Mostrando entradas con la etiqueta Merton. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Merton. Mostrar todas las entradas

miércoles, 10 de abril de 2013

Resúmenes Cambio Social I Parte 8


En la asignatura de Cambio Social I del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, algunos compañeros realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria Sociología del cambio social de Piotr Sztompka. Derechos reservados, sus autores.

Capítulo 1 Conceptos fundamentales en el estudio del cambio social. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 2 Vicisitudes de la idea de progreso. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 3 La dimensión temporal de la sociedad: El tiempo social. Víctor Riesgo // Capítulo 4 Modalidades de tradición histórica. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 5 La modernidad y más allá. Víctor Riesgo // Capítulo 6 La globalización de la sociedad humana. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 7 El evolucionismo clásico – Julia Ortega Trovar  // Capítulo 8 El neoevolucionismo - Julia Ortega Trovar // Capítulo 9 Teorías viejas y nuevas de la modernización – Andrea Fuente Fernández // Capítulo 10 Las teorías de los ciclos históricosBlas García Ruiz // Capítulo 11 El materialismo histórico - Blas García Ruiz  //Capítulo 12 Contra el desarrollismo, la crítica moderna Julio Monteagudo Diz // Capítulo 13 La historia como producto humanoGalaaz Vaamonde (9 octubre) // Capítulo 14 La nueva Sociología histórica - Galaaz Vaamonde // Capítulo 15 El devenir socialJesús Sánchez Azañedo // Capítulo 16 Las ideas como fuerzas históricas - Carlos Catalán Serrano // Capítulo 17 El surgimiento de lo normativo – María Purificación Moreno Moreno // Capítulo 18 Los grandes individuos como agentes de cambio social - María Purificación M. Moreno  

Las funciones del tiempo social

Hay algunas funciones universales a las que sirve el tiempo en todas las sociedades. Hay también importantes diferencias históricas entre las primeras sociedades tradicionales y las modernas sociedades industriales respecto al papel del tiempo. Wilbert Moore (1963a) ha sugerido una triple función que tiene que ver con tres aspectos universales de la vida social: la sincronización de acciones simultáneas, el secuenciamiento de las acciones posteriores, la determinación de la tasa de acciones dentro de una unidad temporal. Desde este punto de partida podemos desarrollar una tipología más amplia.

1 El primer requisito de la vida social satisfecho por los sistemas comunes de cuantificar el tiempo es la sincronización de las actividades. Una gran parte de la vida social de toda sociedad es ocupada por la acción colectiva, por cosas hechas a consuno por un gran número de gente. Para que se dé la acción colectiva, la gente ha de encontrarse en el mismo sitio al mismo tiempo. Incluso si su presencia física no es necesaria, han de acometer determinadas acciones al mismo tiempo.

2 El siguiente requisito universal es la coordinación. Las acciones individuales no acontecen en el vacío. Gran número de ellas están relacionadas, conducen a la creación de un bien común, o se suman a la creación de un producto común. La división del trabajo es el ejemplo más claro de esto. Los esfuerzos individuales, para que sean instrumentales respecto a la tarea común han de ocurrir al mismo tiempo, o en alguna distancia especificada en el tiempo o en series temporales.

3 Un requisito más es la “secuenciación”. Los procesos sociales se producen por fases, los sucesos se suceden unos a otros en secuencias específicas, hay una lógica necesaria, inherente, a la mayoría de los procesos. Hay muchas acciones que sólo tienen sentido si encajan en un momento determinado en el proceso. No pueden ser hechos antes o después de su tiempo justo. Quizás el mejor modelo de esta situación nos lo proporciona la cadena de montaje de una fábrica, pero la situación es mucho más universal.

4 Otro requisito es la actualidad. Algunas actividades sólo pueden emprenderse si determinadas oportunidades o recursos están disponibles, y pueden no estar disponibles a todas horas.

5 El siguiente requisito a consignar es la medida. La duración de las diversas actividades puede tener una importancia social decisiva, por ejemplo determinar la duración de un esfuerzo que se prevé realizar, la excelencia en la ejecución, el coste de los servicios... Sin medidas comunes, aceptadas, no puede hacerse determinación alguna de tal tipo.  

6 El requisito último es la diferenciación. Es importante romper con la monotonía de la rutina vital intercalando diversos períodos con actividades variadas. Todas las diversiones extraordinarias frente al trabajo y las preocupaciones mundanas son apreciadas por la gente en todas las sociedades, y una de las funciones del tiempo es demarcar y reservar momentos adecuados para ellas.

La significación de todas estas funciones cambia con la complejidad de las sociedades humanas, sus instituciones y organizaciones, las tareas y los desafíos a los que se enfrentan su miembros. En una sociedad primitiva, el tiempo es el producto que emerge de actividades rítmicas, de modelos repetitivos de acciones, de los ciclos de las estaciones, del ciclo de la vida, de observancias mágicas o religiosas. La gente toma una cierta conciencia del tiempo per se, pero es secundaria, derivada de las apremiantes tareas de la existencia cotidiana.   Como ha dicho Barbara Adam, el tiempo es una especie de variable secundaria, dependiente, en las vida de las primeras sociedades. Satisface exclusivamente funciones instrumentales.

Si tomamos el extremo opuesto, el de una sociedad moderna, industrial, la situación se invierte. El tiempo deviene el regulador central, el coordinador, el organizador de las actividades humanas. Debido a esto, adquiere una cualidad mistificada de autonomía. Ya no es una herramienta o un instrumento, sino un valor en sí mismo. Se convierte en una variable independiente, un factor primario determinante de la vida social. El tiempo toma la forma de un recurso que puede gastarse, ahorrarse, repartirse, o incluso na mercancía que puede venderse o cambiarse. Este fenómeno de reificación y autonomización de algunas cualidades emergentes de la vida social, que empiezan a vivir una realidad separada y a constreñir y oprimir a sus propios creadores, a los individuos humanos, es un rasgo más amplio de la modernidad, y no está limitado al dominio del tiempo. 

