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martes, 7 de enero de 2014

Resúmenes Sociología Política Parte 32

En la asignatura Sociología Política del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2013/14, elaboré los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria de la asignatura. Derechos reservados, sus autores.


TEMA 1: Las múltiples relaciones entre sociedad y política. El campo de estudio de la sociología política. "Sociedad y política: una relación multidimensional" Autores: Maria Luz Morán y Jorge Benedicto. Capítulo 1 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 // TEMA 2: El proceso histórico de modernización. Estado y mercado, las dos instituciones claves “Modernización y cambio sociopolítico" - Autor: Enrique Gil Calvo. Capítulo 11 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009) // TEMA 3: El surgimiento y desarrollo de la democracia en la sociedad capitalista "Democracia y sociedad industrial" - Autor: Ludolfo Paramio. Capítulo 5 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009). // TEMA 4: Las bases sociales de la política democrática "El concepto de cleavage en las ciencias sociales" Autora: Susana Aguilar. Capítulo 1 del libro de S. Aguilar y E. Chuliá, Identidad y opcion. dos formas de entender la política, Madrid, 2007. "Elecciones para elegir" Autora: Elisa Chuliá. Capítulo 6 del libro de S. Aguilar y E. Chuliá, Identidad y opcion. dos formas de entender la política, Madrid, 2007.// TEMA 5: La construcción de los universos políticos de los ciudadanos. Socialización y cultura política "La construcción de los universos políticos de los ciudadanos" Autor: Jorge Benedicto. Capítulo 8 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009). // TEMA 6: Participación y acción colectiva "Perspectivas teóricas y aproximaciones metodológicas al estudio de la participación" Auotres: Maria Jesus Funes y Jordi Monferrer. Capítulo 1 del libro de R. Adell y M.J.  Funes, Movimientos Sociales: Cambio social y participación. Madrid, UNED, 2003. "Participación política, grupos y movimientos". Autor: Gianfranco Pasquino. Capítulo 5 del libro de G. Pasquino y otros, Manual de Ciencia Política. Madrid, Alianza Editorial, 1991.

Espacio público y ciudadanía

La construcción los universos políticos de los individuos no puede concebirse de ninguna manera como una aventura individual. El conjunto de creencias, valores, normas y percepciones que sustentan la posibilidad de la acción política de los sujetos va configurándose paulatinamente mediante las múltiples interacciones que llevan a cabo dentro de la estructura de relaciones sociales en la que están insertos. Sin comunicación entre sujetos que comparten un lenguaje común no es posible hablar de interacción social. El análisis de los procesos comunicativos que tienen lugar en el ámbito político constituye una etapa fundamental en cualquier reflexión que trate de comprender cómo los sujetos perciben y se sitúan ante las cuestiones políticas.

La propia naturaleza de la democracia moderna implica que las interacciones comunicativas entre los diferentes actores de la vida política tengan lugar preferente en un espacio público, formalmente accesible a todos, en el que toman forma y se desarrollan las opiniones sobre las diversas cuestiones relacionadas con el interés general.

A lo largo del devenir de las sociedades asistimos a incesantes reconstrucciones y redefiniciones que vienen determinadas pos las características e importancia de sus distintos elementos, así como por las condiciones estructurales bajo las que se lleva acabo su constitución



Comunicación política y opinión pública

Comunicación y política son dos términos que se implican mutuamente. Los gobernantes necesitan persuadir, mediante distintos tipos de mensajes, a los gobernados de la legitimidad y eficacia de su actuación con el fin de conseguir su apoyo, pero al mismo tiempo los gobernados buscarán los canales y procedimientos más adecuados para tratar de transmitir sus demandas a quienes tienen el poder de decisión sobre los asuntos públicos.

K. Deutsch sostiene que toda la política debe ser repensada en términos de comunicación, prestando especial atención a los factores que producen mensajes y determinan su impacto. Algunos autores funcionalistas han mantenido que la función de comunicación constituye la condición necesaria para el ejercicio del resto de funciones del sistema político. Parece más acertado insistir en la estrecha relación que une ambas esferas, estableciendo en cada caso la contribución específica que los procesos comunicativos tienen en la configuración de los fenómenos políticos. Los sujetos a lo largo de su vida van construyendo (mediante la transmisión y adquisición de normas, valores, percepciones, etc.) su mundo de referencia políticas a partir de una serie de elementos, entre los que tienen una especial relevancia la posición que ocupan en las diferentes redes de comunicación en las que participan.

Por comunicación política hay dos visiones sistémicas:

·      Toda relación social puede reducirse a términos de teoría de la comunicación.
·      Aquellos que se centran exclusivamente en los aspectos más prácticos; en las técnicas comunicativas como el marketing político o la publicidad que se utilizan para persuadir al mayor número posible de ciudadanos.

Dos son las perspectivas que hay que integrar al hablar de comunicación política:

1.    Estaría la perspectiva de la comunicación política como transmisión de conocimientos e información “políticamente relevante”. Laswell, para quién preguntarse por la comunicación significa responder a la pregunta: ¿quién dice qué, a través de qué canal, a quién y con qué efectos? La fuente del mensaje o emisor, el mensaje en sí mismo, el canal a través del que se transmite, el destinatario o receptor y los efectos que el mensaje produce. Un esquema que debe ser completado con otros conceptos de la teoría de la comunicación: “ruido, filtro o el feedback” (ver página 259). Esta perspectiva se olvida de la complejidad inherente a todos los procesos comunicativos que se producen en al ámbito político.
2.    Que la comunicación política también posee un componente fundamental de creación de significaciones mediante las interacciones que vinculan a los actores sociales y políticos. Los problemas sociales, los temas de debate político, las imágenes de líderes y partidos son construidos e interpretados en el curso de la interacción comunicativa, de acuerdo con la posición que cada uno de los actores ocupa en el sistema de intercambio y relaciones que mantienen entre sí.

