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domingo, 13 de enero de 2013

Sociología de la Diversidad – Resúmenes Parte 24


En la asignatura de Sociología de la Diversidad del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, el compañero Víctor Riesgo Gómez y yo, realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria. Como libro de referencia: Sociodiversidad y sexualidad (José Antonio Nieto Piñeroba) Derechos reservados, sus autores.

Tomás Javier Prieto González:
Tema 1 Planteamiento de la sociología de la diversidad // Tema 2 Acción desviada, conducta desviada y alteridad // Tema 3 El finiquito de la desviación y de la conducta desviada // Tema 4 De la desviación y de la diversidad // Tema 6 Sociología de la diversidad //  Tema 7 Antropología de la sexualidad y discursividad // Tema 8 Los guiones sociales. El individuo, el cuerpo y el transgénero // Tema 9 Notas sueltas sobre sexualidad en la disctadura, transición y democracia española // Tema 10 Despsiquiatrizar el transgénero Tema11 El transgénero en las sociedades polinesias

Víctor Riesgo Gómez:
Tema 5 Razones que justifican la diversidad en sociología


Malignidad, perversión, desviación y trastorno

En sociología, las conductas desviadas habían sustituido en denominación a las rotuladas, como consecuencia de la impronta médica/psiquiátrica, conductas perversas. Se sustituyó la designación del sujeto; el sujeto perverso dejó de ser denominado como tal, para ser designado sujeto desviado. A su vez, la perversidad había sustituido a un término más genérico, pero igualmente indicativo: la malignidad. La encarnación del mal no era otra que la representada y efectuada por el sujeto maligno.

El sujeto perverso es un sujeto que se define por su perversión; por sus actos no naturales, segregados de las normativas conductuales que marcan los códigos sociales; la perversión se puede decir, es una emancipación de la naturaleza. La perversión solo existe, pues, en la humanidad. Los actos humanos nunca pueden ser, por consiguiente, tildados de inhumanos.

De la misma manera que la perversidad ocupó en psiquiatría el locus denominativo de la malignidad, la configuración designante que encierra en su rótulo sociológico el vocablo “desviación” pasa a ocupar lo que tenía designación de “perversidad”, aunque esta, expresada literalmente como perversión, estuvo presente durante mucho tiempo en los textos psiquiátricos.

A medida que la interpretación de la malignidad va alejándose de sus raíces religiosas, para ir echándolas en la tierra, la perversidad, como término sustitutivo que condensa las conductas malignas, va tomando más y más presencia, entidad y proyección. En la Italia renacentista, el crimen no es un medio, es un fin en sí mismo. La acción de matar en sí es un acto sin otra lectura que la del crimen que se “produce por el crimen mismo”. Con el tiempo, algunos zoófilio, dejan de serlo para devenir enfermos psíquicos o débiles mentales, una vez que la zoofilia, reconocida legalmente como bestialismo, fue suprimida del Código Penal.

Cuando en Occidente la interpretación de las conductas de los hombres, desde la perspectiva del modelo médico, empieza paulatinamente a reemplazar al modelo religioso, el pecado se transforma en enfermedad y, a mayor abundamiento, la diversidad de las conductas sexuales se transmuta en perversión. Sin embargo, la psiquiatría actualmente en sus DSM ha eliminado, es una estratagema propia de la prestidigitación, toda referencia a la perversión y a los perversos. La estratagema se debe a que a la perversión se la denomina ahora “parafilia”, para, proviene del griego y significa “desviado”, philia, es “amor”. Parafilia, pues, es “amor a lo desviado”. En el presente se prefiere, desde la perspectiva psiquiátrica, eludir a los sujetos, y se opta por ello para aludir a las conductas. Conductas que psiquiátricamente quedan reconvertidas en trastornos. Todo con un único fin, mostrar que los trastornos conciernen “exclusivamente a la psicofarmacología y a la cirugía” y de este modo pueden ser reducidos “a un desorden, a una disociación, es decir, a una avería del motor”.

La perversión, pues, tuvo su momento de vigencia avalada por la ciencia médica, en su especialidad psiquiátrica; hasta que en 1987 el discurso de la psiquiatría, por las razones indicadas, opta por diluir en el olvido al perverso y a la perversión. Porque no se acomodan al cambio de paradigma que vive entonces la psiquiatría y que convulsiona el mundo de sus ideas, pensamientos e interpretaciones: pasar de la apropiación clasificatoria de sus conductas.

La ciencia médica y la ciencia jurídica, son los dos grandes pilares de los que se ha servido el Estado para establecer criterios de normalización y, por extensión, de normalidad; criterios que en la práctica permiten clasificar y desclasificar, incluir y excluir conductas. Pero, claro, excluido de la calcificación normativa no implica eliminación de a realidad social. Todo catálogo de conductas clasificadas/incluidas como normales es, paralelamente, un catálogo de otras conductas desclasificadas por anormales. Y como anormales, excluidas de la norma, al ser conductas “contaminadas y contaminantes”, estigmatizadas y estigmatizantes, discriminatorias y discriminantes, demonizadas y demonizantes, descalificadas y descalificantes. Conductas propias del ángel caído. Conductas arrumbadas.

Ahora la ciencia jurídica, veremos que todas las conductas entre adultos, efectuadas en privado con el consentimiento de las partes intervinientes, son legales. La normativa legal permite, pues, que conductas como la copofragia, la urofilia, la zoofilia, la necrofilia, la coprofilia, no sean perversas.

De modo que las perversiones, sobre todo las sexuales y las mentales, fueron campo de abono para la psiquiatría y con el tiempo hubo que reconducirlas en designación para transformarlas en enfermedades. Del mismo modo que a la perversidad de los síntomas específicos que definían la enfermedad también hubo con el tiempo que reconducirlos hasta transformarlos en trastornos. Las mismas conductas y a los mismos síntomas la psiquiatría, con el paso del tiempo y gradualmente, asigna distintas designaciones: perversión, parafilia, trastorno. El sujeto perverso pasó, pues, a ser considerado sujeto trastornado; la perversidad quedó sobreseída y en su tarjeta de presentación, donde figuraba perversión, pasa a figurar trastorno. En sociología, en lugar de perversión, perversiones o perversos se aludió a desviación, desviaciones y desviados, si la psiquiatría se apropió de las perversiones y de su recalificación terminológica en forma de trastornos conductuales del sujeto, la sociología se apropió de las desviaciones y, por ende, de sus conductas subjetuales. En suma, pudiera afirmarse que la perversión fue a la psiquiatría y a la clínica, lo que la desviación fue a la sociología; lo que la desviación, baremada por el referente determinante del control social, es a la sociología jurídica.

El sujeto desviado, al igual que el perverso, es un sujeto no sujeto a códigos. No sujeto a arraigos, un sujeto desarraigado. La sociología de la desviación la ha atendido bajo el prisma de un desorden no acomodado a reglas de conservación del establishment. Sin embargo, la sociología de la desviación, se despreocupó del sujeto desviado que se desvía de su desviación para ser sujeto centrado.

Estamos pues, ante la presencia de un sujeto bipolar. Un sujeto de conductas desviadas que también hubieran podido ser objeto de estudio de la sociología de las desviación. Se trata de un sujeto que no solo distancia de la excentricidad conductual o de las acciones desordenadas para ajustarse a los estatutos socialmente establecido, sino que también hace alarde de “ser más papista que el papa”.

Pero si en la individualidad desordenada está etiquetada la patología y a la perversión, en la organización colectiva de las individualidades también podría adherirse la etiqueta de la reivindicación. Cuando ese desorden es producto de colectivos procedentes de campos diversos, con estructuras internas muy organizadas dirigidas a la construcción social de la protesta, las conductas además de dejar de ser individuales, dejan de ser desviadas. Pasan de ser denominadas a autodenominarse y se transforman en movimientos sociales. Estos movimientos, por su propia entidad, son las reivindicaciones políticas y sociales, han desbordado el objeto de estudio de las sociología de la desviación. Movimientos sociales, entre otros, como el de los mapuches chilenos, aymaras bolivianos, “sin tierra” brasileños, “zapatistas” mexicanos, confederaciones indígenas de Ecuador, Colombia, Venezuela y Guayanas que surgieron después de 1975.


martes, 1 de enero de 2013

Sociología de la Diversidad – Resúmenes Parte 13


En la asignatura de Sociología de la Diversidad del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, yo y Víctor Riesgo Gómez realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria. Como libro de referencia: Sociodiversidad y sexualidad (José Antonio Nieto Piñeroba) Derechos reservados, sus autores.

Tema 1 Planteamiento de la sociología de la diversidad – Tomás Javier Prieto González // Tema 2 Acción desviada, conducta desviada y alteridad - Tomás Javier Prieto González // Tema 3 El finiquito de la desviación y de la conducta desviada – Tomás Javier Prieto González// Tema 4 De la desviación y de la diversidad – Tomás Javier Prieto González// Tema 5 Razones que justifican la diversidad en sociología – Víctor Riesgo Gómez // Tema 6 Sociología de la diversidad – Tomás Javier Prieto González //  Tema 7 Antropología de la sexualidad y discursividad – Tomás Javier Prieto González // Tema 8 Los guiones sociales. El individuo, el cuerpo y el transgénero – Tomás Javier Prieto González // Tema 9 Notas sueltas sobre sexualidad en la disctadura, transición y democracia española – Tomás Javier Prieto González // Tema 10 Despsiquiatrizar el transgénero – Tomás Javier Prieto González // Tema11 El transgénero en las sociedades polinesias – Tomás Javier Prieto González

El finiquito de la desviación y de la conducta desviada

La defunción del concepto de desviación, que hinca sus raíces en la sociología del mismo nombre, Summer la sitúa en el Reino Unido. Por medio de una explicación que se fundamenta en razones ideológicas. Así, la conducta desviada se explica en términos de ideología, la desviación deja de tener sentido. Según Lemert y la teoría del etiquetaje, el sujeto, en una desviación secundaria, afectado más o menos en su estructura psicológica, responde a las condiciones problemáticas de vida que le crea la reacción de la sociedad.

  • En la primera desviación o desviación primaria que es transitoria, la personalidad y los roles del sujeto no quedan dañados. De la desviación no se registran huellas en su persona. El sujeto sale incólume de la desviación.
  • En la segunda desviación o desviación derivada, la característica transitoria y de corta duración abandona al sujeto. Este, como consecuencia de la respuesta de la sociedad, no sale indemne: su personalidad y sus roles lo reflejan, al no estar exentos de daño.


En consecuencia, al instaurarse y residir la desviación en el reino de la ideología, la estigmatización del sujeto que, a modo de censura moral, acompaña y da sentido a su definición ideológica, se reconvierte, transformándose en algo “inesperado”. El sujeto transforma la conducta desviada, en la práctica, en una crítica al sistema de relaciones sociales imperantes.

La heterogeneidad social y Merton

También se crea ideología en contra de la heterogeneidad. Cuando en una sociedad, como la norteamericana, se asume, como primera premisa, que la adecuación entre la oportunidades estructurales y los valores culturales está desequilibrada y, como segunda, que los medios y los fines de los sujetos sociales están vinculados al orden social, es lógico que se generen disfunciones sociales. La sociedad norteamericana es estructuralmente disfuncional (Merton). Porque Merton aboga, se preocupa, se interesa por la estructura y por los rasgos sociales que la conforman, no por el sujeto y la heterogeneidad de sus características diferenciales.

A juicio de Merton, en las sociedades caracterizadas por una elevada disfuncionalidad estructural habrá también por parte de la ciudadanía una elevada respuesta cuyo objetivo es quebrantar la norma social, romperla. Por el contrario, con una reducida disfuncionalidad estructural, la violación y ruptura de la norma también será reducida.

Merton, en lo que se refiere a la falta de adecuación, discrepancia o antagonismo social entre medios y fines, consecuentemente con su planteamiento, ofrece una tipología estándar formada por cinco posibles adaptaciones:

  1. Adaptación por conformidad es la adaptación de la pasividad o de la falta de iniciativas, del “dejarse llevar”. Es el conformista, se identifica y ajusta.
  2. La adaptación por innovación está representada por el innovador que, no pudiendo alcanzar los fines mediante el uso de los medios legítimos, logra sus objetivos violentando y quebrantando la norma social. La utilización de medios ilegítimos es central en este tipo de adaptación.
  3. La adaptación ritual se encarna en el “ritualista” consciente de la imposibilidad de conseguir los máximos objetivos que la sociedad ofrece. Se adapta a la situación social de manera posibilista. Reduce su nivel de exigencia y ambición para actuar solo con medios que faciliten y hagan posible el logro de fines de menor entidad social. El ritualista no se evade de ser etiquetado por Merton como desviado, porque la sociedad norteamericana valora el logro social, el éxito financiero y la ambición y la lucha para obtenerlos.
  4. La adaptación por retirada es la que efectúa el sujeto social al rechazar tanto los fines como los medios que se le ofrecen. Así se recurre al ostracismo, el sujeto parece actuar bajo la divisa “que paren el mundo que yo me bajo”, para incurrir en el aislamiento social. La drogadicción y la enfermedad mental se introducen, sin tener en cuenta las características diferenciadoras.
  5. La adaptación por rebelión se manifiesta también por la disconformidad o/y antagonismo del sujeto ante unos fines y unos medios que no le motivan ni convencen y, además los refuta. Quien la encarna, el rebelde, no abandona la sociedad, antes al contrario, actúa para cambiarla. Lucha por modificar fines y medios y, además, ofrece alternativas.


