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jueves, 14 de marzo de 2013

CONDUCTAS DE HOMO ECONOMICUS ¿AMENAZA PARA LA(S) DIVERSIDAD(ES)? Parte 4


Publicación de Víctor Riesgo Gómez. Estudiante de Grado en Sociología UNED

El presente trabajo debe ser encuadrado en el ámbito académico formativo. Está realizado por un estudiante de tercer curso de Sociología de la Universidad Nacional a Distancia. Su principal finalidad es la de profundizar en la reflexión de uno de los puntos propuestos por el profesor José Antonio Nieto en su obra seminal “Sociodiversidad y sexualidad”, publicado en la editorial “Talasa” y eje central sobre el que articula la asignatura Sociología de la Diversidad.

Del planteamiento realizado por el profesor Nieto, en la obra antes mencionada, en su reorientación conceptual respecto a la antigua sociología de la desviación que él reconvierte en sociodiversidad, se ha escogido desarrollar, en la medida de lo posible, la atención a las explicaciones potenciales de las conductas malsanas para amplias capas sociales consistentes en el afán del lucro desmedido.

El planteamiento que aquí se hace consiste en plantear la hipótesis de que estas conductas, lejos de ser conductas innatas y naturales en los seres humanos, se han convertido, a causa del diseño institucional y cultural resultado del productivismo de inspiración liberal, en las conductas favorecidas y premiadas.

Estas conductas han estado subdimensionadas en la tradicional sociología de la desviación. Con el nuevo enfoque que propone el profesor Nieto se exhorta a su atención. Las explicaciones para este exhorto parecen evidentes. Las consecuencias que se derivan de dichas conductas para sujetos sociales, que no son ni causantes ni beneficiarios de las mismas, se antojan trágicas. El “ajuste” al que son sometidos los sistemas públicos en los países del sur de Europa en el presente, “ajuste” que a su vez han sufrido en sus carnes integrantes de otros pueblos por el mundo en el pasado reciente, es la consecuencia inmediata y de mayor visibilidad. Resultado de este “ajuste” la equidad, la igualdad de oportunidades, o la simple posibilidad de supervivencia en condiciones mínimas de existencia, se ven seriamente amenazadas para numerosos integrantes del sistema social. Se antoja paradójico que los “paganos” rara vez son los “causantes”, con lo cual otra víctima que queda por el camino es el mismo sistema de legitimación de asignación de recursos y responsabilidades, siendo éste uno de los ejes medulares que sustentan cualquier sistema de organización social. El peligro añadido de este derrumbe se deriva de la posibilidad creciente de emergencia y centralidad de otro de los ejes que venga a ocupar el espacio del desaparecido, este es la violencia o la amenaza de ejercerla por parte de aquellos que ostentan la mayor parte del poder. Siendo el último recurso que se emplea desde instancias “superiores” para sujetar pueblos y sociedades donde el descontento y la indignación aumentan de manera proporcional a la percepción de impunidad y centralidad de las conductas sobre las que aquí se pretende poner el acento.

CONCLUSIONES

Los macropocesos sociales son provocados por actores determinados y a su vez condicionan y determinan los comportamientos y las conductas de los diversos agentes que interactúan. Una serie de acciones se ven penalizadas u obstaculizadas y otras potenciadas o favorecidas.

El principio del “mercado autorregulado”, extendido a todo tipo de elementos, deriva de manera natural en situar el lucro como una aspiración articuladora de los comportamientos y las conductas humanas.  Si este principio no cuenta con limitaciones procedentes de otros resortes sociales los agentes que se benefician de su extensión ejercen presión para que amplíe su capacidad de articulación de estructuras sociales. Estas estructuras construidas al objeto de preservar el mito del “mercado autorregulado” acumulan poder y capacidad de dominación. Las estructuras a las que me refiero pueden ser institucionales u organizativas creadas ad hoc, o pueden ser institucionales que ya existían con anterioridad pero devienen en instrumentales para el fin buscado por los agentes que las copan.

Del mismo modo pueden también ser estructuras en un sentido más amplio, el “habitus” de   Bordieu. O incluso, y en último término, pasar a ser constructoras de significados compartidos.

En este tránsito de acumulación asimétrica de poder y recursos por parte de los agentes beneficiarios de la dominación extendida por el mito del “mercado autorregulado”, los comportamientos y las conductas que no se someten a esta lógica se ven orillados o eliminados. Ya sea por coerción directa, ya sea por inadecuación de estas conductas al orden resultante. Por el contrario las conductas malsanas se sitúan en el centro mismo del campo social hasta puntos inimaginables en otros momentos recientes. ( 25) Ya no resultan conductas marginales propias de manzanas podridas que apartándolas del cesto se consigue salvar el resto.

Poner ejemplos concretos de cuánto y cómo han llegado este tipo de conductas a ser las dominantes en el campo social resulta un ejercicio agotador debido a la gran variedad de casos que pueden ser señalados en un periodo reciente. Sin ánimo de ser exhaustivo, por la razón antes señalada, y situando como límite temporal el estallido de la crisis financiera de 2007-08, podemos enumerar: Un sector financiero creando productos sin respaldo real, las agencias que los califican en régimen de semi-monopolio emitiendo informes, infundados cuando menos, el aparato estatal puesto al servicio de estos actores y cubriendo sus pérdidas, las instituciones financieras internacionales exigiendo los retornos a sus “rescates país” a costa de lo que sea, el mecanismo de fijación de tipos se descubre adulterado de manera consciente y voluntaria, las clases altas y las corporativas refugiando sus rentas y patrimonios en paraísos fiscales, fondos de inversiones y capitales “buitres” especulando con bienes básicos para la vida de millones de personas en el globo. Los actores poderosos al frente de estas instituciones: (bancos privados, bancos centrales e instituciones financieras internacionales) se intercambian sus papeles en un ir y venir sin par, ahora cambian las normas, ahora se benefician en el sector privado de los cambios.

Si el nivel de análisis lo reducimos a lo que sucede en nuestro entorno más cercano, el estado español a finales del 2012, podemos comprobar en qué modo la corrupción salpica a todos los estamentos que la encajan sin apenas rubor alguno. Familia real, ex-ministros, presidentes de comunidades autónomas, miembros de la alta burguesía,  presidente de patronal, banqueros, tesoreros, o hasta el presidente del supremo se ven afectados. Las redes de lavado de dinero operan al más alto nivel, de ellas se benefician personajes de las altas esferas, portadas del papel cuché, chinos o nativos. Los entramados saqueadores de lo público brotan por todo el mapa. Como respuesta de los poderes establecidos para tal fin podemos señalar que los defraudadores se acogen a amnistías fiscales a través de las cuales pueden lavar el dinero procedente de cualquier actividad, o que el primer y, hasta la fecha, único condenado por el “Caso Gürtel” es el juez que inició la investigación.

Las consecuencias de estas conductas para amplias capas sociales que no participan del festín son elevadas de pagar. Desempleo, desahucios, retroceso de derechos laborales, pérdida de derechos sociales básicos, aumento de todo tipo de tasas e impuestos que no acaban retornando a las sociedades donde se recaudan. La sensación de impunidad hacia las conductas de adicción catrofílica es completada con una percepción de reparto asimétrico de costes y daños consecuencia de la implosión.

No es el objeto final del presente trabajo hacer un relato completo de la “crisis”. Semejante tarea hercúlea no tiene cabida en el espacio que se prescribe. Sí se pretende arrojar luz sobre el porque esas conductas malsanas gozan de extraordinario vigor; En tanto el principio articulador fundamental del campo social de relaciones se constituya en el lucro, perseguido por unos agentes que no cuentan, ni nunca contarán por definición,  de igualdad de oportunidades y posibilidades. En tanto este principio, y su hermana de sangre, la competitividad, sean los únicos referente que guíen las decisiones y aparten de las mismas al resto de relaciones sociales y de comunidades con su entorno, estas conductas no podrán ser orilladas ni señaladas. Del mismo modo que cuando la temperatura baja de cero grados el agua pasa de líquido a sólido, en un entorno social e institucional en que se prime este objetivo por encima de los demás, el poder acumulado por los agentes de estas conductas crecerá impidiendo otra perspectiva.

