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viernes, 18 de julio de 2014

Práctica PEC Sociología del Género 2013/14 Parte 4


Desde la promulgación de la Ley Integral de 2004 Amnistía Internacional ha elaborado varios informes alertando de las deficiencias observadas en la implementación de dicha Ley. El último informe de noviembre de 2012 titulado ¿Qué justicia especializada? se toma como base para la realización de la presente práctica.

4.- Varias preguntas sobre el informe Amnistía Internacional
-¿Cuál es el cambio de foco que propone AI relativo al énfasis del Estado en la denuncia por parte de las mujeres? A que las víctimas de violencia de género cuenten con recursos efectivos para la obtención de justicia y protección, al amparo de las garantías procesuales que aseguren un trato no discriminatorio. Las autoridades deben verificar la efectivad de la protección legal, identificando los obstáculos en el acceso de justicia y protección. El Estado debe ser diligente en la persecución del delito, en las ivestigación de los hechos y en la protección de las denunciantes en riesgo.
-¿Qué dificultades específicas para las migrantes se mencionan en el informe de AI? Su situación irregular acentúan las barreras en el acceso a la justicia. AI recuerda la importancia de asegurar intérpretes de calidad. Su carencia o falta de calidad puede suponer una traba crítica que impida a mujeres extranjeras acceder y obtener justicia y protección. Además de documentar una serie de negligencias con un grave impacto para la víctima y sus familiares, como la vivida por Caren.
-¿Desde que fechas comenzó AI a alertar de problemas en relación al acceso a la protección y justicia y qué ejemplos? Desde la creación de los JVM, se alertaba sobre la persistencia de trabas anteriores a la aprobación de la Ley Integral (2005) como barreras en la asistencia letrada o en la denegación de órdenes de protección de mujeres en riesgo (2008).
-¿Cuál en la metodología empleada por AI en su informe? Documentación de casos, entrevistas a profesionales y a representantes de organizaciones de mujeres que se encuntran en primera línea de contacto con las víctimas de violencia de género.
-¿Aspecto concreto que se menciona los efectos recortes? Lejos de caminar hacia la consolidación del acceso efectivo a la asistencia letrada, se está produciendo una disminución en el acceso a abogados y abogadas, por los recortes presupuestarios en justicia.
-¿Qué se menciona respecto a los recortes económicos y la deficiente atención a las mujeres? Preocupa que la calidad de la asistencia letrada no esté garantizada para todas las mujeres y que pueda depender del interés y sensibilidad de cada profesional.
-¿Qué se señala sobre los “turnos de oficio de guardia”? Buscar y mencionar las citas donde peor estaban dotados éstos. Desde su puesta en marcha la dotación fue muy desigual y varió según territorio. AI lamenta que no se recojan datos estadísticos que permitan valorar la implementación de estos servicios de asistencia en el conjunto del Estado. Según informe de AI de 2006, en el Turno de Oficio de Sevilla carecen de este turno de guardia; en Ciudad Real era habitual ofrecer la asistencia letrada por teléfono; en el Turno de Oficio del Colegio de Abogados de Valencia los/as letrados/as defienden indistintamente a víctimas y a imputados.
-¿Qué consecuenicas tiene para las víctimas tener que ceñirse al último episodio de agresión? Conduce a infravalorar estas conductas y a sacarlas del contexto de control, miedo y poder en la que se producen las agresiones y amenazas.
-¿Cuáles son las consecuencias de las contradenuncias para las mujeres? Muchas mujeres pueden estar siendo condenadas a penas muy similares a las de sus agresores, lo que resulta una fuente extrema de revictimización. Esta doble condición de víctima-denunciada es utilizada por los agresores para lograr una negociación que persigue la no comparencia de la mujer en el juicio y la consecuente absolución para ambos.
-¿De qué manera perjudican a las víctimas los prejuicios en el ámbito judicial? Ponen en duda su credibilidad de sus testimonios, un problema para demostrar la veracidad de su relato. El juzgado incumple su obligación cuando archiva la denuncia o absuelve sin apurar la investigación, basándose en la falta de credibilidad del testimonio de la víctima.
-Citar una instancia en las que las mujeres son re-victimizadas por la deficiente atención recibida. Los juzgados: jueces y juezas
-¿Qué modificaciones legales propone AI? Modificar los requisitos y acceso a las plazas de los juzgados de violencia sobre las mujeres y de lo penal, como las secciones de las audiencias provinciales. Equiparar la especialización de los JVM a la de otro tipo de juzgados con mayores garantías de especialización.
-¿Qué de deficiencias en la formación se denuncia? La falta de formación de abogadas y abogados. La Ley Integral no ha asegurado la formación necesaria de las juezas y jueces de los JVM, a la hora de diferenciar la diferente tipología de violencia. Así como la del funcionariado y el conjunto de profesionales que intervienen en los juzgados y fiscalías territoriales asignadas a los JVM.
-¿Por qué piensa que no se ha realizado una evaluación sobre los funcionamientos de los JVM según AI? Lamentablemente lo recurrente es citar la falta de recursos económicos para justificar esta ausencia evaluatoria, aunque creo que esto responde además, a un problema estructural, mucho más agudo y complejo. Los esfuerzos además de la dotación personal y material, deben ir dirigidos a la adecuada atención y conocimiento interdepartamental, como las diferentes instancias relacionadas (además de las necesarias reformas legales).

Bibliografía:
Amnistía Internacional (2012) ¿Qué Justicia especializada? A siete años de la Ley Integral contra la Violencia de Género: Obstáculos al acceso y obtención de justicia y protección. Madrid.
Instituto de la Mujer (2014) Dirección General para la Igualdad de oportunidades. Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.
Observatorio contra la violencia doméstica y de género (2014) Consejo General del Poder Judicial.
Osborne, Raquel (2009) “Malos tratos: un problema estructural” en Osborne, R: Apuntes sobre violencia de género. Belaterra Edicions. Pp. 114-128. Barcelona.

domingo, 20 de abril de 2014

Agresiones sexuales, el costado silencioso de la violencia machista

Artículo de Paz Vaello Olave publicado en eldiario.es el 14 de abril de 2014


Agresiones sexuales, el costado silencioso de la violencia machista

A Sara la violaron cuando tenía 19 años. Sucedió en un parque, hace más de dos décadas. "Eran las diez de la noche. Me pillaron dos tíos. Les di el dinero, pero me tiraron al suelo y me desnudaron. Me cortaron con unas navajas y, cuando empecé a gritar y a golpearlos, me dieron con una piedra. Me dañaron las cuerdas vocales al apretarme el cuello para que no gritara y me rompieron la nariz. Estoy viva de milagro", cuenta, con la respiración entrecortada.
Según el macroinforme realizado por la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea y presentado recientemente, el más amplio y detallado que existe, al menos un 6% de las mujeres residentes en España de entre 18 y 74 años ha vivido algún suceso de violencia sexual después de los 15 años, esto es, alrededor de un millón. Un 11% declara haberla sufrido en la infancia; y un 1% en los 12 meses anteriores a la encuesta, cerca de 170.000.
Los delitos sexuales más habituales son la agresión, el abuso y el acoso. La primera es el atentado "contra la libertad sexual de otra persona, utilizando violencia o intimidación". El abuso se da cuando no existe violencia o intimidación y no hay consentimiento "o éste está viciado", resume la abogada María José Varela, miembro de la Asociación de Asistencia a Mujeres Agredidas Sexualmente. En ambos puede haber penetración o no. La violación sería una agresión sexual con penetración.
Por último, el acoso sexual se define como la solicitud de "favores sexuales, para sí o para un tercero, en el ámbito de una relación laboral, docente o de prestación de servicios, continuada o habitual", que provoca a la víctima "una situación objetiva y gravemente intimidatoria, hostil o humillante".

La culpabilización de la víctima
De la encuesta de la Agencia Europea se desprende que sólo una media del 15% de las mujeres comunican el incidente más grave a la policía. Con las cifras que dábamos al comienzo, habría unas 25.500 denuncias al año. Un dato que coincide con el que maneja Tina Alarcón, directora del Centro de Asistencia a Víctimas de Agresiones Sexuales (CAVAS).
La experiencia de Alarcón le permite afirmar que a las víctimas "les da vergüenza hablar del tema y muchas veces se sienten culpables, como si de alguna manera lo hubieran provocado, por haber ido a tal sitio, no haberse defendido lo suficiente... Incluso el entorno más cercano ayuda a esta culpabilización, diciéndote aquello de 'te lo estabas buscando". Para ella, esto está en la base de que muchos casos no se denuncien.
Marta es un buen ejemplo. A los 22 años fue atacada mientras caminaba por un parque a mediodía, en 1996. "Un hombre se lanzó sobre mí y me tiró al suelo. Me di con una piedra y estuve un minuto semiinconsciente. Cuando me recuperé, el tipo tenía las manos dentro de mis bragas. Lo golpeé con el bolso como pude. Lo agarró y salió corriendo. Lo terrible es que había un señor muy cerca y no hizo nada; ni siquiera me ayudó a levantarme. Llegué a cuestionarme, imbécil de mí, si me habían agredido por llevar minifalda", se recrimina.

Acudió a comisaría a denunciar el robo del bolso. Fue el propio policía que la atendió, cuando la vio llorando y con las medias destrozadas, el que le comunicó que había sido víctima de una agresión sexual. Marta no quiso contarlo en casa "para que no sufrieran" y porque no se llevaba bien con su padre.

"Hasta los consejos que te dan, con las mejores intenciones, tienen que ver con esta vergüenza que sentimos al hablar de ello: 'No salgas por ahí', 'no vayas con desconocidos', 'no bebas mucho', 'no te pongas minifalda'…", abunda Acracia Infante, de mehanviolado.com, una web que recopila información sobre estas agresiones. Y concluye: "Parece que somos nosotras las que tenemos que protegernos de esa violencia, en lugar de que los hombres aprendan a no violar".
Así lo vivió Carmen. Cumplidos los 16, comenzó a hacerse pis en la cama. Sólo entonces su familia descubrió que un par de años antes un chico con el que salía ocasionalmente la había violado. "Mis padres no me dejaban irme con él en la moto, así que, cuando lo hice y me forzó, no me atreví a contárselo a nadie", narra con tristeza. Afortunadamente, hubo un testigo que hizo posible que el chaval fuera castigado.
A esta "cultura de la violación", como la denomina Infante, "que responsabiliza a las supervivientes de estos sucesos", ayudan algunas resoluciones judiciales. En este sentido, Varela cita una sentencia que decía que "la víctima con su actitud de hacer autoestop en la autopista a las tres de la mañana había propiciado ese desenlace".
Sara tuvo que escuchar algo parecido: "Recuerdo que alguien de mi entorno, cuando se enteró de lo que me había ocurrido, me dijo: 'Normal, siempre estás por la calle, alguna vez te tenía que pasar'. Me eché a llorar".
Avances legislativos en pocas décadas
Lola superó la veintena en 1978. Aquel año la agredieron en un pasillo del metro: "Un tipo se me tiró encima a tocarme los pechos. Me resistí y me rasgó la blusa. Grité. No sé si se asustó o qué, pero se fue. Me impresionó mucho que al bajar al andén, llorando y con la ropa rota, nadie dijo ni hizo nada, y eso que debieron de oírlo todo. Me miraron como si fuera una loca o una extraterrestre". Lola no denunció lo ocurrido. "Entonces, lo que no era violación no estaba considerado agresión sexual. Aún hoy muchas mujeres creen que esto es así", argumenta.

"El tipo penal que configuraba la acción punible en el antiguo Código Penal giraba en torno a la acción de 'yacer con la mujer' con fuerza o intimidación, cuando estaba privada de razón o sentido o con menor de 12 años", aclara Varela, que en 1987 consiguió la primera sentencia del Tribunal Supremo que reconocía que exigir a las mujeres víctimas de una agresión sexual la demostración de resistencia suponía una discriminación por razón de sexo.
Sara lo tiene claro: "Si me volvieran a atacar, me bajaría directamente las bragas para evitar las lesiones". Ella sí acudió a la policía y asistió a varias ruedas de reconocimiento, pero nunca dio con quienes le introdujeron el pene en la boca a la fuerza. De haberlo hecho, al menos en ese momento podrían haberlos juzgado por violación. No siempre fue así.
Ese "yacer con mujer", detalla Varela, se interpretaba "exclusivamente como coito vaginal. Las penetraciones bucales o anales eran consideradas abusos deshonestos y tenían una pena mucho menor". La ley ha cambiado mucho. Primero se equipararon las penetraciones vaginales, anales y bucales, en 1989. Seis años después, las realizadas con un objeto "por alguna de las dos primeras vías". Y por fin, con la reforma de 2003, se introdujo la violación vaginal o anal con cualquier "miembro corporal", lo que incluía los dedos, utilizados "sobre todo con niñas", continúa la abogada.
Además, en el Código Penal de 1995, aún vigente con sus sucesivas reformas, fue en el que se realizó "la reestructuración total de los delitos de violencia sexual, partiendo de dos grandes grupos: las agresiones y los abusos". En los dos, "las penas son mayores si hay penetración", matiza esta experta, que obtuvo la primera sentencia en España que condenaba el acoso sexual como delito, en 1998.
Estos avances legales no se tradujeron inmediatamente en un cambio "en la percepción de los jueces", que en opinión de Varela sí se puede apreciar en la actualidad: "Al menos ahora a la mujer se le cree". Logro que esta abogada adjudica al trabajo de denuncia que se ha venido haciendo desde los foros feministas y a la labor de la prensa. "En el momento en el que decidimos que los juicios de violación tenían que ser a puertas abiertas y entrasteis los periodistas y explicasteis lo que pasaba, eso fomentó el debate. Y eso llevó al cambio legislativo y al cambio de actitud de los jueces", recalca.
La violación es sólo "la punta del iceberg"
La violación por parte de desconocidos o de violadores múltiples es la forma de violencia sexual más visible, de la que más se habla en los medios de comunicación, pero "es sólo la punta del iceberg", en palabras de Sonia Cruz, psicóloga experta en violencia sexual de la Fundación Aspacia,
Tanto en su organización como en CAVAS, la gran mayoría de las demandas de atención que han recibido históricamente han sido por hechos en los que los agresores pertenecían al entorno de la mujer (vecinos, amigos, compañeros de trabajo, educadores, parejas, ligues…), en los que ellas se sienten " especialmente culpables por haber confiado en esa persona, y eso las retrae de denunciar", matiza Alarcón.
Cruz califica también como "muy complicadas" las situaciones que tienen lugar bajo los efectos del alcohol o las drogas, comunes entre los más jóvenes. "Si un desconocido te viola en un callejón oscuro, no hay ninguna duda, pero muchas chicas no son conscientes de que han sido víctimas de una agresión sexual cuando lo hace un amigo con el que han estado tonteando o estaban tan borrachas que no eran conscientes de nada",  comenta Infante, que recibe numerosas consultas en esta línea a través de la web.
Por su parte, el acoso no siempre se puede demostrar, y normalmente es un proceso progresivo. "A menudo estas víctimas necesitan la ayuda de profesionales para detectar el problema y asumir que no es su culpa y que se trata de un delito. Por eso estos casos nos llegan menos: son más invisibles", explica Cruz.
En los últimos tiempos, en Aspacia han visto cómo se incrementaban las consultas por abuso, llegando a superar a las de agresión, lo que para Cruz es "un buen indicador, porque significa que algo está cambiando y se están detectando más estas formas de violencia más sutiles".
La psicóloga destaca que, a pesar de que la agresión sexual –con penetración o no– es la forma de violencia sexual más penada, "eso no significa que sea la más grave". Y pone como ejemplo el abuso de una menor de 13 años (la edad legal mínima para considerar que ha habido consentimiento) por parte de un conocido, que utiliza la manipulación o el engaño en lugar de la fuerza, "con lo que este hecho, tan terrible y de consecuencias tremendas, tiene una pena menor".
Falta de información y pocas medidas específicas
Estas organizaciones se quejan de la poca información y de la carencia de medidas específicas con respecto a este tipo de violencia de género. "Desde Aspacia reivindicamos que se contemple la violencia sexual dentro de la ley integral. En este tema estamos como se estaba hace 30 años en la lucha contra la violencia de género en el ámbito de la pareja", declara Bárbara Tardón, responsable de Incidencia Política y Sensibilización Social de Aspacia. 

De hecho, resulta casi imposible conocer los casos ocurridos y los denunciados en España cada año. El Instituto de la Mujer recopilaba cifras de las provincias españolas hasta 2009, cuando dejó de hacerlo ante los cambios en la gestión de los datos. Las distintas categorizaciones impiden comparar estos números con los que recoge el Anuario Estadístico del Ministerio del Interior o la Memoria Anual de la Fiscalía General del Estado. 

A la demanda de dar más visibilidad a un problema que en 2013 la Organización Mundial de la Salud calificó como "de proporciones epidémicas", las asociaciones añaden la preocupación por los nuevos métodos de acoso –a través de la Red o los teléfonos móviles–, cada vez más comunes sobre todo entre los adolescentes. Para luchar contra todas estas formas de violencia, "que tienen su origen en la estructura patriarcal del sistema en el que vivimos", como describe Cruz, es necesario "detectar los micromachismos que se dan en las relaciones y trabajar desde la prevención".
Lola comentó con sus amigas el ataque en el metro y decidió apuntarse a un curso de autodefensa femenina. 

Marta llevaba puestos unos auriculares cuando aquel hombre la asaltó. Durante algunos años no fue capaz de volver a utilizarlos y llevó un bote de laca en el bolso para poder defenderse ("el policía me dijo que llevar spray antivioladores era ilegal", puntualiza), hasta que consiguió perder el miedo a caminar sola por las calles. Muy pocas personas supieron lo que le había pasado.
Sara mantuvo un largo tiempo un rechazo incontrolable a los parques, y hasta el día de hoy reconoce "un miedo atroz a la violencia". En su momento lo contó en el trabajo, pero muchas de sus amigas no saben que la cicatriz en su brazo y su nariz rota son el resultado de una violación.
Carmen no ha vuelto a hacerse pis en la cama. 

Las cuatro son mujeres fuertes, que quieren contar su experiencia para romper el tabú que pesa sobre la violencia sexual. Como ellas, en nuestro país hasta 170.000 mujeres podrían sufrir este año una agresión que, de una u otra manera, marcará sus vidas.

Artículo de Paz Vaello Olave publicado en eldiario.es el 14 de abril de 2014