sábado, 16 de julio de 2016

Arjun Appadurai. La modernidad desbordada. Dimensiones culturales de la globalización. Aquí y ahora.


En los capítulos que conforman La modernidad desbordada, Appadurai reflexiona sobre ciertos hechos culturales que le permiten entablar un debate sobre la relación entre la modernización como hecho observable y la modernización como teoría. Las grandes teorías de las ciencias sociales de Occidente han contribuido a reforzar la idea de que existe un momento muy preciso, el momento moderno, cuya irrupción genera una quiebra entre el presente y pasado. La época actual en la que la modernidad está desbordada, supone una ruptura general con todo tipo de pasado. Appadurai expone aquí una teoría de esa ruptura enfocada en los medios de comunicación y en los movimientos migratorios, ya que estos se presentan como los principales ángulos desde donde observar y cuestionar el cambio; asimismo la teoría investiga el efecto de estos fenómenos en el trabajo de la imaginación.
Appadurai sostiene que en las últimas décadas ha habido un giro, gracias a los aportes tecnológicos del último siglo, que ha hecho que la imaginación se haya tornado en un hecho social y colectivo. Según la cual la imaginación juega un nuevo rol en la sociedad postecnológica que se basa en tres distinciones:
·      La imaginación se ha desligado del ámbito expresivo del arte, el mito y el ritual y ha pasado a formar parte también del trabajo mental cotidiano de la gente común, ha penetrado la vida cotidiana, y esto se ve en el modo en que la mediación y el movimiento se conectan mutuamente. Ahora la gente imagina más fácilmente un futuro viviendo o trabajando en otros lugares lejos de donde nacieron.
·      Distinción entre imaginación y fantasía. La fantasía tiene la connotación de pensamiento separado de los proyectos y los actos, y se asocia con lo privado e individual. La imaginación, no obstante, tiene un sentido proyectivo, y puede llegar a ser un aliciente para la acción cuando la imaginación es colectiva. La imaginación es un espacio para la acción y no sólo para escapar.
·      Distinción entre el sentido individual y colectivo de la imaginación: la imaginación es propiedad de colectivos y no una cualidad de individuos geniales. Parte de lo que los medios de comunicación de masas hacen, es contribuir a que un grupo empiece a sentir e imaginar cosas en forma conjunta, como grupo, conformando lo que el autor denomina “como comunidad de sentimiento”.
Es relevante la contribución que hace Appadurai en contra de la idea de cultura como sustancia, y concibe a ésta más bien como una dimensión de los fenómenos, la cual se enfoca en la diferencia que resulta de estar ubicada en un lugar y tiempo específicos. De esta forma, el énfasis en la dimensionalidad, más que en la sustancialidad, hace que la cultura sea vista no como una propiedad de individuos y grupos, sino como un recurso para descubrir e investigar las diferencias. La cultura es una dimensión infatigable del discurso humano que explora las diferencias para crear diversas concepciones de la identidad de grupo. Y que evolucionan a través de los procesos históricos (migraciones, procesos económicos, etc.).
Puedo relacionar este texto con el trabajo de Zygmunt Bauman (2012), Modernidad líquida. Según Appadurai, el tiempo de los Estados-nación como forma política moderna compleja está llegando a su fin. Aunque cada Estado-nación es particular, todos comparten el hecho de que sólo tienen sentido como partes de un sistema, el cual se presenta muy pobremente equipado para lidiar con el fenómeno interconectado de pueblos e imágenes en diáspora que caracteriza al aquí y ahora de la modernidad.
Bauman afirma que el Estado es un ente de conexión entre los que gobiernan y los miembros sociales/individuales. La unidad antigua se ha separado en la modernidad líquida. “(…) para las multinacionales -es decir las empresas globales con intereses y lealtades dispersos y cambiantes-, el mundo ideal es uno sin estados o al menos con estados pequeños y no grandes” (Bauman, 2012: 203) afirma este autor citando a Eric Hobsbawn, y añade que cada vez es menos necesario “comprar gobiernos”, dejando entrever con esta afirmación que son las multinacionales las que realmente gobiernan, en el contexto de la deslocalización.
Appadurai sostiene que los Estados-nación no serán los que vayan a arbitrar, a largo plazo, la relación entre globalidad y modernidad; ya que por este hecho la modernidad está fuera de control, desbordada. Esta argumentación tiene un plano ético y un plano analítico. En relación al primero, se expone que cada vez más aparatos gubernamentales se vuelven corruptos. En cuanto al plano analítico, basta con evidenciar que en muchos de Estados-nación actuales (ni siquiera en algunos aparentemente tan sólidos como EE.UU, Alemania o Japón) la legitimidad misma del Estado no se encuentra asegurada.
Las claves de la modernidad, pues se establecen en unos parámetros determinados; una desbordada o en fase terminal para Apadurai, o una líquida, más maleable. Ambos coinciden en que estos parámetros se perfilan con la ruptura inicial del continuum práctica vital/espacio-tiempo en un nuevo orden posnacional.
Encuentro una relación con los medios de comunicación que cita Appadurai en este texto, sobre todo cómo los medios de masas, como por ejemplo las redes sociales están siendo utilizadas para la difusión de proyectos ideológicos y de captación de seguidores/fieles, a niveles nunca antes imaginados. El autor sostiene que es este un ámbito en el que los medios de comunicación electrónicos han modificado los medios masivos de comunicación en su conjunto, así como los medios de expresión y comunicación tradicionales. Con ello han ofrecido nuevos recursos y disciplinas para la construcción de la imagen de uno mismo, de su identidad, por tanto del mundo (lo que Appadurai llama culturalismo). Un mundo que como podemos ver, se distorsiona a conveniencia para ligarlo a una forma de pensamiento, y a la búsqueda de un ideal acorde con una ideología determinada. Al adoptar estos mensajes una forma distinta de difusión, y por la velocidad con la que avanzan, los medios de comunicación electrónicos forman parte de la rutina cotidiana proveyendo recursos y materia prima para hacer de la construcción de la imagen del yo, un proyecto social e ideológico cotidiano para muchos que han visto en estos medios, un canal eficiente y ultrarrápido para que lleguen sus proclamas al mundo entero.
Bibliografía
Appadurai, A. (2001) La modernidad desbordada. Dimensiones culturales de la globalización. Ediciones Trilce. Fondo de Cultura Económica. Argentina.
Bauman,  Z. (2012) Modernidad Líquida. Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires.