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domingo, 8 de junio de 2014

Owen Jones: “Las cosas han empeorado desde que escribí 'Chavs'

Artículo de Lucía Lijtmaer publicado el 20 de mayo de 2014 en eldiario.es

Antes de Owen Jones, chav era una palabra para anglófilos. La leías en los medios del Reino Unido asociada a los chicos de chándal que comían pollo frito en la puerta de su vivienda de protección oficial o lo escuchabas de boca del personaje de Vicky Pollard si eras fan de Little Britain. De repente llegó un jovenzuelo rubio con pinta de estudiante y la convirtió en el síntoma de todo un país.
Su libro Chavs, la demonización de la clase obrera (Capitán Swing) ha resultado ser un espejo enfermo y quirúrgico sobre la representación de la clase trabajadora británica en la actualidad. Owen Jones visita España para dar dos conferencias; el lunes estuvo en el CCCB y el martes en el Círculo de Bellas Artes, donde ha diseccionado su trabajo.
¿La demonización de la clase obrera es un fenómeno exclusivamente británico?
La demonización es inevitable en todas partes por las desigualdades. Si lo piensas, la desigualdad es irracional: el poder y la riqueza no deberían estar en manos de tan poca gente. La desigualdad se racionaliza y justifica con la idea de que los miembros de las élites merecen estar donde están porque son más listos y trabajan más, mientras que los que están por debajo merecen estar ahí porque son estúpidos y vagos. Cuanto más desigual es la sociedad, más necesitas demonizarla para justificarlo. El caso del Reino Unido es clave porque es mucho más acuciante especialmente a partir del thatcherismo, donde se produce este cambio en el que la pobreza y la desigualdad ya no se presentan como problemas sociales sino como fracasos individuales.
Hay una frase muy famosa de un político thatcherista: "En los años treinta, cuando mi padre se quedó sin trabajo se subió a su bicicleta y salió a buscarlo". Así, "súbete a la bici" se convirtió en un cliché nacional. Las enormes desigualdades y la fluctuación de la necesidad de la respuesta colectiva al individualismo gubernamental ocurren en otros países, pero es especialmente reseñable en el Reino Unido donde los medios de comunicación sostienen y apoyan este discurso.
Eso se comprueba fácilmente en Chavs, dónde la connivencia entre medios de comunicación y el discurso ultraconservador es evidente.
Sí, los medios lo magnifican todo utilizando ejemplos extremos. El año pasado, el caso de Mick Philpott fue muy famoso: seis de sus 17 hijos murieron en un incendio provocado por él. En el Reino Unido solo hay 190 familias con más de diez hijos en situación de desempleo, pero aparecen constantemente en los medios como un estereotipo de la clase obrera que se aprovecha de los subsidios. Después del juicio, el Daily Mail, el segundo diario más leído, tituló "Otro producto execrable del Estado del bienestar en el Reino Unido". Se culpa al Estado del bienestar por estos casos extremos constantemente.
Resulta chocante cómo el trabajo de investigación revela tanta agresividad explícita por parte de los medios.
Lo terrible es que las cosas han empeorado desde que escribí el libro. En él aludo a varios casos de demonización por parte de la prensa, pero el que te acabo de describir directamente relaciona el Estado del bienestar con un asesinato.
¿Por qué ocurre esto?
Cuando la izquierda reclama más impuestos a los ricos, los medios de comunicación rebaten la idea fomentando la envidia. Lo mismo ocurre con la inmigración: se visibilizan más los casos de inmigrantes que consiguen casas a través de las ayudas sociales para fomentar un discurso racista. Se detallan las pensiones de los trabajadores del sector público -enfermeras, médicos, profesores- para fomentar la envidia de los trabajadores del sector privado. Así, los medios de comunicación magnifican casos para manipular a la opinión pública. Un 0,7% del gasto social está mal empleado, pero la percepción de la gente es que se trata del 27%. Nuestros medios de comunicación, muy ideologizados, no cuentan la realidad tal como es.
¿Cree que algunos de estos medios, como sucede en otros países, deberían ser penados por ley? Por ejemplo, en aquellos que incitan al odio racial.
El tema es que se incita al odio de manera muy sutil. Se expone un caso de derroche de un subsidio y se muestra que se trata de un inmigrante, y con eso basta, el subtexto está ahí. Con el auge de UKIP, el partido de derechas populista que centra su debate en la inmigración, la atmósfera en el Reino Unido se está tornando muy siniestra. Nigel Farage, su líder, dijo la semana pasada que entendía que la gente estuviera preocupada si se mudaba a su barrio un vecino rumano. Recuerda a la campaña tory de los sesenta, que hacía un juego de palabras con una campaña: "Si quieres a un negro como vecino, vota a los laboristas". Ya en esa época la opinión pública se escandalizó, en cambio ahora vuelve a legitimarse la misma idea.
¿Está de acuerdo con que el avance es posible porque es la extrema derecha la que está haciendo la revolución?
Parcialmente sí, por un fracaso de la izquierda, que no ha sabido canalizar la rabia de la gente. La derecha ha logrado trasladar esa rabia contra los banqueros, evasores de impuestos o explotadores hipotecarios hacia sus propios vecinos, inmigrantes y trabajadores del sector público. La derecha logra culpar a la base usando un populismo que hace mella en el público. La izquierda no ha podido con eso, y la derecha ha aprovechado el hueco. Se puede ver en Francia, con las cifras en poblaciones con una potente clase obrera que solía votar al Partido Comunista y ahora votan al Frente Nacional en medio de una crisis económica devastadora.
Entonces, ¿la demonización de la clase obrera es un síntoma o una consecuencia?
La destrucción de la idea de que no existe una clase obrera y que todos somos clase media es la clave. Esta idea, fomentada por políticos y periodistas de clase media, pulveriza el debate sobre las desigualdades, porque si no hay clases sociales, no hay nada que debatir. Se combina con la noción de que los que quedan fuera de la dominante clase media son los vagos y maleantes chavs que no quieren trabajar. Si unimos eso al aumento de pobreza y desigualdad y el cambio de discurso en el que se culpabiliza al trabajador, ya tenemos el discurso completo. La guetización de la clase obrera en viviendas sociales implicó que aquellos con mayores necesidades acabaron separados del resto de la población. Eso hizo mucho más fácil que todo un sector fuera demonizado. Toda la clase empobrecida está concentrada, y el resto de la gente sólo sabe de ellos por lo que cuenta la televisión.
En su libro cita Estates, de Lynsey Hanley, una obra clave que explica exactamente cómo esa guetización fue planeada y fue de todo menos casual.
Es que fue una decisión ideológica. Originalmente, las viviendas de protección oficial promovían unas comunidades mixtas. Aneurin Bevan, creador también de la sanidad pública, dijo que quería recrear los mejores aspectos de aquellos preciosos pueblos ingleses y galeses, donde el doctor y el carnicero vivían puerta con puerta. El problema es que los tories rebajaron la calidad de las construcciones y hacinaron a la gente en monstruosos bloques de pisos que no fomentaban ningún valor comunitario. En los ochenta, al ofrecer los pisos de protección oficial para la venta, se reservó una partida para los más desprotegidos. Eso generó la guetización de las comunidades, pero también su fragmentación y división, ya que todos estaban compitiendo por los mismos pisos.
¿Qué pasa con la cultura pop? En el libro se explora cómo el ocio y el entretenimiento parecen haber desaparecido para el chav.
La idea de que no existen clases sociales en parte proviene de la idea de una democratización de la cultura. Factor X es un programa (de televisión) que podría ver el príncipe Guillermo y también un chav. Antes, la cultura popular era para las masas, mientras que la alta cultura era para la clase media-alta . Y aunque es cierto que resultaría difícil encontrar a alguien de clase obrera en la ópera, la cultura popular se ha ampliado. El problema es que solía ser el refugio y la cultura de la clase obrera -los Beatles son el ejemplo clásico- pero si comparamos las listas de éxitos de 1990 a las de ahora, encontramos que ahora los músicos son todos de clase acomodada y han recibido una educación privada, a la que sólo tiene acceso el 7% de la población.
El ataque a la Seguridad Social y al sistema de becas hace que muy poca gente de clase obrera pueda sostener que sus hijos se dediquen a la música mientras les mantienen sus padres. Lo mismo pasa con el fútbol, tradicionalmente una ocupación de clase obrera. Cuando en los noventa la clase media comenzó a demostrar interés, los precios de las entradas a los partidos subieron, también como un intento de frenar la violencia que se consideraba intrínseca de la clase obrera. Además, se introdujeron los canales de deportes de pago. Al final, la propia cultura de la clase obrera ha acabado siendo inaccesible para ella.
Eso convierte a la clase obrera en consumidora y no productora de su cultura.
Exacto. Junto a un montón de otras profesiones a las que ya la clase obrera no tiene acceso, como la de periodista. Si para ser becario tienes que trabajar gratis durante meses, ¿quién puede pagar eso? Se desplaza la idea de que el talento es lo más importante en favor del dinero que tiene tu familia, no solamente para estudiar sino para producir cultura. Es una barrera de clase relativamente nueva.
Factor X perpetúa en parte el mito conservador de la meritocracia: puedes lograrlo todo si realmente lo intentas.
Sí, y copia una tradición obrera de los clubs de hombres, el karaoke. Pero aunque parezca raro, Factor X resulta positivo para la clase obrera, porque en el reality enseñan las vidas de los concursantes, todos de clase obrera. Es uno de los pocos espacios que muestra a gente de clase trabajadora en su vida cotidiana, en vez de describir situaciones criminalizables. Por otro lado, sí, fomenta una idea en la que todos podemos ser ganadores de una lotería si tenemos talento, y todos podemos llegar a la cumbre si nos esforzamos, lo cual es falso. Por eso las aspiraciones de los jóvenes de clase obrera son poco realistas: estrella del pop, futbolista... Es porque se trata del único modelo que se les ofrece.
Esta demonización tuvo un paréntesis en los noventa, ¿no? El turismo de clase, la imitación del acento cockney...
Sí, se daba mucho en la universidad. Es lo que hicieron Blur, ¿no? (ríe). En los noventa se puso de moda rebajar tu estatus social, demostraba heroicidad. Se veía como algo positivo, porque en el fondo si venías de un entorno obrero, se asumía que estabas ahí por tu talento. En la música el epítome de la glorificación de lo obrero fue Oasis, mientras que ahora está Coldplay, una banda considerada algo ñoña y de entorno privilegiado. Ahora no se me ocurre ningún grupo de la importancia de Oasis que pueda cumplir ese perfil. En la actualidad en las universidades lo que está de moda es ser pijo, incluso sólo estéticamente. El look de Retorno a Brideshead, con sus camisas rosas y sus corbatitas ridículas, ha vuelto, y se organizan fiestas temáticas chavs como manera de echarse unas risas. Es un cambio sustancial.
Tras un libro de tanto éxito como Chavs, ¿qué viene ahora?
Estoy trabajando en un libro sobre la clase dirigente, The Establishment and how do they get away with it (La clase dirigente, y cómo se salen con la suya), y es sobre la clase dominante y lo que hace, basado en una gran cantidad de entrevistas, centrado en cómo gestiona el poder y lo mantiene.
¿Algún descubrimiento interesante?

Que son unos cabrones (ríe). ¡Lo dicen ellos mismos! Describo su mentalidad como un anuncio de L'Oreal: "Porque yo lo valgo". Así justifican sus privilegios políticos y sociales, se suben el sueldo y pasan del sector público al privado sin ningún tipo de remordimiento.

Artículo de Lucía Lijtmaer publicado el 20 de mayo de 2014 en eldiario.es

martes, 11 de junio de 2013

La cultura ¿Un bien superfluo?


Artículo de Rosa María Artal. Publicado el 05/06/2013 en eldiario.es
Fue entender por qué cuando lo miraba “se me llenaban los huesos de espuma”.  Gabriel García Márquez me llevó en volandas al universo mágico de Macondo y nada volvió a ser exactamente igual. Fue, también, comprobar que en el  “Mundo Feliz” pergeñado y controlado por otros, la división de clases llega a fabricar incluso “epsilones” apenas sin cerebro para los trabajos duros. Aldous Huxley abría las páginas de mi mente en la brillante metáfora. Solo unos pocos cuestionaban el orden establecido, el resto “Sin esfuerzo excesivo ni de espíritu ni muscular, siete horas y media de un trabajo ligero, nada agotador, y enseguida la ración de soma, deportes, copulación sin restricción, y el Cine Sentido”. Y fue leer para saber, para querer emular y buscar ideas y palabras que enriquecen y hacen sentir y pensar. Y fue escuchar a Luciano Pavarotti en el espacio abierto para todos del Hyde Park londinense en una noche de lluvia intensa e integrarse en un Nesum Dorma colectivo. O querer parar un avión en Casablanca para que Ilsa Laszlo hiciera lo que realmente deseaba en una película perfecta. Mil manifestaciones más que hemos paladeado para ser más felices y mejores ¿Cómo es posible que la cultura no se aprecie ni se proteja, que se apueste incluso contra ella en estos días amargos?
 Con el mismo empeño que el PP va contra la sanidad pública, la educación o la ciencia y la investigación arremete contra la cultura. Y, en este caso, sin rechazo popular masivo. España soporta ahora el IVA cultural más caro de Europa, un 21%. Incluso el Portugal -que nos antecede en el calvario y que aplica un 23% a casi todo- reserva el 6% para los libros. Los recortes han supuesto un ataque frontal a cuanto suponga cultura. La ley Wert desprecia en el bachillerato las artes escénicas y restringe la música y la plástica. Ni un solo euro se destina a la compra de libros para bibliotecas públicas. Se resienten los museos con importantes mermas, hasta El Prado (“turístico”, “Marca España”) ha visto reducido su presupuesto en un 30%. El Teatro Real de Madrid el 23%. Teatro e igualmente cine, música y festivales asisten a momentos críticos por la tijera depredadora. Ni la Convención de la UNESCO DE 2005 que manda proteger y promover las expresiones de la diversidad cultural se tiene en cuenta a pesar de que España la suscribió.
 De hecho, la estrategia del ministro liquidador de la Educación y la Cultura ha sido que cine, teatro y conciertos dejen de ser arte para meterlos en el saco del espectáculo, el entretenimiento. De este modo justifica la elevación de su precio. España ha pasado a ser  uno de los pocos países que considera la cultura una mercancía más.  
 Mariano Rajoy que acudió recientemente a la Biblioteca Nacional por primera en su mandato –puede que por primera vez en su vida- se refirió a ese concepto. Habló de que "el nuevo ecosistema de consumo cultural se encuentra ya en el cibersepacio". Ése al que, por cierto, quieren controlar también con subterfugios por su “peligrosidad”, creo que para la Seguridad Nacional que es cosa seria. El presidente del gobierno lo que valora es la lengua española como “ producto más internacional y prestigiado de España". Y quiere que ley de educación -que ha perpetrado a medias con su ministro- impulse la cultura como "sector clave para adaptar la competitividad y transmitir una marca de vanguardia". Así ve el PP la cultura.
 Lo peor es cómo la ven los ciudadanos que engullen este enorme retroceso sin problemas. Los mismos que no leen o, si compran un libro, lo hacen preferentemente de los autores que  “salen por la tele” y que -como decía, el premonitorio Huxley-  con los deportes, la copulación sin restricción y todo el soma que arrojan sobre todo las pantallas de plasma tienen bastante. Y, encima, cuando la ración de soma de comer, de estar sano, de tener una vida digna empieza a escasear tan alarmantemente.
 El domingo el predecesor de Wert, Ángel Gabilondo, se refirió en un homenaje a José Luis Sampedro a cómo “se empieza por leer libros y, claro, se acaba queriendo arreglar el mundo”. De eso se trata, sí. Dóciles epsilones de carga, percebes sumisos, y casi ni eso, una masa krill para usar y deglutir.
 Es entrar en la Cuevas de Altamira. En la Catedral Gótica de León. En el románico Castillo de Loarre oscense. En el diseño de vanguardia. En la desarmada derrota del “Ne me quitte pas” de Jacques Brel.  En la alegría de vivir de Singing in the rain. Es tanto… Sentarse ante El jardín de las delicias de El Bosco o ante cualquier cuadro de Goya que tan bien reflejó España. Es leer a Saramago y a Sampedro, y a Calderón y  a Gioconda Belli y a Richard Dawkins. Cada cuál tiene su imaginario, sus preferencias, pero un país de ciudadanos libres no puede reducirlo a la bota de Messi o el cerebro de Cristiano.  La cultura no es un bien superfluo. Y no es tolerable que un gobierno de epsilones venidos a más con mando en tijera se empeñe en embrutecer a la mayoría de un país.

Artículo de Rosa María Artal. Publicado el 05/06/2013 en eldiario.es

sábado, 25 de agosto de 2012

Nos han impuesto que eres más feliz cuanto más consumes y más compites

Entrevista publicada en Laprovincia.es


NACHO MARTÍN
Zygmunt Bauman

Filósofo y Premio Príncipe de Asturias

Zygmunt Bauman, durante la entrevista en el hotel
Voramar de Benicássim. / Ana Torregosa
¿Están sexo y amor convirtiéndose en una hipoteca para la sociedad occidental?

Todos estamos hechos para amar y ser amados y no nos sentimos plenos salvo que tengamos esa persona para amar y ser amados, y también en el plano de las amistades, de las relaciones interpersonales. Cuando hablo de este término hipoteca me refiero a que para poder amar se necesitan ciertas obligaciones, un compromiso a largo plazo que puede implicar sacrificio para cuidar a la otra persona y de algún modo hipotecar tu futuro, arriesgarse. Y lo que ocurre en esta sociedad es que sobre todo los jóvenes están siendo animados a evitar un compromiso a largo plazo. La gente se junta para ver si funciona, pero si lo haces así, el más mínimo desacuerdo se convierte en un gran problema. Y esto también se refleja en las amistades, relaciones interpersonales, vecinos... Es parte también de la crisis.

¿En qué medida?

Es tremendamente importante para el futuro de la humanidad. El problema real es reemplazar las lecciones de cómo vivir que nos han sido impuestas: primero, se nos ha enseñado que para ser más feliz hay que consumir más, tener el último iPad o el último modelo de teléfono o de camiseta. En segundo lugar nos han dicho que hay que ser mejor que el otro, que hay que competir constantemente. Y estos dos caminos son dos de las causas de la crisis actual.

¿Qué caminos serían más deseables?

Buscar un sentido conjunto y unos objetivos comunes de las personas, compartiendo y debatiendo, discrepando -lo cual también da mucha felicidad-, pero estamos demasiado ocupados intentando competir. Vamos a encontrar vías todos juntos, y no sólo escuchando lo que una persona mayor como yo pueda decir. Pero sí puedo decir que una de las claves es entender que lo que da felicidad no es consumir, sino producir. Ese es el regalo.

¿En la actual sociedad de Internet seguimos siendo lo que escribimos?

Le diré que una persona adicta a Facebook puede hacer más de 200 amigos en un día. Yo en 87 años no pude hacer más de 500 amigos, y no me estoy refiriendo a ese tipo de amigos que pueden llenarte de felicidad. Los amigos de Internet no son más que amigos de red, y puedes perderlos también en un día y no estarán allí cuando los necesites. La amistad y el amor no son una cuestión de tecnología; necesitas una dedicación espiritual.

¿Está Europa hundida? ¿Va a ganar la economía la batalla frente a los valores y los derechos?

No soy un profeta, pero puedo mirar a mi alrededor y veo pocas señales de que estemos en el camino para salir de la crisis. Este colapso del crédito ha sido al final una redistribución de riqueza que ha dado más a unos pocos ricos y ha hecho más pobres a los pobres, especialmente a los jóvenes. Un 52 % de los jóvenes está sin empleo en España y eso es muy grave, no pasaba algo así desde la Segunda Guerra Mundial. Y eso los frustra, porque les quita su dignidad haciéndoles sentir que nadie les quiere, que no sirven para nada. Se está quitando riqueza a los más débiles y eso es muy peligroso; y los gobiernos sienten la presión de los bancos, de las instituciones. Y ante esto no hay caminos intermedios: o te rindes a lo que te piden los bancos y la economía, haciendo más fácil la vida a los bancos y penalizando a los débiles; o por el contrario defiendes los intereses de tu población.

¿Por qué ha venido al foro social de un festival reggae?

Creo que este tipo de puntos de encuentro con intereses comunes son muy importantes; compartiendo no sólo una música, sino también intercambiando y haciendo relaciones interpersonales. Yo he sacrificado para venir aquí, porque creo que es importante, ya que en Benicàssim hace mucho calor y soy una persona que lo pasa ciertamente mal con el calor, pero aquí estoy porque creo que es importante.

¿Qué mensaje va a trasladar a los jóvenes que van a escucharle en el foro social y que buscan respuestas, guías para salir de esta crisis, para cambiar las cosas?

Tú puedes hornear o amasar tu futuro. Es solamente tu elección, y no hay certeza, pero simplemente es una cuestión de compromiso con tu sociedad. ¿Usted conoce a un filósofo italiano que se llama Gramsci? Gramsci dijo que el único modo de predecir el futuro es organizarse y hacer que eso que quieres ocurra.

Entrevista publicada en Laprovincia.es por Nacho Martín