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domingo, 1 de junio de 2014

Resúmenes Sociología del Género Parte 18

En la asignatura Sociología del Género del segundo cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2013/14, formamos un grupo de trabajo algunas/os compañeras/os y elaboramos los siguientes resúmenes de la bibliografía básica de la asignatura. Derechos reservados de sus autores.


1. -Ehrenreich, Barbara y English, Deirdre (1990): Cap. 1: “Introducción”, en Por su propio bien. (150 años de consejos de los expertos), Madrid: Taurus, pp. 11-41. Javier Prieto González // 2. -Durán, María Ángeles (2006): “Las fronteras sociales del siglo XXI”, en Isabel Morant (Dir.), Historia de las mujeres en España y América Latina. Madrid: Cátedra, Volumen IV “Del Siglo XX a los umbrales del XXI”, pp. 465-493. María Dolores Aviles y José Antonio Delgado Guanche // 3. -Giddens, Anthony (2007), “El género”, en Sociología, Madrid: Alianza Universidad, pp. 441-452. Blas García Ruíz // 4. -Marqués, Josep-Vicent (1991): Cap. 1 (extracto): “Androcentrismo, un caso particular de sociocentrismo”, en Josep-Vicent Marqués y Raquel Osborne, Sexualidad y sexismo. Primera parte: Marqués, “Varón y patriarcado”. Madrid: Fundación Universidad-Empresa, pp. 23-27. Lorenzo Vellarino Cordero // 5. -Osborne, Raquel (1997): "Feminismos", Dossier Debate "La igualdad de la mujer", Temas para el Debate, octubre, nº 35, pp. 46-50. Ruth Cardedal Fernández // 6. -Giddens, Anthony (2007): “Walby: la teorización del patriarcado”, “El ´feminismo negro` y “El feminismo postmoderno”, op.cit., pp. 456-459. Javier Hermoso Ruíz // 7. -Osborne, Raquel (1996): "¿Son las mujeres una minoría"?, Isegoría (Revista de Filosofía Moral y Política), monográfico sobre Multiculturalismo, justicia y tolerancia, Madrid, nº 14, octubre, pp. 79-93. Antonia Pineda Vergara y Fernando Pedro Bruna Quintas // 8. -Giddens, Anthony (2007): “Perspectivas teóricas sobre la familia y las relaciones íntimas”, op. cit., pp. 246-256. Julio Monteagudo Diz // 9. -Ferreira, Virginia (1996), “Mujer y trabajo. La división sexual del trabajo en el análisis sociológico: de natural a socialmente construida”, en María Antonia García de León, Félix Ortega y María Luisa García de Cortázar, (comps.), Sociología de las mujeres españolas, Madrid: Ed. Complutense, pp. 93-119. (Selección: pp. 93-111). Antonio Jesús Acevedo Blanco // 10. -Brullet, Cristina (2004): “La maternidad en occidente y sus condiciones de posibilidad en el siglo XXI”, en Ángeles de la Concha y Raquel Osborne (Eds.): Las mujeres y los niños primero (Discursos de la maternidad). Barcelona, Madrid: Icaria y UNED, pp. 201-228. (Selección: pp.213-228). Antonia Florentina López Caballero // 11. -Osborne, Raquel (2005): “Desigualdad y relaciones de género en las organizaciones: diferencias numéricas, acción positiva y paridad”, Política y Sociedad, vol. 42, nº2, 2005, pp. 163-180. María Aurora Sieiro López // 12. -Torres San Miguel, Laura y Antón Fernández, Eva (2005), Violencia de género, Caja España, Obra Social, Colección: Cartilla de Divulgación (Lo que usted debe saber sobre). (Selección: pp. 18-33). Daniela Isabel Lili Pedraza y Mónica Pedraza Darias // 13. -Osborne, Raquel (2009): Cap. 2, “Malos tratos: un problema estructural”, en Osborne, Raquel: Apuntes sobre violencia de género. Barcelona: Bellaterra Edicions, Serie General Universitaria, pp. 83-136.  Mónica Pedraza Darias Tomás Javier Prieto González // 14. -Platero, Raquel (Lucas) (2013): "Introducción. La interseccionalidad como herramienta de estudio de la sexualidad", en Platero, Intersecciones: cuerpos y sexualidades en la encrucijada. Barcelona: Bellaterra, pp. 15-72. (Selección: pp. 23-48). María Isabel García Duran // 15. -Büchner, J. "Notas para la ponencia “Género y globalización" (versión 2004): 20 pp. Cristina Martínez Blanco

Una respuesta típica al prejuicio y la discriminación es la reflejada por un trabajo de Philip Goldberg acerca de la devaluación con que las mujeres se autocaracterizaban. Así cuando se les pidió a un grupo de estudiantes mujeres que valorasen un mismo artículo, cuando creían que lo había escrito un hombre, les pareció un extraordinario pensador, mientras que cuando creían que el mismo artículo lo había escrito una mujer, les parecía que ésta poseía una inteligencia mediocre.

Otro estudio es el de Matina Horner sobre el miedo al éxito. Cuando a unos/as estudiantes universitarios/as, se les presentaba una mujer de éxito, los estudiantes reflejaban las negativas consecuencias que tendría para ella ese éxito, rechazo social, inseguridad, infelicidad, etc. Cuando se les presentaba el éxito de un estudiante varón, ninguno vislumbraba consecuencias negativas a causa de su éxito.

Otro artículo acerca de las contradicciones culturales y los roles sexuales, mostró que un alto porcentaje de las estudiantes admitía que ocasionalmente se habían hechos las tontas para poder así resultar más deseables a los chicos, al no desafiar la expectativa cultural acerca de su inferioridad.

El primer artículo refleja la asunción por parte de las mujeres de la devaluación a que se ven sometidas, los otros dos, pueden ser interpretados como respuestas racionales a los riesgos que conlleva tener comportamientos que pudieran interpretarse como poco femeninos, en un contexto que penaliza altamente semejante posibilidad. En cualquier caso, subyace un proceso de devaluación que impide a las mujeres expresarse o mostrarse libremente.

Otro artículo sostiene que lo que erróneamente se ha interpretado como una internalización de los rasgos maladaptativos del sistema de opresión sería más bien una estrategia del oprimido para sacar el mayor partido a su situación.

Este enfoque sigue la senda abierta por Erving Goffman, quien aparte de haber resaltado hacía tiempo este tipo de estrategias de simulación por parte de mujeres y negros, enfatiza la necesidad de tener en cuenta el punto de vista de los actores implicados, capaces de una actividad racional. Habrá mucha menos posibilidad de error en la interpretación si, además de observar la conducta de los actores, se escucha su discurso, su propia visión acerca de su situación y su actuación. Hablamos de una concepción que responde más a una cuestión de forma que de contenido, que llena el hiato existente entre el carácter de la persona y su comportamiento. Como el individuo implicado en estas cuestiones es capaz de cálculo, de simulación consciente, de manera que su yo psíquico queda preservado, resultan posibles diferentes tipos de comportamiento según la ocasión lo requiera. De esta forma, queda abierta la posibilidad de la movilización colectiva capaz de impulsar el cambio social, como ha ocurrido en el caso de los negros y las mujeres.

Con todo lo visto, podríamos volver ahora el concepto de “hombre marginal” y emplearlo para la “mujer marginal”, la “mujer nueva”. Retomaremos para ello el análisis del fenómeno del “tokenismo”, según Kanter, es decir, la especial problemática que se producía cuando las mujeres se incorporaban en un pequeño número a trabajos tradicionalmente reservados a los varones, en obvia situación de mayoría. En estas situaciones las mujeres se ven definidas por su estatus principal, el ser mujer, y por la asignación de estereotipos en virtud de su pertenencia al grupo de las mujeres. Sus respuestas oscilan desde el aislamiento hasta su supuesta asimilación al mundo de los varones, pasando por una acentuación de la deferencia hacia los mismos. Es decir, al verse atrapadas en su papel tradicional y su nueva actividad laboral en un mundo masculino, al sentirse extrañas, marginales, enfrentadas a un dilema, se encuentran escindidas y adoptan, según los casos, las diversas estrategias que la situación permite.

La actualidad de un concepto: la acción positiva 

El paralelismo entre negros, minorías étnicas y mujeres continúa teniendo una traducción política en nuestros días en las políticas de acción positiva. Al igual que el concepto de minoría fue traído de la India, el de acción positiva remonta igualmente sus antecedentes a la India en forma de medidas contrarias al sistema de castas. Fue aplicado inicialmente a los negros, en menor grado, a las minorías étnicas y se incluyó más tarde a las mujeres. Luego todos los países del ámbito occidental han adoptado estas medidas en mayor o menor grado. Que en España su implantación real sea casi inexistente se debe a la menor incorporación de las mujeres al mundo laboral, así como a la inexistencia de un movimiento feminista fuerte.

El hecho de equiparar sociológicamente a las mujeres con las minorías por razón de su discriminación histórica, y cuyo retraso en la igualdad se pretende compensar con medidas especiales, es lo que las ha convertido en acreedoras de las políticas de acción o discriminación positiva. Se considera que de las actitudes, comportamientos y estructuras fundadas sobre la idea de un reparto tradicional de los papeles entre las mujeres y los hombres se derivan efectos perjudiciales para las mujeres. Las acciones positivas buscan eliminar o compensar estos efectos negativos.

La inclusión de las mujeres en estas políticas supuso que reemergieran las tensiones inherentes a su plena participación en el mercado laboral relacionadas con su papel en la familia. Una noción como el valor del mérito en conexión con las oportunidades en el mundo del trabajo remunerado oculta la forma en la que el género interviene de forma desigual según sea uno u otro sexo: la razón está en que quien decide acerca de la elección o contratación de personas tenderá a mostrar su preferencia por aquellas personas cuyas actitudes, atributos y formas de actuación se asemejan a las de quienes efectúan la selección, varones la mayoría de las veces. Se valoran, en consecuencia, factores que no designan necesariamente a la persona más cualificada, sino a la más afín. Las acciones positivas tenderán precisamente a corregir este defecto.

Otra crítica a las acciones positivas es que en ellas no se contempla a las personas como individuos, sino como instrumentos de políticas sociales. Pero, por lo común, se percibe el atributo de género en el caso de las mujeres en mucha mayor medida que en el de los varones. Los hombres blancos son percibidos como libres de género y raza, de forma que no se concibe que su estatus de grupo pueda influenciar ningún resultado. Esta visión ignora las disparidades en el poder de los diferentes grupos, divergencias que hacer aparecer la distribución de recompensas como ostensiblemente neutras y no ligadas a la raza y al género, excepto cuando los sectores o colectivos más desfavorecidos se hallan implicados. Desde esta postura favorable a estas medidas se considera que la superación de tal injusticia deberá ser hecha también desde una óptica de grupos.

Al trasfondo de una discriminación por razón de sexo se suma la política contemporánea del Estado del Bienestar redistribucionista, que alienta la competición entre los diferentes grupos por un conjunto de recursos escasos. Sería necesario moverse desde la lógica de las políticas redistributivas a la ética de la solidaridad con los que son diferentes. Habría que cuestionar la lógica de lo que constituye “nosotros” y “ellos”, si somos miembros de un grupo favorecido y fomentar, con independencia de nuestra posición particular, una amplia política de alianzas que sea capaz de evitar el faccionalismo y la fragmentación. Son las relaciones de desigualdad las que nos hacen diferentes, en el pleno sentido social de la palabra diferente. Volviendo a la posición de las mujeres consideradas como una minoría, nos hallamos ante el proceso de abandono de los márgenes de las preocupaciones de la ciencias sociales, que ahora sitúan a las mujeres en su mismo centro de atención. Falta ahora, que en la vida cotidiana se logren objetivos parecidos.


miércoles, 6 de febrero de 2013

Sociología de la Diversidad – Resúmenes Parte 48


En la asignatura de Sociología de la Diversidad del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, el compañero Víctor Riesgo Gómez y yo, realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria. Como libro de referencia: Sociodiversidad y sexualidad (José Antonio Nieto Piñeroba) Derechos reservados, sus autores.

Tomás Javier Prieto González:
Tema 1 Planteamiento de la sociología de la diversidad // Tema 2 Acción desviada, conducta desviada y alteridad // Tema 3 El finiquito de la desviación y de la conducta desviada // Tema 4 De la desviación y de la diversidad // Tema 6 Sociología de la diversidad //  Tema 7 Antropología de la sexualidad y discursividad // Tema 8 Los guiones sociales. El individuo, el cuerpo y el transgénero // Tema 9 Notas sueltas sobre sexualidad en la disctadura, transición y democracia española // Tema 10 Despsiquiatrizar el transgénero Tema11 El transgénero en las sociedades polinesias

Víctor Riesgo Gómez:
Tema 5 Razones que justifican la diversidad en sociología

 De la enfermedad del sujeto a la enfermedad de la sociedad como fenómeno trans/disciplinar sociopsiquiátrico


La Escuela de Chicago inicia, en los 30 una línea de pensamiento progresivamente irredento. Sutherland acuña la expresión differential association (socialización diferenciada) mediante la cual, distanciándose de la instrumentación e instucionalización del control social que corrientes sociológicas más conservadoras propugnaban, insiste en que la desviación de las conductas delictivas no es consecuencia de la herencia biológica. El aprendizaje social surge en superficie por medio de actitudes, motivaciones, técnicas y racionalizaciones que difieren en duración, frecuencia, intensidad y prioridad. Permite que lo que hasta ese momento se contemplaba como desorganización social se contemple desde entonces como diferenciación social. La propuesta de Wirth implica por un lado, una sociología que se distancia, hasta renunciar, del perfil fisionómico del criminal delincuente, establecido por Lombroso en el SXIX. En su lugar, establece la proposición de una criminalidad/delincuencia que se perfila por medio de rasgos individuales, y en tal sentido psicológicos, que viene asociados a rasgos de clase social y como tales acompañados de sociedad y de cultura. La propuesta aboga por una psiquiatría social lejos de su aislamiento clínico y desvinculación con la sociedad. With la designa como sociología clínica. El quebranto de la “relación de pareja” interdisciplinar se sustancia sobre la base de que para Lemert la subcultura, tan cara para Blumer y el interaccionismo simbólico, constituye un concepto fundamental del que el pensamiento sociológico no puede desprenderse. Para Blumer el interaccionismo simbólico “es fruto del proceso de interacción entre los individuos”. Esa interacción procesual es lo que diferencia, según Lemert a las clases sociales. Los ricos pertenecen a clubs; los pobres son miembros de la subcultura.

Lemert manifiesta a través de Blumer, cómo una sociedad enferma incide y daña al individuo, sin necesidad de que este esté previamente afectado por un trastorno de personalidad. Lo diferente emerge de un proceso social que dicta normas y promulga leyes. Aquellos que violan el dictado de las normas son los desviados, en tanto que la violación de las leyes es el resultado de la acción de los delincuentes. Si se excluyeran en los manuales de conducta desviada, como síntoma de patologización, la obesidad, la fealdad y las relaciones extramatrimoniales, pocos serían los que escaparían al etiquetado de psicópatas.

Becker crea el concepto de moral entrepreneur (empresario moral) y afirma que la lógica que prevalece en las agencias de control se asemeja a las teorías puritanas sobre la predestinación, la reprobación y la naturaleza del pecado y a preguntar a los sociólogos por quién tomaban partido.

Evolución de la transdiscursividad sociopsiquiátrica del transgénero

Sutherland, Wirth, Lemert y Becker muestran las propiedades de la transdiscursividad sociológica. Los discursos de la psiquiatría se han caracterizado por su contingencia. Las relaciones de intradiscursividad, tanto las psiquiátricas como las sociológicas, lo que Foucault contemplaba como espistemología, trascienden el discurso que las genera y crean dependencias fuera del contorno de los discursos que las contienen. Foucault propone como genealogía y, por otro, relaciones que conjugan condicionamientos políticos, económicos e históricos que se encuadran en los rasgos culturales de una sociedad dada y que en presentación foucaultiana aparece como dinastía del saber. Psiquiatría y sociología muestran corrientes intradiscursivas y extradiscursivas diversas que difícilmente puedan sintetizarse en una unidad disciplinar de pensamiento. La interdiscursividad, las relaciones entre el discurso psiquiátrico y el discurso sociológico, la arqueología del saber foucaltiana, en su contingencia ha mostrado posicionamientos cambiantes que acercaban discursos en ocasiones y los distanciaba en otras. Una proliferación de discursos que sirvió a Foucault para negar la hipótesis represiva de la sexualidad. La proliferación de discursos referidos al género no niega la hipótesis represiva de la psiquiatriozación del transgénero. Goffman, desde la sociología, en 1961, aporta un apellido al término desviación: core (medular, nuclear). Para Goffman hay una core desviation (una desviación medular/nuclear). Que la diferencia de la desviación primaria y decundaria de Lemert. Recuérdese que la desviación primaria se caracteriza por su transitoriedad y por no afectar la psicología del sujeto social, su personalidad. La desviación secundaria, sin embargo, es de mayor extensión en el tiempo y, asimismo, provoca una respuesta en la sociedad. La desviación (nuclear) goffmaniana está más enraizada en el tiempo que la desviación primaria y secundaria de Lemert. En Goffman más que en Lemert, una vez que se abandona la normalidad, el sujeto avanza por un sendero en el que se progresa, con cada paso que se da, hacia un estatus más y más devaluado.

La clasificación de enfermedad mental que Goffman viene marcada por un itinerario extenso, pero delimitado para que el enfermo mental transcurra como prepaciente, paciente y post-paciente. Goffman lo explica como si de una “carrera moral” se tratara. Que en el caso de que la proporción de Goffman hubiera incidido en el transgénero, se infiere que las personas trans hubieran sido etiquetadas como pretransexuales, transexuales y postransexuales o predisfóricos de géneros, históricos de género y posdisfóricos de género. La identidad pertenece al sujeto pero éste no tiene el poder social para marcar e imponer un rótulo positivo a su presentación identitaria. Igual sucede con roles y conductas. El poder de rotular, de etiquetarse no es suyo.

Benjamín, endocrinólogo, padre fundador de la transexualidad en 1966, publica The Transsexual Phenomenon. Daniel C. Brown, se refiere al transexualismo como la inversión del rol sexual de los sujetos que esperaban ser sometidos a dirigía para corregir sus erróneos genitales.

En el año 1967, los escritos se enmarcan, con Laing, en la psiquiatría y, con Garfinkel, en la sociología. La antipsiquiatría, a través de Laing, ataca despiadadamente los postulados de la psiquiatría convencional. Laing, la antipsiquiatría, plantea y cuestiona principios del saber psiquiátrico institucionalizado, con el fin de desacreditarlos. Para Laing, la enfermedad mental surge en sociedad como excrecencia de la voracidad del sistema capitalista y de su represión de las conductas de los individuos. Laing, a mi juicio, en su radicalización, a cambio de desmitologizar la psiquiatría, desmitifica indiscriminadamente la clasificación psiquiátrica de la enfermedad mental. La relación de maridaje entre la sociología y la psiquiatría propuesta por Wirth, quebrantada, en forma de desvinculación afectiva disciplinar, por Lemert, logra con Laing la separación de bienes ante notario.

El cuestionamiento de los procedimientos terapéuticos correctores de la psiquiatría facilita el cuestionamiento del concepto sociológico de desviación. La antipsiquiatría fue para la psiquiatría, más o menos, lo que la etnometodología fue para la sociología. Garfunkel replicaba afirmando que la sociología no herética esto es, la ortodoxa trataba a los sujetos sociales como “idiotas culturales”. Garfunkel se reafirma e insiste en que la etnometodología no tiene delante de sí una “idiota cultural”. La visión de Garfunkel de la transexualidad supone un cambio sociológico paradigmático, pues que transforma lo normativo en interpretativo. Para Foucault, la heterotopía es el rasgo fundamental de la realidad social. Fiel al principio heterotópico que sustenta, flagela y fustiga cuanto puede todo aquello que se represente en forma de unidad, de modo unitario, como pretende la corriente de pensamiento humanista.

Aunque Foucault no estudio la transexualidad per se, sí trabaja sobre la intersexualidad de Herculine Barbin es una hermafrodita del siglo XIX “sufre en su cuerpo y mente todas las estrecheces y crueldad de una sociedad represiva, de una moral católica rígida y de una pretendida “ciencia” desabrida que ignora las inquietudes simplemente humanas de las personas”.

La lectura moral y política de la mirada psiquiátrica ha sido cuestionada, de modo directo, por una sociología crítica con los postulados del control social. Sirvan de recordatorio algunos ejemplos. Rosenhan: “caso Rosenhan” varias personas simularon una enfermedad mental para ser ingresadas en un centro psiquiátrico, con el fin de hacer un seguimiento en proximidad de la relación terapéutica entre psiquiatras y enfermos mentales. Después de un tiempo de internamiento y comportamiento normal, alegaron que las voces internas que escuchaban habían sido ficticias. Pero tuvieron problemas para ser dadas de alta, puesto que no lograban convencer al staff responsable de que habían sido objeto de un diagnóstico equivocado. Edgerton contrapone el “caso Rosenhan” y relata que un anciano Hebei, sin causar daño a su comunidad, se colgaba de un árbol boca abajo y manifestaba que tenía un pollo en la cabeza sin sufrir por ello menoscabo, censura u represión alguna en su persona. Era reconocida por los Hebei como psicópata. Stewart relata la conducta de un santo de la secta sufi chistiya, Baba Farid, que “rezaba colgado de los pies durante 40 días”.

Cheslet es su distanciamiento de las aplicaciones terapéuticas al uso de la psiquiatría, indica que los centros psiquiátricos de la segunda mitad del SXX eran lo más parecido, en términos de aislamiento y marginación, a las reservas de indios americanos. Con Pearson, el divorcio entre sociología y psiquiatría se evidencia en 1975, al considerar que los trastornos mentales son desviaciones creativas. Kessler y MacKenna, el alejamiento del modelo médico del transgénero se fundamenta en la construcción social del género. Que la psiquiatría ignora. Kessler refiriéndose a la intersexualidad, muestra cómo ese mismo modelo daña al intersexual; reproduce, refuerza y perpetúa las creencias culturales del género –los genitales culturales. Raymond cuestiona los planteamientos de la psiquiatría. Señala que la psiquiatría no ha acuñado expresiones como insatisfacción negra, incomodidad negra o disforia negra. ¿Por qué entonces disforia de género? Sedwick prefiere referirse a la psiquiatría como política de mente. Des de la teoría razonada Ekins afirma que los encuentros psiquiatra-pacientes constituyen una forma excluyente de recogida de datos que, en su unicidad, no recogen experiencias de trabajo, familia, entornos asociativos y médicos. No establecen criterios de comparación constante y, además, explora y muestra las construcción dinámica del varón feminizante que le sirve para cuestionar las carencias del modelo médico de transgénero.
El divorcio entre la sociología y la psiquiatría señalado por Pearson necesita ser matizado. Por lo siguiente:

1.    El control social propio de la sociología que clasifica las conductas humanas en desviadas con respecto a normas y no desviadas, es decir, centradas en relación a las mismas normas y, por otra, idiotiza culturalmente a los sujetos sociales.
2.    Si a mayor abundamiento, las acciones de los actores sociales inciden políticamente en sociedad y las conductas “perversas” de los sujetos con trastornos mentales, las llamadas  por Pearson desviaciones creativas que cuestionan las normas institucionales son reprimidas por la psiquiatría, consecuentemente, se puede concluir en forma de corolario.
3.    Que tal planteamiento, en lugar de explicar el divorcio entre la sociología y la psiquiatría, como afirma Pearson, contribuiría a los que pudiera denominarse “hermanamiento teórico represivo” entre el control social de la sociología (psiquiátrica) de la desviación y el control psiquiátrico de la identidad de género, propiciado por la psiquiatría de los DSM.

El divorcio entre sociología y psiquiatría se produce, a mi juicio, por medio del fallecimiento epistemológico de la sociología de la desviación, para en su lugar procurar el nacimiento y configuración de una sociología de la diversidad.

Porque una sociología de la diversidad preocupada por la conculcación de los derechos de ciudadanía no concibe la perpetuación del estigma que supone para las personas trans el hecho de seguir etiquetando y diagnosticando su identidad como trastorno mental. Actualmente informes y debates barajan múltiples alternativas, pero no parece que se planteen la eliminación de la disforia de género. Durkheim, al finalizar el SXIX, afirmaba que la desviación es el precio a pagar por el cambio social. Ahora, resultaría más atinado afirmar que el cambio social exige la transformación de la desviación en diversidad y las identidades y conductas desviadas en derecho.

El informe de Cohen-Ketenis y Pfäfflin propone que el concepto de trastorno de identidad de género debe cambiarse en el DSM-V porque el eje central de la disforia de género, la angustia o el malestar, no se manifiesta en las personas trans  que prescinden de la clínica. Muestran su disconformidad con los profesionales de la salud mental que defienden que la angustia, aunque haya personas trans  que viven su identidad sin ella, es inherente al concepto. Cohen-Ketenis y Pfäfflin sostienen que el concepto de trastorno no debería aplicarse a las personas con variantes de género que no experimentan malestar en sus vidas. “Corazón del problema”: la disconformidad de las personas trans  con los rasgos físicos de su sexo y/o el género asignado. En diciembre de 1973 la homosexualidad deja de ser tratada como trastorno mental. No obstante, su psicopatologización no fue eliminada. Hasta la publicación del DSM-III en 1980, la homosexualidad se diagnosticaba como Sexual Orientation Disturbance (Perturbación de la orientación sexual): se incluye la homosexualidad egodistónica, aplicable al homosexual que se encuentra a disgusto con su orientación sexual. En 1987 el DSM-III-R es el momento en que la egodistonia homosexual desaparece y de despatologiza la homosexualidad de los DSM.

