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martes, 19 de marzo de 2013

Sociología de la diversidad PREC Parte 2


En este tercer año en el Grado de Sociología con la asignatura Sociología de la Diversidad, tras haber superado la asignatura Antropología Social en el primer curso y acompañado por el libro Antropología de la sexualidad y diversidad cultural de José Antonio Nieto Piñeroba, me he encontrado que el tema de la homosexualidad ha sido una constante en las bibliografías básicas de ambos programas académicos, con arreglo al cual, estos contenidos transversales han propiciado mi elección para elaborar este ensayo. He creído adecuado ocuparme en este ejercicio de una aproximación a las diversas perspectivas que abordan la homosexualidad.

Intentaré en esta práctica exponer algunos estudios de la homosexualidad desde diversos campos de investigación académica. En este sucinto acercamiento, podré identificar algunas de las tesis desarrolladas, pudiendo extraer con ello, un reconocimiento de la homosexualidad como objeto de estudio en las ciencias sociales. No como un ejercicio de reducción, sino muy al contrario, intentar observarlo sin filtros, artificios culturales, prejuicios o determinismos en un ambiente tan complejo como son los sistemas sociales. Para ello será preciso localizar y enfocar las restricciones teóricas de esta realidad, como las explicaciones más importantes que fundamentan y justifican la profundización del estudio de la homosexualidad.

Dentro de la sexualidad uno de los objetos de estudio más observado es la homosexualidad, por ello este ensayo viene a sumarse a estos trabajos, obviamente admitiendo las limitaciones consustanciales de un estudiante que emprende el estudio de un objeto de estudio tan poliédrico. A través de la estrategia de reconocer distintos enfoques interpretativos generados por varios expertos, seré capaz de analizar las tensiones como las analogías existentes en todas estas perspectivas.

Campo sociológico

Desde el campo de las ciencias sociales, se ha tratado el tema, por ejemplo, desde la Sociología de la homosexualidad, que ha estado orientada en dos perspectivas de estudio:

1.    La de describir y clasificar la etiologías de la homosexualidad, y la de la utilización de métodos y técnicas cualitativas, que han producido numerosos textos que abordan la sexualidad como una categoría social.
2.    La que se dedica de la problematización de la categoría homosexual y enlaza con las teorías de la desviación, del etiquetado y del construccionismo social.

El posible alcance de la homosexualidad en las sociedades occidentales se dio a conocer por primera vez al publicarse la investigación del biólogo Alfred Kinsey, unos de los pioneros de la investigación sexual humana en Estados Unidos, con su obra El comportamiento sexual en el hombre de 1948. Fue un detallado estudio, con una batería de miles de entrevistas personales, donde llegó a una serie de conclusiones acerca de la homosexualidad. El informe Kinsey describía la homosexualidad como un “continuum desde la heterosexualidad exclusiva, hasta la homosexualidad exclusiva” (Pacquiao, 2000:76).

Mucho más tarde, Kenneth Plummer, en su estudio clásico, discernió en cuatro tipo de homosexualidad dentro de la cultura occidental actual (Giddens, 2006:437):

1.    La homosexualidad ocasional; el encuentro homosexual pasajero.
2.    Las actividades localizadas; practicas homosexuales que ocurren regularmente pero que no se convierten en la preferencia capital del individuo.
3.    La homosexualidad personalizada; la homosexualidad como actividad furtiva, oculta a los amigos.
4.    La homosexualidad como forma de vida; donde las actividades homosexuales forman parte de un estilo de vida específico.

Podemos documentarnos en la extensísima bibliografía existente para localizar los claroscuros y vacíos sobre esta temática, pero se puede ejemplarizar en las siguientes definiciones, que pueden situarnos en la inadecuada adjetivación; hasta 1973, la American Psychriatric Association clasificaba la homosexualidad como un “desorden mental”. En el Diccionario de Sociología de Henry P. Fairchild, nos encontramos con esta definición de homosexualidad: “perversión del deseo sexual que hace a las personas del mismo sexo más atractivas que las del opuesto” (Fairchild, 1944:144).

Existen algunas teorías que enmarcan el asunto que nos trata, pero sin duda, sobresale la teoría Queer (Queer theory), que sostiene que “la mayor parte de la explicación sociológica mantiene una inclinación hacia la heterosexualidad, y que se debe prestar más atención a los puntos de vista que no son heterosexuales” (Macionis, 2010:331). El desarrollo de los derechos de los homosexuales han impulsado en gran medida, la aparición de esta teoría, donde se subraya la idoneidad de la desaparición los prejuicios contra los homosexuales, y esto se conseguirá dando la palabra a opiniones no heterosexuales.

Se constituye por tanto un terreno para la exclusión, la homosexualidad masculina se incluye en redes y canales completamente separados. Bordie subraya que “El cuerpo tiene su parte delantera, lugar de diferencia sexual, y su parte trasera, sexualidad indiferenciada, y potecialmente femenina” (Bordieu, 1998:30), es decir, una parte pasiva y sometida en dicotomía con la parte “pública” que legitima la división sexual del uso público, sus parte manifiestas, “órganos nobles de presentación de uno mismo” (Bordieu, 1998:30) en los que se condensa la identidad social, una que se enfrenta a la realidad de los portadores, que en sus partes privadas u ocultas, el decoro obliga a disimular. Pierre Bordieu estudió muy bien este modelo, que bautizó como “modelo mediterraneo” (Gómez, 2010:90) aquél que el homoerotismo se organiza en torno al binomio activo/penetrador-pasivo/penetrado. El individuo “pasivo” es considerado homosexual, en cambio, el elemento “activo” es concebido como heterosexual.

El vínculo entre el individuo y el espacio público se redimensiona adquiriendo una nueva plasticidad y desarrollándose en una serie de estructuras y de cambios que Beck desarrolla como “apartamiento de la identidad social”, disipando sus rasgos distintivos tantos en términos de auto compresión como en su interrelación, las desigualdades siguen existiendo pero redefinidas. Los conflictos son estables y están relacionados con la discriminación concomitantes con la raza, color de la piel, género, la etnicidad, edad, homosexualidad, incapacidad física, etc. Las personas homosexuales, transgénero o intersexuales, “no son espectadores de su diversidad, son sus protagonistas” (Nieto,  2011:146) .

miércoles, 23 de enero de 2013

Sociología de la Diversidad – Resúmenes Parte 34


En la asignatura de Sociología de la Diversidad del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, el compañero Víctor Riesgo Gómez y yo, realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria. Como libro de referencia: Sociodiversidad y sexualidad (José Antonio Nieto Piñeroba) Derechos reservados, sus autores.

Tomás Javier Prieto González:
Tema 1 Planteamiento de la sociología de la diversidad // Tema 2 Acción desviada, conducta desviada y alteridad // Tema 3 El finiquito de la desviación y de la conducta desviada // Tema 4 De la desviación y de la diversidad // Tema 6 Sociología de la diversidad //  Tema 7 Antropología de la sexualidad y discursividad // Tema 8 Los guiones sociales. El individuo, el cuerpo y el transgénero // Tema 9 Notas sueltas sobre sexualidad en la disctadura, transición y democracia española // Tema 10 Despsiquiatrizar el transgénero Tema11 El transgénero en las sociedades polinesias

Víctor Riesgo Gómez:
Tema 5 Razones que justifican la diversidad en sociología

II. Reflexiones en torno al resurgir de la antropología de la sexualidad

Para resurgir se necesita que lo que resurge hay estado previamente oculto, enterrado. Y, en este sentido, resurgir es resucitar. Es el caso de la antropología de a sexualidad.

Antes de este resurgir, el registro de la sexualidad en antropología se constituía como silencio o, en menor medida, como la descarga involuntaria e incontrolable del impulso biológico en cultura. El resurgir de la antropología de la sexualidad transforma la situación; viene dado fundamentalmente por líneas de pensamiento propias de la construcción sociocultural de la sexualidad. La construcción sociocultural de la sexualidad, al propiciar interés por el estudio del hecho sexual, rompiendo silencios clamorosos o aportaciones esporádicas ha supuesto también el aumento de las publicaciones en que la base biológica sexual da forma y contenido a la sexualidad. Se expondrá cómo la sexualidad se forja en sociedad y en cultura: el pensamiento construccionista y su crítica a aproximación biológica, que en antropología se presenta en forma biocultural.

De lo que se infiere una perspectiva menos neutra, natural y objetiva. Y, por otro, una perspectiva más politizada e (inter)subjetiva de esa misma organización de la sexualidad.

Otra aportación importante de la antropología construccionista ha sido el estudio del impacto de la industrialización, modernización, occidentalización y globalización de la sexualidad en países del suroeste asiático, africanos, caribeños y latinoamericanos. La antropología construccionista de la sexualidad ha contribuido a la desestabilización del fijismo conceptual del sexo y del género favoreciendo la emergencia de la teoría de la performatividad, que enfatiza más la ambigüedad e indeterminación de los actores sociales que producen los discursos sexuales, que su significado.

Lo que une a todas ellas es su posicionamiento no esencialista. El paso de la biología a la cultura. A mi juicio, es el sostén en que reposan las columnas de la “nueva” sexualidad.

El resurgimiento de la antropología de la sexualidad

Para Lindenbaum, el hecho en sí del resurgimiento antropológico sexual está cargado de gran significado. Linderbaum, la “antropología redescubre el sexo”. La autora manifiesta que los antropólogos se han mostrado desapegados, remisos, apartados del simbolismo corporal y del estudio de la sexualidad. Así, desinteresados por la investigación de las conductas sexuales, de la expresión de la sexualidad y de sus significados en distintos contextos sociales e históricos, los antropólogos poco pueden hacer para formalizar teorías acerca del desarrollo de la sexualidad y de la identidad de género. Es en los 80 cuando la antropología retoma con interés la sexualidad.

Vance propicia, reafirma y profundiza la afirmación de Lindenbaum. Que Lindenbaum use el término “sexo” y Vance en su lugar, use el vocablo “sexualidad” no implica gran cosa, el fondo de la cuestión permanece inalterado. Desde la muerte del “padre” de la antropología de la sexualidad, Malinowski, hasta el último tercio del SXX, la sexualidad para la antropología se sitúa en el silencio o en la periferia más apartada de la disciplina.

La antropología social y cultural, Para Vance, a partir de 1975 y, con mayor vigor, desde 1990, distanciándose de posturas deterministas y esencialistas propias de la biomedicina, adopta interpretaciones innovadoras de la sexualidad. La formulación de ideas y principios, previamente no contemplados, que enmarcan la sexualidad desde la perspectiva teórica de la “construcción social”. La antropología se aparta del “Modelo biomédico de sexualidad”.

Vance opone la construcción social de la sexualidad al “modelo de influjo cultural”; representa la versión antropológica del modelo biomédico de sexualidad. Biología y cultura operan contradictoriamente. En el modelo de influjo cultural la cultura frecuentemente queda desdibujada, constreñida o determinada por la biología. De manera que las diferencias culturales y la diversidad sexual quedan anuladas o registradas en un segundo plano. Ya que la sexualidad resulta inseparable de la biología, es inherente a ella, la cultura es el símbolo “inútil”, como la ganga de los minerales, que acompaña a la inmanencia biológica. Y, así, la sexualidad, queda cegada para la antropología y, al igual que para la medicina, se inscribe en contenidos a los que se da proyección y alcance transcultural, universal.

Lo más significativo del salto del “modelo de influjo cultural” al “Modelo de construcción social y cultural de sexualidad” se sustancia en dos grandes apartados:

1.    El salto de la biología a la cultura, a la hora de interpretar la sexualidad circunscrita por la realidad social.
2.    El salto de la universalidad comprensiva de la sexualidad a su comprensión particularizada.

Lo primero a su vez, lleva en sí y envuelve una nueva presentación de los distintos aspectos de la sexualidad. Lo segundo permite dar mayor relevancia a la particularidad cultural de sociedades muy concretas. El modelo de construcción social y cultural sitúa la comprensión de la sexualidad con precisión temporal, en tanto que en el modelo de influjo cultural puede decirse que el factor tiempo queda abstraído, al no establecerse, desde la perspectiva temporal, diferencias sociales y culturales. A esa postura antropológica en que en sus propuestas la sexualidad resulta invisible, está soterrada y no forma parte de la vida, la llamé erotofóbica. La reproducción sigue considerándose como centro nuclear, la denominé erotoliminal. Erotofilia: el registro etnográfico de la diversidad sexual.

Ese periodo de erotoliminalidad se caracteriza por dos rasgos fundamentales:

1.    Encerrada en si misma, arrastrada por la inercia de una sexualidad que se caracteriza por las ausencias y abstenciones teóricas y etnográficas, en comparación a otras líneas de desarrollo antropológico.
2.    Mostrando brotes, que, aunque empapados de biología, anticipan el interés antropológico por el estudio de la sexualidad y la eclosión de sus significados en distintos contextos sociales: la sexualidad del sujeto en sociedad y en cultura; la sexualidad desprovista del determinismo esencialista que la oprime y reduce.

La primera incidiendo en proyecciones de erotofobia. La segunda empieza a proyectar signos culturales que pueden interpretarse en clave de iniciación a la erotofilia.

La erotoliminalidad supone para la antropología imbricarse en un juego de tensiones que permiten, por un lado, la ocultación y, por otro la manifestación.
·      Ocultan; los escritos etnográficos y antropológicos que ignoran y silencian, por no ser “académicamente correcta”, la sexualidad.
·      Manifiestan: los mismos escritos que en sus páginas, aunque titubeantemente, hacen emerger la sexualidad.

El titubeo de la producción antropológica sexual lleva la firma de profesionales de la disciplina a los que, desde el poder académico, se da poco o nulo reconocimiento, siendo, de hecho, unos proscritos. Por varias razones:

1.    Las publicaciones de los artículos se hace en revistas que no reflejan el sentir institucional de la antropología.
2.    No se publican revistas antropológicas de sexualidad.
3.    En los capítulos de libros sobre sexualidad, la participación antropológica figura en un segundo plano, como adenda al núcleo duro biológico.

Frank A. Beach publica Human Sexuality in four Perspectives, Beach invita a una antropólogo, William H. Davenport, a contribuir con una capítulo “Sex in Cross-Cultural Perspective”.

Estos ejemplos evidencian que las reflexiones y las investigaciones sobre sexualidad tienen lugar en el seno de las diversas especialidades de las ciencias psicológicas, médicas y biológicas. Ignoran en sus fundamentos de partida que la sexualidad humana, a diferencia de la sexualidad de las ratas de laboratorio, se ensambla y adquiere significación por medio de los lenguajes, símbolos y discursos sociales. Forzando los postulados pudiera decirse que los conceptos de sexualidad y sociedad, si no son intercambiables, corren y se expresan en paralelo. La incorporación de los antropólogos, como consortes de los psicólogos, representa algo parecido a la servidumbre y al canon que la antropología debe pagar a la psicología, al haber abandonado aquella el estudio de las conductas sexuales.

Antropologicamente entendidas, todas las culturas instituyen procesos formales e informales que troquelan el alcance de lo permitido y, por ende, el ámbito de lo que no se acopla a lo pautado: la diversidad. Según la sociedad, las tipologías de la pluralidad sexual, de la diversidad, se aceptarán, proscribirán o se declararán ilegales. En materia de sexualidad el discurso de la diversidad se encarna en directrices políticas y sociales, que no constituyen pruebas científicas irrefutables. Se puede afirmar que son dos los procesos sociales que intervienen y dan forma a la sexualidad:

1.    Uno remite a la sociedad. Permite que la sociedad fije los límites de lo que sexualmente es aceptable o inaceptable. Constituyen procesos “reguladores” que refieren a la ordenación del deseo, al control corporal de los instintos y a la regulación del orden simbólico.
2.    El otro, a los individuos, a los actores sociales. Permite al individuo de una sociedad dad abordar su propia sexualidad. Son procesos “reactivos”; tienen al individuo como protagonista.

Según Plummer el “orden simbólico siempre implica desorden: aparecerán ambigüedades, los fenómenos no encajarán, surgirá nuevo material que ponga en peligro la pureza del simbolismo vigente”.

Ambos puntos de vista reflejan preconcepciones anuladoras del sujeto. Representan ideas de un discurso formulado verticalmente, de arriba abajo; de un discurso de poder. Ambos procesos, los reguladores y los reactivos, hay que tenerlos en cuenta para construir modelos culturales específicos de sexualidades. El científico dedicado a investigar la sexualidad, como sujeto social que es, también puede incurrir en dos lógicas procesuales:

1.    Que remite a la aceptación y el continuismo de prácticas científicas que obvian el constituyente social de la sexualidad.
2.    Rompe con la continuidad imperante en un momento dado y crean nuevos paradigmas interpretativos que remodelan y deconstruyen los fundamentos compresivos de la sexualidad.

El modelo de influjo cultural es un modelo de rasgos contradictorios. Por un lado, interrumpen el continuismo de la omisión sexual, por otro, prosiguen con la continuidad, al permanecer aferrados a la inherencia biológica. Así, por ejemplo, el modelo de influjo cultural sostendrá, por un lado, que la sexualidad está determinada biológicamente. Y, por tanto, es un modelo esencialista, en el que las conductas sexuales están predeterminadas por la biología: la genética, las hormonas y, por extensión, la anatomía y la fisiología corporal. Los actos sexuales en este modelo son, ante todo, actos “naturales”. El modelo de influjo cultural, en forma opuesta a la anterior, expone que en la cultura se asientan las bases de la motivación o desmotivación sexual de la expresión sexualidad; que actos, actitudes, conductas y relaciones sexuales se modelan en sociedad por medio de la cultura y a través de su aprendizaje.

Un ejemplo, que desmiente la impronta del determinismo biológico y sostiene la diversidad cultural es el de la homosexualidad. Los actos homosexuales tienen distinta lectura e interpretación, significados diferentes según la sociedad en que se manifiesten. Son el resultado de organizaciones sociales diferentes que facilitan, hacen prescriptiva o restringen la expresión de la homosexualidad. Hay posturas de permisividad social o de resistencias colectiva a la restricción que ejerce la sociedad. Los roles homosexuales se ejercen culturalmente; entre ellos hay diferencias culturales sustanciales que no permiten ser encuadradas en un mismo marco conceptual; detrás de todo ello, una organización y una estructura social que hace posible la manifestación sexual, en su práctica en sociedad, se exprese de una forma u otra. Puede distinguirse:

1.    Relaciones homosexuales estructuradas por edad.
2.    Relaciones homosexuales enmarcadas en la transformación del género y de los roles que le caracterizan.
3.    Relaciones homosexuales entre “iguales”.

El determinismo biológico que apunta el modelo de influjo cultural queda invalidado en los ejemplos de homosexualidad que han quedado más arriba indicados. Las conductas homosexuales no son “fotos fijas”. No se pueden entender las sociedades, integradas por sujetos con capacidad de autoorganización, en términos exclusivamente biologistas. El uso y abuso de la biología con fines indeseados e indeseables no es nuevo. A finales del SXIX. Lombroso afirmaba que el criminal “nacía”. Su vida, pues, estaba anticipatoriamente predeterminada por la biología. Pococ científicos, hoy en día, serían capaces de invocar las ideas de Lombroso. Sin embargo, hay científicos que explican la homosexualidad en clave determinista y base biologista. Para Weill los homosexuales tiene desarrolladas las caderas. Para Henry, por el contrario, las tienen poco desarrolladas. Para Le Vay, los homosexuales muestran un núcleo intersticial del hipotálamo más pequeño que el de los heterosexuales. Allen y Gorski sostienen que el conjunto de fibras nerviosas que constituyen la comisura anterior del cerebro tiene dimensiones más anchas en los homosexuales que en los heterosexuales; y Hamer no duda en afirmar que la conducta homosexual está cuasi determinada por los genes.

El determinismo biológico es una explicación reduccionista de la vida humana en la que las flechas de causalidad van de los genes a los humanos y de los humanos a la humanidad. Pero es más que una simple explicación: también es política. La justificación biológica anule teóricamente la condición sociológica del individuo, permitiendo en la práctica que las desigualdades sociales vayan en aumento. A pesar de la falta de apoyo financiero, la contribución antropológica y de otras ciencias sociales a la sexualidad, desde la construcción social, ha ido en aumento. A partir de esa fecha paradigmática situada en el inicio de los 90. Quedan atrás los tiempos en que, según Vance mencionar. En una reunión internacional de sexología, que el sexo, la sexualidad y el género no están configurados por la historia y son productos de experiencias sociales, además de resultar “chocante”, provocaba risitas nerviosas en los oyentes y el ostracismo social de quien mantenía esa tesis.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Sociología de la Diversidad – Resúmenes Parte 8


En la asignatura de Sociología de la Diversidad del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, yo y Víctor Riesgo Gómez realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria. Como libro de referencia: Sociodiversidad y sexualidad (José Antonio Nieto Piñeroba) Derechos reservados, sus autores.

Tema 1 Planteamiento de la sociología de la diversidad – Tomás Javier Prieto González // Tema 2 Acción desviada, conducta desviada y alteridad - Tomás Javier Prieto González // Tema 3 El finiquito de la desviación y de la conducta desviada – Tomás Javier Prieto González// Tema 4 De la desviación y de la diversidad – Tomás Javier Prieto González// Tema 5 Razones que justifican la diversidad en sociología – Víctor Riesgo Gómez // Tema 6 Sociología de la diversidad – Tomás Javier Prieto González //  Tema 7 Antropología de la sexualidad y discursividad – Tomás Javier Prieto González // Tema 8 Los guiones sociales. El individuo, el cuerpo y el transgénero – Tomás Javier Prieto González // Tema 9 Notas sueltas sobre sexualidad en la disctadura, transición y democracia española – Tomás Javier Prieto González // Tema 10 Despsiquiatrizar el transgénero – Tomás Javier Prieto González // Tema11 El transgénero en las sociedades polinesias – Tomás Javier Prieto González

El estigma

De todas las conductas desviadas, relacionadas o no con la sexualidad se infiere que alguna de ellas, se dispone de una mayor información y, por tanto, más conocimiento. En tanto que otras, al ser silenciadas por los estudios, se desconoce todo o a penas de se sabe de ellas. Las conductas desviadas tienen poco en común, en ellas se encuentran más diferencias que similitudes. Acaso el denominador común de todos los desviados sea el estigma (Goffman). Pero la significación del estigma tiene que ser relativizada y valorada por sus características contextuales relacionales. 

Se descubriría que para la sociedad mongo de la República Democrática del Congo, la ausencia de pestañas y cejas se valora, que los dientes ennegrecidos son otro plus de atractivo  para los yapeses de las islas Carolinas de Micronesia y que los pechos flácidos y caídos atraen a los hombres de la sociedad ganda de Uganda. Desde Malinowski la antropología de la sexualidad dispone de evidencias sociales que detallan en qué consiste el atractivo físico en diferentes sociedades, por ejemplo la sociedad tiv en Nigeria se recrean la visión de pantorrilas gruesas, en la de ila de Zambia los ombligos muy marcados y salientes, los masai de Kenia se apasionan con lenguas y encías negras y los kwakiutl de la Columbia Británica de Canadá se encandilaban con las cabezas comprimidas “aplastadas”. Los pies reducidos de las chinas; la fuerza e intensidad de la mirada cruzada de los bizcos de la cultura maya y la motivación sexual, por la atracción que ejercían a los hombres, de las gigantes nalgas de las mujeres de a sociedad hotentote/khoisan.

Se puede afirmar que el concepto de belleza tiene que ser relativizado. No existen criterios universales, que estén programados biológicamente y que garanticen el éxito reproductor del atractivo físico, como asegura Buss. La salud, la juventud, la jovialidad y algún otro componente muy genérico de las personas pueden considerarse criterios universales de atractivo físico, pero de esta consideración a extrapolar que existe una definición universal de belleza hay una largo camino por recorrer. Significa la inexistencia de criterios universales que relacionen el estigmata (lo estigmatizado) con el estigma. Para que el estigma esté presente en una sociedad tiene que producirse un vínculo negativo entre el atributo o atributos que define/n el estigmata y el contexto social que lo genera.

El estigma no puede ser interpretado por los rasgos que a modo de signos de identificación, en aislamiento del sujeto, lo definen. Llámese rasgos, signos o atributos, su fuerza interpretativa reside en la lectura que otros sujetos sociales hacen de ellos. Se caracterizan por el lenguaje relacional y de asignación denominativa, alimentada de prejuicios, que generan en otros, éstos aisladamente interpretados, no son nada o, de ser algo, son un vacío conceptual. Están exentos de proyección, requieren de la percepción y simbolización social que se haga de ellos. Por la lectura social negativa que se otorga a los rasgos del estigmatizado que, se confiere el estigma la condición de atributo individual dominante. El estigma funciona socialmente como un master status. El estigma como el sexo, el color de la piel, la ocupación o la orientación sexual, al ser percibidos y clasificados por otros como rasgos individuales dominantes, logra imponerse como estatus superior. Así el estigma se apodera del sujeto y con ello, logra su anulación social.

Según Goffman, el sujeto estigmatizado no encuentra diferencia alguna con relación a cualquier otro ser humano. Para sí mismo no es un diferente. Pero, el mismo sujeto y aquellos sujetos que se sitúan en su entorno lo definen como un ser aparte, marginal. La contradicción deber ser imputable también a los sujetos que contribuyen a la formación del estigma del sujeto estigmatizado. Este trata de evadirse, esforzándose por salir y distanciarse del estigma, rompiendo el dilema que atenaza su vida. Goffman sentencia que la manera de salir del estigma es mediante códigos que, por un lado desvelan su condición y, por otro, la ocultan. Goffman no concede a los entornos la importancia que concede a los momentos.

Según Goffman, los entornos están subordinados a los momentos. Los segundos tiene más relevancia que los primeros. Son los momento los que explican los fenómenos sociales, se caracterizan por la interacción ritual de los encuentros o las conductas face to face, que un sujeto social reclama para sí mismo, y además, está relacionado con los patrones y actitudes, verbales y no verbales que otros asumen que ha mostrado en sus encuentros particulares; los encuentros rituales se acomodan a las fuerzas sociales, no a las leyes naturales y se apoyan (los encuentros) en la simbología de las representaciones colectivas durkheimianas. Las conductas interactivas frente a frente se deben más que a la confianza social de los débiles, al producto de acciones cuasifraudulentas impuestas por los poderosos. De acuerdo con Sumner, la interpretación de los condicionantes de la interacción ritual se realiza desde un posicionamiento acrítico con el poder.

El estigmatizado, según Goffman, sea un sujeto como cualquier otro ser humano puede ser interpretado, en su ambivalencia, como una reducción de la humanidad a la unidad o como una amplificación del estigma al universal humano. Que la estigmatización, según el estigma que se contemple, tiene respuestas sociales diferentes, con niveles o gradientes para el estigmatizado que difieren en función de los que representa en sociedad la intensidad del prejuicio y la discriminación que los genera, es una evidencia constatable. Los diferentes niveles del estigma se pueden instrumentar tanto en la intensidad que marque la lectura social que se haga de la singularidad y de los rasgos que definen y diferencian a todos y cada uno de ellos, como en función de la diferenciación en cuanto a género que se realice socialmente de la estigmación.

Preves cuestiona a Goffman en lo que se refiere al impacto de a estigmación que tiene de sí mismo el sujeto estigmatizado:

·      Según Goffman una vez que este sujeto ha profundizado internamente el estigma, no necesita de otros para perpetuarlo. La internalización, en estas circunstancias, es tan intensa que daña irreparablemente el autoconcepto, su autopercepción positiva mutua para transformarse en autopercepción negativa. El sujeto se odia así mismo, su identidad queda deteriorada o destruida. Una vez arruinada su identidad, la normalización de sujeto estigmatizado es imposible, a lo más que puede aspirar es a rebajar la intensidad de sufrimiento que el estigma le ocasiona, ya que no se puede liberar del mismo.
·      Según Preves, la permanencia enquistada del estigma, que al estar siempre presente en el sujeto, lo perpetúa no se puede aplicar a todo tipo de estigmatización y en concreto a los intersexos. El estigma y sus consecuencias, el secreto, la vergüenza, e sufrimiento y la baja autoestima se puede superar por el sujeto mediante la reivindicación de sus rasgos identitarios. El sujeto en lugar de aislarse, puede adoptar medidas de mayor exposición y visibilidad social, en lugar de recluirse, reclamar una mayor autonomía, mostrar una mayor activismo político en pos de unos derechos que se le niegan: la mayor actividad y presencia social del estigmatizado se corresponde a una menor estigmatización, y que se consigue según Preves recorriendo un itinerario social que tiene cinco niveles:

1.    El sujeto tiene que ser conciente y reconocer su inconformidad y rechazo al estigma.
2.    Debe aceptar su diferencia; asumir el reconocimiento de ser diferente con respecto a los “normales”.
3.    Tiene que buscar la relación y el encuentro con otros sujetos diferentes de sus mismas características, con los que compartirá y socializará espacios, situaciones y tiempos.
4.    Debe de estar orgulloso, no avergonzarse de su identidad “periférica”.
5.    Tiene que hacer todo lo posible para integrar su identidad en el contexto social en que vive.

Cinco niveles que permiten que la igualdad social y la diferencia individual no sean incompatibles, que la intersexualidad, en lugar de situarse en los márgenes de la sociedad, sea una identidad indiscriminada.

Preves, marca un recorrido social que podríamos llamar “itinerario de liberación del estigma”. Plummer establece un recorrido para el estigmatizado que le permita adaptarse a la situación personal de la mejor forma posible, al que llamó “itinerario de adaptación al estigma”.

En la negación, el estigmatizado no solo asume el estigma, sino que además lo rechaza. Se “desentiende” del mismo, salta del ámbito privado al ámbito público. En la neutralización el estigmatizado, además de exponer su cuerpo al exterior, expone su conducta, pero no acepta la lectura social que se hace de la misma. Pare el estigmatizado su proceder conductual tiene un significado diferente al que la sociedad registra. Lo desestigmatiza, practicando la política de “la mejor defensa es un buen ataque”. En la adaptación, según Plummer, es cuando el estigmatizado logra reorganizar su identidad. Pero solo si las conductas des estigmatizado han sido previamente codificadas y los símbolos que las definen identificados y reconocidos es cuando su identidad, además de aceptada y asumida, queda cristalizada. El estigmatizado practica, así, la política de “tierra quemada”.

Plummer, al referirse a la conveniencia de exponer públicamente las narrativas sexuales personales, ilustra, cómo los elementos comunes que las definen se pueden centrar en tres estadios

1.    El sufrimiento: estadio que se concentra la tensión de la narrativa, según Nieto, con la negación del estigma.
2.    La epifanía: es el momento en que debido a la crisis personal el estigmatizado decide que hay que abandonar la pasividad y romper el silencio, “hacer algo”.
3.    La transformación: la estrategia de adaptación al estigma.

En la práctica no suelen presentarse de manera que etapas y estrategias puedan diferenciarse nítidamente unas de otras. La realidad muestra que los dos itinerarios transcurren con ambigüedad, pudiendo coincidir una etapa o estrategia con la que la antecede o la sigue, superponiéndose.

Con independencia que cómo transcurran los itinerarios para el sujeto estigmatizado, es condición necesaria e indispensable que exista una legislación favorecedora que dicte normativas de reconocimiento de los derechos de los sujetos diferentes. La normativa legal desestigmatizadora debe proceder al proceso social desestigmatizador.

sábado, 11 de junio de 2011

Antropología. Homosexualidad algunas perspectivas científicas. Parte II

La asignatura Antropología Social es una asignatura del Grado de Sociología de la UNED. Como trabajo autónomo, voluntario y evaluable el alumno tiene la posibilidad de elaborar un ensayo sobre cualquiera de los temas que integran el programa de la asignatura. En mi caso he basado mi trabajo en la homosexualidad. Hoy dejo la segunda parte del mismo.


La mayor parte de la población no prestó atención a la existencia de una comunidad gay y lesbiana hasta que no tuvo lugar el incidente Stonewall Inn en la ciudad de New York, en el que oficiales de la policía asaltaron un bar gay en 1969. Esta manifestación libre y espontánea de unos ciudadanos, ha sido considerada como el comienzo del movimiento de los derechos de los gays. La liberación gay tuvo sus raíces en el movimiento homófilo y en la “cultura de bar”.

Además no se debería hablar de homosexualidad, sino de homosexualidades, ya que podríamos observar diversos modelos que se identificarían en cierto sentido, con el concepto de homosexualidad, aunque no se puede hacer un reconocimiento categórico entre cualquiera de ellos: homosexualidad ritual en Melanesia, la pederastia griega, la sodomía en la edad media, el travestismo, etc. (Pichardo 2002:1)

Desde el campo de las ciencias sociales, se ha tratado el tema, por ejemplo, desde la Sociología de la homosexualidad, que ha estado orientada en dos perspectivas de estudio:
1.    La de describir y clasificar la etiologías de la homosexualidad, y la de la utilización de métodos y técnicas cualitativas, que han producido numerosos textos que abordan la sexualidad como una categoría social.
2.    La que se dedica de la problematización de la categoría homosexual y enlaza con las teorías de la desviación, del etiquetado y del construccionismo social.

El posible alcance de la homosexualidad en las sociedades occidentales se dio a conocer por primera vez al publicarse la investigación del biólogo Alfred Kinsey, unos de los pioneros de la investigación sexual humana en Estados Unidos, con su obra El comportamiento sexual en el hombre de 1948. Fue un detallado estudio, con una batería de miles de entrevistas personales, donde llegó a una serie de conclusiones acerca de la homosexualidad. El informe Kinsey describía la homosexualidad como un continuum desde la heterosexualidad exclusiva, hasta la homosexualidad exclusiva (Pacquiao 2000:76).
Mucho más tarde, Kenneth Plummer, en su estudio clásico, discernió en cuatro tipo de homosexualidad dentro de la cultura occidental actual (Giddens 2006:437):
1.    La homosexualidad ocasional; el encuentro homosexual pasajero.
2.    Las actividades localizadas; practicas homosexuales que ocurren regularmente pero que no se convierten en la preferencia capital del individuo.
3.    La homosexualidad personalizada; la homosexualidad como actividad furtiva, oculta a los amigos.
4.    La homosexualidad como forma de vida; donde las actividades homosexuales forman parte de un estilo de vida específico.