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lunes, 21 de octubre de 2013

Resúmenes Cambio Social II Parte 9


En la asignatura de Cambio Social II del segundo cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, algunos compañeros realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria de la asignatura. Derechos reservados, sus autores.

1- Los movimientos sociales como fuerzas de cambio “Sociología del cambio social” de Sztompka, capítulo 19, pp. 303 a 330. Tomás Javier Prieto González // “Las revoluciones: la cumbre del cambio social” de Sztompka, capítulo 20, pp. 331 a 350. Tomás Javier Prieto González 2- Los movimientos sociales: principales teorías Perspectivas teóricas y aproximaciones metodológicas al estudio de la participación (Funes/Monferrer, en Funes/Adell, capítulo 1, pp 21 a 58) // Tomás Javier Prieto González // El estudio del contexto político a través de la protesta colectiva. Participación y democracia (Adell, en Funes/Adell, capítulo 3, pp 77 a 108). // Julia Ortega Tovar Participación y democracia: Asociaciones y poder local (Brugué/Font en Funes/Adell, capítulo 4, pp 109 a 132). Julia Ortega Tovar 3- Los nuevos movimientos sociales en el contexto histórico y de la mundialización Génesis y desarrollo de los movimientos sociales desde una perspectiva histórica. El movimiento obrero (Pastor, en Funes/Adell, capítulo 2, pp 59 a 76). Tomás Javier Prieto González // La dimensión individual en la acción colectiva (Funes, en Funes/Adell, capítulo 8, pp 225 a 254). José Antonio Puig Camps // Los movimientos antiglobalización (Ibarra/Martí, en Funes/Adell, capítulo 10, pp 285). José Antonio Puig Camps 4- Estudios de caso y campañas Dimensión simbólica y cultural del movimiento feminista (Robles/de Miguel, en Funes/Adell, capítulo 5, pp 133 a 162). Víctor Riesgo Gómez // Identidad colectiva y movimiento gay (Monferrer, en Funes/Adell, capítulo 6, pp 163 a 190) //  Javier Hermoso Ruiz Organización y estructura del movimiento ecologista (Jiménez, en Funes/Adell, capítulo 7, pp 191 a 224). Blas García Ruiz

 Principales teorías de la revolución


Cuatro escuelas principales en la teoría de la revolución; conductista, psicológica, estructural y política:

1.    La primera teoría moderna de la revolución fue propuesta en 1925 por Pitrim Sorokin. Basada en la experiencia de la revolución rusa de 1917, en la que participó y jugó un cierto papel político. Es un ejemplo conductista puesto que se centra en la “perversión revolucionaria del comportamiento de los individuos” y busca las causas de tal perversión en el dominio de las necesidades o instintos humanos básicos. La revolución está marcada por cambios fundamentales en el comportamiento humano típico. Sorokin traza y documenta tales cambios en tres áreas: “La transformación de las reacciones de habla”, “la perversión de las reacciones laborales”, “la perversión de las relaciones sexuales”, “la perversión de las reacciones laborales”, “la perversión de las reacciones de autoridad y subordinación” y “la perversión de las formas de conducta religiosa, ética, estética y otras formas de conducta adquirida”.
Este autor plantea la pregunta teórica crucial: “¿Por qué?” y adelanta dos hipótesis causales principales:
La primea se refiere a las fuerzas motrices que hay tras las masas revolucionarias. “La causa inmediata de la revolución es siempre el crecimiento de la “represión” de los instintos principales de la mayoría de la sociedad y la imposibilidad de obtener para esos instintos el mínimo necesario de satisfacción”.
La segunda se refiere a la reacción de la elites de poder establecidas. “También es necesario que aquellos grupos que defienden el orden existente carezcan de medios para suprimir las intentonas subversivas”. De otra forma, si poseen suficiente poder coactivo, las revoluciones terminarán como mucho en disturbios aplastados.
Dos hipótesis especifican las condiciones necesarias para la revolución y juntas definen la condición suficiente. Si ambas condiciones (presión desde abajo y debilidad arriba) coinciden, entonces la revolución se hace inevitable. Las revoluciones no reparan los problemas de los instintos suprimidos, el caos posrrevolucionario incrementa la dificultad de satisfacer las necesidades básicas. La gente comienza a implorar orden y estabilidad. Al mismo tiempo el fervor revolucionario se agota y el “depósito de energías de reserva del organismo humano” es limitado. Es probable que se inicie una contrarrevolución, y tendría muchas posibilidades de victoria. Llega el día de los déspotas y los tiranos. Tal es la irónica conclusión de todas las revoluciones.
2.    Las teorías psicológicas abandonan el reino de los reflejos de comportamiento o de los instintos básicos y se trasladan al reino más complejo de las orientaciones motivacionales y de la actitud. Tales teorías están más próximas al sentido común. James Favies y Ted Gurr y su “teoría de la privación relativa”: las revoluciones son causadas por un doloroso síndrome mental que se extiende entre la población, agravado porque afecta a mucha gente y que motiva una lucha colectiva para aliviarlo. “La miseria alimenta la revuelta”; la miseria de la que la gente es consciente y que define como injusticia empuja a la gente a la rebelión.
En la formulación de Ted Gurr se refiere a la discrepancia percibida entre las expectativas y capacidades de valor. El punto crucial es que la gente siente que tienen derecho a determinados niveles de satisfacción, Solamente nace la privación relativa cuando comienzan a cuestionar las condiciones existentes, cuando empiezan a definir lo que en justicia deberían tener y a percibir la diferencia entre lo que deberían tener y lo que tienen. El tema de la privación más el tema de la injusticia, se hace dominante en la conciencia social del período inmediatamente precedente a la revolución. ¿Cómo se produce este síndrome mental? ¿Cuál es su  etiología? Si se aduce la dimensión temporal, pueden distinguirse tres desarrollos históricos que conducen a la emergencia de una aguda privación relativa que alcanza el nivel revolucionario:
La primera ruta es la privación aspiracional: la curva de logros permanece más o menos constante, pero en un momento dado la curva de las aspiraciones justificadas se eleva de forma considerable, Esto ocurre porque un influjo de nuevas ideologías establece patrones nuevos de lo que la gente merece y debe esperar justificadamente. Aunque no cambie nada en lo relativo a las condiciones reales de vida, los niveles esperados son elevados y este cambio, que es de tipo exclusivamente psicológico, hace insoportable la privación.
La segunda es la privación decreciente: las aspiraciones permanecen más o menos constantes, pero súbitamente hay una caída en las niveles de vida alcanzables de forma realista. Esto puede acontecer por una crisis económica o fiscal, un declive en la eficiencia del estado al proporcionar seguridad pública, el estrechamiento de las oportunidades políticas para la participación acompañado de un giro en dirección a un régimen dictatorial o autoritario. La diferencia entre lo que la gente considera su derecho y lo que en realidad tiene se vuelve insoportable. La “revolución de los beneficios evaporados”, como podría denominarse a este caso, es quizás más común en la historia que la “revolución de las expectativas crecientes”.
El tercer caso, conocido como “privación progresiva”, analizado por james Davies y se representa por la llamada curva J. Combina los mecanismos mostrados por los dos casos anteriores. Las aspiraciones y los logros suben en paralelo durante un tiempo considerable, marcando una época de prosperidad y progreso en las condiciones reales de vida acompañada de una expansión conexa de las esperanzas y lso sueños acerca del futuro, A continuación las curvas se separan súbitamente, las aspiraciones continúan creciendo mientras que los logros reales quedan bloqueados o incluso remiten. Esto produce una distancia cada vez mayor, insoportable. La “revolución del progreso frustrado” como se la podía llamar, no tarda en acontecer. Como explica Davies.
De todas las teorías de la revolución, la teoría de la privación relativa es la que genera mayor número de hipótesis comprobables. La principal acusación lanzada contra la teoría de la privación relativa son sus prejuicios psicológicos y su menosprecio por las variables estructurales.
3.    Las teorías alternativas de la revolución centran su atención en el nivel macroestructural, con menosprecio por los factores psicológicos. Para las llamadas “teorías estructurales” las revoluciones son resultado de tensiones estructurales, y primordialmente de la configuración específica de las relaciones entre los ciudadanos y el estado. Las causas de las revoluciones han de buscarse en el nivel específicamente social, en el contexto de las relaciones de clase y de grupo (nacional e internacional) en lugar de en las cabezas de los ciudadanos, en sus mentalidades o en sus actitudes. Theda Skockpol, reclama una “perspectiva estructural, que enfatice las relaciones objetivas y los conflictos entre grupos y naciones diversamente situados, en logar de los intereses, perspectivas o ideologías de actores particulares en las revoluciones”. Skockpol compara las Revoluciones francesa, rusa y china, y nos proporciona una descripción estructural general de sus causas así como de sus cursos y resultados. Siguen un modelo de tres estadios:
·                 Se producen rupturas y crisis políticas y económicas dentro del antiguo régimen, transformaciones sociales revolucionarias promovidas por revueltas desde abajo.
·                 La crisis del régimen abre oportunidades a la revuelta de masas de los campesinos y/o de los trabajadores urbanos. La quiebra del antiguo régimen es una condición necesaria pero no suficiente para la revolución. Pero tan sólo pueden acontecer a condición de una ruptura política anterior.
·                 El tema principal de la revolución en el tercer estadio también es político: se trata de la reconsolidación, reorganización y reintegración del estado y la administración por la nueva elite política llegada al poder tras el éxito en la expulsión del antiguo régimen.

La teoría estructural de nuevo es acusada de unilateralidad y de olvidar los aspectos psicológicos, individuales. Olvidando por completo los complejos procesos que se dan entremedias, cuando las masas de gente movilizada y organizada pos los líderes dirigen realmente la revolución. Las condiciones estructurales no dictan en absoluto lo que hacen los seres humanos: tan sólo ponen algunos límites a la acción humana o definen un cierto marco de posibilidades.
4.    Las teorías políticas consideran a las revoluciones como fenómenos inherentemente políticos que surgen de procesos que acontecen exclusivamente en el domino político. Son vistas como el resultado de “equilibrio de poder en cambio y de luchas por la hegemonía entre contendientes por el poder del estado”. Tilly considera que las revoluciones no son fenómenos extraordinarios, excepcionales, ni desviaciones; todo lo contrario, son variaciones del proceso político normal en el que diversos grupos intentan realizar sus fines ganando poder. Las revoluciones son las formas extremas de contienda por el control político. Se producen solamente cuando los contendientes son capaces de movilizar los masivos recursos necesarios para arrebatar el poder al antiguo régimen. El “modelo político” se trata de un conjunto de componentes interrelacionados que incluyen entre otros: “el gobierno: una organización que controla la principal concentración de medios de coacción de la población. El contendiente: cualquier grupo que, durante un período de tiempo determinado, aplique recursos acumulados para influir al gobierno. Un miembro es un contendiente que tiene acceso rutinario, a bajo coste, a los recursos controlados por el gobierno. Un pretendiente es cualquier otro contendiente.

Por movilización entiende Tilly un incremento en los recursos bajo el control colectivo de los pretendientes o un incremento en el grado de control colectivo. La movilización es un prerrequisito de la acción colectiva que se distingue por precondiciones particulares y por fines particulares. El rasgo más importante de la situación revolucionaria es la “soberanía múltiple” o la “multiplicación de gobiernos”. Aquí la población es confrontada con al menos dos centros de poder con demandas incompatibles: el primer gobierno y el gobierno contendiente. Hay cuatro variantes posibles de esta situación:

1.    La conquista, cuando un estado soberano intenta someter a otro estado soberano.
2.    Cuando un estado subordinado afirma su soberanía.
3.    Cuando los pretendientes movilizan y adquieren control sobre partes del aparato del estado.
4.    Cuando el gobierno está fragmentado en dos o más bloques, cada uno de los cuales adquiere una poder parcial sobre el estado.

La revolución se produce cuando una proporción suficiente de los ciudadanos transfiere su apoyo y su lealtad a un centro de poder alternativo, La revolución triunfa cuando la transferencia de poder se hace realmente efectiva, y un conjunto de titulares del poder es reemplazado por otro. Se han ofrecido diversa hipótesis acerca de las causas de las revoluciones. Puede ordenarse en dos grupos: las causas de las situaciones revolucionarias, y alas causas de los resultados revolucionarios. La soberanía múltiple, el punto esencial de la situación revolucionaria, aparece cuando:

1.    Aparecen pretendientes suficientemente visibles que pretenden controlar el gobierno. En este estadio juegan un papel particularmente importante los líderes carismáticos y los intelectuales.
2.    Adquieren apoyo, tanto verbal como a través de acciones y del compromiso de recursos, por parte de un segmento significativo de la población. Esto ocurre tanto cuando el gobierno es incapaz de satisfacer las demandas habituales de la población como cuando éste incrementa sus demandas sobre la población.
3.    El gobierno es incapaz o no desea suprimir a los pretendientes. Un acaso típico es la implicación en una guerra externa, otra es la presión internacional para que renuncien a formas extremas de violencia contra los pretendientes, incluso si éstas están disponibles.

La medida de la transferencia de poder, el punto esencial de los resultados revolucionarios, depende de:

1.    El tamaño y la solidez de la brecha entre titulares del poder y pretendientes. Cuando la brecha toma la forma de una alternativa simple, mutuamente excluyente, precisa de un compromiso expreso de la población con una parte u otra y evita la cooptación de los anteriores titulares del poder por parte del gobierno posrrevolucionario. La transferencia es por tanto completa.
2.    El alcance de las coaliciones entre miembros del gobierno y pretendientes, antes y durante la revolución, cuantas menos haya más completa será la transferencia posrrevolucionaria del poder. Sin ellas la revolución puede fracasar y entonces no habrá transferencia en absoluto.
3.    El control de los medios de violencia por los pretendientes. Para vencer, los revolucionarios han de obtener recursos de coacción: armas y apoyo de algún segmento de la policía y del ejército. Por esta razón, la lealtad del ejército es un factor crucial en muchas revoluciones, y muchas revoluciones triunfan cuando el ejército cambia de lado y se une a los pretendientes.

Tilly sugiere una “secuencia revolucionaria idealizada” típica, que constaría de siete estadios:

1.    Se produce la emergencia gradual de pretendientes y la articulación.
2.    Sigue una movilización de los seguidores que aceptan esas pretensiones.
3.    Los intentos del gobierno de reprimir y forzar la desmovilización fracasan.
4.    Los pretendientes y sus coaliciones consiguen establecer un control parcial sobre algún segmento del estado.
5.    Luchan por expandir tal control.
6.    Los pretendientes ganan, son derrotados o son cooptados al entrar en una coalición gobernante con los anteriores titulares de poder.
7.    El gobierno singular, soberano, sobre la población es restablecido.

Una de las debilidades de la teoría ofrecida por Tilly es su falta de concreción. No nos dice porqué algunos gobiernos son capaces de cooptar, compensar, amenazar y apaciguar a pretendientes potenciales, incorporándolos al proceso político rutinario, institucionalizado, mientras que otros son incapaces de hacerlo, y han de encarar la arremetida de una situación revolucionaria. No es capaz de explicar por qué en algunos casos el ejército se mantiene leal, mientras que en otros se pasa al lado revolucionario, decidiendo de esta manera el resultado de la revolución.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Resúmenes Cambio Social I Parte 27


En la asignatura de Cambio Social I del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, algunos compañeros realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria Sociología del cambio social de Piotr Sztompka. Derechos reservados, sus autores.

Capítulo 1 Conceptos fundamentales en el estudio del cambio social. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 2 Vicisitudes de la idea de progreso. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 3 La dimensión temporal de la sociedad: El tiempo social. Víctor Riesgo // Capítulo 4 Modalidades de tradición histórica. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 5 La modernidad y más allá. Víctor Riesgo // Capítulo 6 La globalización de la sociedad humana. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 7 El evolucionismo clásico – Julia Ortega Trovar  // Capítulo 8 El neoevolucionismo - Julia Ortega Trovar // Capítulo 9 Teorías viejas y nuevas de la modernización – Andrea Fuente Fernández // Capítulo 10 Las teorías de los ciclos históricosBlas García Ruiz // Capítulo 11 El materialismo histórico - Blas García Ruiz  //Capítulo 12 Contra el desarrollismo, la crítica moderna Julio Monteagudo Diz // Capítulo 13 La historia como producto humanoGalaaz Vaamonde (9 octubre) // Capítulo 14 La nueva Sociología histórica - Galaaz Vaamonde // Capítulo 15 El devenir socialJesús Sánchez Azañedo // Capítulo 16 Las ideas como fuerzas históricas - Carlos Catalán Serrano // Capítulo 17 El surgimiento de lo normativo – María Purificación Moreno Moreno // Capítulo 18 Los grandes individuos como agentes de cambio social - María Purificación M. Moreno  

Teorías sociológicas del cambio cíclico
Especial atención merecen dos teorías sociológicas del pensamiento cíclico:


Vilfredo Pareto: la circulación de las élites

En su obra Tratado de sociología general (1916), Pareto traza una imagen de la sociedad como un sistema social que en sí, así como en sus segmentos constitutivos (política, economía, ideología), pasa a través de ciclos de equilibrio, desestabilización, desequilibrio y nuevo equilibrio. Hay un ciclo social general y hay ciclos específicos de cada segmento. Considera que en el sistema social se interrelacionan tres componentes: residuos (tendencias humanas), intereses (condiciones objetivas que sirven a las necesidades humanas) y derivaciones (racionalizaciones que la gente idea para legitimar sus residuos e intereses).

Los residuos son el factor primario que determina la vida social. Hay dos tipos de residuos, de “combinación” (Clase I) que comprende rasgos como innovación, espíritu de empresa, disposición al riesgo, activismo y originalidad y los residuos “persistentes (Clase II) que comprende prudencia, tradicionalismo, continuidad, legalismo y patriotismo.

En las sociedades, dentro de su heterogeneidad, destacan las élites que dependiendo del tipo de residuo que las domine actúan y piensan de forma diferente.

El cambio social y político es concebido como el reemplazo cíclico de las élites: ascenso, declive y reemplazo. Como dice Pareto: “La historia es el cementerio de las aristocracias”. Pareto distingue tres ciclos típicos: ciclo político-militar (leones-zorros), ciclo económico-industrial (rentistas-especuladores) y ciclo ideológico-religioso (sacerdotes-intelectuales).

Pitirim Sorokin: los ritmos del cambio cultural

Su obra principal es Social and cultural Dynamics (1937). El núcleo de su teoría es la cultura. La define como “la suma total de todo aquello creado o modificado por la actividad consciente o inconscientemente de dos o más individuos interactuando entre sí o condicionando la conducta del otro”, formando un sistema integrado de todas las partes que lo componen, cuyo principio central (la razón) puede denominarse como “mentalidad de cultura”.

Sorokin propone dos tipos culturales opuestos: Ideacional y Sensato.

El Ideacional se caracteriza por: 

  1. La naturaleza de la realidad es espiritual. 
  2. Las necesidades y los fines son principalmente espirituales. 
  3. Los medios para satisfacer esos fines se centran en el autodesarrollo de la mente y el cuerpo. 
  4. La verdad se logra a través de la experiencia interior. 
  5. Lo bueno está enraizado en valores inmateriales imperecederos.

La cultura Sensata tiene los presupuestos opuestos:  

  1. La naturaleza de la realidad es material. 
  2. Las necesidades y los fines son principalmente carnales y sensuales. 
  3. Los medios para satisfacer esos fines se centran en la explotación del medio ambiente. 
  4. La verdad se encuentra sólo en la experiencia sensible, y se la toma por relativa y temporal. 
  5. Lo bueno está enraizado en valores sensatos, empíricos y materiales.

La cultura intermedia Idealista representa una mezcla equilibrada de los elementos Ideacionales y Sensatos.

Este autor concibe el modelo principal de cambio histórico en términos cíclicos. “El modelo más general de cambio sociológico es el de la incesante variación de procesos recurrentes”. El principio más importante de los cambios sociales es la alternancia de los tipos dominantes de dominación de mentalidad de cultura y de sistemas culturales: la secuencia repetida de culturas Ideacionales, Idealistas y Sensatas. “La historia se repite a sí misma, pero sus temas vuelven siempre con nuevas variaciones -con cambios no sólo en el contenido sino también en los ritmos y en el tempo”.

Una teoría cíclica puede alimentar por igual el pesimismo más profundo y el optimismo extremo puesto que, de acuerdo con la lógica del ciclo, más tarde o más temprano los puntos más elevados o más bajos de realización humana reaparecerán de forma inevitable.


miércoles, 10 de abril de 2013

Resúmenes Cambio Social I Parte 8


En la asignatura de Cambio Social I del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, algunos compañeros realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria Sociología del cambio social de Piotr Sztompka. Derechos reservados, sus autores.

Capítulo 1 Conceptos fundamentales en el estudio del cambio social. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 2 Vicisitudes de la idea de progreso. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 3 La dimensión temporal de la sociedad: El tiempo social. Víctor Riesgo // Capítulo 4 Modalidades de tradición histórica. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 5 La modernidad y más allá. Víctor Riesgo // Capítulo 6 La globalización de la sociedad humana. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 7 El evolucionismo clásico – Julia Ortega Trovar  // Capítulo 8 El neoevolucionismo - Julia Ortega Trovar // Capítulo 9 Teorías viejas y nuevas de la modernización – Andrea Fuente Fernández // Capítulo 10 Las teorías de los ciclos históricosBlas García Ruiz // Capítulo 11 El materialismo histórico - Blas García Ruiz  //Capítulo 12 Contra el desarrollismo, la crítica moderna Julio Monteagudo Diz // Capítulo 13 La historia como producto humanoGalaaz Vaamonde (9 octubre) // Capítulo 14 La nueva Sociología histórica - Galaaz Vaamonde // Capítulo 15 El devenir socialJesús Sánchez Azañedo // Capítulo 16 Las ideas como fuerzas históricas - Carlos Catalán Serrano // Capítulo 17 El surgimiento de lo normativo – María Purificación Moreno Moreno // Capítulo 18 Los grandes individuos como agentes de cambio social - María Purificación M. Moreno  

Las funciones del tiempo social

Hay algunas funciones universales a las que sirve el tiempo en todas las sociedades. Hay también importantes diferencias históricas entre las primeras sociedades tradicionales y las modernas sociedades industriales respecto al papel del tiempo. Wilbert Moore (1963a) ha sugerido una triple función que tiene que ver con tres aspectos universales de la vida social: la sincronización de acciones simultáneas, el secuenciamiento de las acciones posteriores, la determinación de la tasa de acciones dentro de una unidad temporal. Desde este punto de partida podemos desarrollar una tipología más amplia.

1 El primer requisito de la vida social satisfecho por los sistemas comunes de cuantificar el tiempo es la sincronización de las actividades. Una gran parte de la vida social de toda sociedad es ocupada por la acción colectiva, por cosas hechas a consuno por un gran número de gente. Para que se dé la acción colectiva, la gente ha de encontrarse en el mismo sitio al mismo tiempo. Incluso si su presencia física no es necesaria, han de acometer determinadas acciones al mismo tiempo.

2 El siguiente requisito universal es la coordinación. Las acciones individuales no acontecen en el vacío. Gran número de ellas están relacionadas, conducen a la creación de un bien común, o se suman a la creación de un producto común. La división del trabajo es el ejemplo más claro de esto. Los esfuerzos individuales, para que sean instrumentales respecto a la tarea común han de ocurrir al mismo tiempo, o en alguna distancia especificada en el tiempo o en series temporales.

3 Un requisito más es la “secuenciación”. Los procesos sociales se producen por fases, los sucesos se suceden unos a otros en secuencias específicas, hay una lógica necesaria, inherente, a la mayoría de los procesos. Hay muchas acciones que sólo tienen sentido si encajan en un momento determinado en el proceso. No pueden ser hechos antes o después de su tiempo justo. Quizás el mejor modelo de esta situación nos lo proporciona la cadena de montaje de una fábrica, pero la situación es mucho más universal.

4 Otro requisito es la actualidad. Algunas actividades sólo pueden emprenderse si determinadas oportunidades o recursos están disponibles, y pueden no estar disponibles a todas horas.

5 El siguiente requisito a consignar es la medida. La duración de las diversas actividades puede tener una importancia social decisiva, por ejemplo determinar la duración de un esfuerzo que se prevé realizar, la excelencia en la ejecución, el coste de los servicios... Sin medidas comunes, aceptadas, no puede hacerse determinación alguna de tal tipo.  

6 El requisito último es la diferenciación. Es importante romper con la monotonía de la rutina vital intercalando diversos períodos con actividades variadas. Todas las diversiones extraordinarias frente al trabajo y las preocupaciones mundanas son apreciadas por la gente en todas las sociedades, y una de las funciones del tiempo es demarcar y reservar momentos adecuados para ellas.

La significación de todas estas funciones cambia con la complejidad de las sociedades humanas, sus instituciones y organizaciones, las tareas y los desafíos a los que se enfrentan su miembros. En una sociedad primitiva, el tiempo es el producto que emerge de actividades rítmicas, de modelos repetitivos de acciones, de los ciclos de las estaciones, del ciclo de la vida, de observancias mágicas o religiosas. La gente toma una cierta conciencia del tiempo per se, pero es secundaria, derivada de las apremiantes tareas de la existencia cotidiana.   Como ha dicho Barbara Adam, el tiempo es una especie de variable secundaria, dependiente, en las vida de las primeras sociedades. Satisface exclusivamente funciones instrumentales.

Si tomamos el extremo opuesto, el de una sociedad moderna, industrial, la situación se invierte. El tiempo deviene el regulador central, el coordinador, el organizador de las actividades humanas. Debido a esto, adquiere una cualidad mistificada de autonomía. Ya no es una herramienta o un instrumento, sino un valor en sí mismo. Se convierte en una variable independiente, un factor primario determinante de la vida social. El tiempo toma la forma de un recurso que puede gastarse, ahorrarse, repartirse, o incluso na mercancía que puede venderse o cambiarse. Este fenómeno de reificación y autonomización de algunas cualidades emergentes de la vida social, que empiezan a vivir una realidad separada y a constreñir y oprimir a sus propios creadores, a los individuos humanos, es un rasgo más amplio de la modernidad, y no está limitado al dominio del tiempo. 

Principales tradiciones teóricas en el estudio del tiempo

La sociología clásica del tiempo es mérito de Emile Durkheim (1915) y de los miembros de su “Escuela Francesa”, Marcel Mauss, Henry Hubert, Maurice Halbwachs, Marcel Granet (cf. Banaszczyk 1989) Durkheim introdujo tres nuevos acentos, que definen su enfoque distintivo del tiempo y que fueron heredados por la sociología posterior: la perspectiva sociológica, la perspectiva relacional y la perspectiva relativista.

Las nociones de sentido común del tiempo lo habían considerado como una especie de medio difuso, natural, que abarca todas las experiencias humanas. Durkheim dio un paso más, trasladando el problema del tiempo al dominio de lo social. Para él el tiempo es el “factor social”, o la “representación colectiva”: el reflejo o la emanación compartida de las experiencias colectivas y de la organización social de una comunidad o sociedad. Como tal es construido socialmente. Al igual que otros “hechos sociales” construidos socialmente, el tiempo se aparece a la gente como algo externo, algo que se encuentra, y que ejerce una fuerza constrictiva sobre sus acciones. Proporciona la regulación normativa de la vida social, y en este sentido retroalimenta a la sociedad de la que ha emanado. Moldea a sus propios creadores. Durkheim aprehende la dialéctica del tiempo: el tiempo expresa el ritmo de las actividades cotidianas, pero también, reflexivamente, regula tales actividades.

El carácter social del tiempo implica que no es una sustancia, sino un conjunto de relaciones que ordenan los acontecimientos sociales en un modelo secuencial o rítmico.

Los orígenes sociales del tiempo implican que puede tomar formas distintas en las diversas sociedades de las que emana. Se le tiene por relativo a los distintos fundamentos existenciales que surgen de diferentes culturas, o en diferentes épocas. Por tanto el tiempo es histórica y culturalmente relativo.

Los durkheimianos posteriores extendieron tal relativismo no sólo a la comparación entre sociedades sino también a la constitución interna de tales sociedades, a las partes que la componen. Afirmaron que se habían encontrado que las diversas colectividades proporcionaban esquemas temporales específicos a sus participantes; cada tipo de actividad humana era contemplada como dirigida por una matriz temporal distinta. También se afirmaba que había grupos o categorías sociales que estaban en cierta medida aislados del impacto generalizado del tiempo. Este relativismo extremo también valía con respecto a los ritmos reales, objetivos, de la vida social, a la conciencia subjetiva y a la percepción del tiempo y a las regulaciones culturales, normativas de los aspectos temporales de la sociedad.

Otra importante contribución a la teoría del tiempo procede de Pitirim Sorokin y de Robert K. Merton. En su famosos artículo (1937) analizan lo que denominan el “tiempo sociocultural”, y lo conectan incluso de forma más íntima con la problemática del cambio social.  El énfasis radica en la naturaleza relativista y cualitativa del tiempo. No es nunca una escala cuantitativa neutral para medir los cambios, sino que por el contrario está dotado de un rico contenido, y fluye de forma distinta en las diferentes sociedades. “Los sistemas del tiempo varían con la estructura social” (p615) Esto es debido al hecho de que los puntos de referencia para la cuantificación del tiempo son escogidos entre acontecimientos socialmente relevantes, y su significación depende de distintos estilos de vida, y de los problemas dominantes en distintas comunidades y sociedades. En consecuencia las fechas tienen significado cultural, y no sólo de calendario, para las sociedades concretas; los períodos, incluso los que son nominalmente iguales, pasan con diferente velocidad dependiendo de la cultura concreta. El flujo del tiempo no es neutral, suave o uniforme; hay marcados acelerones y vacíos. Sorokin y Merton consideran el tiempo social como un prerrequisito funcional de una vida social ordenada, predecible, coordinada y sincronizada. Al ser de origen social y estar dotado de contenido cultural, retroalimenta a la sociedad, aumentando y enriqueciendo sus ritmos vitales característicos.

Una importante contribución, que enfatiza la tremenda heterogeneidad del tiempo social cualitativo, procede de Georges Gurvitch (1964) Presenta una tipología de ocho categorías de tiempo que pueden encontrarse en la sociedad moderna. Cada sociedad está caracterizada por una configuración particular de los tiempos sociales, y la elección del tiempo deviene un aspecto importante de la identidad del grupo, y en consecuencia de la competición y las luchas entre grupos.

Una “sociología del tiempo” de orientación empírica ha sido desarrollada por Eviatar Zerubavel (1981) Él cree que el “orden sociotemporal” es un principio fundamental y universal de la vida social. Se manifiesta en el nivel subjetivo y en el objetivo. La sociedad produce “estructuras temporales de referencia” objetivas, compartidas para su funcionamiento, y la gente desarrolla “orientaciones temporales normalizadas” que son indispensables para orientarse en la vida social de su sociedad. Todo acontecimiento o cambio social tiene su propio “perfil temporal”, una combinación de cuatro características temporales: 1 estructura secuencial, 2 la duración, 3 la localización en secuencias más amplias 4 la repetitividad o unicidad.

En la sociedad moderna hay una importante distinción que separa el tiempo público del privado. A medida que el tiempo deviene en mercancía la gente vende parte de su tiempo privado, convirtiéndolo en tiempo de trabajo. (Zerubavel 1990: 171) Este tiempo es regulado por rígidos horarios de trabajo. “ Por cuanto esta época deviene burocrática, el tiempo de la persona moderna está rígidamente segmentado en partes durante las cuales se supone que es accesible en su papel ocupacional, y en otras se supone que no lo es” (Zerubavel 1990: 172) Esto es un reelaboración reciente del enfoque anterior, tradicional, de investigación de la sociología del tiempo, esto es, del estudio de los “presupuestos del tiempo” (Szalai 1972) 

domingo, 31 de marzo de 2013

Resúmenes Cambio Social I Parte 7


En la asignatura de Cambio Social I del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, algunos compañeros realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria Sociología del cambio social de Piotr Sztompka. Derechos reservados, sus autores.

Capítulo 1 Conceptos fundamentales en el estudio del cambio social. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 2 Vicisitudes de la idea de progreso. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 3 La dimensión temporal de la sociedad: El tiempo social. Víctor Riesgo // Capítulo 4 Modalidades de tradición histórica. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 5 La modernidad y más allá. Víctor Riesgo // Capítulo 6 La globalización de la sociedad humana. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 7 El evolucionismo clásico – Julia Ortega Trovar  // Capítulo 8 El neoevolucionismo - Julia Ortega Trovar // Capítulo 9 Teorías viejas y nuevas de la modernización – Andrea Fuente Fernández // Capítulo 10 Las teorías de los ciclos históricosBlas García Ruiz // Capítulo 11 El materialismo histórico - Blas García Ruiz  //Capítulo 12 Contra el desarrollismo, la crítica moderna Julio Monteagudo Diz // Capítulo 13 La historia como producto humanoGalaaz Vaamonde (9 octubre) // Capítulo 14 La nueva Sociología histórica - Galaaz Vaamonde // Capítulo 15 El devenir socialJesús Sánchez Azañedo // Capítulo 16 Las ideas como fuerzas históricas - Carlos Catalán Serrano // Capítulo 17 El surgimiento de lo normativo – María Purificación Moreno Moreno // Capítulo 18 Los grandes individuos como agentes de cambio social - María Purificación M. Moreno  

LA DIMENSIÓN TEMPORAL DE LA SOCIEDAD: EL TIEMPO SOCIAL.

El tiempo como dimensión de la vida social

Todos los fenómenos sociales acontecen en algún momento en el tiempo. Todos los procesos sociales se extienden en el tiempo. La vida social se vive en el tiempo. “Todo modelo de interacción existente está situado en el tiempo” (Giddens 1979: 3,202) El tiempo es la dimensión indispensable de la realidad humana “en cada uno de los aspectos de nuestra vida” (Adam 1990: 9) Estos hechos ontológicos implican consecuencias epistemológicas; son la razón de la “centralidad del tiempo para la materia a examen por las ciencias sociales” (Adam 1990; 9)

El tiempo está ligado de forma aún más íntima al cambio social. La experiencia misma del tiempo y la idea de tiempo derivan de la naturaleza cambiante de la realidad. Es imposible concebir el tiempo sin referencia a algún cambio. Y viceversa, la idea de cambio al margen del tiempo es simplemente inconcebible. Como la ha expresado Pitirim Sorokin: “cualquier estado de devenir, cambio, proceso, mudanza, movimiento, dinámica, en contraposición con el ser, implica tiempo” (1937, vol 1: 156)

Examinemos primero algunas propiedades generales del tiempo como dimensión de todo fenómeno social, a continuación algunas características especiales del tiempo en tanto aspecto de cambio social. Todo fenómeno o suceso está relacionado con otros fenómenos o sucesos. No hay fenómenos o sucesos absolutamente singulares, únicos. Una de las formas que toma tal relación es la secuencial, en la que la precedencia y la sucesión conectan los sucesos en una cadena o en un proceso. Esto sucede a todos los niveles; macro, medio y micro. Si tomamos cualquier hecho singular, siempre está situado en una secuencia mayor, precede o sucede a otros, acontece antes o después de otros. En otras palabras, “todos los actos sociales están encajados temporalmente dentro de actos sociales mayores. Llamamos a esto estar permeados por el tiempo”  (Lewis y Weigart 1990: 82)

Si observamos con más detalle cada fenómeno o suceso social, veremos que no sólo está relacionado externamente con otros fenómenos sino que puede ser descompuesto internamente en componentes, y que estos componentes están interrelacionados. Algunas relaciones internas son de nuevo secuenciales, conectan estadios anteriores y posteriores o fases del fenómeno. Decimos también que todo fenómeno tiene alguna duración, duran algún tiempo.

Siempre que pensamos en un fenómeno como algo momentáneo, fugaz, instantáneo, se trata de algo que depende del entramado temporal relativo que apliquemos. En suma, no hay fenómenos o sucesos atemporales, tanto en el sentido de la localización en el tiempo como en el de la extensión en el tiempo. La secuencia y la duración son dos aspectos fundamentales de la vida social, reflejo de dos aspectos cruciales del tiempo.

Los fenómenos y los sucesos sociales son también irreversibles Una vez que algo ha sucedido no puede ser deshecho. Una vez que se ha acometido una acción no puede des-acometerse; una vez que se ha concebido una idea no puede despensarse....
Esto es válido en todos los niveles de la vida social. En el macronivel, en el nivel medio o en el nivel de la vida cotidiana. Todo esto está inscrito en la idea metafórica del flujo del tiempo , aquello que acontece a continuación tendrá una localización diferente en el flujo. En palabras de un autor moderno: “la acción y su repetición no puede ser siempre la misma. Todo aquello envuelto en ella es irrevocablemente cambiado en el intervalo” (Adam 1990: 168)

La irreversibilidad del flujo del tiempo implica la distinción entre pasado, presente y futuro. La distinción que hoy nos resulta tan obvia, no es históricamente universal; tan sólo apareció en un punto determinado del desarrollo de las sociedades humanas, está íntimamente relacionada a la invención de la escritura. El futuro fue lanzado hacia delante, pudo ser proyectado y planeado, y no meramente imaginado. La afirmación fuerte de esta distinción no aparece hasta el pensamiento judeocristiano, y desde esta fuente se ha extendido a la entera civilización humana.

La distinción entre pasado, presente y futuro no es tan tajante como parece. De forma estricta no hay presente, porque los procesos sociales están en movimiento. Aunque tomemos la escala más pequeña, siempre está el movimiento, el flujo, en lugar de un estado cristalizado. El cliché de que en el presente están el pasado y el futuro no está falto de razón. A efectos prácticos, no obstante, la distinción es por supuesto válida, siempre que recordemos que lo que tomamos como presente es algo convencional, extraído del flujo continuo por medio de límites arbitrarios. En la ciencia social el criterio de demarcación tiene que ver con la posibilidad de percepción humana y de influencia causal con los hechos. Tal como lo ha expresado Barbara Adam, “ Conocemos los hechos por testimonios, percibimos los presentes directamente, y conocemos los futuros sólo en nuestra imaginación. Los hechos pasados están determinados, los presentes están siendo determinados y los futuros aún no han sido determinados... El pasado ya no puede ser influido, el presente está sujeto a influencia y el futuro sólo es potencialmente influible” (1990: 22)   

El tiempo en tanto aspecto del cambio social

Para el estudio del cambio social, el tiempo no es sólo una dimensión universal, sino el núcleo, el factor constitutivo. En la vida social el cambio es ubicuo; en sentido estricto no hay dos estados temporalmente distintos de una entidad social que sean idénticos. A efectos prácticos, las necesidades de la vida cotidiana sugieren ciertas magnitudes de diferencias que pueden ser ignoradas. Sin embargo, lo que es tratado como estable se refiere sobre todo a niveles de cambio que van mucho más despacio que la estructura de referencia del observador.

En realidad cambio y tiempo siempre están ahí, la idea de estabilidad es tan sólo una convención útil. Incluso cuando usamos esta convención, no podemos escapar al tiempo, porque al hablar de estabilidad, estamos pensando en una falta relativa de diferencias. “Hablar de estabilidad social no implica abstraerse del tiempo puesto que la estabilidad significa continuidad en el tiempo” (Giddens 1979: 199) Incluso, hablar de estabilidad tiene sentido sólo por referencia a algo más que está cambiando, a otras sociedades, al medio ambiente, a la pertenencia a grupos, etc.

El tiempo, en relación con los cambios sociales, puede aparecer de dos formas.

Primero. Puede servir como estructura externa para la medida de sucesos y procesos, ordenando el flujo caótico para beneficio de la orientación humana y de la coordinación de las acciones humanas. Esto es el tiempo cuantitativo, presupuesto por determinado artefactos como relojes y calendarios que nos permiten identificar el lapso comparativo, la velocidad, los intervalos, la duración de diversos acontecimientos sociales. Del mismo modo nos permiten la conexión o la separación de forma ordenada de innumerables acciones realizadas por individuos y grupos en la sociedad.
Cuanto más compleja es la sociedad, mayor es la importancia del ordenamiento y la coordinación temporal En la sociedad moderna ninguna organización podría funcionar sin contar el tiempo.  Cuando se inventan y desarrollan aparatos para medir el tiempo, todos los cambios sociales pueden ser cronometrados, localizados dentro de una estructura externa. A esto nos referimos con “acontecimientos en el tiempo”

Hay otra forma en la que el tiempo se mezcla con el cambio social. Como una propiedad interna, inmanente, ontológica, de los sucesos y de los procesos sociales. Al considerar cualquier proceso social vemos que manifiesta varias cualidades temporales:

1 Son, de forma característica, más largos o más cortos.
2 Van más deprisa o más despacio.
3 Están marcados por intervalos rítmicos o fortuitos.
4 Son divididos en unidades de diferente cualidad sustantiva por medio de las circunstancias naturales o sociales.

En todos estos casos encontramos “tiempo en los acontecimientos” en lugar de simplemente “acontecimientos en el tiempo”. Esto es lo que en sociología se denomina usualmente “tiempo social”