jueves, 2 de abril de 2020

Las cosas como son

Si las artes fueran un lujo o un capricho para privilegiados, no habrían formado parte de todas las culturas humanas


Ópera de Puccini cancelada en Trieste a causa del Covid-19. NurPhoto / Getty Images
Nada como el choque contra la inmisericorde realidad para poner a prueba la fortaleza y el sentido y hasta la razón de ser de las artes. En medio de la calamidad uno entiende instintivamente que ha de medir sus palabras, porque en estas circunstancias el oído ético y estético se afina hasta volverse doloroso, y detecta enseguida cualquier nota falsa, salida de tono, hasta el indicio más disimulado de irresponsabilidad o egocentrismo. No estamos para bromas. La indulgencia perezosa hacia la palabrería ahora da paso a lo que Ernest Hemingway llamaba an in-built bullshit detector: una especie de sismógrafo incrustado en uno mismo que salta y dispara su alarma ante la tontería halagadora y consentida, ante la impúdica simulación que usurpa el vocabulario de lo verdadero.

No son momentos para juegos de manos ni juegos de palabras. Como un cuerpo debilitado por la enfermedad, la conciencia sobrecogida rechaza impulsivamente lo que intuye como tóxico o como superfluo, lo que pueda provocarle una sobreestimulación estéril. Hay un mundo de diferencia entre el fervor y la fiebre. En épocas de abundancia nadie repara en el despilfarro; cuando se disfruta de un confort y seguridad en el porvenir, el desarreglo y el trastorno, la novedad neuróticamente renovada, pueden ofrecer simulacros de plenitud, y desde luego parece que alejan el peligro del tedio. Cualquier sospecha de lentitud o de gravedad se vuelve intolerable, cualquier paréntesis de inactividad o silencio.

Las artes se pueden permitir el lujo del ensimismamiento: porque nadie va a pedirles seriamente consuelo, sustento o refugio, las artes pueden consagrarse a los fuegos de artificio sin el menor peligro de que se les exija responsabilidad alguna. Los que se acerquen a ellas quedarán satisfechos si pueden confirmar su pedantería o su esnobismo. Los artistas recibirán el prestigio que conceden a cada momento los administradores ocultos de los valores de la moda: cuanto más abstrusos sean, más alejados de la vida real y de las cosas prácticas, de los trabajos de las manos, de las palabras de todos los días y las historias comunes, mayor será su prestigio.

Las artes ya no precisan reflejar el mundo ni medirse con él: su principal objeto son ellas mismas; su público es el de los especialistas y los enterados. Los artistas, si dicen algo, lo dicen en el lenguaje de los críticos y los teóricos del arte, que es un lenguaje tan cerrado que solo lo saben manejar y lo comprenden ellos mismos, y que no sirve para nombrar nada que esté fuera de su territorio acorazado. Los escritores escriben —mea culpa— sobre el proceso de su propia escritura. Las novelas tratan de escritores que se encuentran y se emborrachan con otros escritores en congresos internacionales o comarcales de literatura. El impulso hacia el ensimismamiento es tan poderoso, y tan universal, que hasta los programas del corazón tratan sobre los periodistas del corazón, y son ellos mismos los que ocupan con preferencia las portadas de sus revistas especializadas. Los directores de cine hacen películas sobre directores de cine obsesionados y angustiados por sus propias películas. Una fotógrafa tan canonizada como Cindy Sherman hace fotos cada vez de mayor tamaño y barroquismo de la propia Cindy Sherman.

La fotografía, como el periodismo o la novela, es un arte tan pegado a la realidad exterior y tan capacitado para retratarla que resiste muy mal, a mi juicio, cualquier tentativa de retorcimiento formal y de abierto narcisismo. La fotografía está hecha de las imágenes de la realidad igual que la novela lo está de las vidas comunes y de las palabras de todos los días. La nobleza literaria del periodismo, que puede no ser menos alta que la de la poesía o la novela, se cumple sobre todo cuando quien escribe da cuenta fehaciente, palabra por palabra, de lo que acaba de suceder, de lo que está sucediendo ahora mismo. Una gran parte de la prosa narrativa o reflexiva de los años treinta en España estaba tan enferma de retórica que algunas de las mejores páginas de aquel tiempo se encuentran en crónicas de Chaves Nogales, de Pla, de Elena Fortún, de Josefina Carabias.

Si el arte, la música, la poesía, las historias han ocupado un lugar de primacía en todas las sociedades humanas, al menos desde Chauvet y muy probablemente desde mucho antes, es porque han cumplido tareas fundamentales para la vida, para la supervivencia personal y colectiva. Si las artes fueran un lujo o un capricho para privilegiados, no habrían formado parte de todas las culturas humanas, en todas las épocas, en todos los lugares. Es en momentos de máxima gravedad cuando nos damos cuenta, cuando lo recordamos si lo supimos y se nos había olvidado. Necesitamos las artes para que nos expliquen el mundo y para que nos alejen del mundo, para saber lo más posible sobre la realidad inmediata y para escaparnos y consolarnos de ella.

Escucho una crónica en la radio sobre los médicos desbordados en un hospital, leo un ensayo en el periódico y me entero de los mecanismos de contagio del virus y hasta de su extraña naturaleza biológica. Pero un poco después, igual que he necesitado el alimento de la información, necesito también cobijarme temporalmente de ella, o asomarme a lo real a través de la perspectiva de una película o de una novela, o acogerme al consuelo, al efecto casi terapéutico de serenidad y armonía de una cierta música, a su afirmación del todo física y del todo espiritual de entusiasmo y arrebato. Músicas y músicos que en otras circunstancias he podido disfrutar ahora me inquietan o me perturban y tengo que detenerlas apenas han comenzado, porque ahora tengo una tolerancia muy baja para la agitación y la estridencia, que en este tiempo derivan rápidamente en angustia. En épocas de mucha confusión parece que la sensibilidad pide voces claras y nítidas y formas definidas, afirmaciones jubilosas de vitalidad, expresiones sobrias de la pesadumbre o del duelo. La efusión emocional está siempre muy cerca de una congoja en la que también cabe la alegría. Duke Ellington revela su parentesco con Bach y el júbilo de Mozart tiene veladuras de melancolía anticipada del paso del tiempo como las que lo estremecen a uno en las mejores canciones de los Beatles.

Pero todo esto es un privilegio. En los hospitales hay ancianos que mueren en soledad ahogados por la neumonía y médicos y enfermeras que trabajan hasta caer agotados y tienen que protegerse con bolsas de plástico por falta de material sanitario. Ahora mismo la tarea principal de la imaginación es abarcar la magnitud devoradora del desastre.

miércoles, 1 de abril de 2020

El coronavirus contra la cultura

Instituciones públicas, privadas, empresas, autónomos... todas las áreas de un sector que suma el 2,5% del PIB sufren parálisis o se ven amenazadas por la crisis económica causada por la pandemia


Un teatro cerrado en la Gran Via en Madrid durante la pandemia de coronavirus.©Jaime Villanueva

Cada vez que la palabra crisis se hace realidad, el sector de la cultura, que aporta a la economía nacional el 2,5% del PIB, es de los primeros en sufrir. Con todos los esfuerzos del país orientados en salvar vidas y en evitar una depresión económica, la producción cultural ve con temor la posibilidad de reducción de la financiación pública y la caída abismal del consumo que paga por contenidos. EL PAÍS ha recorrido distintos sectores para comprobar cómo el confinamiento ha paralizado buena parte de la vida cultural e instalado el temor a la destrucción de empleos.

ERTE en las librerías

El mundo editorial es uno de los más afectados por la crisis de la pandemia y las librerías son las primeras en caer. Casa del Libro prepara un ERTE de entre 500 y 600 trabajadores; La Central, todos menos una decena (cerca de 80); en Laie, los que atienden al público (un 80%) de sus casi 200 trabajadores. “Todo nos lo estamos mirando”, admite Mari Carme Ferrer, presidenta del Gremi de Libreros de Cataluña. Entre las editoriales, las más afectadas son las medianas y pequeñas (el 70% de las empresas y el 56% del empleo de un sector con 12.714 trabajadores).

Pero el daño se amplia. “Los factores que ponen en peligro a muchos editores están en la propia cadena de producción del libro: el cierre de librerías implica anulación de pedidos, devoluciones, retraso en planes editoriales; habrá dificultades de cobro y de financiación. La situación es crítica”, explica Miguel Barrero, presidente de la Federación de Gremios de Editores. Los efectos se notan en todos los ámbitos. “Me acaba de decir mi editora que no podrá darme el adelanto, las librerías no pagan, la distribución e impresión, frenadas, ferias anuladas. Terrible. Me gustaría pagar el alquiler con un capítulo o un cuento”, se quejaba en Twitter la escritora argentina Ariana Harwicz.

Además, el 88,7% de las editoriales recurre a personal externo, muy vulnerable: traductores, correctores, ilustradores e incluso editores independientes. “Tenemos trabajo hasta finales de año; lo que vemos es que los editores nos están frenando libros más o menos apalabrados con miras a inicios de 2021”, afirman traductores próximos a la Asociación Colegial de Escritores.

 

Instituciones solidarias

Las instituciones culturales, públicas y privadas, han cerrado sus puertas, aunque ofrecen numerosos servicios a través de sus webs. La directora de la Biblioteca Nacional, Ana Santos, lamenta que “se hayan desbaratado los planes presenciales, como las exposiciones y el acceso de lectores”. “Además, cuando volvamos, nos vamos a encontrar con miles de ejemplares para el depósito legal, lo que nos va a causar un atasco”, señala. La BNE recuperará, no obstante, las muestras previstas, pero las del próximo año quedan pendientes del presupuesto público. “Preocupación” es la palabra que repite el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, organismo con trabajadores en 86 centros de todo el mundo. “Como institución del Estado, dependiente de Exteriores, estamos ayudando a los españoles que están fuera", señala García Montero. En cuanto a la parte económica, “más del 40% del presupuesto es autofinanciación, lo que limita nuestras posibilidades”, añade.

“Así que, los ingresos van a caer, esto nos golpeará, pero cuando volvamos tiene que ser con fuerza, hacer pocas cosas pero de calidad, y buscando patrocinios”, dice el director del Instituto Cervantes. El caso del Círculo de Bellas Artes de Madrid (lo público solo cubre el 7% de su presupuesto) demuestra, según su presidente, Juan Miguel Hernández León, “lo complejo y especialmente frágil que es el tejido cultural español”. “De aquí al verano podremos mantenernos, pero depende de lo que dure la cuarentena”, dice. Para Hernández León, “las grandes crisis generan cambios y en esta vendrá por la innovación tecnológica”. La SGAE ha lanzado para sus 120.000 socios "un servicio de asesoramiento para que soliciten ayudas públicas”, explican desde la entidad. A la vez, reciben decenas de consultas sobre su programa de ayuda de emergencia social, con el que la entidad apoya a los socios más vulnerables.

La Real Academia Española (RAE) ha suspendido sus plenos, “aunque mantiene sus proyectos, como la 24ª edición del Diccionario", explica su director, Santiago Muñoz Machado, que mantiene cada semana una reunión telemática con los académicos. “Los que nos dedicamos al estudio de la lengua estamos acostumbrados al aislamiento”, añade. Con ayudas estatales aprobadas, el director de la RAE no cree que el coronavirus aporte muchas palabras a la lengua. Desde la Real Academia de la Historia señalan que este contexto ha acelerado su apuesta por lo digital y que se percibe un mayor interés por la institución. Su Diccionario Biográfico recibe tres millones de consultas al día, aunque lo que ocurra con su financiación (40% pública y 60% privada) es una incógnita. En lo que coinciden desde la RAH con la directora de la BNE es que estas instituciones “tienen que dar un servicio público”.

 

Pantallas sin ingresos

Para el cine, la hecatombe. Primero, por el cierre de salas. En España, en 2019, había 3.593 pantallas. Esas salas cuentan con 11.500 trabajadores, según la Federación de Entidades de Empresarios de Cine de España (FECE), personal que, en contados casos, está yendo a sus trabajos a labores de mantenimiento. Marzo y abril son meses medianos en taquilla, pero iba a haber estrenos con tirón: cada semana se dejan de recaudar de seis a ocho millones.

Segundo, rodajes parados. Según la Spain Film Commission, se han suspendido unos 300, el 26% de ellos, anuncios; el 13%, series de televisión; el 12%, programas de televisión, y el 11%, largometrajes. Casi la mitad eran internacionales. Solo en gastos de mantenimiento de sus productoras, la Asociación Estatal de Cine habla de 26 millones mensuales y sin ingresos. Otras fuentes cuantifican entre gastos y dinero no ingresado en el cine en España hasta 20 millones de euros diarios. Los rodajes se han quedado colgando y ni siquiera ha llegado una apuesta legislativa para impulsar el cine en Internet (hay 50 filmes esperando que se aclare el calendario), o una línea de crédito y ayudas rápidas. Además, los técnicos e intérpretes, que no son asalariados, están viviendo sin ingresos.

 

Silencio en la música en directo

Ya lo advertía la cantaora Rocío Márquez al principio de la epidemia: “Las condiciones de los autónomos en este país es mucha tela. Llevo dada de alta y pagando impuestos desde los 18 años [tiene 34]. Ante la cancelación de actuaciones, no tengo derecho a paro”. La Federación de Música de España ha cuantificado las perdidas en 764 millones. “Esta crisis afectará a las empresas y personas que trabajan en la industria de la música en vivo. Necesitarán ayudas para mantener sus empleos”, señala la federación. Ese sector emplea en España, directa o indirectamente, a 300.000 personas. Los consultados estiman que “la mitad” perderá el empleo si la situación se extiende varios meses. Mientras, las compañías de discos ven como mal menor la opción de un ERTE, al que muchas se han acogido. Además, se están mostrando las costuras del negocio del streaming, como apunta el músico Martí Perarnau, líder del grupo Mucho: “Entregamos nuestras canciones a cambio de nada a plataformas, por aquello de que no se vendían discos para obtener ingresos irrisorios, y nos vimos obligados a poder vivir de nuestros conciertos. Ahora es cuando viene la palmada”.