Será necesario hacer un esfuerzo de integración dentro de una visión plural. Siguiendo a Gerstlé, podemos distinguir tres dimensiones fundamentales en la comunicación política:

1.    La dimensión pragmática: con las prácticas efectivas de comunicación entre el emisor y el receptor. Permitirá desentrañar la lógica específica que subyace en cada caso a la comunicación política: el discurso, que posee unas peculiaridades que le distinguen y diferencian por su carácter asimétrico. Focault subraya que el discurso político hay que verlo como práctica sometida a unas reglas, a unas regularidades históricamente establecidas que definen lo que debe decirse, cómo debe decirse y sobre todo lo que no debe decirse. El sujeto concreto, en cuanto emisor del discurso, pasa a un segundo plano, porque lo importante es el lugar desde el que se habla, el ámbito institucional desde el que se produce la emisión de enunciados.
2.    La dimensión simbólica: a la utilización de símbolos en el proceso de la comunicación. A través de las palabras, las estrategias de argumentación o las fórmulas retóricas los actores políticos disponen de un instrumento estratégico para transmitir a su audiencia muy diferentes significaciones y representaciones de la realidad. La capacidad simbólica de la comunicación política no se agota en lo lingüístico, manifestándose también mediante otros procedimientos. ¿Qué otra cosa son las elecciones que actos rituales de comunicación que tratan de asegurar el consenso dentro de la sociedad? No deberíamos olvidarnos de la eficacia simbólica de las imágenes y de todo el dominio icónico; la videopolítica.
3.    La dimensión estructural: a las vías por medio de las cuales se llevan a cabo los flujos de información en la esfera pública; los canales por los que fluyen los contenidos comunicativos: los institucionales, como las administraciones o los parlamentos; los organizacionales, como los partidos, los grupos de presión y otras fuerzas organizadas; los mediáticos, como son los medios de comunicación de masas; los interpersonales, que existen dentro de los grupos y en los contactos informales entre individuos.

La articulación dialéctica de estas tres dimensiones de la comunicación política proporcionará una imagen global de sus características definitorias en una sociedad determinada y en un momento histórico concreti, al tiempo que hace posible analizar la manera en que estos procesos comunicativos estructuran el espacio público de interacción en el que tiene lugar la formación y expresión de una opinión pública. Hoy en día no se puede hablar de opinión pública sin pensar en sondeos o encuestas. La opinión pública es ante todo un fenómeno social de naturaleza comunicativa que desempeña una importante función sociopolítica, tal y como lo demuestra su propia evolución histórica y la intensa significación política que tradicionalmente se le ha atribuido.

El origen del término como el propio fenómeno de la opinión pública es un producto de la Ilustración, de su concepción del hombre como un ser capaz de discutir y razonar sobre los asuntos públicos. Habermas sitúa su origen en un conjunto de tendencias históricas que vienen fraguándose en Europa desde el SXV, asociadas a la expansión del capitalismo mercantil y que cristalizan en el ambiente intelectual de los SXVII y XVIII: la difusión de una serie de innovaciones tecnológicas que hacen posible el flujo de informaciones y en paralelo la creación de un público lector; el cambio ideológico iniciado en el Renacimiento y la Reforma protestante, dirigido a afirmar la supremacía del individuo y su condición de ser libre; el incremento del tráfico de mercancías y noticias, que convierte a la burguesía en un poder social ascendente que necesita afirmar su posición social a costa del poder político estatal; la aparición de lugares públicos de encuentro no dependientes el Estado en los que se puede reunir un público formado de personas privadas capaces de desarrollar un debate crítico, racional e igualitario.

El surgimiento de un nuevo ámbito, el ámbito de los social, como espacio público diferenciado y contrapuesto el ámbito del Estado-Corte, al ámbito del poder político absoluto. La opinión pública nace como un instrumento en manos de la burguesía para legitimar sus deseos de control del poder absoluto de la corte, basado en la identificación ideológica del público como ente de raciocinio crítico e igualitario con el público burgués, es decir, el reducido grupo de los propietarios poseedores de instrucción.

Habermas ha denominado la disolución psicosociológica del concepto de opinión pública: ésta se reduce a la suma de opiniones individuales, en la mayoría de los casos débilmente formadas y sometidas a múltiples influencias externas, que pueden ser analizadas mediante métodos empíricos cuantitativos en los que subyace el principio de que todas las opiniones de todos los individuos tienen el mismo valor social, independientemente de la posición socioestructural que ocupen dentro de la colectividad.

¿Cómo puede recuperarse la referencia colectiva imprescindible en la noción sociopolítica de opinión pública, sin por ello dejar de analizar cómo se constituyen las opiniones de los ciudadanos sobre las cuestiones públicas? Es la investigación de los procesos comunicativos, a la realidad actual de la existencia de diferentes públicos que vendrían definidos tanto por su ubicación estructural dentro del sistema de relaciones sociales como por los asuntos colectivos alrededor de los que se articula el debate social y político. Las condiciones en que se lleva adelante en nuestra sociedad la discusión pública como la posición que ocupan los ciudadanos en el proceso de la opinión pública, en cuanto espectadores pasivos, espectadores atentos o actores potenciales: cómo a través de la comunicación se va construyendo el espacio público y cómo en su seno se desarrollan los universos políticos de los ciudadanos. En ambos casos, el papel de los medios de comunicación de masas aparece como una variable de importancia crucial en la que hay que detenerse.



viernes, 22 de noviembre de 2013

“Los viejos demonios han vuelto a Europa”

Artículo de Xosé Hermida publicado en El Pais el 31 de octubre de 2013.

En el principio fue la ira. “Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquiles”, reza el verso inicial de La Ilíada, que para el filósofo Peter Sloterdijk (Kalrsruhe, 1947) equivale a la “primera palabra de Europa”. La ira y la indignación han sido una piedra angular del continente, y con él, de todo el mundo occidental. El recorrido histórico por las consecuencias políticas de esa energía humana dieron origen a un libro —Ira y tiempo, editado en España por Siruela— del más controvertido y seguramente más influyente, tras Jürgen Habermas, de los pensadores alemanes contemporáneos. Sloterdijk ha estado dos días en Santiago para recibir un singular premio por esa obra. El galardón, llamado Bento Spinoza en honor del gran filósofo de origen judío portugués, está organizado por el instituto compostelano Rosalía de Castro, cuyos alumnos, junto a los de otros cuatro colegios públicos gallegos, eligieron Ira y tiempo como el mejor ensayo. “Por una vez no me ha premiado un jurado gerontocrático”, bromeaba ayer, con una mezcla de ironía y sorpresa, el pensador alemán, que no oculta su inquietud por el futuro de una Europa a la que “vuelven los viejos demonios, ahora bajo la forma de nacionalismo económico”.
Muy popular en Alemania, donde es frecuente verle en televisión hablando de casi todo —desde fútbol a cómo dejar de fumar— su capacidad para la provocación es casi legendaria. Irrumpió de la forma más escandalosa en 1999, cuando algunos —entre ellos el propio Habermas— vieron resucitar los fantasmas del nazismo con su libro Normas para el parque humano que defendía las técnicas de mejora genética del homo sapiens. Hace tres años, un artículo suyo en el Frankfurter Allgemeine Zeitung, en el que arremetía contra la “cleptocracia fiscal” de los Estados de bienestar europeos y propugnaba sustituir los impuestos por donativos voluntarios, provocó otro enorme incendio. Ira y tiempo contiene un furibundo ataque contra lo que llama “izquierda fascista”, y eso le ha servido para que desde el otro lado del espectro ideológico el filósofo comunista Slavoj Zizek lo haya definido como “un liberal-conservador que ejerce de enfant terrible del pensamiento alemán contemporáneo”.

La izquierda, según Sloterdijk, ha funcionado históricamente como un mecanismo de “organización política de la ira” o, para ser más precisos, como “un banco de ira”. “La gente depositaba allí sus frustraciones y, como en un banco, otros gestionaban ese capital para devolverle los intereses en forma de autoestima para ellos y desprecio para sus enemigos”, explica Sloterdijk desde su imponente estatura, mirando siempre por encima de unas pequeñas gafas y con un cabello alborotado que corrobora esa imagen de enfant terrible, aún a sus 66 años, Él acabó de escribir su libro en 2006 y, desde entonces, la “atmósfera ha cambiado mucho en el mundo”, advierte. “La ira, la cólera, la indignación, han cobrado más fuerza. Lo que pasa es que ahora no hay un banco mundial de la ira. Ese papel lo jugó la izquierda desde el siglo XIX, pero hoy ya no es capaz de desempeñarlo. El islamismo es únicamente un banco local de ira, sin alcance mundial. Ahora la gente puede quedarse en casa con su cólera y meterla debajo de la almohada o del colchón, porque ya no hay nadie que pueda sacar rendimiento político de eso ni devolverle intereses”.
Su durísimo diagnóstico sobre las consecuencias de organizar políticamente la ira, desde el primer anarquismo de Bakunin hasta el estalinismo o el maoísmo, no implica que Sloterdijk desdeñe el papel que ha desempeñado la indignación en la historia de Occidente. Y lo subraya cuando comenta el fenómeno del 15-M en España: “Esto no es nada nuevo, aunque sí la forma cómo se manifiesta. La República es hija de la indignación. De ella nace el primer movimiento democrático en la antigua Roma, donde la monarquía da paso a la República por la indignación popular contra la violación de Lucrecia por el hijo del rey. Lo mismo vale para la Revolución Francesa. En ese sentido, los jóvenes españoles demuestran que viven la auténtica tradición democrática”. Pero esa energía no puede ser canalizada por fuerzas como “la izquierda francesa, que parece una empresa del Estado, solo pendiente de los funcionarios”. “Se necesita algo completamente diferente, un instinto más emprendedor. Y pensar que no se puede forzar la economía. No vale con masacrar a dos millonarios y repartir su fortuna dando 20 euros a cada persona en paro. No creo que eso sea una solución política”.

La disputa entre el Norte y el Sur en Europa tras el estallido de la crisis ha abierto una brecha cuyos peligros resultan muy evidentes para Sloterdijk: “Han vuelto los antiguos demonios a Europa. Ya no se trata del viejo nacionalismo, ahora es un nacionalismo económico venenoso. Y sin duda se debe a los defectos en la construcción política de Europa. El euro fue sobre todo un proyecto político, y los especialistas ya advirtieron entonces de que eso podría llevar a una explosión. Pero los políticos siguieron adelante con lo suyo. Y esa explosión es lo que estamos viendo ahora. Hay un retroceso en el sentimiento transnacional”. El pensador resume la división continental entre países partidarios de la estabilidad económica, como Alemania, y los defensores de “políticas inflacionistas, como los Estados del Sur”. “Las diferencias neonacionalistas vienen de mezclar la política con esos problemas técnicos. Si no evitamos esa mezcla, Europa puede saltar por los aires”, afirma.