Aunque sus fuentes de legitimación no cuenten con el mínimo refrendo teórico, ni mucho menos encuentre soporte empírico las construcciones científicas en que se apoyan, el poder que han atesorado dichos agentes les permite seguir ocupando posiciones centrales en la sociedad.  Sin embargo no cabe descartar que diversos grupos sociales damnificados terminen de articular respuestas conducentes a un cambio profundo de paradigma. La amenaza de que este cambio tenga lugar por la vía de procesos dolorosos, -reflejo del sufrimiento acumulado-, tampoco resulta descabellada. El margen de posibilidades para un futuro próximo no deja de estrecharse. 

Por fin, para el ámbito académico, el horizonte tampoco resulta halagüeño. Las  posibilidades de prosperar de estudios o investigaciones que no se traduzcan de manera inmediata en algo rentable y lucrativo es ciertamente limitado. A simple vista aspectos como la sociodiversidad, y de manera más pronunciada aún la diversidad sexual, pueden tener sus días contados. 

FUENTES

Ya que el fin perseguido en este ensayo es el de indagar en los orígenes de los mecanismos legitimadores de las conductas malsanas que tienen lugar en los ámbitos centrales del poder se ha optado por tres autores que contienen abundancia de conceptos y hechos históricos. La visión crítica que aportan resulta fundamental para el objeto del trabajo. Hemos de constatar que de ámbitos poco críticos apenas surgen explicaciones que obtengan refrendo con la realidad empírica que se pretende explicar.

Los tres trabajos principales en que se soporta la argumentación aquí expuesta son:

  • “La economía en evolución” José Manuel Naredo. Siglo XXI 1ªEdición 1987
  • “La gran transformación” Karl Polanyi. Fondo de Cultura Económica 2ª edición 2003
  • Breve historia del Neoliberalismo” David Harvey. Editorial Akal. 2007


NOTAS

1   José Antonio Nieto, Sociodiversidad y sexualidad. Ediciones Talasa 2011
2   Randall Collins, Citado en George Ritzer, Teoría Sociológica Moderna. Mac Graw Hill 2002 pag                    157 y siguientes.
3   Manuel Castells, Comunicación y poder. Alianza editorial 2009 pag. 33
4   José Manuel Naredo, La economía en evolución. Siglo XXI 1987
5   Ibid pag 62
6   Ibid pag 61
7   José Antonio Nieto, Sociodiversidad y sexualidad. Ediciones Talasa 2011 pag 123
8   Castro, Castro y Morales, Metodología de las ciencias sociales. Tecnos 2009 pag 270
9   Ibid pag 325
10   José Manuel Naredo, La economía en evolución. Siglo XXI 1987. pag. 65
11 Karl Polanyi. La gran transformación. FCE 2003. pag.92
12 Ibid pag 91
13 Ibid pag 94
14 Salvador Giner El futuro del capitalismo. Península 2010 pag 17
15 Karl Polanyi. La gran transformación. FCE 2003 pags. 214 y sigs
16 David Harvey Breve historia del Neoliberalismo Akal 2007
17 Gosta Esping-Andersen Los tres mundos del Estado de Bienestar Edicions Alfons el Magnanim
18 Los objetivos y otros aspectos acerca del grupo denominado Sociedad Mont Pelerin pueden ser consultados en este enlace: https://www.montpelerin.org/montpelerin/mpsGoals.html
19 David Harvey Breve historia del Neoliberalismo Akal 2007 pag.18
20 Ibid
21 Ibid pags 20 y 21
22 David Graeber En deuda. Ariel 2012
23 Harold Kerbo. Estratificación social y desigualdad. Mc Graw Hill 2003 pag 143 y sigs
24  David Harvey Breve historia del Neoliberalismo Akal 2007 pag 160
25 El semanario alemán “Der Spiegel” se hace eco de un estudio llevado a cabo por profesionales de la Universidad de Saint Gallen en el que parece comprobarse que la proporción de brokers que puntúan más alto que psicópatas diagnosticados en test que miden esta patología es mayor que en la población en general http://www.spiegel.de/international/zeitgeist/going-rogue-share-traders-more-reckless-than-psychopaths-study-shows-a-788462.html Empieza a existir investigación al respecto. El psicólogo Robert Hare y su colega Paul Babiak han publicado un libro que expone los resultados de su investigaciones. Lamentablemente aún no ha sido traducido a lengua castellana. El título en inglés podría traducirse como “Serpientes con traje”.  

Publicación de Víctor Riesgo Gómez. Estudiante de Grado en Sociología UNED


domingo, 27 de enero de 2013

Sociología de la Diversidad – Resúmenes Parte 38


En la asignatura de Sociología de la Diversidad del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, el compañero Víctor Riesgo Gómez y yo, realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria. Como libro de referencia: Sociodiversidad y sexualidad (José Antonio Nieto Piñeroba) Derechos reservados, sus autores.

Tomás Javier Prieto González:
Tema 1 Planteamiento de la sociología de la diversidad // Tema 2 Acción desviada, conducta desviada y alteridad // Tema 3 El finiquito de la desviación y de la conducta desviada // Tema 4 De la desviación y de la diversidad // Tema 6 Sociología de la diversidad //  Tema 7 Antropología de la sexualidad y discursividad // Tema 8 Los guiones sociales. El individuo, el cuerpo y el transgénero // Tema 9 Notas sueltas sobre sexualidad en la disctadura, transición y democracia española // Tema 10 Despsiquiatrizar el transgénero Tema11 El transgénero en las sociedades polinesias

Víctor Riesgo Gómez:
Tema 5 Razones que justifican la diversidad en sociología


LOS GUIONES SOCIALES. EL INDIVIDUO, EL CUERPO Y EL TRANSGÉNERO

John H. Gagnon y William Simon, marcan un itinerario de comprensión social de la sexualidad hasta entonces inexplorado, ignorado. La formulación de sus denominados sexual scripts (guiones sexuales), constituye una contribución seminal para el estudio de la sexualidad. A efectos del estudio del transgénero, también son de interés las aportaciones de estos dos sociólogos norteamericanos.

Gagnon y Simon cuestionan a Kinsey. En los “Informes Kinsey”, el naturalismo y el cuantitativismo se reflejan en el hecho de que los cuerpos son descontextualizados y los significados que los actores sociosexuales atribuyen a sus conductas no se toman en consideración. No cuentan. Del mismo modo se elude el análisis de la organización socia de la sexualidad.

Cuestionan a Freud, ya que en su posicionamiento teórico la naturaleza de los cuerpos permanece rígidamente limitada; puede decirse que la naturaleza queda encarcelada en la anatomía, puesto que los cuerpos vienen marcados por su destino anatómico. Para Freud, la “anatomía es destino”. En el análisis freudiano, los significados que los individuos atribuyen a las conductas sexuales juegan papel alguno. La actividad sexual se presenta como actividad física sin vínculo alguno con os roles y los significados sociales. “El impulso sexual descansa en la naturaleza; el mundo social responde y da forma al impulso pero no lo inicia”.

El mandato biológico de la sexualidad se ahorra la exploración de los factores sociales que conjugan las conductas sexuales. Sin la exploración social apropiada los guiones sexuales se vacían de contenido porque los factores que integran los scripts (guiones) están ausentes. Los guiones sexuales no están codificados exclusivamente en clave biológica, como productos de estados internos de impulsividad o motivación. Se produce una “explosión biológica” porque los guiones “están vinculados con el aprendizaje del significado de las motivaciones internas en la organización de las secuencias de actos sexuales específicos, en la decodificación de situaciones novedosas, en el establecimiento de los límites de las respuestas sexuales y en la asociación de significados de aspectos de vida no sexuales con experiencias específicamente sexuales”.

Los guiones sexuales tienen dos dimensiones:

1.    Externa: la que trata de la relación del sujeto con otros sujetos, los autores citados la llaman interpersonal.
2.    Interna: que concierne a lo intrapersonal e íntimo y que Gagnon y Simon denominan intrapsíquica.

En el orden de las dimensiones, aparezca, en primer lugar, la interpersonal; conceden la iniciativa a la dimensión que posibilita que dos o más sujetos sociales, que comparten convenciones de una misma cultura, participen en conductas complejas que implican mutua dependencia. La dimensión intrapersonal, íntima que remite a los factores motivacionales subjetivos de excitación, se presenta e segundo lugar.

La dimensión interpersonal, refleja los patrones convencionales de conducta, aprendidos con el tiempo, que dictan qué es y en qué consiste la sexualidad. El acuerdo social previamente establecido que permite a la cultura definir como sexual una situación o una conducta dada.

Las fuentes sociales de la sexualidad humana se densifica con el paso del tiempo y la construcción sociosexual de Gagnon crece. Gagnon subraya que la especie humana es la única que puede adoptar medidas anfibiológicas; sus pautas de conducta pueden ser conscientemente antievolutivas.

El comportamiento religiosos de los cátaros y los shakers es una clara evidencia de una conducta social preestablecida. “Todo comportamiento social está guiado”, afirma Gagnon. Al libreto que guía la conducta social lo llama social script (guión social). Y todas las culturas tienen guiones sociales de distinto signo: legales, religiosos y consuetudinarios. Los guiones sociales serán menos numerosos y, asimismo, la diversidad individual menor cuanto menos compleja y heterogénea sea la sociedad. A mayor complejidad y heterogeneidad de la sociedad, mayor será la presencia de los guiones sociales e individuales y, en última instancia, de la sociedad misma.

Los guiones sociales (social scripts) son una recurrencia terminológica, en forma de analogía, que Gagnon toma de los scripts (guiones) de teatro. Que nos sirven para comprender y conducir nuestras acciones en sociedad. Los guiones justifican las conductas que concuerdan con los preestablecido por el “libreto social” y nos permite cuestionar aquellas conductas que no están en concordancia con el mismo. Los guiones ejercen de “manual de instrucciones” de las conductas.

Los guiones sociales se caracterizan por su dimensión indicativa y su voluntad de sugestión, su poder de abstracción y su capacidad de síntesis y simplificación, muestran las direcciones a seguir. En los manuales (guías) de instrucción se sustancian itinerarios sociales. En ellos se reflejan los cinco grandes componentes que definen cualquier acción:

·      Quién o quienes intervienen en ella
·      Qué es lo que la caracteriza
·      Cuándo sucede
·      Dónde se realiza
·      Por qué se efectúa

Los guiones sexuales no son más que una manifestación de los guiones sociales; aunque los guiones individuales no son una réplica de los guiones sexuales preferidos por la cultura.

A quién, qué, cuándo, dónde y por qué; la respuesta es sociosexual. Los cinco componentes que definen a sujetos (quiénes), acciones (qué), tiempo (cuándo), lugar (dónde) y causa (por qué) continúan siendo aplicables sin perder sustantividad.

Gagnon y Simon insatisfechos con a línea cuantitativista de las investigaciones del “Instituto Kinsey” ponen especial énfasis en explorar, entender y analizar la sexualidad desde un punto de vista constructivista. Su sociología sexual incide en los individuos y en los significados que estos dan a sus actos. Culturalizan la sexualidad, rechazan las presunciones naturalistas entonces imperantes. Rompen con los postulados que hacen de la heterosexualidad la única norma rectora de la conducta sexual. Sientan las bases de los sexual scripts, concepto fundamental que desarrollan sucesivamente.

Los scripts sexuales engloba la comprensión de a sexualidad en cinco apartados:

1.    La conducta sexual está determinada histórica y culturalmente.
2.    El significado de la conducta sexual reside en la lectura de las actividades corporales de los individuos.
3.    La ciencia sexual, en igual medida, también viene determinada histórica y culturalmente.
4.    La organización de la sexualidad, en todos sus aspectos se da en el interior de la estructura social y la cultura.
5.    El género y la sexualidad son manifestaciones expresivas, formas de conducta aprendida; se relacionan de forma diferente, según las culturas.

Los scripts sexuales se manifiestan en tres ámbitos o niveles diferentes:

1.    Nivel interpersonal: el que opera en el sujeto al relacionarse con otros actores sociales. Marca la interacción social y constituye la base de los patrones del comportamiento social.
2.    Nivel intrasíquico: representa los contenidos de la vida mental del actor social. En parte es producto de la cultura y de la interacción social y en parte se manifiesta con independencia.
3.    Nivel de la cultura: el escenario cultural, puede considerarse como el “manual de instrucciones” que rige la vida del individuo en sociedad.