La instrumentación estructural funcional, como sistema explicativo, hubiera abandonado la perspectiva conservadora de la disfuncionalidad para, en su lugar ofrecer otro modelo de sistema más proclive al cambio social.

La tipología clasificatoria de Merton, a mi juicio, muestra adaptación social solo en dos casos: la adaptación del conformista y del ritualista. En los tres casos restantes, más que de adaptación debería hablarse de inadaptación social o, de modo incongruente y en último extremo, como expresa la sociología estructural funcionalista continuadora de las premisas mertonianas, referirse a la adaptación anómica o adaptación desviada.



miércoles, 26 de diciembre de 2012

Sociología de la Diversidad – Resúmenes Parte 7


En la asignatura de Sociología de la Diversidad del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, yo y Víctor Riesgo Gómez realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria. Como libro de referencia: Sociodiversidad y sexualidad (José Antonio Nieto Piñeroba) Derechos reservados, sus autores.

Tema 1 Planteamiento de la sociología de la diversidad – Tomás Javier Prieto González // Tema 2 Acción desviada, conducta desviada y alteridad - Tomás Javier Prieto González // Tema 3 El finiquito de la desviación y de la conducta desviada – Tomás Javier Prieto González// Tema 4 De la desviación y de la diversidad – Tomás Javier Prieto González// Tema 5 Razones que justifican la diversidad en sociología – Víctor Riesgo Gómez // Tema 6 Sociología de la diversidad – Tomás Javier Prieto González //  Tema 7 Antropología de la sexualidad y discursividad – Tomás Javier Prieto González // Tema 8 Los guiones sociales. El individuo, el cuerpo y el transgénero – Tomás Javier Prieto González // Tema 9 Notas sueltas sobre sexualidad en la disctadura, transición y democracia española – Tomás Javier Prieto González // Tema 10 Despsiquiatrizar el transgénero – Tomás Javier Prieto González // Tema11 El transgénero en las sociedades polinesias – Tomás Javier Prieto González

Conductas sexuales/conductas sociales y manuales de desviación

Indiscriminadamente se califican como desviadas conductas que aparte de no tener nada en común, no disponían tampoco de fuerza argumental alguna para que una vez introducidas en un mismo epígrafe, pudieran ser todas asumidas como si se tratara de conductas sujetas a la equiparación.

En el catálogo de conductas sexuales desviadas, violación y homosexualidad figuraban insertas como “iguales”, es decir, se explicitaban como equivalencias desviadas. Las conductas desviadas eran, de hecho, una especie de panegírico de la libertad. Lo cual motivó que fueran criticadas muy duramente. Gouldner crítica a Becker, acusándole de partizano de la sociología. Gouldner rechaza categóricamente los presupuestos liberalizadores de la desviación y, así mismo, refuta el razonamiento que asume que los desviados son más virtuosos que las autoridades, sin encontrar ninguna base que lo pueda sostener y justificar.

Las conductas desviadas a las que se recurre en los manuales sociológicos son las que realizan los sujetos sociales mediante actos relacionados con la sexualidad y actos no asociados a aspectos sociosexuales. La sexualidad tiene un protagonismo innegable que los manuales desgranan en su singularidad, incidiendo con más frecuencia en unas conductas que en otras. Dentro de la sexualidad es a la conducta homosexual a la que se concede especial relevancia, con más énfasis a la homosexualidad de los varones que al lesbianismo. Su presencia en los manuales figura un mayor número de veces que la prostitución, que ocuparía el segundo lugar en cuanto a frecuencia. Al fenómeno trans y su conducta, se relaciona más con el transvestismo que con la transexualidad y el transgénero. Con mayor frecuencia se reflejan conductas como las de las bailarinas topless. Realmente infrecuentes son el reflejo de conductas en forma de rituales y tabúes en torno a la menstruación y la menopausia. Mención aparte, por no ser conductas sexuales consensuadas son las que tratan abusos y agresiones sexuales. Como las violaciones, a las que McCaghy incluye en el capítulo de conductas delictivas contra las personas y realizadas en las calles y los abusos sexuales de la pareja y los abusos sexuales de niños, la pedofilia. O las prácticas rituales de algunos grupos relacionados con abusos sexuales y las relaciones sexuales entre terapeutas y clientes.

Las conductas desviadas no relacionadas con la sexualidad más frecuentes, que vienen reflejadas en los manuales de sociología de la desviación, de los sujetos sociales son: el uso y consumo de drogas, alcohol y las enfermedades mentales. Con menor frecuencia aparecen la ceguera; las discapacidades físicas y los trastornos alimentarios. También de las conductas violentas, contra uno mismo o contra otras personas, con resultado de muerte: suicidios y homicidios y asesinatos. Se recoge también distintos tipos de delincuencia (corporativa, contra el gobierno, de guante blanco, económica y política, común y en las calles).

lunes, 24 de diciembre de 2012

Sociología de la Diversidad – Resúmenes Parte 6


En la asignatura de Sociología de la Diversidad del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, yo y Víctor Riesgo Gómez realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria. Como libro de referencia: Sociodiversidad y sexualidad (José Antonio Nieto Piñeroba) Derechos reservados, sus autores.

Tema 1 Planteamiento de la sociología de la diversidad – Tomás Javier Prieto González // Tema 2 Acción desviada, conducta desviada y alteridad - Tomás Javier Prieto González // Tema 3 El finiquito de la desviación y de la conducta desviada – Tomás Javier Prieto González// Tema 4 De la desviación y de la diversidad – Tomás Javier Prieto González// Tema 5 Razones que justifican la diversidad en sociología – Víctor Riesgo Gómez // Tema 6 Sociología de la diversidad – Tomás Javier Prieto González //  Tema 7 Antropología de la sexualidad y discursividad – Tomás Javier Prieto González // Tema 8 Los guiones sociales. El individuo, el cuerpo y el transgénero – Tomás Javier Prieto González // Tema 9 Notas sueltas sobre sexualidad en la disctadura, transición y democracia española – Tomás Javier Prieto González // Tema 10 Despsiquiatrizar el transgénero – Tomás Javier Prieto González // Tema11 El transgénero en las sociedades polinesias – Tomás Javier Prieto González

Alteridad

Hay conductas que se conforman a un orden moral, el que produce la norma: son conductas conformistas; y conductas que desacatan orden y norma morales, actuando en rebeldía: son conductas rebeldes. Las conformistas se sobreponen a las rebeldes y al sobreponerse se imponen a ellas, con la consecuencia de que en su imposición se produce un cierto conducticidio. Una conducta “expulsa” a la otra. Las conductas se comportan como las culturas o como ciertas formas de conocimiento. Por ejemplo, las pautas de cultura y conocimiento occidental se sobrepusieron e impusieron a cualesquiera otras pautas culturales y de conocimiento, a las que trataban despreciativamente como “salvajes”, porque no reflejaban en sus conductas la/s norma/s de Occidente, produciéndose lo que De Sousa llama epistemicidio.

Entre las prácticas que se crean en las sociedades occidentales como “desviación” y las prácticas que al ser analizadas desde Occidente se instruyen en las sociedades periféricas como “salvajes”. Clasificación que además de diferenciar, a través de la reprobación, remite a una misma base nuclear: la alteridad. La alteridad actúa a modo de sustancia social que envuelve el “otro” tanto al desviado como al salvaje, que constituyen un no “nosotros”. Y como tales, “no son de los nuestros”, a los que se diferencia socialmente. Atribuyéndoles en la diferenciación un estatus inferior al nuestro. Por tanto, la alteridad de las conductas “desviadas” y las conductas “salvajes” siempre se muestra con sesgos de inferioridad, siendo una y otra conducta socialmente excluyentes, dibujando un círculo de opresión en el que se encierra al alter, al otro.

El desviado es un sujeto de interioridad. Es un sujeto que las sociedades occidentales no tienen ni siquiera que internalizar, al estar situado dentro de las mismas sociedades. El salvaje, es un sujeto ajeno y externo a Occidente, al que además de asignarle los criterios de alteridad e inferioridad hay que atribuirle un tercero: exterioridad; por estar situado fuera de los diversos contextos sociales occidentales. Por tanto, desviados (internamente) y salvajes (externamente) son sujetos sociales periféricos, situados en el margen de la sociedad, que, observados desde el principio occidental que les denomina, se les instituye con el estigma de la alteridad. Alteridad que puede ser adjetivada por medio de la bifurcación que permite subdividirla en alteridad interna y externa, respectivamente. El alter desviado interno será objeto de estudio sociológico y el alter salvaje externo, antropológico.

La separación académica-disciplinar entre sociología y antropología supuso, de facto una ruptura entre la uniformidad y homogeneidad de saberes. La sociología de la desviación adoptó criterios universales que uniformizaron y homogeneizaron conductas. La antropología social adoptó criterios particularistas que uniformizaron y homogeneizaron rasgos, códigos y pautas culturales. Una y otra oscurecieron al sujeto. Uniformidad y homogeneidad quebradas suponen, en época de conductas y cultura global, la obligación de esclarecer en qué consisten sus universalismos y particularismos y cuáles son sus rasgos más relevantes. Conductas y culturas están presentes, como sentencia Appadurai, con respecto a las identidades y las diferencias, para canibalizarse. Para él, canibalizar la cultura significa quebrar moldes homogeneizadores triunfantes, pero también quebrantar cortes clásicos de resistencia. Que se puede resumir como un transparente posicionamiento frente a tópicos y estereotipos.

Según Nieto, la desviación medida y definida por el criterio de la alteridad se ajusta conceptualmente mejor a las conductas de los sujetos que otros tipos de criterio. Pero el consenso moral, en cuanto a la implantación de normas y aceptación (tautológica) por la sociedad de las mismas, supone que la alteridad, las “otras” conductas, las desviadas, queden excluidas. Las conductas consensuadas socialmente, las “normales”, constituyen la conciencia colectiva de Durkheim. Para él, la falta de consenso social, el disenso, venía caracterizado intrínsicamente por su anomia, admitía que cierta anomia/desviación social no se podía soslayar. No concebía la sociedad sin anomia/desviación. La alteridad, definida en términos durkheimnianos como factor anómico/desviado, estaba tan presente en sociedad como la norma. La imposibilidad de la sociedad de desprenderse de la desviación y la actitud anticipatoria y visionaria de los anómicos/desviados proporcionaba, según Durkheim, avances sociales, hacía progresar la sociedad. Así entendidas las conductas desviadas, puede afirmarse que resultaban socialmente funcionales. Durkheim concluye que la desviación es e precio social que hay que pagar para que se produzca el cambio social, y éste se produce por asumir la diversidad. Una ambivalencia que se refleja en el hecho de que los se admite sociológicamente se cuestiona psicológicamente. La desviación presente en la sociedad es aceptada, pero de ello no debe extraerse la idea de que el sujeto social que la produce con sus conductas, el sujeto desviado, par Durkheim sea un individuo normal.

Frente a una desviación que inferioriza al desviado, que le sitúa social y jerárquicamente como un “alter” inferior, cuando desde la perspectiva de la sociología de la diversidad, el diferente tiene derecho a ser tratado como un igual. Tiene derecho a reivindicar su diferencia cuando políticas mal concebidas equiparan al diferente igualitariamente con los “normales”, hasta el extremo de desfigurar y neutralizar sus rasgos identitarios diferenciadores.

La degradación de las conductas se acompañan con la disminución o evaporación de los aspectos identitarios singulares, de las características definidoras de la identidad del individuo diferente, al no conceder a este sujeto social criterios de igualdad equiparable a los de los sujetos caracterizados por su normalidad de conductas. Así fueran criterios patológicos que se fijan y centran en la supuesta condición innata de la conducta; estadísticos, que interpretan la conducta como una desviación con respecto a una media; moralizantes absolutistas, que manejan valores absolutos que aplican dogmáticamente a las conductas; normativos que establecen y prescriben lo que se debe y no se debe hacer en todo momento; y reactivos, criterios que a modo de respuesta indican cuándo la conducta se ajusta o se desvía de parámetros sociales. Se hacía de las conductas un universo conceptual, que es su pretensión absoluta, ante una misma práctica se olvidaba de explicar las diferencias contextuales, y su reflejo documentado correspondiente. La lectura que la sociología de la diversidad hace de la diferencia no pretende homogeneizar ni subordina al diferente, porque tanto en la homogeneización integradora como en la subordinación jerárquica radican los fundamentos de la discriminación. La homogeneización enterraba la individualidad del sujeto social en aras de un frente cultural sin oquedades ni fisuras. La subordinación del diferente se generaba mediante la lectura y articulación degradante que se hacía de la alteridad.

sábado, 22 de diciembre de 2012

Sociología de la Diversidad – Resúmenes Parte 5


En la asignatura de Sociología de la Diversidad del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, yo y Víctor Riesgo Gómez realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria. Como libro de referencia: Sociodiversidad y sexualidad (José Antonio Nieto Piñeroba) Derechos reservados, sus autores.

Tema 1 Planteamiento de la sociología de la diversidad – Tomás Javier Prieto González // Tema 2 Acción desviada, conducta desviada y alteridad - Tomás Javier Prieto González // Tema 3 El finiquito de la desviación y de la conducta desviada – Tomás Javier Prieto González// Tema 4 De la desviación y de la diversidad – Tomás Javier Prieto González// Tema 5 Razones que justifican la diversidad en sociología – Víctor Riesgo Gómez // Tema 6 Sociología de la diversidad – Tomás Javier Prieto González //  Tema 7 Antropología de la sexualidad y discursividad – Tomás Javier Prieto González // Tema 8 Los guiones sociales. El individuo, el cuerpo y el transgénero – Tomás Javier Prieto González // Tema 9 Notas sueltas sobre sexualidad en la disctadura, transición y democracia española – Tomás Javier Prieto González // Tema 10 Despsiquiatrizar el transgénero – Tomás Javier Prieto González // Tema11 El transgénero en las sociedades polinesias – Tomás Javier Prieto González

El crecimiento de la industria, que sustenta la transformación de una sociedad agrícola en una sociedad industrial, en su desarrollo debilita la estructura social preexistente, quiebra la conciencia colectiva, desregular la moral y favorece el individualismo. Los tentáculos de la anomia se extienden por las sociedades capitalistas y Durkheim no duda en señalar que es a Estado al que le corresponde restaurar a ley y el orden e impedir que el comportamiento anómico se apodere de la sociedad moderna.

Durkheim ve en la anomia el principio del germen de la desviación que se manifiesta conductualmente distanciándose de la norma social, a la que infringe. La infracción de la norma social generada por la desviación, sin embrago, es inferior, de menor entidad que la que representa el delito. Pero, a su vez, superior y de mayor entidad que la representada por la diferencia. La diferencia se expresa interpretativamente como una clase de anomia mal vista socialmente, como una conducta que la norma social desaprueba pero que, a pesar de su desaprobación social, se tolera, porque no llega a infringir o que la sociedad, al regular comportamientos, instituye como norma.

La anomia, en su gradación de menor a mayor transgresión y conculcación de la norma social, en sus gradientes de diferencia, desviación y delito, es una clasificación tricotómica que se da a conocer como las tres “D” (la diferencia, la desviación y del delito). Anomia que, en su conjunto, Durkheim la contempla y trata teóricamente como ambivalencia. Por un lado, con visión de pasado, y por otro, con visión de futuro. El análisis de modernidad de Durkheim supone, de una parte, recurrir a posicionamientos positivistas del XIX y, de otra, a posicionamientos anticipatorios de duda epistemológica y de relativismo analítico. En su visión de pasado se muestra muy seguro, pragmático, en su visión de futuro, la seguridad se trastoca y surge la incertidumbre, el pragmatismo se disuelve.

Por un lado Durkheim, el recurso positivista se circunscribe, según Sumner, a cuatro puntos:

1.    Los sujetos sociales que en sus conductas anómicas se desvían de la norma se patologizan. Son individuos con patologías, psicológica y oralmente patológicos.
2.    La regulación del estado anímico y moral de la sociedad se realiza por medio del uso y gestión de estadísticas criminales.
3.    El máximo garante del sentimiento colectivo, distanciado del egoísmo propio de los intereses particulares, reside en la ley.
4.    La sociología como construcción social de fundamento científico, como la ciencia en general, se desvincula del compromiso político.

Por otro, el posicionamiento anticipatorio y como tal embrionario, con una visión temprana e irónica, igualmente queda circunscrito a cuatro puntos:

1.    Por la significación del delito, al que Durkheim rebaja su condición de universalidad. Adopta una perspectiva más antropológica que sociológica.
2.    ¿Qué hacer socialmente con el delito?. Cree que el delito no se puede erradicar de las sociedades modernas y como consecuencia de su presencia social debe ser reparado mediante la censura moral y legal.
3.    La forma contradictoria del funcionamiento de la sociedad, Durkheim es consciente de la contradicción que existe entre la lógica de la máxima optimización posible de la cuenta de resultados, la “lógica del beneficio” y la lógica de máxima optimización moral de la sociedad, la “lógica e la regulación moral de la sociedad”.
4.    Durkheim atribuye a la desviación cierta disposición anticipatoria y a los desviados cierta aptitud visionaria, introduce en el mismo saco y trta con el mismo rasero cualquier tipo de desviación.

Conducta desviada y acción desviada

El embrión teórico durkheimiano, gestado y nacido en Francia, en forma de tricotomía social clasificatoria, las tres “D”, esto es, la diferencia, la desviación y del delito, crece y toma impulso para cruzar el Atlántico. Hay que esperar hasta la década de los 50´s para llegar a un consenso denominativo en los departamentos de sociología de Estados Unidos y aceptar la sociología de la desviación como singularidad sociológica y con autonomía propia. El primer libro se publica en 1957 (Marshakk Clinard). Han transcurrido 72 años desde que Durkheim escribiera y diera a conocer al público Las reglas del método sociológico.

Algunos autores diferencias entre conducta desviada y acto o acción desviada/o. La conducta desviada, para éstos, reside en la violación de ciertas normas colectivas. En tanto que el acto o la acción desviado/a es la conducta que de algún modo se proscribe. Ante la posible confusión que puede generar la diferenciación entre conducta y acto o acción, Clinard opta por precisar el sentido y la forma de uso que requiere la conducta desviada. Para él solo constituyen desviación las conductas que representan un nivel suficiente de desaprobación y que, además, exceden los límites de tolerancia de una comunidad dada.

Para Saragin, la desviación viene definida por el conjunto de condiciones, personas y actos/acciones que la sociedad devalúa. Remite a la sociedad en lugar de a la comunidad, Aunque en la práctica, sociedad y comunidad resultan términos intercambiables que no suponen una división conceptual marcada por la precisión y la diferencia.

La clave de la cuestión en el momento de considerar en qué consiste lo socialmente desaprobado o devaluado, según Nieto, reside en cuestionarse por qué la sociedad/comunidad no telare las conductas de los sujetos desviados, por qué las aprehende, subyugándolas, como ofensivas. Por qué las absorbe en el momento de la aprehensión y las rechaza en el momento de la desaprobación. Por qué la sociedad/comunidad devalúa, anula o intenta anular actos que, cuando los capta, los interpreta como improcedentes, para subsiguientemente deshacerse de ellos, en el mismo momento que los desprecia, debido a sus planteamientos interpretativos.

Se viola y quebranta la norma, que conductualmente opera y se clasifica en positivo. En tanto que la violación y el quebranto de esa misma norma opera y se clasifica en negativo. Porque la sociedad; los sujetos centrados, saben cuánta tolerancia de conducta devaluada se puede soportar o, cuándo se alcanza el nivel que, con una señal de identificación apropiada, diga “basta” “hasta aquí hemos llegado”. La sociedad sabe cuándo se alcanza el nivel de suficiencia sin necesidad de emplear unidad de medida alguna que cuantifique la saciedad y el hartazgo. Saber qué es suficiente cuando se sabe cuánto es bastante puede ser tan variable como el número de sujetos que integran el conjunto que define la suficiencia.

Las conductas se jerarquizan. Unas conductas se sobreponen a otras. Las conductas de los sujetos desviados conllevan la reacción de los sujetos centrados que tratan de aislar corregir o castigar a los sujetos de conductas inmorales, díscolas, intolerables, devaluadas, inconformitas, perversas o infames. Las conductas que Schur situaba en borderline areas (zonas fronterizas) y que bautizó como “delitos sin víctimas”. Una de las principales consecuencias de la criminalización de as conductas intersubjetivas voluntarias, deseadas y consentidas es la creación de muchos más delitos adicionales, que no existirían en el caso de que las mismas conductas consensuadas fueran legales. Lamo de Espinosa indica que si no existen víctimas, ya que no hay denuncias, estamos, pues, ante la presencia de conductas “evidentemente inmorales, y puesto que corresponde al Estado velar por la moral pública, se sancionan”: