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sábado, 21 de abril de 2012

Historia de las Ideas Políticas Resúmenes Parte 18

En la asignatura de Historia de las Ideas Políticas del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED, algun@s compañer@s realizamos un trabajo coral; resúmenes del libro Ideas y Formas Políticas: Del triunfo del Absolutismo a la Posmodernidad, bibliografía básica de esta asignatura. Quiero agradecer el esfuerzo, compromiso y dedicación desplegado por tod@s.  Derechos reservados, sus autores.

José Rodrigo Crespo - Tema 1 El triunfo del absolutismo // Elisa Ruiz Rodríguez - Tema 2 De la Ilustración al Estado Liberal // Alejandro Gessé Ponce - Tema 3 Los fundamentos de la democracia: de Rosseau a la Revolución Francesa // María Hernando García - Tema 4 El idealismo // Tomás Javier Prieto González - Tema 5 Tradicionalismo y Conservadurismo // Mónica Platero - Tema 6 El pensamiento político norteamericano: de los Founding Fathers a la consolidación de la nación americana // Juan José Amate Ruiz - Tema 7 El liberalismo posrevolucionario // Víctor Riesgo Gómez - Tema 8 Utilitarismo y liberalismo en Inglaterra // Pedro Medina Charavía - Tema 9 Del socialismo utópico al anarquismo // Carla Torres Segura - Tema 10 El anarquismo // Antonio Jesús Acevedo Blanco - Tema 11 Karl Marx y el Marxismo // José Bargallo Roges - Tema 12 El nacionalismo en el siglo XXI // Julio Monteagudo Diz – Tema 13 Totalitarismo (I): Fascismo y Nacional-Socialismo // Inocencia González Fernández Tema 14 Totalitarismo (II): El Comunismo Marxista-Leninista // Eva Del Riego Eguiluz – Tema 15 Los Liberalismo de posguerra // Carolina Judith Rabazo Pérez - Tema 16 Políticas del posmodernismo



3.-Louis de Bonald: La constitución natural de las sociedades

Bonald al principio se mostró favorable a las reivindicaciones de la Revolución. Miembro de la Asamblea departamental, se opuso a la Revolución tras las reformas de los constituyentes y el voto de la constitución civil del clero.

Su crítica apuntaba a la crítica de la concepción contractualista de la sociedad y su correlato, la antropología individualista. Para Bonald, como para Burke y Maistre, la sociedad no puede ser consecuencia de un acuerdo de voluntades individuales. La sociedad tiene su origen en Dios. Similarmente, lo que constituye al hombre como ser humano no es el cogito, sino el vínculo, la lengua, otorgado por Dios a los hombres. Hay que aceptar que el hombre recibió al principio el lenguaje de alguien previo a sí mismo: Dios. El lenguaje se halla indisolublemente unido a lo social. Como el lenguaje, también la sociedad es previa al hombre. Es la sociedad la que hace al hombre, y no a la inversa como afirmaban Rosseau o Voltaire. Dios adquiere, así, para Bonald, un sentido funcional existe para poder preservar la sociedad humana. Sólo mediante la unión de las voluntades individuales puede ser la vinculación política algo distinto a un puro acto externo de creación. Para Bonald, la sociedad es una comunidad entre los hombres y Dios, con el fin de preservar mutuamente su existencia; la sociedad es la propia naturaleza del hombre, su ser histórico.

Como para Maistre, para Bonald no podía considerarse aisladamente el poder político y el poder religioso, el Trono y el Altar. Bonald consideraba ambos poderes íntimamente imbricados en lo que denomina sociedad civil. Lo religioso y lo político se encuentran necesariamente vinculados en mutua correspondencia. Los cambios de la religión son las vicisitudes de la política y viceversa. Bonald identificaba el ateísmo con la democracia; el teísmo con la Monarquía; y el deísmo con un paradójico intento de mediación entre ambos extremos, cuya traducción política era la Monarquía constitucional.

El origen fáctico de la sociedad, como sabemos, no se encuentra en el individuo sino en la familia monogámica era natural, y el trío padre-madre-hijo era el prototipo de la organización social y política: el padre era la imagen del poder, a quien pertenece al mando; la madre era la imagen del misterio y de los consejeros que transmiten las órdenes; y los niños son los súbditos, a los que se refieren las funciones anteriores. De ello se deduce que la Monarquía es el único gobierno legítimo, porque es la forma de gobierno acorde y conforme con la naturaleza humana, como ser natural y necesariamente social; mientras que la República es un régimen contrario a la naturaleza, ya que contempla al hombre como individuo aislado. Bonald, se refiere a la representación de los estados, es decir, de la Iglesia, la nobleza y el pueblo, junto al Rey.

Bonald se mostró como un crítico precoz de la incipiente sociedad industrial. Su objetivo de restauración de una sociedad integrada, estructurada jerárquicamente y ordenada por estrechos lazos familiares, iba ligada a la defensa de la sociedad agraria y al rechazo de la sociedad industrial. La industria socava la unidad social; impone una dura labor a los hijos, con lo cual impide su educación y destruye la salud en un ambiente artificial y sucio. La agricultura unifica la sociedad; mientras que la industria tiende a dividirla en clases hostiles y antagónicas.

Bonald era partidario de la censura. No se trataba, a su juicio, de atentar contra libertad de pensamiento, ni contra la libertad de expresión. Lo que propugnaba era la reglamentación de la libertad de publicar, es decir de actuar sobre los demás en el espacio público. Ninguna sociedad podía conceder a sus súbditos o a sus miembros una libertad de actuar ilimitada, porque se corría el peligro de volver a caer, como el período revolucionario, en el estado salvaje de la guerra de todos contra todos. 

miércoles, 18 de abril de 2012

Historia de las Ideas Políticas Resúmenes Parte 15

En la asignatura de Historia de las Ideas Políticas del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED, algun@s compañer@s realizamos un trabajo coral; resúmenes del libro Ideas y Formas Políticas: Del triunfo del Absolutismo a la Posmodernidad, bibliografía básica de esta asignatura. Quiero agradecer el esfuerzo, compromiso y dedicación desplegado por tod@s.  Derechos reservados, sus autores.

José Rodrigo Crespo - Tema 1 El triunfo del absolutismo // Elisa Ruiz Rodríguez - Tema 2 De la Ilustración al Estado Liberal // Alejandro Gessé Ponce - Tema 3 Los fundamentos de la democracia: de Rosseau a la Revolución Francesa // María Hernando García - Tema 4 El idealismo // Tomás Javier Prieto González - Tema 5 Tradicionalismo y Conservadurismo // Mónica Platero - Tema 6 El pensamiento político norteamericano: de los Founding Fathers a la consolidación de la nación americana // Juan José Amate Ruiz - Tema 7 El liberalismo posrevolucionario // Víctor Riesgo Gómez - Tema 8 Utilitarismo y liberalismo en Inglaterra // Pedro Medina Charavía - Tema 9 Del socialismo utópico al anarquismo // Carla Torres Segura - Tema 10 El anarquismo // Antonio Jesús Acevedo Blanco - Tema 11 Karl Marx y el Marxismo // José Bargallo Roges - Tema 12 El nacionalismo en el siglo XXI // Julio Monteagudo Diz – Tema 13 Totalitarismo (I): Fascismo y Nacional-Socialismo // Inocencia González Fernández Tema 14 Totalitarismo (II): El Comunismo Marxista-Leninista // Eva Del Riego Eguiluz – Tema 15 Los Liberalismo de posguerra // Carolina Judith Rabazo Pérez - Tema 16 Políticas del posmodernismo



Introducción
Coincidentes en su rechazo al individualismo y del racionalismo revolucionario, conservadurismo y tradicionalismo son dos estilos diferenciados; el tradicionalismo con varios fundamentos teológicos, en una tradición inalterable, y el conservadurismo en una perspectiva historicista, pragmática y evolucionista.

La mentalidad conservadora y tradicionalista es una estructura mental en armonía con una realidad social y política que ella misma ha dominado a lo largo del tiempo. Una actitud tradicional o conservadora existe únicamente donde lo que hasta entonces se consideraba como tradición ha de afirmarse contra posibles interrupciones o cuando su continuidad es puesta en duda. Tanto en tradicionalismo como el conservadurismo nacen como ideologías políticas a partir de una experiencia de discontinuidad entre el pasado y el presente y a partir de la Revolución francesa de 1789, con los principios de “autonomía”, “libertad” e “igualdad” que comenzaron a imponerse. Fue un momento clave del comienzo de lo que podríamos denominar revolución democrática, aunque la consecución de ese proyecto político tuvo que esperar mucho más tiempo para consolidarse en las sociedades europeas.

El choque con la Iglesia Católica fue muy importante como inicio de un claro proceso de descritianización de la sociedad con el objetivo de cancelar la influencia de la religión católica y reemplazarla por una teología cívica, difundiéndose el culto a la Diosa Razón.

El tradicionalismo representado principalmente por Joseph de Maistre y Louis de Bonald, tiene unos orígenes claramente teológicos y se funda en la idea de una tradición inalterable ante las vicisitudes del tiempo; una teología política que intenta la sistematización del hecho religioso como legitimador de la praxis política. Este proceso político-intelectual implica la funcionalización de la religión cristiana y de sus contenidos dogmáticos en aras de la restauración del sistema político prerevolucionario, es decir, la alianza del Trono y del Altar y la concepción monárquica de la soberanía frente a la idea de voluntad nacional o popular.

El conservadurismo, representado sobre todo por Edmund Burke, es, en contraste, más afín a una perspectiva historicista y, por tanto, abierto a la idea de cambio; un estilo de pensamiento secularizado, pragmático y evolutivo; como idea capital el cambio o devenir. La tradición es valorada como algo potencionalmente perfectible, no porque sea acabada o insuperable.

Con todo, tradicionalismo y conservadurismo favorecieron, con su crítica al liberalismo y a la ilustración, la reflexión sobre los fundamentos del orden social. La sociología nace, de hecho, como una parte del pensamiento contrarevolucionario o, al menos conectada a él. Frente al carácter ahistórico y abstracto de ciertos contenidos de la Ilustración y del liberalismo, conservadores y tradicionalistas platearon la problemática de si el rechazo o la destrucción de los recuerdo y de las tradiciones en su conjunto significaban, sin más, un incremento de la libertad y madurez o abrían al paso a nuevas formas de manipulación o embrutecimiento.