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sábado, 4 de octubre de 2014

¿Por qué hoy no es posible la revolución?

Artículo de Byung-Chul Han publicado en EL PAÍS el 3 de octubre de 2014

Cuando hace un año debatí con Antonio Negri en el Berliner Schaubühne, tuvo lugar un enfrentamiento entre dos críticas del capitalismo. Negri estaba entusiasmado con la idea de la resistencia global al empire, al sistema de dominación neoliberal. Se presentó como revolucionario comunista y se denominaba a sí mismo profesor escéptico. Con énfasis conjuraba a la multitud, la masa interconectada de protesta y revolución, a la que confiaba la tarea de derrocar al empire.La posición del comunista revolucionario me pareció muy ingenua y alejada de la realidad. Por ello intenté explicarle a Negri por qué las revoluciones ya no son posibles.

¿Por qué el régimen de dominación neoliberal es tan estable? ¿Por qué hay tan poca resistencia? ¿Por qué toda resistencia se desvanece tan rápido? ¿Por qué ya no es posible la revolución a pesar del creciente abismo entre ricos y pobres? Para explicar esto es necesario una comprensión adecuada de cómo funcionan hoy el poder y la dominación.
Quien pretenda establecer un sistema de dominación debe eliminar resistencias. Esto es cierto también para el sistema de dominación neoliberal. La instauración de un nuevo sistema requiere un poder que se impone con frecuencia a través de la violencia. Pero este poder no es idéntico al que estabiliza el sistema por dentro. Es sabido que Margaret Thatcher trataba a los sindicatos como “el enemigo interior” y les combatía de forma agresiva. La intervención violenta para imponer la agenda neoliberal no tiene nada que ver con el poder estabilizador del sistema.
El poder estabilizador de la sociedad disciplinaria e industrial era represivo. Los propietarios de las fábricas explotaban de forma brutal a los trabajadores industriales, lo que daba lugar a protestas y resistencias. En ese sistema represivo son visibles tanto la opresión como los opresores. Hay un oponente concreto, un enemigo visible frente al que tiene sentido la resistencia.
El sistema de dominación neoliberal está estructurado de una forma totalmente distinta. El poder estabilizador del sistema ya no es represor, sino seductor, es decir, cautivador. Ya no es tan visible como en el régimen disciplinario. No hay un oponente, un enemigo que oprime la libertad ante el que fuera posible la resistencia. El neoliberalismo convierte al trabajador oprimido en empresario, en empleador de sí mismo. Hoy cada uno es un trabajador que se explota a sí mismo en su propia empresa. Cada uno es amo y esclavo en una persona. También la lucha de clases se convierte en una lucha interna consigo mismo: el que fracasa se culpa a sí mismo y se avergüenza. Uno se cuestiona a sí mismo, no a la sociedad.
Es ineficiente el poder disciplinario que con gran esfuerzo encorseta a los hombres de forma violenta con sus preceptos y prohibiciones. Es esencialmente más eficiente la técnica de poder que se preocupa de que los hombres por sí mismos se sometan al entramado de dominación. Su particular eficiencia reside en que no funciona a través de la prohibición y la sustracción, sino a través del deleite y la realización. En lugar de generar hombres obedientes, pretende hacerlos dependientes. Esta lógica de la eficiencia es válida también para la vigilancia. En los años ochenta, se protestó de forma muy enérgica contra el censo demográfico. Incluso los estudiantes salieron a la calle. Desde la perspectiva actual, los datos necesarios como oficio, diploma escolar o distancia del puesto de trabajo suenan ridículos. Era una época en la que se creía tener enfrente al Estado como instancia de dominación que arrebataba información a los ciudadanos en contra de su voluntad. Hace tiempo que esta época quedó atrás. Hoy nos desnudamos de forma voluntaria. Es precisamente este sentimiento de libertad el que hace imposible cualquier protesta. La libre iluminación y el libre desnudamiento propios siguen la misma lógica de la eficiencia que la libre autoexplotación. ¿Contra qué protestar? ¿Contra uno mismo?
Byung-Chun Han
Es importante distinguir entre el poder que impone y el que estabiliza. El poder estabilizador adquiere hoy una forma amable,smart, y así se hace invisible e inatacable. El sujeto sometido no es ni siquiera consciente de su sometimiento. Se cree libre. Esta técnica de dominación neutraliza la resistencia de una forma muy efectiva. La dominación que somete y ataca la libertad no es estable. Por ello el régimen neoliberal es tan estable, se inmuniza contra toda resistencia porque hace uso de la libertad, en lugar de someterla. La opresión de la libertad genera de inmediato resistencia. En cambio, no sucede así con la explotación con la libertad. Después de la crisis asiática, Corea del Sur estaba paralizada. Entonces llegó el FMI y concedió crédito a los coreanos. Para ello, el Gobierno tuvo que imponer la agenda liberal con violencia contra las protestas. Hoy apenas hay resistencia en Corea del Sur. Al contrario, predomina un gran conformismo y consenso con depresiones y síndrome de Burnout. Hoy Corea del Sur tiene la tasa de suicidio más alta del mundo. Uno emplea violencia contra sí mismo, en lugar de querer cambiar la sociedad. La agresión hacia el exterior que tendría como resultado una revolución cede ante la autoagresión.
Hoy no hay ninguna multitud cooperante, interconectada, capaz de convertirse en una masa protestante y revolucionaria global. Por el contrario, la soledad del autoempleado aislado, separado, constituye el modo de producción presente. Antes, los empresarios competían entre sí. Sin embargo, dentro de la empresa era posible una solidaridad. Hoy compiten todos contra todos, también dentro de la empresa. La competencia total conlleva un enorme aumento de la productividad, pero destruye la solidaridad y el sentido de comunidad. No se forma una masa revolucionaria con individuos agotados, depresivos, aislados.
No es posible explicar el neoliberalismo de un modo marxista. En el neoliberalismo no tiene lugar ni siquiera la “enajenación” respecto del trabajo. Hoy nos volcamos con euforia en el trabajo hasta el síndrome de Burnout [fatiga crónica, ineficacia]. El primer nivel del síndrome es la euforia. Síndrome de Burnout y revolución se excluyen mutuamente. Así, es un error pensar que la multitud derroca al empire parasitario e instaura la sociedad comunista.
¿Y qué pasa hoy con el comunismo? Constantemente se evocan elsharing (compartir) y la comunidad. La economía del sharing ha de suceder a la economía de la propiedad y la posesión. Sharing is caring, [compartir es cuidar], dice la máxima de la empresa Circler en la nueva novela de Dave Eggers, The Circle. Los adoquines que conforman el camino hacia la central de la empresa Circler contienen máximas como “buscad la comunidad” o “involucraos”. Cuidar es matar, debería decir la máxima de Circler. Es un error pensar que la economía del compartir, como afirma Jeremy Rifkin en su libro más reciente La sociedad del coste marginal nulo, anuncia el fin del capitalismo, una sociedad global, con orientación comunitaria, en la que compartir tiene más valor que poseer. Todo lo contrario: la economía del compartir conduce en última instancia a la comercialización total de la vida.
El cambio, celebrado por Rifkin, que va de la posesión al “acceso” no nos libera del capitalismo. Quien no posee dinero, tampoco tiene acceso al sharing. También en la época del acceso seguimos viviendo en el Bannoptikum, un dispositivo de exclusión, en el que los que no tienen dinero quedan excluidos. Airbnb, el mercado comunitario que convierte cada casa en hotel, rentabiliza incluso la hospitalidad. La ideología de la comunidad o de lo común realizado en colaboración lleva a la capitalización total de la comunidad. Ya no es posible la amabilidad desinteresada. En una sociedad de recíproca valoración también se comercializa la amabilidad. Uno se hace amable para recibir mejores valoraciones. También en la economía basada en la colaboración predomina la dura lógica del capitalismo. De forma paradójica, en este bello “compartir” nadie da nada voluntariamente. El capitalismo llega a su plenitud en el momento en que el comunismo se vende como mercancía. El comunismo como mercancía: esto es el fin de la revolución.
Byung-Chun Han es filósofo.
Traducción de Alfredo Bergés.

Artículo de Byung-Chul Han publicado en EL PAÍS el 3 de octubre de 2014

domingo, 8 de junio de 2014

Owen Jones: “Las cosas han empeorado desde que escribí 'Chavs'

Artículo de Lucía Lijtmaer publicado el 20 de mayo de 2014 en eldiario.es

Antes de Owen Jones, chav era una palabra para anglófilos. La leías en los medios del Reino Unido asociada a los chicos de chándal que comían pollo frito en la puerta de su vivienda de protección oficial o lo escuchabas de boca del personaje de Vicky Pollard si eras fan de Little Britain. De repente llegó un jovenzuelo rubio con pinta de estudiante y la convirtió en el síntoma de todo un país.
Su libro Chavs, la demonización de la clase obrera (Capitán Swing) ha resultado ser un espejo enfermo y quirúrgico sobre la representación de la clase trabajadora británica en la actualidad. Owen Jones visita España para dar dos conferencias; el lunes estuvo en el CCCB y el martes en el Círculo de Bellas Artes, donde ha diseccionado su trabajo.
¿La demonización de la clase obrera es un fenómeno exclusivamente británico?
La demonización es inevitable en todas partes por las desigualdades. Si lo piensas, la desigualdad es irracional: el poder y la riqueza no deberían estar en manos de tan poca gente. La desigualdad se racionaliza y justifica con la idea de que los miembros de las élites merecen estar donde están porque son más listos y trabajan más, mientras que los que están por debajo merecen estar ahí porque son estúpidos y vagos. Cuanto más desigual es la sociedad, más necesitas demonizarla para justificarlo. El caso del Reino Unido es clave porque es mucho más acuciante especialmente a partir del thatcherismo, donde se produce este cambio en el que la pobreza y la desigualdad ya no se presentan como problemas sociales sino como fracasos individuales.
Hay una frase muy famosa de un político thatcherista: "En los años treinta, cuando mi padre se quedó sin trabajo se subió a su bicicleta y salió a buscarlo". Así, "súbete a la bici" se convirtió en un cliché nacional. Las enormes desigualdades y la fluctuación de la necesidad de la respuesta colectiva al individualismo gubernamental ocurren en otros países, pero es especialmente reseñable en el Reino Unido donde los medios de comunicación sostienen y apoyan este discurso.
Eso se comprueba fácilmente en Chavs, dónde la connivencia entre medios de comunicación y el discurso ultraconservador es evidente.
Sí, los medios lo magnifican todo utilizando ejemplos extremos. El año pasado, el caso de Mick Philpott fue muy famoso: seis de sus 17 hijos murieron en un incendio provocado por él. En el Reino Unido solo hay 190 familias con más de diez hijos en situación de desempleo, pero aparecen constantemente en los medios como un estereotipo de la clase obrera que se aprovecha de los subsidios. Después del juicio, el Daily Mail, el segundo diario más leído, tituló "Otro producto execrable del Estado del bienestar en el Reino Unido". Se culpa al Estado del bienestar por estos casos extremos constantemente.
Resulta chocante cómo el trabajo de investigación revela tanta agresividad explícita por parte de los medios.
Lo terrible es que las cosas han empeorado desde que escribí el libro. En él aludo a varios casos de demonización por parte de la prensa, pero el que te acabo de describir directamente relaciona el Estado del bienestar con un asesinato.
¿Por qué ocurre esto?
Cuando la izquierda reclama más impuestos a los ricos, los medios de comunicación rebaten la idea fomentando la envidia. Lo mismo ocurre con la inmigración: se visibilizan más los casos de inmigrantes que consiguen casas a través de las ayudas sociales para fomentar un discurso racista. Se detallan las pensiones de los trabajadores del sector público -enfermeras, médicos, profesores- para fomentar la envidia de los trabajadores del sector privado. Así, los medios de comunicación magnifican casos para manipular a la opinión pública. Un 0,7% del gasto social está mal empleado, pero la percepción de la gente es que se trata del 27%. Nuestros medios de comunicación, muy ideologizados, no cuentan la realidad tal como es.
¿Cree que algunos de estos medios, como sucede en otros países, deberían ser penados por ley? Por ejemplo, en aquellos que incitan al odio racial.
El tema es que se incita al odio de manera muy sutil. Se expone un caso de derroche de un subsidio y se muestra que se trata de un inmigrante, y con eso basta, el subtexto está ahí. Con el auge de UKIP, el partido de derechas populista que centra su debate en la inmigración, la atmósfera en el Reino Unido se está tornando muy siniestra. Nigel Farage, su líder, dijo la semana pasada que entendía que la gente estuviera preocupada si se mudaba a su barrio un vecino rumano. Recuerda a la campaña tory de los sesenta, que hacía un juego de palabras con una campaña: "Si quieres a un negro como vecino, vota a los laboristas". Ya en esa época la opinión pública se escandalizó, en cambio ahora vuelve a legitimarse la misma idea.
¿Está de acuerdo con que el avance es posible porque es la extrema derecha la que está haciendo la revolución?
Parcialmente sí, por un fracaso de la izquierda, que no ha sabido canalizar la rabia de la gente. La derecha ha logrado trasladar esa rabia contra los banqueros, evasores de impuestos o explotadores hipotecarios hacia sus propios vecinos, inmigrantes y trabajadores del sector público. La derecha logra culpar a la base usando un populismo que hace mella en el público. La izquierda no ha podido con eso, y la derecha ha aprovechado el hueco. Se puede ver en Francia, con las cifras en poblaciones con una potente clase obrera que solía votar al Partido Comunista y ahora votan al Frente Nacional en medio de una crisis económica devastadora.
Entonces, ¿la demonización de la clase obrera es un síntoma o una consecuencia?