Un cierto sentido de la ironía impregna la obra de Sloterdijk y aflora cuando se pregunta si de verdad Alemania desea mandar sobre Europa: “Todo esto es un malentendido trágico. Los alemanes rezan todas las noches para no tener que gobernar Europa. Pero qué le vamos a hacer, son grandes y fuertes, y no se pueden esconder como cuando uno es pequeñito y se mete detrás de un árbol. El problema no es que Alemania quiera el poder, sino que se trata de una obligación a la que debe acostumbrarse. Pero los alemanes son muy cuidadosos y muy respetuosos”.

Artículo de Xosé Hermida publicado en El Pais el 31 de octubre de 2013.

lunes, 28 de octubre de 2013

Resúmenes Cambio Social II Parte 16


En la asignatura de Cambio Social II del segundo cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, algunos compañeros realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria de la asignatura. Derechos reservados, sus autores.

1- Los movimientos sociales como fuerzas de cambio “Sociología del cambio social” de Sztompka, capítulo 19, pp. 303 a 330. Tomás Javier Prieto González // “Las revoluciones: la cumbre del cambio social” de Sztompka, capítulo 20, pp. 331 a 350. Tomás Javier Prieto González 2- Los movimientos sociales: principales teorías Perspectivas teóricas y aproximaciones metodológicas al estudio de la participación (Funes/Monferrer, en Funes/Adell, capítulo 1, pp 21 a 58) // Tomás Javier Prieto González // El estudio del contexto político a través de la protesta colectiva. Participación y democracia (Adell, en Funes/Adell, capítulo 3, pp 77 a 108). // Julia Ortega Tovar Participación y democracia: Asociaciones y poder local (Brugué/Font en Funes/Adell, capítulo 4, pp 109 a 132). Julia Ortega Tovar 3- Los nuevos movimientos sociales en el contexto histórico y de la mundialización Génesis y desarrollo de los movimientos sociales desde una perspectiva histórica. El movimiento obrero (Pastor, en Funes/Adell, capítulo 2, pp 59 a 76). Tomás Javier Prieto González // La dimensión individual en la acción colectiva (Funes, en Funes/Adell, capítulo 8, pp 225 a 254). José Antonio Puig Camps // Los movimientos antiglobalización (Ibarra/Martí, en Funes/Adell, capítulo 10, pp 285). José Antonio Puig Camps 4- Estudios de caso y campañas Dimensión simbólica y cultural del movimiento feminista (Robles/de Miguel, en Funes/Adell, capítulo 5, pp 133 a 162). Víctor Riesgo Gómez // Identidad colectiva y movimiento gay (Monferrer, en Funes/Adell, capítulo 6, pp 163 a 190) //  Javier Hermoso Ruiz Organización y estructura del movimiento ecologista (Jiménez, en Funes/Adell, capítulo 7, pp 191 a 224). Blas García Ruiz


El paradigma teórico de los nuevos movimientos sociales

Nos centramos en quienes señalan la importancia de los cambios estructurales de las últimas décadas en el surgimiento de estas nuevas formas de participación. Frente a las explicaciones centradas en desvelar el cómo de los procesos de movilización desde una interpretación estratégica de la acción, la perspectiva teórica de los nuevos movimientos sociales trata de estudiar el por qué de la misma. Se considera que la existencia de movimientos sociales sse debe a una cuestión de oferta, si existen grupos, recursos y oportunidades habrá movilización, mientras que los enfoques de los nuevos movimientos sociales plantean que se trata de una cuestión de demanda, en tanto que respuesta a la percepción de necesidades o carencias. Se trata de identificar el origen de las reivindicaciones en un contexto estructural en proceso de transformación y crisis que afecta de forma especial a la estructura de clases y al entorno simbólico de las sociedades capitalistas postindustriales.

Los investigadores, acostumbrados a la visión del conflicto social como resultado de una histórica lucha de clases, se encontraron con gran sorpresa con otras formas de protesta cuyos protagonistas no tenían clara relación con la clase obrera. Parece haber cierto consenso a la hora de considerar que se observa en ellos pautas de acción política y social cualitativamente nuevas en relación con su ideología, bases de apoyo, motivaciones, estructura organizativa y estilo político.

Ronald Inglehart: en estos contextos se han producido cambios importantes en el sistema social, con resultados, por una parte, de los logros del desarrollo tecnológico y económico, que han propiciado un alto grado de satisfacción de las necesidades básicas de la población; y por otra, de la existencia de unas décadas continuadas de seguridad física, dada la ausencia de conflictos bélicos en Europa y Norteamérica tras el final de la II Guerra Mundial. Haber traspasado un umbral de satisfacción de necesidades materiales y de seguridad física, nos ubica en una situación en la que amplios sectores de población disfrutan de una posición económica desahogadas y altos niveles educativos. Surge una nueva gama de demandas sociales basadas en valores postmaterialistas, una mayor necesidad de manifestación de valores expresivos, autoestima, autorrealización, autoexpresión corporal, y la reflexión sobre la calidad de vida, el media ambiente, o la pertenencia a la comunidad. Toda una serie de opiniones, actitudes y acciones que tienden a elevarse por encima del instrumentalismo economicista y que estarían fundamentando necesidades históricas denominadas “postadquisitivas”, al no poder ser satisfechas a través del mercado. Encontramos transformaciones en el sistema sociopolítico que se concretan en una pérdida relativa de la centralidad del histórico conflicto de clase.

