martes, 2 de abril de 2013

Polanyi, La Gran Transformación. Cambio social Parte 2


Autor: Víctor Riesgo Gómez

El texto que es presentado a continuación ha sido realizado en el marco universitario y ha sido realizado por un alumno de la UNED. Se encuadra en la asignatura Cambio Social I de dicha universidad. Es intención del autor comprobar en qué medida la exposición y tesis que presentó en su momento Karl Polanyi puede ser observada mediante el enfoque proporcionado por las diversas teorías del Cambio Social y a cuál de ella o de ellas resulta más cercano.

También resulta sorprendente, y en cierto modo alarmante, la vigencia que cobran en el presente los análisis y la evolución de los hechos que presenta Polanyi. Los tipos de encrucijadas que han de afrontar las sociedades europeas y norteamericanas del siglo XIX y principios del XX se asemejan en gran medida a las actuales. Las decisiones y los intereses de los agentes en permanente “conflicto negociado” que interactúan en el campo sociocultural les acaba conduciendo a situaciones poco deseadas por la gran mayoría. De cómo se desarrollan estos procesos, de por qué desembocan en lo que desembocan y de quiénes son los agentes que actúan y en base a qué interese lo hacen es de lo que trata este trabajo. Estas fuerzas interactuando son las que, en resumidas cuentas, desarrollan diversos cambios sociales llenos de ambivalencias.

Conceptos

Desde el enfoque analítico del cambio social el primer concepto con el que tropezamos antes aún de abrir el libro es el de transformación. La transformación que él vislumbra es una profunda modificación del orden institucional, -las estructuras que moldean a las sociedades y determinan las acciones de los integrantes- acaecida de manera intencional por parte de agentes específicos con el objetivo final de condicionar y limitar las dinámicas que contienen dichas sociedades.

Esta transformación es un conjunto de procesos complejos. Es intencional y dirigida desde arriba. Esto resulta importante, pues supone contradecir con hechos históricos y datos concretos a quienes sostienen que el cambio hacia la mercantilización de todos los ámbitos de la vida social es un resultado natural inmanente a la naturaleza del ser humano.

Del mismo modo la transformación que describe nos es presentada como direccional. En un principio, al menos, aquellos que presionan para provocar el cambio pretenden que sea irreversible y la muestran como un estadio superior de la sociedad. Es por tanto vista por los agentes promotores del cambio como un proceso de progreso social.

Polanyi por el contrario cuestiona que este proceso albergue progreso. O más bien duda de las consecuencias últimas de un progreso material, el cual parece menos discutible. En varios capítulos propone una contradicción entre dos conceptos: mejoramiento contra habitación. Ese mejoramiento material, cuantificable y objetivable, es opuesto así a la idea de habitación en un sentido amplio. Con ello se refiere al hecho de que las condiciones de vida de los humanos no sólo están mediadas y determinadas por las condiciones materiales. La habitación representa aquí al lugar donde habitan los humanos y al conjunto de relaciones sociales que establecen entre sí y que les proveen de cobijo.

Buena parte de los conceptos que emplea el autor provienen del campo de la economía; mercado autorregulado, como ente producto de relaciones entre humanos y que fija los precios de las mercancías en función de la oferta y demanda de las mismas. Entre estas mercancías quedan subsumidas “mercancías ficticias”, como son el trabajo humano, la naturaleza y el dinero. He aquí un cambio sustancial con respecto a otros tiempos en los que estos conceptos no quedaban sujetos a leyes de mercado. El motivo principal de que esto no hubiese sucedido en el pasado según Polanyi tiene que ver con el hecho de que estas tres “mercancías ficticias” se diferenciaban principalmente de las mercancías reales en que no habían sido producidas para ser intercambiadas. 

En este plano resulta interesante destacar la tipología que establece de principios de comportamiento humano orientados a la satisfacción de las necesidades materiales básicas que contiene cualquier organización social existente a lo largo de la historia. Frente al dominio exclusivo y preponderante del principio del mercado, organizado entorno al intercambio con miras puesta en la ganancia, opone los principios de reciprocidad, redistribución y el principio del hogar o producción orientada al consumo propio en el núcleo formado por familias extensas. Estos principios de comportamiento humano no surgen de la nada, son el resultado del registro producido por múltiples antropólogos a lo largo de diversos lugares del globo, o de la observación de la historia de los imperios y civilizaciones precedentes en el tiempo. 

Para Polanyi estos principios de comportamiento cumplen la función de orientar la producción y la distribución de bienes materiales necesarios para el sustento, si bien  los mismos permanecen insertos en un conjunto de relaciones sociales más amplio que el específico de la economía formal de mercado, y necesitan de un universo de patrones institucionales más extenso para desarrollarse de manera satisfactoria. Es la organización social completa la que se sirve de ellos, en lugar de ser principios articuladores de relaciones sociales, como se pretende que sea el resultado de la transformación a una sociedad de mercado, en la que el mercado autorregulado organiza y articula al resto de relaciones sociales.

Interés clasista. El autor identifica, como una de las claves fundamentales para explicar el cambio social, el interés de las clases en su acción, transformadora o conservadora. Cualquiera que sea la fuente o el medio del cambio, son los agentes que desarrollan acciones estratégicas o defensivas los que, finalmente, operan para que éste llegue a su fin, si bien en el largo plazo, los intereses exclusivos de clase no sirven para explicar por qué el cambio llegó a su fin. Determinadas clases ponen en marcha los procesos, pero su éxito final depende de la interrelación con las demás clases que entran en juego, de las condiciones objetivas materiales y el grado en qué estas propician o no su éxito. Para Polanyi también, y esto resulta fundamental en su planteamiento, las motivaciones económicas no son las principales para orientar el comportamiento. Estas tienen importancia en un primer momento, una vez alcanzado determinado umbral de satisfacción, son motivaciones sociales las que orientan la acción. La posición social, el rango, el estatus, la percepción subjetiva de seguridad o el grado de poder acumulado son más determinantes en la construcción de motivaciones que las meras inspiraciones materiales, las cuales, como mucho, constituyen una representación objetiva de las anteriores.

Autor: Víctor Riesgo Gómez