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jueves, 20 de febrero de 2014

UNA APROXIMACIÓN A LA MODERNIDAD LÍQUIDA DE ZYGMUNT BAUMAN Parte 4


En este ensayo se propone elaborar una aproximación al texto Modernidad Líquida de Zygmunt Bauman -Polonia, 1925-. Para ello se desarrollará un análisis de esta obra a través de los cinco paradigmas que ordena el autor en la solidificación de lo liquido: Emnancipación, Individualidad, Espacio/Tiempo, Trabajo y Comunidad. Se realizará en constante diálogo con otros autores, incluyendo mi propia argumentación sobre los asuntos tratados, tal como se establece en las orientaciones que se encuentran en la guía de estudio de la asignatura.

4. Trabajo

“Karl Polanyi proclamó en 1994: (…) el trabajo no puede ser
una mercancía, ya que no puede venderse ni comprarse
independientemente de quienes los hacen”
(Bauman, 2012:129)

Indisociablemente de la naturaleza humana el trabajo no podía quedarse fuera de esta revolución tácita que el sociólogo polaco nos presenta. Es el cuarto de los paradigmas establecidos en la solidificación de lo líquido, en la manifestación del golpe que hace añicos aquel cristal de la modernidad pesada.

Tal como se venía proponiendo, el trabajo como bien común pasa a ser una opción individual, basado en los intereses concretos de cada solicitante, y desechado por los intereses concretos de cada contratador. El ser humano ha pasado a ser herramienta a parte del capital. Cuanto menos coste tenga ese capital más beneficios aportará, por eso el trabajo, o el trabajador, se convierte en flexible. No se establecen sino cuatro categorías de trabajadores y la mayor, la última en esa pirámide es la más afectada por los cambios: el tiempo de permanencia en los puestos de trabajo es efímero, y el fin último el pago de los honorarios, se desecha cualquier otro beneficio tanto para uno como para otro -por parte del trabajador estabilidad, compañerismo, equipo; por parte del contratador, especialización, formación, etc.-. El pretexto, la competitividad como mecanismo desestructurador, como insignia del nuevo discurso capitalista.

La flexibilidad del trabajo está íntimamente ligada a la inmediatez de la modernidad. Los trabajos son inmediatos también, cambiantes, flexibles, y estas cualidades se manosean sólo con un objetivo, el de sustituir el progreso del futuro por el del progreso del presente: “el progreso no representa ninguna cualidad de la historia sino la confianza del presente en sí mismo” (Bauman, 2012:141), afirma Bauman, para añadir que:

“(…) el progreso ya no es una medida temporal, algo provisorio, que conduciría
finalmente a un estado de perfección (o sea, a un estado de situación en el
que todo lo que debía hacerse ya ha sido hecho y ningún otro cambio es necesario),
sino un desafío y una necesidad perpetuo y quizás interminable,
verdadero significado de sentirse vivo y bien”. (Bauman, 2012:144)

De esta manera se despoja al trabajo de cualidades que se le habían asignado y que estamos hartos de repetir y oír: es una condición natural del ser humano, dignifica, clasifica a hombre y mujeres, conduce a la autosuperación moral, etc. Todo ello queda inutilizado a partir de que el trabajo se convierte en una circunstancia moderna, dentro de la liquidez de esa modernidad.

Entran en juego otros factores relacionados: El Big Data. Los cientos de miles de datos que nos caracterizan y que parten de la clasificación de los individuos: “El acceso a la información se ha transformado en el más celosamente custodiado de los derechos humanos y en la actualidad el incremento del nivel de vida de la población en general es medido, entre otros factores por el número de hogares equipados con aparatos de televisión” (Bauman, 2012, 165), sin duda un dato obsoleto desde la publicación de este libro hasta ahora, con la aparición de las redes sociales hace algunos años, y la “viralidad” que han tomado en la sociedad de nuestros días.

Por último, Bauman habla de procrastinación como concepto superado por la inmediatez (pro-crastinar: dejar para mañana):

“Por ser una espada de doble filo, la procrastinación sirvió a la sociedad moderna
tanto en su etapa sólida como en su etapa fluida, productiva como consumista,
pero agobió cada una de estas fases con tensiones y conflictos axiológicos
y de comportamiento sin solución. El pasaje hacia la actual sociedad de consumo
significó entonces no tanto un cambio de valores sino más bien una profundización
que llevó el principio de la procrastinación hasta el límite. Hoy, ese principio se ha
vuelto muy vulnerable, ya que ha perdido el escudo protector que le proporcionaba
la sanción ética. La postergación de la gratificación ya no es un signo de virtud moral.
Es lisa y llanamente un obstáculo, una carga pesada que es índice de la
imperfección de los acuerdos sociales, de la inadecuación personal o de ambas”
(Bauman, 2012:165)

jueves, 4 de abril de 2013

Polanyi, La Gran Transformación. Cambio social Parte 4


Autor: Víctor Riesgo Gómez

El texto que es presentado a continuación ha sido realizado en el marco universitario y ha sido realizado por un alumno de la UNED. Se encuadra en la asignatura Cambio Social I de dicha universidad. Es intención del autor comprobar en qué medida la exposición y tesis que presentó en su momento Karl Polanyi puede ser observada mediante el enfoque proporcionado por las diversas teorías del Cambio Social y a cuál de ella o de ellas resulta más cercano.

También resulta sorprendente, y en cierto modo alarmante, la vigencia que cobran en el presente los análisis y la evolución de los hechos que presenta Polanyi. Los tipos de encrucijadas que han de afrontar las sociedades europeas y norteamericanas del siglo XIX y principios del XX se asemejan en gran medida a las actuales. Las decisiones y los intereses de los agentes en permanente “conflicto negociado” que interactúan en el campo sociocultural les acaba conduciendo a situaciones poco deseadas por la gran mayoría. De cómo se desarrollan estos procesos, de por qué desembocan en lo que desembocan y de quiénes son los agentes que actúan y en base a qué interese lo hacen es de lo que trata este trabajo. Estas fuerzas interactuando son las que, en resumidas cuentas, desarrollan diversos cambios sociales llenos de ambivalencias.

Tesis

La tesis principal ha quedado ya expuesta a lo largo del presente texto. El propio Polanyi en varios pasajes de su obra no tiene problema en explicitarla de manera clara y concreta. Así por ejemplo, escribe en la página 49 de la edición en español en Fondo de Cultura Económica: “Nuestra tesis es que la idea de un mercado autorregulado implicaba una utopía total. Tal institución no podía existir durante largo tiempo sin aniquilar la sustancia humana y natural de la sociedad; habría destruido físicamente al hombre y transformado su ambiente en un desierto. Inevitablemente la sociedad tomó medidas para protegerse, pero estas medidas afectaban a la regulación del mercado, desorganizaban la vida industrial, y así ponían en peligro a la sociedad en otro sentido. Fue este dilema el que impuso el desarrollo del sistema de mercado en forma definitiva y finalmente perturbó la organización social basada en él.”

Unas páginas más adelante, en la página 77, afirma que: “Esto conduce a nuestra tesis (…): que el origen del cataclismo se encontraba en el esfuerzo utópico del liberalismo económico por establecer un sistema de mercado autorregulado.”

Extenderme mucho más en este apartado no sería posible sin pecar de reiterativo. La tesis de Polanyi en La Gran Transformación constituye su argumento central de manera fidedigna. Los esfuerzos realizados por los partidarios del liberalismo, y la misma cotidianidad del momento en que realizó su obra, implican desarrollar un esfuerzo hercúleo para demostrar su tesis. De ahí que el trabajo de La Gran Transformación se centre de manera principal, sirviéndose de una amplia gama de detalles y razonamientos,  en demostrarla. 

Balance crítico

Cualquier trabajo de la extensión que contiene el que tenemos entre manos está sujeto a incurrir en errores, tiene puntos flacos en los razonamientos que construye, en los datos que aporta para sostener sus tesis o en la interpretación de los mismos que realiza. Podría atribuirse al texto que nos ocupa un cierto grado de actitud negativa ante el progreso y el avance de las sociedades por el camino del cambio social. La innumerable cantidad de artilugios que han sido creados y producidos en cadena desde el tiempo en que los cercamientos de los Tudor echan a andar quedan fuera de toda discusión. Que en cierto modo estos artilugios son el resultado del avance tecnológico y científico que se opera en el seno de las sociedades capitalistas parece también exento de demostración. Por tanto podría atribuirse un cierto grado de quietismo y conservadurismo a las premisas y las conclusiones que Polanyi nos presenta. No cabe duda de que los partidarios de la escuela económica de Chicago, o los miembros de diversos Think Tank neoliberales, o aquellos que se dan cita de manera anual en Davos, suscribirán sin dudarlo estas afirmaciones.

Sin embargo, en mi opinión, este conservadurismo que se podría atribuir a Polanyi no sería ajustado del todo a su manera de ver la transformación. Parece claro que las sociedades en sí mismas contienen el cambio, más que un ente duro y pétreo que se modifica de manera inmanente y compulsiva por sus propias condiciones intrínsecas, son espacios de acción entre agentes con desigual grado de poder. El cambio es, por tanto, el resultado de la lucha y la negociación de fuerzas que tensionan en diferentes direcciones este campo social. Lo que se abandona en el tránsito, o lo que permanece, no es de por sí ni positivo ni negativo, sino más bien el resultado de este “conflicto negociado” de manera permanente. De ahí que cualquier cambio en sí no pueda ser tachado de positivo, puesto que cada supuesto avance lo es a costa de dejar “cadáveres” por el camino.  Es conservador, porque lamenta que, en el cambio, no se haya podido conservar la urdimbre que dotaba de sentido y protección a los integrantes menos favorecidos de las sociedades.

Sin embargo, en este sentido el análisis polanyano modifica el punto principal del enfoque. No fía el análisis de los resultados al campo de lo material. Tener más objetos distintos para usos cada vez más excéntricos no supone para él un avance. Acuñar un hombre nuevo, el hombre económico, dotarlo de condición de naturalidad, modificar el conjunto de las estructuras y las instituciones sociales con el objetivo de ponerlas a su servicio, para finalmente acabar descubriendo que ese hombre nuevo, que supuestamente latía oculto en el núcleo más profundo de nuestra humanidad, no es más que el producto de un proyecto político, al servicio de unos intereses de clase determinados, penetrado hasta el fondo de un etnocentrismo radical y paleto, no es visto por el autor como un proceso de progreso social.  Más bien al contrario. Desarrollar este proyecto provoca arrancar al humano de su verdadera naturaleza, la sociedad, que le da sentido, en la que se forma, de la que obtiene el sustento físico, pero también el moral y el emocional y el cultural. En la que se hace, en definitiva, un ser completo, con sus innumerables imperfecciones también. Por tanto aquí los calificativos de progresismo o conservadurismo se tornan grises y ambiguos. Son tantas los matices que requieren para ser empleados que puede que sea más aconsejable apartarlos a un lado.

Un aspecto que provoca asombro de la descripción que realiza el autor del conjunto de instituciones que sostenían el orden internacional en el momento de mayor esplendor del liberalismo es la semejanza entre aquellas y las que sujetan el orden internacional del presente. Lo cual, además de asombro, a la luz de las consecuencias que nos muestra Polanyi, provoca un cierto grado de temor. Dos monedas de manera principal, el euro y el dólar, juegan el mismo papel que en ese tiempo jugaba el patrón oro. En este sentido hoy hay mayor heterogeneidad debido a que la hegemonía de las potencias centrales ya no es la misma que entonces. Pero los discursos que se articulan contra aquellos que no se pliegan a las leyes del mercado autorregulado contienen el mismo tipo de argumentación.

El estado liberal parece fuera de toda discusión, se admiten grados y matices, pero los estándares se tienden a homologar. El sistema de balanza de poder tiene fuertes semejanzas con el papel que la ONU desarrolla en nuestros días. El poder real de la  haute finance parece mayor aún en el presente. Pero el punto que más temor provoca es la similitud profunda que existe entre los discursos legitimadores del liberalismo que reinaba en aquel momento y el que reina en el presente.

Cuando hoy en día hablamos de los mercados para buscar apoyo a las políticas puestas en marcha, cuando las deudas públicas devienen en mecanismos para perjudicar a los menos favorecidos en el seno de las sociedades occidentales, -por no mencionar las consecuencias que estas deudas han tenido y siguen teniendo para millones de habitantes del llamado tercer mundo-, cuando el desempleo corroe las entrañas mismas de los estados liberales y se sigue hablando de “mercado de trabajo”, cuando la desigualdad se amplia y extiende por el globo, cuando las únicas opciones posibles para todo esto se presentan por la vía de ampliar las bases de negocio y esperar que de esta manera el goteo haga fluir recursos de arriba a abajo, cuando el deterioro ambiental amenaza a la especie sin distinción última de fronteras humanas..., cuando todo esto sucede, se acentúa y cronifica, es imposible no evocar las consecuencias que Polanyi nos expone en su obra. Las condiciones de la imposibilidad se hacen presentes del mismo modo que lo hicieron en los finales del siglo XIX.

