Mostrando entradas con la etiqueta trastorno. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta trastorno. Mostrar todas las entradas

domingo, 13 de enero de 2013

Sociología de la Diversidad – Resúmenes Parte 24


En la asignatura de Sociología de la Diversidad del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, el compañero Víctor Riesgo Gómez y yo, realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria. Como libro de referencia: Sociodiversidad y sexualidad (José Antonio Nieto Piñeroba) Derechos reservados, sus autores.

Tomás Javier Prieto González:
Tema 1 Planteamiento de la sociología de la diversidad // Tema 2 Acción desviada, conducta desviada y alteridad // Tema 3 El finiquito de la desviación y de la conducta desviada // Tema 4 De la desviación y de la diversidad // Tema 6 Sociología de la diversidad //  Tema 7 Antropología de la sexualidad y discursividad // Tema 8 Los guiones sociales. El individuo, el cuerpo y el transgénero // Tema 9 Notas sueltas sobre sexualidad en la disctadura, transición y democracia española // Tema 10 Despsiquiatrizar el transgénero Tema11 El transgénero en las sociedades polinesias

Víctor Riesgo Gómez:
Tema 5 Razones que justifican la diversidad en sociología


Malignidad, perversión, desviación y trastorno

En sociología, las conductas desviadas habían sustituido en denominación a las rotuladas, como consecuencia de la impronta médica/psiquiátrica, conductas perversas. Se sustituyó la designación del sujeto; el sujeto perverso dejó de ser denominado como tal, para ser designado sujeto desviado. A su vez, la perversidad había sustituido a un término más genérico, pero igualmente indicativo: la malignidad. La encarnación del mal no era otra que la representada y efectuada por el sujeto maligno.

El sujeto perverso es un sujeto que se define por su perversión; por sus actos no naturales, segregados de las normativas conductuales que marcan los códigos sociales; la perversión se puede decir, es una emancipación de la naturaleza. La perversión solo existe, pues, en la humanidad. Los actos humanos nunca pueden ser, por consiguiente, tildados de inhumanos.

De la misma manera que la perversidad ocupó en psiquiatría el locus denominativo de la malignidad, la configuración designante que encierra en su rótulo sociológico el vocablo “desviación” pasa a ocupar lo que tenía designación de “perversidad”, aunque esta, expresada literalmente como perversión, estuvo presente durante mucho tiempo en los textos psiquiátricos.

A medida que la interpretación de la malignidad va alejándose de sus raíces religiosas, para ir echándolas en la tierra, la perversidad, como término sustitutivo que condensa las conductas malignas, va tomando más y más presencia, entidad y proyección. En la Italia renacentista, el crimen no es un medio, es un fin en sí mismo. La acción de matar en sí es un acto sin otra lectura que la del crimen que se “produce por el crimen mismo”. Con el tiempo, algunos zoófilio, dejan de serlo para devenir enfermos psíquicos o débiles mentales, una vez que la zoofilia, reconocida legalmente como bestialismo, fue suprimida del Código Penal.

Cuando en Occidente la interpretación de las conductas de los hombres, desde la perspectiva del modelo médico, empieza paulatinamente a reemplazar al modelo religioso, el pecado se transforma en enfermedad y, a mayor abundamiento, la diversidad de las conductas sexuales se transmuta en perversión. Sin embargo, la psiquiatría actualmente en sus DSM ha eliminado, es una estratagema propia de la prestidigitación, toda referencia a la perversión y a los perversos. La estratagema se debe a que a la perversión se la denomina ahora “parafilia”, para, proviene del griego y significa “desviado”, philia, es “amor”. Parafilia, pues, es “amor a lo desviado”. En el presente se prefiere, desde la perspectiva psiquiátrica, eludir a los sujetos, y se opta por ello para aludir a las conductas. Conductas que psiquiátricamente quedan reconvertidas en trastornos. Todo con un único fin, mostrar que los trastornos conciernen “exclusivamente a la psicofarmacología y a la cirugía” y de este modo pueden ser reducidos “a un desorden, a una disociación, es decir, a una avería del motor”.

La perversión, pues, tuvo su momento de vigencia avalada por la ciencia médica, en su especialidad psiquiátrica; hasta que en 1987 el discurso de la psiquiatría, por las razones indicadas, opta por diluir en el olvido al perverso y a la perversión. Porque no se acomodan al cambio de paradigma que vive entonces la psiquiatría y que convulsiona el mundo de sus ideas, pensamientos e interpretaciones: pasar de la apropiación clasificatoria de sus conductas.

La ciencia médica y la ciencia jurídica, son los dos grandes pilares de los que se ha servido el Estado para establecer criterios de normalización y, por extensión, de normalidad; criterios que en la práctica permiten clasificar y desclasificar, incluir y excluir conductas. Pero, claro, excluido de la calcificación normativa no implica eliminación de a realidad social. Todo catálogo de conductas clasificadas/incluidas como normales es, paralelamente, un catálogo de otras conductas desclasificadas por anormales. Y como anormales, excluidas de la norma, al ser conductas “contaminadas y contaminantes”, estigmatizadas y estigmatizantes, discriminatorias y discriminantes, demonizadas y demonizantes, descalificadas y descalificantes. Conductas propias del ángel caído. Conductas arrumbadas.

Ahora la ciencia jurídica, veremos que todas las conductas entre adultos, efectuadas en privado con el consentimiento de las partes intervinientes, son legales. La normativa legal permite, pues, que conductas como la copofragia, la urofilia, la zoofilia, la necrofilia, la coprofilia, no sean perversas.

De modo que las perversiones, sobre todo las sexuales y las mentales, fueron campo de abono para la psiquiatría y con el tiempo hubo que reconducirlas en designación para transformarlas en enfermedades. Del mismo modo que a la perversidad de los síntomas específicos que definían la enfermedad también hubo con el tiempo que reconducirlos hasta transformarlos en trastornos. Las mismas conductas y a los mismos síntomas la psiquiatría, con el paso del tiempo y gradualmente, asigna distintas designaciones: perversión, parafilia, trastorno. El sujeto perverso pasó, pues, a ser considerado sujeto trastornado; la perversidad quedó sobreseída y en su tarjeta de presentación, donde figuraba perversión, pasa a figurar trastorno. En sociología, en lugar de perversión, perversiones o perversos se aludió a desviación, desviaciones y desviados, si la psiquiatría se apropió de las perversiones y de su recalificación terminológica en forma de trastornos conductuales del sujeto, la sociología se apropió de las desviaciones y, por ende, de sus conductas subjetuales. En suma, pudiera afirmarse que la perversión fue a la psiquiatría y a la clínica, lo que la desviación fue a la sociología; lo que la desviación, baremada por el referente determinante del control social, es a la sociología jurídica.

El sujeto desviado, al igual que el perverso, es un sujeto no sujeto a códigos. No sujeto a arraigos, un sujeto desarraigado. La sociología de la desviación la ha atendido bajo el prisma de un desorden no acomodado a reglas de conservación del establishment. Sin embargo, la sociología de la desviación, se despreocupó del sujeto desviado que se desvía de su desviación para ser sujeto centrado.

Estamos pues, ante la presencia de un sujeto bipolar. Un sujeto de conductas desviadas que también hubieran podido ser objeto de estudio de la sociología de las desviación. Se trata de un sujeto que no solo distancia de la excentricidad conductual o de las acciones desordenadas para ajustarse a los estatutos socialmente establecido, sino que también hace alarde de “ser más papista que el papa”.

Pero si en la individualidad desordenada está etiquetada la patología y a la perversión, en la organización colectiva de las individualidades también podría adherirse la etiqueta de la reivindicación. Cuando ese desorden es producto de colectivos procedentes de campos diversos, con estructuras internas muy organizadas dirigidas a la construcción social de la protesta, las conductas además de dejar de ser individuales, dejan de ser desviadas. Pasan de ser denominadas a autodenominarse y se transforman en movimientos sociales. Estos movimientos, por su propia entidad, son las reivindicaciones políticas y sociales, han desbordado el objeto de estudio de las sociología de la desviación. Movimientos sociales, entre otros, como el de los mapuches chilenos, aymaras bolivianos, “sin tierra” brasileños, “zapatistas” mexicanos, confederaciones indígenas de Ecuador, Colombia, Venezuela y Guayanas que surgieron después de 1975.


lunes, 31 de diciembre de 2012

Sociología de la Diversidad – Resúmenes Parte 12


En la asignatura de Sociología de la Diversidad del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, yo y Víctor Riesgo Gómez realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria. Como libro de referencia: Sociodiversidad y sexualidad (José Antonio Nieto Piñeroba) Derechos reservados, sus autores.

Tema 1 Planteamiento de la sociología de la diversidad – Tomás Javier Prieto González // Tema 2 Acción desviada, conducta desviada y alteridad - Tomás Javier Prieto González // Tema 3 El finiquito de la desviación y de la conducta desviada – Tomás Javier Prieto González// Tema 4 De la desviación y de la diversidad – Tomás Javier Prieto González// Tema 5 Razones que justifican la diversidad en sociología – Víctor Riesgo Gómez // Tema 6 Sociología de la diversidad – Tomás Javier Prieto González //  Tema 7 Antropología de la sexualidad y discursividad – Tomás Javier Prieto González // Tema 8 Los guiones sociales. El individuo, el cuerpo y el transgénero – Tomás Javier Prieto González // Tema 9 Notas sueltas sobre sexualidad en la disctadura, transición y democracia española – Tomás Javier Prieto González // Tema 10 Despsiquiatrizar el transgénero – Tomás Javier Prieto González // Tema11 El transgénero en las sociedades polinesias – Tomás Javier Prieto González

Diferencias culturales y la regulación emancipatoria

Para De Sousa la política de asimilación o integración cultural supone una derrota para una de las culturas subalterna. Porque la cultura triunfante, la hegemónica, en su asimilación, practica la absorción de la cultura subalterna. En el proceso se succionan las diferencias y se obtiene como resultado un universalismo antidiferencialista; “las políticas de asimilación nunca impidieron que las diferencias culturales, religiosas o de otro tipo continuaran”. Si la cultura asimilada y subalterna, tiene que ceder tradición, cultura y religión para someterse a los principios de regulación que condenan la mutilación genital, ¿significa que la cultura hegemónica es insolidaria con la cultura subalterna? Según Nieto, en los casos de clitoridectomía, infibulación y en general de mutilación genital, la emancipación de la mujer tiene primacía sobre la práctica cultural que cercena clítoris e infibula labios vaginales.

La tensión que existe entre regulación y emancipación no está superada, pero Nieto entiende que pronunciarse en contra de la mutilación genital, además de ser una manifestación plena de sentido en un mundo globalizado, es una forma muy concreta de solidaridad, una manera de solidarizarse con la mujer. La superación entre aquello que se regula y aquello que se emancipa, no se puede asumir el hecho de que haya que esperar a la extinción cultural y unilateral de la práctica mutilatoria de la cultura subalterna, para emprender y crear en la cultura hegemónica alternativas de regulación que liberen a la mujer del sometimiento genital. Estaríamos ante una regulación emancipatoria y un sincretismo más de los que se generan las culturas se encuentran y desencuentra. El canibalismo cultural hegemónico se encuentra, rivaliza, asfixia y neutraliza el canibalismo genital subalterno. La oxigenación de ciertas prácticas subalternas de diferenciación cultural, como la mutilación genital, supondría, en caso de llevar la política de laissez faire en la cultura hegemónica, perpetuar la ignominia.

El reconocimiento de los derechos de transexuales e intersexuales que los colectivos respectivos viene reclamando para que su identidad sea reconocida, sin confundirla con una enfermedad, con el trastorno de disforia de género, también es regulable. La regulación no supondría penalización, supondría emancipación; emancipar a las personas trans del yugo del trastorno disfórico. La transformación social no está sometida, pues, a un exclusivo criterio de regulación. Necesita de dominios concretos. De forma que el dominio de la regulación es el dominio de conductas delictivas y de le emancipación. La pluralidad de identidades y conductas necesita de frentes concretos y diversos que presionen para lograr la transformación social y con ella la emancipación de los injustamente excluidos, de los “sin derecho”.

La regulación necesita un nuevo marco legal que por medio de un nuevo marco jurídico actualice y reforme los principios modernizadores del Derecho. Una actualización y reforma jurídica-legal que confirmara que “el consenso sobre la primacia del derecho y del sistema judicial es uno de los componentes esenciales de una nueva forma política del estado e igualmente en que mejor vincula la globalización política con la globalización económica” (De Sousa).

Se restituye la legitimación de conductas/identidades deslegitimadas y, así, se contribuye a transformar la realidad social. Desde el punto de vista de la emancipación, la sociología deje de nutrirse de conductas desviadas. La esencia conceptual que definía la desviación de identidades y conductas se ha disuelto, esfumado, y ha devenido existencia normativa emancipadora. El transgénero que médicamente se penaliza y discrimina a los/las transgeneristas, una vez que se haya regulado desde la perspectiva de la emancipación evitaría la penalización médica de las personas trans.

Nieto prefiere enmarcar la conducta/cultura/identidad trans a modo de transición paradigmática y de emancipación, aunque inacabada, dentro de los presupuestos de la sociología de la diversidad, en lugar de la sociología de la desviación. Decidirse por la inclusión de la transexualidad y el transgénero en el ámbito de lo sociológicamente diverso es contribuir a su desmedicalización. Nieto intencionalmente desplazó la transexualidad de la desviación a la diversidad y del análisis de los DSM (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) que la contemplan como trastorno mental al análisis sociológico y antropológico de la diversidad. El estudio sobre el transgénero realizado se confirma como un funeral comparativamente tardío, el deceso de la sociología de la desviación propuesto por Sumner. Como un estudio anticipatoria de la despsiquiatrización del transgénero.

La Alta Autoridad de la Salud francesa parece estar dispuesta a decretar que la transexualidad/el transgénero dejen de ser afecciones psiquiátricas, para que las personar trans, sin tener que abandonar sus conductas/identidades, no sean consideradas  enfermos mentales. El Gobierno Sueco basándose en que s ofensivo y causa prejuicios, autorizó retirar el diagnóstico de “trastorno de identidad de género de la infancia”. Suecia ha sido el primer país en realizar una eliminación diagnóstica de tanta significación y alcance. Estas decisiones constituyen una realidad y una posibilidad con un mismo objetivo: evitar a estigmatización, la discriminación y la exclusión social del transgénero. Desde ATC, una plataforma pro derechos trans catalana: “Consideramos que la transexualidad debe despatologizarse, que debe dejar de estar supeditada a la medicina, a la psiquiatría, y que entonces cuando hablemos de un día internacional contra la homofobia y contra la transfobia”. De hecho, la desclasificación de los trans, en sus diferentes facetas, como enfermedad psiquiátrica como “trastorno de identidad de género”, constituirá un hito histórico.

sábado, 29 de diciembre de 2012

Sociología de la Diversidad – Resúmenes Parte 10


En la asignatura de Sociología de la Diversidad del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, yo y Víctor Riesgo Gómez realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria. Como libro de referencia: Sociodiversidad y sexualidad (José Antonio Nieto Piñeroba) Derechos reservados, sus autores.

Tema 1 Planteamiento de la sociología de la diversidad – Tomás Javier Prieto González // Tema 2 Acción desviada, conducta desviada y alteridad - Tomás Javier Prieto González // Tema 3 El finiquito de la desviación y de la conducta desviada – Tomás Javier Prieto González// Tema 4 De la desviación y de la diversidad – Tomás Javier Prieto González// Tema 5 Razones que justifican la diversidad en sociología – Víctor Riesgo Gómez // Tema 6 Sociología de la diversidad – Tomás Javier Prieto González //  Tema 7 Antropología de la sexualidad y discursividad – Tomás Javier Prieto González // Tema 8 Los guiones sociales. El individuo, el cuerpo y el transgénero – Tomás Javier Prieto González // Tema 9 Notas sueltas sobre sexualidad en la disctadura, transición y democracia española – Tomás Javier Prieto González // Tema 10 Despsiquiatrizar el transgénero – Tomás Javier Prieto González // Tema11 El transgénero en las sociedades polinesias – Tomás Javier Prieto González



Inclusión/exclusión social

Los manuales de sociología de la desviación han sobredimensionado ciertas conductas, amplificado su importancia y subdimensionado u omitido otras, silenciado o medio mostrado su presencia real, por abandono analítico o sencillamente por decisión pensada y consciente a la hora de valorar el riesgo profesional que se asumiría en caso de que fueran tratadas sistemáticamente. Por un lado, sobredimensionar el texto, amplificando una conducta, significa ensanchar la realidad social de la conducta en cuestión; y por otro, subdimensionar u omitir una conducta real en el texto significa estrechar la dimensión de su práctica social. La transformación especular, encerrada en el texto con la sobreexplotación o con el desaprovechamiento correspondiente, muestra el ensanche y la ampliación o el estrechamiento y el recorte de la realidad y de las experiencias sociales que en ella conviven y sobreviven, bienviven y malviven. Todo ello centrado el punto de mira para que las conductas fueran tratadas como conductas individuales, que pautadas en sociedad, al mismo tiempo que define la norma, estigmatiza al individuo en su desviación. Las conductas individuales resultaban sobrerrepresentadas en relación a as conductas desviadas de grupos organizados que, anticipándose en sus acciones al articulado de los códigos penales, resultaban “legalmente” beneficiados.

La sociología de la desviación está acabada académicamente, hay que admitir que sus formas de abracar contenidos, en consecuencia, también lo están. Así:

·      La inclusión social que se propone implica el reconocimiento de derechos, entre ellos, el derecho a la diferencia que se ha negado tradicionalmente a diversos sujetos sociales, que quedaban consecuentemente excluidos.
·      La exclusión social propuesta, por el contrario, implica el rechazo absoluto, la tolerancia nula, el grado cero de determinadas conductas realizadas por los sujetos sociales, que por inercia.

Si la inclusión social significa igualar las diferencias en el plano del derecho o de las disposiciones médicas, la exclusión social significa diferenciar las conductas en el plano de equidad social. Estas propuestas tratan de incluir a los excluidos sociales mediante silencios normativos que niegan sus derechos y, paralelamente, tratan de excluir las conductas estigmatizadas de los incluidos en los manuales de sociología de la desviación. La sociodiversidad, así, voltea la desviación. Incluye a los excluidos sin derechos y excluye la diferencia como categoría social, médica o jurídica reprobada.

La adquisición de derechos de ciudadanía enmarcados en el transgénero/la transexualidad, la intersexualidad y la homosexualidad implica automáticamente, ere otras razones, replantearse el concepto de desviación. La acción desviada y patológica del sujeto se disuelve en el acto de conocer su diferencia, desde el momento que sus derechos se incorporan a la estructura normativa.

Los mecanismos convencionales que sustentan la exclusión social se basan en procesos que producen, por medio de disposiciones fácticas instrumentos reguladores de normalización de conductas. Estos instrumentos al normalizar también desnormalizan. Todo dispositivo médico, instrumento jurídico o medida económica que normaliza, simultáneamente califica y descalifica la identidad/conducta. Por ejemplo, cuando se califica a una persona transexual como sujeto que padece “trastorno de disforia de género”, aunque de su identidad/conducta no se derive peligrosidad social alguna, se está estigmatizando a la persona. Supone a la vez la descalificación social de la persona trans. La desaparición del diagnóstico psiquiátrico “disforia de género” aplicado al transgénero supondría la eliminación de la “no pertenencia” o excusión social y, al mismo tiempo, el reconocimiento de los derechos de la ciudadanía trans, en términos equitativos e igualitarios al resto de los ciudadanos. En suma, su inclusión social íntegra, sin fisuras.

Tanto la exclusión social de ciertas conductas como la inclusión social de ciertos derechos hasta ahora no reconocidos requieren de innovadoras medidas de regulación. En el caso de la exclusión, en un intento de erradicar conductas de abuso sobre bienes y personas. En el caso de la inclusión, con el fin de emancipar, regulándolas, identidades y conductas jurídica o médicamente discriminatorias. En  la resolución generada por al tensión haya de primar la emancipación frente a la regulación. Pero en el encuentro de culturas presente hay que aquilatar al máximo en qué consiste la emancipación y la regulación. Porque si el concepto emancipatorio se asocia con la libertad que permite desprenderse de la asfixia de la opresión, el concepto de regulación, además de asociarse al orden, se relaciona y liga con la insolidaridad cultural. 

jueves, 20 de diciembre de 2012

Sociología de la Diversidad – Resúmenes Parte 3


En la asignatura de Sociología de la Diversidad del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, yo y Víctor Riesgo Gómez realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria. Como libro de referencia: Sociodiversidad y sexualidad (José Antonio Nieto Piñeroba) Derechos reservados, sus autores.

Tema 1 Planteamiento de la sociología de la diversidad – Tomás Javier Prieto González // Tema 2 Acción desviada, conducta desviada y alteridad - Tomás Javier Prieto González // Tema 3 El finiquito de la desviación y de la conducta desviada – Tomás Javier Prieto González// Tema 4 De la desviación y de la diversidad – Tomás Javier Prieto González// Tema 5 Razones que justifican la diversidad en sociología – Víctor Riesgo Gómez // Tema 6 Sociología de la diversidad – Tomás Javier Prieto González //  Tema 7 Antropología de la sexualidad y discursividad – Tomás Javier Prieto González // Tema 8 Los guiones sociales. El individuo, el cuerpo y el transgénero – Tomás Javier Prieto González // Tema 9 Notas sueltas sobre sexualidad en la disctadura, transición y democracia española – Tomás Javier Prieto González // Tema 10 Despsiquiatrizar el transgénero – Tomás Javier Prieto González // Tema11 El transgénero en las sociedades polinesias – Tomás Javier Prieto González

Se acepta la cimentación biológica de la especie humana y específicamente de la neurociencia que estudia el cerebro y la conciencia. Y se acepta, según Wells, la disposición, en la especie humana, de un cerebro altamente adaptante/adaptativo facilita la incorporación de nuevas pautas y de cambios conductuales, que a su vez alimentan la posibilidad del desarrollo de culturas más complejas.

