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sábado, 6 de agosto de 2016

Gerd Baumann. Gramáticas de Identidad/Alteridad: Un enfoque Estructural


Gerd Baumann se pregunta en qué medida es posible determinar gramáticas tanto para identificarse uno mismo como para alterizar a otros. La respuesta resulta en una exposición de tres gramáticas que subyacen a los procesos de construcción de identidad/alteridad. Para este propósito Baumann utiliza y adapta las obras de Edward Said, E. E. Evans-Pritchard y Louis Dumont; utilizando a estos autores como guías acerca de cómo diferentes discursos ordenan las relaciones entre el yo y los otros.
Me ha parecido muy interesante el análisis que realiza Gerd Baumann sobre las tres gramáticas, que aún pareciendo binarias, él sostiene que son ternarias, cada una de una forma distinta. Es así que la gramática de la tripartición se hace más visible en las relaciones de interacción. Baumann se interesa especialmente por dos órdenes: En primer lugar, el ordenamiento de la interacción por estructuras lingüísticas. Para este caso Baumann revisa las lingüísticas estructuralistas de Emile Benveniste aplicadas con la ayuda del sociólogo Lech Mróz. Y en segundo lugar el ordenamiento de la interacción por estructuras maritales, para lo cual retoma la antropología estructuralista de Claude Lévi-Strauss.
Baumann se cuestiona si unas gramáticas podrán ser mejores que otras, y considera que la respuesta habrá de buscarse en cada situación en particular, aunque conjetura que las formas orientalistas pueden funcionar de forma relativamente pacífica, pero sólo cuando quienes orientalizan reconocen que el orientalizado hace su contribución con algo muy diferente, pero igualmente necesario.
Baumann pasa por el tamiz de la falsación popperiana su hipótesis sobre la violencia y a través de la práctica del lenguaje, en concreto a los usos del lenguaje, y tal como cita el mismo autor “no al nivel de la langue (lengua) sino al de la parole (habla)”. Baumann utiliza el test de Popper para su hipótesis de que toda construcción de sí misma conlleva una construcción de la alteridad, junto con la noción asociada de que toda alterización es mala. Para esto debe anticipar los criterios de su propia falsabiliad.
Esto me ha hecho recordar las bases teóricas del estructuralismo, y su interés por el giro lingüístico. Esa distinción que hace Baumann es la misma que interesa, a Ferdinand de Saussure entre langue y parole. Pues la parole constituiría pues el discurso real, el modo en que los hablantes usan el lenguaje para expresarse. Aunque para para él el científico debía centrarse en el análisis de la langue, el sistema formal del lenguaje, y no en los modos subjetivos en los que los actores lo usan. Baumann quiere aproximarse al uso cotidiano del lenguaje (parole) para conocer la implosión de toda gramática legitimada de alteridad; las conexiones por medio de las gramáticas entre lenguaje y violencia excepcional que alumbrar el problema de la violencia.
Bibliografía
Baumann, G. (2010) Gramáticas de Identidad/Alteridad: Un enfoque Estructural, en Francisco Cruces y Beatriz Pérez Galán, comps., Textos de antropología contemporánea, 95-142. UNED, Madrid.
Castro Nogueira, L. et alia (2008) Metodología de las ciencias sociales. Una inrtoducción crítica. Tecnos. Madrid.

domingo, 14 de febrero de 2016

Un saber contemporáneo





Los mundos vitales descubiertos por la etnografía clásica ¿conservan vigencia en el mundo actual? ¿Puede aplicarse tales conocimientos en contextos modernos, secularizados, tecnológicamente avanzados? Francisco Cruces propone pensar la antropología de nuestros días como un esfuerzo teórico por poner juntas, de forma simultánea, modernidad y alteridad: la condición coetánea de nuestros sujetos de estudio junto con la aceptación insoslayable de su diferencia.

https://canal.uned.es/mmobj/index/id/20164
 

lunes, 24 de diciembre de 2012

Sociología de la Diversidad – Resúmenes Parte 6


En la asignatura de Sociología de la Diversidad del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, yo y Víctor Riesgo Gómez realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria. Como libro de referencia: Sociodiversidad y sexualidad (José Antonio Nieto Piñeroba) Derechos reservados, sus autores.

Tema 1 Planteamiento de la sociología de la diversidad – Tomás Javier Prieto González // Tema 2 Acción desviada, conducta desviada y alteridad - Tomás Javier Prieto González // Tema 3 El finiquito de la desviación y de la conducta desviada – Tomás Javier Prieto González// Tema 4 De la desviación y de la diversidad – Tomás Javier Prieto González// Tema 5 Razones que justifican la diversidad en sociología – Víctor Riesgo Gómez // Tema 6 Sociología de la diversidad – Tomás Javier Prieto González //  Tema 7 Antropología de la sexualidad y discursividad – Tomás Javier Prieto González // Tema 8 Los guiones sociales. El individuo, el cuerpo y el transgénero – Tomás Javier Prieto González // Tema 9 Notas sueltas sobre sexualidad en la disctadura, transición y democracia española – Tomás Javier Prieto González // Tema 10 Despsiquiatrizar el transgénero – Tomás Javier Prieto González // Tema11 El transgénero en las sociedades polinesias – Tomás Javier Prieto González

Alteridad

Hay conductas que se conforman a un orden moral, el que produce la norma: son conductas conformistas; y conductas que desacatan orden y norma morales, actuando en rebeldía: son conductas rebeldes. Las conformistas se sobreponen a las rebeldes y al sobreponerse se imponen a ellas, con la consecuencia de que en su imposición se produce un cierto conducticidio. Una conducta “expulsa” a la otra. Las conductas se comportan como las culturas o como ciertas formas de conocimiento. Por ejemplo, las pautas de cultura y conocimiento occidental se sobrepusieron e impusieron a cualesquiera otras pautas culturales y de conocimiento, a las que trataban despreciativamente como “salvajes”, porque no reflejaban en sus conductas la/s norma/s de Occidente, produciéndose lo que De Sousa llama epistemicidio.

Entre las prácticas que se crean en las sociedades occidentales como “desviación” y las prácticas que al ser analizadas desde Occidente se instruyen en las sociedades periféricas como “salvajes”. Clasificación que además de diferenciar, a través de la reprobación, remite a una misma base nuclear: la alteridad. La alteridad actúa a modo de sustancia social que envuelve el “otro” tanto al desviado como al salvaje, que constituyen un no “nosotros”. Y como tales, “no son de los nuestros”, a los que se diferencia socialmente. Atribuyéndoles en la diferenciación un estatus inferior al nuestro. Por tanto, la alteridad de las conductas “desviadas” y las conductas “salvajes” siempre se muestra con sesgos de inferioridad, siendo una y otra conducta socialmente excluyentes, dibujando un círculo de opresión en el que se encierra al alter, al otro.

El desviado es un sujeto de interioridad. Es un sujeto que las sociedades occidentales no tienen ni siquiera que internalizar, al estar situado dentro de las mismas sociedades. El salvaje, es un sujeto ajeno y externo a Occidente, al que además de asignarle los criterios de alteridad e inferioridad hay que atribuirle un tercero: exterioridad; por estar situado fuera de los diversos contextos sociales occidentales. Por tanto, desviados (internamente) y salvajes (externamente) son sujetos sociales periféricos, situados en el margen de la sociedad, que, observados desde el principio occidental que les denomina, se les instituye con el estigma de la alteridad. Alteridad que puede ser adjetivada por medio de la bifurcación que permite subdividirla en alteridad interna y externa, respectivamente. El alter desviado interno será objeto de estudio sociológico y el alter salvaje externo, antropológico.

La separación académica-disciplinar entre sociología y antropología supuso, de facto una ruptura entre la uniformidad y homogeneidad de saberes. La sociología de la desviación adoptó criterios universales que uniformizaron y homogeneizaron conductas. La antropología social adoptó criterios particularistas que uniformizaron y homogeneizaron rasgos, códigos y pautas culturales. Una y otra oscurecieron al sujeto. Uniformidad y homogeneidad quebradas suponen, en época de conductas y cultura global, la obligación de esclarecer en qué consisten sus universalismos y particularismos y cuáles son sus rasgos más relevantes. Conductas y culturas están presentes, como sentencia Appadurai, con respecto a las identidades y las diferencias, para canibalizarse. Para él, canibalizar la cultura significa quebrar moldes homogeneizadores triunfantes, pero también quebrantar cortes clásicos de resistencia. Que se puede resumir como un transparente posicionamiento frente a tópicos y estereotipos.

Según Nieto, la desviación medida y definida por el criterio de la alteridad se ajusta conceptualmente mejor a las conductas de los sujetos que otros tipos de criterio. Pero el consenso moral, en cuanto a la implantación de normas y aceptación (tautológica) por la sociedad de las mismas, supone que la alteridad, las “otras” conductas, las desviadas, queden excluidas. Las conductas consensuadas socialmente, las “normales”, constituyen la conciencia colectiva de Durkheim. Para él, la falta de consenso social, el disenso, venía caracterizado intrínsicamente por su anomia, admitía que cierta anomia/desviación social no se podía soslayar. No concebía la sociedad sin anomia/desviación. La alteridad, definida en términos durkheimnianos como factor anómico/desviado, estaba tan presente en sociedad como la norma. La imposibilidad de la sociedad de desprenderse de la desviación y la actitud anticipatoria y visionaria de los anómicos/desviados proporcionaba, según Durkheim, avances sociales, hacía progresar la sociedad. Así entendidas las conductas desviadas, puede afirmarse que resultaban socialmente funcionales. Durkheim concluye que la desviación es e precio social que hay que pagar para que se produzca el cambio social, y éste se produce por asumir la diversidad. Una ambivalencia que se refleja en el hecho de que los se admite sociológicamente se cuestiona psicológicamente. La desviación presente en la sociedad es aceptada, pero de ello no debe extraerse la idea de que el sujeto social que la produce con sus conductas, el sujeto desviado, par Durkheim sea un individuo normal.

Frente a una desviación que inferioriza al desviado, que le sitúa social y jerárquicamente como un “alter” inferior, cuando desde la perspectiva de la sociología de la diversidad, el diferente tiene derecho a ser tratado como un igual. Tiene derecho a reivindicar su diferencia cuando políticas mal concebidas equiparan al diferente igualitariamente con los “normales”, hasta el extremo de desfigurar y neutralizar sus rasgos identitarios diferenciadores.

La degradación de las conductas se acompañan con la disminución o evaporación de los aspectos identitarios singulares, de las características definidoras de la identidad del individuo diferente, al no conceder a este sujeto social criterios de igualdad equiparable a los de los sujetos caracterizados por su normalidad de conductas. Así fueran criterios patológicos que se fijan y centran en la supuesta condición innata de la conducta; estadísticos, que interpretan la conducta como una desviación con respecto a una media; moralizantes absolutistas, que manejan valores absolutos que aplican dogmáticamente a las conductas; normativos que establecen y prescriben lo que se debe y no se debe hacer en todo momento; y reactivos, criterios que a modo de respuesta indican cuándo la conducta se ajusta o se desvía de parámetros sociales. Se hacía de las conductas un universo conceptual, que es su pretensión absoluta, ante una misma práctica se olvidaba de explicar las diferencias contextuales, y su reflejo documentado correspondiente. La lectura que la sociología de la diversidad hace de la diferencia no pretende homogeneizar ni subordina al diferente, porque tanto en la homogeneización integradora como en la subordinación jerárquica radican los fundamentos de la discriminación. La homogeneización enterraba la individualidad del sujeto social en aras de un frente cultural sin oquedades ni fisuras. La subordinación del diferente se generaba mediante la lectura y articulación degradante que se hacía de la alteridad.