Cohen-Ketenis y Pfäfflin, las recomendaciones que proponen para tratar al trastorno de identidad de género en el próximo DSM. Con el fin de no estigmatizar, consideran que la expresión “disforia de género” es la apropiada para su inclusión en el DSM venidero. Otros profesionales prefieren el uso de expresiones más neutras, como “incongruencia de género”, “disonancia de género”, “incomodidad de género” o “discordancia de género”.

Se proponen transformar “trastorno de la identidad de género” por la de “variantes de la identidad de género”; la no obligatoriedad de la dirigía de reasignación de sexo. Meyer-Bahlburg se decante por la imposibilidad de interpretar el transgénero con fundamentos que se sustenten en la ciencia. Se necesita un consenso entre la ciencia y el servicio que se preste a las personas trans.

Eliminando la faz de los enfermos/trastornados y transformando y descomponiendo sus cuerpos, para que en su descorporización los sujetos resulten innominados. Se pretende resaltar que los DSM emiten y difunden juicios psiquiátricamente clínicos que ocultan veredictos morales y políticos, que sirven injustificadamente para fundamentar la psiquiatrización transgenérica.

En los DSM, el caso del transgénero, se trata, sin evidencia que los justifique, como enfermedad mental. Los DSM emiten un discurso totalizador excluyente de otras culturas del saber, elimina la posibilidad de definición del transgénero, los sujetos sociales trans cognoscentes. Los DSM se instituyen en cetro referncial e insoslayable trans y, en su hacer, de manera envolvente y circular, transforman el pretexto en causa. En su psiquiatrización de la identidad transgenérica, los manuales de diagnóstico y estadísticos no logran neutralizar a las personas trans que demandan ser despsiquiatrizadas.

Si el cuerpo es el lucus de identidad que mediante acciones concretas expresan las personas trans no operadas y que no quieren someterse a la cirugía de reasignación genital, el cuerpo rompe la dicotomía identitaria al uso. Tdos estos torcimientos, mezclas y enturbiamientos de género se explicitan en la demostración de un género subversivo que quiere romper el sistema binario de género y en su ruptura desdualizar la dicotomía imperante. Los DSM, de mirada psiquiátrica, observan la enfermedad mental pero en su observación pierden voluntariamente la perspectiva global que pretenden abarcar, porque reconvierten a los sujetos trans e intersexos en personas elusivas, sin matices ni perfiles diferenciadores. Los DSM integran las conductas de los actores sociales trans bajo el rótulo psiquiátrico de trastorno mental, en equivalencia a los idiotas culturales de los teóricos de la sociología del control social.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Sociología de la Diversidad – Resúmenes Parte 8


En la asignatura de Sociología de la Diversidad del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, yo y Víctor Riesgo Gómez realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria. Como libro de referencia: Sociodiversidad y sexualidad (José Antonio Nieto Piñeroba) Derechos reservados, sus autores.

Tema 1 Planteamiento de la sociología de la diversidad – Tomás Javier Prieto González // Tema 2 Acción desviada, conducta desviada y alteridad - Tomás Javier Prieto González // Tema 3 El finiquito de la desviación y de la conducta desviada – Tomás Javier Prieto González// Tema 4 De la desviación y de la diversidad – Tomás Javier Prieto González// Tema 5 Razones que justifican la diversidad en sociología – Víctor Riesgo Gómez // Tema 6 Sociología de la diversidad – Tomás Javier Prieto González //  Tema 7 Antropología de la sexualidad y discursividad – Tomás Javier Prieto González // Tema 8 Los guiones sociales. El individuo, el cuerpo y el transgénero – Tomás Javier Prieto González // Tema 9 Notas sueltas sobre sexualidad en la disctadura, transición y democracia española – Tomás Javier Prieto González // Tema 10 Despsiquiatrizar el transgénero – Tomás Javier Prieto González // Tema11 El transgénero en las sociedades polinesias – Tomás Javier Prieto González

El estigma

De todas las conductas desviadas, relacionadas o no con la sexualidad se infiere que alguna de ellas, se dispone de una mayor información y, por tanto, más conocimiento. En tanto que otras, al ser silenciadas por los estudios, se desconoce todo o a penas de se sabe de ellas. Las conductas desviadas tienen poco en común, en ellas se encuentran más diferencias que similitudes. Acaso el denominador común de todos los desviados sea el estigma (Goffman). Pero la significación del estigma tiene que ser relativizada y valorada por sus características contextuales relacionales. 

Se descubriría que para la sociedad mongo de la República Democrática del Congo, la ausencia de pestañas y cejas se valora, que los dientes ennegrecidos son otro plus de atractivo  para los yapeses de las islas Carolinas de Micronesia y que los pechos flácidos y caídos atraen a los hombres de la sociedad ganda de Uganda. Desde Malinowski la antropología de la sexualidad dispone de evidencias sociales que detallan en qué consiste el atractivo físico en diferentes sociedades, por ejemplo la sociedad tiv en Nigeria se recrean la visión de pantorrilas gruesas, en la de ila de Zambia los ombligos muy marcados y salientes, los masai de Kenia se apasionan con lenguas y encías negras y los kwakiutl de la Columbia Británica de Canadá se encandilaban con las cabezas comprimidas “aplastadas”. Los pies reducidos de las chinas; la fuerza e intensidad de la mirada cruzada de los bizcos de la cultura maya y la motivación sexual, por la atracción que ejercían a los hombres, de las gigantes nalgas de las mujeres de a sociedad hotentote/khoisan.

Se puede afirmar que el concepto de belleza tiene que ser relativizado. No existen criterios universales, que estén programados biológicamente y que garanticen el éxito reproductor del atractivo físico, como asegura Buss. La salud, la juventud, la jovialidad y algún otro componente muy genérico de las personas pueden considerarse criterios universales de atractivo físico, pero de esta consideración a extrapolar que existe una definición universal de belleza hay una largo camino por recorrer. Significa la inexistencia de criterios universales que relacionen el estigmata (lo estigmatizado) con el estigma. Para que el estigma esté presente en una sociedad tiene que producirse un vínculo negativo entre el atributo o atributos que define/n el estigmata y el contexto social que lo genera.

