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domingo, 20 de abril de 2014

Agresiones sexuales, el costado silencioso de la violencia machista

Artículo de Paz Vaello Olave publicado en eldiario.es el 14 de abril de 2014


Agresiones sexuales, el costado silencioso de la violencia machista

A Sara la violaron cuando tenía 19 años. Sucedió en un parque, hace más de dos décadas. "Eran las diez de la noche. Me pillaron dos tíos. Les di el dinero, pero me tiraron al suelo y me desnudaron. Me cortaron con unas navajas y, cuando empecé a gritar y a golpearlos, me dieron con una piedra. Me dañaron las cuerdas vocales al apretarme el cuello para que no gritara y me rompieron la nariz. Estoy viva de milagro", cuenta, con la respiración entrecortada.
Según el macroinforme realizado por la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea y presentado recientemente, el más amplio y detallado que existe, al menos un 6% de las mujeres residentes en España de entre 18 y 74 años ha vivido algún suceso de violencia sexual después de los 15 años, esto es, alrededor de un millón. Un 11% declara haberla sufrido en la infancia; y un 1% en los 12 meses anteriores a la encuesta, cerca de 170.000.
Los delitos sexuales más habituales son la agresión, el abuso y el acoso. La primera es el atentado "contra la libertad sexual de otra persona, utilizando violencia o intimidación". El abuso se da cuando no existe violencia o intimidación y no hay consentimiento "o éste está viciado", resume la abogada María José Varela, miembro de la Asociación de Asistencia a Mujeres Agredidas Sexualmente. En ambos puede haber penetración o no. La violación sería una agresión sexual con penetración.
Por último, el acoso sexual se define como la solicitud de "favores sexuales, para sí o para un tercero, en el ámbito de una relación laboral, docente o de prestación de servicios, continuada o habitual", que provoca a la víctima "una situación objetiva y gravemente intimidatoria, hostil o humillante".

La culpabilización de la víctima
De la encuesta de la Agencia Europea se desprende que sólo una media del 15% de las mujeres comunican el incidente más grave a la policía. Con las cifras que dábamos al comienzo, habría unas 25.500 denuncias al año. Un dato que coincide con el que maneja Tina Alarcón, directora del Centro de Asistencia a Víctimas de Agresiones Sexuales (CAVAS).
La experiencia de Alarcón le permite afirmar que a las víctimas "les da vergüenza hablar del tema y muchas veces se sienten culpables, como si de alguna manera lo hubieran provocado, por haber ido a tal sitio, no haberse defendido lo suficiente... Incluso el entorno más cercano ayuda a esta culpabilización, diciéndote aquello de 'te lo estabas buscando". Para ella, esto está en la base de que muchos casos no se denuncien.
Marta es un buen ejemplo. A los 22 años fue atacada mientras caminaba por un parque a mediodía, en 1996. "Un hombre se lanzó sobre mí y me tiró al suelo. Me di con una piedra y estuve un minuto semiinconsciente. Cuando me recuperé, el tipo tenía las manos dentro de mis bragas. Lo golpeé con el bolso como pude. Lo agarró y salió corriendo. Lo terrible es que había un señor muy cerca y no hizo nada; ni siquiera me ayudó a levantarme. Llegué a cuestionarme, imbécil de mí, si me habían agredido por llevar minifalda", se recrimina.

Acudió a comisaría a denunciar el robo del bolso. Fue el propio policía que la atendió, cuando la vio llorando y con las medias destrozadas, el que le comunicó que había sido víctima de una agresión sexual. Marta no quiso contarlo en casa "para que no sufrieran" y porque no se llevaba bien con su padre.

"Hasta los consejos que te dan, con las mejores intenciones, tienen que ver con esta vergüenza que sentimos al hablar de ello: 'No salgas por ahí', 'no vayas con desconocidos', 'no bebas mucho', 'no te pongas minifalda'…", abunda Acracia Infante, de mehanviolado.com, una web que recopila información sobre estas agresiones. Y concluye: "Parece que somos nosotras las que tenemos que protegernos de esa violencia, en lugar de que los hombres aprendan a no violar".
Así lo vivió Carmen. Cumplidos los 16, comenzó a hacerse pis en la cama. Sólo entonces su familia descubrió que un par de años antes un chico con el que salía ocasionalmente la había violado. "Mis padres no me dejaban irme con él en la moto, así que, cuando lo hice y me forzó, no me atreví a contárselo a nadie", narra con tristeza. Afortunadamente, hubo un testigo que hizo posible que el chaval fuera castigado.
A esta "cultura de la violación", como la denomina Infante, "que responsabiliza a las supervivientes de estos sucesos", ayudan algunas resoluciones judiciales. En este sentido, Varela cita una sentencia que decía que "la víctima con su actitud de hacer autoestop en la autopista a las tres de la mañana había propiciado ese desenlace".
Sara tuvo que escuchar algo parecido: "Recuerdo que alguien de mi entorno, cuando se enteró de lo que me había ocurrido, me dijo: 'Normal, siempre estás por la calle, alguna vez te tenía que pasar'. Me eché a llorar".
Avances legislativos en pocas décadas
Lola superó la veintena en 1978. Aquel año la agredieron en un pasillo del metro: "Un tipo se me tiró encima a tocarme los pechos. Me resistí y me rasgó la blusa. Grité. No sé si se asustó o qué, pero se fue. Me impresionó mucho que al bajar al andén, llorando y con la ropa rota, nadie dijo ni hizo nada, y eso que debieron de oírlo todo. Me miraron como si fuera una loca o una extraterrestre". Lola no denunció lo ocurrido. "Entonces, lo que no era violación no estaba considerado agresión sexual. Aún hoy muchas mujeres creen que esto es así", argumenta.

"El tipo penal que configuraba la acción punible en el antiguo Código Penal giraba en torno a la acción de 'yacer con la mujer' con fuerza o intimidación, cuando estaba privada de razón o sentido o con menor de 12 años", aclara Varela, que en 1987 consiguió la primera sentencia del Tribunal Supremo que reconocía que exigir a las mujeres víctimas de una agresión sexual la demostración de resistencia suponía una discriminación por razón de sexo.
Sara lo tiene claro: "Si me volvieran a atacar, me bajaría directamente las bragas para evitar las lesiones". Ella sí acudió a la policía y asistió a varias ruedas de reconocimiento, pero nunca dio con quienes le introdujeron el pene en la boca a la fuerza. De haberlo hecho, al menos en ese momento podrían haberlos juzgado por violación. No siempre fue así.
Ese "yacer con mujer", detalla Varela, se interpretaba "exclusivamente como coito vaginal. Las penetraciones bucales o anales eran consideradas abusos deshonestos y tenían una pena mucho menor". La ley ha cambiado mucho. Primero se equipararon las penetraciones vaginales, anales y bucales, en 1989. Seis años después, las realizadas con un objeto "por alguna de las dos primeras vías". Y por fin, con la reforma de 2003, se introdujo la violación vaginal o anal con cualquier "miembro corporal", lo que incluía los dedos, utilizados "sobre todo con niñas", continúa la abogada.
Además, en el Código Penal de 1995, aún vigente con sus sucesivas reformas, fue en el que se realizó "la reestructuración total de los delitos de violencia sexual, partiendo de dos grandes grupos: las agresiones y los abusos". En los dos, "las penas son mayores si hay penetración", matiza esta experta, que obtuvo la primera sentencia en España que condenaba el acoso sexual como delito, en 1998.
Estos avances legales no se tradujeron inmediatamente en un cambio "en la percepción de los jueces", que en opinión de Varela sí se puede apreciar en la actualidad: "Al menos ahora a la mujer se le cree". Logro que esta abogada adjudica al trabajo de denuncia que se ha venido haciendo desde los foros feministas y a la labor de la prensa. "En el momento en el que decidimos que los juicios de violación tenían que ser a puertas abiertas y entrasteis los periodistas y explicasteis lo que pasaba, eso fomentó el debate. Y eso llevó al cambio legislativo y al cambio de actitud de los jueces", recalca.
La violación es sólo "la punta del iceberg"
La violación por parte de desconocidos o de violadores múltiples es la forma de violencia sexual más visible, de la que más se habla en los medios de comunicación, pero "es sólo la punta del iceberg", en palabras de Sonia Cruz, psicóloga experta en violencia sexual de la Fundación Aspacia,
Tanto en su organización como en CAVAS, la gran mayoría de las demandas de atención que han recibido históricamente han sido por hechos en los que los agresores pertenecían al entorno de la mujer (vecinos, amigos, compañeros de trabajo, educadores, parejas, ligues…), en los que ellas se sienten " especialmente culpables por haber confiado en esa persona, y eso las retrae de denunciar", matiza Alarcón.
Cruz califica también como "muy complicadas" las situaciones que tienen lugar bajo los efectos del alcohol o las drogas, comunes entre los más jóvenes. "Si un desconocido te viola en un callejón oscuro, no hay ninguna duda, pero muchas chicas no son conscientes de que han sido víctimas de una agresión sexual cuando lo hace un amigo con el que han estado tonteando o estaban tan borrachas que no eran conscientes de nada",  comenta Infante, que recibe numerosas consultas en esta línea a través de la web.
Por su parte, el acoso no siempre se puede demostrar, y normalmente es un proceso progresivo. "A menudo estas víctimas necesitan la ayuda de profesionales para detectar el problema y asumir que no es su culpa y que se trata de un delito. Por eso estos casos nos llegan menos: son más invisibles", explica Cruz.
En los últimos tiempos, en Aspacia han visto cómo se incrementaban las consultas por abuso, llegando a superar a las de agresión, lo que para Cruz es "un buen indicador, porque significa que algo está cambiando y se están detectando más estas formas de violencia más sutiles".
La psicóloga destaca que, a pesar de que la agresión sexual –con penetración o no– es la forma de violencia sexual más penada, "eso no significa que sea la más grave". Y pone como ejemplo el abuso de una menor de 13 años (la edad legal mínima para considerar que ha habido consentimiento) por parte de un conocido, que utiliza la manipulación o el engaño en lugar de la fuerza, "con lo que este hecho, tan terrible y de consecuencias tremendas, tiene una pena menor".
Falta de información y pocas medidas específicas
Estas organizaciones se quejan de la poca información y de la carencia de medidas específicas con respecto a este tipo de violencia de género. "Desde Aspacia reivindicamos que se contemple la violencia sexual dentro de la ley integral. En este tema estamos como se estaba hace 30 años en la lucha contra la violencia de género en el ámbito de la pareja", declara Bárbara Tardón, responsable de Incidencia Política y Sensibilización Social de Aspacia. 

De hecho, resulta casi imposible conocer los casos ocurridos y los denunciados en España cada año. El Instituto de la Mujer recopilaba cifras de las provincias españolas hasta 2009, cuando dejó de hacerlo ante los cambios en la gestión de los datos. Las distintas categorizaciones impiden comparar estos números con los que recoge el Anuario Estadístico del Ministerio del Interior o la Memoria Anual de la Fiscalía General del Estado. 

A la demanda de dar más visibilidad a un problema que en 2013 la Organización Mundial de la Salud calificó como "de proporciones epidémicas", las asociaciones añaden la preocupación por los nuevos métodos de acoso –a través de la Red o los teléfonos móviles–, cada vez más comunes sobre todo entre los adolescentes. Para luchar contra todas estas formas de violencia, "que tienen su origen en la estructura patriarcal del sistema en el que vivimos", como describe Cruz, es necesario "detectar los micromachismos que se dan en las relaciones y trabajar desde la prevención".
Lola comentó con sus amigas el ataque en el metro y decidió apuntarse a un curso de autodefensa femenina. 

Marta llevaba puestos unos auriculares cuando aquel hombre la asaltó. Durante algunos años no fue capaz de volver a utilizarlos y llevó un bote de laca en el bolso para poder defenderse ("el policía me dijo que llevar spray antivioladores era ilegal", puntualiza), hasta que consiguió perder el miedo a caminar sola por las calles. Muy pocas personas supieron lo que le había pasado.
Sara mantuvo un largo tiempo un rechazo incontrolable a los parques, y hasta el día de hoy reconoce "un miedo atroz a la violencia". En su momento lo contó en el trabajo, pero muchas de sus amigas no saben que la cicatriz en su brazo y su nariz rota son el resultado de una violación.
Carmen no ha vuelto a hacerse pis en la cama. 

Las cuatro son mujeres fuertes, que quieren contar su experiencia para romper el tabú que pesa sobre la violencia sexual. Como ellas, en nuestro país hasta 170.000 mujeres podrían sufrir este año una agresión que, de una u otra manera, marcará sus vidas.

Artículo de Paz Vaello Olave publicado en eldiario.es el 14 de abril de 2014


viernes, 11 de enero de 2013

Sociología de la Diversidad – Resúmenes Parte 22


En la asignatura de Sociología de la Diversidad del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13,Víctor Riesgo Gómez y yo realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria. Como libro de referencia: Sociodiversidad y sexualidad (José Antonio Nieto Piñeroba) Derechos reservados, sus autores.

Tema 1 Planteamiento de la sociología de la diversidad – Tomás Javier Prieto González // Tema 2 Acción desviada, conducta desviada y alteridad - Tomás Javier Prieto González // Tema 3 El finiquito de la desviación y de la conducta desviada – Tomás Javier Prieto González// Tema 4 De la desviación y de la diversidad – Tomás Javier Prieto González// Tema 5 Razones que justifican la diversidad en sociología – Víctor Riesgo Gómez // Tema 6 Sociología de la diversidad – Tomás Javier Prieto González //  Tema 7 Antropología de la sexualidad y discursividad – Tomás Javier Prieto González // Tema 8 Los guiones sociales. El individuo, el cuerpo y el transgénero – Tomás Javier Prieto González // Tema 9 Notas sueltas sobre sexualidad en la disctadura, transición y democracia española – Tomás Javier Prieto González // Tema 10 Despsiquiatrizar el transgénero – Tomás Javier Prieto González // Tema11 El transgénero en las sociedades polinesias – Tomás Javier Prieto González



Generalización, universalización y esencialización de la desviación

Comprobar la falacia sociológica que ha supuesto la desviación como objeto de estudio. Se observará que ha consistido básicamente en tres principios que responden a la generalización, la universalización y la esencialización de criterios:

1.    La generalización, ha sido el fruto recogido de una teoría general que contempló las conductas desviadas de modo uniforme, cuando la uniformidad teórica asumida no fue validada por la empiria. Incluso el estigma tiene limitaciones. Su falta de especificidad diferenciadora no puede concretarse con la misma transparencia y simetría en todas las conductas estudiadas por la sociología de la desviación. La transparencia de la enfermedad mental no tiene nada que ver con la opacidad de la concusión y otras corrupciones. La transparencia de la prostitución tampoco es equivalente a la opacidad de la organización criminal de las mafias que promueven el tráfico de mujeres. Puede afirmarse el corpus teórico de la desviación es un totum revolutum.
2. La universalización ha sido producto de la aplicación de una lógica descontextualizada, que tampoco fue validada empíricamente. El contexto local etnografiado desmintió el alcance de la lógica universal (occidental). Por ejemplo las conductas violentas; se sabe por l etnografía cómo la violencia varía culturalmente de una sociedad a otra. Se observan etnográficamente sociedades muy violentas como los kaingang de Brasil o como la sociedad melanesia kurelu. En el extremo opuesto, entre los ifaluk no se valoran las conductas violentas. En términos de violencia entre los kaingang brasileños y los ifaluk micronesia, se encontrarían los sironio bolivianos. En síntesis, puede afirmarse que el corpus teórico de la desviación contempla las conductas de forma universal, cuando de hecho la realidad social plural y diversa que tiene delante constituye una mixture.
3.    La esencialización ha sido generada por el desprendimiento teórico de la historia. Por no aceptar o no tener en cuenta que todo objeto de estudio académico, con independencia de la disciplina que lo contemple, es consecuencia de un proceso históricamente condicionado, en el que la sociología de la desviación no fue la excepción.

Generalización, universalización y esencialización son, en definitiva, proyecciones idealistas, pero intencionalmente pragmáticas, para transformar los criterios epistemológicos en pronósticos teóricos que se ratifican automáticamente en la práctica. En la ratificación se hace de los mismos una profecía que se autoproyecta para cumplirse. Por más soluciones que proporcionen en su contemplación de la realidad y por más que quieran hundir a esta en la invariación, generan más preguntas que respuestas. Un ejemplo: la violación, ¿se puede generalizar la definición, universalizar la conducta y esencializar la interpretación sociológica de violación?. La violación sexual también se interprete sociológicamente como una manifestación más de la violencia; la violación sexual es una conducta violenta, no una conducta sexual. Una conducta violenta sexual; violencia perpetrada a través del sexo que despersonaliza al sujeto víctima y lo trata como objeto.

Lo más relevante no es la denominación asignada a la coerción sexual, relevante y significativo es la interpretación y respuesta legal dada a la conducta coercitiva y violenta. En EEUU el FBI interpretó que cuando una mujer, en contra de su voluntad, es forzada a mantener relaciones sexuales se produce forcible rape (violación forzada). Conclusión en sí misma resulta incongruente y redundante manifestación interpretativa, puesto que no existe violación carnal que no se forzada. Además, la interpretación es reduccionista. A las dificultades formales de interpretación, hay que sumar que la violación es EEUU, en cuanto respuesta legal, se castigaba con la pena de muerte hasta que, en 1977 se decidió ilegalizar pena capital por violación.

En España el Código Penal de 1989 eliminó el decimonónico, reductor y sexista concepto de “delitos contra la honestidad” y en si lugar incluyó el concepto de “delitos contra la libertad sexual”: violación, agresión sexual, estrujo y rapto. Mediante el cual todo acto de carnalidad sexual realizado con fuerza o intimidación será perseguido legalmente. Remite a la persona que lleva a efecto la conducta sexual coercitiva.

La antropología nos advierte de que la violación es una forma de control social. Entre los cheyennes, la mujer casada y adúltera era discriminada y violada a instancias de su marido. En la sociedad mehinaku de Brasil se practica la violación en grupo cuando se descubre a una mujer espiando la casa comunal de los hombres, sus artefactos sagrados o sus rituales secretos. En la sociedad pokot de Kenia al hombre adúltero que se desentiende sexualmente de su mujer se le persigue socialmente; una vez reducido se le grita e insulta, se escenifican obscenidades delante de él defecan sobre su cuerpo. Finalmente, capturan su buey preferido, lo cocinan y se lo comen. Hay veces que violencia y violación son en la práctica una y la misma cosa. En el caso de los gussi de Kenia. El acto sexual en esta sociedad africana es un acto de violación al que la mujer tenía que resistirse; las mujeres gussi, insertas en una sociedad en la que se enfatiza la patrilocalidad y la sexualidad, son unas “extrañas”, una vez casadas, en la convivencia con sus maridos y suegras. A diferencia de los gisu de Uganda; la circuncisión, “rito militar” para hacerse hombre, según Heald, se enfatiza en esta sociedad por encima de la sexualidad.

Existe la creencia generalizada de que la violación sexual:

1.    Está presente en todas las sociedades.
2.    Es una conducta irreprimible e incontrolable.

Sin embargo, la creencia refleja más bien la construcción de un estereotipo que una descripción social propiamente dicha. Entre los minangkabau de Sumatra no se registran violaciones sexuales. La necesidad y urgencia de violar sexualmente, como si se tratara de un impulso fuera de todo control, realizado por un sujeto que hostigado por su instinto biológico se siente obligado a actuar y mantener relaciones sexuales sin el consentimiento de la otra parte, también es neutralizado. La evidencia niega tal aseveración y convierte es argumentativamente falsa la urgencia sexual de la violación. Si el hambre, la sed, la orina y la defecación son impulsos controlables (y desplazables), la violación sexual también lo es (Sanday).

Mediante el ejemplo de la violación, las conductas desviadas no responden al marchamo G.U.E (generalización, universalización, esencialización) que la sociología de la desviación introdujo en sus reflexiones teóricas acerca de lo “descentrado”, de lo desprendido de la norma. Por ello, la sociología de la diversidad no tiene que incurrir en el mismo error. La sociología de la diversidad, a desarrollar en el SXXI, tiene que se una visión sustentadora de la dignidad humana y debe proporcionar una óptica de intransigencia con los abusos. Mostrarse digna con la libertad plural de los colectivos sociales y las individualidades que los componen, siempre y cuando sus conductas no dañen a nadie ni a nada. Como la diversidad no es sinónimo de irresponsabilidad la sociología de la diversidad también tiene que contemplar la regulación. Una sociología que conjugue el orden y el desorden, la regulación y la emancipación, la sujeción y la libertad, porque la responsabilidad y la irresponsabilidad también forman parte del paisaje de la diversidad. La idealización de la sociedad condujo a:

  • Los sociólogos funcionalistas a un exceso de regulación, sin que por ello corrigieran las acciones sociales desviadas.
  • Los sociólogos marxistas a una sobreexcitación emancipatoria que, como se pudo comprobar, fue “traicionada” por la realidad social.


Los objetivos del investigador son distintos a los objetivos de los legisladores y controladores sociales. Sus idiomas también difieren, hasta el punto de ser irreconciliables. Sellin asertaba un duro varapalo a una criminología ensimismada, contemplativa, disuasiva, arrasadora y “bastarda”. Sellin trató la contemplación criminológica sin contemplaciones.

Distanciada de la mera contemplación y tratando de desentrañar interpretativamente la des/ordenada realidad social, entiendo la sociología de la diversidad. Pero ¿Qué posicionamiento debe adoptar la sociología de la diversidad con los excesos? ¿Tienen sentido sociológico los excesos y las conductas irracionales? O como pregunta Sumner, ¿el atracador de bancos es un distribuidor de la riqueza? ¿Puede el violador ser misógino y políticamente progresista? 

sábado, 22 de diciembre de 2012

Sociología de la Diversidad – Resúmenes Parte 5


En la asignatura de Sociología de la Diversidad del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, yo y Víctor Riesgo Gómez realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria. Como libro de referencia: Sociodiversidad y sexualidad (José Antonio Nieto Piñeroba) Derechos reservados, sus autores.

Tema 1 Planteamiento de la sociología de la diversidad – Tomás Javier Prieto González // Tema 2 Acción desviada, conducta desviada y alteridad - Tomás Javier Prieto González // Tema 3 El finiquito de la desviación y de la conducta desviada – Tomás Javier Prieto González// Tema 4 De la desviación y de la diversidad – Tomás Javier Prieto González// Tema 5 Razones que justifican la diversidad en sociología – Víctor Riesgo Gómez // Tema 6 Sociología de la diversidad – Tomás Javier Prieto González //  Tema 7 Antropología de la sexualidad y discursividad – Tomás Javier Prieto González // Tema 8 Los guiones sociales. El individuo, el cuerpo y el transgénero – Tomás Javier Prieto González // Tema 9 Notas sueltas sobre sexualidad en la disctadura, transición y democracia española – Tomás Javier Prieto González // Tema 10 Despsiquiatrizar el transgénero – Tomás Javier Prieto González // Tema11 El transgénero en las sociedades polinesias – Tomás Javier Prieto González

El crecimiento de la industria, que sustenta la transformación de una sociedad agrícola en una sociedad industrial, en su desarrollo debilita la estructura social preexistente, quiebra la conciencia colectiva, desregular la moral y favorece el individualismo. Los tentáculos de la anomia se extienden por las sociedades capitalistas y Durkheim no duda en señalar que es a Estado al que le corresponde restaurar a ley y el orden e impedir que el comportamiento anómico se apodere de la sociedad moderna.

Durkheim ve en la anomia el principio del germen de la desviación que se manifiesta conductualmente distanciándose de la norma social, a la que infringe. La infracción de la norma social generada por la desviación, sin embrago, es inferior, de menor entidad que la que representa el delito. Pero, a su vez, superior y de mayor entidad que la representada por la diferencia. La diferencia se expresa interpretativamente como una clase de anomia mal vista socialmente, como una conducta que la norma social desaprueba pero que, a pesar de su desaprobación social, se tolera, porque no llega a infringir o que la sociedad, al regular comportamientos, instituye como norma.

La anomia, en su gradación de menor a mayor transgresión y conculcación de la norma social, en sus gradientes de diferencia, desviación y delito, es una clasificación tricotómica que se da a conocer como las tres “D” (la diferencia, la desviación y del delito). Anomia que, en su conjunto, Durkheim la contempla y trata teóricamente como ambivalencia. Por un lado, con visión de pasado, y por otro, con visión de futuro. El análisis de modernidad de Durkheim supone, de una parte, recurrir a posicionamientos positivistas del XIX y, de otra, a posicionamientos anticipatorios de duda epistemológica y de relativismo analítico. En su visión de pasado se muestra muy seguro, pragmático, en su visión de futuro, la seguridad se trastoca y surge la incertidumbre, el pragmatismo se disuelve.

Por un lado Durkheim, el recurso positivista se circunscribe, según Sumner, a cuatro puntos:

1.    Los sujetos sociales que en sus conductas anómicas se desvían de la norma se patologizan. Son individuos con patologías, psicológica y oralmente patológicos.
2.    La regulación del estado anímico y moral de la sociedad se realiza por medio del uso y gestión de estadísticas criminales.
3.    El máximo garante del sentimiento colectivo, distanciado del egoísmo propio de los intereses particulares, reside en la ley.
4.    La sociología como construcción social de fundamento científico, como la ciencia en general, se desvincula del compromiso político.

Por otro, el posicionamiento anticipatorio y como tal embrionario, con una visión temprana e irónica, igualmente queda circunscrito a cuatro puntos:

1.    Por la significación del delito, al que Durkheim rebaja su condición de universalidad. Adopta una perspectiva más antropológica que sociológica.
2.    ¿Qué hacer socialmente con el delito?. Cree que el delito no se puede erradicar de las sociedades modernas y como consecuencia de su presencia social debe ser reparado mediante la censura moral y legal.
3.    La forma contradictoria del funcionamiento de la sociedad, Durkheim es consciente de la contradicción que existe entre la lógica de la máxima optimización posible de la cuenta de resultados, la “lógica del beneficio” y la lógica de máxima optimización moral de la sociedad, la “lógica e la regulación moral de la sociedad”.
4.    Durkheim atribuye a la desviación cierta disposición anticipatoria y a los desviados cierta aptitud visionaria, introduce en el mismo saco y trta con el mismo rasero cualquier tipo de desviación.

Conducta desviada y acción desviada

El embrión teórico durkheimiano, gestado y nacido en Francia, en forma de tricotomía social clasificatoria, las tres “D”, esto es, la diferencia, la desviación y del delito, crece y toma impulso para cruzar el Atlántico. Hay que esperar hasta la década de los 50´s para llegar a un consenso denominativo en los departamentos de sociología de Estados Unidos y aceptar la sociología de la desviación como singularidad sociológica y con autonomía propia. El primer libro se publica en 1957 (Marshakk Clinard). Han transcurrido 72 años desde que Durkheim escribiera y diera a conocer al público Las reglas del método sociológico.

Algunos autores diferencias entre conducta desviada y acto o acción desviada/o. La conducta desviada, para éstos, reside en la violación de ciertas normas colectivas. En tanto que el acto o la acción desviado/a es la conducta que de algún modo se proscribe. Ante la posible confusión que puede generar la diferenciación entre conducta y acto o acción, Clinard opta por precisar el sentido y la forma de uso que requiere la conducta desviada. Para él solo constituyen desviación las conductas que representan un nivel suficiente de desaprobación y que, además, exceden los límites de tolerancia de una comunidad dada.

Para Saragin, la desviación viene definida por el conjunto de condiciones, personas y actos/acciones que la sociedad devalúa. Remite a la sociedad en lugar de a la comunidad, Aunque en la práctica, sociedad y comunidad resultan términos intercambiables que no suponen una división conceptual marcada por la precisión y la diferencia.

La clave de la cuestión en el momento de considerar en qué consiste lo socialmente desaprobado o devaluado, según Nieto, reside en cuestionarse por qué la sociedad/comunidad no telare las conductas de los sujetos desviados, por qué las aprehende, subyugándolas, como ofensivas. Por qué las absorbe en el momento de la aprehensión y las rechaza en el momento de la desaprobación. Por qué la sociedad/comunidad devalúa, anula o intenta anular actos que, cuando los capta, los interpreta como improcedentes, para subsiguientemente deshacerse de ellos, en el mismo momento que los desprecia, debido a sus planteamientos interpretativos.

Se viola y quebranta la norma, que conductualmente opera y se clasifica en positivo. En tanto que la violación y el quebranto de esa misma norma opera y se clasifica en negativo. Porque la sociedad; los sujetos centrados, saben cuánta tolerancia de conducta devaluada se puede soportar o, cuándo se alcanza el nivel que, con una señal de identificación apropiada, diga “basta” “hasta aquí hemos llegado”. La sociedad sabe cuándo se alcanza el nivel de suficiencia sin necesidad de emplear unidad de medida alguna que cuantifique la saciedad y el hartazgo. Saber qué es suficiente cuando se sabe cuánto es bastante puede ser tan variable como el número de sujetos que integran el conjunto que define la suficiencia.

Las conductas se jerarquizan. Unas conductas se sobreponen a otras. Las conductas de los sujetos desviados conllevan la reacción de los sujetos centrados que tratan de aislar corregir o castigar a los sujetos de conductas inmorales, díscolas, intolerables, devaluadas, inconformitas, perversas o infames. Las conductas que Schur situaba en borderline areas (zonas fronterizas) y que bautizó como “delitos sin víctimas”. Una de las principales consecuencias de la criminalización de as conductas intersubjetivas voluntarias, deseadas y consentidas es la creación de muchos más delitos adicionales, que no existirían en el caso de que las mismas conductas consensuadas fueran legales. Lamo de Espinosa indica que si no existen víctimas, ya que no hay denuncias, estamos, pues, ante la presencia de conductas “evidentemente inmorales, y puesto que corresponde al Estado velar por la moral pública, se sancionan”: