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jueves, 26 de marzo de 2020

El coronavirus observado desde una mirada sociológica

¿Qué hace que en España e Italia la población envejecida haya sido contagiada de una forma muy superior a países como China y Corea?

jueves, 12 de enero de 2017

Conciencia moral de la globalización


Zygmunt Bauman, en Oviedo en Octubre de 2010. REUTERS
Los que tuvimos la fortuna de conocer a Zygmunt Bauman no podemos deslindar su teoría del personaje inquisitivo e irónico que siempre nos sorprendía con un nuevo giro en su evaluación de este curioso mundo de la globalización. Pasará a la historia intelectual como el teórico de la modernidad líquida, esa forma de organización social en la que nada permanece, en la que todo es fugaz, incompleto, indefinido, donde, en efecto, todo lo sólido se desvanece en el aire. Detrás de su evaluación hay, sin embargo, una preocupación profunda por la pérdida de la dimensión de ética pública. Hoy habríamos abandonado ya el sentido de misión colectiva asociado a la modernidad clásica. El poder ya no está en manos de la política, ha emigrado a otras instancias libres de todo control democrático. Los derechos económicos están fuera del alcance del Estado; los derechos políticos se han reducido al pensamiento único de los mercados desregulados del neoliberalismo; y los derechos sociales son reemplazados por el deber individual de velar por nosotros mismos.

El resultado es una situación de “vulnerabilidad mutuamente asegurada”. De ahí también su última insistencia en trazar los contornos de la nueva geografía del mal, eso que él denominaba la adiaforización, la neutralización y banalización de lo éticamente incorrecto. El mal ya no reside solo en las guerras o en las ideologías totalitarias; se arraiga también en la indiferencia ante el sufrimiento de los demás, como en la cuestión de los refugiados, o en las “orgías verbales de odio anónimo, cloacas virtuales de defecación en los otros y los incomparables despliegues de insensibilidad” que encontramos en Internet.

Como Thomas Hobbes o Norberto Bobbio, es de los pensadores que culminaron su obra en la senectud. A partir de los ochenta años entró en una sorprendente productividad y en un incesante activismo intelectual. No había semestre en el que no publicara algún libro, que no diera alguna entrevista. Por eso su ausencia va a ser tan dolorosa.

Hemos perdido al guía, al viejo y sabio maestro que siempre supo arrojarnos algo de luz en tiempos de oscuridad, en uno de los momentos de mayor desconcierto teórico.

Fuente: El País

lunes, 9 de enero de 2017

Muere el pensador Zygmunt Bauman, ‘padre’ de la “modernidad líquida”

Fuente El Pais
 
Zygmunt Bauman (Pedro Madueño)
El sociólogo y filósofo polaco Zygmunt Bauman ha fallecido hoy, lunes, a los 91 años en la ciudad inglesa de Leeds, donde residía desde hacía años, ha adelantado el periódico de su país Gazeta Wyborzca. Era el creador del concepto de la "modernidad líquida" y fue uno de los intelectuales clave del siglo XX. Se mantuvo activo y trabajando hasta sus últimos momentos de vida.

Bauman nació en Poznan (Polonia) en 1925 y era un niño cuando su familia, judía, huyó del país y del nazismo a la URSS al comienzo de la II Guerra Mundial. Tras el conflicto volvió a su país, que nuevamente abandonó en 1968, desposeído de su puesto de profesor y expulsado del Partido Comunista en una purga marcada por el antisemitismo tras la guerra árabe-israelí. Bauman renunció a su nacionalidad, emigró a Tel Aviv y vivió en Israel hasta 1970.

Ha impartido clases en universidades de Estados Unidos, Australia y Canadá y es profesor emérito de Sociología de la Universidad de Leeds, que ha acogido la mayor parte de su carrera. Su obra, que arranca en los años cincuenta del pasado siglo, ha sido reconocida con premios como el Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades de 2010, que obtuvo junto a su colega Alain Touraine.

Las teorías de Bauman han ejercido gran influencia en los movimientos antiglobalización. Su obra ensayística alcanzó fama internacional en los 80 con títulos como Modernidad y holocausto (1989), donde define el exterminio de judíos por los nazis como un fenómeno relacionado con el desarrollo de la modernidad.

Entre sus obras más significativas destacan La modernidad líquida (2000), considerada su obra cumbre, en la que señalaba que el capitalismo globalizado estaba acabando con la solidez de la sociedad industrial; Amor líquido (2005) y Vida líquida (2006). Además es autor de títulos como La cultura como praxis (1973), La posmodernidad y sus descontentos (1997), La globalización: consecuencias humanas (1998), En búsqueda de la política (1999), La sociedad individualizada (2001) y Vidas desperdiciadas. La modernidad y sus parias (2005).

Entre sus trabajos publicados en español se encuentran Miedo líquido. La sociedad contemporánea y sus temores (2007), Vida de consumo (2007), Archipiélago de excepciones (2008), Múltiples culturas, una sola humanidad (2008), El arte de la vida (2009) y Mundo consumo (2010).

sábado, 16 de julio de 2016

Arjun Appadurai. La modernidad desbordada. Dimensiones culturales de la globalización. Aquí y ahora.


En los capítulos que conforman La modernidad desbordada, Appadurai reflexiona sobre ciertos hechos culturales que le permiten entablar un debate sobre la relación entre la modernización como hecho observable y la modernización como teoría. Las grandes teorías de las ciencias sociales de Occidente han contribuido a reforzar la idea de que existe un momento muy preciso, el momento moderno, cuya irrupción genera una quiebra entre el presente y pasado. La época actual en la que la modernidad está desbordada, supone una ruptura general con todo tipo de pasado. Appadurai expone aquí una teoría de esa ruptura enfocada en los medios de comunicación y en los movimientos migratorios, ya que estos se presentan como los principales ángulos desde donde observar y cuestionar el cambio; asimismo la teoría investiga el efecto de estos fenómenos en el trabajo de la imaginación.
Appadurai sostiene que en las últimas décadas ha habido un giro, gracias a los aportes tecnológicos del último siglo, que ha hecho que la imaginación se haya tornado en un hecho social y colectivo. Según la cual la imaginación juega un nuevo rol en la sociedad postecnológica que se basa en tres distinciones:
·      La imaginación se ha desligado del ámbito expresivo del arte, el mito y el ritual y ha pasado a formar parte también del trabajo mental cotidiano de la gente común, ha penetrado la vida cotidiana, y esto se ve en el modo en que la mediación y el movimiento se conectan mutuamente. Ahora la gente imagina más fácilmente un futuro viviendo o trabajando en otros lugares lejos de donde nacieron.
·      Distinción entre imaginación y fantasía. La fantasía tiene la connotación de pensamiento separado de los proyectos y los actos, y se asocia con lo privado e individual. La imaginación, no obstante, tiene un sentido proyectivo, y puede llegar a ser un aliciente para la acción cuando la imaginación es colectiva. La imaginación es un espacio para la acción y no sólo para escapar.
·      Distinción entre el sentido individual y colectivo de la imaginación: la imaginación es propiedad de colectivos y no una cualidad de individuos geniales. Parte de lo que los medios de comunicación de masas hacen, es contribuir a que un grupo empiece a sentir e imaginar cosas en forma conjunta, como grupo, conformando lo que el autor denomina “como comunidad de sentimiento”.
Es relevante la contribución que hace Appadurai en contra de la idea de cultura como sustancia, y concibe a ésta más bien como una dimensión de los fenómenos, la cual se enfoca en la diferencia que resulta de estar ubicada en un lugar y tiempo específicos. De esta forma, el énfasis en la dimensionalidad, más que en la sustancialidad, hace que la cultura sea vista no como una propiedad de individuos y grupos, sino como un recurso para descubrir e investigar las diferencias. La cultura es una dimensión infatigable del discurso humano que explora las diferencias para crear diversas concepciones de la identidad de grupo. Y que evolucionan a través de los procesos históricos (migraciones, procesos económicos, etc.).
Puedo relacionar este texto con el trabajo de Zygmunt Bauman (2012), Modernidad líquida. Según Appadurai, el tiempo de los Estados-nación como forma política moderna compleja está llegando a su fin. Aunque cada Estado-nación es particular, todos comparten el hecho de que sólo tienen sentido como partes de un sistema, el cual se presenta muy pobremente equipado para lidiar con el fenómeno interconectado de pueblos e imágenes en diáspora que caracteriza al aquí y ahora de la modernidad.
Bauman afirma que el Estado es un ente de conexión entre los que gobiernan y los miembros sociales/individuales. La unidad antigua se ha separado en la modernidad líquida. “(…) para las multinacionales -es decir las empresas globales con intereses y lealtades dispersos y cambiantes-, el mundo ideal es uno sin estados o al menos con estados pequeños y no grandes” (Bauman, 2012: 203) afirma este autor citando a Eric Hobsbawn, y añade que cada vez es menos necesario “comprar gobiernos”, dejando entrever con esta afirmación que son las multinacionales las que realmente gobiernan, en el contexto de la deslocalización.
Appadurai sostiene que los Estados-nación no serán los que vayan a arbitrar, a largo plazo, la relación entre globalidad y modernidad; ya que por este hecho la modernidad está fuera de control, desbordada. Esta argumentación tiene un plano ético y un plano analítico. En relación al primero, se expone que cada vez más aparatos gubernamentales se vuelven corruptos. En cuanto al plano analítico, basta con evidenciar que en muchos de Estados-nación actuales (ni siquiera en algunos aparentemente tan sólidos como EE.UU, Alemania o Japón) la legitimidad misma del Estado no se encuentra asegurada.
Las claves de la modernidad, pues se establecen en unos parámetros determinados; una desbordada o en fase terminal para Apadurai, o una líquida, más maleable. Ambos coinciden en que estos parámetros se perfilan con la ruptura inicial del continuum práctica vital/espacio-tiempo en un nuevo orden posnacional.
Encuentro una relación con los medios de comunicación que cita Appadurai en este texto, sobre todo cómo los medios de masas, como por ejemplo las redes sociales están siendo utilizadas para la difusión de proyectos ideológicos y de captación de seguidores/fieles, a niveles nunca antes imaginados. El autor sostiene que es este un ámbito en el que los medios de comunicación electrónicos han modificado los medios masivos de comunicación en su conjunto, así como los medios de expresión y comunicación tradicionales. Con ello han ofrecido nuevos recursos y disciplinas para la construcción de la imagen de uno mismo, de su identidad, por tanto del mundo (lo que Appadurai llama culturalismo). Un mundo que como podemos ver, se distorsiona a conveniencia para ligarlo a una forma de pensamiento, y a la búsqueda de un ideal acorde con una ideología determinada. Al adoptar estos mensajes una forma distinta de difusión, y por la velocidad con la que avanzan, los medios de comunicación electrónicos forman parte de la rutina cotidiana proveyendo recursos y materia prima para hacer de la construcción de la imagen del yo, un proyecto social e ideológico cotidiano para muchos que han visto en estos medios, un canal eficiente y ultrarrápido para que lleguen sus proclamas al mundo entero.
Bibliografía
Appadurai, A. (2001) La modernidad desbordada. Dimensiones culturales de la globalización. Ediciones Trilce. Fondo de Cultura Económica. Argentina.
Bauman,  Z. (2012) Modernidad Líquida. Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires.

sábado, 22 de febrero de 2014

UNA APROXIMACIÓN A LA MODERNIDAD LÍQUIDA DE ZYGMUNT BAUMAN Parte 6


En este ensayo se propone elaborar una aproximación al texto Modernidad Líquida de Zygmunt Bauman -Polonia, 1925-. Para ello se desarrollará un análisis de esta obra a través de los cinco paradigmas que ordena el autor en la solidificación de lo liquido: Emnancipación, Individualidad, Espacio/Tiempo, Trabajo y Comunidad. Se realizará en constante diálogo con otros autores, incluyendo mi propia argumentación sobre los asuntos tratados, tal como se establece en las orientaciones que se encuentran en la guía de estudio de la asignatura.
6. Síntesis. Una mirada critica



Bauman revisa la terminología del concepto de modernidad, y ésta la plantea desde parámetros relacionados con lo físico: fluidez versus pesadez. El dilema de una modernidad líquida, “luego de una primera modernidad sólida, que ya Marx veía disolverse en el aire” (Fernández, 2005:20). La descripción detallista del primero de los términos: “cambiante, desordenada” sirve para aplicarla, nada más empezar, como metáfora “regente de la etapa actual de la era moderna” (Bauman, 2012:8). Desde los primeros compases del texto, las generalidades de esta nueva denominación se esgrimen en un orden que atenta contra lo establecido: la ruptura de las convenciones sociales establecidas a lo largo del siglo XX, arrancando quizás en la revolución industrial, y reforzándose con el fordismo, quedan servidas para destrozar, para conseguir la ruptura o la disolución de los sólidos, de los tópicos de una forma de proceder social que ha llegado a su límite. A partir de aquí se trabaja para construir un nuevo orden de cosas, pero este trabajo es en cierta medida espontáneo, no responde a ningún programa de acciones, porque la acción en sí misma atenta contra este tipo de revoluciones programáticas.

