miércoles, 10 de abril de 2013

Resúmenes Cambio Social I Parte 8


En la asignatura de Cambio Social I del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, algunos compañeros realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria Sociología del cambio social de Piotr Sztompka. Derechos reservados, sus autores.

Capítulo 1 Conceptos fundamentales en el estudio del cambio social. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 2 Vicisitudes de la idea de progreso. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 3 La dimensión temporal de la sociedad: El tiempo social. Víctor Riesgo // Capítulo 4 Modalidades de tradición histórica. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 5 La modernidad y más allá. Víctor Riesgo // Capítulo 6 La globalización de la sociedad humana. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 7 El evolucionismo clásico – Julia Ortega Trovar  // Capítulo 8 El neoevolucionismo - Julia Ortega Trovar // Capítulo 9 Teorías viejas y nuevas de la modernización – Andrea Fuente Fernández // Capítulo 10 Las teorías de los ciclos históricosBlas García Ruiz // Capítulo 11 El materialismo histórico - Blas García Ruiz  //Capítulo 12 Contra el desarrollismo, la crítica moderna Julio Monteagudo Diz // Capítulo 13 La historia como producto humanoGalaaz Vaamonde (9 octubre) // Capítulo 14 La nueva Sociología histórica - Galaaz Vaamonde // Capítulo 15 El devenir socialJesús Sánchez Azañedo // Capítulo 16 Las ideas como fuerzas históricas - Carlos Catalán Serrano // Capítulo 17 El surgimiento de lo normativo – María Purificación Moreno Moreno // Capítulo 18 Los grandes individuos como agentes de cambio social - María Purificación M. Moreno  

Las funciones del tiempo social

Hay algunas funciones universales a las que sirve el tiempo en todas las sociedades. Hay también importantes diferencias históricas entre las primeras sociedades tradicionales y las modernas sociedades industriales respecto al papel del tiempo. Wilbert Moore (1963a) ha sugerido una triple función que tiene que ver con tres aspectos universales de la vida social: la sincronización de acciones simultáneas, el secuenciamiento de las acciones posteriores, la determinación de la tasa de acciones dentro de una unidad temporal. Desde este punto de partida podemos desarrollar una tipología más amplia.

1 El primer requisito de la vida social satisfecho por los sistemas comunes de cuantificar el tiempo es la sincronización de las actividades. Una gran parte de la vida social de toda sociedad es ocupada por la acción colectiva, por cosas hechas a consuno por un gran número de gente. Para que se dé la acción colectiva, la gente ha de encontrarse en el mismo sitio al mismo tiempo. Incluso si su presencia física no es necesaria, han de acometer determinadas acciones al mismo tiempo.

2 El siguiente requisito universal es la coordinación. Las acciones individuales no acontecen en el vacío. Gran número de ellas están relacionadas, conducen a la creación de un bien común, o se suman a la creación de un producto común. La división del trabajo es el ejemplo más claro de esto. Los esfuerzos individuales, para que sean instrumentales respecto a la tarea común han de ocurrir al mismo tiempo, o en alguna distancia especificada en el tiempo o en series temporales.

3 Un requisito más es la “secuenciación”. Los procesos sociales se producen por fases, los sucesos se suceden unos a otros en secuencias específicas, hay una lógica necesaria, inherente, a la mayoría de los procesos. Hay muchas acciones que sólo tienen sentido si encajan en un momento determinado en el proceso. No pueden ser hechos antes o después de su tiempo justo. Quizás el mejor modelo de esta situación nos lo proporciona la cadena de montaje de una fábrica, pero la situación es mucho más universal.

4 Otro requisito es la actualidad. Algunas actividades sólo pueden emprenderse si determinadas oportunidades o recursos están disponibles, y pueden no estar disponibles a todas horas.

5 El siguiente requisito a consignar es la medida. La duración de las diversas actividades puede tener una importancia social decisiva, por ejemplo determinar la duración de un esfuerzo que se prevé realizar, la excelencia en la ejecución, el coste de los servicios... Sin medidas comunes, aceptadas, no puede hacerse determinación alguna de tal tipo.  

