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sábado, 9 de junio de 2012

Historia de las Ideas Políticas Resúmenes Parte 57 (última)


En la asignatura de Historia de las Ideas Políticas del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED, algun@s compañer@s realizamos un trabajo coral; resúmenes del libro Ideas y Formas Políticas: Del triunfo del Absolutismo a la Posmodernidad, bibliografía básica de esta asignatura. Quiero agradecer el esfuerzo, compromiso y dedicación desplegado por tod@s.  Derechos reservados, sus autores.

José Rodrigo Crespo - Tema 1 El triunfo del absolutismo // Elisa Ruiz Rodríguez - Tema 2 De la Ilustración al Estado Liberal // Alejandro Gessé Ponce - Tema 3 Los fundamentos de la democracia: de Rosseau a la Revolución Francesa // María Hernando García - Tema 4 El idealismo // Tomás Javier Prieto González - Tema 5 Tradicionalismo y Conservadurismo // Mónica Platero - Tema 6 El pensamiento político norteamericano: de los Founding Fathers a la consolidación de la nación americana // Juan José Amate Ruiz - Tema 7 El liberalismo posrevolucionario // Víctor Riesgo Gómez - Tema 8 Utilitarismo y liberalismo en Inglaterra // Pedro Medina Charavía - Tema 9 Del socialismo utópico al anarquismo // Carla Torres Segura - Tema 10 El anarquismo // Antonio Jesús Acevedo Blanco - Tema 11 Karl Marx y el Marxismo // José Bargallo Roges - Tema 12 El nacionalismo en el siglo XXI // Julio Monteagudo Diz – Tema 13 Totalitarismo (I): Fascismo y Nacional-Socialismo // Inocencia González Fernández Tema 14 Totalitarismo (II): El Comunismo Marxista-Leninista // Eva Del Riego Eguiluz – Tema 15 Los Liberalismo de posguerra // Carolina Judith Rabazo Pérez - Tema 16 Políticas del posmodernismo



FEMINISMO POSMODERNO

A partir de los ’60 la aparición de nuevos movimientos sociales ha desafiado la tradicional política de lucha de clases y ha evidenciado la multiplicidad de lugares y mecanismos de poder y de dominación que no pueden reducirse a la clase y la explotación laboral. Laclau y Mouffe hablaron de la necesidad de distintas formas de lucha y Jameson, así como las feministas, la importancia de una política cultural y de políticas cotidianas.

En los ’80 se puso énfasis en las políticas de género, raza, etnicidad y de posiciones de sujeto. Esto se conoce como políticas de identidad y políticas de diferencia. Las políticas de la identidad intentan movilizar políticas basadas en la construcción de identidades a través de la lucha política y el compromiso.
Lo primero que resulta sospechoso, desde una perspectiva posmoderna, es el propio concepto de identidad. Las propias feministas han sido cautelosas y críticas con la modernidad que ha negado su posición de sujeto. La idea de hombre ocluye las diferencias entre hombres y mujeres y justifica la dominación de aquellos sobre éstas. El discurso humanista entronizó como común a todos los seres humanos lo que eran valores masculinos. Por cosas como ésta se ha dicho que el discurso posmoderno y el feminista se pueden ayudar mutuamente.

Algunas feministas consideran a la teoría posmoderna como invalidante para el feminismo, otras apelan a una síntesis entre feminismo y tensiones entre ambos. La teoría posmoderna sirve para validar cierto tipo de feminismo: el feminismo socialista, o el materialista  para criticar el liberal o especialista.

Algunas teóricas han criticado a la teoría posmoderna desde el feminismo señalando los peligros de una liquidación, demasiado rápida, de conceptos como razón, igualdad, emancipación  y han advertido de la irracionalidad en la que han caído algunos autores básicos para esta teoría y que lo que escondían era disgusto por la igualdad de sexos. Otras desconfían de una teoría que ataca al sujeto, a nuestra noción de sujeto, en un momento en que las mujeres están intentando aumentar su subjetividad y adquirir derechos negados. En cambio otras, señalan que la postura anti-esencialisa de los posmodernos es de gran ayuda para el feminismo, que así ve como se desplaza la atención hacia las instituciones que conforman y crean esas subjetividades. Las hay que creen que la teoría posmoderna, al acentuar la diferencia y la heterogeneidad, permite articular las muy diferentes necesidades e intereses de las mujeres: color, clase, etnia, preferencia sexual. Tampoco parece que el feminismo posmoderno haya encontrado respuestas fáciles o articulaciones sencillas a los complejos problemas de la posmodernidad.

¿ES EL POSMODERNISMO DE DERECHAS O DE IZQUIERDAS?

No puede decirse que el posmodernismo sea de derecha o de izquierdas. Hay representantes de la derecha política que apoyan la lógica posmoderna y gente de izquierda que también lo hace.
Existen, no obstante, ciertas incompatibilidades sustantivas entre posmodernismo y algunas corrientes de izquierda, como el marxismo.

Por ejemplo, los marxistas ortodoxos, materialistas y deductivistas rechazan el posmodernismo por considerarlo decadente y representativo del conservadurismo y del fundamentalismo religioso de las últimas décadas; frívolo e irresponsable por hacer demasiado hincapié en los fenómenos culturales en lugar de en los problemas económicos; inmovilista, porque se dedican a criticar lo existente pero no proponer alternativas claras y viables; reaccionario por haber abandonado la búsqueda de estándares universales de verdad, justicia y gusto, convocando al relativismo, pervirtiendo el compromiso político y abriendo el camino al totalitarismo.

Por lo que respecta a los conservadores, se han opuesto al posmodernismo por considerarlo decadente, amoral, hedonista, oportunista, desestabilizador, rupturista, anarquista, izquierdista y lo han calificado como refugio de ex marxistas.  Difieren de los posmodernos en puntos muy importantes: la verdad, la razón y la importancia de la historia como forma de transmisión de las tradiciones humanas de generación en generación. Se oponen al relativismo posmoderno que, según ellos, no distingue el bien del mal, lo verdadero de lo falso.

Resultan interesantes las coincidencias que manifiestan marxistas ortodoxos y conservadores en su crítica al posmodernismo. Ambas corrientes critican la lógica cultural de decadente, representante, para unos del neoconservadurismo actual y, para oros, del radicalismo sesentista; frívola e irresponsable porque su posición antifundacionista, antirepresentacionista y relativista impide, para unos, el cambio revolucionario y para otros, ataca los fundamentos de la tradición; reaccionaria y radical porque intenta subvertir la autoridad y se opone a las jerarquías.

Tal vez la distancia entre los presupuestos del marxismo ortodoxo y del conservadurismo no sea tal y participen de un mismo universo de sentido y significación el que el posmodernismo ha irrumpido con una lógica irreductible.

DE INCERTIDUMBRES, SUJETOS DESCENTRADOS, MAPAS Y DEMOCRACIAS RADICALES

En las distintas aproximaciones al fenómeno posmoderno los teóricos parecen haber desplazado el eje de análisis de la realidad económica a los efectos culturales. Así Lyotard centra su estudio en torno a la producción de conocimiento. La incredulidad hacia las grandes narrativas parece ser uno de sus rasgos más notables. Si, como señala Habermas, la modernidad supuso la aparición de una nueva subjetividad, la incorporación de la idea de progreso histórico y la introducción de la idea de cambio radical, el posmodernismo se puede considerar como una reacción crítica hacia esos tres supuestos.  La modernidad prometió el fin del reino de la necesidad y auguró un nuevo inicio para la humanidad. El conocimiento científico y el desarrollo técnico liberarían al género humano de las más variadas dependencias y lo conducirían al reino de la libertad. Casi un siglo y medio después de esas promesas, esa realidad no se ha hecho presente. Por lo que nadie se atreve, según Lyotard, a llamar al desarrollo progreso.

En medio de este panorama incierto y desconcertante, algunos teóricos han intentado buscar alternativas, salidas políticas. Han sido los herederos del marxismo (posmarxistas y neomarxsistas) los más interesados en reflotar y resignificar esa tradición de crítica y de resistencia políticas. Laclau señala que no son los ideales de la modernidad los que se han puesto en tela de juicio en la posmodernidad sino la forma de entenderlos y justificarlos. Por lo que para Laclau y Mouffe la democracia liberal debe ser contestada desde la democracia pluralista radical.

Por otro lado, lo que preocupa a Jameson es la desorientación de los sujetos posmodernos, esa incapacidad para ligar la experiencia individual y ubicarla en la totalidad que conformas las estructuras sociales. Por lo que propone la creación de mapas cognitivos a través de los que situarse y diseñar posibles frentes de resistencia y lucha. Ni de izquierdas ni de derechas, el posmodernismo parece apelar a otra lógica y por ello resulta, a veces, tan difícil de entender y representar.

viernes, 8 de junio de 2012

Historia de las Ideas Políticas Resúmenes Parte 56


En la asignatura de Historia de las Ideas Políticas del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED, algun@s compañer@s realizamos un trabajo coral; resúmenes del libro Ideas y Formas Políticas: Del triunfo del Absolutismo a la Posmodernidad, bibliografía básica de esta asignatura. Quiero agradecer el esfuerzo, compromiso y dedicación desplegado por tod@s.  Derechos reservados, sus autores.

José Rodrigo Crespo - Tema 1 El triunfo del absolutismo // Elisa Ruiz Rodríguez - Tema 2 De la Ilustración al Estado Liberal // Alejandro Gessé Ponce - Tema 3 Los fundamentos de la democracia: de Rosseau a la Revolución Francesa // María Hernando García - Tema 4 El idealismo // Tomás Javier Prieto González - Tema 5 Tradicionalismo y Conservadurismo // Mónica Platero - Tema 6 El pensamiento político norteamericano: de los Founding Fathers a la consolidación de la nación americana // Juan José Amate Ruiz - Tema 7 El liberalismo posrevolucionario // Víctor Riesgo Gómez - Tema 8 Utilitarismo y liberalismo en Inglaterra // Pedro Medina Charavía - Tema 9 Del socialismo utópico al anarquismo // Carla Torres Segura - Tema 10 El anarquismo // Antonio Jesús Acevedo Blanco - Tema 11 Karl Marx y el Marxismo // José Bargallo Roges - Tema 12 El nacionalismo en el siglo XXI // Julio Monteagudo Diz – Tema 13 Totalitarismo (I): Fascismo y Nacional-Socialismo // Inocencia González Fernández Tema 14 Totalitarismo (II): El Comunismo Marxista-Leninista // Eva Del Riego Eguiluz – Tema 15 Los Liberalismo de posguerra // Carolina Judith Rabazo Pérez - Tema 16 Políticas del posmodernismo



