Mostrando entradas con la etiqueta modernidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta modernidad. Mostrar todas las entradas

sábado, 20 de agosto de 2016

Néstor García Canclini. Culturas híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad. Capítulo 1. De las utopías al mercado

-->
La idea principal del texto es la modernidad (y su proyecto secularizador) desde la perspectiva del arte, y cómo esta se ha acomodado a través del tiempo a las diversas vanguardias artísticas, que quedaron como rituales de innovación. En este proceso de adaptación con sus tensiones y divergencias, se producen unas convenciones que inciden en la organización social; en una interacción de lo culto (alta cultura o ritualización) con los gustos populares.

Néstor García Canclini subraya que la modernidad ha creado espacios autónomos para alojar la cultura (como los museos), que a su vez son lugares ocupados por los mismos efectos producidos por la modernidad y con ello, su capacidad de nichos de creación cultural y de autonomía simbólica. Por eso la modernidad conlleva tanto procesos de segregación como de hibridación entre las diversas capas de la sociedad y sus sistemas simbólicos. Los museos serían pues espacios que se organizan como medios de divulgación artística, lugares de integración de un lenguaje compartido, como igualmente de distinción y exclusión, para todos aquellos que no tienen el acceso a estas narrativas. Entonces aquí los objetos se ordenarían por sus afinidades estilísticas no por su utilidad.

Este texto me hace reflexionar sobre las repercusiones que ha producido la modernidad en la cultura y en el arte y cómo desde la antropología se abre un campo de oportunidades de estudio en esta área de conocimiento. Ha sido muy interesante comprobar las implicaciones antropológicas existentes en esa relación tan hábil que hace Canclini sobre la modernidad y el arte, entre lo culto y lo popular, entre la creación y la apropiación de los espacios como lugares de inclusión como de separación. Este es un terreno muy fértil para poner en marcha nuestras etnografías, desde una mirada antropológica abierta a la pluralidad de unas sociedades móviles y permeables a todas las transformaciones puestas en marcha con la sociedad del conocimiento.

Puedo referirme en este caso, a los trabajos de Gilles Lipovetsky (2008 y 2010), por su incisiva lectura de la modernidad, en clave cultural y artística, que me gustaría relacionar con este texto de García Canclini. La época contemporánea es la de la globalización, la del “capitalismo planetarizado, de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación” (Lipovetsky, 2008:55) tal como afirma el filósofo y sociólogo francés Lipovetsky y que éste denomina como la “hipermodernidad”, la técnica en el sentido que le daba Heidegger, es decir, el universo técnico-científico, el universo de la contabilidad generalizada, aquél que utiliza los mismos símbolos, el mismo sistema de valores, la pasión por las marcas, por tanto, la racionalidad operativa, o la hibridación citada por Canclini que erosiona los marcos de las antiguas culturas de clase. Se ha convertido en el elemento estructurante que se “filtra en todas las dimensiones de vida social, cultural e individual” (Lipovetsky, 2008:57). Y como bien lo señala este autor, nos encontramos con la cristalización del “homo consumericus” (Lipovetsky, 2010:120), el consumo sin freno que concluye como la nueva espiritualidad consumista sin fronteras, alterando todo el universo simbólico de la creación artística, de sus narrativas, de los artefactos culturales y de los espacios expositivos. El consumo como diría Canclini, se vuelve un área fundamental para instaurar y comunicar las diferencias.

El nuevo principio ético y moral que trae consigo la modernidad, como felicidad “paradójica” (como diría Lipovetsky) de la vida, el presente ha reemplazado a las expectativas del futuro histórico y el hedonismo artístico a las militancias políticas; la fiebre del confort ha suplantado a las pasiones nacionalistas y a las utopías revolucionarias. Es así como en este proceso ya no significa sólo el mercantilismo integral de la cultura, sino la culturalización de la mercancía. Con ello las antiguas oposiciones de la economía y la cultura, del mercado y la creación, del dinero y el arte, tienden a disolverse. Quizás los últimos acontecimientos políticos y tras la crisis económica y financiera (y sus repercusiones nocivas) que aplastan a la ciudadanía, puedan rezumar viejas pretensiones de cambio, de una sociedad que ha estado anestesiada, por momentos domesticada, pero muy recelosa con todos los poderes. Así estamos asistiendo a un momento único en la democracia española, una oportunidad para el cambio efectivo tras una extensa transición de cuarenta años, o el comienzo de una nueva división y fractura entre nacionalismos.
Bibliografía
García Canclini, N. (1989) Culturas híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad. Grijalbo, México, D.F.
Lipovetsky, G. (2008) Desafíos de la Cultura en el Siglo 21. Cultura Mundo. Viceconsejería de Cultura del Gobierno de Canarias. Tenerife.
Lipovetsky, G. (2010) La felicidad paradójica. Anagrama. Barcelona.

sábado, 16 de julio de 2016

Arjun Appadurai. La modernidad desbordada. Dimensiones culturales de la globalización. Aquí y ahora.


En los capítulos que conforman La modernidad desbordada, Appadurai reflexiona sobre ciertos hechos culturales que le permiten entablar un debate sobre la relación entre la modernización como hecho observable y la modernización como teoría. Las grandes teorías de las ciencias sociales de Occidente han contribuido a reforzar la idea de que existe un momento muy preciso, el momento moderno, cuya irrupción genera una quiebra entre el presente y pasado. La época actual en la que la modernidad está desbordada, supone una ruptura general con todo tipo de pasado. Appadurai expone aquí una teoría de esa ruptura enfocada en los medios de comunicación y en los movimientos migratorios, ya que estos se presentan como los principales ángulos desde donde observar y cuestionar el cambio; asimismo la teoría investiga el efecto de estos fenómenos en el trabajo de la imaginación.
Appadurai sostiene que en las últimas décadas ha habido un giro, gracias a los aportes tecnológicos del último siglo, que ha hecho que la imaginación se haya tornado en un hecho social y colectivo. Según la cual la imaginación juega un nuevo rol en la sociedad postecnológica que se basa en tres distinciones:
·      La imaginación se ha desligado del ámbito expresivo del arte, el mito y el ritual y ha pasado a formar parte también del trabajo mental cotidiano de la gente común, ha penetrado la vida cotidiana, y esto se ve en el modo en que la mediación y el movimiento se conectan mutuamente. Ahora la gente imagina más fácilmente un futuro viviendo o trabajando en otros lugares lejos de donde nacieron.
·      Distinción entre imaginación y fantasía. La fantasía tiene la connotación de pensamiento separado de los proyectos y los actos, y se asocia con lo privado e individual. La imaginación, no obstante, tiene un sentido proyectivo, y puede llegar a ser un aliciente para la acción cuando la imaginación es colectiva. La imaginación es un espacio para la acción y no sólo para escapar.
·      Distinción entre el sentido individual y colectivo de la imaginación: la imaginación es propiedad de colectivos y no una cualidad de individuos geniales. Parte de lo que los medios de comunicación de masas hacen, es contribuir a que un grupo empiece a sentir e imaginar cosas en forma conjunta, como grupo, conformando lo que el autor denomina “como comunidad de sentimiento”.
Es relevante la contribución que hace Appadurai en contra de la idea de cultura como sustancia, y concibe a ésta más bien como una dimensión de los fenómenos, la cual se enfoca en la diferencia que resulta de estar ubicada en un lugar y tiempo específicos. De esta forma, el énfasis en la dimensionalidad, más que en la sustancialidad, hace que la cultura sea vista no como una propiedad de individuos y grupos, sino como un recurso para descubrir e investigar las diferencias. La cultura es una dimensión infatigable del discurso humano que explora las diferencias para crear diversas concepciones de la identidad de grupo. Y que evolucionan a través de los procesos históricos (migraciones, procesos económicos, etc.).
Puedo relacionar este texto con el trabajo de Zygmunt Bauman (2012), Modernidad líquida. Según Appadurai, el tiempo de los Estados-nación como forma política moderna compleja está llegando a su fin. Aunque cada Estado-nación es particular, todos comparten el hecho de que sólo tienen sentido como partes de un sistema, el cual se presenta muy pobremente equipado para lidiar con el fenómeno interconectado de pueblos e imágenes en diáspora que caracteriza al aquí y ahora de la modernidad.
Bauman afirma que el Estado es un ente de conexión entre los que gobiernan y los miembros sociales/individuales. La unidad antigua se ha separado en la modernidad líquida. “(…) para las multinacionales -es decir las empresas globales con intereses y lealtades dispersos y cambiantes-, el mundo ideal es uno sin estados o al menos con estados pequeños y no grandes” (Bauman, 2012: 203) afirma este autor citando a Eric Hobsbawn, y añade que cada vez es menos necesario “comprar gobiernos”, dejando entrever con esta afirmación que son las multinacionales las que realmente gobiernan, en el contexto de la deslocalización.
Appadurai sostiene que los Estados-nación no serán los que vayan a arbitrar, a largo plazo, la relación entre globalidad y modernidad; ya que por este hecho la modernidad está fuera de control, desbordada. Esta argumentación tiene un plano ético y un plano analítico. En relación al primero, se expone que cada vez más aparatos gubernamentales se vuelven corruptos. En cuanto al plano analítico, basta con evidenciar que en muchos de Estados-nación actuales (ni siquiera en algunos aparentemente tan sólidos como EE.UU, Alemania o Japón) la legitimidad misma del Estado no se encuentra asegurada.
Las claves de la modernidad, pues se establecen en unos parámetros determinados; una desbordada o en fase terminal para Apadurai, o una líquida, más maleable. Ambos coinciden en que estos parámetros se perfilan con la ruptura inicial del continuum práctica vital/espacio-tiempo en un nuevo orden posnacional.
Encuentro una relación con los medios de comunicación que cita Appadurai en este texto, sobre todo cómo los medios de masas, como por ejemplo las redes sociales están siendo utilizadas para la difusión de proyectos ideológicos y de captación de seguidores/fieles, a niveles nunca antes imaginados. El autor sostiene que es este un ámbito en el que los medios de comunicación electrónicos han modificado los medios masivos de comunicación en su conjunto, así como los medios de expresión y comunicación tradicionales. Con ello han ofrecido nuevos recursos y disciplinas para la construcción de la imagen de uno mismo, de su identidad, por tanto del mundo (lo que Appadurai llama culturalismo). Un mundo que como podemos ver, se distorsiona a conveniencia para ligarlo a una forma de pensamiento, y a la búsqueda de un ideal acorde con una ideología determinada. Al adoptar estos mensajes una forma distinta de difusión, y por la velocidad con la que avanzan, los medios de comunicación electrónicos forman parte de la rutina cotidiana proveyendo recursos y materia prima para hacer de la construcción de la imagen del yo, un proyecto social e ideológico cotidiano para muchos que han visto en estos medios, un canal eficiente y ultrarrápido para que lleguen sus proclamas al mundo entero.
Bibliografía
Appadurai, A. (2001) La modernidad desbordada. Dimensiones culturales de la globalización. Ediciones Trilce. Fondo de Cultura Económica. Argentina.
Bauman,  Z. (2012) Modernidad Líquida. Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires.

martes, 17 de junio de 2014

Resúmenes Sociología del Género Parte 25

En la asignatura Sociología del Género del segundo cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2013/14, formamos un grupo de trabajo algunas/os compañeras/os y elaboramos los siguientes resúmenes de la bibliografía básica de la asignatura. Derechos reservados de sus autores.


1. -Ehrenreich, Barbara y English, Deirdre (1990): Cap. 1: “Introducción”, en Por su propio bien. (150 años de consejos de los expertos), Madrid: Taurus, pp. 11-41. Javier Prieto González // 2. -Durán, María Ángeles (2006): “Las fronteras sociales del siglo XXI”, en Isabel Morant (Dir.), Historia de las mujeres en España y América Latina. Madrid: Cátedra, Volumen IV “Del Siglo XX a los umbrales del XXI”, pp. 465-493. María Dolores Aviles y José Antonio Delgado Guanche // 3. -Giddens, Anthony (2007), “El género”, en Sociología, Madrid: Alianza Universidad, pp. 441-452. Blas García Ruíz // 4. -Marqués, Josep-Vicent (1991): Cap. 1 (extracto): “Androcentrismo, un caso particular de sociocentrismo”, en Josep-Vicent Marqués y Raquel Osborne, Sexualidad y sexismo. Primera parte: Marqués, “Varón y patriarcado”. Madrid: Fundación Universidad-Empresa, pp. 23-27. Lorenzo Vellarino Cordero // 5. -Osborne, Raquel (1997): "Feminismos", Dossier Debate "La igualdad de la mujer", Temas para el Debate, octubre, nº 35, pp. 46-50. Ruth Cardedal Fernández // 6. -Giddens, Anthony (2007): “Walby: la teorización del patriarcado”, “El ´feminismo negro` y “El feminismo postmoderno”, op.cit., pp. 456-459. Javier Hermoso Ruíz // 7. -Osborne, Raquel (1996): "¿Son las mujeres una minoría"?, Isegoría (Revista de Filosofía Moral y Política), monográfico sobre Multiculturalismo, justicia y tolerancia, Madrid, nº 14, octubre, pp. 79-93. Antonia Pineda Vergara y Fernando Pedro Bruna Quintas // 8. -Giddens, Anthony (2007): “Perspectivas teóricas sobre la familia y las relaciones íntimas”, op. cit., pp. 246-256. Julio Monteagudo Diz // 9. -Ferreira, Virginia (1996), “Mujer y trabajo. La división sexual del trabajo en el análisis sociológico: de natural a socialmente construida”, en María Antonia García de León, Félix Ortega y María Luisa García de Cortázar, (comps.), Sociología de las mujeres españolas, Madrid: Ed. Complutense, pp. 93-119. (Selección: pp. 93-111). Antonio Jesús Acevedo Blanco // 10. -Brullet, Cristina (2004): “La maternidad en occidente y sus condiciones de posibilidad en el siglo XXI”, en Ángeles de la Concha y Raquel Osborne (Eds.): Las mujeres y los niños primero (Discursos de la maternidad). Barcelona, Madrid: Icaria y UNED, pp. 201-228. (Selección: pp.213-228). Antonia Florentina López Caballero // 11. -Osborne, Raquel (2005): “Desigualdad y relaciones de género en las organizaciones: diferencias numéricas, acción positiva y paridad”, Política y Sociedad, vol. 42, nº2, 2005, pp. 163-180. María Aurora Sieiro López // 12. -Torres San Miguel, Laura y Antón Fernández, Eva (2005), Violencia de género, Caja España, Obra Social, Colección: Cartilla de Divulgación (Lo que usted debe saber sobre). (Selección: pp. 18-33). Daniela Isabel Lili Pedraza y Mónica Pedraza Darias // 13. -Osborne, Raquel (2009): Cap. 2, “Malos tratos: un problema estructural”, en Osborne, Raquel: Apuntes sobre violencia de género. Barcelona: Bellaterra Edicions, Serie General Universitaria, pp. 83-136.  Mónica Pedraza Darias Tomás Javier Prieto González // 14. -Platero, Raquel (Lucas) (2013): "Introducción. La interseccionalidad como herramienta de estudio de la sexualidad", en Platero, Intersecciones: cuerpos y sexualidades en la encrucijada. Barcelona: Bellaterra, pp. 15-72. (Selección: pp. 23-48). María Isabel García Duran // 15. -Büchner, J. "Notas para la ponencia “Género y globalización" (versión 2004): 20 pp. Cristina Martínez Blanco


Sobre la familia y función materna en la primera modernidad

En las sociedades preindustriales las tareas masculina y femeninas se realizaban en espacios y tiempos polifuncionales. Mujeres, hombres, niñas y niños compartían la vida cotidiana  en un marco de desigualdades por el orden social establecido. La maternidad implicaba a la madre en un corto período de tiempo a la crianza y sin dejar de participar en los trabajos de subsistencia del grupo, al tiempo que la socialización de las criaturas se realizaba en un marco comunitario.

La antropología ha demostrado que en la gran mayoría de las sociedades conocidas siempre ha existido diferenciación de sexo en las prácticas de actividades. Siendo el dispositivo básico social de orden patriarcal.

La reproducción humana ha permitido la continuidad de la especie , la gran mayoría de las sociedades conocidas siempre han dado a la función materna un reconocimiento simbólico de segundo orden, siempre subordinado a la importancia del poder y en hacer masculino.
En los siglos XIX y XX cuando de expande en Occidente la industrialización , la urbanización y el liberalismo político y económico, la función materna adquiere nuevas dimensiones.

En la teoría política del Estado moderno la sociedad contempla dos esferas: la de los asuntos públicos y la de los asuntos privados. La división sexual en el trabajo queda asociada a esta dicotomía de la sociedad y de la vida humana.
Los derechos de la ciudadanía son un atributo masculino y las mujeres reciben los derechos derivados del padre o del marido. La maternidad no implica la adquisición de derechos si no es a través del padre.

El contrato civil del matrimonio refuerza la subordinación y dependencia de las mujeres al marido a todos los efectos familiares, sociales, políticos y económicos. La maternidad y la primera crianza de los hijos se privatiza y la función materna pasa a ser  objeto preferente de la iglesia, higienistas, moralistas, pedagogos y educadores. Aunque los acontecimientos básicos del ciclo familiar -nacimientos, matrimonios y defunciones-, deberán pasar ahora por el registro civil.

