jueves, 19 de abril de 2012

Historia de las Ideas Políticas Resúmenes Parte 16

En la asignatura de Historia de las Ideas Políticas del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED, algun@s compañer@s realizamos un trabajo coral; resúmenes del libro Ideas y Formas Políticas: Del triunfo del Absolutismo a la Posmodernidad, bibliografía básica de esta asignatura. Quiero agradecer el esfuerzo, compromiso y dedicación desplegado por tod@s.  Derechos reservados, sus autores.

José Rodrigo Crespo - Tema 1 El triunfo del absolutismo // Elisa Ruiz Rodríguez - Tema 2 De la Ilustración al Estado Liberal // Alejandro Gessé Ponce - Tema 3 Los fundamentos de la democracia: de Rosseau a la Revolución Francesa // María Hernando García - Tema 4 El idealismo // Tomás Javier Prieto González - Tema 5 Tradicionalismo y Conservadurismo // Mónica Platero - Tema 6 El pensamiento político norteamericano: de los Founding Fathers a la consolidación de la nación americana // Juan José Amate Ruiz - Tema 7 El liberalismo posrevolucionario // Víctor Riesgo Gómez - Tema 8 Utilitarismo y liberalismo en Inglaterra // Pedro Medina Charavía - Tema 9 Del socialismo utópico al anarquismo // Carla Torres Segura - Tema 10 El anarquismo // Antonio Jesús Acevedo Blanco - Tema 11 Karl Marx y el Marxismo // José Bargallo Roges - Tema 12 El nacionalismo en el siglo XXI // Julio Monteagudo Diz – Tema 13 Totalitarismo (I): Fascismo y Nacional-Socialismo // Inocencia González Fernández Tema 14 Totalitarismo (II): El Comunismo Marxista-Leninista // Eva Del Riego Eguiluz – Tema 15 Los Liberalismo de posguerra // Carolina Judith Rabazo Pérez - Tema 16 Políticas del posmodernismo

1.-Edmund Burke: El conservadurismo liberal

A diferencia de Francia, Gran Bretaña no desarrolló una Monarquía absoluta. La Constitución de 1689 se convirtió en un modelo para la práctica política posterior. A partir de entonces fue fraguándose un sistema de partidos, se perfilaron los límites de los distintos poderes, el Parlamento aumentó gradualmente su poder y el gobierno resultó ser cada vez menos un asunto del monarca y más la tarea de un gabinete de ministros. Aún conservando el rey poderes esenciales, surgió la figura del primer ministro como máximo responsable del gabinete y encargado de coordinar a los demás. Una figura perfilada hacia 1740 mucho menos poderosa que en la actualidad: ni era el encargado de formar gobierno, ni tenía que ser necesariamente jefe del partido, ni tenía por qué tener una mayoría de seguidores en el Parlamento.

Durante este período, se consolida el sistema bipartidista inglés; los tories defendiendo el retorno de los Estuardos como monarcas legítimos; los whigs apoyando la Gloriosa Revolución de 1688. Un período donde existe una mayor separación entre los partidos, según sus distintas aspiraciones políticas. Las divisiones de los partidos se fundan más que en diferencias políticas y doctrinales, en contiendas por la posesión del poder. Ambos partidos apoyan y ensalzan el sistema constitucional y parlamentario, y las discusiones políticas giran en torno de su carácter y naturaleza o de la interpretación de sus principios por el grupo que ocupa el poder.

Gran Bretaña se expande por la India, consolidando su poder imperial. La riqueza y el desarrollo económico durante esta etapa favorecieron las posturas sociales conservadoras. La elite aristocrática se incorporaron banqueros, comerciantes y mercaderes. Las clases trabajadoras continuaron padeciendo unas condiciones de vida muy duras, que no mejoraron significativamente a lo largo del siglo XVIII.

Se produjo el nacimiento de la industria y el despegue de la red de carreteras. La producción de carbón se multiplicó por cuatro desde comienzo del siglo XVIII hasta principios del siglo XIX. Hacia 1770 la máquina de vapor estaba lo suficientemente perfeccionada para que su uso fuese rentable, pero su empleo generalizado no se produjo hasta el siguiente siglo.

Edmund Burke se distingue como un profundo teórico de la estética. Para él la clave de la estética consiste en la oposición de lo sublime y de lo bello. La evocación de lo sublime va mezclada con la tristeza. La emoción de lo bello tiene por contenido el placer. Todo lo que puede excitar las ideas de peligro, todo lo que de algún modo infunde terror o asombro, es principio y fuente de sublimidad. Burke se mostró como un precursor de ciertos aspectos del movimiento romántico. Para Burke el hombre no está completo hasta que no se convierte en un individuo plenamente civilizado, Adquiere su naturaleza más elevada cunado se hace miembro de una cultura y de un orden social.

Burke se sintió atraído por una de las facciones del Partido Whig, liderada por el marqués de Rockingham. Este grupo whig pretendía ser el único y auténtico depositario de las tradiciones de la Gloriosa Revolución de 1688. Rechazaba cualquier intento de alterar el equilibrio de las instituciones inglesas y de debilitar su influencia mediante medidas reformistas del Parlamento. Partidario además de limitar el poder de la Corona mediante la actuación de un partido organizado y de un gabinete ministerial de corte moderno.

El político irlandés (estuvo a lo largo de su vida política, casi enteramente en la oposición) fue un firme defensor de la institución parlamentaria y de la existencia de partidos políticos que contrapesaran el poder de la Corona. Burke se convirtió en uno de los principales teóricos de la representación parlamentaria, sobre todo por su concepto de interés nacional. Burke se mostraba contrario al mandato imperativo y partidario del mandato representativo. El diputado es representante de toda la nación y del Imperio en el Parlamento con carácter derivado de la representación que lleva a cabo por medio de cada uno de sus miembros. Éstos son un grupo de elite que descubre y decreta lo que es mejor para la nación. Burke sostiene que las desigualdades son naturales e inevitables en cualquier sociedad, porque la masa del pueblo es incapaz de gobernarse así misma. Esa labor está encomendada a la minoría dirigente integrada por una aristocracia natural. Por tanto un Estado bien organizado es aquel que engendra y educa a esa aristocracia natural y le permite gobernar reconociendo que puede llevar a cabo mejor esa función. Un representante parlamentario no debe consultar sus deseos a los electores, ya que las decisiones políticas han de surgir de la discusión racional en el Parlamento, que facilite el acuerdo u lo ilumine a través del intercambio de ideas y el razonamiento. Por tanto, la representación parlamentaria no tiene nada que ver con la obediencia a los deseos de los votantes, sino que se trata de la promulgación del bien nacional por parte de la aristocracia natural, que no tiene otro interés que el bien común o interés nacional. En este caso, las elecciones son simplemente un medio para seleccionar la los miembros de la aristocracia natural.

Burke apoya el sufragio muy restringido en el que los electores pertenecieran, a su vez, aun grupo de elites capaces de seleccionar a sus gobernantes pertenecientes a la minoría superior, que gobernará al pueblo que lo eligió y a los que no participaran en la decisión. Él contemplaba la existencia de partidos políticos como una alternativa a la excesiva influencia de la Corona y de la aristocracia cortesana al igual que a la corrupción política y electoral generalizada.

Burke se distinguió por su defensa de las reivindicaciones de los colonos norteamericanos. Las libertades que apoyaba, en el caso de Norteamérica, eran las libertades concretas de comerciar, de vender los propios productos, de elegir sus propias autoridades. Pero no se encontraba partidario de que los Norteamericanos tuvieran escaños en la Cámara de los Comunes, porque no se podía dar representación a unas colonias que admitían la esclavitud.
En lo relativo al orden económico, Burke se encontraba muy cerca de Adam Smith, siempre fue partidario de una economía de mercado libremente competitiva. La regulación estatal de los salarios o la intervención en el mercado de trabajo era juzgada inútil por Burke: La justicia distributiva era la justicia del mercado.

Burke se esforzó en demostrar que la Revolución inglesa no constituyó una ruptura radical con las tradiciones nacional, sino más bien la preservación de las instituciones establecidas. Las libertades de los ciudadanos inglese no eran producto de los abstractos derechos humanos promulgados por los revolucionarios franceses, Su crítica a la Revolución francesa tuvo, por base la afirmación de las diferencias existentes en el desarrollo social y político de las sociedades inglesa y francesa, diferencias de las que se derivan idiosincrasias divergentes. Para Burke la sociedad podía concebirse, sin duda, como un contrato, pero en un sentido muy diferente al defendido por Rosseau y los revolucionarios franceses. El concepto de sociedad se encuentra ligado a una concepción de la naturaleza como cuerpo orgánico. El Estado se convierte en una asociación que participa de todas las ciencias, artes y de todas las virtudes y perfecciones.

Los ingleses a diferencia de los revolucionarios franceses, pensaba Burke, estaban aún junto al hogar de sus antepasados. En lugar de luchar contra las instituciones tradicionales, los inglese procuraban mantenerse fieles a ellas. Al racionalismo individualista, Burke opone la razón general fruto de la experiencia colectiva: lo que él denomina prejuicios generales, es decir, las tradiciones; la experiencia cristalizada, el testimonio de un auténtica sabiduría. El tiempo crea, no sólo destruye. Íntimamente ligado al prejuicio se encuentra la prescripción como título constitutivo de derecho. Se trata de la acción creadora del tiempo en las relaciones humanas..

Frente al racionalismo de los constituyentes franceses, Burke estima desde sus premisas conservadoras y liberales, que la única alternativa son las reformas sociales y políticas concretas, una práctica característica de la cultura británica. Burke pensaba que los supuestos en los que descansaba la Revolución llevarían a la sociedad francesa a una profunda crisis, lo que obligaría  al intervención del Ejército.

La más célebre crítica fue realizada por Thomas Paine. Éste distinguía entre el Estado y Gobierno: el Estado es una institución es una institución necesaria que tiene por base la naturaleza y las necesidades del hombre; mientras que el Gobierno es una creación artificial, un instrumento que puede caer en la injusticia. Según Paine el pacto sobre el que descansa el Estado, se establece entre individuos bajo un pie de igualdad, a diferencia de la teoría de Burke, a base de un contrato entre el Gobierno y el pueblo. El Estado existe para la utilidad del hombre.

Burke murió en 1797. Tras la derrota de Napoleón fue cuando acuñaron los términos conservateur para designar un concepto político fundado en sus ideas. La lectura continental de Burke sirvió a menudo para pertrechar, no un conservadurismo de carácter liberal, sino el tradicionalismo ideológico.