Habermas señala que son las consecuencias culturales que produce una vida fragmentada, culturalmente empobrecida dada la racionalidad extrema aplicada a los procesos sociales, las que llevan a la defensa de lo que él denomina “el mundo de la vida”. Los nuevos actores sociales permitirían nuevas fórmulas de democracia deliberativa incorporándose como actores de participación en los sistemas democráticos. Estaríamos asistiendo a una “politización mucho más radical que nada que hayamos conocido en el pasado, porque tiene a disolver la distinción entre lo público y lo privado, no en términos de una invasión de lo privado por un espacio público unificado, sino en términos de una proliferación de espacios políticos radicalmente nuevos y diferentes” (Laclau y Mouffe). Otros autores señalan que las nuevas circunstancias generan una crisis de identidad en las sociedades posindustriales y de gobernabilidad en el Estado de Bienestar. Para Raschke las consecuencias de las transformaciones del sistema de producción económico habrían dado como resultado un proceso de erosión de las identidades sociales y de los sistemas de mediación y representación. Aparecen identidades nuevas basadas en categorías adscriptivas y en defensa de la calidad de vida defendidas por los nuevos movimientos sociales como actores políticos. Los movimientos sociales nacidos en los 70´s recogen las nuevas identidades grupales, para expresar y oponerse a las limitaciones sel sistema liberal democrático ante la incapacidad de los partidos políticos para encauzar, generar o atender las nuevas solidaridades.

Offe explica el surgimiento de los movimientos sociales cvomo respuesta a la crisis de mediación de las instituciones políticas como crisis de “gobernabilidad” de estos sistemas democráticos. El fin último de los movimientos sociales sería la activación o politización de la sociedad civil. Lo denomina explicación estructural de los nuevos movimientos sociales y señala tres aspectos que favorecen su aparición:

·      Ensanchamiento: las consecuencias negativas de las formas establecidas de racionalidad económica y política ya no afectan a sólo una clase social, sino a cualquier miembro de la sociedad.
·      Profundización: Aumento y la profundización del control y de la vigilancia del individuo en su esfera laboral y privada debido a el funcionamiento de los actuales sistemas sociales y tecnológicos.
·      Irreversibilidad: por la incapacidad estructural de las instituciones políticas y económicas existentes para percibir y actuar eficazmente ante las privaciones, riesgos y amenazas globales.

Los teóricos de la sociedad riesgo (Beck, Giddens y Lash) explican estas nuevas formas de acción como la reacción ciudadana ante una situación de previsible descontrol y creciente riesgo global. Giddens denomina modelo de política emancipatoria, entendida como un re-nacimiento no institucional de lo político. Los nuevos movimientos sociales incorporan subjetividad a la acción política y adquieren poder real al influir en la agenda pública consiguiendo la inclusión de claves asociadas con los riesgos inherentes a la nueva dinámica económica que conlleva peligros desconocidos hasta la fecha.

1.       Análisis teórico del cambio social

Este apartado teórico con el análisis del cambio, entendido que éste puede producirse tanto en el nivel individual, en el grupal como en el sistémico. Las aportaciones analíticas y conceptuales de las teorías del cambio social permiten una primera delimitación para abordar esta cuestión desde una consideración multidimensional de los efectos de los movimientos individualmente considerados.

Las tipologías analíticas distinguen entre, impactos o cambios “externos” sobre la sociedad producidos por el movimiento, y cambios “internos” en el propio movimiento. Permite afirmar que los movimientos transforman la sociedad transformándose a sí mismos con el fin de cambiar la sociedad:

·      Dentro de los cambios internos es posible analizar a lo largo del tiempo, tanto las transformaciones de las identidades individuales y colectivas de los participantes, como las variaciones que afectan a la propia organización.
·      Los cambios externos se concretan en la producción de alteraciones estructurales. Se hace necesario distinguir, entre los efectos manifiestos producidos de aquellos no intencionados (colaterales).

Podemos distinguir las siguientes dimensiones que pueden verse potencialmente afectadas en diverso grado por estrategias concretas:

·      Ideológica, grado en que se consiguen que su imaginario social se extienda por la sociedad, a consecuencia de su impacto sensibilizador.
·      Cultural o simbólica, grado de impacto reformista en la estructura normativa, expresado por la introducción de nuevos valores, formas de vida, reglas de conductas, roles,
·      Organizativa, grado de su impacto reorganizativo sobre los modelos y canales de interacción social, en la estructura de oportunidad política, sobre su consideración como interlocutor válido, o en la formación de redes sociales, nuevos grupos y coaliciones.
·      Distributiva, grado en que incrementan las oportunidades, beneficios, privilegios o gratificaciones para sus miembros y seguidores, y en la misma medida previenen desventajas deslegitimando a sus oponentes.

Kriesi considera que la posibilidad de los movimientos sociales de generar cambios mediante su acción colectiva ha de ser interpretada en términos de éxito y éste directamente relacionado con las condiciones específicas de la estructura de oportunidad política en que actúan los movimientos. Kriesi distingue entre:

·      Éxito procedimental: obtenido mediante sus actos, abrir canales de participación para los desafiadores y obtener reconocimiento público.
·      Éxito sustantivo, cuando los movimientos consiguen cambios políticos en relación con sus objetivos. Puede ser proactivo, cuando supone la introducción de nuevas ventajas, o reactivo, en aquellos casos que impide nuevas desventajas.


miércoles, 17 de abril de 2013

Resúmenes Cambio Social I Parte 15


En la asignatura de Cambio Social I del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, algunos compañeros realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria Sociología del cambio social de Piotr Sztompka. Derechos reservados, sus autores.

Capítulo 1 Conceptos fundamentales en el estudio del cambio social. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 2 Vicisitudes de la idea de progreso. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 3 La dimensión temporal de la sociedad: El tiempo social. Víctor Riesgo // Capítulo 4 Modalidades de tradición histórica. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 5 La modernidad y más allá. Víctor Riesgo // Capítulo 6 La globalización de la sociedad humana. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 7 El evolucionismo clásico – Julia Ortega Trovar  // Capítulo 8 El neoevolucionismo - Julia Ortega Trovar // Capítulo 9 Teorías viejas y nuevas de la modernización – Andrea Fuente Fernández // Capítulo 10 Las teorías de los ciclos históricos – Blas García Ruiz // Capítulo 11 El materialismo histórico - Blas García Ruiz  //Capítulo 12 Contra el desarrollismo, la crítica moderna Julio Monteagudo Diz // Capítulo 13 La historia como producto humano – Galaaz Vaamonde (9 octubre) // Capítulo 14 La nueva Sociología histórica - Galaaz Vaamonde // Capítulo 15 El devenir social – Jesús Sánchez Azañedo // Capítulo 16 Las ideas como fuerzas históricas - Carlos Catalán Serrano // Capítulo 17 El surgimiento de lo normativo – María Purificación Moreno Moreno // Capítulo 18 Los grandes individuos como agentes de cambio social - María Purificación M. Moreno  

Más allá de la modernidad

Varios puntos de vista teóricos acerca del futuro de la sociedad humana. Uno de ellos está arraigado en el clima optimista y progresista de la sociología clásica y sigue la estructura teórica del evolucionismo. Afirma que las tendencias presentes, la mayoría de ellas beneficiosas, continuarán en el futuro, simplemente la modernidad evolucionará en la misma dirección alcanzando formas más maduras y perfectas. Las semillas del futuro se encuentran en el presente, en las sociedades del tipo más avanzado. Estos son los presupuestos fundamentales de la teoría de la sociedad postindustrial.

La imagen clásica de la sociedad postindustrial ha sido descrita por Daniel Bell (1974) y Alain Touraine (1974). Puede resumirse por medio de cinco tendencias que John Naisbit popularizó posteriormente como “megatendencias”.

  1. En el dominio económico hay un cambio consecutivo de sectores dominantes: siguiendo el movimiento de la producción agrícola a la industrial viene el cambio de la industria hacia los servicios, que abarca una gran variedad de ocupaciones y profesiones no directamente relacionadas con la producción.
  2. En la estructura de clase y en la jerarquía de la estratificación, hay una importancia numérica creciente, así como una importancia social, de la clase de servicios, y dentro de la clase de servicios de los grupos técnicos y profesionales (sector cuaternario) y en los “servicios humanos”
  3. En la tecnología, está el surgimiento de una nueva “tecnología intelectual” aplicada al procesamiento de la información.
  4. En la dinámica de la sociedad, el crecimiento tecnológico autosostenido deviene de importancia central.
  5. En el sistema de valores y en los temas dominantes de la vida cotidiana la atención se dirige hacia el conocimiento y su adquisición a través de los distintos tipos de educación permanente Peter Drucker habla de “sociedad del conocimiento” para subrayar la importancia de este aspecto.


Todos los rasgos del postindustrialismo señalan la intensificación de fenómenos o procesos claramente presentes en la modernidad. Los autores de esta tradición teórica presuponen su completo desarrollo en el futuro, intentan deducir los rasgos de los que vendrá de las semillas presentes.

Una perspectiva alternativa está enraizada en la nostalgia por los aspectos brillantes súbitamente redescubiertos de la sociedad tradicional. Hay numerosos llamados a reconstruir las comunidades humanas, a restablecer los lazos humanos primordiales, a revitalizar los grupos y relaciones básicas. Hay, de igual modo, enérgicas apelaciones a salvar y restaurar el medio ambiente natural de la sociedad, a combatir la contaminación, la destrucción ecológica y la explotación desenfrenada d ellos recursos naturales. Estas y parecidas ideas proporcionan principios de reunión para poderosos movimientos sociales.

Sin embargo, el empuje principal de la teoría social reciente es otro. Una tercera perspectiva que sostiene que las transformaciones sociales son irreversibles aunque, puedan dirigirse hacia un tipo cualitativamente nuevo de sociedad que surgirá de las cenizas de la modernidad. No está aún claro qué aspecto tendrá pero ya hay algunos nombres pegadizos para ella: “postmodernidad” (Lyotard 1984; Habermas 1987; Bauman 1989b) “posthistoria” y “postcivilización” Todos ellos conservan la actitud de mirar hacia el futuro de la que gusta la mayoría de la gente al tiempo que los distancia d elso aspectos negativos de la contemporaneidad.

La cuarta perspectiva es mucho más restringida en sus proyecciones que las teorías de la sociedad postindustrial y mucho menos grandiosa en sus pretensiones que las teorías de la postmodernidad. Se limita a una disección analítica detallada de la modernidad tal y como se presenta a finales del siglo XX sin prejuzgar la dirección en la que la sociedad humana se va a mover  o se ha de mover. Esta es la teoría de la “alta” modernidad o de la modernidad “tardía” propuesta por Anthony Giddens (1990)

Para él es prematuro hablar de postmodernidad, tan sólo estamos viviendo una fase de su radicalización, nos movemos hacia un periodo en el que las consecuencias de la modernidad se están haciendo más radicales y universales que nunca. Aparecen fenómenos cualitativamente nuevos que remodelan básicamente el mundo contemporáneo y nos introducen en un universo nuevo.

Giddens comenta los rasgos de la “alta modernidad” bajo cuatro rótulos: confianza, riego, opacidad y globalización.

La importancia crucial de la confianza se deriva de la presencia dominante en la vida moderna de “sistemas abstractos” cuyos principios de funcionamiento no son completamente transparentes a la gente corriente, pero sobre cuya fiabildad depende la vida cotidiana. Un gran número de estructuras complejas, enormes e impersonales que influyen poderosamente en la realidad social. La gente ha de aprender a usarlas y a depender de ellas. “con el desarrollo de sistemas abstractos, la confianza en los principios impersonales, así como en los otros anónimos, se hace indispensable para la existencia social” (Giddens 1990 p120)

El riesgo significa incertidumbre acerca de las consecuencias de las acciones propias, la probabilidad indeterminada de efectos dañinos al margen de la propia voluntad. Pero por ser más concretos, el “perfil de riesgo” de la alta modernidad está al margen de experiencias anteriores, tanto objetiva como subjetivamente; hay al tiempo una presencia real más fuerte de riesgo que nunca. Objetivamente observamos:

  1. La universalización del riesgo. La posibilidad nueva de catástrofes globales que ponen en peligro a todo el mundo, al margen de la clase, la etnia, la posición de poder. (una guerra nuclear, la destrucción ecológica)
  2. La globalización del riesgo. La extensión de los ámbitos de riesgo sobre grandes segmentos de la población humana, afectando a grandes masas de gente.
  3. La institucionalización del riesgo. La aparición de organizaciones en las que el riesgo es  el principio de su funcionamiento.
  4. La reflexividad del riesgo. La emergencia o intensificación del riesgo en tanto efecto colateral involuntario o efecto boomerang de las acciones humanas.


Subjetivamente hay factores añadidos que hacen más aguda la experiencia del riesgo:

  1. Una sensibilidad mayor hacia las amenazas y los peligros como resultado de la desaparición de las defensas y racionalizaciones mágicas y religiosas.
  2. Conciencia más común de las amenazas debido a unos niveles mayores de educación.
  3. Reconocimiento creciente de las limitaciones del conocimiento experto y de los fallos reiterados de funcionamiento de los “sistemas abstractos”.


El tercer rasgo central, la “opacidad”, la incertidumbre, el carácter errático de la vida social en las condiciones de la alta modernidad. Tal incertidumbre tiene diversas fuentes:

  1. Fallos de diseño, con tendencia a ocurrir en los sistemas abstractos particularmente grandes y complejos.
  2. Fallos del operador, inevitables debido a la participación humana en el funcionamiento y control de los sistemas abstractos.
  3. La inevitabilidad de los efectos involuntarios y no reconocidos.
  4. La reflexividad de conocimiento social, que, en el momento mismo en que explica la sociedad y hace que parezca más previsible, puede influir el curso de los procesos sociales de formas imprevisibles.
  5. La diferenciación extrema de poder, valores e intereses entre los miembros de la sociedad y sus agrupaciones, que da lugar a un relativismo absoluto y hace desaparecer las guías simples.


La cuarta característica de la alta modernidad es la globalización continua. La extensión de las redes de relaciones sociales, económicas, política y culturales a lo largo del globo. Esto da como consecuencia, entre otras cosas, la disminución del papel del estado-nación, que deviene, como ha señalado Daniel Bell “demasiado pequeño para los grandes problemas de la vida, y demasiado grande para los problemas pequeños de la vida” (en Giddens 1990: 65)

Giddens culmina su análisis de la alta modernidad con una discusión de las reacciones típicas que la gente produce para adaptarse a la incertidumbre y al riego dominantes:

  1. Aceptación pragmática; “esto es lo que hay que hacer”
  2. Optimismo sostenido, fe en que de alguna manera las cosas mejorarán gracias a la providencia, la ciencia, la tecnología o la racionalidad humana.
  3. Cínico pesimismo, perspectiva temporal a corto plazo, disfrutar del aquí y el ahora.
  4. Oposición radical a lo que se percibe como fuentes de peligro, vehiculada a través de la estructura de movimientos sociales.


La idea de modernidad tardía parece el instrumento más fructífero para el enfoque analítico, distanciado, de las amenazas así como de las promesas que nos ofrece la época que nos ha tocado vivir. 

viernes, 5 de abril de 2013

Jürgen Habermas Razones que cuenten


Artículo de Luisa del Rosario publicado en el canarias7.es el 10 de febrero de 2013

Jürgen Habermas pronunció en 1984
un discurso en el Congreso de los Diputados. Foto C7.es
Resulta paradójico que alguien que dedica sus esfuerzos al «trato comunicativo» sea tan poco accesible en sus textos. Aunque más que al propio Jürgen Habermas, autor de la Teoría de la acción comunicativa, podría achacarse a la falta de práctica lectora de textos tan precisos en el vocabulario, tan esmerados en las estructuras y tan kantianos en la construcción del discurso. Y quizás, también, a que la política y el espacio público, uno de sus campos de investigación, se ven hoy reducidos a un esperpéntico circo en el que solo se intercambian eslóganes y fotos de inauguraciones.  O como él mismo dice: «Los despiertos moderadores de los talks shows disponen, con sus invitados de siempre, una papilla de opiniones que quita hasta al último espectador toda esperanza de que todavía puedan existir, cuando se trata de temas políticos, razones que cuenten».

