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sábado, 12 de abril de 2014

Abanderado/a del tercer sexo


Artículo de David Jiménez publicado en El Mundo el 2 de abril de 2014
Abanderado/a del tercer sexo
Norrie May-Welby se encontró durante años formularios que le pedían que definiera su sexo en una casilla. ¿Hombre o mujer? Siempre optó por dejar el espacio en blanco y en 2010 se decidió llevar a los tribunales su derecho a hacerlo. Cuatro años después, su victoria en el Tribunal Superior de Australia le convierte en el primer ciudadano del país cuyo género es neutro. "La ley reconoce que una persona puede no ser hombre ni mujer y permite el registro del sexo de una persona como 'no definido'", dice la sentencia.
Atrás queda una larga batalla primero por encontrar identidad y después por defenderla ante la justicia. May-Welby nació varón y durante años persiguió su sueño de convertirse en mujer. Tras someterse a una operación de cambio de sexo a los 28 años, descubrió que tampoco era lo que quería. "Los conceptos de mujer y hombre simplemente no se adaptan a mí persona", ha dicho. "La mejor solución es no tener ninguna identificación sexual".
La máxima instancia judicial de Australia le ha dado la razón al desestimar la apelación de la oficina de Registros de Nacimientos, Muertes y Matrimonios de Nueva Gales del Sur, que exigía que optara por uno de los dos géneros alegando que la legislación lo exigía. Una de las claves durante el juicio han sido los testimonios de los médicos que han examinado a May-Welby, determinando que no tiene genitales masculinos o femeninos, sus hormonas no están claramente definidas y psicológicamente tampoco encaja en ninguno de los dos sexos.
Norrie May-Welby gritó de alegría al conocer la sentencia y a la salida de la corte dijo que no se trataba de una victoria personal, sino de toda la comunidad transexual. "¿Por qué debería la gente ser marginada por no ser mujer ni hombre? Debemos ser reconocidos como lo que somos y ser aceptados por la sociedad con los mismos derechos", aseguró.

"Mis padres tenían miedo de que fuera homosexual: me retiraron su cariño"
1961: Nace varón en Escocia y se muda con sus padres a Australia, donde obtiene la nacionalidad. 1968: Con siete años muestra su voluntad de ser niña. 1989: Se somete a una operación para ser mujer y se da cuenta de que tampoco es su género. 2010: Primera sentencia que define su sexo como neutro. 2014: El Supremo confirma el fallo.

Artículo de David Jiménez publicado en El Mundo el 2 de abril de 2014

domingo, 3 de febrero de 2013

Sociología de la Diversidad – Resúmenes Parte 45


En la asignatura de Sociología de la Diversidad del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, el compañero Víctor Riesgo Gómez y yo, realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria. Como libro de referencia: Sociodiversidad y sexualidad (José Antonio Nieto Piñeroba) Derechos reservados, sus autores.

Tomás Javier Prieto González:
Tema 1 Planteamiento de la sociología de la diversidad // Tema 2 Acción desviada, conducta desviada y alteridad // Tema 3 El finiquito de la desviación y de la conducta desviada // Tema 4 De la desviación y de la diversidad // Tema 6 Sociología de la diversidad //  Tema 7 Antropología de la sexualidad y discursividad // Tema 8 Los guiones sociales. El individuo, el cuerpo y el transgénero // Tema 9 Notas sueltas sobre sexualidad en la disctadura, transición y democracia española // Tema 10 Despsiquiatrizar el transgénero Tema11 El transgénero en las sociedades polinesias

Víctor Riesgo Gómez:
Tema 5 Razones que justifican la diversidad en sociología


DESPSIQUIATRIZAR EL TRANSGÉNERO

Despsiquiatrizar la transexualidad es un objetivo a conseguir que reivindican, desde hace años, los colectivos trans y las personas transgénero. DSM (Manuales de diagnóstico y estadísticos de los trastornos mentales); CIE-10 (Clasificación Internacional de Enfermedades). Puede afirmarse que la psiquiatría es reflejo desprendido de la división social, integrada en un conjunto heterogéneo y plural que designamos con el término sociedad.

Dese el poder siempre se ha recurrido a ejercitar el control social como instrumento disciplinante de todo tipo de disidencias y diferencias. Las conductas que desde instancias médicos-legales se estipulaban como perversiones y desviaciones y se las atribuía indistintamente su carácter anormal, anómico o anómalo, por un lado, y por otro, de riesgo o peligrosidad social, eran en consecuencia normativamente disciplinadas. Según Summer la multiplicidad moral es más evidente que la unidad espiritual. Permite desvelar que la multiplicidad social se impone a la unidad social. No impide que el “régimen de verdad” del poder, en un acto decisorio de apropiación simplificadora, se apodere de la multiplicidad identitaria para controlarla socialmente. Mediante el acto de apoderamiento se anula la evidencia de lo múltiple y se dogmatiza con el imprimatur. DSM y CIE-10 la psiquiatrización del transgénero y la dualidad de género.

El control social psiquiatrizador de la transexualidad sigue estando vigente. Sin evidencias psiquiátricas sólidas que justifiquen que el transgénero en sí mismo es una enfermedad mental y su instrumentalización psiquiátrica debe interpretarse como una forma de control social, sin aval fundamentado que lo justifique. Se trasluce un claro discenso interpretativo en relación a las manifestaciones de colectivos y personas transgenéricas en lo que respecta al hecho de ser tratados como grupos y sujetos psiquiatrizables.

En el DSM-III de 1980, cuando se introdujo el término “transexualismo”, las variantes de la diversidad de género se ignoran y de ellas se hace una unidad ideal y excluyente: la “unidad transexual”. Se construye la figura del “verdadero” transexual, al que se idealiza y conduce, por medio de protocolos de atención médico-psiquiátrica con un itinerario  preestablecido, a la consecución de la meta a alcanzar: la cirugía genital reasignativa. Del itinerario se iban descolgando los candidatos que no se ceñían al ideal médico-psiquiátrico. Cuando se decide incluir, en 2000, el trastorno de identidad de género, las variantes subjetivas de la identidad de género continúan ignorándose. En su lugar, la pluralidad se reduce para quedar reflejada en dos criterios, cuyas características diagnósticas son:

·      “Haber pruebas de que el individuo se identifica, de un modo intenso y persistente, con el otro sexo, (Criterio A)”
·      “Deben existir también pruebas de malestar persistente por el sexo asignado o un sentido de inadecuación en el papel de su sexo (Criterio B)”

Las variantes de la pluralidad de las diferentes subjetividades trans, en simplificación reductora, se objetivan como trastornos, enmarcados en la transexualidad y la disforia de género.

En lo que concierne a la objetividad subjetivada; primero, incorporar selectivamente en los DSM, como criterios decisivos, las voces de los profesionales que consensúan por mayoría el diagnóstico, la evaluación y el tratamiento del transgénero y, segundo, omitir las voces discrepantes con los métodos de procedimiento y protocolo, tampoco se cumplen criterios con rigor científico. El disenso entre profesionales de la salud que tratan el transgénero no permite aplicar en sentido estricto “Objetividad”. La democracia interna queda devaluada al silenciar las voces discrepantes minoritarias. Porque las cuestiones que se pueden formular acerca de los factores extracientíficos que influyen en los resultados, como afirma Gagnon.

Todo ello constituye un terreno propicio para que la evaluación psiquiátrica del transgénero, como saber/poder ejerciente, se enfrente a la demanda inquebrantable de la consecución de derechos subjetivos trangenéricos: la despsiquiatrización del transgénero. Constituye un terreno minado para el establecimiento de los que Vázquez llama un “constructivismo bien temperado”.


lunes, 28 de enero de 2013

Sociología de la Diversidad – Resúmenes Parte 39


En la asignatura de Sociología de la Diversidad del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, el compañero Víctor Riesgo Gómez y yo, realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria. Como libro de referencia: Sociodiversidad y sexualidad (José Antonio Nieto Piñeroba) Derechos reservados, sus autores.

Tomás Javier Prieto González:
Tema 1 Planteamiento de la sociología de la diversidad // Tema 2 Acción desviada, conducta desviada y alteridad // Tema 3 El finiquito de la desviación y de la conducta desviada // Tema 4 De la desviación y de la diversidad // Tema 6 Sociología de la diversidad //  Tema 7 Antropología de la sexualidad y discursividad // Tema 8 Los guiones sociales. El individuo, el cuerpo y el transgénero // Tema 9 Notas sueltas sobre sexualidad en la disctadura, transición y democracia española // Tema 10 Despsiquiatrizar el transgénero Tema11 El transgénero en las sociedades polinesias

Víctor Riesgo Gómez:
Tema 5 Razones que justifican la diversidad en sociología


Individuo y cuerpo

La tradición que hace del individuo centro y de sus acciones fuerza liberadora tiene raíz filosófica. Para Hegel, la libertad viene encarnada en la autonomía del acto individual; para Nitzche la escapatoria a la opresión estriba en la acción del individuo crítico. Las verdaderas fuerzas del cambio radican en las elecciones que hacemos como individuos, las acciones que ellas ponen en movimiento y sus consecuencias para los demás. El producto más característico de la tradición humanista occidental es el individuo libre y autónomo. El transgenerista, en su acción, como individuo encarnaría la “verdadera fuerza del cambio” y en cuanto transgresor, que rechaza el sistema binario de géneros, operaría en la “superficie de la historia”. El trasngenerista hace de su biografía centro. Como individuo entiende su vida centralmente; hace de ella eje central, por encima de cualquier otra autoridad.

El cuerpo incrementa su cotización simbólica. El mapa corporal se hace capital en una doble acepción: como fondo de riqueza e inversión y como referente de expresión del ego. El cuerpo, en el mundo moderno, para muchos estudiosos, posibilita una base firme para reconstruir un sentido del ego en el que poder confiar. Así, el transgenerista confía más en su propia raíz individual, que le permite hacer de su cuerpo una construcción autoimpuesta, autodirigida, que en un diseño sobreimpuesto, sobre dirigido.

La cultura se forja en la interacción de los cuerpos. La cultura transgenerista no comparte, equitativamente, con otras voces culturales más integradas el marco social. Un tropel de egos que parten den distintas direcciones, a veces opuestas, forman la identidad múltiple y plural, o, lo que es lo mismo, las diferencias entre los individuos.

El individuo, como actor social y como sujeto discerniente práctico, ajeno a la polémica de psicólogos, sociólogos o antropólogos, siempre ha sido autoproductor de vida y parte del engranaje social. Es el científico, social o clínico quien, en ese “martilleo” cultural, constructor de mundos, enfoca y desenfoca a otros individuos. El científico, en su hacer, es quien encuadra y desencuadra. Parece que el individuo ha perdido el sentido de aceptación de ciertos modelos, para encontrarlo en pautas de expresión individual no sometidas a rígidos protocolos. El sujeto de interés clínico que antes ocupaba su identidad, ahora la hace pública, cargando de sentido, con “lógica de acción práctica”, su proceder. El sujeto engranado en los social y empapado en su cosmos se “abstrae” de él para proyectarse subjetivamente cada vez con más fuerza. El transgénero no recurrente a dirigía genital es una de ella. La transexualidad con cirugía de reasignación de sexo, otra. A su vez, el transgénero y la transexualidad engloban individualidades concretas y diferenciadas. Lo biográfico cobra mayor sentido. El individuo quiere sentir la cualidad.


viernes, 11 de enero de 2013

Sociología de la Diversidad – Resúmenes Parte 26


En la asignatura de Sociología de la Diversidad del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, el compañero Víctor Riesgo Gómez y yo, realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria. Como libro de referencia: Sociodiversidad y sexualidad (José Antonio Nieto Piñeroba) Derechos reservados, sus autores.

Tomás Javier Prieto González:
Tema 1 Planteamiento de la sociología de la diversidad // Tema 2 Acción desviada, conducta desviada y alteridad // Tema 3 El finiquito de la desviación y de la conducta desviada // Tema 4 De la desviación y de la diversidad // Tema 6 Sociología de la diversidad //  Tema 7 Antropología de la sexualidad y discursividad // Tema 8 Los guiones sociales. El individuo, el cuerpo y el transgénero // Tema 9 Notas sueltas sobre sexualidad en la disctadura, transición y democracia española // Tema 10 Despsiquiatrizar el transgénero Tema11 El transgénero en las sociedades polinesias

Víctor Riesgo Gómez:
Tema 5 Razones que justifican la diversidad en sociología


Las experiencias de conocimientos

Las experiencias de conocimientos suscitan y concitan conflictividad y diálogos entre conocimientos con aproximaciones y resoluciones diferentes ante un mismo objeto de estudio. Suscitar diálogo entre conocimientos discrepantes lleva aparejado la posibilidad de neutralizar o, al menos, reducir las discrepancias. Así, el conflicto teórico y epistemológico, por un lado, y el práctico y aplicativo, por otro, pueden alcanzar niveles de solución impensables en ausencia de diálogo.

Postulados que intentan aplicar al caso concreto de la medicina tres conclusiones de especial relevancia para De Sousa:

  1. La experiencia social en todo el mundo es mucho más amplia y variada de los que la tradición científica o filosófica occidental conoce y considera importante.
  2. Esta riqueza social está siendo desperdiciada. De este desperdicio se nutren las ideas que proclaman que no hay alternativa, que la historia llegó a su fin, y otras semejantes.
  3. Para combatir el desperdicio de la experiencia, para hacer visibles las iniciativas y movimientos alternativos y para darles credibilidad, de poco sirve recorrer la ciencia social tal y como la conocemos.


A fin de cuentas, esa ciencia es responsable por esconder o desacreditar as alternativas. Es necesario, pues, proponer un modelo diferente de racionalidad. Lamentablemente, los puentes que intentaban unir saberes discrepantes a través del diálogo han sido rotos varias veces. Detrás del fiasco subyace la especialización y los intereses económicos. La literatura que se ha interesado en el tema, haciendo hincapié en la resolución de conflictos, es desbordante. A manera meramente indicativa se indican dos contribuciones de Sendrail y Gordon.  Por la lectura de Sendrail: cada cultura observa la enfermedad “a su manera”, sino también que las enfermedades contribuyen a la definición de una cultura. Cada cultura ha tenido que enfrentarse a sus propios males y asumirlos y, en esa misma línea, cada siglo muestra estilos patológicos sui géneris, engarzados con las vivencias de su época.

En conflicto subyacente o abierto entre diferentes perspectivas médicas puede desplazarse a otros niveles de conocimiento. El conocimiento discrepante entre saberes especializados, tecnificados y también corporativos, propios de la profesionalización de la medicina, entra en conflicto con el saber lego, que no ha recibido órdenes “sagradas” en la adquisición de conocimiento. Pero que no por ello, es un saber indocto, puesto que está cargado por la energía suministrada por el conocimiento directo de las experiencias personales acumuladas a lo largo de toda trayectoria biográfica, por común, privada y anónima que sea. Este conocimiento biográfico del ciudadano occidental, desde que Pike en 1954, la utilizara por primera vez, se corresponde con el pronunciamiento emic/émico más arriba señalado. En su frontal y opuesto a él se encuentra el pronunciamiento etic/ético del profesional médico. En esta dirección, las trayectorias biográficas que proporciona el conocimiento etnometodológico son referencias, más allá de tener en cuenta, relevantes. Son biografías de sujetos anónimos que para la etnometodología son relevantes porque los “sin voz” o los sociológicamente desperdiciados, por el anonimato de sus vidas, intervienen con sus conductas de sentido práctico y de pasión, en los asuntos cotidianos.

Sucede cada vez más en el mundo occidental que ese ciudadano común lego es menos común y lego de lo que en un principio pudiera considerarse. Y además, son sujetos que padecen lo que médicamente se ha venido considerando como una anomalía o enfermedad.

La asociación o/y la relación que se puede establecer entre estos dos términos, indocto y anómalo, responde a los principios de la combinatoria. A su vez, la combinatoria puede generar tensión conflictual o diálogo comunicativo. Pero también existe ars combinatoria cuando el conflicto y el diálogo tienen audiencias para concurrir, en diversos actos presenciales, con resoluciones diferentes. Piénsese en un sujeto indocto que resulta no serlo pero, sin embargo, es un sujeto anómalo. Un sujeto con alguna anomalía que complicando más la combinatoria no es producto de una imposición ajena, sino que responde a criterios propios, autoimpuestos.

Otras veces, la anomalía o enfermedad ha llevado al sujeto a profundizar en su conocimiento. Hasta el punto de escribir libros sobre el tema de la anomalía o enfermedad, desde la perspectiva émica, es decir, desde el punto de vista que la antropología llamaría “nativo”. Al conocimiento adquirido, a través de la investigación sistemática de la anomalía o enfermedad se une el padecimiento del “mal” que aqueja al sujeto, se logra, en el output final, un documento de gran valor. Que en sus conclusiones puede adoptar posturas discrepantes con el conocimiento etic, por haber experimentado personalmente durante muchos años terapias que, en lugar de corregir la anomalía o enfermedad, no solo no la han aliviado sino que también pueden haberla agravado.

En castellano, la dimensión émica es bastante más reducida. Sirvan las aportaciones sobre transexualidad de Mejía y cobre tartamudez de Loriente. Puesto que la tartamudez no fue estudiada por la sociología de la desviación, fue una de sus ausencias; y, consecuentemente, nunca se la consideró como una conducta desviada. Pero sí fue estudiada por a psiquiatría, a la que esa asigna ser un trastorno de la mente y, consecuentemente, incluyen en sus manuales de diagnóstico y estadísticos de los trastornos mentales. Si la sociología de la diversidad trata de integrar ausencias, la tartamudez será incorporada como objeto de estudio a la disciplina. Es decir, al incluir su estudio en la sociología de la diversidad, habrá que excluirla de los manuales psiquiátricos. La tartamudez será, pues, una manifestación más de la diversidad.

También se incorporarán a la sociología de la diversidad otras conductas también incluidas en los manuales psiquiátricos y que a su vez han sido tratadas por la sociología como conductas desviadas. Contempladas desde la óptica de los derechos, no desde la perspectiva de las conductas anómalas o enfermas. Por ejemplo, la homosexualidad y el transgénero/la transexualidad.

A diferencia de la homosexualidad  la transexualidad, la intersexualidad tradicionalmente no ha sido objeto de estudio de la sociología de la desviación. Los intersexuales anónimos y sin voz estaban sociológicamente ausentes. En los últimos 20 años se están dejando oír. Y cada vez con más fuerza. Curtis E. Hinkel aclara la falsedad reinante que existe sobre la comprensión de la intersexualidad y las personas intersexuales. Una de las ideas falsas es la de confundir al intersexual con as personas transgénero y transexuales. Muchas personas están perfectamente identificadas son su asignación de hombre o mujer y se sienten egosintónicos en esta distinción. Los/las Intersexuales se identifican con la Identidad Intersexual que aboga por el no binarismo.

Estudiosos de la intersexualidad también muestran su disconformidad con la forma de tratar la diversidad de los cuerpos intersexuales, al ser estos equiparados a diferentes anomalías y evaluados en su conjunto como cuerpos deficitarios pertenecientes al trastorno. Que, en sentido puesto, perite a la medicina, en sus declaraciones de principios, manifestarse en términos duales de géneros, en lugar de favorecer la diversidad. Los estudiosos no conformes con el tratamiento que la medicina da a las personas intersexuales ofrecen una alternativa. Que conlleva transmutar la denominación DSD, Disorders of Sex Development (Trastornos del desarrollo sexual), por otra, a la que denomina VSD, Variations of Sex Development (Variantes del Desarrollo Sexual). Se pasa, asi, del trastorno a la diversidad. Todos los ejemplos utilizados, la tartamudez, la homosexualidad, el transgénero/la transexualidad y la intersexualidad son para la sociología de la diversidad manifestaciones identitarias y conductuales de igualdad en a diferencia. Las personas tartamudas, homosexuales, transgénero o intersexuales, además, no son espectadores de su diversidad, son sus protagonistas.

La tartamudez y la intersexualidad, se construirá también como una diversidad ajustada a una sociología de las emergencias, que subraya la relevancia de evitar todo tipo de estigmatización. Una sociología de las emergencias que no confluye con la sociología como “doctrina de emergencia” mertoniana. Para Merton si hay que cambiar la realidad, el cambio tiene que efectuarse mediante transformaciones en la cultura, pero la estructura social de clases debe permanecer al margen de la transformación. Al contrario para De Sousa, se trata de aplicar lo que él llama trabajo de traducción, que no afecte la personalidad del individuo: que no destruya su identidad. Y que permita la aplicación interpretativa de una racionalidad cosmopolita que comunique las experiencias disponibles y las experiencias posibles.


jueves, 6 de diciembre de 2012

Los transexuales ya no son enfermos mentales


Artículo de Ana Alfageme publicado en EL PAIS el 5 de diciembre de 2012
Los transexuales ya no son enfermos mentales. Así lo certifica la nueva edición de la biblia de la psiquiatría. El DSM-5, acrónimo en inglés del Manual Diagnóstico y Estadístico de Enfermedades Mentales, elaborado por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA, en sus siglas en inglés), solo conserva la "disforia de género", es decir, la angustia que sufre la persona que no está identificada con su sexo masculino o femenino.
En España hay entre 7.000 y 12.000 transexuales, que llevan años pidiendo ser excluidos de los manuales psiquiátricos, al igual que activistas y transgénero de todo el mundo. En este país su derecho a sentirse hombre o mujer está reconocido desde 2007. Pueden cambiar de nombre legalmente u operarse para tener genitales del otro sexo, pero sobre el papel padecían una enfermedad. No por el dolor causado por sentirse mujer viviendo en el cuerpo de un hombre o viceversa, sino por el mero hecho de ser transexual.
El estigma se sumaba al rechazo social, la incomprensión o el largo tratamiento al que muchos de ellos se someten y que incluye repetidas intervenciones quirúrgicas para adecuar su aspecto al del sexo deseado. Pero hay mucho más. Estudios citados por las asociaciones aseguran que los transexuales padecen una tasa de paro de entre el 60% y el 80%
El órgano directivo de la APA aprobó el pasado 1 de diciembre el nuevo manual, la primera revisión a fondo en 20 años de los criterios diagnósticos más compartidos en el mundo de la psiquiatría. Se publicará en mayo de 2013 y en él, junto a otras modificaciones, ha desaparecido el término "Trastorno de la Identidad de Género", según ha explicado este martes una portavoz de la asociación.

El proceso parece similar al de la normalización de la homosexualidad. Desapareció como enfermedad mental en 1973, pero se conservó, con el nombre de "homosexualidad egodistónica", el supuesto que describe la angustia y el sufrimiento que padece un gay o una lesbiana por el hecho de serlo. ‪El término se retiró en 1986‬.
El DSM tiene sesenta años de historia y ha constituido durante estas décadas una poderosa herramienta de trabajo para psiquiatras, psicólogos y otros trabajadores de ese campo. Es una suerte de guía para ordenar y nombrar las distintas enfermedades mentales.

La revisión del DSM, que ha llegado a su quinta edición, supone un trabajo de seis años y la aportación de 1.500 expertos de 39 países. Incluso se ha sometido al escrutinio público. De hecho, se han escrito 13.000 comentarios en la web donde ha estado colgado el documento preliminar y se recibieron 12.000 aportaciones en forma de e-mails o cartas. "Ha habido mucho más interés por parte de los ciudadanos y cobertura mediática del DSM-5 que en anteriores revisiones", ha explicado el presidente de la APA, Dilip Jeste, en el anuncio de la aprobación del tratado, "ello refleja mayor conciencia pública e interés de los medios de comunicación en la enfermedad mental".

"El DSM es la herramienta de referencia para el mundo de la clínica", asegura Enrique García Bernardo, jefe de servicio de Psiquiatría del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, "no tanto en el ámbito académico, que sigue la clasificación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el ICD-10". Este último listado, que es un compendio de enfermedades de todo tipo, no solo psiquiátricas, sí que conserva el trastorno de identidad sexual. Está en proceso de revisión, como ha ocurrido con el DSM. "Habitualmente la OMS sigue los pasos del tratado estadounidense", asegura el psiquiatra, "y además su clasificación tiene una razón más administrativa y ordenadora"
Esta revisión del DSM recoge otros cambios. Algunas enfermedades mentales, como la transexualidad, han dejado de serlas. Otras se incorporan. Pero el resultado es muy parecido en términos numéricos. La evolución social y la investigación aclaran situaciones y conductas y la nueva referencia en enfermedades mentales no patologiza más a la sociedad.
Nuevas dolencias: el acaparamiento y la excoriación
En el grueso volumen se podrá consultar los criterios diagnósticos de una afección relacionada con el síndrome de Diógenes, que se ha trasladado al tratado con el nombre de Trastorno de Acaparamiento. Se justifica su inclusión "con una extensa investigación científica. Su incorporación", asegura la asociación en una nota de prensa, "ayudará a caracterizar a la gente con dificultades persistentes para deshacerse de sus posesiones, independientemente de su valor real. Esta conducta tiene efectos dañinos (emocionales, físicos, sociales, económicos e incluso legales) para un acaparador y sus familiares".
El síndrome de Asperger desaparece bajo el paraguas del Trastorno del Espectro Autista, que incorporará varias condiciones patológicas existentes en la anterior edición del volumen, el DSM-IV, como el autismo, el síndrome antes mencionado, el Trastorno Desintegrador de la Infancia y el de Desarrollo Infantil. Los niños que padecen la dolencia bautizada con el nombre del pediatra austriaco que lo definió suelen tener un habla sin ritmo e intereses muy limitados. Hacen acopio de infinidad de datos sobre ellos sin categorización.
Otra enfermedad mental nueva es el Trastorno de Estado de Ánimo Disruptivo y No Regulado, que sirve para describir el caso de niños "que muestran irritabilidad persistente y episodios frecuentes de arrebatos de conducta tres o más veces a la semana durante más de un año", observa la asociación. "Se pretende evitar el diagnóstico erróneo o el sobretratamiento de trastornos bipolares en niños".
Se incorpora también la excoriación, es decir, el acto de arrancarse la piel de manera continuada, dentro de las dolencias vinculadas a la enfermedad obsesiva-compulsiva

Artículo de Ana Alfageme publicado en EL PAIS el 5 de diciembre de 2012