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sábado, 21 de abril de 2012

Historia de las Ideas Políticas Resúmenes Parte 18

En la asignatura de Historia de las Ideas Políticas del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED, algun@s compañer@s realizamos un trabajo coral; resúmenes del libro Ideas y Formas Políticas: Del triunfo del Absolutismo a la Posmodernidad, bibliografía básica de esta asignatura. Quiero agradecer el esfuerzo, compromiso y dedicación desplegado por tod@s.  Derechos reservados, sus autores.

José Rodrigo Crespo - Tema 1 El triunfo del absolutismo // Elisa Ruiz Rodríguez - Tema 2 De la Ilustración al Estado Liberal // Alejandro Gessé Ponce - Tema 3 Los fundamentos de la democracia: de Rosseau a la Revolución Francesa // María Hernando García - Tema 4 El idealismo // Tomás Javier Prieto González - Tema 5 Tradicionalismo y Conservadurismo // Mónica Platero - Tema 6 El pensamiento político norteamericano: de los Founding Fathers a la consolidación de la nación americana // Juan José Amate Ruiz - Tema 7 El liberalismo posrevolucionario // Víctor Riesgo Gómez - Tema 8 Utilitarismo y liberalismo en Inglaterra // Pedro Medina Charavía - Tema 9 Del socialismo utópico al anarquismo // Carla Torres Segura - Tema 10 El anarquismo // Antonio Jesús Acevedo Blanco - Tema 11 Karl Marx y el Marxismo // José Bargallo Roges - Tema 12 El nacionalismo en el siglo XXI // Julio Monteagudo Diz – Tema 13 Totalitarismo (I): Fascismo y Nacional-Socialismo // Inocencia González Fernández Tema 14 Totalitarismo (II): El Comunismo Marxista-Leninista // Eva Del Riego Eguiluz – Tema 15 Los Liberalismo de posguerra // Carolina Judith Rabazo Pérez - Tema 16 Políticas del posmodernismo



3.-Louis de Bonald: La constitución natural de las sociedades

Bonald al principio se mostró favorable a las reivindicaciones de la Revolución. Miembro de la Asamblea departamental, se opuso a la Revolución tras las reformas de los constituyentes y el voto de la constitución civil del clero.

Su crítica apuntaba a la crítica de la concepción contractualista de la sociedad y su correlato, la antropología individualista. Para Bonald, como para Burke y Maistre, la sociedad no puede ser consecuencia de un acuerdo de voluntades individuales. La sociedad tiene su origen en Dios. Similarmente, lo que constituye al hombre como ser humano no es el cogito, sino el vínculo, la lengua, otorgado por Dios a los hombres. Hay que aceptar que el hombre recibió al principio el lenguaje de alguien previo a sí mismo: Dios. El lenguaje se halla indisolublemente unido a lo social. Como el lenguaje, también la sociedad es previa al hombre. Es la sociedad la que hace al hombre, y no a la inversa como afirmaban Rosseau o Voltaire. Dios adquiere, así, para Bonald, un sentido funcional existe para poder preservar la sociedad humana. Sólo mediante la unión de las voluntades individuales puede ser la vinculación política algo distinto a un puro acto externo de creación. Para Bonald, la sociedad es una comunidad entre los hombres y Dios, con el fin de preservar mutuamente su existencia; la sociedad es la propia naturaleza del hombre, su ser histórico.

Como para Maistre, para Bonald no podía considerarse aisladamente el poder político y el poder religioso, el Trono y el Altar. Bonald consideraba ambos poderes íntimamente imbricados en lo que denomina sociedad civil. Lo religioso y lo político se encuentran necesariamente vinculados en mutua correspondencia. Los cambios de la religión son las vicisitudes de la política y viceversa. Bonald identificaba el ateísmo con la democracia; el teísmo con la Monarquía; y el deísmo con un paradójico intento de mediación entre ambos extremos, cuya traducción política era la Monarquía constitucional.

El origen fáctico de la sociedad, como sabemos, no se encuentra en el individuo sino en la familia monogámica era natural, y el trío padre-madre-hijo era el prototipo de la organización social y política: el padre era la imagen del poder, a quien pertenece al mando; la madre era la imagen del misterio y de los consejeros que transmiten las órdenes; y los niños son los súbditos, a los que se refieren las funciones anteriores. De ello se deduce que la Monarquía es el único gobierno legítimo, porque es la forma de gobierno acorde y conforme con la naturaleza humana, como ser natural y necesariamente social; mientras que la República es un régimen contrario a la naturaleza, ya que contempla al hombre como individuo aislado. Bonald, se refiere a la representación de los estados, es decir, de la Iglesia, la nobleza y el pueblo, junto al Rey.

Bonald se mostró como un crítico precoz de la incipiente sociedad industrial. Su objetivo de restauración de una sociedad integrada, estructurada jerárquicamente y ordenada por estrechos lazos familiares, iba ligada a la defensa de la sociedad agraria y al rechazo de la sociedad industrial. La industria socava la unidad social; impone una dura labor a los hijos, con lo cual impide su educación y destruye la salud en un ambiente artificial y sucio. La agricultura unifica la sociedad; mientras que la industria tiende a dividirla en clases hostiles y antagónicas.

Bonald era partidario de la censura. No se trataba, a su juicio, de atentar contra libertad de pensamiento, ni contra la libertad de expresión. Lo que propugnaba era la reglamentación de la libertad de publicar, es decir de actuar sobre los demás en el espacio público. Ninguna sociedad podía conceder a sus súbditos o a sus miembros una libertad de actuar ilimitada, porque se corría el peligro de volver a caer, como el período revolucionario, en el estado salvaje de la guerra de todos contra todos. 

viernes, 20 de abril de 2012

Historia de las Ideas Políticas Resúmenes Parte 17

En la asignatura de Historia de las Ideas Políticas del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED, algun@s compañer@s realizamos un trabajo coral; resúmenes del libro Ideas y Formas Políticas: Del triunfo del Absolutismo a la Posmodernidad, bibliografía básica de esta asignatura. Quiero agradecer el esfuerzo, compromiso y dedicación desplegado por tod@s.  Derechos reservados, sus autores.

José Rodrigo Crespo - Tema 1 El triunfo del absolutismo // Elisa Ruiz Rodríguez - Tema 2 De la Ilustración al Estado Liberal // Alejandro Gessé Ponce - Tema 3 Los fundamentos de la democracia: de Rosseau a la Revolución Francesa // María Hernando García - Tema 4 El idealismo // Tomás Javier Prieto González - Tema 5 Tradicionalismo y Conservadurismo // Mónica Platero - Tema 6 El pensamiento político norteamericano: de los Founding Fathers a la consolidación de la nación americana // Juan José Amate Ruiz - Tema 7 El liberalismo posrevolucionario // Víctor Riesgo Gómez - Tema 8 Utilitarismo y liberalismo en Inglaterra // Pedro Medina Charavía - Tema 9 Del socialismo utópico al anarquismo // Carla Torres Segura - Tema 10 El anarquismo // Antonio Jesús Acevedo Blanco - Tema 11 Karl Marx y el Marxismo // José Bargallo Roges - Tema 12 El nacionalismo en el siglo XXI // Julio Monteagudo Diz – Tema 13 Totalitarismo (I): Fascismo y Nacional-Socialismo // Inocencia González Fernández Tema 14 Totalitarismo (II): El Comunismo Marxista-Leninista // Eva Del Riego Eguiluz – Tema 15 Los Liberalismo de posguerra // Carolina Judith Rabazo Pérez - Tema 16 Políticas del posmodernismo



2.-Joseph de Maistre: El tradicionalismo providencialista

Su fervoroso catolicismo estuvo siempre atraído por diversas formas de iluminismo, de esoterismos y de ocultismo, en particular por el pensamiento de Louis Claude de Saint Martin, De Maistre se mostró como un conservador ilustrado próximo al liberalismo, muy influido por Montesquieu y los fisiócratas. Era partidario de reformas económicas y políticas y de una Monarquía limitada.