Bauman incide en el concepto de individualización como base de la emancipación para obtener el paso a esa nueva modernidad leve. La individualización a la que alude radica en convertirse en individuos de jure, frente a la característica anterior en la que eran de facto. Este paso vital se convierte, al fin en una suerte de destino, y no en una elección del propio ser humano. Con ello, con la asunción de ese destino peligran conceptos como el de ciudadanía o comunidad.

Marshall definió la ciudadanía como un estatus que se ha ido adquiriendo con el paso del tiempo y se “ (…) otorga a los que son miembros de pleno derecho de una comunidad” (Marshall, 1997:312), disfrutarán de los mismos derechos y obligaciones. Los derechos de ciudadanía para Marshall mitigan las tendencias a la desigualdad que origina la economía de libre mercado. De todo ello, subyace en su análisis, una tensión entre ciudadanía y estatus social. La incorporación de los derechos sociales al concepto de ciudadanía implicó que toda la sociedad tenía derecho a percibir una renta razonable, independientemente de su posición social. En nuestros días, estamos pasando de una condición de ciudadanía a una de consumidores, donde los derechos están disponibles para los que puedan permitirse pagarlos.

La globalización nos afecta en un nivel individual en diversos grados, identificamos los riesgos como el tipo de peligro que “no vemos ni oímos llegar y de los que no podemos ser plenamente conscientes” (Bauman, 2009:137), estamos expuestos, somos los actores secundarios de la nueva representación macroeconómica del capitalismo donde prima la individualidad, como germen de su propia ineficacia e inoperatividad para dar soluciones a todas las desigualdades sociales de nuestro entorno más inmediato. El proceso de globalización se ve relegado indudablemente en la conciencia social, “la forma en la que concebimos el mundo, tanto en la esfera local como el mundo en su totalidad, está sufriendo un cambio nunca antes observado” (Sztompka, 2008:120). Tras el colapso de la economía capitalista de mercado nos encontramos con más peligros que esperanzas y cuanto más creemos dominar nuestro destino individual, más posibilidades creemos que tenemos de inventar nuestra vida, pero al final como cualquier sobre-entrenamiento llega la “fatiga de ser uno mismo”, una amarga decepción que se torna insoportable:

“Hay que escuchar a Rosseau: dado que el hombre es un ser incompleto,
incapaz de bastarse solo, necesita a otros para realizarse.
Pero si la felicidad depende de otros, entonces el hombre
está inevitablemente condenado a una felicidad frágil”
(Lipovetsky, 2008:39)

El sociólogo británico George Ritzer subraya que las acciones de los empleados son desposeídas de toda destreza, incluida su capacidad para hablar e interactuar con los clientes está siendo ahora limitada y controlada. Para este autor la naturaleza del trabajo está cambiando y cree que el capitalismo se esfuerza en obtener nuevas vías para controlar y explotar a los trabajadores. La plusvalía ya no se extrae sólo del tiempo del asalariado sino “incluso del tiempo libre del cliente” (Ritzer, 2007:196). El sistema económico, la política y la cultura, como dimensiones autónomas aunque interdependientes, generan dinámicas que se solidifican en la creación de un mercado de consumo y en la división del trabajo.

¿Por qué es la separación entre el tiempo y espacio algo de tanta importancia para el dinamismo extremo de la modernidad?, es la cuestión que formula Anthony Giddens en su exposición de la tríada modernidad-tiempo-espacio. Manifiesta que la primera condición es que la separación tiempo-espacio sesga el enlace existente entre la actividad social y su “anclaje” en las singularidades de los contextos de presencia. Se abre un espectro de oportunidades de transformación al emancipar de las restricciones exigidas por las prácticas sociales. La segunda condición es la organización racionalizada, las instituciones modernas pueden concentrar lo local con lo global, con ello influyen en las vidas de la práctica totalidad de la humanidad. La historicidad radical que va asociada a la modernidad es la tercera condición en su planteamiento. El sistema estandarizado de datar sustenta la aprehensión de un pasado unitario, a pesar de que mucha de esa “historia” esté sujeta a interpretaciones divergentes; “el tiempo y el espacio han sido recombinados para formar un genuino marco histórico-mundial para la acción y la experiencia” (Giddens, 2011:31).

Resulta del todo paradigmático recurrir a un extracto de la letra de una de las canciones de la estrella musical infantil-juvenil del momento, Violetta, para constatar el mensaje de la inmediatez, de la contradicción del presente y futuro vivido en el mismo instante, del alejamiento de la realidad, pero siempre corriendo, el tiempo se agota para llegar a mañana:
“(…) Yo no entiendo lo que pasa. Sin embargo se.
Nunca hay tiempo para nada. Y vuelvo a despertar, en mi mundo.
Siendo lo que soy. Y no voy a parar, ni un segundo. Mi destino es hoy”
(Mellino, Correa, Bauza, 2013. Walt Disney Records)

La vida contemporánea supone en muchos casos, una desarticulación de la propia personalidad, la tecnología además de salvar la distancia entre lo físico, es fuente de otro modo de alejamiento como es el psicológico. Los mass media de difusión de las estructuras económicas estimulan el placer en el nivel inmediato, mientras que, “en la constitución de sus propias estructuras, desplaza el gozo de la vida humana tomada en su conjunto hacia actividades concretas pero que no aportan sentido a un proyecto personal de vida” (Ortiz, 2013:252), más allá que retroalimentar la dialéctica trabajo-consumo. Un individuo nunca satisfecho, siempre desea más, Bauman así lo afirma, como un consumidor que no gira en torno a la satisfacción de deseos, sino a la incitación del deseo de deseos siempre nuevos” (Bauman 2006:124).

“El tiempo libre, mediante el ajetreo absorbente de un goce pasivo de
lujos y sensaciones, les aparta del tute extenuante de su trabajo.
Para el hombre moderno, tiempo libre significa posibilidad de gastar
dinero, y trabajo, posibilidad de ganarlo”
(Mills, 1956:238)

El capital de la metrópoli se ha transformado, pues, en el capital de la “redópolis”, como lo subraya Nieto Piñeroba, porque el poder disciplinario empresarial ha globalizado sus intereses, “virtualizado sus relaciones, metamorfoseado su presencia, rivalizado con otros poderes disciplinarios empresariales” (Nieto, 2011:93) y con ello, ha dejado en su mínima expresión a los Estados, pierden fuelle, se anquilosan y esclerotizan. El poder fáctico de los agentes sociales de control, de los sujetos controladores, pierde carnalidad, se des-subjetiva. En el trabajo, la obtención de un beneficio a largo plazo desaparece porque el concepto de futuro es borroso y hasta peligroso. El Estado sólo detentará su poder en el control de las redes. Y por lo tanto “la imposibilidad de ejercer control sobre las redes debilitará irreversiblemente a las instituciones políticas” (Giddens, 2011:177), es decir no podemos controlar algo que no se ha proyectado.

Las nuevas configuraciones sociales aparecen modeladas por lo intangible, donde subyace un nuevo orden que inunda todas las dimensiones que afectan a lo social: “Lo virtual domina posibilitando una multitud de ficciones altamente eficaces (…)” (Marcón, 2009:18), son fuerzas multifactoriales, dinámicas, líquidas. Las estructuras que alimentaban nuestra tranquilidad se desvanecen paulatinamente, tras una crisis económica y financiera que ha aplastado irremediablemente los logros sociales alcanzados en los últimos treinta y cinco años han configurado un Estado de bienestar, que ya no es tal. Estas figuras simbólicas crearon un futuro predecible, uno que dotaba de tranquilidad nuestra existencia, una amparada en saciar nuestro apetito de consumo capitalista.