EL MARXISMO POSMODERNO DE FREDRIC JAMESON


Jameson intenta vincular la crítica cultural y literaria marxista con los debates posmodernos. Ha intentado aprovechar las contribuciones del posestructuralismo y del posmodernismo para enriquecer la teoría cultural marxista.
Jamenson
Para Jameson el posmodernismo no es sólo un estilo o una estética sino una forma de conciencia y una manera de experimentar el mundo, propias del tardo capitalismo.
Los efectos del capitalismo multinacional son analizados por Jameson, quien señala que no se trata sólo de la emergencia de nuevas formas de organización de los negocios, con las multi y las transnacionales, sino de una visión del sistema capitalista mundial muy distinta a la del imperialismo.
El capitalismo multinacional ha generado su propia estética, su conciencia propia, el posmodernismo, la lógica cultural de ese estadio económico. Las características de esa forma de experiencia son muy variadas, pero la fundamental para entender el diagnóstico y el pronóstico de Jameson es la mercantilización de la cultura que ha provocado la disminución de la distancia crítica desde la que resistirse y oponerse al capitalismo. Jameson habla de la mercantilización de todos los órdenes de la vida como la característica básica del capitalismo tardío. Introduce el concepto inconsciente reformulado a partir de la propuesta de Freud, para explicar el alcance de la colonización capitalista. Como consecuencia de este proceso el sujeto se ha visto fragmentado, desorientado y es sobre esta desorientación sobre la que Jameson intentará actuar.
Antes los productos se evaluaban de acuerdo con su utilidad, ahora su valor depende de lo que son capaces de significar. Esto ha generado una “nueva superficialidad” en la que cada mercancía no es más que una nueva imagen intercambiable que el consumidor puede comprar para realzar su estilo de vida.
Lo que preocupa a Jameson es la falta de espacio para la crítica y para la resistencia activa que parece ofrecer la posmodernidad, habitada por consumidores que han perdido todo sentido de la totalidad. Jameson pretende rechazar la cultura consumista del tardo capitalismo e intenta generar una versión posmoderna, actualizada de crítica que se resista a la mercantilización de la experiencia: un marxismo posmoderno que desafíe al capitalismo tardío.
Para poder formular esto propone un proceso que llama “mapeado cognitivo” o “cartografía cognitiva” que les permitirá a los sujetos descentralizados y desorientados de la posmodernidad reconocer el terreno que pisan e idear estrategias de resistencia.
Uno de los problemas del sujeto posmoderno es la brecha entre su experiencia de vida o existencial y todas las relaciones y estructuras que lo condicionan y mediatizan. La función de la ideología es inventar una forma de articular estos dos espacios, de permitir al sujeto apropiarse de aquello que no ve pero que le afecta.
El mapeado cognitivo supone la necesidad de una metodología totalizante que los posmodernistas rechazan por reduccionista. Jameson señala que la diferencia no puede ser entendida fuera del contexto sistémico y relacional y que un análisis totalizante es necesario para mapear los efectos homegeneizadores del capitalismo. Para Jameson sin esa idea de totalidad cognitiva no hay política socialista. Sin la categoría de totalidad las alternativas políticas son el reformismo o la reproducción de las dinámicas represivas.
Lo que más le importa a Jameson en términos políticos es la desorientación espacial de los sujetos en este mundo descentrado de redes de comunicación capitalista. Un mundo en el que los sujetos no saben cómo posicionarse individual y colectivamente, no tienen la noción de diferencia que proporciona la conciencia histórica. En estos términos, la apuesta de Jameson es una apuesta marxista pero no del tipo obrerista sino cercana a la política de alianzas de los nuevos movimientos sociales.
Jameson es el teórico más comprometido con mantener vivas las políticas de resistencia heredadas del marxismo. Señala que cada posición que uno adopte sobre el posmodernismo es, inevitablemente, una postura política hacia la naturaleza del capitalismo multinacional hoy. Para Jameson, como para Marx, el posmodernismo es una superestructura determinada por la transformación de las bases económicas de la sociedad tardo-capitalista.
Jameson intenta reconstruir la capacidad crítica del marxismo a través de los mapas cognitivos que permitan a los sujetos posicionarse ante la totalidad de lo social.

LA DEMOCRACIA RADICAL DE LACLAU Y MOUFFE

Laclau
Ernesto Laclau y Chantal Mouffe intentan repensar el marxismo a través de la teoría posestructuralista para llegar a una teoría y una práctica políticas de pluralismo radical y democrático. La democracia radical será el modelo político postulador por estos dos teóricos.
Para ambos la tradición marxista sufre de un reduccionismo lógico e impide la comprensión o el entendimiento de ciertos aspectos como: la naturaleza plural de la sociedad, la autonomía de los diversos grupos oprimidos, el carácter contingente y abierto de toda identidad y lucha políticas. Critican a esta tradición de reducir la realidad a la producción, la lucha de clases y toda la multiplicidad de posiciones de sujeto a posiciones de clase. Todos los cambios que se operan después de la Segunda Guerra Mundial han generado nuevas formas de resistencia que se expresan en los nuevos movimientos sociales que no pueden ser reducidos a lógicas productivistas o a posiciones de clase.

Laclau y Mouffe analizan la sociedad desde la perspectiva de la teoría del discurso que abre la posibilidad de una creación lingüística de la realidad. Adoptan posiciones posetructuralistas, posmarxistas y posmodernas pero se resisten al nihilismo y al cinismo de los radicales. Al igual que Habermas consideran que la modernidad es un proyecto inacabado pero son mucho más críticos con el racionalismo y el universalismo ilustrado que Habermas.

Mouffe
La propuesta de estos dos autores aparece muy clara en un ensayo titulado “Política y los límites de la modernidad”, en el que intentan ver cómo la crítica posmoderna puede desafiar lo moderno sin por ello renunciar a sus propósitos emancipatorios. Para Laclau el paso de lo moderno a lo posmoderno no implica el abandono de valores como la justicia, la libertad o la verdad, pero sí redefinirlos de tal forma que puedan ser considerados y practicados sin el recurso a las categorías universalistas como la de hombre, totalidad social o el concurso de las grandes narrativas.
Para Laclau y Mouffe es posible repensar los contenidos emancipatorios de la modernidad partiendo de un nuevo imaginario radical. Para ello emplean una categoría, la de hegemonía. Construyen la genealogía del concepto mostrando cómo ha recibido definiciones muy diferentes en contextos distintos.

El modelo político de Laclau y Mouffe se autodefine como plural porque estará constituido por la multiplicidad de identidades políticas y ese pluralismo se convierte en radical porque esas identidades son validadas como autónomas y sujetas a una alianza. El pluralismo radical es democrático porque ningún grupo se verá privilegiado y cada grupo extenderá la revolución democrática burguesa a todos los aspectos de la vida. El socialismo en la democracia pluralista radical no es una ruptura con el pasado sino un momento interno de la revolución democrática. El socialismo implica la erradicación de las jerarquías y de la desigualdad a favor de la equidad y de la autonomía y una extensión de la revolución democrática hincada por la burguesía.

Sus trabajos han recibido numerosas críticas. Entre ellas, se ha señalado su peculiar lectura de la tradición marxista, el uso de la teoría discursiva y de sus teorías sobre la democracia, el socialismo y la política de alianzas. Otra crítica se dirige al uso de la teoría discursiva que les lleva a la arbitrariedad de la sociedad y la historia. También se les critica porque no reparan en que no puede haber democracia si se renuncia al discurso de lo universal.

Laclau y Mouffe son muy críticos con el socialismo obrerista y con la noción de que la clase obrera debía ser la vanguardia revolucionaria. Gracias a su concepto de hegemonía integran en el juego político a muy diferentes actores sociales, entre los que las mujeres son un grupo muy importante.

jueves, 7 de junio de 2012

Historia de las Ideas Políticas Resúmenes Parte 55


En la asignatura de Historia de las Ideas Políticas del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED, algun@s compañer@s realizamos un trabajo coral; resúmenes del libro Ideas y Formas Políticas: Del triunfo del Absolutismo a la Posmodernidad, bibliografía básica de esta asignatura. Quiero agradecer el esfuerzo, compromiso y dedicación desplegado por tod@s.  Derechos reservados, sus autores.

José Rodrigo Crespo - Tema 1 El triunfo del absolutismo // Elisa Ruiz Rodríguez - Tema 2 De la Ilustración al Estado Liberal // Alejandro Gessé Ponce - Tema 3 Los fundamentos de la democracia: de Rosseau a la Revolución Francesa // María Hernando García - Tema 4 El idealismo // Tomás Javier Prieto González - Tema 5 Tradicionalismo y Conservadurismo // Mónica Platero - Tema 6 El pensamiento político norteamericano: de los Founding Fathers a la consolidación de la nación americana // Juan José Amate Ruiz - Tema 7 El liberalismo posrevolucionario // Víctor Riesgo Gómez - Tema 8 Utilitarismo y liberalismo en Inglaterra // Pedro Medina Charavía - Tema 9 Del socialismo utópico al anarquismo // Carla Torres Segura - Tema 10 El anarquismo // Antonio Jesús Acevedo Blanco - Tema 11 Karl Marx y el Marxismo // José Bargallo Roges - Tema 12 El nacionalismo en el siglo XXI // Julio Monteagudo Diz – Tema 13 Totalitarismo (I): Fascismo y Nacional-Socialismo // Inocencia González Fernández Tema 14 Totalitarismo (II): El Comunismo Marxista-Leninista // Eva Del Riego Eguiluz – Tema 15 Los Liberalismo de posguerra // Carolina Judith Rabazo Pérez - Tema 16 Políticas del posmodernismo



LA CONDICIÓN POSMODERNA DE JEAN-FRANCOIS LYOTARD

Lyotrad
Lyotard ha definido lo posmoderno como “una condición”, esto es, como un estado o situación en la que se halla algo o alguien. Est condición e caracteriza por el lugar que ocupa el conocimiento en las sociedades posindustriales y en las culturas posmodernas. En estas sociedades y culturas el control del flujo de idas y quién tiene acceso a ellas es un tema central.
Lyotard analiza el conocimiento como narrativa para destacar y analizar las diferencias entres las formas modernas y posmodernas de conocimiento y la manera en que las ideas son generadas y comunicadas. Lo que quiere enfatizar es que nuestra visión del mundo es producto de las muchas maneras que lo experimentamos y de las discusiones que entablamos sobre la realidad.
Al conjunto de reglas que determinan la legitimidad de las formas particulares de narrativa, Lyotard les llama metanarrativas y señala que éstas proveen criterios que permiten a uno juzgar qué ideas y enunciados son legítimos, verdaderos y éticamente aceptables para cada forma de narrativa.
Lyotard añade otro concepto clave, el de las grandes narrativas, que son los principios rectores de la modernidad y es a través de su análisis como Lyotard define este período y explica el paso a la posmodernidad. Las grandes narrativas construyen explicaciones de la sociedad humana y de su progreso. Señala que la idea central en las metanarrativas y las grandes narrativas es el desarrollo del conocimiento como progreso hacia la iluminación y la libertad.
La condición posmoderna se caracteriza por la demanda suprema de la economía capitalista y todos los desarrollos del saber están determinados por la lógica pragmática de los mercados y no por el sueño del bienestar humano.
Lyotard señala que el saber se ha convertido en una mercancía y que es la base del poder. La gente más poderosa y las sociedades más poderosas son y serán las que tengan acceso y produzcan conocimiento. La competición global por el poder, es a juicio de Lyotard, una lucha por el saber y el objetivo es la eficacia. El criterio para valorar una narrativa es su eficacia en hacer que el capitalismo funcione más rápido y mejor.
Para Lyotard, el mayor peligro que deben afrontar los miembros de las sociedades posmodernas es la reducción de todo conocimiento a un sistema cuyo único criterio es la eficacia.
Lyotard señala que la relación entre moderno y posmoderno toma la forma de una estructura tripartita. En la primera versión, identifica lo posmoderno como un nuevo período, estilo o moda que reemplaza a los anteriores. En la segunda, afirma que lo posmoderno es un momento en el que innovación y desarrollo no pueden identificarse con progreso. Y la tercera señala lo posmoderno como una continua relectura y crítica de los valores modernos y de sus proyectos. No lo sustituye sino que lo reconfigura.
Para Lyotard estas tres versiones deben ponerse en juego para definir este momento complejo.

LA MODERNIDAD SEGÚN JÜRGEN HABERMAS

Habermas
Todos los autores parecen coincidir en que la modernidad implica novedad.
Berman apunta a que la modernidad es por sobre todas las cosas cambio, rápido e inevitable, que afecta la vida de los seres humanos.
Uno de los trabajos imprescindibles en el análisis de la modernidad y posmodernidad lo representa “Modernidad: un proyecto inacabado” de Jürgen Habermas. Al igual que Berman considera al período como una etapa de continua transformación. Pero señala que la modernidad tiene muchos puntos de origen y precursores. Por ello, su objetivo es el análisis del discurso filosófico, como discurso auto-comprensivo; lo sitúa en el comienzo del siglo XIX con el giro autoreflexivo que toman los filósofos, científicos y artistas cuando empiezan a cuestionar las relaciones de sus respectivas disciplinas con los cambios revolucionarios que están teniendo lugar en aquel momento.
Habermas señala tres aspectos clave del discurso de la modernidad:

  1. La emancipación de la subjetividad de las visiones míticas y religiosas.
  2. La idea de historia como relato del progreso racional de la humanidad.
  3. Las posibilidades de resistencia y lucha contra la mercantilización de la vida cotidiana.