El proyecto político, disfrazado de cientificidad, que supuso la imposición, por la fuerza cuando fue necesario, del orden liberal, fiaba la transformación a la consecución de unos objetivos colectivos, al menos en teoría. El crecimiento económico, -concepto del presente que contiene fuertes resonancias de aquello que Polanyi denomina el mejoramiento-, la competencia, la productividad y el mercado autorregulado, por sí mismos traerán la prosperidad. Si todo se fía a lograr este objetivo cuasi mágico los problemas sociales se resolverán por mor de la resolución de los económicos. Sólo hay que sentar las bases para que esto suceda. El lastre del que haya que deshacerse en este tránsito será un pago que retornará con rendimientos sobrados. Y sin embargo, el autor austriaco nos enseña que el pago no mereció la pena, al menos para generaciones enteras que fueron molidas en el “molino satánico” del mejoramiento. Del campesino laborioso e integrado que es expulsado de las tierras comunales a causa de los cercamientos a las generaciones que pierden su vida en las dos contiendas mundiales o en las múltiples revueltas o en los campos que el nazismo y el estalinismo pusieron en marcha. Desde un punto hasta el otro del espacio tiempo es claro que la mejora material tuvo lugar, es claro que el número de habitantes creció como muestra de la mejora de la productividad. Sin embargo, no es menos claro que las condiciones subjetivas de vida sufrieron un deterioro:  jamás se dio tanta abundancia material objetiva en medio de tanta escasez subjetiva.

El universo de las necesidades no cesa en su expansión, ese sistema de organización social erigido en torno al lucro y la ganancia nunca encuentra satisfacción. Las frustraciones emocionales o sociales son canalizadas al consumo compulsivo. El encanto que prometen numerosos artilugios se evapora en el mismo momento de ser adquiridos. El mercado siempre tiene una novedad que deja obsoleto, aunque siga siendo funcional, el aparato que ya tenemos. Y en este trasiego la satisfacción personal queda cada vez más lejos del alcance. Hemos pasado de ser integrantes de una comunidad a ser consumidores como mecanismo principal de identificación personal y social en una espiral de suma cero permanente.

Por último hay en las reflexiones de Polanyi un ingrediente excepcional para el momento histórico en el que realizó sus trabajos. Él ya vislumbró el deterioro ambiental que suponía el auge y la extensión del sistema social organizado en torno al principio de mercado autorregulado, este deterioro es hoy mucho más patente de lo que era a mediados del pasado siglo. Como señala el autor, el liberalismo necesita expandirse de manera perpetua para poder seguir procurando satisfacción a unas necesidades que se extienden sin final. Funcionó bien mientras las fronteras físicas estaban por limitarlo, el colonialismo o el ejemplo de los Estados Unidos extendiéndose de este a oeste fueron los referentes empleados para su legitimación. No se trata de que no estuviesen habitados estos nuevos espacios, simplemente sus habitantes fueron sometidos o exterminados y los asientos físicos de sus culturas, algunas milenariamente equilibradas con su hábitat, fueron expoliados sin miramientos.

Hoy somos conscientes del peligro ambiental provocado por el tipo de civilización alumbrada en la gran transformación: el calentamiento global, las alteraciones introducidas artificialmente en el ADN de ciertas especies, residuos de alta peligrosidad para la vida y con millones de años de actividad, la desertización, la deforestación, la reducción de la biodiversidad y un largo etcétera no nos son desconocidos. Sus consecuencias arrojan una alta indeterminación sobre el tipo de vida que futuras generaciones o que los más jóvenes en el presente puedan soportar en el medio plazo.

Romper los vínculos de la actividad humana con el medio natural que la sustenta y romper los vínculos naturales entre humanos, sustituyendo ambos lazos por contratos mercantiles de propiedad y derecho de explotación sin límites, (o muy escasos al menos), contiene un peligro implícito que no se quiere afrontar. Para unos pocos el negocio es lo principal, alterarlo o limitarlo en exceso es el mayor pecado que se puede cometer. Para grandes mayorías la actividad frenética que es necesario desarrollar para lograr el sustento básico no deja tiempo para la reflexión sobre este respecto. Si fueron necesarias varias generaciones para culminar el cambio desarraigador, de la tierra y de las relaciones sociales que daban satisfacción, serán necesarias algunas más para provocar un nuevo cambio que revise de manera crítica y fértil los conceptos sobre los que se realizó la gran transformación. Que haya un espacio para la esperanza no es algo claro. 


Autor: Víctor Riesgo Gómez

miércoles, 3 de abril de 2013

Polanyi, La Gran Transformación. Cambio social Parte 3


Autor: Víctor Riesgo Gómez

El texto que es presentado a continuación ha sido realizado en el marco universitario y ha sido realizado por un alumno de la UNED. Se encuadra en la asignatura Cambio Social I de dicha universidad. Es intención del autor comprobar en qué medida la exposición y tesis que presentó en su momento Karl Polanyi puede ser observada mediante el enfoque proporcionado por las diversas teorías del Cambio Social y a cuál de ella o de ellas resulta más cercano.

También resulta sorprendente, y en cierto modo alarmante, la vigencia que cobran en el presente los análisis y la evolución de los hechos que presenta Polanyi. Los tipos de encrucijadas que han de afrontar las sociedades europeas y norteamericanas del siglo XIX y principios del XX se asemejan en gran medida a las actuales. Las decisiones y los intereses de los agentes en permanente “conflicto negociado” que interactúan en el campo sociocultural les acaba conduciendo a situaciones poco deseadas por la gran mayoría. De cómo se desarrollan estos procesos, de por qué desembocan en lo que desembocan y de quiénes son los agentes que actúan y en base a qué interese lo hacen es de lo que trata este trabajo. Estas fuerzas interactuando son las que, en resumidas cuentas, desarrollan diversos cambios sociales llenos de ambivalencias.

Análisis del argumento central

Como ya vengo exponiendo a lo largo de este trabajo, el argumento central del autor se puede resumir de la siguiente manera: a lo largo del siglo XIX y principios del XX tiene lugar una profunda transformación del orden institucional y relacional que había operado hasta entonces. La fuente de la transformación encuentra su inspiración en motivaciones utilitaristas, racionalistas y economicistas. En el campo material es el surgimiento de la máquina y la industria a ella asociada lo que favorece este cambio social, esto supone que la esfera de las relaciones económicas es independizada, por agentes con cierto grado de poder, del conjunto de relaciones sociales en las que siempre se había encontrado inserta.

Las consecuencias de esta emancipación de la economía, como supuesta ciencia independiente y racional, provoca profundas dislocaciones en la urdimbre de la sociedad en su conjunto. Todas las demás relaciones sociales se ven profundamente modificadas, a gran velocidad, con resultados dramáticos para numerosos renglones sociales. Las relaciones no contractuales se ven erosionadas en sus bases y la aparente mejora económica supone un deterioro del ambiente cultural en el sentido más amplio. Finalmente tal proyecto tropieza en su desarrollo con los diversos mecanismos que grupos sociales perjudicados por él ponen en marcha con la función de protegerse de la dislocación a la que se ven sometidos. Este proyecto incompleto de sociedad resulta menos habitable que aquel que la utopía liberal proponía y que el tipo de sociedad anterior. El resultado final es una serie de conflictos violentos posteriores al último intento de reorientar a las sociedades de occidente en una senda de prosperidad y paz.

Polanyi adopta una perspectiva crítica del proceso de mejoramiento material que experimenta occidente como consecuencia de la Revolución Industrial. Duda, por tanto, de los glorificados efectos beneficiosos obtenidos en tal proceso. Su duda no es tanto en un sentido material estricto como en las consecuencias culturales y sociales que dicho proceso llevan aparejadas. Se acerca a la visión de Tonnies y su separación entre comunidad y sociedad. Esta crítica no se basa en meros aspectos especulativos o idealistas. Encuentra refrendo en averiguaciones antropológicas e históricas.

Su análisis se centra inicialmente en los aspectos institucionales que se ven sometidos al cambio forzado. Un determinado orden institucional resulta fundamental en la explicación y en la formación de las acciones que los agentes realizan. En contraposición con las posturas liberales a ultranza él mantiene que este orden institucional no es el resultado de un orden espontáneamente surgido en el curso de acciones individuales, por contra, es el resultado de un proceso forzado de cambio orientado al fin de modificar las condiciones y las reglas de juego. Como consecuencia de esta modificación las conductas sociales que no se adaptan o que son claramente señaladas tienden a su desaparición, lo opuesto sucede con las conductas y los intereses de los actores beneficiados.

Podemos inferir que el concepto de sociedad que alberga Polanyi contiene un cierto grado de organicismo al considerar que dicha sociedad actúa como un todo interrelacionado entre sí. Cabe pensar en este sentido que no resulta extraño para la época en que realizó sus trabajos y la fuerte orientación antropológica que contienen los mismos, si bien, es un organicismo algo peculiar que se podría enclavar en la perspectiva del conflicto. A lo largo de los razonamientos y las exposiciones que despliega en todo el trabajo, el conflicto entre diversas posiciones sociales es una causa explicativa fundamental.  Sin el recurso al conflicto y a la coerción desde posiciones institucionales de poder, ya sea mediante modificaciones legislativas, ya sea mediante el recurso a la violencia, no se puede explicar en absoluto su tesis.

La visión de Polanyi contiene una cierta perspectiva cíclica del acontecer social, si bien los ciclos que se infieren resultan ausentes de determinación intrínseca y hacen suponer un cierto componente de pendularidad. Lo cual evoca una suerte particular de aplicación de la dialéctica hegeliana, las contradicciones se acumulan y provocan respuesta por parte de los sectores o agentes perjudicados por ellas. Lo que en ningún caso nos debe hacer pensar que el resultado del conflicto dialéctico pueda devenir en un orden mejor o superior, pues la contingencia de los acontecimientos y el papel jugado por los diversos agentes son las causas principales que explican el nuevo orden resultante.

Es por tanto difícil de enclavar en una escuela de pensamiento exclusiva respecto al cambio social al combinar elementos de distintas perspectivas de manera singular. Esto sin duda se debe al eclecticismo conceptual que despliega en esta obra. Se sirve de la economía política, de la antropología, de la sociología, de la historia, así como de las teorías de los ciclos históricos o del materialismo dialéctico marxiano para construir sus argumentos y extraer una lógica de los hechos y los acontecimientos y de la evolución de los mismos. Sí parece claro que pone el acento en el papel de los agentes sociales como base explicativa del cambio. 

Otro aspecto que encierra su obra es el análisis del aparato conceptual que alberga el liberalismo puro del laissez-faire. A lo largo de varios capítulos disecciona este conjunto de ideas y orientaciones para la acción que, en la época en que se centra, permanecía revestido de una imparcialidad y objetividad científica. Sin embargo él descompone los principios en que se basa reduciéndolos a un conjunto coherente de presupuestos ideológicos, en ocasiones carentes de refrendo empírico, e incluso yendo contra la evidencia histórica y social. Para esto resulta de una importancia central la perspectiva holística y comparada que emplea, frente al reduccionismo individualista y etnocentrista en el que se origina el credo liberal.

El humano que dibuja Polanyi es un ser inserto en su cultura y resultado de un conjunto amplio de relaciones que le dan sentido, en contraposición al humano que los individualistas metodológicos construyen, el cual se asemeja a una máquina racional de elaborar cálculos estratégicos, con fines exclusivamente instrumentales, y cuyas preferencias no se originan en un ambiente social, son simple función y consecuencia de supuestas condiciones objetivas orgánicas, a las que el utilitarismo encuentra un sistema de medición. El resultado de tal engendro, el “homo económicus”, es un ser aislado cultural y socialmente, solo se vincula con los demás átomos igualmente aislados del sistema social a través de contratos mercantiles, y el motivo de toda acción es la posibilidad de obtener ganancia en metálico. 

Autor: Víctor Riesgo Gómez


martes, 2 de abril de 2013

Polanyi, La Gran Transformación. Cambio social Parte 2


Autor: Víctor Riesgo Gómez

El texto que es presentado a continuación ha sido realizado en el marco universitario y ha sido realizado por un alumno de la UNED. Se encuadra en la asignatura Cambio Social I de dicha universidad. Es intención del autor comprobar en qué medida la exposición y tesis que presentó en su momento Karl Polanyi puede ser observada mediante el enfoque proporcionado por las diversas teorías del Cambio Social y a cuál de ella o de ellas resulta más cercano.

También resulta sorprendente, y en cierto modo alarmante, la vigencia que cobran en el presente los análisis y la evolución de los hechos que presenta Polanyi. Los tipos de encrucijadas que han de afrontar las sociedades europeas y norteamericanas del siglo XIX y principios del XX se asemejan en gran medida a las actuales. Las decisiones y los intereses de los agentes en permanente “conflicto negociado” que interactúan en el campo sociocultural les acaba conduciendo a situaciones poco deseadas por la gran mayoría. De cómo se desarrollan estos procesos, de por qué desembocan en lo que desembocan y de quiénes son los agentes que actúan y en base a qué interese lo hacen es de lo que trata este trabajo. Estas fuerzas interactuando son las que, en resumidas cuentas, desarrollan diversos cambios sociales llenos de ambivalencias.

Conceptos

Desde el enfoque analítico del cambio social el primer concepto con el que tropezamos antes aún de abrir el libro es el de transformación. La transformación que él vislumbra es una profunda modificación del orden institucional, -las estructuras que moldean a las sociedades y determinan las acciones de los integrantes- acaecida de manera intencional por parte de agentes específicos con el objetivo final de condicionar y limitar las dinámicas que contienen dichas sociedades.

Esta transformación es un conjunto de procesos complejos. Es intencional y dirigida desde arriba. Esto resulta importante, pues supone contradecir con hechos históricos y datos concretos a quienes sostienen que el cambio hacia la mercantilización de todos los ámbitos de la vida social es un resultado natural inmanente a la naturaleza del ser humano.

Del mismo modo la transformación que describe nos es presentada como direccional. En un principio, al menos, aquellos que presionan para provocar el cambio pretenden que sea irreversible y la muestran como un estadio superior de la sociedad. Es por tanto vista por los agentes promotores del cambio como un proceso de progreso social.

Polanyi por el contrario cuestiona que este proceso albergue progreso. O más bien duda de las consecuencias últimas de un progreso material, el cual parece menos discutible. En varios capítulos propone una contradicción entre dos conceptos: mejoramiento contra habitación. Ese mejoramiento material, cuantificable y objetivable, es opuesto así a la idea de habitación en un sentido amplio. Con ello se refiere al hecho de que las condiciones de vida de los humanos no sólo están mediadas y determinadas por las condiciones materiales. La habitación representa aquí al lugar donde habitan los humanos y al conjunto de relaciones sociales que establecen entre sí y que les proveen de cobijo.

Buena parte de los conceptos que emplea el autor provienen del campo de la economía; mercado autorregulado, como ente producto de relaciones entre humanos y que fija los precios de las mercancías en función de la oferta y demanda de las mismas. Entre estas mercancías quedan subsumidas “mercancías ficticias”, como son el trabajo humano, la naturaleza y el dinero. He aquí un cambio sustancial con respecto a otros tiempos en los que estos conceptos no quedaban sujetos a leyes de mercado. El motivo principal de que esto no hubiese sucedido en el pasado según Polanyi tiene que ver con el hecho de que estas tres “mercancías ficticias” se diferenciaban principalmente de las mercancías reales en que no habían sido producidas para ser intercambiadas. 

En este plano resulta interesante destacar la tipología que establece de principios de comportamiento humano orientados a la satisfacción de las necesidades materiales básicas que contiene cualquier organización social existente a lo largo de la historia. Frente al dominio exclusivo y preponderante del principio del mercado, organizado entorno al intercambio con miras puesta en la ganancia, opone los principios de reciprocidad, redistribución y el principio del hogar o producción orientada al consumo propio en el núcleo formado por familias extensas. Estos principios de comportamiento humano no surgen de la nada, son el resultado del registro producido por múltiples antropólogos a lo largo de diversos lugares del globo, o de la observación de la historia de los imperios y civilizaciones precedentes en el tiempo. 

Para Polanyi estos principios de comportamiento cumplen la función de orientar la producción y la distribución de bienes materiales necesarios para el sustento, si bien  los mismos permanecen insertos en un conjunto de relaciones sociales más amplio que el específico de la economía formal de mercado, y necesitan de un universo de patrones institucionales más extenso para desarrollarse de manera satisfactoria. Es la organización social completa la que se sirve de ellos, en lugar de ser principios articuladores de relaciones sociales, como se pretende que sea el resultado de la transformación a una sociedad de mercado, en la que el mercado autorregulado organiza y articula al resto de relaciones sociales.

Interés clasista. El autor identifica, como una de las claves fundamentales para explicar el cambio social, el interés de las clases en su acción, transformadora o conservadora. Cualquiera que sea la fuente o el medio del cambio, son los agentes que desarrollan acciones estratégicas o defensivas los que, finalmente, operan para que éste llegue a su fin, si bien en el largo plazo, los intereses exclusivos de clase no sirven para explicar por qué el cambio llegó a su fin. Determinadas clases ponen en marcha los procesos, pero su éxito final depende de la interrelación con las demás clases que entran en juego, de las condiciones objetivas materiales y el grado en qué estas propician o no su éxito. Para Polanyi también, y esto resulta fundamental en su planteamiento, las motivaciones económicas no son las principales para orientar el comportamiento. Estas tienen importancia en un primer momento, una vez alcanzado determinado umbral de satisfacción, son motivaciones sociales las que orientan la acción. La posición social, el rango, el estatus, la percepción subjetiva de seguridad o el grado de poder acumulado son más determinantes en la construcción de motivaciones que las meras inspiraciones materiales, las cuales, como mucho, constituyen una representación objetiva de las anteriores.

Autor: Víctor Riesgo Gómez

lunes, 1 de abril de 2013

Polanyi, La Gran Transformación. Cambio social Parte 1


Autor: Víctor Riesgo Gómez

El texto que es presentado a continuación ha sido realizado en el marco universitario y ha sido realizado por un alumno de la UNED. Se encuadra en la asignatura Cambio Social I de dicha universidad. Es intención del autor comprobar en qué medida la exposición y tesis que presentó en su momento Karl Polanyi puede ser observada mediante el enfoque proporcionado por las diversas teorías del Cambio Social y a cuál de ella o de ellas resulta más cercano.

También resulta sorprendente, y en cierto modo alarmante, la vigencia que cobran en el presente los análisis y la evolución de los hechos que presenta Polanyi. Los tipos de encrucijadas que han de afrontar las sociedades europeas y norteamericanas del siglo XIX y principios del XX se asemejan en gran medida a las actuales. Las decisiones y los intereses de los agentes en permanente “conflicto negociado” que interactúan en el campo sociocultural les acaba conduciendo a situaciones poco deseadas por la gran mayoría. De cómo se desarrollan estos procesos, de por qué desembocan en lo que desembocan y de quiénes son los agentes que actúan y en base a qué interese lo hacen es de lo que trata este trabajo. Estas fuerzas interactuando son las que, en resumidas cuentas, desarrollan diversos cambios sociales llenos de ambivalencias.

Síntesis

De la mano de Karl Polanyi somos sumergidos en la descripción del proceso histórico acaecido en el seno de los países pertenecientes a Europa occidental, y de manera más concreta en Inglaterra, durante el tránsito del Antiguo Régimen hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Este tiempo es modelado de manera crítica y determinante por la aparición, auge y derrumbe de una serie de ideas instrumentalizadas por clases sociales concretas que resultan beneficiarias directas de las mismas. El papel explicativo no recae de manera exclusiva sobre las ideas, éstas son producto, entre otras causas, del cambio en el campo de los hechos materiales, que a su vez resultan modificados posteriormente.


Ideas y hechos, en simbiosis cuasi perfecta, ejecutados por agentes determinados, van pergeñando cambios en los órdenes institucionales, culturales y políticos desde la esfera de lo económico, la cual ha sido previamente emancipada del resto de relaciones sociales en las que permaneció subsumida en el pasado y a la que las sociedades, por su tendencia natural de autoprotección, procuran retornar mediante mecanismos defensivos variados.

El eje central de esta obra de Polanyi es, por tanto, la descripción de los mecanismos empleados para imponer a las sociedades en su conjunto una visión estrecha e irreal de la economía. Ésta es presentada a modo de ciencia exacta que descubre y describe una serie de leyes universales inmanentes e invariables, en torno a las cuales se pretende constituir el único elemento motivacional del comportamiento humano. Tal imposición actúa como motor principal del cambio, provocando profundas dislocaciones en las urdimbres sociales tejidas históricamente con la función de mantener lazos y relaciones que procuran protección, cobijo o razón de ser a los individuos que forman las comunidades.

Consecuencia de esta ruptura, provocada por un cambio social a excesiva velocidad y con cierto poder destructor, los actores perjudicados desarrollan diversos mecanismos de autodefensa que obstaculizan el avance y la hegemonía de los principios y resortes que iniciaron la transformación. El resultado final del conflicto causado por  fuerzas contradictorias luchando en el campo social de manera enconada nos lleva al  auge de los fascismos y, de ahí, a la solución final representada de manera dramática por la Segunda Guerra Mundial.

La obra se divide en tres partes diferenciadas, pero interrelacionadas. En la primera de ellas es descrita la situación institucional internacional que da lugar a lo que Polanyi denomina “la paz de los cien años”. Este periodo, que alcanza de 1815 a 1915, contempla alguna guerra colonial y un par de breves guerras, -la Guerra de Crimea y  la Guerra Franco-Prusiana-, si bien, no hay en este tiempo ninguna guerra de gran duración y que implique a las potencias centrales de aquel momento luchando entre sí. En comparación con cualquier periodo anterior, jalonado de guerras interminables entre los países de la vieja Europa y culminado por las Guerras Napoleónicas, este espacio temporal puede ser considerado como una paz prolongada. Aunque su inicio coincide con el Congreso de Viena y las restauraciones monárquicas por medio de la fuerza, las bases que sustentan y legitiman este período de paz van desplazándose de fuentes sacras e imperiales hacia otras más pragmáticas.

Cuatro son las instituciones principales en que se fundamenta el orden en la cumbre de este periodo: Patrón oro, y mercado autorregulado son las instituciones económicas; sistema de balance de poder y Estado liberal como instituciones políticas. No obstante para el autor la principal, y a la que sirven las otras tres, es el mercado autorregulado, institución ésta que deviene en piedra fundacional sobre la que se erige el cambio social que mayor transformación y en menor tiempo ha contemplado la humanidad.

Del origen, auge, hegemonía, deterioro y derrumbe de la idea del mercado autorregulado trata la parte central del libro. Si bien, insisto, de la idea como tal y de los hechos materiales a los que da lugar o de los hechos materiales que procuran soporte y apoyo para el nacimiento y la extensión de dicha idea y de las consecuencias que en el mismo campo de las ideas tiene.

Su origen parte de un conjunto de concepciones axiomáticas especulativas sin demostración empírica que tiene lugar en la Inglaterra de finales del XVIII y que se extienden al resto de Europa de manera desigual. Tales concepciones son enunciadas por Adam Smith y refinadas y completadas por los posteriores seguidores de sus principios. Utilitaristas como Bentham o moralistas como Malthus aprovechan las elaboraciones teóricas del escocés para seguir construyendo el castillo en el aire que condena a las sociedades, y de manera especial a la británica, a sufrir las “consecuencias de la imposibilidad”. La incipiente economía política reviste de pretendida veracidad objetiva mitos no demostrados como el de la tendencia natural del humano al comercio o la racionalidad pura como guía exclusiva de las acciones del individuo. Una racionalidad concebida sin marco de referencia social ni cultural alguno en su construcción, tornándose por tanto en universal.

Y sin embargo Polanyi muestra como excepción histórica en la producción y el suministro de bienes materiales de las diversas sociedades el mecanismo de mercado. Reciprocidad, redistribución, y el “principio del hogar” son principios que de manera sustancial han venido empleado las sociedades para regir sus sistemas económicos. En ellos la motivación del lucro queda desterrada antes aún de haberse hecho presente. Diversas instituciones sociales, costumbre, derecho, magia, ética o un principio de reconocimiento social por el trabajo bien realizado, mantenían en pie y unidas a las comunidades y aseguraban el funcionamiento económico, integrando a su vez éste en el conjunto de relaciones sociales de las que eran una mera función.

En aquellos lugares donde con posterioridad al siglo XVI se empiezan a generalizar los mercados la institución resultante nada tiene que ver con el mito posteriormente construido de un mercado autorregulado. Estos mercados son sometidos a fuertes restricciones con el fin de evitar desabastecimientos de bienes básicos o monopolios, y consecuentes alzas sostenidas de precios.

Sin embargo, la idea del mercado autorregulado era útil para una serie de clases sociales emergentes en los inicios del siglo XIX. Resultaba un mecanismo que, en su totalidad o en algunos de sus componentes, contenían beneficios para estas clases emergentes. Debido al poder asimétrico que acaparaban de partida, o debido a su capacidad de trazar alianzas estratégicas con otras clases en determinados momentos circunstanciales, fue cuajando su auge y hegemonía. Resultando para Polanyi un proceso para nada espontáneo y sí producto de un conjunto de procesos forzados y artificiales en los que las posiciones previas de los agentes que promueven y fuerzan el cambio resultan determinantes para su desenlace. 

Para que la maquinaria de la Revolución Industrial se desarrollase era necesario contar con una mano de obra abundante, disponible y fluctuante. Era necesario que la mano de obra, y los que la encarnaban, -una incipiente clase obrera-, quedasen sometidos de manera exclusiva a las leyes del mercado autorregulado. Las medidas de protección social fueron arrinconadas y limitadas, por cosficadoras o alienantes que resultasen. La leyenda de la isla de las cabras y los perros revestía de naturalidad el antinatural proceso, a la luz de lo observado en otras culturas, de abandono a su suerte a pobres y desempleados. Spencer o Malthus se encargaban de dotar de sentido práctico esta “evolución”. El hambre se convertía en el mecanismo que empujaba a los humanos al mercado. Los procesos de cercamientos y expropiaciones habían sentado las bases previas para la existencia de este hambre.

Para que los alimentos fluyeran en abundancia y sus precios disminuyesen era necesario levantar aranceles sobre los granos. Se sometía así a la tierra también a las leyes del mercado autorregulado. Poco importaba que como resultado de estos mecanismos los propietarios y trabajadores del agro fuesen sometidos a una elevada indeterminación respecto de sus propias vidas. Como poco importaba que los cercamientos pasados y los que habían de venir deteriorasen las condiciones objetivas de la tierra, del agua y de los humanos que las poblaban. Entre habitación y mejoramiento se elegía mejoramiento, aunque las consecuencias sociales de dicha elección fuesen dramáticas.  Ahora ya, hombre y naturaleza habían sido sometidos a las leyes del mercado.

El último eslabón necesario para culminar la transformación era el del dinero. El patrón oro constituía el resorte empleado para tal fin. Una equivalencia de cada moneda nacional al sistema del patrón oro arrebataba por completo a las instituciones políticas nacionales cualquier capacidad de decisión sobre sus finanzas. Del mismo modo quedaban conectadas las economías que aceptaban este tránsito a un mercado internacional autorregulado. Las consecuencias últimas para la misma industria de este paso final eran también cada vez más negativas. Pero había surgido una nueva clase que acumulaba poder por encima de las demás, suficiente como para ser capaz de someter al resto de poderes a sus dictados. La haute finance era el gran inspirador y máximo beneficiario de esa paz de los cien años antes señalada.

El patrón oro y las tasas de cambio fluctuantes restaban importancia a la denominación que adquiriese cada moneda o la figura que estuviese representada en el billete. Este sistema institucional había dado a luz una nueva clase con poder más allá de las fronteras nacionales. El poder acumulado por esta nueva clase había sido gestado en un proceso prolongado en el tiempo, no lineal, y que había consistido en una serie de cambios en, para culminar con un cambio de, sistema institucional. El resultado del mismo para amplias capas sociales era claramente degradante. Las consecuencias de la degradación iban más allá del campo de lo material y lo económico formal. La desintegración completa del ambiente cultural de las víctimas era patente.

No obstante el autor sostiene que este proceso nunca resultó perfecto y acabado, conforme se iban dando nuevos pasos en su avance integrantes de otros renglones sociales, que resultaban perjudicados por el cambio, articulaban medidas de defensa para detener dicho avance. Las medidas defensivas son tachadas de intervencionistas para su descalificación por parte de los adalides del cambio, ignorando o soslayando que el mismo proceso de cambio era resultado de un tipo concreto de intervención deliberada y, en ocasiones impuesto por la fuerza, y no la consecuencia de un orden natural y espontáneo. Este intervencionismo creciente va socavando las bases de la confianza en que se sustentaba el conjunto de instituciones que apuntalaban el orden anterior existente, lo cual provoca su declive paulatino. Las tensiones destructivas comienzan a acumularse y conducen a los estados de Europa al clima prebélico que reina en los inicios del siglo XX.

Comienza aquí la tercera parte del libro que el autor titula la “transformación en progreso”. En ella se detiene en detallar los enfrentamientos políticos transcurridos durante el periodo en que sucede la modificación dirigida del orden institucional.  La lucha de los cartistas por conseguir extender el sufragio universal y como las clases que acumulan poder político se enfrentan a este objetivo, hasta que las clases obreras y campesinas han quedado suficientemente diferenciadas en intereses en su seno lo que, en un principio, las convierte en agentes inofensivos para el orden resultante.

También se describe como, tras la Primera Guerra Mundial, a la que atribuye ser el final real del siglo XIX, las condiciones objetivas resultantes propician el auge de movimientos populistas y demagógicos de corte fascista, el cual se extiende por todo occidente, adopta diversas posiciones estratégicas que van del nacionalismo extremo al pacifismo populista. Una economía de mercado que no acababa de funcionar, y a la que en su gestación se habían fiado las instituciones que daban abrigo a la población, unido a las tensiones contrarevolucionarias y el revisionismo nacional que se extiende por toda Europa, contienen el germen de los movimientos fascistas.

En el primer periodo, tras la Gran Guerra, las revueltas obreras, que persiguen un cambio de orden, inspiradas en el socialismo marxista y por el ejemplo soviético, son contestadas  por milicias fascistas que no tienen inconveniente en realizar la tarea sucia de la burguesía y las clases acomodadas. El espejismo económico de los años veinte parece hacer que retorne la calma. Restablecer el patrón oro vuelve a ocupar a los gobernantes y la misma URSS comienza a integrarse en el sistema de mercado de manera progresiva. Tras la crisis del 29, y el abandono en cadena del patrón oro por parte de los diversos estados de Europa, los conflictos vuelven a estar en el centro de las agendas. Reaparece, con mayor fuerza si cabe, el fenómeno del fascismo en respuesta a los descontentos internos y a las tensiones internacionales provocadas por el hundimiento de las instituciones que habían dado sentido y articulado el orden internacional.

Patrón oro, y mercados autorregulados habían quedado disueltos por la crisis. En su caída arrastraban el balance de poder, ya maltrecho tras la paz de Versalles, y a los propios estado liberales. El New Deal, los planes quinquenales de la URSS o la preparación de la guerra en Alemania habían pasado a ocupar el papel que se reservó durante un siglo al Laiseez-Faire. 

En el capítulo final Polanyi reflexiona acerca del tipo de libertad que resultó de este orden institucional transformador que imperó durante el siglo XIX y principios del XX. De las consecuencias que se derivaron de este axioma conceptual. Así como de las lecciones que cabe aprender con el fin de no repetir errores similares en el futuro. Es decir, contiene una dimensión normativa orientadora de la acción.

Autor: Víctor Riesgo Gómez

martes, 12 de marzo de 2013

CONDUCTAS DE HOMO ECONOMICUS ¿AMENAZA PARA LA(S) DIVERSIDAD(ES)? Parte 2


Publicación de Víctor Riesgo Gómez. Estudiante de Grado en Sociología UNED

El presente trabajo debe ser encuadrado en el ámbito académico formativo. Está realizado por un estudiante de tercer curso de Sociología de la Universidad Nacional a Distancia. Su principal finalidad es la de profundizar en la reflexión de uno de los puntos propuestos por el profesor José Antonio Nieto en su obra seminal “Sociodiversidad y sexualidad”, publicado en la editorial “Talasa” y eje central sobre el que articula la asignatura Sociología de la Diversidad.

Del planteamiento realizado por el profesor Nieto, en la obra antes mencionada, en su reorientación conceptual respecto a la antigua sociología de la desviación que él reconvierte en sociodiversidad, se ha escogido desarrollar, en la medida de lo posible, la atención a las explicaciones potenciales de las conductas malsanas para amplias capas sociales consistentes en el afán del lucro desmedido.

El planteamiento que aquí se hace consiste en plantear la hipótesis de que estas conductas, lejos de ser conductas innatas y naturales en los seres humanos, se han convertido, a causa del diseño institucional y cultural resultado del productivismo de inspiración liberal, en las conductas favorecidas y premiadas.

Estas conductas han estado subdimensionadas en la tradicional sociología de la desviación. Con el nuevo enfoque que propone el profesor Nieto se exhorta a su atención. Las explicaciones para este exhorto parecen evidentes. Las consecuencias que se derivan de dichas conductas para sujetos sociales, que no son ni causantes ni beneficiarios de las mismas, se antojan trágicas. El “ajuste” al que son sometidos los sistemas públicos en los países del sur de Europa en el presente, “ajuste” que a su vez han sufrido en sus carnes integrantes de otros pueblos por el mundo en el pasado reciente, es la consecuencia inmediata y de mayor visibilidad. Resultado de este “ajuste” la equidad, la igualdad de oportunidades, o la simple posibilidad de supervivencia en condiciones mínimas de existencia, se ven seriamente amenazadas para numerosos integrantes del sistema social. Se antoja paradójico que los “paganos” rara vez son los “causantes”, con lo cual otra víctima que queda por el camino es el mismo sistema de legitimación de asignación de recursos y responsabilidades, siendo éste uno de los ejes medulares que sustentan cualquier sistema de organización social. El peligro añadido de este derrumbe se deriva de la posibilidad creciente de emergencia y centralidad de otro de los ejes que venga a ocupar el espacio del desaparecido, este es la violencia o la amenaza de ejercerla por parte de aquellos que ostentan la mayor parte del poder. Siendo el último recurso que se emplea desde instancias “superiores” para sujetar pueblos y sociedades donde el descontento y la indignación aumentan de manera proporcional a la percepción de impunidad y centralidad de las conductas sobre las que aquí se pretende poner el acento.

DESARROLLO, EXTENSIÓN Y CRISIS

Existe en Polanyi un tipo de reflexión de gran importancia para lo que se aquí se propone. Para Polanyi las relaciones económicas no pueden ser observadas o concebidas como pertenecientes a una esfera independiente del resto de las relaciones sociales. Ese preferidor racional que toma sus decisiones de manera estratégica y fría no existe más que en algunas mentes. Las consecuencias de esas supuestas decisiones frías y calculadas desbordan esa esfera independiente idealizada y se extienden al resto de aspectos que rodean a individuos y sociedades. 

El autor austriaco aborda una retrospectiva de la evolución, tanto material como ideal, y el cambio que los mitos del liberalismo operan en sociedades enteras durante el tránsito del Antiguo Régimen a la segunda posguerra. Ya no consiste en una simple historia de las ideas, los efectos reales sobre la vida de las personas que padecen estas ideas en evolución constituyen aquí el objeto principal de observación.

Él mismo parte de cuestionar el “paradigma del salvaje trocador” (11) Afirma sin ambages que “la ganancia y el beneficio obtenidos en el intercambio no desempeñaron jamás una parte importante en la economía humana. Aunque la institución del mercado era bastante común desde finales de la edad de piedra, su papel era sólo incidental en la vida económica” (12). Unas páginas adelante afirma que “ La economía humana está sumergida por regla general en las relaciones de los hombres. El hombre no actúa para salvaguardar sus intereses individuales en la posesión de bienes materiales, sino para salvaguardar su posición social, sus derechos sociales, sus activos sociales. (13)

Tenemos que esta supuesta autonomía, de los valores morales en un principio, y de toda inferencia ajena del poder político, sea como sea éste construido, sobre la que se basan los principios del liberalismo clásico y neo clásico, no es más que el resultado de una visión determinada del mundo social y de la naturaleza humana. No constituyen por tanto axiomas externos sobre los que el observador atento toma nota y se limita a constatar. Son más principios normativos que descriptivos. En este punto Giner también coincide. (14)

Lo cierto es que en el altar de estos nuevos dioses fue sacrificado un sin fin de instituciones que proporcionaban bienestar y seguridad a buena parte de las comunidades europeas del siglo XIX. Polanyi nos relata como el proceso de los cercamientos de tierras comunales, la derogación de la Ley de Pobres, la creación de un “mercado de trabajo libre”, y las diversas reformas sociales que se fueron haciendo en Inglaterra acabaron arrojando un resultado altamente desalentador. Comerciantes, industriales y grandes agricultores incrementaron sus ganancias y riquezas de manera exponencial.  A cambio la sociedad había quedado completamente desarticulada. Los campesinos asentados del XVII habían quedado transformados en trabajadores migrantes sin recursos, expuestos a acabar en “hospicios”, ellos o sus hijos, si no podían acreditar sus vías de ingresos. Las consecuencias del Capitalismo Manchesteriano quedaban fielmente retratadas en las obras de autores como Dickens, entre otros.
Ante la aparente paradoja consistente en la comprobación de que los niveles económicos habían aumentado en general e incluso que se había experimentado un incremento de la población de un lado, y por otro, las condiciones de vida de la población habían experimentado un retroceso sustancial Polanyi señala: En realidad una calamidad social es fundamentalmente un fenómeno cultural, no un fenómeno económico que pueda medirse por las cifras de ingreso o las estadísticas de población.(...) La causa de la degradación no es entonces la explotación económica, como suele suponerse, sino la desintegración del ambiente cultural de la víctima(...) el daño letal causado a las instituciones donde está incorporada su existencia social. (15)

En el aquelarre de valores e instituciones hasta ahora descrito que tuvo lugar en el tránsito del Antiguo Régimen a los finales del XIX son fulminados los pilares sobre los que se construía la convivencia, sin llegar a proveer otros dotados de consistencia suficiente como para reemplazar a los antiguos. La posibilidad de incrementar las ganancias comerciando en un mercado autorregulado realmente estaba al alcance de muy pocos. Para la mayoría las condiciones materiales de la existencia habían evolucionado a gran velocidad de una cierta seguridad material a una dura y continua inseguridad. El único bien del que estaban provistos era su propia piel. Esto provocó un derrumbe completo de la legitimidad de las instituciones políticas, sociales, religiosas o económicas. Es en este tiempo donde aparecen y cobran especial sentido conceptos como la anomia de Durkheim o la alienación de Marx. 

Para el autor austriaco las sociedades tienden a protegerse de las agresiones. La imposición continua, por la fuerza cuando fue preciso, de las tesis liberales, junto al derrumbe empírico de sus construcciones e instituciones a finales del XIX, condujeron de manera inevitable a un tiempo de agitación que comprende la Primera Guerra Mundial, la crisis del 29, los totalitarismos de entreguerras y al desenlace final en la Segunda Guerra Mundial. Estos procesos fueron resultado de las luchas en el seno de las sociedades europeas y norteamericana entre los que se veían beneficiados por el mito del mercado autorregulado y aquellos que deseaban ser protegidos por parte de los estados, -entendiendo estos como el lugar en donde se negocian y gestionan los intereses colectivos, de los efectos indeseables cosechados en su desarrollo.

Aunque buena parte de los principios del liberalismo siguieron vigentes tras la Segunda Guerra Mundial, el sistema social y el poder político triunfante de aquel evento tomaron nota y pusieron férreas restricciones a los mercados autorregulados. En un principio y al menos en parte algunos aspectos fueron regidos por principios ajenos al mercado. Entramos así en lo que algunos han venido a denominar el “capitalismo embridado”

Publicación de Víctor Riesgo Gómez. Estudiante de Grado en Sociología UNED