sábado, 16 de mayo de 2015

Encuentros etnográficos en contexto colonial: Devolver e indagar memorias en el terreno. Un ejemplo de Timor Oriental II

Timor era la más alejada de las colonias portuguesas, y en cierta forma esto hizo que fuera siempre la más olvidada, incluso cuando se empieza con las misiones antropológicas después de la II Guerra Mundial; no en vano, la llegada a Timor fue de las últimas misiones, expedición que se desarrolló gracias a Almeida. «La Misión Antropológica de Timor» fue creada en “junio de 1953 en el ámbito de la Junta de las Misiones Geográficas y de Investigaciones del Ultramar, con la creación del Centro de Investigación” (Sousa, 2011:4) y se ejecutó en tres periodos: de 1953 a 1954, en 1957 y en 1963. Sousa subraya que el gran objetivo de la Misión era la elaboración de un “Mapa Etnolingüístico de Timor, que incluiría etnolinguística, prehistoria, lingüística, toponímia, antroponímia, etnobotánica y etnozoología, etnología y antropología biológica”.
Hay que mencionar que Antonio de Almeida no era un antropólogo común; era médico interesado en las cuestiones etnográficas. Se convirtió en una figura destacada como profesor de la «Escuela Colonial Portuguesa». Fue director de estudios etnológicos de Ultramar, que en 1962 pasaría a llamarse «Centro de Investigación en Antropología»; también fue «Secretario General de la Sociedad Geográfica de Lisboa». Entre 1938-1957 fue miembro de la «Asamblea Nacional», un cuerpo político en tiempo de la dictadura portuguesa, y durante la 5ª a la 6ª legislatura sería el representante de la Colonia de Timor, algo de lo que se beneficiará, ya que durante las primeras misiones se puede comprobar el entrecruzamiento de la práctica científica, con la práctica política-colonial.
Muchos de estos viajes eran usados como propaganda política, de ahí que encontremos un gran número de películas llamadas “filmes etnográficos”. Esta práctica etnográfica tiene también una dimensión personal, pues encontramos una doble condición, la de antropólogo y la de hombre del régimen. El equipo de Almeida no era recibido en Timor como un equipo de antropólogos corrientes que va a realizar una investigación de campo; eran recibidos como autoridades -políticas, religiosas o militares-, con recepciones oficiales y desfiles. De hecho, la observación de algunas de las películas de las misiones, muestran que Almeida era recibido formalmente por las autoridades locales portuguesas y timorenses, no tanto como investigador, sino en calidad de representante del gobierno colonial portugués (Sousa, 2011:5).
El principal objetivo de esta misión era aclarar el origen étnico del pueblo de Timor y sus relaciones con los pueblos de la “Melanesia e Insulindia, en especial la famosa línea divisoria de Wallace” (Sousa, 2011:4). No les interesaba desarrollar un estudio de antropología social o cultural, por lo que realizaron fundamentalmente estudios de sangre a la población, medían -antropometría- a los habitantes para establecer, a través de la constitución de sus cuerpos, qué trabajos podían desarrollar los nativos. Sousa afirma que los protocolos que se seguían eran los mismos que aquellos desarrollados en el siglo XIX, lejos de las preocupaciones antropológicas y sociales de la época contemporánea.
En total, Almeida publicó 35 artículos sobre Timor portugués; son artículos que abordaban en su contenido tres grandes áreas:
  1. Prehistoria -arqueología-,
  2. antropología física -antropobiología- y,
  3. antropología cultural, pero sobre todo la antroponimia, ya que les interesaba saber el nombre de los lugares, su origen, los nombres sagrados..., aunque todo de una forma muy generalizada, no les interesaba profundizar en la materia.

Los artículos tampoco hablan de los aspectos metodológicos empleados, aunque se sabe que en lo que se refiere a la relación de los informantes con Almeida ésta se llevaba a cabo de una manera directa, pero era muy breve, llegando a describir que “en muchas ocasiones los informantes no satisfacían su curiosidad”. El grueso del trabajo estaba destinado a la recogida de datos antropométricos y fisiológicos de varios grupos. Todo ello desde la observación y registros descriptivos (Sousa, 2011:4) recogiéndose también apuntes sobre la lengua y aspectos de la cultura, y en ocasiones danzas y otras informaciones rituales, pero en muy contadas ocasiones. Es interesante resaltar el carácter de reunión entre autoridades; la colonial y la local, que también es designada en cuanto tal por la autoridad colonial. Sousa afirma que Almeida era designado no tanto como antropólogo sino más bien como una autoridad.
El viaje a Baguia tiene lugar durante la segunda misión antropológica, en 1957; en este artículo describe un encuentro que se desarrolló en la montaña de Matebian (Montaña de las almas de los muertos), y no habla de las circunstancias precisas en las que el encuentro se llevó a cabo. Para Almeida este encuentro fue casual, y allí se produjo la presentación de unos objetos que custodiaban los jefes de la aldea., entre los Makai Liliki una especie de “hechizero o sacerdote y su ayudante o Cabo” (Sousa, 2011:7). Almeida divide este artículo en tres partes, primero hace una presentación de la investigación histórica de Timor, en segundo lugar habla de la historia de esos objetos que les mostraron, y por último hace una descripción de las características de los objetos haciendo una mención especial a unas piedras neolíticas. Instrumentos de piedra talladas, piedras redondas y otras cosas (bandera, fusil, espadas, silbato, etc.)…, Sousa sostiene que el interés por estos objetos de los locales no es el mismo que para Almeida.

Todos los objetos están alojados en una casa sagrada “Lúlik” con el nombre nativo de Sokolai Mau Besi -que en realidad son dos casas: hombre y mujer-, objetos que no se sabe su origen, y que además los locales no quieren vender, pues sostienen que si lo hacen sería muy negativo para su pueblo; para ellos son designados como sagrados, separados de las esferas de intercambio. Así pues, nos encontramos con la dicotomía entre sociedades precoloniales donde la cultura y la economía están en relativa armonía, y sociedades comercializadas, monetizadas y  altamente mercantilizadas, tendentes a la homogeneización del valor, propias de un sistema de intercambio (Kopytoff, 1991:105). Estos objetos son registros etnográficos, que interpretan conceptos como alma, espíritus, divinidad o poder dentro de un sistema que los separa “respecto de lo mundano y común” (Kopytoff, 1991:95).