La sociedad contemporánea, postindustrial, postmoderna o post-postmoderna, en todo caso la nueva modernidad, es líquida, como el agua que pretendemos capturar y se escapa entre nuestros dedos. Aquella que además puede evaporarse, en ese proceso físico que consiste en el paso lento y gradual de un estado líquido hacia uno gaseoso. Necesitamos un nuevo recipiente, donde alojar nuestras pretensiones y demandas, pero, ¿estamos dispuestos aceptar que ya nada será como antes?, ¿queremos ser copartícipes en el nuevo relato de nuestra historia? Como bien apuntaba Bauman, nuestro discurso crítico no tiene dientes, es blando. ¿Optamos por la crítica de estilo consumidor o productor?

Bauman nos recuerda al filósofo Theodor Adorno respecto de la emancipación humana y reivindica la resistencia frente a una industria cultural aplastante que además parece satisfacer a una masa ingente de sujetos. E igualmente señala la idea de Bourdieu según la cual “no hay nada menos inocente que el laissez-faire” (Mateo, 2008:22), de todo ello resulta la dicotomía entre la modernidad sólida, la del capitalismo industrial, en contraposición con la modernidad líquida, en la cual vemos como caen las barreras -tangibles o no-. La desregulación de los mercados generan un torrente inagotable de dinamismo sociocultural, las estructuras son maleables. Nuestra comodidad existencial de repente ha desaparecido, aún sin haber hecho la digestión de esta crisis convertida en tsunami, nos ha catapultado a una nueva realidad, aquella que nos obliga a actuar, volvemos a ser frágiles, volvemos a ser humanos.


Tomás Javier Prieto González
Santa Cruz de Tenerife


Bibliografía

Bauman, Z.,  May, T. (2009) Pensando sociológicamente. Nueva Vision. Buenos Aires.
Bauman, Z. (2010) Tiempos líquidos. Vivir en una época de incertidumbre. Ensayo Tusquets Editores. Barcelona.
Bauman,  Z. (2012) Modernidad Líquida. Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires.
Bauman, Z. (2006) Vida Líquida. Fondo de Cultura Económica. México.
Fernández, R (2005) Ciudades al borde del colapso. Notas sobre la insoportable insustentabilidad urbana. Perspectivas urbanas Nº6. Pp.15-23.
Giddens, A. (2011) Consecuencias de la modernidad. Alianza Editorial. Madrid
Giménez, G. (2004) Cultura e identidades. Revista Mexicana de Sociología. Pp.18-44.
Köster, P. R. (2008) Desafíos de la Cultura en el Siglo 21. Creación, capitalismo cultural y dinámicas industriales. Viceconsejería de Cultura del Gobierno de Canarias. Tenerife.
Lipovetsky, G. (2008) La sociedad de la decepción. Entrevista con Bertrand Richard. Anagrama. Barcelona.
Lipovetsky, G. (2008) Desafíos de la Cultura en el Siglo 21. Cultura Mundo. Viceconsejería de Cultura del Gobierno de Canarias. Tenerife.
Lipovetsky, G. (2010) La felicidad paradójica. Anagrama. Barcelona.
Marcón, O. (2009) Modernidades ¿anatema o reconciliación? Enfoques XXI, 1-2: 7-19.
Marshall, T. (1997): Ciudadanía y clase social. REIS. 79/97. Pp. 297-344
Mateo, J. (2008) Zygmunt Bauman: una lectura líquida de la posmodernidad. Revista Académica de Relaciones Internacionales, núm. 9. Pp. 1-26. GERI-UAM.
Mills, C. W. (1956) White Collar: The americans middle clases. Oxford University Press. New York.
Nieto, J. A. (2011) Sociodiversidad y sexualidad. Talasa. Madrid.
Ortiz, M.C. (2013) Placer líquido: aproximación a la sociedad contemporánea. Intersticios. Revista Sociológica de Pensamiento Crítico. Vol. 7(1). Pp. 249-257.
Ritzer, G. (2007) Los tentáculos de la McDonaldización. Editorial Popular. Madrid.
Ritzer, G. (2010) Teoría sociológica moderna. McGraw Hill. Madrid.
Sztompka, P. (2008) Sociología del cambio social. Alianza Editorial. Madrid.
Tezanos, J. F. (2008) La sociedad dividida. Estructuras de clases y desigualdades en las sociedades tecnológicas. Biblioteca Nueva. Madrid.
Violetta (2013) La música es mi mundo. Walt Disney Music Company (ASCAP). Argentina.

viernes, 21 de febrero de 2014

UNA APROXIMACIÓN A LA MODERNIDAD LÍQUIDA DE ZYGMUNT BAUMAN Parte 5


En este ensayo se propone elaborar una aproximación al texto Modernidad Líquida de Zygmunt Bauman -Polonia, 1925-. Para ello se desarrollará un análisis de esta obra a través de los cinco paradigmas que ordena el autor en la solidificación de lo liquido: Emnancipación, Individualidad, Espacio/Tiempo, Trabajo y Comunidad. Se realizará en constante diálogo con otros autores, incluyendo mi propia argumentación sobre los asuntos tratados, tal como se establece en las orientaciones que se encuentran en la guía de estudio de la asignatura.

5. Comunidad

Y todo esto, todos estos cambios se dan ¿dónde? ¿en qué contexto general? ¿cuáles son los escenarios en los que los cambios sociales se producen? La comunidad es el ámbito donde todo sucede. Comunidades con creencias, orientaciones políticas, prejuicios, supersticiones, falsas conciencias. El capitalismo neoliberal es el que irrumpe y saca partido de las crisis de identidad comunitaria.  Y de la individualización del ser humano nacen dos corrientes que penden del hilo de lo aprendido: el nacionalismo y el patriotismo. Pese a la indefectible circunstancia de la emancipación y la individualidad hombres y mujeres buscan grupos a los que pertenecer, buscando en ellos la seguridad y estabilidad que ninguna otra cosa en la actualidad puede ofrecerle. “La volatilidad de las identidades, por así decirlo, es el desafío que deben enfrentar los residentes de la modernidad líquida” (Bauman, 2012:189), sentencia casi al final de este ensayo. Y a partir de aquí, y remitiéndose al paso del nomadismo al sedentarismo, explica cómo las bases de la Nación también se han visto afectadas en el imaginario popular, afectadas por ese miedo generalizado, por esa falta del paraguas institucional y de las normas que protegían al “miembro social”, y que se disolvieron al convertirse en un “miembro individual”.

El Estado por lo tanto dejó atrás su faceta de protección directa, diríamos de manto protector sobre el ciudadano. Ahora el Estado es un ente de conexión entre los que gobiernan y los miembros sociales/individuales. La unidad antigua se ha separado en la modernidad líquida. Volvemos a algo que ya habíamos indicado más arriba: “(…) para las multinacionales -es decir las empresas globales con intereses y lealtades dispersos y cambiantes-, el mundo ideal es uno sin estados o al menos con estados pequeños y no grandes” (Bauman, 2012: 203) afirma este autor citando a Eric Hobsbawn, y añade que cada vez es menos necesario “comprar gobiernos”, dejando entrever con esta afirmación que son las multinacionales las que realmente gobiernan, en el contexto de la deslocalización.

Los ejemplos de guerra para delimitar condiciones culturales vinculadas a la nación o patria son los epígrafes a este ensayo en el que se pone de manifiesto que en este momento en el que la levedad, flexibilidad y volatilidad de los lazos es tal que la generación de conflictos, de asesinatos a los diferentes, está propiciada de tal manera que ayude a reforzar las diferencias de los grupos, de una manera maquiavélica para establecer sociedades individuales reforzadas por la inmediatez y la falta de valores, compasión, amistad, responsabilidad o incluso amor. Bernard Crick propone:

“(…) una clase de unidad que supone que la sociedad civilizada es
inherentemente pluralista, que vivir juntos dentro de esa sociedad
implica negociación y conciliación de intereses naturalmente diferentes,
y que normalmente es mejor concililar diferentes intereses que
coercionarlos y oprimirlos perpetuamente”.
(Bauman. 2012:188)

jueves, 20 de febrero de 2014

UNA APROXIMACIÓN A LA MODERNIDAD LÍQUIDA DE ZYGMUNT BAUMAN Parte 4


En este ensayo se propone elaborar una aproximación al texto Modernidad Líquida de Zygmunt Bauman -Polonia, 1925-. Para ello se desarrollará un análisis de esta obra a través de los cinco paradigmas que ordena el autor en la solidificación de lo liquido: Emnancipación, Individualidad, Espacio/Tiempo, Trabajo y Comunidad. Se realizará en constante diálogo con otros autores, incluyendo mi propia argumentación sobre los asuntos tratados, tal como se establece en las orientaciones que se encuentran en la guía de estudio de la asignatura.