Principales tradiciones teóricas en el estudio del tiempo

La sociología clásica del tiempo es mérito de Emile Durkheim (1915) y de los miembros de su “Escuela Francesa”, Marcel Mauss, Henry Hubert, Maurice Halbwachs, Marcel Granet (cf. Banaszczyk 1989) Durkheim introdujo tres nuevos acentos, que definen su enfoque distintivo del tiempo y que fueron heredados por la sociología posterior: la perspectiva sociológica, la perspectiva relacional y la perspectiva relativista.

Las nociones de sentido común del tiempo lo habían considerado como una especie de medio difuso, natural, que abarca todas las experiencias humanas. Durkheim dio un paso más, trasladando el problema del tiempo al dominio de lo social. Para él el tiempo es el “factor social”, o la “representación colectiva”: el reflejo o la emanación compartida de las experiencias colectivas y de la organización social de una comunidad o sociedad. Como tal es construido socialmente. Al igual que otros “hechos sociales” construidos socialmente, el tiempo se aparece a la gente como algo externo, algo que se encuentra, y que ejerce una fuerza constrictiva sobre sus acciones. Proporciona la regulación normativa de la vida social, y en este sentido retroalimenta a la sociedad de la que ha emanado. Moldea a sus propios creadores. Durkheim aprehende la dialéctica del tiempo: el tiempo expresa el ritmo de las actividades cotidianas, pero también, reflexivamente, regula tales actividades.

El carácter social del tiempo implica que no es una sustancia, sino un conjunto de relaciones que ordenan los acontecimientos sociales en un modelo secuencial o rítmico.

Los orígenes sociales del tiempo implican que puede tomar formas distintas en las diversas sociedades de las que emana. Se le tiene por relativo a los distintos fundamentos existenciales que surgen de diferentes culturas, o en diferentes épocas. Por tanto el tiempo es histórica y culturalmente relativo.

Los durkheimianos posteriores extendieron tal relativismo no sólo a la comparación entre sociedades sino también a la constitución interna de tales sociedades, a las partes que la componen. Afirmaron que se habían encontrado que las diversas colectividades proporcionaban esquemas temporales específicos a sus participantes; cada tipo de actividad humana era contemplada como dirigida por una matriz temporal distinta. También se afirmaba que había grupos o categorías sociales que estaban en cierta medida aislados del impacto generalizado del tiempo. Este relativismo extremo también valía con respecto a los ritmos reales, objetivos, de la vida social, a la conciencia subjetiva y a la percepción del tiempo y a las regulaciones culturales, normativas de los aspectos temporales de la sociedad.

Otra importante contribución a la teoría del tiempo procede de Pitirim Sorokin y de Robert K. Merton. En su famosos artículo (1937) analizan lo que denominan el “tiempo sociocultural”, y lo conectan incluso de forma más íntima con la problemática del cambio social.  El énfasis radica en la naturaleza relativista y cualitativa del tiempo. No es nunca una escala cuantitativa neutral para medir los cambios, sino que por el contrario está dotado de un rico contenido, y fluye de forma distinta en las diferentes sociedades. “Los sistemas del tiempo varían con la estructura social” (p615) Esto es debido al hecho de que los puntos de referencia para la cuantificación del tiempo son escogidos entre acontecimientos socialmente relevantes, y su significación depende de distintos estilos de vida, y de los problemas dominantes en distintas comunidades y sociedades. En consecuencia las fechas tienen significado cultural, y no sólo de calendario, para las sociedades concretas; los períodos, incluso los que son nominalmente iguales, pasan con diferente velocidad dependiendo de la cultura concreta. El flujo del tiempo no es neutral, suave o uniforme; hay marcados acelerones y vacíos. Sorokin y Merton consideran el tiempo social como un prerrequisito funcional de una vida social ordenada, predecible, coordinada y sincronizada. Al ser de origen social y estar dotado de contenido cultural, retroalimenta a la sociedad, aumentando y enriqueciendo sus ritmos vitales característicos.

Una importante contribución, que enfatiza la tremenda heterogeneidad del tiempo social cualitativo, procede de Georges Gurvitch (1964) Presenta una tipología de ocho categorías de tiempo que pueden encontrarse en la sociedad moderna. Cada sociedad está caracterizada por una configuración particular de los tiempos sociales, y la elección del tiempo deviene un aspecto importante de la identidad del grupo, y en consecuencia de la competición y las luchas entre grupos.

Una “sociología del tiempo” de orientación empírica ha sido desarrollada por Eviatar Zerubavel (1981) Él cree que el “orden sociotemporal” es un principio fundamental y universal de la vida social. Se manifiesta en el nivel subjetivo y en el objetivo. La sociedad produce “estructuras temporales de referencia” objetivas, compartidas para su funcionamiento, y la gente desarrolla “orientaciones temporales normalizadas” que son indispensables para orientarse en la vida social de su sociedad. Todo acontecimiento o cambio social tiene su propio “perfil temporal”, una combinación de cuatro características temporales: 1 estructura secuencial, 2 la duración, 3 la localización en secuencias más amplias 4 la repetitividad o unicidad.

En la sociedad moderna hay una importante distinción que separa el tiempo público del privado. A medida que el tiempo deviene en mercancía la gente vende parte de su tiempo privado, convirtiéndolo en tiempo de trabajo. (Zerubavel 1990: 171) Este tiempo es regulado por rígidos horarios de trabajo. “ Por cuanto esta época deviene burocrática, el tiempo de la persona moderna está rígidamente segmentado en partes durante las cuales se supone que es accesible en su papel ocupacional, y en otras se supone que no lo es” (Zerubavel 1990: 172) Esto es un reelaboración reciente del enfoque anterior, tradicional, de investigación de la sociología del tiempo, esto es, del estudio de los “presupuestos del tiempo” (Szalai 1972) 

martes, 9 de abril de 2013

Resúmenes Cambio Social I Parte 7


En la asignatura de Cambio Social I del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, algunos compañeros realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria Sociología del cambio social de Piotr Sztompka. Derechos reservados, sus autores.

Capítulo 1 Conceptos fundamentales en el estudio del cambio social. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 2 Vicisitudes de la idea de progreso. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 3 La dimensión temporal de la sociedad: El tiempo social. Víctor Riesgo // Capítulo 4 Modalidades de tradición histórica. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 5 La modernidad y más allá. Víctor Riesgo // Capítulo 6 La globalización de la sociedad humana. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 7 El evolucionismo clásico – Julia Ortega Trovar  // Capítulo 8 El neoevolucionismo - Julia Ortega Trovar // Capítulo 9 Teorías viejas y nuevas de la modernización – Andrea Fuente Fernández // Capítulo 10 Las teorías de los ciclos históricosBlas García Ruiz // Capítulo 11 El materialismo histórico - Blas García Ruiz  //Capítulo 12 Contra el desarrollismo, la crítica moderna Julio Monteagudo Diz // Capítulo 13 La historia como producto humanoGalaaz Vaamonde (9 octubre) // Capítulo 14 La nueva Sociología histórica - Galaaz Vaamonde // Capítulo 15 El devenir socialJesús Sánchez Azañedo // Capítulo 16 Las ideas como fuerzas históricas - Carlos Catalán Serrano // Capítulo 17 El surgimiento de lo normativo – María Purificación Moreno Moreno // Capítulo 18 Los grandes individuos como agentes de cambio social - María Purificación M. Moreno  

El cálculo del tiempo

La medida del tiempo exige una escala y unas unidades. Éstas pueden construirse por referencia a sucesos repetitivos que señalan intervalos y a suceso únicos que marcan el comienzo de la escala. Los sucesos naturales proporcionan los puntos obvios de referencia. El ciclo astronómico, día, noche, estaciones. Una cierta idea de aurora, amanecer, anochecer... es con toda probabilidad universal, impuesta por las circunstancias primordiales de la existencia humana sobre la tierra.

Otras unidades de tiempo reflejan experiencias sociales en lugar de naturales. Éste es el caso de la semana y sus orígenes sociales que quedan puestos de manifiesto en la distinta duración que toma en diversas culturas.  El fundamento para la determinación de la semana se halla en el ritmo recurrente de mercados y ferias. También refleja la necesidad biológica del descanso, al establecer un día para el ocio y las necesidades espirituales.  Las divisiones convencionales derivadas de la religión también pueden encontrarse en la escala del año.

Los primeros aparatos técnicos para construir y medir el tiempo aparecen en  Babilonia y Egipto muchos años antes de nuestra Era. Tan sólo a mediados del siglo XIX apareció en el mercado, en Suiza y los EE.UU., el reloj económico personal, al alcance del público en general y no sólo de los más ricos.

Relojes y cronómetros hicieron posible disociar el tiempo de los sucesos y procesos concretos, tanto naturales como sociales, e introdujeron las unidades del tiempo convencionales, de igual duración, fáciles de contar. La división del día en doce horas, basadas en el sistema del zodiaco, ya había sido introducida en Grecia. La división de la hora en sesenta minutos, y el minuto en sesenta segundos es una historia mucho más reciente, que data del siglo XIV.

El tiempo en la conciencia y la cultura.

Como rasgo dominante de la vida social y que permea objetivamente los sucesos y procesos sociales, el tiempo ha de tener su reflejo en el nivel subjetivo de la conciencia. La percepción y la conciencia del tiempo es una experiencia humana universal. Algunas personas difieren de manera llamativa en su “sentido del tiempo”. Si bien para la sociología es más interesante otra reflexión de las realidades del tiempo, la sociopsicológica o cultural, a saber, los símbolos típicos, los valores, las reglas y orientaciones referidas al tiempo y compartidas por grupos, comunidades, clases y otras entidades colectivas o sociales. Devienen estos últimos codificados, se atrincheran en la conciencia social o en la cultura, adquiriendo una cualidad intersubjetiva y normativa y produciendo distintos “perfiles temporales” en distintas sociedades. La huella de tales patrones culturales comunes se siente en diversas áreas de la vida social, manifestándose en estilos específicos de conducta. Si comparamos diversas culturas contemporáneas descubriremos orientaciones temporales radicalmente distintas. Esto es cierto no sólo en el macronivel de las naciones o de los grupos étnicos. Hay diversas ocupaciones que ponen un gran énfasis en las virtudes del tiempo, en el “ahorro del tiempo”, mientras otras lo tratan de forma mucho más elástica. (ejecutivos-artístas). También las clases sociales, el género y el grupo de edad están altamente diferenciados en sus perspectivas temporales.

De forma más precisa, cuando hablamos de orientación en el tiempo o de perspectiva temporal han de distinguirse los siguientes aspectos:

1 El nivel de conciencia del tiempo: Es el rasgo más general, ejemplificado en un extremo por una preocupación obsesiva por el tiempo; (“el síndrome del tiempo es dinero”). En el extremo opuesto por la indiferencia, la negligencia y la permisividad con respecto al tiempo; (“el síndrome mañana”)

2 La profundidad de la conciencia del tiempo: a veces sólo el tiempo inmediato, el más próximo, es reconocido, y a veces el tiempo distante es también reconocido. Podemos hablar de perspectiva a corto plazo, (presentismo) y a largo plazo, al margen de si miramos hacia delante o hacia atrás.

3 La forma o perfil de tiempo: cíclica o lineal. Mircea Eliade (1959) afirma que la concepción del tiempo del “hombre arcaico” era cíclica, en ella los hechos se despliegan con los ritmos recurrentes de la naturaleza. La visión lineal del tiempo comienza con la cristiandad, e introduce el concepto de redención futura y de salvación, hacia los cuales la historia mundial y las biografías personales se van acercando de forma constante. Sin embargo sigue habiendo importantes enclaves del pensamiento cíclico en el mundo moderno industrial. Michael Young (1988) ha subrayado que los ritmos cíclicos de la vida social están íntimamente ligados con la esencia rítmica de los procesos naturales. De forma parecida, J David Lewis y Andrew J. Weigart (1990) discuten “tres ciclos que en nuestra sociedad están basados, más o menos, en tres secuencias naturales definidas como unidades de tiempo significativas”: el girar de los días, la rutina de la semana y las estaciones anuales.

4 El énfasis en el pasado o el futuro: “La forma en que los miembros del grupo se relacionan con el pasado y el futuro -esto es, su perspectiva temporal-   es en gran medida dependiente de la estructura del grupo y de sus funciones”. (Coser y Coser 1990) Algunas sociedades o grupos miran hacia atrás: aprecian las tradiciones, se fijan en las hazañas pasadas, viven en la historia; otras miran hacia adelante, rompen con las tradiciones, ignoran el pasado, miran hacia el futuro. Podemos hablar de orientación retrospectiva frente a orientación prospectiva

5 La manera de concebir el futuro: puede verse como algo con lo que uno se topa pasivamente, o como algo que se ha de construir activamente. Lo primero sugiere anticipación y adaptación, lo segundo, planificación y modelación. Podemos hablar de orientación pasiva o fatalista frente a orientación activa y o voluntarista. Cuando esta última actitud se empareja con una imaginación temporal amplia, y abarca no sólo los asuntos mundanos, cotidianos, sino también procesos históricos a gran escala, es denominada “historicidad”. Esto es, “el conocimiento consciente de que no sólo estamos formados históricamente sino de que formamos la historia; que la historia nos hace y que hacemos la historia” (Adam 1990: 146) En palabras de otro autor es la conciencia del transcurso lineal del tiempo y de “la movilización activa de las formas sociales en la prosecución de su propia transformación” (Giddens 1979: 221) Tal orientación hacia el futuro es en sí un fenómeno histórico, surgido tan sólo en determinado estadio de la civilización humana, y que es particularmente característico en el período de la modernidad.

6 El valor-énfasis dominante tanto en el cambio, en la novedad y el progreso, como en la recurrencia, la similitud y el orden: el primero puede ser denominado orientación progresiva, y es opuesto de la orientación conservadora. El modelo ideológico se refiere a  un área mucho más amplia que la conciencia del tiempo, pero también condimenta de forma significativa las orientaciones temporales.

El factor tiempo puede penetrar la cultura de una sociedad, de una comunidad o de un grupo social no sólo en la faceta general de las orientaciones temporales, sino también en la forma mucho más específica de las reglas (expectativas normativas) que regulan los distintos aspectos de la conducta humana. Tales reglas se encontrarán tanto dentro de diversas instituciones, como dentro de diversos papeles sociales. En suma, las reglas que se ocupan del tiempo están integradas estructuralmente en redes más amplias de reglas, en sistemas normativos sociales.

Una categoría importante de tales reglas ha sido señalada por Robert K. Merton, y las denominó “duraciones socialmente esperadas” (1982c; 1984) En su opinión hay importantes normas sociales que constituyen el “componente primario temporal de las estructuras sociales y de las relaciones interpersonales” (1968: 365-6). Tales normas, integradas en la estructura social, regulan la duración de determinados actos, la permanencia de grupos y organizaciones, el final de determinados cargos, etc. Lo fundamental no es sólo que algunas formas de la vida social duren más que otras, sino que hay expectativas normativas que prescriben cuánto han de durar y cualquier alejamiento de tales normas está definido socialmente como desviación, provocando sanciones sociales.

Al igual que todas las reglas sociales, la “duración esperada” influye fuertemente en el pensar y en el hacer de los actores sociales. Normalmente, cuando se espera que el lazo social, la pertenencia al grupo o al estatus, dure mucho, la gente se toma más en serio su apoyo, se compromete más, le dedica más recursos, participa más en todo su ser. Incluso dentro del dominio ocupacional hay llamativas diferencias de compromiso, dependiendo de la definición normativa de la duración. Si la duración es normativamente limitada se pueden observar llamativas diferencias de conducta y de compromiso entre el período inicial, las fases intermedias y el tiempo próximo al final.

Pero las reglas estructurales implicadas en el tiempo no están limitadas al aspecto de la duración. Hay múltiples expectativas normativas referidas a la velocidad de determinados procesos. Hay reglas que definen los momentos adecuados para acceder a determinados estatus. Hay normas que prescriben los ritmos y los intervalos de los procesos. No resulta sorprendente que el tiempo, un factor tan característico de la vida social, esté regulado de forma tan extensa. 

viernes, 29 de marzo de 2013

Resúmenes Cambio Social I Parte 3


En la asignatura de Cambio Social I del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, algunos compañeros realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria Sociología del cambio social de Piotr Sztompka. Derechos reservados, sus autores.

Capítulo 1 Conceptos fundamentales en el estudio del cambio social. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 2 Vicisitudes de la idea de progreso. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 3 La dimensión temporal de la sociedad: El tiempo social. Víctor Riesgo // Capítulo 4 Modalidades de tradición histórica. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 5 La modernidad y más allá. Víctor Riesgo // Capítulo 6 La globalización de la sociedad humana. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 7 El evolucionismo clásico – Julia Ortega Trovar  // Capítulo 8 El neoevolucionismo - Julia Ortega Trovar // Capítulo 9 Teorías viejas y nuevas de la modernización – Andrea Fuente Fernández // Capítulo 10 Las teorías de los ciclos históricosBlas García Ruiz // Capítulo 11 El materialismo histórico - Blas García Ruiz  //Capítulo 12 Contra el desarrollismo, la crítica moderna Julio Monteagudo Diz // Capítulo 13 La historia como producto humanoGalaaz Vaamonde (9 octubre) // Capítulo 14 La nueva Sociología histórica - Galaaz Vaamonde // Capítulo 15 El devenir socialJesús Sánchez Azañedo // Capítulo 16 Las ideas como fuerzas históricas - Carlos Catalán Serrano // Capítulo 17 El surgimiento de lo normativo – María Purificación Moreno Moreno // Capítulo 18 Los grandes individuos como agentes de cambio social - María Purificación M. Moreno  

Variedades de procesos sociales: una tipología

Los modelos son instrumentos cognitivos y han de ser juzgados por su efectividad, fecundidad y poder heurístico.

·      El modelo sistémico: ha demostrado ser extremadamente influyente y subyace a la mayoría de las teorías del cambio social que nos rodea.
·      El modelo de campo: surge como un intento de aprehender la naturaleza dinámica de la sociedad de forma más adecuada, pero necesita aún de una gran cantidad de trabajo añadido de elaboración conceptual y de corroboración empírica.

Lo sensato parece tomar una posición ecléctica y derivar nuestro aparato conceptual básico para el estudio del cambio social de ambas fuentes. Según Boudon “No tiene sentido intentar reducir el cambio social a un modelo único”. Para orientarnos en el complejo dominio del campo social, necesitamos introducir una tipología de los procesos sociales:

La forma de los procesos sociales

Si contemplamos los procesos desde una perspectiva distante, externa, pueden reconocerse varias formas y perfiles. Los procesos direccionales son irreversibles y a menudo acumulativos. Cada estadio consecutivo es diferente de cualquier estadio anterior e incorpora efectos del estadio anterior, al tiempo que cualquier estadio anterior proporciona prerrequisitos para el estadio posterior. La idea de irreversibilidad enfatiza que en la vida humana hay acciones que no pueden deshacerse, pensamientos que no pueden ser des-pensados, sentimientos que no pueden ser des-sentidos, experiencias que no pueden ser des-experimentadas. Una vez acontecen, dejan huellas endémicas e influyen sin escapatoria posible a los estadios posteriores del proceso.

Los ejemplos nos lo proporcionan las así llamadas teorías de la convergencia, que muestran cómo diversas sociedades, de tradiciones profundamente diferentes, alcanzan eventualmente determinados logros civilizatorios o tecnológicos parecidos, tanto en la producción de máquinas, en el gobierno democrático, en el transporte por automóvil, en las telecomunicaciones. Otros ejemplos de tales procesos abundan en la literatura estructural-funcional, que enfatiza la tendencia finalística del sistema social para alcanzar un estado de equilibrio por medio de mecanismos internos que compensan cualquier perturbación.

Los procesos direccionales pueden ser graduales, incrementales o lineales. Cuando siguen una trayectoria única, o pasan a través de secuencias parecidas o estadios necesarios, se les denomina unilineales. Cuando los procesos siguen una serie de trayectorias alternativas se saltan algún estadio, sustituyen otros, añaden estadios atípicos, se denominan multilineales. Lo opuesto a los procesos lineales son aquellos que proceden por medio de saltos cualitativos o rupturas tras períodos prolongados de crecimiento cuantitativo, traspasando umbrales específicos o que realizan de terminadas “funciones peldaños”. Éstos son procesos no lineales. Los procesos no direccionales (o fluidos) pueden ser de dos tipos. Algunos son puramente fortuitos, caóticos, sin criterio discernible. Otros procesos son oscilatorios, siguen modelos discernibles de repetición o al menos de similitud, cuando los estadios consecutivos son o idénticos o al menos semejantes cualitativamente a estadios anteriores. Cuando se observa el parecido, pero a un nivel distinto de complejidad, consideramos que le proceso sigue el modelo de una espiral, o un ciclo abierto. Si el nivel alcanzado tras cada ciclo es superior, podemos hablar de un ciclo de desarrollo (o incluso progresivo). Si por el contario, el nivel alcanzado tras cada cambio completo es más bajo en un grado relevante, nos referiremos al proceso como un ciclo regresivo.

·      Un caso límite: cuando el flujo de tiempo no coincide con ningún cambio en el estado del sistema se le denomina estancamiento.
·      Otro caso límite: cuando los cambios no siguen ningún patrón reconocible, se le puede denominar proceso fortuito.

Los resultados finales de los procesos sociales

Tiene que ver con los resultados producidos por los procesos. Algunos procesos dan lugar a la emergencia de condiciones sociales, estados de la sociedad, estructuras sociales, etc. Completamente nuevos. Son realmente creativos y producen novedades fundamentales. El término “morfogénesis” puede aplicarse a todos los procesos de este tipo. Los procesos morfogenéticas se encuentran en los orígenes de todos los logros civilizatorios, tecnológicos, culturales y sociales de la humanidad, desde la primera sociedad primitiva al estadio industrial moderno. Éstos han de ser distinguidos de los procesos de mera transmutación, que producen resultados menos radicales sin novedades fundamentales. Los primeros, conocidos como “reproducción simple” dan como resultado el sostenimiento de las condiciones recibidas, la preservación del status quo, salvaguardando la persistencia y continuidad de la sociedad en forma absolutamente inalterada. Están en el centro de atención de la escuela estructural-funcional.

Mientras la reproducción simple deja todo como estaba, la “reproducción ampliada” denota un enriquecimiento sin modificación cualitativa básica. El empobrecimiento cuantitativo, de nuevo sin cambio cualitativo, puede denominarse “reproducción contraída”. El llamado “crecimiento negativo” de a población, la explotación desenfrenada de los recursos naturales. Al margen de las modificaciones cuantitativas, acontecen cambios cualitativos básicos, ya no hablamos de reproducción sino más bien de “transformación”. No es fácil determinar dónde se encuentran los límites, y qué cambio puede considerarse como cualitativo. Tales cambios se entiende que afectan al núcleo de la realidad social, puesto que sus repercusiones se dejan sentir, normalmente, en todos los aspectos de la vida social, transformando su cualidad de conjunto. “Transformación” es sinónimo de lo que antes denominamos “cambios de”, mientras que “reproducción” señala en general “cambios en”.

Procesos en la conciencia social

Algo importante a considerar en todos los procesos que acontecen en el mundo humano es la conciencia del cambio por la gente implicada; la conciencia de los resultados que produce el proceso. Al introducir el factor subjetivo en nuestra tipología debemos distinguir tres tipos adicionales de cambios.

1.    Los procesos pueden ser reconocidos, anticipados e intencionado. Según Robert K. Merton los denominaremos “manifiestos”.
2.    Los procesos pueden no ser reconocidos, no anticipados y no intencionados, los llamaremos “latentes”. El cambio en sí y sus consecuencias aparecen por sorpresa y, dependiendo de las circunstancias, pueden ser bienvenidos o no.
3.    La gente puede reconocer el proceso, anticipar su curso y sus pretendidas consecuencias específicas, pero pueden equivocarse de medio a medio. El proceso va contra sus expectativas y produce resultados diferentes, o incluso enteramente opuestos, a los pretendidos; un proceso “boomerang” (Merton y Kendall).

La sede la causalidad

La cuestión principal es dónde se originan las fuerzas o factores en el dominio sujeto al cambio o fuera de él. En el primer caso hablamos de un “proceso endógeno” con causación inmanente o intrínseca; en el último, de un “proceso exógeno” con causación externa o extrínseca. Los procesos endógenos despliegan potencialidades inherentes, propensiones o tendencias contenidas en la realidad en cambio. Los procesos exógenos son reactivos, adaptativos; responden a presiones, estímulos, desafíos provenientes del exterior.

El principal problema al distinguir entre procesos endógenos y procesos exógenos tiene que ver con la demarcación de aquello que cae dentro y lo que cae fuera del dominio social. La naturaleza es externa a la sociedad. Todos los procesos sociales que reaccionan a los estímulos naturales, medioambientales, han de ser tratados como exógenos. Lo que se considera exógeno es obviamente relativo al nivel del análisis. Pero también es relativo al entramado temporal en el que contemplamos un proceso dado. Puede decirse que la mayoría de los procesos son exógenos-endógenos si uno los observa durante un período largo. El tratamiento de los procesos como endógenos o exógenos siempre es relativo a la estructura de análisis adoptada.

Las causas del cambio pueden ser cualitativa, sustantivamente, diferentes: naturales, demográficas, políticas, económicas, tecnológicas, culturales, religiosas y de muchos otros tipos. Los sociólogos, siempre han ambicionado descubrir qué factores son los más importantes al inducir el cambio, cuáles son los “motores primeros” de los procesos sociales. Entre las numerosas versiones de “determinismo social” que señalan varios factores como cruciales, sobresalen dos categorías principales de procesos:

1.    Abarca los “procesos materiales” producidos por “fuertes” presiones tecnológicas, económicas, medioambientales o biológicas.
2.    Los “procesos ideales” en los que se reconoce el papel independiente, causal, de la ideología, la religión, el ethos.

La sociología moderna en su forma científica tiende… a repudiar la idea de acuerdo con la cual hay una causa dominante del cambio social (Boudon y Borricaud). La sociología moderna no sólo rechaza la absolutización de factores singulares, privilegiados, únicos, de cambio, también los de-reifica. Hablar de causas económicas, tecnológicas o culturales de cambio es una abreviación contundente, porque tras todas esas categorías las causas realmente eficientes son las acciones humanas, y exclusivamente las acciones humanas. Es importante distinguir dos tipos de procesos dependiendo de la localización de la agencia.

1.    Algunos procesos surgen como un agregado no intencionado, y a menudo no reconocido (latente) de una gran multitud de acciones individuales ejecutadas por diversos motivos y razones privadas que nada tiene que ver con el proceso que ponen en marcha. Tales procesos son llamados espontáneos, “desde abajo”.
2.    Los procesos desencadenados intencionalmente, orientados a propósito hacia fines, diseñados y controlados por una agencia dotada de poder. Llamamos a éstos planificados, o impuestos “desde arriba”. La mayoría de las veces son promulgados por medio de leyes.

Niveles de los procesos sociales

Los procesos sociales acontecen en los tres niveles de realidad social: macro, medio y micro. Nos referimos a ellos como:

1.    Los macroprocesos se producen en el nivel más general de la sociedad global, estados nación, religiones, grupos étnicos y su extensión temporal es la más larga.
2.    Los procesos medios comprenden grupos grandes, comunidades, asociaciones, partidos políticos, ejércitos, burocracia.
3.    Los microprocesos acontecen en el mundo de vida, en la vida cotidiana, de los individuos humanos: en grupos pequeños, familias, colegios, ámbitos ocupacionales, círculos de amistad.

Rango temporal de los procesos

Hay una tremenda variedad respecto al alcance temporal de los procesos, su duración temporal. La variedad se extiende desde los procesos que se agotan en un período extremadamente corto, fugaces, momentáneos, a tendencias de alcance histórico que duran siglos o milenios. El concepto de proceso social es tremendamente general y requiere una mayor precisión y concreción antes de poder ser aplicado con utilidad a las sociedades históricamente existentes.

viernes, 11 de enero de 2013

Sociología de la Diversidad – Resúmenes Parte 26


En la asignatura de Sociología de la Diversidad del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, el compañero Víctor Riesgo Gómez y yo, realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria. Como libro de referencia: Sociodiversidad y sexualidad (José Antonio Nieto Piñeroba) Derechos reservados, sus autores.

Tomás Javier Prieto González:
Tema 1 Planteamiento de la sociología de la diversidad // Tema 2 Acción desviada, conducta desviada y alteridad // Tema 3 El finiquito de la desviación y de la conducta desviada // Tema 4 De la desviación y de la diversidad // Tema 6 Sociología de la diversidad //  Tema 7 Antropología de la sexualidad y discursividad // Tema 8 Los guiones sociales. El individuo, el cuerpo y el transgénero // Tema 9 Notas sueltas sobre sexualidad en la disctadura, transición y democracia española // Tema 10 Despsiquiatrizar el transgénero Tema11 El transgénero en las sociedades polinesias

Víctor Riesgo Gómez:
Tema 5 Razones que justifican la diversidad en sociología


Las experiencias de conocimientos

Las experiencias de conocimientos suscitan y concitan conflictividad y diálogos entre conocimientos con aproximaciones y resoluciones diferentes ante un mismo objeto de estudio. Suscitar diálogo entre conocimientos discrepantes lleva aparejado la posibilidad de neutralizar o, al menos, reducir las discrepancias. Así, el conflicto teórico y epistemológico, por un lado, y el práctico y aplicativo, por otro, pueden alcanzar niveles de solución impensables en ausencia de diálogo.

Postulados que intentan aplicar al caso concreto de la medicina tres conclusiones de especial relevancia para De Sousa:

  1. La experiencia social en todo el mundo es mucho más amplia y variada de los que la tradición científica o filosófica occidental conoce y considera importante.
  2. Esta riqueza social está siendo desperdiciada. De este desperdicio se nutren las ideas que proclaman que no hay alternativa, que la historia llegó a su fin, y otras semejantes.
  3. Para combatir el desperdicio de la experiencia, para hacer visibles las iniciativas y movimientos alternativos y para darles credibilidad, de poco sirve recorrer la ciencia social tal y como la conocemos.


A fin de cuentas, esa ciencia es responsable por esconder o desacreditar as alternativas. Es necesario, pues, proponer un modelo diferente de racionalidad. Lamentablemente, los puentes que intentaban unir saberes discrepantes a través del diálogo han sido rotos varias veces. Detrás del fiasco subyace la especialización y los intereses económicos. La literatura que se ha interesado en el tema, haciendo hincapié en la resolución de conflictos, es desbordante. A manera meramente indicativa se indican dos contribuciones de Sendrail y Gordon.  Por la lectura de Sendrail: cada cultura observa la enfermedad “a su manera”, sino también que las enfermedades contribuyen a la definición de una cultura. Cada cultura ha tenido que enfrentarse a sus propios males y asumirlos y, en esa misma línea, cada siglo muestra estilos patológicos sui géneris, engarzados con las vivencias de su época.

En conflicto subyacente o abierto entre diferentes perspectivas médicas puede desplazarse a otros niveles de conocimiento. El conocimiento discrepante entre saberes especializados, tecnificados y también corporativos, propios de la profesionalización de la medicina, entra en conflicto con el saber lego, que no ha recibido órdenes “sagradas” en la adquisición de conocimiento. Pero que no por ello, es un saber indocto, puesto que está cargado por la energía suministrada por el conocimiento directo de las experiencias personales acumuladas a lo largo de toda trayectoria biográfica, por común, privada y anónima que sea. Este conocimiento biográfico del ciudadano occidental, desde que Pike en 1954, la utilizara por primera vez, se corresponde con el pronunciamiento emic/émico más arriba señalado. En su frontal y opuesto a él se encuentra el pronunciamiento etic/ético del profesional médico. En esta dirección, las trayectorias biográficas que proporciona el conocimiento etnometodológico son referencias, más allá de tener en cuenta, relevantes. Son biografías de sujetos anónimos que para la etnometodología son relevantes porque los “sin voz” o los sociológicamente desperdiciados, por el anonimato de sus vidas, intervienen con sus conductas de sentido práctico y de pasión, en los asuntos cotidianos.

Sucede cada vez más en el mundo occidental que ese ciudadano común lego es menos común y lego de lo que en un principio pudiera considerarse. Y además, son sujetos que padecen lo que médicamente se ha venido considerando como una anomalía o enfermedad.

La asociación o/y la relación que se puede establecer entre estos dos términos, indocto y anómalo, responde a los principios de la combinatoria. A su vez, la combinatoria puede generar tensión conflictual o diálogo comunicativo. Pero también existe ars combinatoria cuando el conflicto y el diálogo tienen audiencias para concurrir, en diversos actos presenciales, con resoluciones diferentes. Piénsese en un sujeto indocto que resulta no serlo pero, sin embargo, es un sujeto anómalo. Un sujeto con alguna anomalía que complicando más la combinatoria no es producto de una imposición ajena, sino que responde a criterios propios, autoimpuestos.

Otras veces, la anomalía o enfermedad ha llevado al sujeto a profundizar en su conocimiento. Hasta el punto de escribir libros sobre el tema de la anomalía o enfermedad, desde la perspectiva émica, es decir, desde el punto de vista que la antropología llamaría “nativo”. Al conocimiento adquirido, a través de la investigación sistemática de la anomalía o enfermedad se une el padecimiento del “mal” que aqueja al sujeto, se logra, en el output final, un documento de gran valor. Que en sus conclusiones puede adoptar posturas discrepantes con el conocimiento etic, por haber experimentado personalmente durante muchos años terapias que, en lugar de corregir la anomalía o enfermedad, no solo no la han aliviado sino que también pueden haberla agravado.

En castellano, la dimensión émica es bastante más reducida. Sirvan las aportaciones sobre transexualidad de Mejía y cobre tartamudez de Loriente. Puesto que la tartamudez no fue estudiada por la sociología de la desviación, fue una de sus ausencias; y, consecuentemente, nunca se la consideró como una conducta desviada. Pero sí fue estudiada por a psiquiatría, a la que esa asigna ser un trastorno de la mente y, consecuentemente, incluyen en sus manuales de diagnóstico y estadísticos de los trastornos mentales. Si la sociología de la diversidad trata de integrar ausencias, la tartamudez será incorporada como objeto de estudio a la disciplina. Es decir, al incluir su estudio en la sociología de la diversidad, habrá que excluirla de los manuales psiquiátricos. La tartamudez será, pues, una manifestación más de la diversidad.

También se incorporarán a la sociología de la diversidad otras conductas también incluidas en los manuales psiquiátricos y que a su vez han sido tratadas por la sociología como conductas desviadas. Contempladas desde la óptica de los derechos, no desde la perspectiva de las conductas anómalas o enfermas. Por ejemplo, la homosexualidad y el transgénero/la transexualidad.

A diferencia de la homosexualidad  la transexualidad, la intersexualidad tradicionalmente no ha sido objeto de estudio de la sociología de la desviación. Los intersexuales anónimos y sin voz estaban sociológicamente ausentes. En los últimos 20 años se están dejando oír. Y cada vez con más fuerza. Curtis E. Hinkel aclara la falsedad reinante que existe sobre la comprensión de la intersexualidad y las personas intersexuales. Una de las ideas falsas es la de confundir al intersexual con as personas transgénero y transexuales. Muchas personas están perfectamente identificadas son su asignación de hombre o mujer y se sienten egosintónicos en esta distinción. Los/las Intersexuales se identifican con la Identidad Intersexual que aboga por el no binarismo.

Estudiosos de la intersexualidad también muestran su disconformidad con la forma de tratar la diversidad de los cuerpos intersexuales, al ser estos equiparados a diferentes anomalías y evaluados en su conjunto como cuerpos deficitarios pertenecientes al trastorno. Que, en sentido puesto, perite a la medicina, en sus declaraciones de principios, manifestarse en términos duales de géneros, en lugar de favorecer la diversidad. Los estudiosos no conformes con el tratamiento que la medicina da a las personas intersexuales ofrecen una alternativa. Que conlleva transmutar la denominación DSD, Disorders of Sex Development (Trastornos del desarrollo sexual), por otra, a la que denomina VSD, Variations of Sex Development (Variantes del Desarrollo Sexual). Se pasa, asi, del trastorno a la diversidad. Todos los ejemplos utilizados, la tartamudez, la homosexualidad, el transgénero/la transexualidad y la intersexualidad son para la sociología de la diversidad manifestaciones identitarias y conductuales de igualdad en a diferencia. Las personas tartamudas, homosexuales, transgénero o intersexuales, además, no son espectadores de su diversidad, son sus protagonistas.

La tartamudez y la intersexualidad, se construirá también como una diversidad ajustada a una sociología de las emergencias, que subraya la relevancia de evitar todo tipo de estigmatización. Una sociología de las emergencias que no confluye con la sociología como “doctrina de emergencia” mertoniana. Para Merton si hay que cambiar la realidad, el cambio tiene que efectuarse mediante transformaciones en la cultura, pero la estructura social de clases debe permanecer al margen de la transformación. Al contrario para De Sousa, se trata de aplicar lo que él llama trabajo de traducción, que no afecte la personalidad del individuo: que no destruya su identidad. Y que permita la aplicación interpretativa de una racionalidad cosmopolita que comunique las experiencias disponibles y las experiencias posibles.


lunes, 7 de enero de 2013

Sociología de la Diversidad – Resúmenes Parte 18


En la asignatura de Sociología de la Diversidad del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, yo y Víctor Riesgo Gómez realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria. Como libro de referencia: Sociodiversidad y sexualidad (José Antonio Nieto Piñeroba) Derechos reservados, sus autores.

Tema 1 Planteamiento de la sociología de la diversidad – Tomás Javier Prieto González // Tema 2 Acción desviada, conducta desviada y alteridad - Tomás Javier Prieto González // Tema 3 El finiquito de la desviación y de la conducta desviada – Tomás Javier Prieto González// Tema 4 De la desviación y de la diversidad – Tomás Javier Prieto González// Tema 5 Razones que justifican la diversidad en sociología – Víctor Riesgo Gómez // Tema 6 Sociología de la diversidad – Tomás Javier Prieto González //  Tema 7 Antropología de la sexualidad y discursividad – Tomás Javier Prieto González // Tema 8 Los guiones sociales. El individuo, el cuerpo y el transgénero – Tomás Javier Prieto González // Tema 9 Notas sueltas sobre sexualidad en la disctadura, transición y democracia española – Tomás Javier Prieto González // Tema 10 Despsiquiatrizar el transgénero – Tomás Javier Prieto González // Tema11 El transgénero en las sociedades polinesias – Tomás Javier Prieto González

Análisis estructural: de la sociología a la antropología

Cómo la “permanencia del sistema” y el “sistema de permanencias” de Merton tiene cierto paralelismo con la permanencia de la práctica social y de su función servidora al mantenimiento y preservación del sistema en el estructural funcionalismo de Radcliffe-Brown; sostenía que los sistemas y las estructuras sociales que los conforman son los más parecido a una cartografía corporal en la que los cuerpos se representan a modo de mapas anatómicos y fisiológicos. No hay función (fisiológica) sin órgano (anatómico) que permitan la preservación de los cuerpos, tampoco hay práctica, conducta o función social sin normativa orgánica y estructural que permita el engranaje y lubricación del sistema social. El estructural funcionalismo “obligaba” a Radcliffe-Brown a interpretar la antropología con sincronía y, en consecuencia, las sociedades de estudio antropológico también tenían una interpretación sincrónica, solo interesaba su presente. Su pasado, su historia no tenía ni siquiera la categoría de instrumentación accesoria.

Se puede observar cierto paralelismo entre la conceptuación de lo que es funcional o disfuncional para el orden del sistema en Merton con los binarios de opuestos del estructuralismo de Levi-Strauss: bueno-malo, hombre-mujer, grueso-delgado, naturaleza-cultura. Los binarios opuestos son recursos mentales, con independencia del sistema social en que se encuadren. Que responden al principio universal de rediseñar lo que son simples diferencias de grado. El diseño estructuralista transmuta, mediante una máxima y radical diferenciación, las diferencias de grado en categorías opuestas. Se generan universalmente en el género humano para facilitar la comprensión, la clasificación y el orden natural de las cosas. Se realiza mucho antes de que se iniciaran las investigaciones neurológicas de Edelman y Tononi. El laboratorio mental de Levi-Strauss concibe sin recurrir al cableado físico de la neurología, animado por los “descubrimientos” anteriores que en su dimensión teórica había llevado a cabo con las estructuras del parentesco y del matrimonio.

En Antropología estructural, se refleja con claridad meridiana cómo la función del binario opuestos permiten una mayor o menor regularidad y orden del sistema y la estructura, pero en un paisaje teórico en que la diacronía se pierde en el bosque sincrónico mental de las ideas. La diacronía de la realidad social, en Levi-Strauss, está ausente y, en su ausencia, el cambio social se sumerge, flotando sobre él el idealismo de la sincronía universal.

El “materialismo cultural” de Marvin Harris se encuadra en un sistema de relaciones. El problema de la comprensión de las relaciones sistémicas se instituye como paradigma relevante y principio fundamental del materialismo cultural. Impera la necesidad teórica de establecer relaciones entre las distintas partes que integran los sistemas socioculturales y paralelamente con la evaluación que registran las relaciones, las partes y los sistemas. Para lo cual:

1.    Cualquier sociedad dada tiene que enfrentarse a su modo de producción; a las tecnología de subsistencia, las relaciones tecnoambientales, los ecosistemas, los patrones de trabajo, etc.
2.    La sociedad se enfrenta a su modo de reproducción; a la demografía, los patrones sexuales, la fertilidad, la natalidad, la mortalidad, etc.
3.    Debe hacer frente a la economía doméstica como la estructura familiar, la división del trabajo, la educación, la socialización, la enculturación, etc.
4.    Harris establece  la rúbrica de economía apolítica para integrar en ella la organización de la producción, a reproducción, el intercambio y el consumo que se realiza dentro de y entre bandas, aldeas, jefaturas, Estados e imperios.

  • Su infraestructura; los modos de producción y reproducción son la “base de la base” del materialismo cultural.
  • La estructura, sobre ella, se edifica la economía doméstica y la economía política.
  • Sobre la infraestructura y estructura se asienta lo que Harris llama superestructura de comportamiento, en la que incluye la música, la danza, el arte, los rituales, los juegos, los deportes, etc. Pero también forma parte de ella la ideología, la ciencia y la religión.