Pese a las complejidades, Habermas es reconocido como uno de los filósofos más importantes de las últimas décadas. Y por sus diversas contribuciones ha recibido multitud de premios, entre ellos el Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales. El último,  aún por recoger, el  Erasmus Prize 2013, que se entrega en octubre y que este año versaba sobre El futuro de la democracia. Un reconocimiento que se le otorga por «su visión humanista y compromiso con el futuro de Europa», además de porque lleva más de 50 años enfatizando «la importancia del diálogo, la democracia y la dignidad humana».

En el campo de la filosofía, la palabra marxista no asusta, como ocurre en otros ámbitos. Y Habermas, con salvedades de calado, especialmente porque sustituye el paradigma de la producción por el comunicativo, es marxista. De hecho el filósofo alemán es «el representante» de la segunda generación de la Escuela de Frankfurt, que es como se suele denominar a los pensadores del Instituto de Investigación Social que impulsaron Horkheimer y Adorno a finales de los años 20. Hegel, Marx y Freud fueron los principales inspiradores teóricos de un proyecto que continua aún hoy en multitud de ramas que van desde Estados Unidos (Seyla Benhabib) hasta España (Adela Cortina), aunque sigue teniendo su base en Alemania. 

La violencia, destrucción y atrocidad que supuso la I Guerra Mundial marcó a aquella primera generación de frankfurtianos que, llegada la segunda Gran Guerra, huyó de Alemania y el terror nazi. Y fue la cesura de 1945, que desveló una vida cotidiana «normal» como una forma patológica y criminal, la que impulsó a Habermas a confrontar el presente con el pasado ante el «temor ante una recaída política». Algo que permaneció en él, según confiesa en Entre naturalismo y religión, hasta los años ochenta.

Enfrascado entonces en el estudio de la esfera pública, que hace arrancar en los albores de la Modernidad, Habermas afirma que «las sociedades complejas solo pueden mantenerse unidas sobre la base de la solidaridad abstracta y mediada jurídicamente entre ciudadanos». Esto significa que no es la cultura o la religión lo que nos une, sino el «patriotismo constitucional», un término que en España llevó al lodazal José María Aznar. Por ello se habla del filósofo alemán como un demócrata radical, pues Habermas no defiende la democracia representativa que conviene a la clase política asida al poder, sino la democracia deliberativa, que se basa en la legitimidad fundada en razones públicas derivadas de un proceso de discusión en el cual todos los ciudadanos pueden participar libre e igualitariamente. Esto, obvio es decirlo, nada tiene que ver con el «asamblearismo» al que es condenada toda propuesta que se salga del plato del status quo. Para que este debate suceda hay un «procedimiento» teórico que se secunda de las propias reglas internas de la comunicación humana. Un tema, por otro lado, que le impulsó en una primera etapa de su filosofía a revisar el modelo  materialista desde la perspectiva del la pragmática del lenguaje. Fruto de este empeño nació la teoría de la acción comunicativa.

«Me acuerdo de las dificultades a las que me enfrenté cuando en el aula y en el patio de la escuela me tuve que hacer entender con una nasalización y con una articulación distorsionada, de las que yo mismo apenas era consciente», escribe Habermas, que sufre una malformación que le impedía hablar con claridad. Y se dio cuenta de lo que después sería una de las vertientes más importantes de su trabajo, «la fuerza del lenguaje», porque existe, afirma, «para la comunicación» y es con ella, a través de ella, por la que «se instaura la comunidad».

Europa es otro de los grandes temas que jalonan las investigaciones de Habermas. Decenas de artículos en los diarios más prestigiosos del Continente -además de libros como ¡Ay, Europa! (Trotta, 2009) o La constitución de Europa (Trotta, 2012), entre otros, exponen su visión y defensa de la política europea tan carente, en estos últimos años, de figuras capaces de hacer frente al neoliberalismo que «mercados» y neoburguesía han impuesto. En este sentido, Habermas ha sido un verdadero azote para Angela Merkel, a la que junto a Sarkozy el filósofo acusó de llevarnos hacia una «postdemocracia».  

Recientemente en el  Frankfurter Allgemeine Zeitung, junto a  Peter Bofinger y Julian Nida-Rümelin, advertía Habermas contra una situación inédita hasta ahora en la historia del capitalismo. Los ciudadanos deben pagar los desmanes de la banca que es la que ha causado la crisis actual. «Se ha traspasado un límite entre procesos sistémicos [los económicos] y procesos propios del mundo de la vida. Y eso es algo que, con razón, indigna a los ciudadanos», afirmaba.

En general, apunta la filósofa española Adela Cortina, la obra de Habermas puede entenderse «como un intento de encontrar formas de convivencia que armonicen la libertad individual con la dependencia social sin sacrificar los logros de la modernidad social, cultural y económica, esto es, sin volver a las comunidades sustanciales premodernas». Por ello ha desarrollado una teoría de la sociedad «con intención práctica», donde la intersubjetividad es fundamental. Por eso su visión de Europa es tan distinta a la actual Unión en la que los países ricos imponen sus condiciones a los que están en problemas y sin que éstos, ni sus ciudadanos, participen en las decisiones. Por lo que se podría decir que recibirá el Erasmus Prize por lo que «debería ser» Europa y la democracia, y no por «lo que es».

Artículo de Luisa del Rosario publicado en el canarias7.es el 10 de febrero de 2013