4. Trabajo

“Karl Polanyi proclamó en 1994: (…) el trabajo no puede ser
una mercancía, ya que no puede venderse ni comprarse
independientemente de quienes los hacen”
(Bauman, 2012:129)

Indisociablemente de la naturaleza humana el trabajo no podía quedarse fuera de esta revolución tácita que el sociólogo polaco nos presenta. Es el cuarto de los paradigmas establecidos en la solidificación de lo líquido, en la manifestación del golpe que hace añicos aquel cristal de la modernidad pesada.

Tal como se venía proponiendo, el trabajo como bien común pasa a ser una opción individual, basado en los intereses concretos de cada solicitante, y desechado por los intereses concretos de cada contratador. El ser humano ha pasado a ser herramienta a parte del capital. Cuanto menos coste tenga ese capital más beneficios aportará, por eso el trabajo, o el trabajador, se convierte en flexible. No se establecen sino cuatro categorías de trabajadores y la mayor, la última en esa pirámide es la más afectada por los cambios: el tiempo de permanencia en los puestos de trabajo es efímero, y el fin último el pago de los honorarios, se desecha cualquier otro beneficio tanto para uno como para otro -por parte del trabajador estabilidad, compañerismo, equipo; por parte del contratador, especialización, formación, etc.-. El pretexto, la competitividad como mecanismo desestructurador, como insignia del nuevo discurso capitalista.

La flexibilidad del trabajo está íntimamente ligada a la inmediatez de la modernidad. Los trabajos son inmediatos también, cambiantes, flexibles, y estas cualidades se manosean sólo con un objetivo, el de sustituir el progreso del futuro por el del progreso del presente: “el progreso no representa ninguna cualidad de la historia sino la confianza del presente en sí mismo” (Bauman, 2012:141), afirma Bauman, para añadir que:

“(…) el progreso ya no es una medida temporal, algo provisorio, que conduciría
finalmente a un estado de perfección (o sea, a un estado de situación en el
que todo lo que debía hacerse ya ha sido hecho y ningún otro cambio es necesario),
sino un desafío y una necesidad perpetuo y quizás interminable,
verdadero significado de sentirse vivo y bien”. (Bauman, 2012:144)

De esta manera se despoja al trabajo de cualidades que se le habían asignado y que estamos hartos de repetir y oír: es una condición natural del ser humano, dignifica, clasifica a hombre y mujeres, conduce a la autosuperación moral, etc. Todo ello queda inutilizado a partir de que el trabajo se convierte en una circunstancia moderna, dentro de la liquidez de esa modernidad.

Entran en juego otros factores relacionados: El Big Data. Los cientos de miles de datos que nos caracterizan y que parten de la clasificación de los individuos: “El acceso a la información se ha transformado en el más celosamente custodiado de los derechos humanos y en la actualidad el incremento del nivel de vida de la población en general es medido, entre otros factores por el número de hogares equipados con aparatos de televisión” (Bauman, 2012, 165), sin duda un dato obsoleto desde la publicación de este libro hasta ahora, con la aparición de las redes sociales hace algunos años, y la “viralidad” que han tomado en la sociedad de nuestros días.

Por último, Bauman habla de procrastinación como concepto superado por la inmediatez (pro-crastinar: dejar para mañana):

“Por ser una espada de doble filo, la procrastinación sirvió a la sociedad moderna
tanto en su etapa sólida como en su etapa fluida, productiva como consumista,
pero agobió cada una de estas fases con tensiones y conflictos axiológicos
y de comportamiento sin solución. El pasaje hacia la actual sociedad de consumo
significó entonces no tanto un cambio de valores sino más bien una profundización
que llevó el principio de la procrastinación hasta el límite. Hoy, ese principio se ha
vuelto muy vulnerable, ya que ha perdido el escudo protector que le proporcionaba
la sanción ética. La postergación de la gratificación ya no es un signo de virtud moral.
Es lisa y llanamente un obstáculo, una carga pesada que es índice de la
imperfección de los acuerdos sociales, de la inadecuación personal o de ambas
(Bauman, 2012:165)