6 El requisito último es la diferenciación. Es importante romper con la monotonía de la rutina vital intercalando diversos períodos con actividades variadas. Todas las diversiones extraordinarias frente al trabajo y las preocupaciones mundanas son apreciadas por la gente en todas las sociedades, y una de las funciones del tiempo es demarcar y reservar momentos adecuados para ellas.

La significación de todas estas funciones cambia con la complejidad de las sociedades humanas, sus instituciones y organizaciones, las tareas y los desafíos a los que se enfrentan su miembros. En una sociedad primitiva, el tiempo es el producto que emerge de actividades rítmicas, de modelos repetitivos de acciones, de los ciclos de las estaciones, del ciclo de la vida, de observancias mágicas o religiosas. La gente toma una cierta conciencia del tiempo per se, pero es secundaria, derivada de las apremiantes tareas de la existencia cotidiana.   Como ha dicho Barbara Adam, el tiempo es una especie de variable secundaria, dependiente, en las vida de las primeras sociedades. Satisface exclusivamente funciones instrumentales.

Si tomamos el extremo opuesto, el de una sociedad moderna, industrial, la situación se invierte. El tiempo deviene el regulador central, el coordinador, el organizador de las actividades humanas. Debido a esto, adquiere una cualidad mistificada de autonomía. Ya no es una herramienta o un instrumento, sino un valor en sí mismo. Se convierte en una variable independiente, un factor primario determinante de la vida social. El tiempo toma la forma de un recurso que puede gastarse, ahorrarse, repartirse, o incluso na mercancía que puede venderse o cambiarse. Este fenómeno de reificación y autonomización de algunas cualidades emergentes de la vida social, que empiezan a vivir una realidad separada y a constreñir y oprimir a sus propios creadores, a los individuos humanos, es un rasgo más amplio de la modernidad, y no está limitado al dominio del tiempo. 

Principales tradiciones teóricas en el estudio del tiempo

La sociología clásica del tiempo es mérito de Emile Durkheim (1915) y de los miembros de su “Escuela Francesa”, Marcel Mauss, Henry Hubert, Maurice Halbwachs, Marcel Granet (cf. Banaszczyk 1989) Durkheim introdujo tres nuevos acentos, que definen su enfoque distintivo del tiempo y que fueron heredados por la sociología posterior: la perspectiva sociológica, la perspectiva relacional y la perspectiva relativista.

Las nociones de sentido común del tiempo lo habían considerado como una especie de medio difuso, natural, que abarca todas las experiencias humanas. Durkheim dio un paso más, trasladando el problema del tiempo al dominio de lo social. Para él el tiempo es el “factor social”, o la “representación colectiva”: el reflejo o la emanación compartida de las experiencias colectivas y de la organización social de una comunidad o sociedad. Como tal es construido socialmente. Al igual que otros “hechos sociales” construidos socialmente, el tiempo se aparece a la gente como algo externo, algo que se encuentra, y que ejerce una fuerza constrictiva sobre sus acciones. Proporciona la regulación normativa de la vida social, y en este sentido retroalimenta a la sociedad de la que ha emanado. Moldea a sus propios creadores. Durkheim aprehende la dialéctica del tiempo: el tiempo expresa el ritmo de las actividades cotidianas, pero también, reflexivamente, regula tales actividades.

El carácter social del tiempo implica que no es una sustancia, sino un conjunto de relaciones que ordenan los acontecimientos sociales en un modelo secuencial o rítmico.

Los orígenes sociales del tiempo implican que puede tomar formas distintas en las diversas sociedades de las que emana. Se le tiene por relativo a los distintos fundamentos existenciales que surgen de diferentes culturas, o en diferentes épocas. Por tanto el tiempo es histórica y culturalmente relativo.