 

La fotografía es de autónomos

Un sector poblado por autónomos es la fotografía. El leonés Álvaro Laiz, de 39 años, acaba de regresar de Nicaragua, de fotografiar pueblos que viven junto a yacimientos arqueológicos, “un proyecto que ahora está en el aire”, dice. Como también ve incertidumbre en la exposición, con libro, que prepara para septiembre. “Un trabajo con National Geographic y el Museo Universidad de Navarra en el que he seguido las huellas de las migraciones que cruzaron el estrecho de Bering”. Laiz aprovecha el parón “para editar, hacer maquetas… como hacemos los fotógrafos en agosto”. “La diferencia es que no sabemos cuál será la fecha de salida y cómo arrancará esto”. Su colega Susana Girón, de 44 años, freelance también, ve cómo se ha aplazado a noviembre la exposición que iba a inaugurar en Sídney sobre una familia de pastores trashumantes. Y otro proyecto de larga cocción, un libro sobre una bailaora, no sabe cuándo podrá mostrarlo. “Ya estaba en imprenta”, apunta. Girón vive de reportajes para medios que se están empezando a cancelar. Por eso, junto a otros siete fotógrafos, ha formado un grupo en Instagram que sube imágenes de esta cotidianidad, para ver si de ahí surgen encargos.

 

Alarmas en el arte

Las alarmas saltaron en el arte el lunes 23, cuando la Fundació Miró anunció un ERTE a sus 57 empleados. Empezó así el goteo de los despidos temporales en el sector privado, si bien por ahora no se ha abierto del todo el grifo. Consultadas grandes fundaciones como Telefónica, La Caixa, Mapfre y Juan March, estas aseguran que ―por el momento― no se plantean “decisiones traumáticas” para sus plantillas. Pero no todas ha seguido el mismo camino: ante la prórroga del confinamiento, la Fundación Caja de Burgos ha solicitado un ERTE parcial para su plantilla, con la excepción de colegios y residencias.

Más complicada resulta la situación para las galerías, que no cuentan con el respaldo de grandes entidades. Desde el sector se calcula que la mayoría perderán entre 20.000 y 40.000 euros y subrayan el efecto dominó que se desencadenará. “El cierre influye en el aplazamiento y cancelación de exposiciones, producciones y comisariados que estaban en marcha, publicaciones...”, apuntan desde la asociación Arte Madrid; sin olvidar a “proveedores, transportistas, viajes, seguros…”. Los principales museos de titularidad pública, como el Prado o el Reina Sofía, mantendrán los puestos de trabajo, tanto de funcionarios como laborales.

Otra cosa son las compañías externas que les proporcionan servicios, aunque desde el Prado aseguran que intentarán agilizar los pagos pendientes para que estas empresas “sufran lo menos posible”. Entidades más modestas, como el MARCO de Vigo, también descartan un ERTE. Su director, Miguel Fernández-Cid, declara que “la situación ya es lo suficientemente dura”.

 

El teatro, inviable

Lo mejor que le puede pasar estos días a un trabajador de las artes escénicas es que le apliquen un ERTE. Eso significa que tiene garantizado un empleo cuando vuelvan a abrirse los teatros. Pocos tienen esa suerte: personal de gestión de salas o productoras y artistas o técnicos de montajes estatales (Inaem), o de gran formato (musicales). El resto posee contratos ligados a la duración de un espectáculo que se cancele “por causa de fuerza mayor".

Según un informe de la Unión de Actores y Actrices, a partir de una encuesta entre 1.500 profesionales, el 23% de los intérpretes que estaban trabajando en teatro, cine o televisión cuando sobrevino la crisis se han quedado en el paro (el 85% de estos sin indemnización) y calculan una pérdida a corto plazo de casi siete millones. Muchos dan la temporada por muerta y auguran que el empleo no se recuperará hasta los festivales de verano. “No es solo que se hayan suspendido espectáculos en cartelera, es que los estrenos de mayo son inviables porque no se puede ensayar ni construir decorados”, lamenta el productor Jesús Cimarro, presidente de la asociación de empresarios (Faeteda).

El futuro es más negro para las pequeñas compañías y creadores experimentales. “Son más vulnerables, ni siquiera logran cobrar paro porque sus contratos son muy cortos”, comenta Jacobo Pallarés, presidente de la Red de Teatros Alternativos. Y por encima de todo sobrevuela una angustia: ¿querrán los ciudadanos volver a disfrutar juntos en un teatro?

Con información de Manuel Morales, Juan Carlos Galindo, Carles Geli, Carlos Marcos, Silvia Hernando, Raquel Vidales, Gregorio Belinchón y Tommaso Koch.

martes, 31 de marzo de 2020

Los festivales de verano mantienen sus calendarios por ahora

Sónar, Mad Cool, Primavera Sound o BBK Live confían en poder celebrarse y alertan del desastre económico que supondría la cancelación

lunes, 30 de marzo de 2020

Músicos canarios colaboran en Youtube para conseguir ingresos durante la crisis

Los creadores isleños comienzan a suscribirse de forma masiva en los perfiles de sus compañeros para monetizar los canales v La iniciativa, bautizada '#tumesiguesyotesigo'

26.03.2020 | 01:06  EL DIA

El guitarrista grancanario Yul Ballesteros, uno de los impulsores de la iniciativa, durante uno de sus conciertos.
La crisis del coronavirus ha puesto a prueba, también, a la industria musical canaria. La fulminante cancelación de conciertos y giras ha dejado al sector muy tocado y, lo que es peor, es imposible aventurar aún una fecha cierta para el final del estado de alarma y la suspensión de las medidas actuales de confinamiento.

Para empezar a paliar, al menos un poco, las primeras consecuencias económicas en un sector ya de por sí bastante vulnerable, los músicos de las Islas han tirado de originalidad y solidaridad. Las redes sociales han sido esenciales -como en otros tantos aspectos- a la hora de comunicarse y empezar a trabajar juntos.

Hace una semana que los artistas de las Islas han decidido empezar a seguirse unos a otros en sus respectivos canales de Youtube para poder llegar a monetizarlos e ingresar algo de dinero. La iniciativa es un "movimiento global" que ha calado rápidamente entre los creadores canarios. El guitarrista grancanario Yul Ballesteros ha sido uno de los primeros en impulsar esta idea entre sus compañeros. "Un amigo mío mexicano que es bajista fue el que se puso en contacto conmigo y me habló de este movimiento que a mí me pareció una idea genial y hemos empezado a promocionarla también en las Islas", explicó esta misma semana.

La idea es sencilla, se trata de que los músicos se suscriban en los canales de sus compañeros porque a partir de 1.000 seguidores existe la posibilidad de empezar a monetizarlo. "En este tipo de canales, todos lo sabemos, se mueve mucho dinero. El asunto es más complicado en nuestro caso porque además del número de suscriptores se tienen en cuenta las visualizaciones conseguidas", aclaró. "Además debes tener los derechos de autor de lo que cuelgas, claro", matizó.

Contra viento y marea

Pese a estas dificultades y de que sea complicado obtener ingresos reseñables, lo cierto es que Ballesteros valora también que este movimiento les esté dando a los artistas nuevos canales de comunicación, colaboración y distintas influencias. "Realmente esto no servirá para paliar las tremendas consecuencias de lo que estamos viviendo pero es una forma de conocernos más entre todos y en la música saber qué se hace en el mundo es muy importante", aclaró.
Por el momento, ya son muchos los artistas canarios que han optado por sumarse a este movimiento. Entre ellos, y por citar tan solo unos pocos ejemplos, están los tinerfeños Sergio Cebrián, Josele del Pino, Santi Bobet, Ruts Barreto y David Minguillón. Sus compañeros de Gran Canaria han hecho también lo propio. Algunos ejemplos allí son David Quevedo, Germán López, Flor de Canela o José Carlos Cubas.

Por este motivo, estos días los perfiles de los artistas se han llenado del mismo mensaje donde piden que se suscriban a su canal y se comprometen a corresponder a todas las personas que lo hagan con la misma medida. "Los mil involucrados debemos suscribirnos a los canales de los demás para que cada uno pueda monetizar su canal", explican.

Asimismo, también se animan unos a otros a "reproducir los vídeos de los canales de los demás". Esta iniciativa ha sido bautizada como #tumesiguesyotesigo. "Hagamos que las redes trabajen para nosotros ahora que estamos pegados a ellas todo el día. Procuremos subir contenido en estos días para seguir trabajando, produciendo arte y aportando creaciones artísticas", se animan unos a otros.
Los músicos canarios continúan trabajando desde sus hogares durante estos días de confinamiento obligatorio con la esperanza puesta en que la situación sanitaria revierta lo antes posible. La mayoría son autónomos y la paralización de su actividad los aboca a pasar una difícil situación económica durante los próximos meses.

Por su parte, el Gobierno de Canarias se ha comprometido esta misma semana a lanzar una línea de ayudas de al menos un millón de euros para tratar de compensar, en parte, los gastos y pérdidas derivadas de todas las cancelaciones anunciadas. Los aplazamientos y la suspensión de actividades se extienden ya hasta el próximo mes de mayo y si los contagios no se reducen es posible que haya que cancelar nuevos eventos.
 

26.03.2020 | 01:06  EL DIA

 

domingo, 29 de marzo de 2020

El Hombre Bala Records ofrece gratis sus 74 referencias de artistas canarios

El sello aúna a algunos de los principales creadores de las Islas, que ofrecen sus trabajos en libre descarga para ser escuchados en casa y que además pueden ser compartidos

25.03.2020 | 01:56  

EL DÍA

El confinamiento continúa y los profesionales de diferentes sectores de la cultura no cesan en su trabajo para que el público pueda disfrutar de sus creaciones desde casa. Uno de los últimos en sumarse a las iniciativas puestas en marcha desde que comenzó la crisis es el sello discográfico tinerfeño El Hombre Bala Records, que ha puesto a disposición de todo aquel que lo desee la música de muchos de los artistas con los que ha colaborado durante los últimos años para su descarga libre y gratuita.

Esta iniciativa estará en marcha durante el tiempo que se prolongue el actual estado de alarma sanitaria. Los interesados únicamente han de entrar en el bandcamp de El Hombre Bala Records y descargar los discos en formato digital. Asimismo, existe la posibilidad de enviarlos a otras personas.

Todo aquel que acceda a la página web de este sello podrá consultar gratuitamente su música. El catálogo completo está disponible para su libre escucha. El fundador del sello, Julio Delgado, indica que, "tras la declaración de la alerta y la obligatoriedad a la población de tener que quedarse en casa, hablamos con los artistas y se decidió que, además, todos los discos digitales estuvieran en descarga gratuita". Así, en la actualidad, el sello cuenta con 74 discos en diferentes formatos. Todos ellos están disponibles en descarga digital. Además, Delgado añade que "cada uno de ellos ofrece también su opción física en formato CD o vinilo para los nostálgicos" a través de su venta.

Delgado añade que, "de este modo, la gente tiene una excusa para pasar un ratito escuchando música local y, si le gusta o quiere compartirla, se la puede descargar gratuitamente". El empresario santacrucero indica además que "dentro del catálogo hay varios discos que son hitos de la historia de la música pop rock de Canarias y, por lo tanto, eternas joyas culturales de las Islas, por lo que es una buena oportunidad para hacerse con ellas. Y, para el que no las conocía, poder descubrirlas".

Julio Delgado celebra el buen recibimiento de esta iniciativa: "La gente es maravillosa y ha agradecido mucho este pequeño detalle". De este modo, muchas personas ya se han acercado a la página web para pasar un buen rato escuchando música, "que es precisamente lo que humildemente se pretendía ofrecer". De este modo, el fundador del sello afirma que "la iniciativa les ha encantado a los melómanos, que han aprovechado para completar sus colecciones". Además, recuerda la necesidad de que "dediquemos nuestros pocos recursos económicos a cuestiones vitales", por lo que destaca la importancia de que esta iniciativa sea gratuita. "La gente ha agradecido mucho poder acceder a un catálogo tan colorido musicalmente, poder pasar un ratito de tu tiempo entretenido con él y, encima, obtener lo que les gusta sin costo alguno", concluye Delgado, quien recuerda que, tan solo en el primer día de esta iniciativa, hubo 700 discos descargados, "una cifra que, para un pequeño sello como el nuestro, es una barbaridad".

Nuevas iniciativas

Tras el éxito de esta iniciativa, el sello El Hombre Bala Records valora poner en marcha otro tipo de iniciativas para los días de cuarentena. "Algunas cosas las tenemos claras y otras aún no. La medida que está más clara es la de intentar con todas nuestras fuerzas no quebrar. Y todo ello para que cuando pase toda esta pesadilla podamos seguir ayudando a artistas a publicar sus discos", afirma el empresario musical, quien añade que "es necesario seguir insistiendo a los políticos de las Islas que hay que hacer algo por los músicos y por la aniquilada música en directo en Canarias, así como por la difunta escena local".

El sello

Este sello se fundó a comienzos de 2011 y su primera referencia se publicó en noviembre de ese año: Botón Elemental, del grupo canario afincado en Alemania The Moustache. A lo largo de este tiempo, se han publicado más de 74 referencias entre álbumes, Eps y sencillos. En la actualidad, El Hombre Bala Records está preparando las reediciones de un mítico artista canario de hip hop y de un grupo de rock. Además, continúan trabajando en la música de nueva factura. En este sentido, se encuentran ayudando al futuro debut de un solista de pop rock y otro de reggae.

25.03.2020 | 01:56  

EL DÍA

sábado, 28 de marzo de 2020

La cultura gratuita en la Red no convence a todos

El sector se debate entre el servicio público y el riesgo de regalar sus productos ante la debacle económica


Representación de 'Fortunata y Benito', ofrecida gratis en la Red. En vídeo, el tráiler de la obra. DAVID RUANO (EL PAÍS) (VÍDEO: TEATROS DEL CANAL)


“La cultura nos salva de esta locura”, se lee en las redes sociales estos días de confinamiento, en reconocimiento al acompañamiento que artistas e instituciones están procurando a una parte de la población, a través de las distintas plataformas de contenidos. Para superar la emergencia sanitaria se reclama “solidaridad” a la industria cultural que, a pesar de sostenerse en un tejido precario y vulnerable, el año pasado dio trabajo a 710.200 personas, la cifra más alta registrada, según el Instituto Nacional de Estadística. Por un lado, los creadores han respondido ofreciendo su talento y su obra en la Red, a menudo de forma gratuita o con precios reducidos, para que cualquiera pueda acceder. Pero, mientras siguen los conciertos en streaming o las muestras virtuales, también emerge un debate: tanta oferta sin retribución, en un sector donde abundan autónomos y empresas minúsculas, arroja la duda de quién salvará a la cultura.
 
“De igual manera que otros ofertan su solidaridad con lo que pueden, está fenomenal que nosotros aportemos lo mismo para entretener a la gente”, asegura Borja Cobeaga, cineasta y presidente de Dama, la entidad de gestión de los derechos de autor audiovisuales. “Si limitamos el fenómeno a esta excepcionalidad -y así se está dejando claro-, es un gesto de apoyo en una situación complicada”, defiende Antonio Guisasola, presidente de Promusicae, la asociación que reúne a las principales discográficas. Todos coinciden en que mantener esta oferta gratuita a largo plazo es insostenible para el sector. Pero, si se circunscribe a un contexto crítico como el actual, tanto Guisasola como Carlota Navarrete, directora general de la Coalición de Creadores, creen que la explosión cultural online puede tener además varios efectos positivos, tal vez duraderos: acercar definitivamente al público a nuevos formatos y modelos de consumo; reforzar la relación con los creadores y, de paso, generar un efecto promocional: el que descargue gratis y disfrute un videojuego o un cómic tal vez sí quiera pagar por comprar otro.

“Sin duda, esto ha supuesto de manera forzosa una inmersión de muchos hogares en el ámbito digital. Intentamos que en este espacio se den a conocer los mejores servicios y los ciudadanos se familiaricen con la enorme oferta que hay”, afirma Navarrete. “Hemos ganado la batalla a la piratería, el consumo se ha disparado”, agrega Juan Carlos Tous, CEO de Filmin. En su portal de cine online, la media de visionados por familia ha pasado de dos filmes por semana a una película diaria.
Pero el entusiasmo creativo no esconde ciertos temores hacia el futuro. O incluso el presente. “Los próximo dos meses van a ser una debacle antes del gran despertar”, dice Enrique Redel, director de la editorial Impedimenta. “Esto es un paréntesis y debemos tener paciencia para esperar a las librerías. No podemos regalar libros, porque restamos valor a nuestro producto y a nuestro trabajo. Tampoco podemos rebajar su precio”, añade Redel. Sí han liberado capítulos de algunas obras, como de Mircea Cărtărescu.

Planeta ha optado por lo contrario y ofrece descargas gratuitas -hasta el 31 de marzo- de los clásicos superventas de la casa, como El código da Vinci, de Dan Brown; El tiempo entre costuras, de María Dueñas. A la campaña del lanzamiento del libro electrónico la han llamado #keepreadingencasa y aseguran que el fin es “seguir acompañando a los lectores y hacerles más llevadera esta situación”. “Era el momento de anteponer el valor al precio”, explican desde Planeta, donde prefieren no facilitar los datos de descargas. Su competidor directo, Penguin Random House, ha liberado dos audiolibros a la semana y bajado los precios de sus obras electrónicas. “La cultura no es gratis, pero en esta situación excepcional hay que hacerla más accesible”, comentan fuentes oficiales del grupo. “Su valor no se va a ver alterado”, añaden.

En Libranda, la distribuidora líder del libro electrónico, han detectado un crecimiento de ventas del doble de lo habitual, en la primera semana de confinamiento. También comentan que han aumentado las descargas gratuitas, fruto de las campañas de liberación de editoriales como Errata Naturae o Anagrama. Juan Pablo Villalobos, autor de este último sello, ha liberado Fiesta en la madriguera, su primera novela. Es uno de los cinco escritores que han puesto gratis una de sus obras antiguas. “Es un gesto para llamar la atención de cinco autores que tienen novedad, pero que no pueden seguir con su promoción. Es una medida puntual y restringida, no apoyo la idea de crear y compartir gratis”, apunta. Cree que es un buen momento para leer esos libros de las estanterías que están pendientes: “No he leído al menos un 30% de mi biblioteca”.