Se acepta también que la autoconciencia es el rasgo más sobresaliente que separa la especie humana de otros primates. Pero el nivel de autoconciencia humana está por encima de la autoconciencia de los bonobos. Propuesta que De Waal desestimaría porque la diferencia en niveles de autoconciecia de humanos y bonobos no se refleja con la nitidez que merece. En los bonobos se observa el dominio de las hembras sobre los machos y como estos son cooperativos con aquellas.

Se acepta que los actos de significado se generan por, pertenecen a y se interpretan en la concreción del contexto que diversifica nuestras conductas. Conductas tan intensas y transformadoras que pueden ser leídas o decodificadas, analizadas o interpretadas como pautas, actos y fenómenos, como “datos experimentales de la existencialidad histórica, social y psíquica”.

Se acepta que la conciencia, al alcanzar un determinado nivel, difícil de concretar, en un momento de la evolución natural, también de difícil precisión, diera nacimiento a la cultura de la especie humana. La evolución cultural progresa mucho más rápidamente que la evolución natural; que esa misma cultura humana en su evolución alumbra la diversidad de culturas. Se defiende que los símbolos y la creatividad, entre otros grandes desarrollos culturales humanos, pero también la ovulación oculta, “nos hacen llegar más lejos que los chimpancés”. El animal humano, por medio de su mente, posibilita que sus adaptaciones constitutivas se realicen en forma de cambios de comportamiento.

Y por encima de cualquier otra consideración se defiende el lenguaje estructurado, como acto de habla diferenciado, de comunicación diferente a cualquier código o señal de llamada, aviso, gesto o advertencia de cualquier otra especie del reino animal; porque en principio fue el verbo, en su sentido más evolutivo. El origen del protolenguaje está en la exclamación fónica que se complejiza con la palabra articulada, la frase construida, el subjuntivo y la oración subordinada. El lenguaje estructurado equivale a la complejidad gramatical y la diversidad de lenguas, culturalmente diferenciadas, La necesidad de comunicar y sobre todo la necesidad de producción oral de sintaxis de la especie humana. La demanda que la sociedad requiere para que ese mismo parloteo infantil vaya transformándose, desarrollando su complejidad sintáctica y enriqueciéndose expresivamente. Los actos de habla generados por el animal humano en sociedad, por su/s significados/s definitorio/s y rasgo/s diferenciadores definitivos, permite al homínido evolucionar, devenir homo sapiens y realizarse como animal social de leguaje, como animal cultural con lenguajes diferenciados.

El significado del sujeto-actor social se contextualiza, por medio de la producción de códigos, símbolos, pautas, normas y valores. El hombre en suma, es “un animal singular”. Evolución y desarrollo cultural humano que es necesario destacar porque ni las identidades ni las conductas desviadas humanas se dan en la naturaleza. Son productos sociales no acabados del género humano. Al igual que la sociodiversidad, aunque la incluya, no es solapable de ningún modo con la biodiversidad.

La sociodiversidad es el resultado espaciotemporal (inacabado) de la diversidad del sujeto en condiciones sociales (inacabadas) y contextualmente diferenciadas, La sociodiversidad es el producto de las diferencias, Cuando la diversidad y las condiciones sociales se singularizan y se contextualizan para su estudio, nos encontramos ante un conocimiento desprendido de una realidad epistémica de abstracción universal que queda reducida a la concreción particularizada. La desviación y sus implicaciones teóricas sociológicas ha sido cuestionada desde la perspectiva sociocultural antropológica y asimismo ha sido relativizada conceptualmente su pretensión de dominio totalizador.

Desde el momento que la experiencia etnográfica se expande por el mundo, la conducta desviada sociológica queda subsumida en la conducta diferenciada antropológica. Desde la contemplación de la etnografía estática a una etonografía en movimiento que consiente la constitución de etnoespacios o de zonas de contacto, donde la culturas confluyen en un mismo espacio social y en su sociodiversidad, total o parcialmente asimétrica, facilitan si proximidad y diálogo o incurren en el desencuentro y, en último extremo, la confrontación. La diversidad de la culturas es el producto final de la experiencias individuales y de grupo, de las relaciones asimétricas de poder y, en conjunto, de las condiciones existenciales proporcionadas por la realidad social.

El sustrato, en un principio, patológico, y más tarde, en algunos casos, como en la homosexualidad, despatologizados, de las conductas desviadas en que la sociología de la desviación se sustenta, queda debilitado. Quedar anulado como razón teórica sustentadora de doctrina sociológica. Porque por una parte, la experiencia etnológica se inclina por aceptar e induce a analizar la divergencia humana y, paralelamente, rechazar la estigmatización del sujeto y el estigma del etiquetado teórico en que se ve envuelto por la patología. Por otra, porque la diversidad se desprende de la desviación como referente epistémico.

Miscegenation (mezcla de razas) de finales del XIX y principios del XX; además de generar fobias y germinar miedos, alimenta el concepto de desviación de la población negra y nutre políticamente el concepto de racismo. El estigma de la sexualidad de los negros, de las prostitutas y, en general, de todos los “otros” se incorpora a la epistemología sociológica de la desviación. Las conductas humanas “erotizadas” en lo que Said confiere a los que llama orientalismo: la ensoñación interpretativa, fantasiosa que Occidente hace de Oriente.

El conocimiento de no poder desligarse de las condiciones sociales, tampoco se puede desligar de las condiciones históricas que lo producen. El conocimiento de la sexualidad viene enmarcado histórica y culturalmente. Las fuentes primarias de significado, ha precipitado la ceguera social de las conductas sexuales. Se ha fracasado en la observación de que la sexualidad requiere de aprendizajes graduales, diferenciados contextualmente y necesitados de elaboración; aprendizajes que “permite la coordinación de cuerpos y significados en una amplia variedad de circunstancias”, como consecuencia de que las conductas sexuales “están incrustadas en guiones sociales por lo que las conductas físicas en sí mismas llegan a ser posibles”.

El resurgimiento socioantropológico de la sexualidad es conocedor de su pasado académico devaluado y estigmatizado, del menoscabo de la reputación de los científicos sociales que “peligrosamente” se aproximaban a su investigación y estudio.

La diversidad sexual, desde una perspectiva sociocultural designaba la pluralidad de conductas que antes se designaban peyorativamente, bajo el rótulo “perversión sexual”, en psiquiatría y psicología, o “desviación sexual” en sociología. Pero, la designación psiquiátrica de perversión, aunque haya desaparecido de la terminología médica, no significa que ciertas identidades o conductas continúen siendo diagnosticadas como “trastornos”.

Este proyecto docente sobre sociodiversidad, como innovador, se encuentra en su fase inicial, irá metabolizando ideas y musculando conceptos.

Según Nieto, conocimiento que puede desprenderse de campos no relacionados con la sexualidad. Como puede ser el conocimiento que cuestiona la “estrechez de la lógica humana”, que permite “sacar la sociología del estado de postración” y establecer una teoría que “conduce en el ámbito epistemológico a una posición constructivista”. Las construcciones epistemológicas que generan campos de visión se acompañan de epistemicidios que generan áreas de ocultación. Con dos variantes:

1.    La interna; cuyo campo de percepción ha sido tradicionalmente sociológico. La visibilidad de determinados riesgos, desviaciones, debilidades tiene su reflejo en la identificación de determinadas causas, determinados enemigos y agresores.
2.    La externa: cuya percepción se situaba tradicionalmente en el campo de la antropología. Todos aquellos conocimientos, universos simbólicos que diferían para ser incluidos fueron suprimidos, marginados y desnaturalizados, y con ellos los grupos sociales que los encarnaban.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Los transexuales ya no son enfermos mentales


Artículo de Ana Alfageme publicado en EL PAIS el 5 de diciembre de 2012
Los transexuales ya no son enfermos mentales. Así lo certifica la nueva edición de la biblia de la psiquiatría. El DSM-5, acrónimo en inglés del Manual Diagnóstico y Estadístico de Enfermedades Mentales, elaborado por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA, en sus siglas en inglés), solo conserva la "disforia de género", es decir, la angustia que sufre la persona que no está identificada con su sexo masculino o femenino.
En España hay entre 7.000 y 12.000 transexuales, que llevan años pidiendo ser excluidos de los manuales psiquiátricos, al igual que activistas y transgénero de todo el mundo. En este país su derecho a sentirse hombre o mujer está reconocido desde 2007. Pueden cambiar de nombre legalmente u operarse para tener genitales del otro sexo, pero sobre el papel padecían una enfermedad. No por el dolor causado por sentirse mujer viviendo en el cuerpo de un hombre o viceversa, sino por el mero hecho de ser transexual.
El estigma se sumaba al rechazo social, la incomprensión o el largo tratamiento al que muchos de ellos se someten y que incluye repetidas intervenciones quirúrgicas para adecuar su aspecto al del sexo deseado. Pero hay mucho más. Estudios citados por las asociaciones aseguran que los transexuales padecen una tasa de paro de entre el 60% y el 80%
El órgano directivo de la APA aprobó el pasado 1 de diciembre el nuevo manual, la primera revisión a fondo en 20 años de los criterios diagnósticos más compartidos en el mundo de la psiquiatría. Se publicará en mayo de 2013 y en él, junto a otras modificaciones, ha desaparecido el término "Trastorno de la Identidad de Género", según ha explicado este martes una portavoz de la asociación.

