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jueves, 7 de febrero de 2013

Sociología de la Diversidad – Resúmenes Parte 49


En la asignatura de Sociología de la Diversidad del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, el compañero Víctor Riesgo Gómez y yo, realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria. Como libro de referencia: Sociodiversidad y sexualidad (José Antonio Nieto Piñeroba) Derechos reservados, sus autores.

Tomás Javier Prieto González:
Tema 1 Planteamiento de la sociología de la diversidad // Tema 2 Acción desviada, conducta desviada y alteridad // Tema 3 El finiquito de la desviación y de la conducta desviada // Tema 4 De la desviación y de la diversidad // Tema 6 Sociología de la diversidad //  Tema 7 Antropología de la sexualidad y discursividad // Tema 8 Los guiones sociales. El individuo, el cuerpo y el transgénero // Tema 9 Notas sueltas sobre sexualidad en la disctadura, transición y democracia española // Tema 10 Despsiquiatrizar el transgénero Tema11 El transgénero en las sociedades polinesias

Víctor Riesgo Gómez:
Tema 5 Razones que justifican la diversidad en sociología

Conclusiones

Las categorías psiquiátricas sobre el transgénero se interpretan como sigue:

1.    Son categorías clínicas reductoras y restrictivas no exentas de posicionamientos morales y políticos que no reflejan la realidad de la diversidad trans. La simplifican.
2.    La simplificación clínica de la diversidad trans juega con un ideal psiquiátrico, repleto de ideas preconcebidas, que no descubre la realidad social del transgénero; la construye. La realidad social se limita a una dimensión única: los encuentros psiquiátricas-pacientes.
3.    La parte clínica, en extrapolación, se toma por el todo social. La teoría psiquiátrica, además de normativa, se compone como una sinécdoque, como totum pro parte de la realidad social trans. Realidad que es más variada, elástica y plural de lo que se refleja en la estática dual de género de los DSM.
4.    La composición que la sinécdoque psiquiátrica realiza del transgénero opera, para autocumplirse, bajo el síndrome de la predicción.
5.    Si la diversidad social trans no se puede reducir a la normativa clínica, el transgénero tampoco se puede comprimir, reduciéndola a los encuentros psiquiatras-pacientes, que aísla y separa al observador de los observado para no contaminar la observación.
6.    EL transgénero se postula como manifestación de una diversidad no psiquiatrizable que requiere ser tratada en términos de igualdad en la diferencia. El transgénero no debe ser tratado por medio de procedimientos de integración férrea, propios de un universalismo antidiferenciado.
7.    Las categorías psiquiátricas del transgénero, además tienen vocación de permanencia y, consecuentemente, se perpetúan.
8.    La vocación de permanencia y perpetuación clínica del transgénero cumple un doble objetivo. Por un lado, petrifica la normativa psiquiátrica y, por otro, transforma nominalmente.
9.    La psiquiatrización del transgénero, como categoría del modelo médico, provoca el rechazo de las personas trans que, en tendencia creciente, expresan públicamente su disconformidad.
10. El régimen de verdad psiquiátrico de los DSM con referencia al transgénero compone criterios unívocos de imposición dogmática que reflejan perspectivas canónicas de conocimientos, propias de lo que se designa como monocultura del saber.
11. Todas las razones señaladas indican una misma dirección: la necesidad de despsiquiatrizar el transgénero. El transgénero requiere para logar el derecho inalienable a la despsiquiatrización que le corresponde.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Sociología de la Diversidad – Resúmenes Parte 48


En la asignatura de Sociología de la Diversidad del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, el compañero Víctor Riesgo Gómez y yo, realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria. Como libro de referencia: Sociodiversidad y sexualidad (José Antonio Nieto Piñeroba) Derechos reservados, sus autores.

Tomás Javier Prieto González:
Tema 1 Planteamiento de la sociología de la diversidad // Tema 2 Acción desviada, conducta desviada y alteridad // Tema 3 El finiquito de la desviación y de la conducta desviada // Tema 4 De la desviación y de la diversidad // Tema 6 Sociología de la diversidad //  Tema 7 Antropología de la sexualidad y discursividad // Tema 8 Los guiones sociales. El individuo, el cuerpo y el transgénero // Tema 9 Notas sueltas sobre sexualidad en la disctadura, transición y democracia española // Tema 10 Despsiquiatrizar el transgénero Tema11 El transgénero en las sociedades polinesias

Víctor Riesgo Gómez:
Tema 5 Razones que justifican la diversidad en sociología

 De la enfermedad del sujeto a la enfermedad de la sociedad como fenómeno trans/disciplinar sociopsiquiátrico


La Escuela de Chicago inicia, en los 30 una línea de pensamiento progresivamente irredento. Sutherland acuña la expresión differential association (socialización diferenciada) mediante la cual, distanciándose de la instrumentación e instucionalización del control social que corrientes sociológicas más conservadoras propugnaban, insiste en que la desviación de las conductas delictivas no es consecuencia de la herencia biológica. El aprendizaje social surge en superficie por medio de actitudes, motivaciones, técnicas y racionalizaciones que difieren en duración, frecuencia, intensidad y prioridad. Permite que lo que hasta ese momento se contemplaba como desorganización social se contemple desde entonces como diferenciación social. La propuesta de Wirth implica por un lado, una sociología que se distancia, hasta renunciar, del perfil fisionómico del criminal delincuente, establecido por Lombroso en el SXIX. En su lugar, establece la proposición de una criminalidad/delincuencia que se perfila por medio de rasgos individuales, y en tal sentido psicológicos, que viene asociados a rasgos de clase social y como tales acompañados de sociedad y de cultura. La propuesta aboga por una psiquiatría social lejos de su aislamiento clínico y desvinculación con la sociedad. With la designa como sociología clínica. El quebranto de la “relación de pareja” interdisciplinar se sustancia sobre la base de que para Lemert la subcultura, tan cara para Blumer y el interaccionismo simbólico, constituye un concepto fundamental del que el pensamiento sociológico no puede desprenderse. Para Blumer el interaccionismo simbólico “es fruto del proceso de interacción entre los individuos”. Esa interacción procesual es lo que diferencia, según Lemert a las clases sociales. Los ricos pertenecen a clubs; los pobres son miembros de la subcultura.

Lemert manifiesta a través de Blumer, cómo una sociedad enferma incide y daña al individuo, sin necesidad de que este esté previamente afectado por un trastorno de personalidad. Lo diferente emerge de un proceso social que dicta normas y promulga leyes. Aquellos que violan el dictado de las normas son los desviados, en tanto que la violación de las leyes es el resultado de la acción de los delincuentes. Si se excluyeran en los manuales de conducta desviada, como síntoma de patologización, la obesidad, la fealdad y las relaciones extramatrimoniales, pocos serían los que escaparían al etiquetado de psicópatas.

Becker crea el concepto de moral entrepreneur (empresario moral) y afirma que la lógica que prevalece en las agencias de control se asemeja a las teorías puritanas sobre la predestinación, la reprobación y la naturaleza del pecado y a preguntar a los sociólogos por quién tomaban partido.

Evolución de la transdiscursividad sociopsiquiátrica del transgénero

Sutherland, Wirth, Lemert y Becker muestran las propiedades de la transdiscursividad sociológica. Los discursos de la psiquiatría se han caracterizado por su contingencia. Las relaciones de intradiscursividad, tanto las psiquiátricas como las sociológicas, lo que Foucault contemplaba como espistemología, trascienden el discurso que las genera y crean dependencias fuera del contorno de los discursos que las contienen. Foucault propone como genealogía y, por otro, relaciones que conjugan condicionamientos políticos, económicos e históricos que se encuadran en los rasgos culturales de una sociedad dada y que en presentación foucaultiana aparece como dinastía del saber. Psiquiatría y sociología muestran corrientes intradiscursivas y extradiscursivas diversas que difícilmente puedan sintetizarse en una unidad disciplinar de pensamiento. La interdiscursividad, las relaciones entre el discurso psiquiátrico y el discurso sociológico, la arqueología del saber foucaltiana, en su contingencia ha mostrado posicionamientos cambiantes que acercaban discursos en ocasiones y los distanciaba en otras. Una proliferación de discursos que sirvió a Foucault para negar la hipótesis represiva de la sexualidad. La proliferación de discursos referidos al género no niega la hipótesis represiva de la psiquiatriozación del transgénero. Goffman, desde la sociología, en 1961, aporta un apellido al término desviación: core (medular, nuclear). Para Goffman hay una core desviation (una desviación medular/nuclear). Que la diferencia de la desviación primaria y decundaria de Lemert. Recuérdese que la desviación primaria se caracteriza por su transitoriedad y por no afectar la psicología del sujeto social, su personalidad. La desviación secundaria, sin embargo, es de mayor extensión en el tiempo y, asimismo, provoca una respuesta en la sociedad. La desviación (nuclear) goffmaniana está más enraizada en el tiempo que la desviación primaria y secundaria de Lemert. En Goffman más que en Lemert, una vez que se abandona la normalidad, el sujeto avanza por un sendero en el que se progresa, con cada paso que se da, hacia un estatus más y más devaluado.

La clasificación de enfermedad mental que Goffman viene marcada por un itinerario extenso, pero delimitado para que el enfermo mental transcurra como prepaciente, paciente y post-paciente. Goffman lo explica como si de una “carrera moral” se tratara. Que en el caso de que la proporción de Goffman hubiera incidido en el transgénero, se infiere que las personas trans hubieran sido etiquetadas como pretransexuales, transexuales y postransexuales o predisfóricos de géneros, históricos de género y posdisfóricos de género. La identidad pertenece al sujeto pero éste no tiene el poder social para marcar e imponer un rótulo positivo a su presentación identitaria. Igual sucede con roles y conductas. El poder de rotular, de etiquetarse no es suyo.

Benjamín, endocrinólogo, padre fundador de la transexualidad en 1966, publica The Transsexual Phenomenon. Daniel C. Brown, se refiere al transexualismo como la inversión del rol sexual de los sujetos que esperaban ser sometidos a dirigía para corregir sus erróneos genitales.

En el año 1967, los escritos se enmarcan, con Laing, en la psiquiatría y, con Garfinkel, en la sociología. La antipsiquiatría, a través de Laing, ataca despiadadamente los postulados de la psiquiatría convencional. Laing, la antipsiquiatría, plantea y cuestiona principios del saber psiquiátrico institucionalizado, con el fin de desacreditarlos. Para Laing, la enfermedad mental surge en sociedad como excrecencia de la voracidad del sistema capitalista y de su represión de las conductas de los individuos. Laing, a mi juicio, en su radicalización, a cambio de desmitologizar la psiquiatría, desmitifica indiscriminadamente la clasificación psiquiátrica de la enfermedad mental. La relación de maridaje entre la sociología y la psiquiatría propuesta por Wirth, quebrantada, en forma de desvinculación afectiva disciplinar, por Lemert, logra con Laing la separación de bienes ante notario.

El cuestionamiento de los procedimientos terapéuticos correctores de la psiquiatría facilita el cuestionamiento del concepto sociológico de desviación. La antipsiquiatría fue para la psiquiatría, más o menos, lo que la etnometodología fue para la sociología. Garfunkel replicaba afirmando que la sociología no herética esto es, la ortodoxa trataba a los sujetos sociales como “idiotas culturales”. Garfunkel se reafirma e insiste en que la etnometodología no tiene delante de sí una “idiota cultural”. La visión de Garfunkel de la transexualidad supone un cambio sociológico paradigmático, pues que transforma lo normativo en interpretativo. Para Foucault, la heterotopía es el rasgo fundamental de la realidad social. Fiel al principio heterotópico que sustenta, flagela y fustiga cuanto puede todo aquello que se represente en forma de unidad, de modo unitario, como pretende la corriente de pensamiento humanista.

Aunque Foucault no estudio la transexualidad per se, sí trabaja sobre la intersexualidad de Herculine Barbin es una hermafrodita del siglo XIX “sufre en su cuerpo y mente todas las estrecheces y crueldad de una sociedad represiva, de una moral católica rígida y de una pretendida “ciencia” desabrida que ignora las inquietudes simplemente humanas de las personas”.

La lectura moral y política de la mirada psiquiátrica ha sido cuestionada, de modo directo, por una sociología crítica con los postulados del control social. Sirvan de recordatorio algunos ejemplos. Rosenhan: “caso Rosenhan” varias personas simularon una enfermedad mental para ser ingresadas en un centro psiquiátrico, con el fin de hacer un seguimiento en proximidad de la relación terapéutica entre psiquiatras y enfermos mentales. Después de un tiempo de internamiento y comportamiento normal, alegaron que las voces internas que escuchaban habían sido ficticias. Pero tuvieron problemas para ser dadas de alta, puesto que no lograban convencer al staff responsable de que habían sido objeto de un diagnóstico equivocado. Edgerton contrapone el “caso Rosenhan” y relata que un anciano Hebei, sin causar daño a su comunidad, se colgaba de un árbol boca abajo y manifestaba que tenía un pollo en la cabeza sin sufrir por ello menoscabo, censura u represión alguna en su persona. Era reconocida por los Hebei como psicópata. Stewart relata la conducta de un santo de la secta sufi chistiya, Baba Farid, que “rezaba colgado de los pies durante 40 días”.

Cheslet es su distanciamiento de las aplicaciones terapéuticas al uso de la psiquiatría, indica que los centros psiquiátricos de la segunda mitad del SXX eran lo más parecido, en términos de aislamiento y marginación, a las reservas de indios americanos. Con Pearson, el divorcio entre sociología y psiquiatría se evidencia en 1975, al considerar que los trastornos mentales son desviaciones creativas. Kessler y MacKenna, el alejamiento del modelo médico del transgénero se fundamenta en la construcción social del género. Que la psiquiatría ignora. Kessler refiriéndose a la intersexualidad, muestra cómo ese mismo modelo daña al intersexual; reproduce, refuerza y perpetúa las creencias culturales del género –los genitales culturales. Raymond cuestiona los planteamientos de la psiquiatría. Señala que la psiquiatría no ha acuñado expresiones como insatisfacción negra, incomodidad negra o disforia negra. ¿Por qué entonces disforia de género? Sedwick prefiere referirse a la psiquiatría como política de mente. Des de la teoría razonada Ekins afirma que los encuentros psiquiatra-pacientes constituyen una forma excluyente de recogida de datos que, en su unicidad, no recogen experiencias de trabajo, familia, entornos asociativos y médicos. No establecen criterios de comparación constante y, además, explora y muestra las construcción dinámica del varón feminizante que le sirve para cuestionar las carencias del modelo médico de transgénero.
El divorcio entre la sociología y la psiquiatría señalado por Pearson necesita ser matizado. Por lo siguiente:

1.    El control social propio de la sociología que clasifica las conductas humanas en desviadas con respecto a normas y no desviadas, es decir, centradas en relación a las mismas normas y, por otra, idiotiza culturalmente a los sujetos sociales.
2.    Si a mayor abundamiento, las acciones de los actores sociales inciden políticamente en sociedad y las conductas “perversas” de los sujetos con trastornos mentales, las llamadas  por Pearson desviaciones creativas que cuestionan las normas institucionales son reprimidas por la psiquiatría, consecuentemente, se puede concluir en forma de corolario.
3.    Que tal planteamiento, en lugar de explicar el divorcio entre la sociología y la psiquiatría, como afirma Pearson, contribuiría a los que pudiera denominarse “hermanamiento teórico represivo” entre el control social de la sociología (psiquiátrica) de la desviación y el control psiquiátrico de la identidad de género, propiciado por la psiquiatría de los DSM.

El divorcio entre sociología y psiquiatría se produce, a mi juicio, por medio del fallecimiento epistemológico de la sociología de la desviación, para en su lugar procurar el nacimiento y configuración de una sociología de la diversidad.

Porque una sociología de la diversidad preocupada por la conculcación de los derechos de ciudadanía no concibe la perpetuación del estigma que supone para las personas trans el hecho de seguir etiquetando y diagnosticando su identidad como trastorno mental. Actualmente informes y debates barajan múltiples alternativas, pero no parece que se planteen la eliminación de la disforia de género. Durkheim, al finalizar el SXIX, afirmaba que la desviación es el precio a pagar por el cambio social. Ahora, resultaría más atinado afirmar que el cambio social exige la transformación de la desviación en diversidad y las identidades y conductas desviadas en derecho.

El informe de Cohen-Ketenis y Pfäfflin propone que el concepto de trastorno de identidad de género debe cambiarse en el DSM-V porque el eje central de la disforia de género, la angustia o el malestar, no se manifiesta en las personas trans  que prescinden de la clínica. Muestran su disconformidad con los profesionales de la salud mental que defienden que la angustia, aunque haya personas trans  que viven su identidad sin ella, es inherente al concepto. Cohen-Ketenis y Pfäfflin sostienen que el concepto de trastorno no debería aplicarse a las personas con variantes de género que no experimentan malestar en sus vidas. “Corazón del problema”: la disconformidad de las personas trans  con los rasgos físicos de su sexo y/o el género asignado. En diciembre de 1973 la homosexualidad deja de ser tratada como trastorno mental. No obstante, su psicopatologización no fue eliminada. Hasta la publicación del DSM-III en 1980, la homosexualidad se diagnosticaba como Sexual Orientation Disturbance (Perturbación de la orientación sexual): se incluye la homosexualidad egodistónica, aplicable al homosexual que se encuentra a disgusto con su orientación sexual. En 1987 el DSM-III-R es el momento en que la egodistonia homosexual desaparece y de despatologiza la homosexualidad de los DSM.

Cohen-Ketenis y Pfäfflin, las recomendaciones que proponen para tratar al trastorno de identidad de género en el próximo DSM. Con el fin de no estigmatizar, consideran que la expresión “disforia de género” es la apropiada para su inclusión en el DSM venidero. Otros profesionales prefieren el uso de expresiones más neutras, como “incongruencia de género”, “disonancia de género”, “incomodidad de género” o “discordancia de género”.

Se proponen transformar “trastorno de la identidad de género” por la de “variantes de la identidad de género”; la no obligatoriedad de la dirigía de reasignación de sexo. Meyer-Bahlburg se decante por la imposibilidad de interpretar el transgénero con fundamentos que se sustenten en la ciencia. Se necesita un consenso entre la ciencia y el servicio que se preste a las personas trans.

Eliminando la faz de los enfermos/trastornados y transformando y descomponiendo sus cuerpos, para que en su descorporización los sujetos resulten innominados. Se pretende resaltar que los DSM emiten y difunden juicios psiquiátricamente clínicos que ocultan veredictos morales y políticos, que sirven injustificadamente para fundamentar la psiquiatrización transgenérica.

En los DSM, el caso del transgénero, se trata, sin evidencia que los justifique, como enfermedad mental. Los DSM emiten un discurso totalizador excluyente de otras culturas del saber, elimina la posibilidad de definición del transgénero, los sujetos sociales trans cognoscentes. Los DSM se instituyen en cetro referncial e insoslayable trans y, en su hacer, de manera envolvente y circular, transforman el pretexto en causa. En su psiquiatrización de la identidad transgenérica, los manuales de diagnóstico y estadísticos no logran neutralizar a las personas trans que demandan ser despsiquiatrizadas.

Si el cuerpo es el lucus de identidad que mediante acciones concretas expresan las personas trans no operadas y que no quieren someterse a la cirugía de reasignación genital, el cuerpo rompe la dicotomía identitaria al uso. Tdos estos torcimientos, mezclas y enturbiamientos de género se explicitan en la demostración de un género subversivo que quiere romper el sistema binario de género y en su ruptura desdualizar la dicotomía imperante. Los DSM, de mirada psiquiátrica, observan la enfermedad mental pero en su observación pierden voluntariamente la perspectiva global que pretenden abarcar, porque reconvierten a los sujetos trans e intersexos en personas elusivas, sin matices ni perfiles diferenciadores. Los DSM integran las conductas de los actores sociales trans bajo el rótulo psiquiátrico de trastorno mental, en equivalencia a los idiotas culturales de los teóricos de la sociología del control social.

domingo, 3 de febrero de 2013

Sociología de la Diversidad – Resúmenes Parte 45


En la asignatura de Sociología de la Diversidad del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, el compañero Víctor Riesgo Gómez y yo, realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria. Como libro de referencia: Sociodiversidad y sexualidad (José Antonio Nieto Piñeroba) Derechos reservados, sus autores.

Tomás Javier Prieto González:
Tema 1 Planteamiento de la sociología de la diversidad // Tema 2 Acción desviada, conducta desviada y alteridad // Tema 3 El finiquito de la desviación y de la conducta desviada // Tema 4 De la desviación y de la diversidad // Tema 6 Sociología de la diversidad //  Tema 7 Antropología de la sexualidad y discursividad // Tema 8 Los guiones sociales. El individuo, el cuerpo y el transgénero // Tema 9 Notas sueltas sobre sexualidad en la disctadura, transición y democracia española // Tema 10 Despsiquiatrizar el transgénero Tema11 El transgénero en las sociedades polinesias

Víctor Riesgo Gómez:
Tema 5 Razones que justifican la diversidad en sociología


DESPSIQUIATRIZAR EL TRANSGÉNERO

Despsiquiatrizar la transexualidad es un objetivo a conseguir que reivindican, desde hace años, los colectivos trans y las personas transgénero. DSM (Manuales de diagnóstico y estadísticos de los trastornos mentales); CIE-10 (Clasificación Internacional de Enfermedades). Puede afirmarse que la psiquiatría es reflejo desprendido de la división social, integrada en un conjunto heterogéneo y plural que designamos con el término sociedad.

Dese el poder siempre se ha recurrido a ejercitar el control social como instrumento disciplinante de todo tipo de disidencias y diferencias. Las conductas que desde instancias médicos-legales se estipulaban como perversiones y desviaciones y se las atribuía indistintamente su carácter anormal, anómico o anómalo, por un lado, y por otro, de riesgo o peligrosidad social, eran en consecuencia normativamente disciplinadas. Según Summer la multiplicidad moral es más evidente que la unidad espiritual. Permite desvelar que la multiplicidad social se impone a la unidad social. No impide que el “régimen de verdad” del poder, en un acto decisorio de apropiación simplificadora, se apodere de la multiplicidad identitaria para controlarla socialmente. Mediante el acto de apoderamiento se anula la evidencia de lo múltiple y se dogmatiza con el imprimatur. DSM y CIE-10 la psiquiatrización del transgénero y la dualidad de género.

El control social psiquiatrizador de la transexualidad sigue estando vigente. Sin evidencias psiquiátricas sólidas que justifiquen que el transgénero en sí mismo es una enfermedad mental y su instrumentalización psiquiátrica debe interpretarse como una forma de control social, sin aval fundamentado que lo justifique. Se trasluce un claro discenso interpretativo en relación a las manifestaciones de colectivos y personas transgenéricas en lo que respecta al hecho de ser tratados como grupos y sujetos psiquiatrizables.

En el DSM-III de 1980, cuando se introdujo el término “transexualismo”, las variantes de la diversidad de género se ignoran y de ellas se hace una unidad ideal y excluyente: la “unidad transexual”. Se construye la figura del “verdadero” transexual, al que se idealiza y conduce, por medio de protocolos de atención médico-psiquiátrica con un itinerario  preestablecido, a la consecución de la meta a alcanzar: la cirugía genital reasignativa. Del itinerario se iban descolgando los candidatos que no se ceñían al ideal médico-psiquiátrico. Cuando se decide incluir, en 2000, el trastorno de identidad de género, las variantes subjetivas de la identidad de género continúan ignorándose. En su lugar, la pluralidad se reduce para quedar reflejada en dos criterios, cuyas características diagnósticas son:

·      “Haber pruebas de que el individuo se identifica, de un modo intenso y persistente, con el otro sexo, (Criterio A)”
·      “Deben existir también pruebas de malestar persistente por el sexo asignado o un sentido de inadecuación en el papel de su sexo (Criterio B)”

Las variantes de la pluralidad de las diferentes subjetividades trans, en simplificación reductora, se objetivan como trastornos, enmarcados en la transexualidad y la disforia de género.

En lo que concierne a la objetividad subjetivada; primero, incorporar selectivamente en los DSM, como criterios decisivos, las voces de los profesionales que consensúan por mayoría el diagnóstico, la evaluación y el tratamiento del transgénero y, segundo, omitir las voces discrepantes con los métodos de procedimiento y protocolo, tampoco se cumplen criterios con rigor científico. El disenso entre profesionales de la salud que tratan el transgénero no permite aplicar en sentido estricto “Objetividad”. La democracia interna queda devaluada al silenciar las voces discrepantes minoritarias. Porque las cuestiones que se pueden formular acerca de los factores extracientíficos que influyen en los resultados, como afirma Gagnon.

Todo ello constituye un terreno propicio para que la evaluación psiquiátrica del transgénero, como saber/poder ejerciente, se enfrente a la demanda inquebrantable de la consecución de derechos subjetivos trangenéricos: la despsiquiatrización del transgénero. Constituye un terreno minado para el establecimiento de los que Vázquez llama un “constructivismo bien temperado”.


domingo, 13 de enero de 2013

Sociología de la Diversidad – Resúmenes Parte 24


En la asignatura de Sociología de la Diversidad del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, el compañero Víctor Riesgo Gómez y yo, realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria. Como libro de referencia: Sociodiversidad y sexualidad (José Antonio Nieto Piñeroba) Derechos reservados, sus autores.

Tomás Javier Prieto González:
Tema 1 Planteamiento de la sociología de la diversidad // Tema 2 Acción desviada, conducta desviada y alteridad // Tema 3 El finiquito de la desviación y de la conducta desviada // Tema 4 De la desviación y de la diversidad // Tema 6 Sociología de la diversidad //  Tema 7 Antropología de la sexualidad y discursividad // Tema 8 Los guiones sociales. El individuo, el cuerpo y el transgénero // Tema 9 Notas sueltas sobre sexualidad en la disctadura, transición y democracia española // Tema 10 Despsiquiatrizar el transgénero Tema11 El transgénero en las sociedades polinesias

Víctor Riesgo Gómez:
Tema 5 Razones que justifican la diversidad en sociología


Malignidad, perversión, desviación y trastorno

En sociología, las conductas desviadas habían sustituido en denominación a las rotuladas, como consecuencia de la impronta médica/psiquiátrica, conductas perversas. Se sustituyó la designación del sujeto; el sujeto perverso dejó de ser denominado como tal, para ser designado sujeto desviado. A su vez, la perversidad había sustituido a un término más genérico, pero igualmente indicativo: la malignidad. La encarnación del mal no era otra que la representada y efectuada por el sujeto maligno.

El sujeto perverso es un sujeto que se define por su perversión; por sus actos no naturales, segregados de las normativas conductuales que marcan los códigos sociales; la perversión se puede decir, es una emancipación de la naturaleza. La perversión solo existe, pues, en la humanidad. Los actos humanos nunca pueden ser, por consiguiente, tildados de inhumanos.

De la misma manera que la perversidad ocupó en psiquiatría el locus denominativo de la malignidad, la configuración designante que encierra en su rótulo sociológico el vocablo “desviación” pasa a ocupar lo que tenía designación de “perversidad”, aunque esta, expresada literalmente como perversión, estuvo presente durante mucho tiempo en los textos psiquiátricos.

A medida que la interpretación de la malignidad va alejándose de sus raíces religiosas, para ir echándolas en la tierra, la perversidad, como término sustitutivo que condensa las conductas malignas, va tomando más y más presencia, entidad y proyección. En la Italia renacentista, el crimen no es un medio, es un fin en sí mismo. La acción de matar en sí es un acto sin otra lectura que la del crimen que se “produce por el crimen mismo”. Con el tiempo, algunos zoófilio, dejan de serlo para devenir enfermos psíquicos o débiles mentales, una vez que la zoofilia, reconocida legalmente como bestialismo, fue suprimida del Código Penal.

Cuando en Occidente la interpretación de las conductas de los hombres, desde la perspectiva del modelo médico, empieza paulatinamente a reemplazar al modelo religioso, el pecado se transforma en enfermedad y, a mayor abundamiento, la diversidad de las conductas sexuales se transmuta en perversión. Sin embargo, la psiquiatría actualmente en sus DSM ha eliminado, es una estratagema propia de la prestidigitación, toda referencia a la perversión y a los perversos. La estratagema se debe a que a la perversión se la denomina ahora “parafilia”, para, proviene del griego y significa “desviado”, philia, es “amor”. Parafilia, pues, es “amor a lo desviado”. En el presente se prefiere, desde la perspectiva psiquiátrica, eludir a los sujetos, y se opta por ello para aludir a las conductas. Conductas que psiquiátricamente quedan reconvertidas en trastornos. Todo con un único fin, mostrar que los trastornos conciernen “exclusivamente a la psicofarmacología y a la cirugía” y de este modo pueden ser reducidos “a un desorden, a una disociación, es decir, a una avería del motor”.

La perversión, pues, tuvo su momento de vigencia avalada por la ciencia médica, en su especialidad psiquiátrica; hasta que en 1987 el discurso de la psiquiatría, por las razones indicadas, opta por diluir en el olvido al perverso y a la perversión. Porque no se acomodan al cambio de paradigma que vive entonces la psiquiatría y que convulsiona el mundo de sus ideas, pensamientos e interpretaciones: pasar de la apropiación clasificatoria de sus conductas.

La ciencia médica y la ciencia jurídica, son los dos grandes pilares de los que se ha servido el Estado para establecer criterios de normalización y, por extensión, de normalidad; criterios que en la práctica permiten clasificar y desclasificar, incluir y excluir conductas. Pero, claro, excluido de la calcificación normativa no implica eliminación de a realidad social. Todo catálogo de conductas clasificadas/incluidas como normales es, paralelamente, un catálogo de otras conductas desclasificadas por anormales. Y como anormales, excluidas de la norma, al ser conductas “contaminadas y contaminantes”, estigmatizadas y estigmatizantes, discriminatorias y discriminantes, demonizadas y demonizantes, descalificadas y descalificantes. Conductas propias del ángel caído. Conductas arrumbadas.

Ahora la ciencia jurídica, veremos que todas las conductas entre adultos, efectuadas en privado con el consentimiento de las partes intervinientes, son legales. La normativa legal permite, pues, que conductas como la copofragia, la urofilia, la zoofilia, la necrofilia, la coprofilia, no sean perversas.

De modo que las perversiones, sobre todo las sexuales y las mentales, fueron campo de abono para la psiquiatría y con el tiempo hubo que reconducirlas en designación para transformarlas en enfermedades. Del mismo modo que a la perversidad de los síntomas específicos que definían la enfermedad también hubo con el tiempo que reconducirlos hasta transformarlos en trastornos. Las mismas conductas y a los mismos síntomas la psiquiatría, con el paso del tiempo y gradualmente, asigna distintas designaciones: perversión, parafilia, trastorno. El sujeto perverso pasó, pues, a ser considerado sujeto trastornado; la perversidad quedó sobreseída y en su tarjeta de presentación, donde figuraba perversión, pasa a figurar trastorno. En sociología, en lugar de perversión, perversiones o perversos se aludió a desviación, desviaciones y desviados, si la psiquiatría se apropió de las perversiones y de su recalificación terminológica en forma de trastornos conductuales del sujeto, la sociología se apropió de las desviaciones y, por ende, de sus conductas subjetuales. En suma, pudiera afirmarse que la perversión fue a la psiquiatría y a la clínica, lo que la desviación fue a la sociología; lo que la desviación, baremada por el referente determinante del control social, es a la sociología jurídica.

El sujeto desviado, al igual que el perverso, es un sujeto no sujeto a códigos. No sujeto a arraigos, un sujeto desarraigado. La sociología de la desviación la ha atendido bajo el prisma de un desorden no acomodado a reglas de conservación del establishment. Sin embargo, la sociología de la desviación, se despreocupó del sujeto desviado que se desvía de su desviación para ser sujeto centrado.

Estamos pues, ante la presencia de un sujeto bipolar. Un sujeto de conductas desviadas que también hubieran podido ser objeto de estudio de la sociología de las desviación. Se trata de un sujeto que no solo distancia de la excentricidad conductual o de las acciones desordenadas para ajustarse a los estatutos socialmente establecido, sino que también hace alarde de “ser más papista que el papa”.

Pero si en la individualidad desordenada está etiquetada la patología y a la perversión, en la organización colectiva de las individualidades también podría adherirse la etiqueta de la reivindicación. Cuando ese desorden es producto de colectivos procedentes de campos diversos, con estructuras internas muy organizadas dirigidas a la construcción social de la protesta, las conductas además de dejar de ser individuales, dejan de ser desviadas. Pasan de ser denominadas a autodenominarse y se transforman en movimientos sociales. Estos movimientos, por su propia entidad, son las reivindicaciones políticas y sociales, han desbordado el objeto de estudio de las sociología de la desviación. Movimientos sociales, entre otros, como el de los mapuches chilenos, aymaras bolivianos, “sin tierra” brasileños, “zapatistas” mexicanos, confederaciones indígenas de Ecuador, Colombia, Venezuela y Guayanas que surgieron después de 1975.