Los durkheimianos posteriores extendieron tal relativismo no sólo a la comparación entre sociedades sino también a la constitución interna de tales sociedades, a las partes que la componen. Afirmaron que se habían encontrado que las diversas colectividades proporcionaban esquemas temporales específicos a sus participantes; cada tipo de actividad humana era contemplada como dirigida por una matriz temporal distinta. También se afirmaba que había grupos o categorías sociales que estaban en cierta medida aislados del impacto generalizado del tiempo. Este relativismo extremo también valía con respecto a los ritmos reales, objetivos, de la vida social, a la conciencia subjetiva y a la percepción del tiempo y a las regulaciones culturales, normativas de los aspectos temporales de la sociedad.

Otra importante contribución a la teoría del tiempo procede de Pitirim Sorokin y de Robert K. Merton. En su famosos artículo (1937) analizan lo que denominan el “tiempo sociocultural”, y lo conectan incluso de forma más íntima con la problemática del cambio social.  El énfasis radica en la naturaleza relativista y cualitativa del tiempo. No es nunca una escala cuantitativa neutral para medir los cambios, sino que por el contrario está dotado de un rico contenido, y fluye de forma distinta en las diferentes sociedades. “Los sistemas del tiempo varían con la estructura social” (p615) Esto es debido al hecho de que los puntos de referencia para la cuantificación del tiempo son escogidos entre acontecimientos socialmente relevantes, y su significación depende de distintos estilos de vida, y de los problemas dominantes en distintas comunidades y sociedades. En consecuencia las fechas tienen significado cultural, y no sólo de calendario, para las sociedades concretas; los períodos, incluso los que son nominalmente iguales, pasan con diferente velocidad dependiendo de la cultura concreta. El flujo del tiempo no es neutral, suave o uniforme; hay marcados acelerones y vacíos. Sorokin y Merton consideran el tiempo social como un prerrequisito funcional de una vida social ordenada, predecible, coordinada y sincronizada. Al ser de origen social y estar dotado de contenido cultural, retroalimenta a la sociedad, aumentando y enriqueciendo sus ritmos vitales característicos.

Una importante contribución, que enfatiza la tremenda heterogeneidad del tiempo social cualitativo, procede de Georges Gurvitch (1964) Presenta una tipología de ocho categorías de tiempo que pueden encontrarse en la sociedad moderna. Cada sociedad está caracterizada por una configuración particular de los tiempos sociales, y la elección del tiempo deviene un aspecto importante de la identidad del grupo, y en consecuencia de la competición y las luchas entre grupos.

Una “sociología del tiempo” de orientación empírica ha sido desarrollada por Eviatar Zerubavel (1981) Él cree que el “orden sociotemporal” es un principio fundamental y universal de la vida social. Se manifiesta en el nivel subjetivo y en el objetivo. La sociedad produce “estructuras temporales de referencia” objetivas, compartidas para su funcionamiento, y la gente desarrolla “orientaciones temporales normalizadas” que son indispensables para orientarse en la vida social de su sociedad. Todo acontecimiento o cambio social tiene su propio “perfil temporal”, una combinación de cuatro características temporales: 1 estructura secuencial, 2 la duración, 3 la localización en secuencias más amplias 4 la repetitividad o unicidad.

En la sociedad moderna hay una importante distinción que separa el tiempo público del privado. A medida que el tiempo deviene en mercancía la gente vende parte de su tiempo privado, convirtiéndolo en tiempo de trabajo. (Zerubavel 1990: 171) Este tiempo es regulado por rígidos horarios de trabajo. “ Por cuanto esta época deviene burocrática, el tiempo de la persona moderna está rígidamente segmentado en partes durante las cuales se supone que es accesible en su papel ocupacional, y en otras se supone que no lo es” (Zerubavel 1990: 172) Esto es un reelaboración reciente del enfoque anterior, tradicional, de investigación de la sociología del tiempo, esto es, del estudio de los “presupuestos del tiempo” (Szalai 1972)