lunes, 24 de diciembre de 2012

Sociología de la Diversidad – Resúmenes Parte 6


En la asignatura de Sociología de la Diversidad del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, yo y Víctor Riesgo Gómez realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria. Como libro de referencia: Sociodiversidad y sexualidad (José Antonio Nieto Piñeroba) Derechos reservados, sus autores.

Tema 1 Planteamiento de la sociología de la diversidad – Tomás Javier Prieto González // Tema 2 Acción desviada, conducta desviada y alteridad - Tomás Javier Prieto González // Tema 3 El finiquito de la desviación y de la conducta desviada – Tomás Javier Prieto González// Tema 4 De la desviación y de la diversidad – Tomás Javier Prieto González// Tema 5 Razones que justifican la diversidad en sociología – Víctor Riesgo Gómez // Tema 6 Sociología de la diversidad – Tomás Javier Prieto González //  Tema 7 Antropología de la sexualidad y discursividad – Tomás Javier Prieto González // Tema 8 Los guiones sociales. El individuo, el cuerpo y el transgénero – Tomás Javier Prieto González // Tema 9 Notas sueltas sobre sexualidad en la disctadura, transición y democracia española – Tomás Javier Prieto González // Tema 10 Despsiquiatrizar el transgénero – Tomás Javier Prieto González // Tema11 El transgénero en las sociedades polinesias – Tomás Javier Prieto González

Alteridad

Hay conductas que se conforman a un orden moral, el que produce la norma: son conductas conformistas; y conductas que desacatan orden y norma morales, actuando en rebeldía: son conductas rebeldes. Las conformistas se sobreponen a las rebeldes y al sobreponerse se imponen a ellas, con la consecuencia de que en su imposición se produce un cierto conducticidio. Una conducta “expulsa” a la otra. Las conductas se comportan como las culturas o como ciertas formas de conocimiento. Por ejemplo, las pautas de cultura y conocimiento occidental se sobrepusieron e impusieron a cualesquiera otras pautas culturales y de conocimiento, a las que trataban despreciativamente como “salvajes”, porque no reflejaban en sus conductas la/s norma/s de Occidente, produciéndose lo que De Sousa llama epistemicidio.

Entre las prácticas que se crean en las sociedades occidentales como “desviación” y las prácticas que al ser analizadas desde Occidente se instruyen en las sociedades periféricas como “salvajes”. Clasificación que además de diferenciar, a través de la reprobación, remite a una misma base nuclear: la alteridad. La alteridad actúa a modo de sustancia social que envuelve el “otro” tanto al desviado como al salvaje, que constituyen un no “nosotros”. Y como tales, “no son de los nuestros”, a los que se diferencia socialmente. Atribuyéndoles en la diferenciación un estatus inferior al nuestro. Por tanto, la alteridad de las conductas “desviadas” y las conductas “salvajes” siempre se muestra con sesgos de inferioridad, siendo una y otra conducta socialmente excluyentes, dibujando un círculo de opresión en el que se encierra al alter, al otro.

El desviado es un sujeto de interioridad. Es un sujeto que las sociedades occidentales no tienen ni siquiera que internalizar, al estar situado dentro de las mismas sociedades. El salvaje, es un sujeto ajeno y externo a Occidente, al que además de asignarle los criterios de alteridad e inferioridad hay que atribuirle un tercero: exterioridad; por estar situado fuera de los diversos contextos sociales occidentales. Por tanto, desviados (internamente) y salvajes (externamente) son sujetos sociales periféricos, situados en el margen de la sociedad, que, observados desde el principio occidental que les denomina, se les instituye con el estigma de la alteridad. Alteridad que puede ser adjetivada por medio de la bifurcación que permite subdividirla en alteridad interna y externa, respectivamente. El alter desviado interno será objeto de estudio sociológico y el alter salvaje externo, antropológico.

La separación académica-disciplinar entre sociología y antropología supuso, de facto una ruptura entre la uniformidad y homogeneidad de saberes. La sociología de la desviación adoptó criterios universales que uniformizaron y homogeneizaron conductas. La antropología social adoptó criterios particularistas que uniformizaron y homogeneizaron rasgos, códigos y pautas culturales. Una y otra oscurecieron al sujeto. Uniformidad y homogeneidad quebradas suponen, en época de conductas y cultura global, la obligación de esclarecer en qué consisten sus universalismos y particularismos y cuáles son sus rasgos más relevantes. Conductas y culturas están presentes, como sentencia Appadurai, con respecto a las identidades y las diferencias, para canibalizarse. Para él, canibalizar la cultura significa quebrar moldes homogeneizadores triunfantes, pero también quebrantar cortes clásicos de resistencia. Que se puede resumir como un transparente posicionamiento frente a tópicos y estereotipos.

Según Nieto, la desviación medida y definida por el criterio de la alteridad se ajusta conceptualmente mejor a las conductas de los sujetos que otros tipos de criterio. Pero el consenso moral, en cuanto a la implantación de normas y aceptación (tautológica) por la sociedad de las mismas, supone que la alteridad, las “otras” conductas, las desviadas, queden excluidas. Las conductas consensuadas socialmente, las “normales”, constituyen la conciencia colectiva de Durkheim. Para él, la falta de consenso social, el disenso, venía caracterizado intrínsicamente por su anomia, admitía que cierta anomia/desviación social no se podía soslayar. No concebía la sociedad sin anomia/desviación. La alteridad, definida en términos durkheimnianos como factor anómico/desviado, estaba tan presente en sociedad como la norma. La imposibilidad de la sociedad de desprenderse de la desviación y la actitud anticipatoria y visionaria de los anómicos/desviados proporcionaba, según Durkheim, avances sociales, hacía progresar la sociedad. Así entendidas las conductas desviadas, puede afirmarse que resultaban socialmente funcionales. Durkheim concluye que la desviación es e precio social que hay que pagar para que se produzca el cambio social, y éste se produce por asumir la diversidad. Una ambivalencia que se refleja en el hecho de que los se admite sociológicamente se cuestiona psicológicamente. La desviación presente en la sociedad es aceptada, pero de ello no debe extraerse la idea de que el sujeto social que la produce con sus conductas, el sujeto desviado, par Durkheim sea un individuo normal.

Frente a una desviación que inferioriza al desviado, que le sitúa social y jerárquicamente como un “alter” inferior, cuando desde la perspectiva de la sociología de la diversidad, el diferente tiene derecho a ser tratado como un igual. Tiene derecho a reivindicar su diferencia cuando políticas mal concebidas equiparan al diferente igualitariamente con los “normales”, hasta el extremo de desfigurar y neutralizar sus rasgos identitarios diferenciadores.

La degradación de las conductas se acompañan con la disminución o evaporación de los aspectos identitarios singulares, de las características definidoras de la identidad del individuo diferente, al no conceder a este sujeto social criterios de igualdad equiparable a los de los sujetos caracterizados por su normalidad de conductas. Así fueran criterios patológicos que se fijan y centran en la supuesta condición innata de la conducta; estadísticos, que interpretan la conducta como una desviación con respecto a una media; moralizantes absolutistas, que manejan valores absolutos que aplican dogmáticamente a las conductas; normativos que establecen y prescriben lo que se debe y no se debe hacer en todo momento; y reactivos, criterios que a modo de respuesta indican cuándo la conducta se ajusta o se desvía de parámetros sociales. Se hacía de las conductas un universo conceptual, que es su pretensión absoluta, ante una misma práctica se olvidaba de explicar las diferencias contextuales, y su reflejo documentado correspondiente. La lectura que la sociología de la diversidad hace de la diferencia no pretende homogeneizar ni subordina al diferente, porque tanto en la homogeneización integradora como en la subordinación jerárquica radican los fundamentos de la discriminación. La homogeneización enterraba la individualidad del sujeto social en aras de un frente cultural sin oquedades ni fisuras. La subordinación del diferente se generaba mediante la lectura y articulación degradante que se hacía de la alteridad.