La destrucción de la idea de que no existe una clase obrera y que todos somos clase media es la clave. Esta idea, fomentada por políticos y periodistas de clase media, pulveriza el debate sobre las desigualdades, porque si no hay clases sociales, no hay nada que debatir. Se combina con la noción de que los que quedan fuera de la dominante clase media son los vagos y maleantes chavs que no quieren trabajar. Si unimos eso al aumento de pobreza y desigualdad y el cambio de discurso en el que se culpabiliza al trabajador, ya tenemos el discurso completo. La guetización de la clase obrera en viviendas sociales implicó que aquellos con mayores necesidades acabaron separados del resto de la población. Eso hizo mucho más fácil que todo un sector fuera demonizado. Toda la clase empobrecida está concentrada, y el resto de la gente sólo sabe de ellos por lo que cuenta la televisión.
En su libro cita Estates, de Lynsey Hanley, una obra clave que explica exactamente cómo esa guetización fue planeada y fue de todo menos casual.
Es que fue una decisión ideológica. Originalmente, las viviendas de protección oficial promovían unas comunidades mixtas. Aneurin Bevan, creador también de la sanidad pública, dijo que quería recrear los mejores aspectos de aquellos preciosos pueblos ingleses y galeses, donde el doctor y el carnicero vivían puerta con puerta. El problema es que los tories rebajaron la calidad de las construcciones y hacinaron a la gente en monstruosos bloques de pisos que no fomentaban ningún valor comunitario. En los ochenta, al ofrecer los pisos de protección oficial para la venta, se reservó una partida para los más desprotegidos. Eso generó la guetización de las comunidades, pero también su fragmentación y división, ya que todos estaban compitiendo por los mismos pisos.
¿Qué pasa con la cultura pop? En el libro se explora cómo el ocio y el entretenimiento parecen haber desaparecido para el chav.
La idea de que no existen clases sociales en parte proviene de la idea de una democratización de la cultura. Factor X es un programa (de televisión) que podría ver el príncipe Guillermo y también un chav. Antes, la cultura popular era para las masas, mientras que la alta cultura era para la clase media-alta . Y aunque es cierto que resultaría difícil encontrar a alguien de clase obrera en la ópera, la cultura popular se ha ampliado. El problema es que solía ser el refugio y la cultura de la clase obrera -los Beatles son el ejemplo clásico- pero si comparamos las listas de éxitos de 1990 a las de ahora, encontramos que ahora los músicos son todos de clase acomodada y han recibido una educación privada, a la que sólo tiene acceso el 7% de la población.
El ataque a la Seguridad Social y al sistema de becas hace que muy poca gente de clase obrera pueda sostener que sus hijos se dediquen a la música mientras les mantienen sus padres. Lo mismo pasa con el fútbol, tradicionalmente una ocupación de clase obrera. Cuando en los noventa la clase media comenzó a demostrar interés, los precios de las entradas a los partidos subieron, también como un intento de frenar la violencia que se consideraba intrínseca de la clase obrera. Además, se introdujeron los canales de deportes de pago. Al final, la propia cultura de la clase obrera ha acabado siendo inaccesible para ella.
Eso convierte a la clase obrera en consumidora y no productora de su cultura.
Exacto. Junto a un montón de otras profesiones a las que ya la clase obrera no tiene acceso, como la de periodista. Si para ser becario tienes que trabajar gratis durante meses, ¿quién puede pagar eso? Se desplaza la idea de que el talento es lo más importante en favor del dinero que tiene tu familia, no solamente para estudiar sino para producir cultura. Es una barrera de clase relativamente nueva.
Factor X perpetúa en parte el mito conservador de la meritocracia: puedes lograrlo todo si realmente lo intentas.
Sí, y copia una tradición obrera de los clubs de hombres, el karaoke. Pero aunque parezca raro, Factor X resulta positivo para la clase obrera, porque en el reality enseñan las vidas de los concursantes, todos de clase obrera. Es uno de los pocos espacios que muestra a gente de clase trabajadora en su vida cotidiana, en vez de describir situaciones criminalizables. Por otro lado, sí, fomenta una idea en la que todos podemos ser ganadores de una lotería si tenemos talento, y todos podemos llegar a la cumbre si nos esforzamos, lo cual es falso. Por eso las aspiraciones de los jóvenes de clase obrera son poco realistas: estrella del pop, futbolista... Es porque se trata del único modelo que se les ofrece.
Esta demonización tuvo un paréntesis en los noventa, ¿no? El turismo de clase, la imitación del acento cockney...
Sí, se daba mucho en la universidad. Es lo que hicieron Blur, ¿no? (ríe). En los noventa se puso de moda rebajar tu estatus social, demostraba heroicidad. Se veía como algo positivo, porque en el fondo si venías de un entorno obrero, se asumía que estabas ahí por tu talento. En la música el epítome de la glorificación de lo obrero fue Oasis, mientras que ahora está Coldplay, una banda considerada algo ñoña y de entorno privilegiado. Ahora no se me ocurre ningún grupo de la importancia de Oasis que pueda cumplir ese perfil. En la actualidad en las universidades lo que está de moda es ser pijo, incluso sólo estéticamente. El look de Retorno a Brideshead, con sus camisas rosas y sus corbatitas ridículas, ha vuelto, y se organizan fiestas temáticas chavs como manera de echarse unas risas. Es un cambio sustancial.
Tras un libro de tanto éxito como Chavs, ¿qué viene ahora?
Estoy trabajando en un libro sobre la clase dirigente, The Establishment and how do they get away with it (La clase dirigente, y cómo se salen con la suya), y es sobre la clase dominante y lo que hace, basado en una gran cantidad de entrevistas, centrado en cómo gestiona el poder y lo mantiene.
¿Algún descubrimiento interesante?

Que son unos cabrones (ríe). ¡Lo dicen ellos mismos! Describo su mentalidad como un anuncio de L'Oreal: "Porque yo lo valgo". Así justifican sus privilegios políticos y sociales, se suben el sueldo y pasan del sector público al privado sin ningún tipo de remordimiento.

Artículo de Lucía Lijtmaer publicado el 20 de mayo de 2014 en eldiario.es

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Resúmenes Sociología Política Parte 9

En la asignatura Sociología Política del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2013/14, elaboré los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria de la asignatura. Derechos reservados, sus autores.


TEMA 1: Las múltiples relaciones entre sociedad y política. El campo de estudio de la sociología política. "Sociedad y política: una relación multidimensional" Autores: Maria Luz Morán y Jorge Benedicto. Capítulo 1 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 // TEMA 2: El proceso histórico de modernización. Estado y mercado, las dos instituciones claves “Modernización y cambio sociopolítico" - Autor: Enrique Gil Calvo. Capítulo 11 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009) // TEMA 3: El surgimiento y desarrollo de la democracia en la sociedad capitalista "Democracia y sociedad industrial" - Autor: Ludolfo Paramio. Capítulo 5 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009). // TEMA 4: Las bases sociales de la política democrática "El concepto de cleavage en las ciencias sociales" Autora: Susana Aguilar. Capítulo 1 del libro de S. Aguilar y E. Chuliá, Identidad y opcion. dos formas de entender la política, Madrid, 2007. "Elecciones para elegir" Autora: Elisa Chuliá. Capítulo 6 del libro de S. Aguilar y E. Chuliá, Identidad y opcion. dos formas de entender la política, Madrid, 2007.// TEMA 5: La construcción de los universos políticos de los ciudadanos. Socialización y cultura política "La construcción de los universos políticos de los ciudadanos" Autor: Jorge Benedicto. Capítulo 8 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009). // TEMA 6: Participación y acción colectiva "Perspectivas teóricas y aproximaciones metodológicas al estudio de la participación" Auotres: Maria Jesus Funes y Jordi Monferrer. Capítulo 1 del libro de R. Adell y M.J.  Funes, Movimientos Sociales: Cambio social y participación. Madrid, UNED, 2003. "Participación política, grupos y movimientos". Autor: Gianfranco Pasquino. Capítulo 5 del libro de G. Pasquino y otros, Manual de Ciencia Política. Madrid, Alianza Editorial, 1991.

La mundialización de la economía

Tanto por causas políticas como económicas lo cierto es que la modernización histórica, aparecida originalmente durante la segunda mitad del SXVIII en torno a las Islas Británicas y el curso inferior del río Rin, pronto comenzó a extender su influencia primero al resto noroccidental de Europa y después a sus extremos meridional y oriental, provocando además al mismo tiempo prolongaciones extraeuropeas en Japón y Norteamérica durante la segunda mitad del SXIX. Lo que antes se conocía como desarrollo económico del Tercer Mundo y que ahora se prefiere llamar mundialización o globalización de la economía.

Primera revolución industrial a la primitiva industrialización originaria, surgida a finales del SXVIII en UK y basada en pequeñas manufacturas independientes dirigidas por sus propietarios que producían para el mercado para le mercado sin directa intervención gubernamental. Esta etapa es contemporánea de la revolución burguesa o construcción del Estado liberal de Derecho. Pero a finales del SXIX se produce la llamada segunda revolución industrial, basada en grandes empresas burocráticamente dirigidas que practican economías de escala y exigen fuerte intervención gubernamental a fin de garantizar su competencia frente al exterior.

Esta segunda etapa instaura el fordismo (cadenas de montaje y producción en masa), extiende el capitalismo imperialista por todo el mundo colonial, agudiza la lucha de clases entre la burguesía propietaria y el movimiento obrero organizado y asiste a la quiebra del decimonónico Estado liberal, incapaz de impedir el estallido de dos guerras mundiales. Tras la IIGM, este sistema fordista es capaz de rehacerse a sí mismo mediante la edificación del llamado Estado del bienestar y, a través de políticas keynesianas de concertación social logra instaurar la más larga etapa de crecimiento económico sostenido que ha presenciado el capitalismo occidental. La denomina revolución de los servicios ha determinado la terciarización de la economía, concluyendo por desnaturalizar el viejo industrialismo hasta convertirlo en lo que se ha llamado el advenimiento de la sociedad posindustrial.

Se produce así la gran crisis del desempleo de los 80 y arroja al endeudamiento y la pobreza a los países del Tercer Mundo: la segunda ruptura industrial, que pone fin al fordismo e instaura un nuevo sistema productivo denominado por algunos especialización flexible.

La nueva revolución industrial o revolución asiática ha venido a trastocar todas las imágenes que teníamos sobre las relaciones económicas internacionales, que ahora suponíamos jerarquizadas en torno a un centro capitalista-occidental. Los teóricos más antioccidentales o anticapitalistas suponían que el subdesarrollo de estos últimos países se debía precisamente a su dependencia del capitalismo central. El nuevo orden económico internacional que está surgiendo tras la crisis de los 70 parece estar desmintiendo tanto a la óptica occidentalista como la tercermundista.

Algunos países llamados de reciente industrialización o de industrialización tardía, que han sabido escapar de la trampa del subdesarrollo y han logrado iniciar sendas duraderas de crecimiento autosostenido. Los llamados tigres del Pacífico bajo el liderazgo de Japón desde antiguo, están consiguiendo unas ingentes tasas de crecimiento económico.

Esto ha hecho que se haya trastocado el viejo sistema económico internacional, que ya no es unicéntrico no está liderado por Nueva York y Londres como antes, sino que ahora es multicéntrico y está tan liderado por Tokio o Hong Kong como puede estarlo por Berlín o Nueva York. Son los conglomerados autóctonos los que lideran el proceso por propia iniciativa, sin sombra de propiedad extranjera. De ahí lo que se ha llamado la mundialización de la economía, consecuencia de su nuevo carácter multilateral, multipolar y policéntrico. Si cabe hablar de nueva o tercer revolución industrial es porque el modelo institucional que está detrás de esta nueva industrialización tardía se aparta bastante de lo ya conocido.

Lo característico de la reciente industrialización asiática son dos rasgos que difieren de los previos modelos de industrialización histórica: un sorprendente igualitarismo social y un claro intervencionismo gubernamental. Igualitarismo que acompaña a unas relaciones laborales rígidas y autoritarias, con bajos niveles salariales, pero desde luego es muy superior al vigente en Norteamérica y Latinoamérica, por ejemplo, y se acerca claramente al promedio europeo.

El dirigismo estatal, no es comparable al socialista o corporatista, pues respeta la propiedad privada absolutamente y deja plena libertad de mercado, pero se opone de frente al típico laissez faire liberal que se estila en el capitalismo anglosajón. Este intervencionismo estatal practica la reciprocidad selectiva: sólo otorga subvenciones proteccionistas a aquellas empresas que, como contrapartida, se comprometan a la inversión en investigación tecnológica, la formación continua de su personal y la conquista de cuotas de mercado en la exportación.


Cuando la modernización se plantea en términos de mundialización, surge la misma disyuntiva entre la centralización política y la apertura al comercio externo que caracterizó el origen de la modernización histórica.

viernes, 6 de diciembre de 2013

Resúmenes Sociología Política Parte 6

En la asignatura Sociología Política del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2013/14, elaboré los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria de la asignatura. Derechos reservados, sus autores.


TEMA 1: Las múltiples relaciones entre sociedad y política. El campo de estudio de la sociología política. "Sociedad y política: una relación multidimensional" Autores: Maria Luz Morán y Jorge Benedicto. Capítulo 1 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 // TEMA 2: El proceso histórico de modernización. Estado y mercado, las dos instituciones claves “Modernización y cambio sociopolítico" - Autor: Enrique Gil Calvo. Capítulo 11 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009) // TEMA 3: El surgimiento y desarrollo de la democracia en la sociedad capitalista "Democracia y sociedad industrial" - Autor: Ludolfo Paramio. Capítulo 5 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009). // TEMA 4: Las bases sociales de la política democrática "El concepto de cleavage en las ciencias sociales" Autora: Susana Aguilar. Capítulo 1 del libro de S. Aguilar y E. Chuliá, Identidad y opcion. dos formas de entender la política, Madrid, 2007. "Elecciones para elegir" Autora: Elisa Chuliá. Capítulo 6 del libro de S. Aguilar y E. Chuliá, Identidad y opcion. dos formas de entender la política, Madrid, 2007.// TEMA 5: La construcción de los universos políticos de los ciudadanos. Socialización y cultura política "La construcción de los universos políticos de los ciudadanos" Autor: Jorge Benedicto. Capítulo 8 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009). // TEMA 6: Participación y acción colectiva "Perspectivas teóricas y aproximaciones metodológicas al estudio de la participación" Auotres: Maria Jesus Funes y Jordi Monferrer. Capítulo 1 del libro de R. Adell y M.J.  Funes, Movimientos Sociales: Cambio social y participación. Madrid, UNED, 2003. "Participación política, grupos y movimientos". Autor: Gianfranco Pasquino. Capítulo 5 del libro de G. Pasquino y otros, Manual de Ciencia Política. Madrid, Alianza Editorial, 1991.

La revolución europea: los estados y el mercado

Los principales hallazgos acumulados por la investigación empírica. Se comenzará por discutir aquí las condiciones de partida; las grandes consecuencias de la modernización histórica; los principales efectos y problemas actuales que plantea el desarrollo contemporáneo del cambio modernizador.

La primera modernización histórica se identifica con lo que se ha llamado metafóricamente el milagro europeo; por la irrupción de un excepcional acontecimiento que se habría producido en Europa entre 1450 y 1750. Algo les habría pasado entonces a los europeos para que, en pocos siglos, conquistasen el dominio del planeta y el control de la naturaleza sin encontrar apenas resistencias. Dos grandes respuestas, relativamente contradictorias entre sí: el Estado y el mercado, como las dos grandes instituciones rivales que son las candidatas principales a protagonizar el papel de sujeto histórico de la revolución europea.

La construcción del Estado y la construcción del mercado son los dos procesos esenciales de la primera modernización histórica. Además, junto al explícito mercado formal propiamente dicho, coexisten los demás mercados informales o implícitos no monetarizados; sistemas de transacción abierta que se basan en la autodeterminación individual de los participantes, la llamada sociedad civil se confundiría institucionalmente con el mercado. Estados y mercados se relacionan entre sí de formas muy diferentes. Estado es siempre obligatorio, jerárquico, centralizado y cerrado. En cambio, los mercados son instituciones voluntarias, igualitarias, distributivas o descentralizadas, abiertas. Ahora bien, los Estados (territorialmente contiguos pero separados unos de otros) y los mercados (difusamente superpuestos e interconectados) se interpenetran mutuamente, aunque no coincidan entre sí.

Os dos tipos de instituciones, estatales y mercantiles, fueron condición necesaria y quizá suficiente para desarrollar la revolución europea.

(Ver cuadro página 343)

El sistema de estados

Cronológicamente, el papel modernizador del Estado es anterior al del mercado. He aquí las tres versiones posibles de causalidad estatal. La modernización europea pudo ser un subproducto:

1.    De la centralización endógena de los estados.
2.    De la competencia bilateral entre los estados.
3.    De la pertenencia geoestratégica al sistema multilateral de estados.

Los tres diferentes modos de entender la causalidad estatal. Ante todo tenemos la más tradicional, heredera de Hobbes, y que se identifica con Weber: es Estado hace posible la modernización porque mediante su monopolio de la violencia legítima establece el orden público e impone el imperio de la ley, pacificando la sociedad civil, creando la seguridad jurídica y protegiendo los derechos de los ciudadanos para que éstos puedan relacionarse libre y prósperamente entre sí. El estado es la condición necesaria y suficiente para que el mercado pueda llegar a establecerse y desarrollarse. Sobre la sociedad que se halla contenida en el interior de las fronteras estatales.

Nobert Ellias, cuyo proceso de civilización modernizador se difunde desde el centro de la capital Estado, donde reside la corte, hacia el resto de la sociedad civil en forma de sucesivas ondas concéntricas que irradian la obra reguladora y normativa encargada de civilizar o modernizar la vida social. El Estado sólo puede modernizar en la medida en que la elite aristocrática se desmilitarice y civilice, desvinculándose del belicismo estatal. Lo más típico del incipiente Estado moderno no sería tanto el que intente pacificar su interior como el que trate de rivalizar y competir militarmente con el exterior: guerras internacionales de religión , que ventilan la supremacía militar en pos de la hegemoníaa europea.

Nuevos modelos visualizan la modernización como un subproducto colateral de la actividad exterior de los Estados, mientras que el primer modelo la concebía como un producto de su centralización interior. También aquí podemos distinguir entre dos modalidades:

  • Una de ellas la hace depender de la rivalidad bilateral entre los Estados, que tratan de competir entre sí para superarse recíprocamente.
  • La otra la hace depender de su pertenencia a un común espacio geoestratégico, entendido como sistema multilateral de Estados, que estrechan progresivamente sus relaciones de interdependencia global.


La versión más depurado del segundo tipo; estratégico por entender la modernización como un efecto secundario del esfuerzo bélico, es la de McNeill: dice que los Estados históricos europeos, para poder superar el desafío militar que les planteaban sus vecinos, hubieron de desarrollar a largo plazo las potencialidades internas de sus propias sociedades civiles, a fin de poder movilizar los recursos necesarios para garantizar militarmente el control soberano sobre su territorio; se produjo la modernización socioeconómica como un efecto indirecto no previsto ni deseado.

Esta versión puede partir de la supuesta existencia de una auténtica revolución militar protagonizada por los ejércitos calvinistas del SXVI y cuyo influjo racionalizador se difundiría al resto de la sociedad. Las consecuencias modernizadoras consistieron no tanto en la racionalización de los ejércitos como en el hecho de que, para poder incrementar el esfuerzo bélico necesario para superar el desafío que suponía la rivalidad de sus vecinos, los Estados europeos se vieron obligados a desplegar todas las potencialidades internas de su sociedad civil.

Ante todo precisaron de mercenarios privados, después necesitaron también la privada industria armamentista. Luego dependieron de los fondos bancarios, y por último, hubieron de recurrir a las tasas impositivas recaudadas a la población civil. Pero además el cuarto recurso, que eran los impuestos, sólo podía recaudarse e incrementarse tras largas negociaciones con las élites sociales y económicas que controlaban la riqueza imponible. Así fue como para poder incrementar su poder militar los Estados absolutos se fueron viendo obligados no sólo a desarrollar la potencialidad económica de sus poblaciones sino además a otorgarles crecientes libertades políticas y civiles.

La lucha por el poder militar es el auténtico motor de esta permanente carrera de armamentos que desencadenan la progresiva modernización de sus sociedades civiles. Frente a la explicación bilateral cabe la explicación multilateral.

Eric Jones advierte la rivalidad bélica entre los Estados europeos sólo se explica por su competencia multilateral: porque existía un equilibrio multipolar de poderes entre diversos Estados que pugnaban por imponerse a los demás evitando que ningún otro se les impusiese. Jones replica el experimento weberiano de comparar Europa hacia 1500 con China e India, que por entonces la superaban en riqueza económica, tecnología militar y belicosa agresividad. La clave es que en China e India se impusieron monopolios militares que construyeron imperios, unificando políticamente todo su espacio geoestratégico y evitando la competencia entre sus diversas subunidades territoriales. Jones entiende sus sistema multilateral como un equilibrio de poderes entre Estados independientes que sólo se relacionan entre sí bilateralmente.

Lo más característico de esta tercera versión es que, aceptando la existencia de un equilibrio multipolar de poderes entre Estados que compiten y rivalizan entre sí pugnando por la hegemonía geoestratégica, no por ello reducen las relaciones entre las unidades estatales a la mera competición conflictiva, sino que también reconocen otra serie de relaciones interestatales cooperativas.

Aquí la clave reside en que el espacio multilateral europeo no sólo está compuesto por Estados independientes entre sí sino también por las sociedades civiles reguladas por esos Estados: sociedades civiles que no son compartimentos estanco incomunicados, sino que interpenetran unas a otras a través de unas fronteras muy imprecisas y difusas. Para Mann o Hall, este multilateral espacio común europeo es tan responsable del milagro de la modernización como pueden serlo la sempiterna competencia política o la intermitente pugna militar entre los Estados.


Lo importante es que los Estados son interdependientes, vinculados por la interconexión de sus sociedades civiles. Interdependencia que resulta esencial para entender la eclosión de la modernización, pues sólo la existencia de una cultura comúnmente compartida por todos habría permitido que unos Estados políticamente independientes llegaran con el tiempo a ser culturalmente interdependientes. Estos autores atribuyen tanta o más importancia a los factores religiosos, culturales o económicos que a los factores políticos o militares.

martes, 22 de octubre de 2013

Resúmenes Cambio Social II Parte 10


En la asignatura de Cambio Social II del segundo cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, algunos compañeros realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria de la asignatura. Derechos reservados, sus autores.

1- Los movimientos sociales como fuerzas de cambio “Sociología del cambio social” de Sztompka, capítulo 19, pp. 303 a 330. Tomás Javier Prieto González // “Las revoluciones: la cumbre del cambio social” de Sztompka, capítulo 20, pp. 331 a 350. Tomás Javier Prieto González 2- Los movimientos sociales: principales teorías Perspectivas teóricas y aproximaciones metodológicas al estudio de la participación (Funes/Monferrer, en Funes/Adell, capítulo 1, pp 21 a 58) // Tomás Javier Prieto González // El estudio del contexto político a través de la protesta colectiva. Participación y democracia (Adell, en Funes/Adell, capítulo 3, pp 77 a 108). // Julia Ortega Tovar Participación y democracia: Asociaciones y poder local (Brugué/Font en Funes/Adell, capítulo 4, pp 109 a 132). Julia Ortega Tovar 3- Los nuevos movimientos sociales en el contexto histórico y de la mundialización Génesis y desarrollo de los movimientos sociales desde una perspectiva histórica. El movimiento obrero (Pastor, en Funes/Adell, capítulo 2, pp 59 a 76). Tomás Javier Prieto González // La dimensión individual en la acción colectiva (Funes, en Funes/Adell, capítulo 8, pp 225 a 254). José Antonio Puig Camps // Los movimientos antiglobalización (Ibarra/Martí, en Funes/Adell, capítulo 10, pp 285). José Antonio Puig Camps 4- Estudios de caso y campañas Dimensión simbólica y cultural del movimiento feminista (Robles/de Miguel, en Funes/Adell, capítulo 5, pp 133 a 162). Víctor Riesgo Gómez // Identidad colectiva y movimiento gay (Monferrer, en Funes/Adell, capítulo 6, pp 163 a 190) //  Javier Hermoso Ruiz Organización y estructura del movimiento ecologista (Jiménez, en Funes/Adell, capítulo 7, pp 191 a 224). Blas García Ruz


La ignorancia definida en el estudio de las revoluciones

Las diversas teorías de la revolución añaden percepciones importantes y una considerable cantidad de conocimiento plausible a nuestra comprensión de este complejísimo fenómeno macrosocietal. Una de sus contribuciones ha sido la de agudizar nuestra sensibilidad hacia la gran cantidad de lagunas de nuestro conocimiento, de rompecabezas e interrogantes respecto a las revoluciones. Aumentan el área de nuestra “ignorancia específica” (Merton) o definida: cosas que no sabemos, pero que sabemos que deberíamos saber para comprender el fenómeno de las revoluciones. Discutimos cinco rompecabezas o paradojas a las que se enfrenta la teorización en este campo:

1.    Concierne al estallido de las revoluciones Diversas teorías nos ofrecen indicaciones de los numeroso factores y fuerzas, determinantes y codeterminantes, condiciones necesarias y suficientes, circunstancias facilitadoras u sofrenadotas, situaciones conducentes y obstaculizadoras de las que depende el estallido. Remiten al comportamiento humano; algunas a motivaciones, intenciones, emociones e ideas; algunas al contexto societal y cultural; algunas a intereses económicos; algunas a oportunidades políticas. Sólo cuando todos estos factores (o unos cuantos) aparezcan en unas determinadas combinaciones únicas se producirán realmente las revoluciones. ¿Cuál es esta mezcla explosiva…? No lo sabemos
2.    Concierne a la movilización revolucionaria. ¿Qué explica la explosión de compromiso…? No lo sabemos
3.    Concierne a la herencia revolucionaria. ¿Cuál es el impacto de revoluciones anteriores sobre revoluciones posteriores? No lo sabemos
4.    Concierne a los resultados de la revolución. Las revoluciones, especialmente cuando tienen éxito, engendran mitos heroicos; sus conquistas se exageran, los costos se ignoran. Pero desde una cierta perspectiva histórica los efectos colaterales, el costo humano, los efectos boomerang, acaban desvelándose, atemperando la euforia primera. ¿Es inescapable esta lógica perversa? No lo sabemos
5.    Es el de la predictibilidad. Muchos observadores está de acuerdo en que ninguna de las revoluciones conocidas históricamente fue nunca predicha. Todo el mundo queda atrapado por el asombro ante la espontaneidad súbitamente aparecida, que destruye todo aquello que encuentra en su camino. No ha habido sorpresa mayor en la historia moderna que la velocidad y la manera total en que los regímenes comunistas cayeron en Europa del este y en la patria socialista misma.

Pero pueden sugerirse razones ontológicas más fundamentales para la impredecibilidad. Quizás en este terreno la predicción no sólo es difícil sino imposible por principio:

1.    Porque los sucesos revolucionarios dependen de acciones realizadas por multitudes de individuos, acontecen como efectos agregados de miradas de decisiones individuales. En la macroescala agregada, la condición descrita por las ciencias naturales como “caos” es la que parece prevalecer, haciendo imposible cualquier predicción específica.
2.    La predicción es difícil porque la movilización y la coordinación de las acciones revolucionarias precisa líderes fuertes, y la aparición de tales líderes con talento suficiente, estatura y carisma es en gran medida un secreto de la genética.
3.    Porque el fenómeno de la revolución incorpora múltiples preocesos aunque cada uno de ellos fuera regular, describible teóricamente y en cierta medida hasta predecible, en su combinación única, al atravesar un determinado momento histórico, estos procesos producen irreductible novedad, emergen fenómenos no explicables ni predecibles por ninguna teoría parcial.
4.    En el caso de los cambio sociales, revolucionarios, la lógica circular de la reflexividad y la autodestrucción de la profecía es particularmente perversa. Si la teoría fuera predictiva, la predicción de la revolución sería sin duda afectada por los defensores del antiguo régimen, quienes en ese momento todavía tendrían fuerza suficiente para paralizar la revolución y evitar su victoria, falsando de este modo la predicción con sus acciones.

La teoría de la revolución es imposible porque si proporcionara predicciones, éstas estarían condenadas a se falsadas por los hechos; y si ni proporciona predicciones no es una teoría. Todo lo que podemos esperar de las llamadas “teorías de la revolución” se reduce a interpretaciones con posterioridad al acontecimiento, una mejor organización conceptual de la compleja experiencia histórica y una orientación mejorada en el caos de los hechos. Esto de por sí constituiría una gran hazaña intelectual.