miércoles, 25 de junio de 2014

Resúmenes Sociología del Género Parte 30

En la asignatura Sociología del Género del segundo cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2013/14, formamos un grupo de trabajo algunas/os compañeras/os y elaboramos los siguientes resúmenes de la bibliografía básica de la asignatura. Derechos reservados de sus autores.


1. -Ehrenreich, Barbara y English, Deirdre (1990): Cap. 1: “Introducción”, en Por su propio bien. (150 años de consejos de los expertos), Madrid: Taurus, pp. 11-41. Javier Prieto González // 2. -Durán, María Ángeles (2006): “Las fronteras sociales del siglo XXI”, en Isabel Morant (Dir.), Historia de las mujeres en España y América Latina. Madrid: Cátedra, Volumen IV “Del Siglo XX a los umbrales del XXI”, pp. 465-493. María Dolores Aviles y José Antonio Delgado Guanche // 3. -Giddens, Anthony (2007), “El género”, en Sociología, Madrid: Alianza Universidad, pp. 441-452. Blas García Ruíz // 4. -Marqués, Josep-Vicent (1991): Cap. 1 (extracto): “Androcentrismo, un caso particular de sociocentrismo”, en Josep-Vicent Marqués y Raquel Osborne, Sexualidad y sexismo. Primera parte: Marqués, “Varón y patriarcado”. Madrid: Fundación Universidad-Empresa, pp. 23-27. Lorenzo Vellarino Cordero // 5. -Osborne, Raquel (1997): "Feminismos", Dossier Debate "La igualdad de la mujer", Temas para el Debate, octubre, nº 35, pp. 46-50. Ruth Cardedal Fernández // 6. -Giddens, Anthony (2007): “Walby: la teorización del patriarcado”, “El ´feminismo negro` y “El feminismo postmoderno”, op.cit., pp. 456-459. Javier Hermoso Ruíz // 7. -Osborne, Raquel (1996): "¿Son las mujeres una minoría"?, Isegoría (Revista de Filosofía Moral y Política), monográfico sobre Multiculturalismo, justicia y tolerancia, Madrid, nº 14, octubre, pp. 79-93. Antonia Pineda Vergara y Fernando Pedro Bruna Quintas // 8. -Giddens, Anthony (2007): “Perspectivas teóricas sobre la familia y las relaciones íntimas”, op. cit., pp. 246-256. Julio Monteagudo Diz // 9. -Ferreira, Virginia (1996), “Mujer y trabajo. La división sexual del trabajo en el análisis sociológico: de natural a socialmente construida”, en María Antonia García de León, Félix Ortega y María Luisa García de Cortázar, (comps.), Sociología de las mujeres españolas, Madrid: Ed. Complutense, pp. 93-119. (Selección: pp. 93-111). Antonio Jesús Acevedo Blanco // 10. -Brullet, Cristina (2004): “La maternidad en occidente y sus condiciones de posibilidad en el siglo XXI”, en Ángeles de la Concha y Raquel Osborne (Eds.): Las mujeres y los niños primero (Discursos de la maternidad). Barcelona, Madrid: Icaria y UNED, pp. 201-228. (Selección: pp.213-228). Antonia Florentina López Caballero // 11. -Osborne, Raquel (2005): “Desigualdad y relaciones de género en las organizaciones: diferencias numéricas, acción positiva y paridad”, Política y Sociedad, vol. 42, nº2, 2005, pp. 163-180. María Aurora Sieiro López // 12. -Torres San Miguel, Laura y Antón Fernández, Eva (2005), Violencia de género, Caja España, Obra Social, Colección: Cartilla de Divulgación (Lo que usted debe saber sobre). (Selección: pp. 18-33). Daniela Isabel Lili Pedraza y Mónica Pedraza Darias // 13. -Osborne, Raquel (2009): Cap. 2, “Malos tratos: un problema estructural”, en Osborne, Raquel: Apuntes sobre violencia de género. Barcelona: Bellaterra Edicions, Serie General Universitaria, pp. 83-136.  Mónica Pedraza Darias Tomás Javier Prieto González // 14. -Platero, Raquel (Lucas) (2013): "Introducción. La interseccionalidad como herramienta de estudio de la sexualidad", en Platero, Intersecciones: cuerpos y sexualidades en la encrucijada. Barcelona: Bellaterra, pp. 15-72. (Selección: pp. 23-48). María Isabel García Duran // 15. -Büchner, J. "Notas para la ponencia “Género y globalización" (versión 2004): 20 pp. Cristina Martínez Blanco

2.3. Tiempo disponible

En varios estudios se observa que el reparto de tareas domésticas no es equitativo siendo desfavorable para las mujeres, sean amas de casa o asalariadas. Los datos reflejan que los padres pasan cuatro veces menos tiempo con sus hijos que las madres, y no se sienten obligados con respecto a ello. Si bien el sexo es quien determina quién realiza el trabajo doméstico, el nivel de estudio contribuye eficazmente a suavizar la división sexual del trabajo en el hogar, pero la variable decisiva no es tanto la categoría del marido como el de la mujer; sólo la hipogamia de la mujer le permite tener mayor poder de negociación y lograr una distribución equitativa en la pareja.

En los países nórdicos, en el mundo de la política, se concluye que la familia es para el hombre un apoyo y para la mujer continua siendo una carga extra; al feminizar la política ellas tendieron a suprimir reuniones formales o informales en horarios incompatibles con obligaciones familiares. (Dahlerup).

Un índice de la difícil compaginación se observa en la historia de la política española, en el predominio de mujeres solteras o separadas y mujeres sin hijos, mientras que la mayoría de los varones tienen hijos. La familia tradicional ha sido el soporte masculino para acceder a las esferas de poder; la mujer trabajaba en ámbito doméstico o subordinaba su carrera. Las mujeres que han contado con el firme apoyo de cónyuge han sido pioneras en política española, pero lo más frecuente es no contar con ese apoyo y el nº de hijos es menor en políticas mujeres que hombres, lo que esconde en gran parte la incompatibilidad entre familia y función pública para las mujeres. La que alcanza puestos directivos ha demostrado previamente un perfil de disponibilidad temporal, aunque muchos hombres defienden lo contrario haciendo alusión a falta de tiempo de las mujeres y la falta de compromiso que no genera confianza entre colegas, lo cual desmienten los datos; esto parece ocultar la no aceptación del mando femenino (Callejo). Sean solteras o casadas las mujeres se ven envueltas en relaciones de "doble vínculo". En un estudio de altos ejecutivo sobre su opinión sobre mujeres "promocionables", las mujeres no madres, solteras, divorciadas y viudas provocan mayor agresividad (feas, antipáticas, putas, solitarias) cuestionan el dominio tradicional del hogar presidido por la mujer y del trabajo por el varón; las "no promocionables" porque se "autoexcluyen" son a menudo ridiculizadas, pero se prefieren porque no cuestionan la división tradicional y mantienen el lugar central en hogar, y ayudan a varón con su sueldo.

2.4. Los modelos de socialización

  1. Se suele decir que las mujeres no han sido socializadas en el poder, que el poder no es una meta para ellas. Gallego en primeros estudios prefeministas sobre la participación política se obtenía como resultado un supuesto desinterés de las mujeres por esta actividad. En estudios con una óptica feminista posteriores se puso de manifiesto que el aparente desinterés no tenía que ver con el sexo femenino sino con las condiciones de vida de las personas relacionadas con edad, nivel de estudios y empleo. Resultados que enlazan con la sociología feminista que apunta a que los intereses de las personas responden a su experiencia y a su ubicación en el mundo. Esta experiencia ha llevado a las mujeres a rechazar en gran parte la política al uso, siendo percibido este ámbito como un locus que las ha ignorado tradicionalmente. Cuando las mujeres han cambiado su ubicación social a causa de su mayor incorporación a lo público, su interés por la política ha aumentado. Ver aproximarse situaciones de poder sin tantos obstáculos por delante posee un efecto imán hacia otras mujeres, es decir, no es sólo la socialización hacia el «no poder« la que disuade, «el poder llama al poder», y el partir de una situación de menor poder individual y colectivo las sitúa en desventaja y provoca su retraimiento.
  2. Que las mujeres no «quieran» participar en política es respondido por la socióloga Kanter por las dificultades atisbadas o sabidas con las que se encuentran las "token women" o "mujeres símbolo" (Dahlerup) que se hallan solas en un mundo de hombres. Es tal el esfuerzo que éstas tienen que efectuar para adaptarse a un mundo de varones, sin conseguir ser una más, que no extraño que sirvan de antimodelo para otras mujeres.


En vez de preguntarse ¿por qué las mujeres se interesan menos por la política?, se debería plantear ¿qué tiene la política que no gusta a las mujeres? desculpabilizándolas así de ese aparente desinterés (García de León). El modelo cultural masculino entendiendo la vida de forma unidimensional en términos de poder, trabajo, ambición, etc... no deja espacio para otras dimensiones y lleva a que las mujeres o no pueden cumplir con este modelo o no se sienten cómodas por la actitud de los varones, resistentes al acceso de las mujeres a estas posiciones (García de León).

3. De las «mujeres símbolo» a la masa crítica

La importancia de las proporciones entre grupos con diferentes estatus en las organizaciones y en la vida social hacen necesarias las acciones positivas. Ello ayudará a comprender qué significa estar en minoría tanto respecto a la dinámica entre personas que componen los grupos como en cuanto a las posibilidades de ejecución de ciertas políticas o iniciativas.

Kanter sostiene las existencia de unas situaciones estructurales_ el hallarse en minoría numérica_ como determinante de las relaciones de subordinación para las personas implicadas. Lynn Zimmer critica en ese planteamiento el haber tratado de crear unas categorías neutrales respecto del género, así ser hombre o mujer no supondría una diferencia a la hora de encontrarse en situación de minoría numérica, cuestión que numerosos resultados de estudios desmienten: no basta con constatar la desproporción numérica si no tenemos en cuenta la disparidad de poder social realimente existente. Un grupo de trabajadores puede en un entorno masculino hostigar a la mujer jefa para castigarla por su autoridad, la cual no aceptan, mientras que en un entorno muy feminizado un jefe puede hacer un chantaje a una trabajadora y abusar de su jefatura para ligar (Pernas y Ligero). Quienes se comportan con el «síndrome de la abeja reina» están teniendo en cuenta esa percepción del desigual de poder real. Con todo, Kanter introduce un intento por desindividualizar el problema, tradicionalmente achacado a las deficiencias de socialización y educativas en general para «desculpabilizar» a las mujeres. Como contrapartida se desculpabilizó, no obstante, a los varones de la creación de las dificultosas situaciones en que trabajan muchas mujeres.