El estigma no puede ser interpretado por los rasgos que a modo de signos de identificación, en aislamiento del sujeto, lo definen. Llámese rasgos, signos o atributos, su fuerza interpretativa reside en la lectura que otros sujetos sociales hacen de ellos. Se caracterizan por el lenguaje relacional y de asignación denominativa, alimentada de prejuicios, que generan en otros, éstos aisladamente interpretados, no son nada o, de ser algo, son un vacío conceptual. Están exentos de proyección, requieren de la percepción y simbolización social que se haga de ellos. Por la lectura social negativa que se otorga a los rasgos del estigmatizado que, se confiere el estigma la condición de atributo individual dominante. El estigma funciona socialmente como un master status. El estigma como el sexo, el color de la piel, la ocupación o la orientación sexual, al ser percibidos y clasificados por otros como rasgos individuales dominantes, logra imponerse como estatus superior. Así el estigma se apodera del sujeto y con ello, logra su anulación social.

Según Goffman, el sujeto estigmatizado no encuentra diferencia alguna con relación a cualquier otro ser humano. Para sí mismo no es un diferente. Pero, el mismo sujeto y aquellos sujetos que se sitúan en su entorno lo definen como un ser aparte, marginal. La contradicción deber ser imputable también a los sujetos que contribuyen a la formación del estigma del sujeto estigmatizado. Este trata de evadirse, esforzándose por salir y distanciarse del estigma, rompiendo el dilema que atenaza su vida. Goffman sentencia que la manera de salir del estigma es mediante códigos que, por un lado desvelan su condición y, por otro, la ocultan. Goffman no concede a los entornos la importancia que concede a los momentos.

Según Goffman, los entornos están subordinados a los momentos. Los segundos tiene más relevancia que los primeros. Son los momento los que explican los fenómenos sociales, se caracterizan por la interacción ritual de los encuentros o las conductas face to face, que un sujeto social reclama para sí mismo, y además, está relacionado con los patrones y actitudes, verbales y no verbales que otros asumen que ha mostrado en sus encuentros particulares; los encuentros rituales se acomodan a las fuerzas sociales, no a las leyes naturales y se apoyan (los encuentros) en la simbología de las representaciones colectivas durkheimianas. Las conductas interactivas frente a frente se deben más que a la confianza social de los débiles, al producto de acciones cuasifraudulentas impuestas por los poderosos. De acuerdo con Sumner, la interpretación de los condicionantes de la interacción ritual se realiza desde un posicionamiento acrítico con el poder.

El estigmatizado, según Goffman, sea un sujeto como cualquier otro ser humano puede ser interpretado, en su ambivalencia, como una reducción de la humanidad a la unidad o como una amplificación del estigma al universal humano. Que la estigmatización, según el estigma que se contemple, tiene respuestas sociales diferentes, con niveles o gradientes para el estigmatizado que difieren en función de los que representa en sociedad la intensidad del prejuicio y la discriminación que los genera, es una evidencia constatable. Los diferentes niveles del estigma se pueden instrumentar tanto en la intensidad que marque la lectura social que se haga de la singularidad y de los rasgos que definen y diferencian a todos y cada uno de ellos, como en función de la diferenciación en cuanto a género que se realice socialmente de la estigmación.

Preves cuestiona a Goffman en lo que se refiere al impacto de a estigmación que tiene de sí mismo el sujeto estigmatizado:

·      Según Goffman una vez que este sujeto ha profundizado internamente el estigma, no necesita de otros para perpetuarlo. La internalización, en estas circunstancias, es tan intensa que daña irreparablemente el autoconcepto, su autopercepción positiva mutua para transformarse en autopercepción negativa. El sujeto se odia así mismo, su identidad queda deteriorada o destruida. Una vez arruinada su identidad, la normalización de sujeto estigmatizado es imposible, a lo más que puede aspirar es a rebajar la intensidad de sufrimiento que el estigma le ocasiona, ya que no se puede liberar del mismo.
·      Según Preves, la permanencia enquistada del estigma, que al estar siempre presente en el sujeto, lo perpetúa no se puede aplicar a todo tipo de estigmatización y en concreto a los intersexos. El estigma y sus consecuencias, el secreto, la vergüenza, e sufrimiento y la baja autoestima se puede superar por el sujeto mediante la reivindicación de sus rasgos identitarios. El sujeto en lugar de aislarse, puede adoptar medidas de mayor exposición y visibilidad social, en lugar de recluirse, reclamar una mayor autonomía, mostrar una mayor activismo político en pos de unos derechos que se le niegan: la mayor actividad y presencia social del estigmatizado se corresponde a una menor estigmatización, y que se consigue según Preves recorriendo un itinerario social que tiene cinco niveles:

1.    El sujeto tiene que ser conciente y reconocer su inconformidad y rechazo al estigma.
2.    Debe aceptar su diferencia; asumir el reconocimiento de ser diferente con respecto a los “normales”.
3.    Tiene que buscar la relación y el encuentro con otros sujetos diferentes de sus mismas características, con los que compartirá y socializará espacios, situaciones y tiempos.
4.    Debe de estar orgulloso, no avergonzarse de su identidad “periférica”.
5.    Tiene que hacer todo lo posible para integrar su identidad en el contexto social en que vive.

Cinco niveles que permiten que la igualdad social y la diferencia individual no sean incompatibles, que la intersexualidad, en lugar de situarse en los márgenes de la sociedad, sea una identidad indiscriminada.

Preves, marca un recorrido social que podríamos llamar “itinerario de liberación del estigma”. Plummer establece un recorrido para el estigmatizado que le permita adaptarse a la situación personal de la mejor forma posible, al que llamó “itinerario de adaptación al estigma”.

En la negación, el estigmatizado no solo asume el estigma, sino que además lo rechaza. Se “desentiende” del mismo, salta del ámbito privado al ámbito público. En la neutralización el estigmatizado, además de exponer su cuerpo al exterior, expone su conducta, pero no acepta la lectura social que se hace de la misma. Pare el estigmatizado su proceder conductual tiene un significado diferente al que la sociedad registra. Lo desestigmatiza, practicando la política de “la mejor defensa es un buen ataque”. En la adaptación, según Plummer, es cuando el estigmatizado logra reorganizar su identidad. Pero solo si las conductas des estigmatizado han sido previamente codificadas y los símbolos que las definen identificados y reconocidos es cuando su identidad, además de aceptada y asumida, queda cristalizada. El estigmatizado practica, así, la política de “tierra quemada”.

Plummer, al referirse a la conveniencia de exponer públicamente las narrativas sexuales personales, ilustra, cómo los elementos comunes que las definen se pueden centrar en tres estadios

1.    El sufrimiento: estadio que se concentra la tensión de la narrativa, según Nieto, con la negación del estigma.
2.    La epifanía: es el momento en que debido a la crisis personal el estigmatizado decide que hay que abandonar la pasividad y romper el silencio, “hacer algo”.
3.    La transformación: la estrategia de adaptación al estigma.

En la práctica no suelen presentarse de manera que etapas y estrategias puedan diferenciarse nítidamente unas de otras. La realidad muestra que los dos itinerarios transcurren con ambigüedad, pudiendo coincidir una etapa o estrategia con la que la antecede o la sigue, superponiéndose.

Con independencia que cómo transcurran los itinerarios para el sujeto estigmatizado, es condición necesaria e indispensable que exista una legislación favorecedora que dicte normativas de reconocimiento de los derechos de los sujetos diferentes. La normativa legal desestigmatizadora debe proceder al proceso social desestigmatizador.

jueves, 2 de agosto de 2012

Teoría Sociológica II: Moderna Resúmenes parte 33



En la asignatura de Teoría Sociológica II: Moderna del segundo cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED, algun@s compañer@s realizamos un trabajo coral; resúmenes del libroTeoría sociológica moderna de George Ritzer, bibliografía básica de esta asignatura. Quiero agradecer el esfuerzo, compromiso y dedicación desplegado por tod@s. Derechos reservados, sus autores.

Tema 1 Un esbozo histórico de la teoría sociológica: Los años posteriores– Tomás Javier Prieto González // Tema 2 T. Parsons- Ruth Cardedal Fernández // Tema 3 Funcionalismo Estructural, Neofuncionalismo y Teoría del Conflicto- Carolina Judith Rabazo Pérez // Tema 4 Variedades de la Teoría Marxiana– Carlos Catalán Serrano // Tema 5 Teoría de sistemas– Víctor Riesgo Gómez // Tema 6 Interaccionismo Simbólico – Isabel Bermúdez Pérez // Tema 7 Etnometodología- María de los Ángeles de Diego Miravet // Tema 8 Teorías del Intercambio, de Redes y de la Elección Racional - Yolanda Diez Suárez



El self y la obra de Erving Goffman
Self: centro del esquema intelectual de los interaccionistas.

Cooley = ‘self especular’ = imagen de cómo aparece el self de una persona en una mente particular. Tipo de autosentimiento que uno tiene de su self y que está determinado por la actitud hacia ese atributo en la otra mente. Con la imaginación percibimos una idea de cómo es nuestra apariencia, actos, amigos, carácter etc en otra mente y de cómo influyen esos elementos. 3 elementos:

  • Imaginamos cómo aparecemos ante los demás
  • Imaginamos qué opinan ellos de nosotros
  • Desarrollamos un sentimiento de nuestro self (orgullo o mortificación como consecuencia de lo que imaginamos que los otros opinan de nosotros


Blumer = self = un ser humano puede ser objeto de su propia acción y guiar sus acciones hacia otros sobre la base del tipo de objeto que es para sí mismo. Ayuda a los seres humanos a actuar. Primero proceso de comunicación consigo mismo en el que interpreta los significados dependiendo de la situación en la que se encuentra y la dirección de su acción.

Erving Goffman
Goffman: obra más importante sobre el self ‘La presentación de la persona en la vida cotidiana’. Discrepancia fundamental entre nuestros selfs demasiado humanos y nuestros self socializados: tensión entre lo que las personas esperan que hagamos y lo que queremos hacer espontáneamente. Se centró en la dramaturgia: la vida social = serie de actuaciones dramáticas que se asemejan a las representadas en el escenario.

Self no es posesión del actor sino producto de la interacción dramática entre el actor y la audiencia. Constituye un producto de la interacción dramática por lo que es vulnerable a su destrucción durante la representación. La dramaturgia se centra en los procesos que evitan estas destrucciones.

En situaciones normales los actores cuentan con un self firme y estable que ‘parece’ manar del actor. Cuando los individuos interactúan desean presentar una determinada concepción del self que sea aceptada por los demás, que no sea perturbada. Por ello sienten la necesidad de controlar a la audiencia para que no destruya su representación y reacciones respecto a sus deseos. ‘Arte de manejar las impresiones’ = técnicas utilizadas por los actores para mantener ciertas impresiones ante los probables problemas que surjan y los métodos que usan para solventar estos problemas.

En su analogía teatral, Goffman habla de la fachada: parte del escenario que funciona de modo general y prefijada. En ella se incluye:

  • el medio: escenario físico que rodea a los actores para su actuación; ej. Quirófano del cirujano
  • y la fachada personal: partes escénicas de la dotación expresiva que la audiencia identifica con los actores. Ej. Bata verde cirujano.
  • apariencia: estímulos que funcionan en el momento de informarnos acerca del estatus social del actor. Ej. Bata cirujano
  • modales: estímulos que funcioann en el momento de advertirnos acerca del rol de interacción que el actuante esperará desempeñar en la situación que se avecina.

Las personas generalmente quieren presentar una imagen idealizada de sí mismas en sus representaciones por lo que creen que deben ocultar cosas en sus actuaciones como placeres secretos (ej. beber alcohol), errores (ej.equivocación camino taxista), procesos de producción, el ‘trabajo sucio’ que realizan para producir resultados finales, otros criterios de actuación, insultos, humillaciones, pactos, etc.

Otro aspecto de la dramaturgia: intención frecuente de parecer más cercanos a la audiencia, para obtener más interacción e implicación de las partes.

Utilización técnica de mistificación, limitando el contacto entre ellos y su audiencia para infundir respecto en la audiencia.

Interés de Goffman por los equipos: unidad básica de análisis: conjunto de individuos que cooperan en la representación de una rutina.

Trasfondo escénico: suelen aparecer los hechos o varios tipos de acciones informales ocultos en la fachada. Los actores confían en que ningún miembro de la audiencia aparezca en el trasfondo escénico. Para ello, manipulan las impresiones.

Otra región es la exterior.

Ninguna región es la misma en todo momento y una determinada región puede ser cualquiera de las tres regiones en momentos diferentes.

Manipulación de las impresiones: se orienta a impedir una serie de acciones inesperadas como gestos espontáneos, intrusiiones inoportunas o pasos en falso, así como acciones deliberadas como ‘hacer una escena’ o ‘montar un numerito’. Goffman estudió métodos para solventar estos problemas:

  • Algunos implican acciones cuyo objetivo es producir lealtad dramatúrgica fomentando, por ejemplo, gran lealtad grupal, impidiendo que los miembors del equipo se identifiquen con la audiencia o cambiando a las audiencias periódicamente para que no conozcan en demasía a los actores.
  • Varias formas de disciplina dramática como ser siempre conscientes de la actuación, mantener el autocontrol o manejar expresiones faciales y corporales.
  • Varios tipos de circunspección dramática: anticipar el resultado de la actuación, planear las emergencias, elegir buenas audiencias, actuaciones breves, etc.
  • Las audiencias también suelen actuar para salvar la representación con mecanismos como la atención, pasar por alto descuidos, etc.

Manning: ‘tesis de los dos self’: personas con un self para actuar y un self cínico oculto.

Distancia de rol: grado en el que los individuos se separan de los roles que representan. Constituye una función del estatus social de una persona.

Estigma: Goffman diferencia entre lo que una persona debería ser ( su ‘identidad social virtual’) y lo que realmente es (su ‘identidad social real’). El que experimenta un abismo entre estas dos identidades está estigmatizado. Interacción dramática entre personas estigmatizadas y normales depende del tipo de estigma: en el estigma desacreditado el actor acepta que las diferencias son evidentes para audiencia (ej. Persona con movilidad reducida) y en el estigma desacreditable las diferencias no son reconocibles (ej. Problemas de drogadicción en el pasado). En el primer caso el problema dramático básico es manejar la tensión mientras que en el segundo es manejar la información para que el problema siga siendo desconocido.

Presupuestos básicos: cuatro principios de la interacción que constriñen la interacción cara a cara:

1.     Los que interactúan deben mostrar ‘decoro situacional’, hacer lo que se considera adecuado en cada situación
2.     Las personas deben mostrar un grado apropiado de implicación en una situación social determinada.
3.     También deben mostrar grados apropiados de ‘desatención cortés’ cuando interactúan con desconocidos.
4.     Los que interactúan deben ser accesibles a los demás.
En la base de estos cuatro supuestos esta el supuesto más fundamental = ‘condición de felicidad’: todo arreglo que nos conduce a juzgar que los actos verbales de un individuo no son una manifestación de su condición de desconocido.

Erving Goffman
Análisis estructural:  Goffman etudió las pequeñas estructuras de la vida social . Seguía pensando que las personas definen las situaciones normalmente pero normalmente no crean las definiciones: ‘La definición de las situaciones como reales tiene sus consecuencias, pero éstas influyen muy marginalmente sobre los eventos que se suceden’. La acción se define más por adeherencia mecánica a las norm y reas que mediante un proceso activo, creativo y negociador.
Goffman fue más allá de las situaciones cotidianas en busca de las estructuras que manejan de manera invisible, esquemas de interpretación que permiten al individuo etiquetar ocurrencias en su espacio vital y el mundo en general. Al dar significado a estos eventos, la estructura se pone en marcha para organizar la experiencia y guiar la acción, individual o colectiva.
Armazones: principios de organización que definen nuestras experiencias. Supuestos sobre lo que estamos viendo en el mundo social. Están formado por una serie de componentes esenciales coherentes y completos con una disposición definida y relaciones estables. Es un concepto que se aproxima mucho al de estructura. Gonos: son principalmente reglas o leyes que determinan la interacción.
En su obra ‘Análisis estructural’ Goffman se aleja de la perspectiva cínica y la dramaturgia núcleo de ‘La presentación de la persona en la vida cotidiana’.
Goffman vio constricciones externas de la conducta social a los individuos, pero esta constricción no descarta la posibilidad de variación individual ni el uso posible de esas reglas por los individuos. Para él, las reglas pueden ser a la vez constricciones y recursos que podemos utilizar en la interacción social.

Reseña biográfica de Goffman

Figura de culto de la teoría sociológica. Profesor del Departamento de Sociología de la Universidad de California y catedrático de la Univ. Pennsylvania, perteneciente a la Ivy League. Murió en 1982, mismo año que fue elegido presidente de la American Sociological Association, aunque no pudo pronunciar su discurso presidencial.
Nació en 1922 en Canadá. Interaccionista simbólico de la Escuela de Chicago. Collins lo asocia con la antropología social. Perspectiva propia con estas dos fuentes teóricas. Se preocupó por el modo en que la sociedad obliga a las personas a presentar una imagen determinada de sí misma, obligando a cambiar de rol y haciéndonos permanentemente irreales, inconscientes y deshonestos.
Influyó en el interaccionismo simbólico y en la configuración de otra sociología creativa: la etnometodología y el análisis de la conversación.

Grupos y sociedades

El interaccionismo simbólico relega las macroestructuras a un lugar secundario. Los sociólogos tradicionales reducen a los actores a robots sin inteligencia en el nivel societal o grupal mientras que los interaccionistas simbólicos defienden que los actores son personas que definen activamente sus situaciones.
Blumer: la sociedad no se compone de macroestructuras. La esencia social está en los actores y la acción. Pero la sociedad no consiste en una serie de actos aislados, sino en la acción conjunta (o acto social de Mead). Una  acción conjunta no es la suma de todos los actos individuales sino que tiene un carácter propio. No es externa, sino que es creada por los actores y sus acciones. Para Blumer, el estudio de la acción conjunta es el dominio de la sociología. Cada ejemplo de acción conjunta adopta formas diferentes, pero habitualmente adopta formas reiterativas y pautadas que se rigen por sistemas de significados preestablecidos, como la cultura y el orden social.
Así, reconocía la existencia e importancia de las grandes estructuras, al igual que Mead, pero éstas tienen un papel limitado en el interaccionismo simbólico. Son de la vida social: la acción y la interacción. Limitan la acción humana pero no la determinan. Las grandes estructuras son importantes al dar forma en las situaciones en las que los individuos actúan y proporcionan a los actores el conjunto de símbolos establecidos que necesitan para actuar. Pero los actores también pueden introducir alteraciones en los significados.
Blumer: “es el proceso social en la vida grupal lo que crea y mantiene las normas, no las normas las que crean y mantienen la vida grupal”

CRÍTICAS

1. El interaccionismo simbólico ha rechazado en demasía las técnicas científicas convencionales.
2. Críticas a la vaguedad de conceptos esenciales de Mead como la mente, el self, el yo y el mí. Su imprecisión impide generar proposiciones verificables.
3. Da escasa importancia a las grandes estructuras.
4. No es suficientemente microscópico e ignora factores tales como lo inconsciente y las emociones. También ha sido criticado por ignorar factores psicológicos tales como necesidades, motivos, intenciones y aspiraciones.