Como en Burke, ponen las verdades de la experiencia a las abstracciones revolucionarias, así como la tradición es el depósito de la experiencia de las generaciones pasadas. No existe contradicción entre la razón y la tradición, porque la tradición es la razón heredada. Y es que la razón no puede dirigir la realidad allí donde la historia y la experiencia decretan su imposibilidad. La historia enseña que la igualdad es imposible y que, por lo tanto, la aristocracia hereditaria es inevitable. De ahí la superioridad de la Monarquía sobre los otros regímenes políticos; es el régimen pacífico, seguro y duradero más que ningún otro. La Monarquía era el régimen más pacífico porque se oponía al ideal revolucionario como el ideal liberal de la vida pacífica se opone al ideal de la guerra y del poder. El ideal democrático no podía producir, a su juicio, más que una sociedad desigualitaria donde la desigualdad, que era necesaria, resultaba ilegítima; una sociedad como esta es estructuralmente inestable, porque su ideal igualitario contradice la realidad de su organización social, que se supone inevitablemente un reparto desigual del poder. La democracia no es más que una fachada de un poder oligárquico ya que se propone realizar un sueño imposible mediante la violencia extrema del despotismo desordenado de las masas. El rechazo teórico de lo real lleva directamente al Terror. Asó Maistre se esfuerza en demostrar que la Monarquía es el régimen de la verdadera libertad y de la verdadera igualdad, porque asegura la libertad al garantizar la paz civil. Los privilegios de la nobleza son así compatibles con la igualdad de derechos, porque favorece que todas las aspiraciones estén abiertas a todos y cada familia puede por sus esfuerzos acceder a la nobleza. Las virtudes de la nobleza no son tales salvo en y por la Monarquía, ya que solo ella puede hacer que la desigualdad hereditaria devenga en principio de estabilidad; algo que ni los regímenes democráticos no los aristocráticos son capaces de lograr.

Maistre señala que el error fundamental de la Revolución ha sido la destrucción del orden y, sobre todo, del imaginario monárquico. El verdadero crimen de los revolucionarios es la transformación de las condiciones de la autoridad. De ahí que la Revolución haya hecho que la autoridad perdiera su evidencia. Así, pues, el problema político radicaba en la restauración de la autoridad monárquica sobre nuevas bases: la reflexión y la ciencia.

La base de la construcción maistriana es el providencialismo, donde percibir ecos de las tendencias masónico-esotéricas en las que se había educado el escritor saboyano. El providencialismo implica la refutación del racionalismo y del voluntarismo político-social propio de los revolucionarios. La mano de Dios había inflingido la Revolución para castigar al pueblo francés por su irreligiosidad, su adhesión a la filosofía de las Luces y al libertinaje. La Revolución se había convertido en un proceso autónomo, que sus protagonistas eran incapaces ya de controlar y encauzar.

Maistre combina el providencialismo con el historicismo, se mostraba completamente escéptico en lo que respecta a la capacidad humana de crear de la nada constituciones y sistemas políticos. Maistre como Burke, afirmaban que la sociedad no es una convención racional de los individuos; y que resulta absurdo pensar que las instituciones puedan ser creadas y que subsistan mediante la aplicación pura y simple de preceptos racionales. El proyecto revolucionario de hacer una Constitución, algo que a Maistre le parece absurdo, porque, a su juicio, podía crear nada: esa es su ley, en lo físico como en lo moral. Una nación no se constituye por deliberación, ni por actos de voluntad o un pacto, sino a partir de los datos suministrados por la Historia.

Desde la perspectiva del historicismo providencialista maistriano, la República no podía durar. A su entender, una gran República indivisible resultaba imposible; de ahí su desdén hacia Norteamérica. Maistre consideraba que el pueblo no decidía nada en las revoluciones; y que tampoco tendría oportunidad de decidir en la restauración de la Monarquía. Maistre estimaba que la contrarrevolución no sería una revolución de signo contrario, sino lo contrario de una revolución.

Maistre profundizó sobre las relaciones entre política y religión, creía que existía una clara relación entre el protestantismo y las ideologías políticas revolucionarias. El protestantismo significaba la insurrección de la razón individual contra la razón general, convirtiéndose en una herejía civil más que en una herejía religiosa. Las palabras contrato social, pacto primitivo o resistencia legítima tenían un origen claramente protestante. El protestantismo era el sansculottisme de la religión. Maistre pensaba que todo poder legítimo no puede venir más que de Dios, Es imposible que exista un poder humano sin la sanción del poder divino. Fiel a sus principios historicistas y experimentales, estima que no ha existido ley fundamental alguna que haya sido fruto de una deliberación. Y es que la decisión de algunos individuos reunido en una asamblea e incluso la propia voluntad humana no constituyen, e derecho, un fundamento demasiado sólido para comprometer a los pueblos durante mucho tiempo. Sin el dogma del Dios legislador toda obligación moral resulta imposible. Si consideramos a la Humanidad como un todo, como hace Dios, descubrimos, según Maistre, que todos somos partícipes del pecado humano, El pecado es nuestra herencia común; y todos debemos contribuir a pagar por él.

Maistre planteaba más adelante en el tiempo, la necesidad de limitar la acción de los soberanos, ya que ésta tendía espontáneamente a degenerar en tiranía. Pero una fuerza en condiciones de moderar a los Estados modernos debía, sin embrago, ser externa y superior a ella; y, por lo tanto, insistirá de nuevo Maistre, debería provenir de Dios. En virtud e las leyes sociales toda soberanía es infalible naturalmente, y que Dios diviniza esta ley en su iglesia, que es una sociedad sumisa a todas las leyes de la soberanía. Afirmaba que no puede haber sociedad humana sin gobierno, ni gobierno sin soberanía, ni soberanía sin inhabilidad; y esta supremacía indispensable no puede ser ejercida más que por un órgano único. Todo lo cual lleva al reconocimiento de la soberanía espiritual del Papa sobre la Iglesia a través del principio de inhabilidad que proviene del derecho de toda soberanía.

jueves, 19 de abril de 2012

Historia de las Ideas Políticas Resúmenes Parte 16

En la asignatura de Historia de las Ideas Políticas del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED, algun@s compañer@s realizamos un trabajo coral; resúmenes del libro Ideas y Formas Políticas: Del triunfo del Absolutismo a la Posmodernidad, bibliografía básica de esta asignatura. Quiero agradecer el esfuerzo, compromiso y dedicación desplegado por tod@s.  Derechos reservados, sus autores.

José Rodrigo Crespo - Tema 1 El triunfo del absolutismo // Elisa Ruiz Rodríguez - Tema 2 De la Ilustración al Estado Liberal // Alejandro Gessé Ponce - Tema 3 Los fundamentos de la democracia: de Rosseau a la Revolución Francesa // María Hernando García - Tema 4 El idealismo // Tomás Javier Prieto González - Tema 5 Tradicionalismo y Conservadurismo // Mónica Platero - Tema 6 El pensamiento político norteamericano: de los Founding Fathers a la consolidación de la nación americana // Juan José Amate Ruiz - Tema 7 El liberalismo posrevolucionario // Víctor Riesgo Gómez - Tema 8 Utilitarismo y liberalismo en Inglaterra // Pedro Medina Charavía - Tema 9 Del socialismo utópico al anarquismo // Carla Torres Segura - Tema 10 El anarquismo // Antonio Jesús Acevedo Blanco - Tema 11 Karl Marx y el Marxismo // José Bargallo Roges - Tema 12 El nacionalismo en el siglo XXI // Julio Monteagudo Diz – Tema 13 Totalitarismo (I): Fascismo y Nacional-Socialismo // Inocencia González Fernández Tema 14 Totalitarismo (II): El Comunismo Marxista-Leninista // Eva Del Riego Eguiluz – Tema 15 Los Liberalismo de posguerra // Carolina Judith Rabazo Pérez - Tema 16 Políticas del posmodernismo

1.-Edmund Burke: El conservadurismo liberal

A diferencia de Francia, Gran Bretaña no desarrolló una Monarquía absoluta. La Constitución de 1689 se convirtió en un modelo para la práctica política posterior. A partir de entonces fue fraguándose un sistema de partidos, se perfilaron los límites de los distintos poderes, el Parlamento aumentó gradualmente su poder y el gobierno resultó ser cada vez menos un asunto del monarca y más la tarea de un gabinete de ministros. Aún conservando el rey poderes esenciales, surgió la figura del primer ministro como máximo responsable del gabinete y encargado de coordinar a los demás. Una figura perfilada hacia 1740 mucho menos poderosa que en la actualidad: ni era el encargado de formar gobierno, ni tenía que ser necesariamente jefe del partido, ni tenía por qué tener una mayoría de seguidores en el Parlamento.

Durante este período, se consolida el sistema bipartidista inglés; los tories defendiendo el retorno de los Estuardos como monarcas legítimos; los whigs apoyando la Gloriosa Revolución de 1688. Un período donde existe una mayor separación entre los partidos, según sus distintas aspiraciones políticas. Las divisiones de los partidos se fundan más que en diferencias políticas y doctrinales, en contiendas por la posesión del poder. Ambos partidos apoyan y ensalzan el sistema constitucional y parlamentario, y las discusiones políticas giran en torno de su carácter y naturaleza o de la interpretación de sus principios por el grupo que ocupa el poder.

Gran Bretaña se expande por la India, consolidando su poder imperial. La riqueza y el desarrollo económico durante esta etapa favorecieron las posturas sociales conservadoras. La elite aristocrática se incorporaron banqueros, comerciantes y mercaderes. Las clases trabajadoras continuaron padeciendo unas condiciones de vida muy duras, que no mejoraron significativamente a lo largo del siglo XVIII.

Se produjo el nacimiento de la industria y el despegue de la red de carreteras. La producción de carbón se multiplicó por cuatro desde comienzo del siglo XVIII hasta principios del siglo XIX. Hacia 1770 la máquina de vapor estaba lo suficientemente perfeccionada para que su uso fuese rentable, pero su empleo generalizado no se produjo hasta el siguiente siglo.

Edmund Burke se distingue como un profundo teórico de la estética. Para él la clave de la estética consiste en la oposición de lo sublime y de lo bello. La evocación de lo sublime va mezclada con la tristeza. La emoción de lo bello tiene por contenido el placer. Todo lo que puede excitar las ideas de peligro, todo lo que de algún modo infunde terror o asombro, es principio y fuente de sublimidad. Burke se mostró como un precursor de ciertos aspectos del movimiento romántico. Para Burke el hombre no está completo hasta que no se convierte en un individuo plenamente civilizado, Adquiere su naturaleza más elevada cunado se hace miembro de una cultura y de un orden social.

Burke se sintió atraído por una de las facciones del Partido Whig, liderada por el marqués de Rockingham. Este grupo whig pretendía ser el único y auténtico depositario de las tradiciones de la Gloriosa Revolución de 1688. Rechazaba cualquier intento de alterar el equilibrio de las instituciones inglesas y de debilitar su influencia mediante medidas reformistas del Parlamento. Partidario además de limitar el poder de la Corona mediante la actuación de un partido organizado y de un gabinete ministerial de corte moderno.

El político irlandés (estuvo a lo largo de su vida política, casi enteramente en la oposición) fue un firme defensor de la institución parlamentaria y de la existencia de partidos políticos que contrapesaran el poder de la Corona. Burke se convirtió en uno de los principales teóricos de la representación parlamentaria, sobre todo por su concepto de interés nacional. Burke se mostraba contrario al mandato imperativo y partidario del mandato representativo. El diputado es representante de toda la nación y del Imperio en el Parlamento con carácter derivado de la representación que lleva a cabo por medio de cada uno de sus miembros. Éstos son un grupo de elite que descubre y decreta lo que es mejor para la nación. Burke sostiene que las desigualdades son naturales e inevitables en cualquier sociedad, porque la masa del pueblo es incapaz de gobernarse así misma. Esa labor está encomendada a la minoría dirigente integrada por una aristocracia natural. Por tanto un Estado bien organizado es aquel que engendra y educa a esa aristocracia natural y le permite gobernar reconociendo que puede llevar a cabo mejor esa función. Un representante parlamentario no debe consultar sus deseos a los electores, ya que las decisiones políticas han de surgir de la discusión racional en el Parlamento, que facilite el acuerdo u lo ilumine a través del intercambio de ideas y el razonamiento. Por tanto, la representación parlamentaria no tiene nada que ver con la obediencia a los deseos de los votantes, sino que se trata de la promulgación del bien nacional por parte de la aristocracia natural, que no tiene otro interés que el bien común o interés nacional. En este caso, las elecciones son simplemente un medio para seleccionar la los miembros de la aristocracia natural.

Burke apoya el sufragio muy restringido en el que los electores pertenecieran, a su vez, aun grupo de elites capaces de seleccionar a sus gobernantes pertenecientes a la minoría superior, que gobernará al pueblo que lo eligió y a los que no participaran en la decisión. Él contemplaba la existencia de partidos políticos como una alternativa a la excesiva influencia de la Corona y de la aristocracia cortesana al igual que a la corrupción política y electoral generalizada.

Burke se distinguió por su defensa de las reivindicaciones de los colonos norteamericanos. Las libertades que apoyaba, en el caso de Norteamérica, eran las libertades concretas de comerciar, de vender los propios productos, de elegir sus propias autoridades. Pero no se encontraba partidario de que los Norteamericanos tuvieran escaños en la Cámara de los Comunes, porque no se podía dar representación a unas colonias que admitían la esclavitud.
En lo relativo al orden económico, Burke se encontraba muy cerca de Adam Smith, siempre fue partidario de una economía de mercado libremente competitiva. La regulación estatal de los salarios o la intervención en el mercado de trabajo era juzgada inútil por Burke: La justicia distributiva era la justicia del mercado.

Burke se esforzó en demostrar que la Revolución inglesa no constituyó una ruptura radical con las tradiciones nacional, sino más bien la preservación de las instituciones establecidas. Las libertades de los ciudadanos inglese no eran producto de los abstractos derechos humanos promulgados por los revolucionarios franceses, Su crítica a la Revolución francesa tuvo, por base la afirmación de las diferencias existentes en el desarrollo social y político de las sociedades inglesa y francesa, diferencias de las que se derivan idiosincrasias divergentes. Para Burke la sociedad podía concebirse, sin duda, como un contrato, pero en un sentido muy diferente al defendido por Rosseau y los revolucionarios franceses. El concepto de sociedad se encuentra ligado a una concepción de la naturaleza como cuerpo orgánico. El Estado se convierte en una asociación que participa de todas las ciencias, artes y de todas las virtudes y perfecciones.

Los ingleses a diferencia de los revolucionarios franceses, pensaba Burke, estaban aún junto al hogar de sus antepasados. En lugar de luchar contra las instituciones tradicionales, los inglese procuraban mantenerse fieles a ellas. Al racionalismo individualista, Burke opone la razón general fruto de la experiencia colectiva: lo que él denomina prejuicios generales, es decir, las tradiciones; la experiencia cristalizada, el testimonio de un auténtica sabiduría. El tiempo crea, no sólo destruye. Íntimamente ligado al prejuicio se encuentra la prescripción como título constitutivo de derecho. Se trata de la acción creadora del tiempo en las relaciones humanas..

Frente al racionalismo de los constituyentes franceses, Burke estima desde sus premisas conservadoras y liberales, que la única alternativa son las reformas sociales y políticas concretas, una práctica característica de la cultura británica. Burke pensaba que los supuestos en los que descansaba la Revolución llevarían a la sociedad francesa a una profunda crisis, lo que obligaría  al intervención del Ejército.

La más célebre crítica fue realizada por Thomas Paine. Éste distinguía entre el Estado y Gobierno: el Estado es una institución es una institución necesaria que tiene por base la naturaleza y las necesidades del hombre; mientras que el Gobierno es una creación artificial, un instrumento que puede caer en la injusticia. Según Paine el pacto sobre el que descansa el Estado, se establece entre individuos bajo un pie de igualdad, a diferencia de la teoría de Burke, a base de un contrato entre el Gobierno y el pueblo. El Estado existe para la utilidad del hombre.

Burke murió en 1797. Tras la derrota de Napoleón fue cuando acuñaron los términos conservateur para designar un concepto político fundado en sus ideas. La lectura continental de Burke sirvió a menudo para pertrechar, no un conservadurismo de carácter liberal, sino el tradicionalismo ideológico.

miércoles, 18 de abril de 2012

Historia de las Ideas Políticas Resúmenes Parte 15

En la asignatura de Historia de las Ideas Políticas del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED, algun@s compañer@s realizamos un trabajo coral; resúmenes del libro Ideas y Formas Políticas: Del triunfo del Absolutismo a la Posmodernidad, bibliografía básica de esta asignatura. Quiero agradecer el esfuerzo, compromiso y dedicación desplegado por tod@s.  Derechos reservados, sus autores.

José Rodrigo Crespo - Tema 1 El triunfo del absolutismo // Elisa Ruiz Rodríguez - Tema 2 De la Ilustración al Estado Liberal // Alejandro Gessé Ponce - Tema 3 Los fundamentos de la democracia: de Rosseau a la Revolución Francesa // María Hernando García - Tema 4 El idealismo // Tomás Javier Prieto González - Tema 5 Tradicionalismo y Conservadurismo // Mónica Platero - Tema 6 El pensamiento político norteamericano: de los Founding Fathers a la consolidación de la nación americana // Juan José Amate Ruiz - Tema 7 El liberalismo posrevolucionario // Víctor Riesgo Gómez - Tema 8 Utilitarismo y liberalismo en Inglaterra // Pedro Medina Charavía - Tema 9 Del socialismo utópico al anarquismo // Carla Torres Segura - Tema 10 El anarquismo // Antonio Jesús Acevedo Blanco - Tema 11 Karl Marx y el Marxismo // José Bargallo Roges - Tema 12 El nacionalismo en el siglo XXI // Julio Monteagudo Diz – Tema 13 Totalitarismo (I): Fascismo y Nacional-Socialismo // Inocencia González Fernández Tema 14 Totalitarismo (II): El Comunismo Marxista-Leninista // Eva Del Riego Eguiluz – Tema 15 Los Liberalismo de posguerra // Carolina Judith Rabazo Pérez - Tema 16 Políticas del posmodernismo



Introducción
Coincidentes en su rechazo al individualismo y del racionalismo revolucionario, conservadurismo y tradicionalismo son dos estilos diferenciados; el tradicionalismo con varios fundamentos teológicos, en una tradición inalterable, y el conservadurismo en una perspectiva historicista, pragmática y evolucionista.

La mentalidad conservadora y tradicionalista es una estructura mental en armonía con una realidad social y política que ella misma ha dominado a lo largo del tiempo. Una actitud tradicional o conservadora existe únicamente donde lo que hasta entonces se consideraba como tradición ha de afirmarse contra posibles interrupciones o cuando su continuidad es puesta en duda. Tanto en tradicionalismo como el conservadurismo nacen como ideologías políticas a partir de una experiencia de discontinuidad entre el pasado y el presente y a partir de la Revolución francesa de 1789, con los principios de “autonomía”, “libertad” e “igualdad” que comenzaron a imponerse. Fue un momento clave del comienzo de lo que podríamos denominar revolución democrática, aunque la consecución de ese proyecto político tuvo que esperar mucho más tiempo para consolidarse en las sociedades europeas.

El choque con la Iglesia Católica fue muy importante como inicio de un claro proceso de descritianización de la sociedad con el objetivo de cancelar la influencia de la religión católica y reemplazarla por una teología cívica, difundiéndose el culto a la Diosa Razón.

El tradicionalismo representado principalmente por Joseph de Maistre y Louis de Bonald, tiene unos orígenes claramente teológicos y se funda en la idea de una tradición inalterable ante las vicisitudes del tiempo; una teología política que intenta la sistematización del hecho religioso como legitimador de la praxis política. Este proceso político-intelectual implica la funcionalización de la religión cristiana y de sus contenidos dogmáticos en aras de la restauración del sistema político prerevolucionario, es decir, la alianza del Trono y del Altar y la concepción monárquica de la soberanía frente a la idea de voluntad nacional o popular.

El conservadurismo, representado sobre todo por Edmund Burke, es, en contraste, más afín a una perspectiva historicista y, por tanto, abierto a la idea de cambio; un estilo de pensamiento secularizado, pragmático y evolutivo; como idea capital el cambio o devenir. La tradición es valorada como algo potencionalmente perfectible, no porque sea acabada o insuperable.

Con todo, tradicionalismo y conservadurismo favorecieron, con su crítica al liberalismo y a la ilustración, la reflexión sobre los fundamentos del orden social. La sociología nace, de hecho, como una parte del pensamiento contrarevolucionario o, al menos conectada a él. Frente al carácter ahistórico y abstracto de ciertos contenidos de la Ilustración y del liberalismo, conservadores y tradicionalistas platearon la problemática de si el rechazo o la destrucción de los recuerdo y de las tradiciones en su conjunto significaban, sin más, un incremento de la libertad y madurez o abrían al paso a nuevas formas de manipulación o embrutecimiento.