El proceso parece similar al de la normalización de la homosexualidad. Desapareció como enfermedad mental en 1973, pero se conservó, con el nombre de "homosexualidad egodistónica", el supuesto que describe la angustia y el sufrimiento que padece un gay o una lesbiana por el hecho de serlo. ‪El término se retiró en 1986‬.
El DSM tiene sesenta años de historia y ha constituido durante estas décadas una poderosa herramienta de trabajo para psiquiatras, psicólogos y otros trabajadores de ese campo. Es una suerte de guía para ordenar y nombrar las distintas enfermedades mentales.

La revisión del DSM, que ha llegado a su quinta edición, supone un trabajo de seis años y la aportación de 1.500 expertos de 39 países. Incluso se ha sometido al escrutinio público. De hecho, se han escrito 13.000 comentarios en la web donde ha estado colgado el documento preliminar y se recibieron 12.000 aportaciones en forma de e-mails o cartas. "Ha habido mucho más interés por parte de los ciudadanos y cobertura mediática del DSM-5 que en anteriores revisiones", ha explicado el presidente de la APA, Dilip Jeste, en el anuncio de la aprobación del tratado, "ello refleja mayor conciencia pública e interés de los medios de comunicación en la enfermedad mental".

"El DSM es la herramienta de referencia para el mundo de la clínica", asegura Enrique García Bernardo, jefe de servicio de Psiquiatría del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, "no tanto en el ámbito académico, que sigue la clasificación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el ICD-10". Este último listado, que es un compendio de enfermedades de todo tipo, no solo psiquiátricas, sí que conserva el trastorno de identidad sexual. Está en proceso de revisión, como ha ocurrido con el DSM. "Habitualmente la OMS sigue los pasos del tratado estadounidense", asegura el psiquiatra, "y además su clasificación tiene una razón más administrativa y ordenadora"
Esta revisión del DSM recoge otros cambios. Algunas enfermedades mentales, como la transexualidad, han dejado de serlas. Otras se incorporan. Pero el resultado es muy parecido en términos numéricos. La evolución social y la investigación aclaran situaciones y conductas y la nueva referencia en enfermedades mentales no patologiza más a la sociedad.
Nuevas dolencias: el acaparamiento y la excoriación
En el grueso volumen se podrá consultar los criterios diagnósticos de una afección relacionada con el síndrome de Diógenes, que se ha trasladado al tratado con el nombre de Trastorno de Acaparamiento. Se justifica su inclusión "con una extensa investigación científica. Su incorporación", asegura la asociación en una nota de prensa, "ayudará a caracterizar a la gente con dificultades persistentes para deshacerse de sus posesiones, independientemente de su valor real. Esta conducta tiene efectos dañinos (emocionales, físicos, sociales, económicos e incluso legales) para un acaparador y sus familiares".
El síndrome de Asperger desaparece bajo el paraguas del Trastorno del Espectro Autista, que incorporará varias condiciones patológicas existentes en la anterior edición del volumen, el DSM-IV, como el autismo, el síndrome antes mencionado, el Trastorno Desintegrador de la Infancia y el de Desarrollo Infantil. Los niños que padecen la dolencia bautizada con el nombre del pediatra austriaco que lo definió suelen tener un habla sin ritmo e intereses muy limitados. Hacen acopio de infinidad de datos sobre ellos sin categorización.
Otra enfermedad mental nueva es el Trastorno de Estado de Ánimo Disruptivo y No Regulado, que sirve para describir el caso de niños "que muestran irritabilidad persistente y episodios frecuentes de arrebatos de conducta tres o más veces a la semana durante más de un año", observa la asociación. "Se pretende evitar el diagnóstico erróneo o el sobretratamiento de trastornos bipolares en niños".
Se incorpora también la excoriación, es decir, el acto de arrancarse la piel de manera continuada, dentro de las dolencias vinculadas a la enfermedad obsesiva-compulsiva

Artículo de Ana Alfageme publicado en EL PAIS el 5 de diciembre de 2012