El nuevo modelo de familia moderna y al mismo tiempo patriarcal intervienen, además mecanismos jurídicos y políticos, otros elementos de índole ideológica y educativa que serán claves para la expansión del modelo y si interiorización social a través de la propia familia y la escuela.

A lo largo del siglo XIX se expande lentamente el ideal burgués de la figura de "ama de casa", modelo de mujer que en la segunda mitad del siglo XX se constituirá como hegemónico en el mundo occidental. La representación de la "buena madre" supone su presencia insustituible en la crianza a lo largo de los primeros años de la criatura(no sólo durante la lactancia). Este modelo se expandirá entre la élite de la clase obrera gracias al incremento del bienestar material de las familias. En algunos países europeos se amplían los derechos sociales y laborales de los trabajadores y empleados en tanto que maridos y padres(prestaciones económicas para esposas e hijos), y las hijas de madres obreras empiezan a quedarse en el nuevo hogar de casadas para cumplir el mandato del modelo ideal de maternidad y vida familiar. La primera modernidad fue consolidando la privatización y psicologización de la función materna mientras excluía a las madres del trabajo remunerado.

En el siglo XX, los países anglosajones de tradición liberal mantendrá la idea de que el poder estatal no debe intervenir en la esfera de los asuntos privados y familiares, y por ello no promueven políticas familiares explícitas.

En los países de tradición católica del centro y sur de Europa el Estado interviene abiertamente con políticas familiares pronatalistas que premian y subsidian la maternidad, educativas muy discriminatorias por razón de sexo. Un tercer modelo de intervención sobre las familias se plasmará en las socialdemocracias del norte europeo, donde ya en los años treinta del siglo XX, su derecho a las mujeres a la maternidad, su derecho al trabajo remunerado y el derecho de la primera infancia a una atención de calidad.

El "contrato de género"(Iréne Thery) de la primera modernidad vinculaba indisociablemente tres elementos: la desigualdad de sexos, la maternidad de la mujeres y la indisolubilidad del matrimonio. Han tenido que pasar casi dos siglos para que el primer "contrato de género" no ha sido lineal ni uniforme. Contrariamente, ha estado marcado por las desigualdades entre grupos sociales.

La categoría de mujer, en un sentido genérico, incluyen situaciones y experiencias sociales de mujeres muy diversas y muy desiguales(en el acceso a los recursos hoy disponibles en nuestra sociedad).

En el siglo XXI,

  • (1), el ethos de la domesticidad ya no tiene credibilidad en  España, entre las mujeres jóvenes, puesto que la mayoría rechazan ser reconocidas como amas de casa; 
  • (2), el amor romántico ha dejado de ser un mito, ya no es para siempre, ya que se incrementan las rupturas conyugales y cada biografía individual muestra la existencia de varias pareja a lo largo de su trayecto vital; y,
  • (3). el sentimiento de privacidad se vincula al derecho de todo hombre y toda mujer a gestionar su vida personal más allá de los modelos convencionales.


El aumento de parejas de hechos con hijos -parejas hetero u homosexuales-, las familias monoparentales, gineparentales, las parejas sin hijos, los familias recompuestas y las mujeres y hombres que no desean formar familia. Esta diversidad de las formas de hacer, pensar y vivir lo familiar en España está comportando, la aprobación de nuevas regulaciones de las relaciones de familia.

La fragilidad en los pactos privados de pareja lleva al aumento de los hogares monoparentales y familias recompuestas, lo que supone, en términos de filiación, dos movimientos aparentemente opuestos. Por un lado, el reforzamiento de la filiación por vía maternal y por otro, el vinculo filial con el padre biológico del padre(custodia compartida). Uno y otro fenómeno significan en nuestro sistema familiar la alianza pierde peso mientras que la filiación de refuerza.

domingo, 13 de octubre de 2013

Resúmenes Cambio Social II Parte 2


En la asignatura de Cambio Social II del segundo cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, algunos compañeros realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria de la asignatura. Derechos reservados, sus autores.

1- Los movimientos sociales como fuerzas de cambio “Sociología del cambio social” de Sztompka, capítulo 19, pp. 303 a 330. Tomás Javier Prieto González // “Las revoluciones: la cumbre del cambio social” de Sztompka, capítulo 20, pp. 331 a 350. Tomás Javier Prieto González 2- Los movimientos sociales: principales teorías Perspectivas teóricas y aproximaciones metodológicas al estudio de la participación (Funes/Monferrer, en Funes/Adell, capítulo 1, pp 21 a 58) // Tomás Javier Prieto González // El estudio del contexto político a través de la protesta colectiva. Participación y democracia (Adell, en Funes/Adell, capítulo 3, pp 77 a 108). // Julia Ortega Tovar Participación y democracia: Asociaciones y poder local (Brugué/Font en Funes/Adell, capítulo 4, pp 109 a 132). Julia Ortega Tovar 3- Los nuevos movimientos sociales en el contexto histórico y de la mundialización Génesis y desarrollo de los movimientos sociales desde una perspectiva histórica. El movimiento obrero (Pastor, en Funes/Adell, capítulo 2, pp 59 a 76). Tomás Javier Prieto González // La dimensión individual en la acción colectiva (Funes, en Funes/Adell, capítulo 8, pp 225 a 254). José Antonio Puig Camps // Los movimientos antiglobalización (Ibarra/Martí, en Funes/Adell, capítulo 10, pp 285). José Antonio Puig Camps 4- Estudios de caso y campañas Dimensión simbólica y cultural del movimiento feminista (Robles/de Miguel, en Funes/Adell, capítulo 5, pp 133 a 162). Víctor Riesgo Gómez // Identidad colectiva y movimiento gay (Monferrer, en Funes/Adell, capítulo 6, pp 163 a 190) //  Javier Hermoso Ruiz Organización y estructura del movimiento ecologista (Jiménez, en Funes/Adell, capítulo 7, pp 191 a 224). Blas García Ruiz


Los movimientos sociales y la modernidad

La gente en todas las sociedades humanas ha debido tener razones para unirse y combatir por sus fines colectivos en contra de aquello interpuesto en el camino de su obtención. Poderosos movimientos sociales contribuyeron al nacimiento de la modernidad en la época de las grandes revoluciones burguesas, la inglesa, la francesa y la americana. Muchos observadores están de acuerdo en que es sólo en las sociedades modernas maduras donde comienza de verdad la “era de los movimientos sociales”. Sólo en los SXIX y XX los movimientos sociales se han vuelto tan numerosos, tan masivos, tan sobresalientes y con tantas consecuencias para el curso del cambio. “Los movimientos sociales son una parte central de lo que entendemos por modernidad”

Hay diversas razones que explican lo sobresaliente y significativo de los movimientos sociales en el periodo moderno, algunas de ellas ya ha sido identificadas en las caracterizaciones de la modernidad proporcionadas por los autores clásicos del SXIX:

1.    “Tema durkheimiano”, el puro agolpamiento físico de grande masas de gente en un espacio limitado, lo que acontece con la urbanización y la industrialización y produce una gran “densidad moral” de la población. Esto hace que haya mejores oportunidades para el contacto y la interacción, para articular ideologías compartidas y para reclutar seguidores. Las oportunidades de movilización de los movimientos sociales son elevadas significativamente.
2.    “Tema de Tönnies”, es la atomización y el aislamiento de los individuos en la impersonal Gesellschaft, la “multitud solitaria”. La experiencia de la alienación, de la soledad y de la falta de raíces evoca un anhelo de comunidad, de solidaridad de “estar juntos”. El ser miembro de un movimiento social proporciona una satisfacción sustitutiva de esas necesidades humanas universales.
3.    “Tema marxiano” hace notar el crecimiento sin precedentes de las desigualdades sociales, con abruptas jerarquías de riqueza, poder y prestigio, que acompañan a la economía moderna capitalista. La gente cuyos intereses creados están en peligro está dispuesta a luchar contra aquellos que los amenazan.
4.    “Tema weberiano” hacer referencia a la transformación democrática del sistema político, abre paso para la acción colectiva de grandes masas de gente. “La estructura de oportunidad política” para la aparición de movimientos sociales es transformada radicalmente.
5.    “Tema de Saint Simon y Comte”. La creencia de que el cambio social y el progreso dependen de las acciones humanas, que la sociedad puede ser modelada por sus miembros para su propio beneficio, es un importante prerrequisito ideológico para e activismo, para la movilización de los movimientos sociales.
6.    La sociedad moderna ha experimentado una elevación general cultural y educativa. La revolución educativa que acompaña la extensión del capitalismo y la democracia aumenta el cúmulo de miembros potenciales de movimientos sociales.
7.    Es la emergencia y extensión de los medios de comunicación de masas. Son éstos poderosos instrumentos para articular, modelar y unificar creencias, formular y extender mensajes ideológicos, conformar la “opinión pública”. De esto sigue dos consecuencias:
·      Esta apertura produce el importante efecto de demostración”; la oportunidad de comparar la propia vida con la vida en otras sociedades.
·      Como la gente aprende acerca de las creencias políticas, de las actitudes y de las quejas de otros. Genera solidaridad, lealtad, consenso que se extienden mucho más allá del círculo social inmediato. Este sentimiento de causa común y de solidaridad supralocal es otra precondición sociopsicológica para la emergencia de los movimientos sociales.


Tipos de movimientos locales


Los movimientos sociales los hay de todos tipos y tamaños, presentan una variedad de formas tremenda.

1.    Los movimientos sociales difieren en el alcance del cambio pretendido. Algunos tienen propósitos relativamente limitados, pretenden modificar algún aspecto de la sociedad sin tocar la estructura institucional central, Quieren el cambio en en lugar del cambio de. Denominamos a éstos movimientos de reformas. Otros movimientos pretenden cambios más profundos, que toquen los fundamentos de la organización social. Se extienden más allá del objetivo inmediato y producen transformaciones de la sociedad en ligar de meros cambios en la sociedad. Denominamos radicales a estos movimientos. En el caso extremo, cuando los cambios pretendidos abarcan todos los aspectos centrales de una estructura social (políticos, culturales y económicos) están destinados a lograr una transformación total de la sociedad, hablamos de movimientos revolucionarios tales como el milenarismo, el fascismo o los movimientos comunistas.
Neil Smelser distingue entre:
·      movimientos “orientados por la norma”: es la acción movilizada en nombre de una creencia generalizada que divisa una reconstitución de las normas.
·      movimientos “orientados por el valor”: es la acción colectiva movilizada en nombre de una creencia generalizada que divisa una reconstitución de los valores.
2.    Los movimientos sociales difieren en la cualidad del cambio pretendido. Quieren modelar la sociedad de acuerdo con un patrón antes nunca visto. Su orientación es hacia el futuro. Proponen cambios dirigidos hacia adelante, y ponen el acento en la novedad. Podemos denominarlos movimientos progresistas. Otros movimientos se dirigen al pasado. Buscan restaurar instituciones, leyes, formas de vida y creencias que ya fueron establecidas en el pasado pero que después fueron erosionadas o abandonadas en el curso de la historia. Los podemos llamar movimientos conservadores o “retrógrados”. La distinción entre movimientos progresistas y conservadores puede alinearse junto a la distinción política común entre derecha e izquierda.
3.    Los movimientos sociales difieren respecto a los objetivos del cambio pretendido, Algunos se centran en el cambio de las estructuras sociales, otros en cambiar a los individuos.
Los movimientos orientados hacia la estructura toman dos formas:
·      Los movimientos sociopolíticos intentan cambiar la política, la economía y las jerarquías de clase y estratificación.
·      Los movimientos socioculturales se ocupan de aspectos más intangibles de la vida social, promueven el cambio en las creencias, los credos, los valores, las normas, los símbolos, los modelos de vida cotidiana.
Los movimientos orientados hacia el individuo también tomas dos formas:
·      Los movimientos sagrados, místicos o religiosos luchan por la conversión, por el renacimiento general del espíritu religioso.
·      La variante laica busca el bienestar personal, moral o físico de sus miembros.
En los movimientos dirigidos hacia la estructura piensa que las estructuras modificadas proporcionarán un nuevo ambiente de socialización, remodelarán sus personalidades. En los movimientos orientados hacia la personalidad creen que las personas mejoradas darán paso a organizaciones sociales mejores. David Aberle propone una clasificación cuádruple de los movimientos sociales:
·      Movimientos transformadores, dirigidos al cambio total de las estructuras.
·      Movimientos de reforma, dirigidos al cambio parcial en las estructuras.
·      Movimientos redentores, dirigidos al cambio total de los miembros individuales.
·      Movimientos alternativos, dirigidos al cambio parcial de los miembros individuales.
4.    Los movimientos sociales difieren con respecto al “vector” del cambio pretendido. Para la mayoría de los movimientos el “vector” es positivo: tales movimientos intentan introducir algún cambio, producir alguna diferencia. También hay ocasiones en las que los movimientos son movilizados para evitar el cambio: el “vector” es entonces negativo. Un caso típico acontece cuando un movimiento es movilizado ante cambios negativamente evaluados, producidos en la estela de tendencias sociales generales, como productos y efectos colaterales involuntarios. Hay movimientos movilizados para detener o enmendar legislaciones o decisiones gubernamentales concretas. Otro caso especial es el contramovimiento movilizado en respuesta a la emergencia y expansión de un movimiento competidor. Los movimientos a veces aparecen emparejados de forma simétrica: izquierda y derecha, antisemitismo o sionismo, provida y preelección, ateísmo y fundamentalismo, reformistas democráticos y línea dura.
5.    Los movimientos sociales difieren con respecto a la estrategia subyacente o “lógica” de su acción. Algunos siguen una lógica “instrumental”. Su intención primera es el control político. Cuando tiene éxito, tal movimiento se convierte en un grupo de presión o en un partido político, acceden a loas parlamentos y a los gobiernos. Otros movimientos siguen una lógica “expresiva”; ésta se encamina a la afirmación de la identidad, a lograr la aceptación de sus valores o formas de vida, a lograr autonomía, igualdad de derechos, emancipación cultural y política para sus miembros o para grupos mayores.
6.    Distintos tipos de movimientos dominan en distintas épocas históricas. Esto nos permite distinguir entre dos tipos generales relevantes para la historia moderna. Los movimientos que dominaban en las primeras fases de la modernidad estaban centrados en intereses económicos, sus miembros eran reclutados en general de una única clase social, y estaban organizados de manera rígida y centralizada. Con el desarrollo de la modernidad se han ido haciendo gradualmente obsoletos. En décadas recientes las sociedades capitalistas más desarrolladas son testigos de la emergencia de otro tipo de movimientos. Éstos han sido apropiadamente denominados los “nuevos movimientos sociales”. Tres rasgos les otorgan cualidades únicas:
·      Se centran en problemas nuevos, en intereses nuevos, en nuevos frentes de conflicto social.
·      Sus seguidores no están relacionados con ninguna clase específica sino que saltan por encima de las divisiones de clase tradicionales, representan problemas de vital importancia para miembros de clase distintas.
·      Los nuevos movimientos sociales están normalmente descentralizados, y toman la forma de redes extensas más o menos difusas en lugar de la de organizaciones jerárquicas y rígidas.
7.    Si uno mira a una sociedad concreta en un momento histórico concreto, siempre verá aparecer una multitud compleja y heterogénea de movimientos sociales que representan los tipos antes discutidos. Al defender el cambio, al atacar los interese establecido, al movilizar símbolos y al elevar los costes para otros, crean agravios y proporcionan oportunidades a los organizadores para que definan los fines y por problemas del contramovimiento. El contramovimiento desarrolla una imagen distorsionada del movimiento al que se opone. Elige sus tácticas en respuesta a la estructura y a las tácticas del movimiento: conduce a la dogmatización, a la rigidez y a la inflexibilidad de la estructura del movimiento, a una lealtad fuertemente reforzada, a una integración más estrecha en las formas de la organización y la oligarquización de la autoridad.

McCarthy y Zald hablan de “industrias de movimientos sociales” (IMS) en referencia a los sistemas más inclusivos que abarcan movimientos de fines parecidos o idénticos, y que defienden conjuntos comunes de preferencias.

El cuadro general de la actividad social del movimiento diferirá de una sociedad a otra. Galber y Zald definen a la totalidad más inclusiva dentro de la cual operan los movimientos sociales como el “sector del movimiento social” (SMS): la estructura de movimiento antagónicos, en competencia y en cooperación que puede incluir partidos, burocracias estatales, los medios de comunicación, los grupos de presión, las iglesias y una multitud de otros factores organizativos en una sociedad. El SMS da un aroma o un tono específico al funcionamiento de cada uno de los movimientos que lo constituyen. Una sociedad que quiera sacar el máximo de provecho de su propio potencial creativo, que desee formarse y reformarse a sí misma en beneficio de sus miembros, ha de permitir, incluso ha de encarecer, el libre funcionamiento de los movimientos sociales, lo que dará como resultado un rico y variado SMS. Ésta es la “Sociedad activa”. Las sociedades que suprimen, bloquean o eliminan los movimientos sociales destruyen sus propios mecanismos de automejora y autotrascendencia. Con un SMS estrecho o inexistente se convierten en “sociedades pasivas” de gentes ignorantes, indiferentes e impotentes, que no tienen la oportunidad alguna para cuidar del destino de su sociedad y en consecuencia dejan de cuidarse. Su única prospectiva histórica es el estancamiento y la decadencia.