POSMODERNISMO Y POLÍTICA

No existe un pensamiento posmoderno sino un conjunto de voces críticas a la modernidad. Algunos autores han intentado clasificar genéricamente a los posmodernos y los visualizan en dos grupos. Uno de ellos estaría formado por los pensadores posmodernos escépticos, para los que la política o el cambio radical no tienen sentido. Rechazan la idea de sujeto autónomo racional. No sólo creen que el sujeto sea una construcción, es también una ficción y una ilusión. El autor más representativo sería Baudrillard.
En un segundo grupo estarían los posmodernos afirmativos o reconstruccionistas quienes no predican el fin del sujeto sino su reconstrucción. Dentro de este grupo estarían Richard Rorty, Frederic Jameson. Para estos, el discurso posmoderno es un horizonte contra el que redefinir y reestructurar la teoría y la política modernas. Reconocen una forma de experiencia fragmentada, descoyuntada y discontinua como característica de la subjetividad posmoderna.
Algunas características de la participación política de estos sujetos son:

  1. Participan de maneras diferentes, favoreciendo la acción directa y las actividades de base, organizados, llegado el caso, a través de los movimientos sociales en lugar de partidos y grupos de interés. Las actividades políticas están menos estructuradas, son menos constantes en cuanto a membresía y agenda a lo largo del tiempo. Están menos relacionados con la estratificación social y económica y tienen que ver menos con la ideología, el interés y el poder. Los nuevos movimientos sociales, como los pacifistas, feministas y ecologistas son modélicos en este sentido.
  2. Los sujetos posmodernos están más orientados hacia el presente y motivados por el objetivo de la expresión, mientras que los modernos lo están hacia el futuro y hacia la auto-realización.
  3. Los sujetos posmodernos tienden a nuclearse en nuevos movimientos sociales que son organizaciones que imprimen un nuevo estilo de política, una política más politizada.

EL LIBERALISMO POSMODERNO DE RICHARD RORTY

Ha sido uno de los pocos pensadores posmodernos que se definió políticamente un liberal posmoderno de izquierdas.
Para él la democracia liberal es el sistema que debe promover la libertad individual y la tolerancia y minimizar la crueldad y el sufrimiento. Pero este sistema político está siendo amenazado. En Achieving Our Country: Leftist Thought in Twentieth Century America, define, al menos, cuatro niveles en las crisis que afectan a las democracias liberales contemporáneas y, específicamente, a la americana:

  1. Las políticas de izquierdas: una radicalizada que promueve el desprecio por los EEUU, convirtiendo a las políticas reformistas en sospechosas e impracticables. Y otra cultural, que es la prueba de que la frustración ha ocupado el lugar de la esperanza.
  2. La identidad nacional americana: falta de orgullo nacional.
  3. La presión de la globalización sobre las democracias: lo que ha hecho agudizar la crisis moral.
  4. La auto-imagen de las democracias liberales contemporáneas: desplazamiento de la noción igualitaria de democracia a la de noción de constitucionalidad, en donde el carácter constitucional no implica la necesidad de progreso moral en el sentido del desarrollo de un sistema igualitario.

Rorty
Para Rorty, la pérdida de esperanza social tiene que ver con los vocabularios políticos y con las ideas políticas vigentes que gobiernan y encuadran nuestras prácticas públicas. Un vocabulario que limita las posibilidades de pensamiento, que marca hasta dónde puede llegar nuestra imaginación. Estos vocabularios parecen pertinentes para sostener el constitucionalismo, pero ya no sirven para preservar el igualitarismo.
Por ello Rorty intenta reavivar y reformular las esperanzas de la sociedad libertal, por lo que cree necesario que tanto la sociedad como las instituciones políticas se impliquen con la idea de igualdad a través de los sentimientos sociales de fraternidad y solidaridad. Para salir de la crisis moral se debe apelar a procedimientos emocionales porque la moralidad tiene que ver con la capacidad para empatizar con la desgracia ajena. Además, también debe producirse un giro en las convicciones de los políticos que valore la relación entre los órdenes morales y políticos y ese habría de ser el principal cometido de la clase política. La primera tarea de un Estado debería ser prevenir las desigualdades sociales y económicas.

miércoles, 6 de junio de 2012

Historia de las Ideas Políticas Resúmenes Parte 54


En la asignatura de Historia de las Ideas Políticas del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED, algun@s compañer@s realizamos un trabajo coral; resúmenes del libro Ideas y Formas Políticas: Del triunfo del Absolutismo a la Posmodernidad, bibliografía básica de esta asignatura. Quiero agradecer el esfuerzo, compromiso y dedicación desplegado por tod@s.  Derechos reservados, sus autores.

José Rodrigo Crespo - Tema 1 El triunfo del absolutismo // Elisa Ruiz Rodríguez - Tema 2 De la Ilustración al Estado Liberal // Alejandro Gessé Ponce - Tema 3 Los fundamentos de la democracia: de Rosseau a la Revolución Francesa // María Hernando García - Tema 4 El idealismo // Tomás Javier Prieto González - Tema 5 Tradicionalismo y Conservadurismo // Mónica Platero - Tema 6 El pensamiento político norteamericano: de los Founding Fathers a la consolidación de la nación americana // Juan José Amate Ruiz - Tema 7 El liberalismo posrevolucionario // Víctor Riesgo Gómez - Tema 8 Utilitarismo y liberalismo en Inglaterra // Pedro Medina Charavía - Tema 9 Del socialismo utópico al anarquismo // Carla Torres Segura - Tema 10 El anarquismo // Antonio Jesús Acevedo Blanco - Tema 11 Karl Marx y el Marxismo // José Bargallo Roges - Tema 12 El nacionalismo en el siglo XXI // Julio Monteagudo Diz – Tema 13 Totalitarismo (I): Fascismo y Nacional-Socialismo // Inocencia González Fernández Tema 14 Totalitarismo (II): El Comunismo Marxista-Leninista // Eva Del Riego Eguiluz – Tema 15 Los Liberalismo de posguerra // Carolina Judith Rabazo Pérez - Tema 16 Políticas del posmodernismo




INTRODUCCIÓN

Desde finales de la Segunda Guerra Mundial se han producido en el mundo cambios económicos, sociales, políticos y culturales de notable envergadura. Estas transformaciones han afectado a la forma de concebir e interpretar la realidad, así como la manera de experimentarla y todo ello ha puesto en tela de juicio los modelos de organización política. Todos estos procesos de cambio se han asociados a un adjetivo complejo y ambiguo, el de posmoderno. Con este término se alude a dos realidades diferentes aunque íntimamente imbricadas: la posmodernidad, que hace referencia a una época con características específicas que las diferencias de otro momento, el de la modernidad; y el posmodernismo con el que se intenta definir una lógica cultural, una manera de entender el mundo y la realidad.
Finales de los ’70, ’80 y principios de los ’90 es el período en que ambos conceptos adquieren una presencia dominante en las culturas europeas y norteamericana.
Lo posmoderno ha sido definido de diversas maneras, pero la más aceptada es la que describe esta lógica cultural como una reacción contra la modernidad, una nueva sensibilidad que pone en tela de juicio los presupuestos “naturalizados” de ese gran período histórico que se desarrolla en torno al programa de la Ilustración. Se trataría, pues, de un movimiento cultural muy amplio que adopta una actitud escéptica hacia muchos de los principios  presupuestos del mundo occidental en los últimos siglos, como la idea de realidad y su correlato, la noción de verdad, la idea de tiempo y la fe en el inexorable progreso humano y la noción moderna de sujeto.
La llegada de la modernidad fue una auténtica revolución en el mundo occidental que, con el tiempo, afectaría a todo el planeta.
La modernidad erosionó la visión religiosa del mundo en la que los hombres estaban a merced de los designios divinos. Este giro humanista rescató la idea de libertad individual y la posibilidad de que los hombres fueran constructores de su propia historia y de su propio destino. La llegada de la modernidad inaugura una nueva configuración temporal, la del tiempo lineal y progresivo. La modernidad pretende, gracias al concurso de la razón, convertir el reino de la necesidad en el reino de la libertad.
La idea de sujeto fue otra idea contra la que se rebelaron los posmodernos.
Los posmodernistas sugieren que todos los conceptos, ideologías o sistemas de pensamiento traen consigo o acarrean las semillas de su propia destrucción. Los posmodernos, saben que su propia revuelta epistemológica está sujeta para siempre a los esfuerzos reconstructivos de los otros. No hay final en el juego de la política. Llevan hasta tal punto el escepticismo que es su afán por mostrar que no hay verdad última que nunca podrán estar seguros de que esto sea cierto. Por ello, porque la verdad es inalcanzable o no sabemos si podremos alcanzarla es por lo que el conocimiento adquiere valor.
En resumen, los posmodernos critican a la modernidad el haber confundido el conocimiento con la verdad. Caracterizar lo posmoderno como reacción contra la modernidad parece concitar cierto consenso y esa reacción consiste, por un lado, en el profundo cuestionamiento a la idea de progreso histórico, y por otro, un profundo escepticismo hacia la concepción de sujeto autónomo, racional y centrado que acompañaron a la emancipación política de la modernidad.

LA POSMODERNIDAD COMO CONTEXTO.

No resulta fácil definir la posmodernidad como período histórico ni rastrear su aparición en algún momento concreto del pasado. Tampoco encontrar definiciones comprensibles de esta época tan compleja.
No obstante, algunos autores como John Gibbins y Bo Reimer, utilizando los análisis parciales de otros teóricos, han intentado caracterizar la posmodernidad y han singularizado los siguientes aspectos:

  1. El capitalismo desorganizado: hay un flujo creciente de productos y personas que se mueven a más velocidad y que alcanzan grandes distancias, haciendo imposible la sincronización de los procesos de producción y distribución. En la posmodernidad los consumidores valoran la capacidad para elegir entre productos alternativos, en donde el componente cultural y estético de un producto determina cada vez más su valor.
  2. El proceso de globalización: estos procesos están moldeando la posmodernidad. Vivimos en un mundo en el que las cosas que pasan en una parte del planeta pueden afectar en otro lugar del mundo. Esta interdependencia ha llevado a algunos autores a hablar de sociedades de riesgo. Una de las cuestiones fundamentales que afectan a la globalización es política, es el papel del Estado Nación y su futuro. Otra cuestión también importante es económica, distancia cada vez mayor entre ricos y pobres; pero la globalización también es cultural, que también están desigualmente distribuidos.
  3. Las sociedades de medios de comunicación de masas: los medios de comunicación mediatizan y condicionan nuestra experiencia en la vida cotidiana. A causa de esta influencia se percibe una pérdida de la existencia de límites en la realidad y ficción. Cuatro tendencias de los medios pueden hacer inteligible este proceso de pérdida del sentido de la realidad: la cultura de los medios es cada vez más visual. Los medios de comunicación están cada vez más implicados en procesos transnacionales. Los medios obedecen a criterios más acusadamente comerciales y hay una concentración de la propiedad de los medios en torno a un conjunto pequeño de corporación. Por último, la significación de los medios en la vida cotidiana ha provocado un aumento de la intertextualidad, esto es de la autorreferencialidad de los medios de comunicación que cada vez se refieren a sí mismos y a su propia producción y menos a la supuesta realidad externa.

El sujeto posmoderno está localizado en un espacio más inseguro que el moderno, en la intersección entre un conjunto plural de localidades, nacionalidades y estructuras internacionales. Éste tiene que hacer constantes elecciones incluso cuando preferiría no tener que hacerlas. El mundo posmoderno obliga a los sujetos a elegir pero no proporciona criterios para saber qué elecciones son mejores. La identidad de los sujetos sigue siendo una construcción social, lo que significa que sus elecciones tendrán en cuenta las experiencias relacionadas con el grupo o el medo cultural concreto.
Los valores son las creencias que tenemos sobre lo que está bien y lo que está mal y son importantes porque son principios que ordenan las acciones políticas. Los valores posmodernos son poco evaluativos o lo son a un nivel muy general. En este sentido son menos una orientación y más un esquema cuya regla esencial consiste en que cada quien debe ordenar sus preferencias, valores y actitudes por sí mismo.

martes, 5 de junio de 2012

Historia de las Ideas Políticas Resúmenes Parte 53


En la asignatura de Historia de las Ideas Políticas del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED, algun@s compañer@s realizamos un trabajo coral; resúmenes del libro Ideas y Formas Políticas: Del triunfo del Absolutismo a la Posmodernidad, bibliografía básica de esta asignatura. Quiero agradecer el esfuerzo, compromiso y dedicación desplegado por tod@s.  Derechos reservados, sus autores.

José Rodrigo Crespo - Tema 1 El triunfo del absolutismo // Elisa Ruiz Rodríguez - Tema 2 De la Ilustración al Estado Liberal // Alejandro Gessé Ponce - Tema 3 Los fundamentos de la democracia: de Rosseau a la Revolución Francesa // María Hernando García - Tema 4 El idealismo // Tomás Javier Prieto González - Tema 5 Tradicionalismo y Conservadurismo // Mónica Platero - Tema 6 El pensamiento político norteamericano: de los Founding Fathers a la consolidación de la nación americana // Juan José Amate Ruiz - Tema 7 El liberalismo posrevolucionario // Víctor Riesgo Gómez - Tema 8 Utilitarismo y liberalismo en Inglaterra // Pedro Medina Charavía - Tema 9 Del socialismo utópico al anarquismo // Carla Torres Segura - Tema 10 El anarquismo // Antonio Jesús Acevedo Blanco - Tema 11 Karl Marx y el Marxismo // José Bargallo Roges - Tema 12 El nacionalismo en el siglo XXI // Julio Monteagudo Diz – Tema 13 Totalitarismo (I): Fascismo y Nacional-Socialismo // Inocencia González Fernández Tema 14 Totalitarismo (II): El Comunismo Marxista-Leninista // Eva Del Riego Eguiluz – Tema 15 Los Liberalismo de posguerra // Carolina Judith Rabazo Pérez - Tema 16 Políticas del posmodernismo



RAYMOND ARON: LIBERALISMO Y REALISMO POLÍTICO

Mientras Hayek y Poppe vivieron y desarrollaron el conjunto de su obra en un contexto cultural, social y político anglosajón, Raymond Aron hubo de desenvolverse en el ambiente de la sociedad francesa. Durante un periodo de entreguerras, las tradiciones antiliberales disfrutaban de una amplia influencia; y después de la Segunda Guerra Mundial, el marxismo se convirtió en objeto de atracción por parte de los intelectuales franceses más carismáticos, entre ellos Jean Paul Sartre.

Aron
Nació en París el 14 de marzo de 1905. En su juventud, Aron simpatizó con el pacifismo y con el socialismo sin ser marxista; en 1925, se afilio al SFIO (Section Françáise de la Internacional) y en 1936 votó al Frente Popular. En su estancia en la Ecole Normal estudió el pensamiento social de los clásicos franceses; y en su etapa en las universidades de Colonia y Berlin se introdujo en el pensamiento filosófico y sociológico alemán. Fruto de esta etapa fueron sus dos primeras obras: La sociología alemana e Introducción a la filosofía de la historia. De la primera destaca su valoración positiva de Max Weber. En Introducción a la filosofía de la historia, Aron puso a punto una concepción del papel de las ciencias sociales y de la relación entre el científico social y la política. Recuperó la tesis fundamental del historicismo alemán sobre las diferencias entre ciencias de la cultura y ciencias naturales; desmontó las pretensiones científicas de las filosofías de la historia en su vertiente hegeliano-marxista, spengleriana y comtiana; y propuso una concepción de las tareas de la ciencia social. La tarea del científico social es la de favorecer las decisiones “razonables”. El científico social puede ayudar a los hombres de acción a tomar conocimiento de los vínculos en los cuales se podría encontrar su actuación y hacer buen uso, es decir, un uso razonable, de su libertad de decisión.

Tras la derrota de Francia ante Alemania, Aron se trasladó a Londres y colaboró con el general De Gaulle, dirigiendo el periódico La France Libre.

Finalizada la contienda, era ya un liberal convencido. Su proyecto político-intelectual consistió en un intento de reconstrucción filosófico-política del liberalismo. A diferencia de Hayek y Popper, su liberalismo no pretendía estar fundado en principios abstractos, sino en un análisis concreto y realista de la política y de la sociedad.

Uno de los momentos clave fue su libro El opio de los intelectuales, cuyo objetivo fue denunciar el nefasto papel desempeñado por Jean Paul Sartre y otros intelectuales de izquierda con su apoyo a los comunistas y su interpretación del marxismo. A su juicio, el marxismo se había convertido, para estos intelectuales, en una especie de religión secular, que sacralizaba el sentido predeterminado de la historia, el papel del proletariado, la revolución, la lucha de clases, etc. Aron predice, en esa obra, el “fin de la era ideológica”. Sin embargo, Aron distinguió siempre entre el marxismo dogmático y superficial de los intelectuales como Sartre y el marxismo imaginario de Louis Althusser y sus discípulos, de que él denominaba el marxismo de Marx. El marxismo vulgar o el marxismo “imaginario” estaba vinculado a un sistema filosófico utópico, es decir, al materialismo dialéctico, al análisis de las contradicciones sociales, la lucha de clases y la visión historicista de la sociedad, mientras que el marxismo de Marx se encontraba fundamentalmente en El Capital y en los análisis de la estructura productiva de la sociedad, es decir, al materialismo histórico.

Aron contrapuso la figura y la obra de Alexis de Tocqueville a las de Marx. El autor de La democracia en América había puesto de relieve la importancia de las ideas y su influencia en la realidad social, y la autonomía del factor político frente al determinismo económico, así como la exaltación de la libertad como una opción, por la cual es preciso luchar política e ideológicamente. De la misma forma, Tocqueville había sabido prever la emergencia de la sociedad democrática: “ciudadanía burguesa, eficiencia técnica y derecho de cada cual para elegir el camino de salvación”.

Desde esta perspectiva, Aron elaboró su concepción de la sociedad industrial, en que la gran empresa industrial era la forma de producción predominante. Esta sociedad tiene una serie de características universales: la gran empresa supone una economía progresiva con sostenida acumulación de capital;  tiene necesidad de cálculo económico racional para invertir, comerciar, fijar precios de producción, etc..; la unidad productiva industrial introduce la división tecnológica del trabajo y crea un tipo de proceso laboral original; y produce, en fin, una significativa  concentración obrera sobre los lugares de trabajo.

Existían, para Aron, dos tipos de sociedad industrial: el capitalista y el soviético de economía planificada. En la capitalista, los medios de producción son objeto de propiedad privada; la regulación de la economía estaba descentralizada; el reparto de los recursos se regía principalmente por los mecanismos de las leyes de mercado; y el objetivo central de la economía consistía en la búsqueda de ganancias. En la sociedad de economía planificada, los medios de producción eran de propiedad estatal; la regulación estaba centralizada; el reparto de recursos se fijaba por el Plan; y el objetivo principal de la economía parecía ser el fortalecimiento del poder estatal.

Existían algunos caracteres comunes entre ambos modelos de sociedad industrial: la transferencia de la mano de obra de la agricultura a la industrial; el aumento de la producción global y el incremento de la cantidad de valor producido per cápita; crecimiento de la productividad; voluntad de poseer más y vivir mejor; progresiva homogeneidad entre las distintas clases sociales. Aron creía posible que el capitalismo estuviese cada vez más regulado por el Estado; y que el sistema soviético adoptase mecanismos de mercado.

A nivel político, la sociedad industrial no implicaba una determinación unívoca del régimen de Estado. La característica esencial de cada sociedad industrial dependía de lo político; y las sociedades industriales se diferenciaban por la organización de los poderes públicos.

Por una parte, se definen los regímenes constitucional-pluralistas, en los cuales las libertades y los derechos son salvaguardaos por la división de poderes establecida por la constitución y por la heterogeneidad de los grupos sociales múltiples, representados por diversos partidos políticos en competencia entre sí. La competencia electoral era la traducción posible de la idea de soberanía popular. Lo fundamental era, en ese sentido, el respeto a las minorías y la aceptación del compromiso de respetar la competencia pacífica.

Por el otro lado, el sistema soviético se basa en un régimen de partido  único y monopolístico, que se legitima por el proceso de revolución permanente que intenta llevar a cabo. La capacidad de acción del partido único es casi ilimitada en si voluntad de transformar la sociedad; y llevaba a la supresión de todos los grupos independientes o de los grupos intermedios; el dirigismo ideológico e incluso el terror.

En la sociedad industrial, se podía optar entre los regímenes constitucionales-pluralista y los de partido único. Una sociedad capitalista podía evolucionar hacia regímenes de partido único; y que la soviética se transformase en pluralista.

Aron fue siempre un fervoroso partidario de las instituciones de la democracia parlamentaria. Un régimen constitucional-pluralista era preferible a los del monopolio político, cuyos defectos eran esenciales. La justificación más pertinente de la democracia liberal radicaba en la protección que aporta contra los excesos de los gobernantes, los límites y controles del poder. La democracia liberal era incompatible con la revolución, porque consideraba que las decisiones políticas eran revocables y aceptaba recíprocamente las diferencias en busca de un consenso común. Por otra parte, las llamadas “libertades formales” eran muy importantes a la hora de garantizar las conquistas sociales y el principio de igualdad. La democracia liberal tenía por fundamento, no el optimismo, sino la “filosofía de la desconfianza”.

A diferencia de Hayek, Aron no condenó el Estado benefactor; y no dudó en apoyar las políticas keynesianas. Incluso hizo referencia a un posible fin de las ideologías y de las religiones seculares, como el marxismo-leninismo.

Althusser
Aron no recató sus criticas al liberalismo hayekiano. Para Aron, el concepto de libertad negativa no rendía suficiente cuenta de las diferentes modalidades de las relaciones interhumanas. Su definición no permitía distinguir claramente entre las influencias coactivas y no-coactivas. La definición hayekiana de la coacción asimilaba bajo la misma categoría todas las actividades sin preguntarse suficientemente si disfrutaba o no de consentimiento. Reducir la libertad a la ausencia de coacción parecía al sociólogo francés muy problemático. Aron responde a la idea hayekiana diciendo que si se reconoce que la ley general esconde una voluntad humana, entonces la oposición sobre la que se funda el conjunto de su doctrina queda muy debilitado. Asimismo, la concepción hayekiana le parecía utópica porque no daba cuenta de fenómenos tan importantes en el mundo contemporáneo como las relaciones entre Estados y el hecho nacional.

El liberalismo, según Hayek, no podía explicar la esencia de lo político. La exclusión a priori de la libertad positiva le parecía al sociólogo francés difícilmente sostenible. Aron estimaba que existían motivos si no razonables, sí, al menos, inteligibles en la primacía dada por algunos a la independencia de su nación por encima de las libertades individuales. Mientras en el liberalismo de Hayek no aparece el tema de las reivindicaciones nacionales, Aron las aceptaba a condición siempre de poder medir los riesgos políticos y para la libertad individual que pueden comportar los movimientos de emancipación nacional. Aron dejaba abierta la cuestión de saber cómo plantearse el problema de la libertad nacional desde una perspectiva liberal.

Más crítico se muestra Aron con el liberalismo económico de Hayek. Para el sociólogo francés, la competición económica y la competición política no se armonizan de forma espontánea; y no constituyen, de hecho, dos modalidades de una sola e idéntica lógica. Por el contrario, existe una relación dialéctica entre un régimen económico de pura concurrencia y un régimen de competición política. Si la competición política no conduce inevitablemente a la destrucción del principio de libertad económica, favorece, sin duda, la instauración de una economía mixta. Aron cree que el liberalismo económico sin trabas resulta incompatible con la democracia, es decir, con el sistema de competición política.

Existían, sin embargo,  puntos de convergencia ocasionales entre Aron y Hayek.  El socólogo francés se apoyó en algunos planteamientos liberales clásicos hayekianos para mostrar a las democracias occidentales la necesidad de respetar las exigencias esenciales de la tradición liberal, como la libertad de pensamiento y el respeto a los derechos individuales. Sin embrago, el liberalismo de Hayek reposaba, para Aron, sobre una base filosófica limitada e insatisfactoria. Y es que cuando Aron invocaba el fin de las ideologías desginaba no sólo al marxismo dogmático , sino también al “otro sistema global de interpretación”, es decir, a “los liberales a lo Hayek”.

A partir de 1958, Aron fue profesor en la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Sorbona. Su independencia política e intelectual le granjeó un profundo aislamiento. Las derechas nacionalistas no le perdonaron su apoyo a la independencia de Argelia; mientras que las izquierdas nunca olvidaron sus críticas al marxismo, a la realidad dominante en los países socialistas, lo mismo que su rechazo intelectual y político a la significación de los sucesos de Mayo del 68. Aron falleció en París el 17 de octubre de 1983.