El editor de Libros del Asteroide, Luis Solano, cree que la industria se ha “pasado de frenada” al regalar libros. Pide reflexión antes de seguir improvisando campañas de publicidad que puedan dañar el valor de la industria cultural que más aporta al PIB.

Al igual que otras actividades, al fin y al cabo, la cultura también es un negocio. “Nos enorgullece mucho como sector lo que está ocurriendo pero no escondemos la preocupación de consolidar una serie de hábitos que no son sostenibles en un mundo no restringido. Va a ser una prueba de cuánto hemos progresado en ese ámbito”, insiste Navarrete. “Volveremos a un modelo de rentabilización”, profetiza Guisasola. Aunque tal vez quede alguna lección de la crisis. “El tiempo ha demostrado que si hay un catálogo de contenidos legal y amplio no se piratea. El siguiente paso es que la oferta que hay en los cines pueda ir rápidamente a teles y plataformas”, defiende Cobeaga.

La solidaridad sí es responsabilidad de las instituciones culturales, como indica Ana Santos, directora de la Biblioteca Nacional de España (BNE). “Una institución tiene la obligación de escuchar a su sociedad y debemos ofrecer nuestro contenido para acompañarla. Somos un servicio público y tenemos que aportar valor con generosidad”, mantiene Santos. En esta semana la web de la BNE ha disparado su tráfico al doble, ahora son 46.000 visitas al día. La Biblioteca Digital Hispánica ofrece más de 200.000 libros y música, entre otras opciones. Por ejemplo, toda la obra de Galdós está lista para ser leída gratis. Hay 990 títulos de autores y autoras en las mismas condiciones.

 

viernes, 27 de marzo de 2020

Que nos come el tigre

La pandemia ha pillado al mundo de la música en un estado de indefensión, provocando caos y paro




Interior del teatro Bankia Príncipe Pío en marzo de 2020.KIKE PARA
Otro día más de cuarentena, otra jornada más de paranoia y tedio. Esperamos tener ocasión para hacer balance de la catástrofe; hoy sabemos que, como todos, el negocio de la música está siendo devastado, con la anulación de conciertos y festivales, el cierre de tiendas y locales, el desplazamiento del interés público hacia cuestiones más vitales.

No es asunto baladí. Habrá que confirmarlo pero el runrún sugiere que, estos días, se registra un menor consumo de música en los servicios de streaming. Donde precisamente esperaban lo contrario, con el aumento del tiempo libre y el paso de su competidor, la radio musical, al modo automático.
Se me ocurren varias hipótesis. La teoría del agua potable: el hecho de que la música (en absoluto toda la música pero aceptemos la hipérbole) esté disponible a cualquier hora y en todo lugar hace que su consumo resulte menos urgente. Segundo, la función anestésica: se oye música camino al trabajo, haciendo ejercicio, en los viajes; sin esas rutinas, se evapora la melomanía. Tercero, la primacía de la experiencia grande: aplanado en sus dimensiones sonoras, el pop no puede competir con la variedad de ganchos que ofrecen las series televisivas, el cine espectacular, los videojuegos, el porno; encerrados, queremos compensar nuestra frustración con emociones fuertes.

También es cierto que, reducida a poco más de un nombre, un título y una imagen tamaño sello de Correos, la música creativa va perdiendo la capacidad de cimentar comunidades. El pop actual solo parece despertar pasiones masivas cuando se suma el elemento competitivo, a lo Operación Triunfo o Eurovisión. Sin olvidar esos productos asiáticos que son el resultado de exitosos experimentos de ingeniería social y marketing avanzado, como el K-pop o el J-Pop; si quieren paladear esas “exquisiteces”, busquen los videos de BTS o AKB48, aunque allí se oculta bien su aterradora intrahistoria.

Con todo, la situación podría ser peor. Me he despertado cada mañana temiendo encontrarme con la declaración de algún bocachancla de esos que arreglan el mundo entre su segundo y su tercer álbum. Y no: por lo general, las estrellas han enmudecido y eso se agradece. Se contentan con modestos conciertos desde casa o incluso (bendito Pancho Varona) ofreciendo clases de guitarra.
Al menos, a día de hoy, por aquí no se han cometido aberraciones como ese Imagine concebido por la actriz Gal Gadot para lucimiento de ella y sus amigos famosos, cada uno buscando dar sentido a un verso del calcificado “himno” de John Lennon.

Como primera lección del desastre, debemos destacar la autosuficiencia. Es la aspiración de Jack White, antes de The White Stripes. Su cuartel general en Nashville incluye una fábrica de discos, una tienda y —ahora descubrimos— un modesto plató que ha abierto a sus amigos, para que puedan ofrecer conciertos de verdad, nada de desenchufados improvisados.