciertas políticas o iniciativas.

Kanter sostiene las existencia de unas situaciones estructurales_ el hallarse en minoría numérica_ como determinante de las relaciones de subordinación para las personas implicadas. Lynn Zimmer critica en ese planteamiento el haber tratado de crear unas categorías neutrales respecto del género, así ser hombre o mujer no supondría una diferencia a la hora de encontrarse en situación de minoría numérica, cuestión que numerosos resultados de estudios desmienten: no basta con constatar la desproporción numérica si no tenemos en cuenta la disparidad de poder social realimente existente. Un grupo de trabajadores puede en un entorno masculino hostigar a la mujer jefa para castigarla por su autoridad, la cual no aceptan, mientras que en un entorno muy feminizado un jefe puede hacer un chantaje a una trabajadora y abusar de su jefatura para ligar (Pernas y Ligero). Quienes se comportan con el «síndrome de la abeja reina» están teniendo en cuenta esa percepción del desigual de poder real. Con todo, Kanter introduce un intento por desindividualizar el problema, tradicionalmente achacado a las deficiencias de socialización y educativas en general para «desculpabilizar» a las mujeres. Como contrapartida se desculpabilizó, no obstante, a los varones de la creación de las dificultosas situaciones en que trabajan muchas mujeres.