Al contenedor de estructuras de la sexualidad, esto es, el marco estructural de los modos en que social y culturalmente se organizan las pautas sexuales. Por otro, a las formas que, mediante la acción conductual, los individuos, como sujetos sociales de pensamiento, acción e interrelación, dan contenido al paisaje, al marco estructural que los envuelve. Los cuerpos, desde la intimidad o desde la conjunción plural con otros cuerpos, son la columna vertebral que permite la conexión del nivel microsocial con el nivel macrosocial. El tándem individuo/cuerpo es pieza clave para, entender el transgenerismo y sobre todo, a los transgeneristas. Bockting que permite con su programa a los transgeneristas expresar el género de elección sin necesidad de sufrir dirigía genital, sigue fielmente los tres niveles donde se manifiestan los guiones sexuales.

Socioculturalmente, los transgeneristas retan al esquema del sistema binario de género, sistema que rechazan. Interpersonalmente, en lugar de ocultar si identidad, la manifiestan externa y públicamente en su entorno cotidiano: familia, amigos y lugar de trabajo. Intrasíquicamente viven la identidad transgenérica de manera afirmativa y experiencialmente la viven de forma liberadora. Además, encuentran apoyo en una creciente comunidad transgenérica.


jueves, 24 de enero de 2013

Sociología de la Diversidad – Resúmenes Parte 35


En la asignatura de Sociología de la Diversidad del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, el compañero Víctor Riesgo Gómez y yo, realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria. Como libro de referencia: Sociodiversidad y sexualidad (José Antonio Nieto Piñeroba) Derechos reservados, sus autores.

Tomás Javier Prieto González:
Tema 1 Planteamiento de la sociología de la diversidad // Tema 2 Acción desviada, conducta desviada y alteridad // Tema 3 El finiquito de la desviación y de la conducta desviada // Tema 4 De la desviación y de la diversidad // Tema 6 Sociología de la diversidad //  Tema 7 Antropología de la sexualidad y discursividad // Tema 8 Los guiones sociales. El individuo, el cuerpo y el transgénero // Tema 9 Notas sueltas sobre sexualidad en la disctadura, transición y democracia española // Tema 10 Despsiquiatrizar el transgénero Tema11 El transgénero en las sociedades polinesias

Víctor Riesgo Gómez:
Tema 5 Razones que justifican la diversidad en sociología


Representaciones: sexualidad, sociedad, cultura

La antisexualidad manifiesta de las instituciones universitarias y, arrastradas por ellas, de las asociaciones de profesionales de la antropología; fue en 1961, por primera vez, cuando la American Antropological Associaton incorporó, como tema de debate público, de forma oficial, la sexualidad a su agenda.

Kluckhohn

Sus escritos relacionados con la sexualidad son poco conocidos. Permitió al autor formular el/su punto de vista desde la antropología, en relación al primer tomo de los informes Kinsey que refiere a la sexualidad del varón norteamericano. Nos informa de que el interés de la antropología radica en mostrar la variedad “biológica y “cultural” de la vida humana. Siguiendo los criterios académicos del momento, Kluckhohn lo que hace es aplicar a la sexualidad las dos primeras vertientes de las cuatro que conforman la antropología. Kluckhohn, con todo, no profundiza en las respuestas a las preguntas que se hace y deja al lector con la duda de en qué consiste la variedad biológica. En las respuestas que siguen, a medida que el artículo progresa va quedando cada vez más claro que la variedad a la que alude Kluckhohn está impregnada de tintes culturales y la biología parece tornarse en algo más impenetrable. Kluckhohn extiende sobre el largo transcurrir de la historia del ser humano, la cultura, en sus múltiples formas, envuelve a la biología, como se desprende de a primera de las formulaciones. Pero también parece que la opacidad cubre la transparencia y la biología se apodera de la cultura, como sucede en la segunda formulación. Quiere culturizar la biología, pero esta, a veces, se le impone como rémora, como lastre indescargable. En realidad, el autor se muestra hermético y ambivalente. Salvo el estudio comparativo sobre la reproducción humana de Ford (1945), que Kluckhohn califica de excelente, no hay producción antropológica de nivel equivalente. Además, las publicaciones antropológicas sobre sexualidad de finales del SXIX y principios del XX son de nulo interés científico y de intención pornográfica. Una mejor  calificación parece tener el escrito de Devereux sobre la homosexualidad institucionalizada de los Mojave. Y con él, los escritos referidos a la homosexualidad, de Westermarck y los de un antropólogo de expresión no inglesa: Requena.

La ambivalencia se manifiesta cuando hace uso de porcentajes, con el fin de establecer una aproximación cuantitativa que les permita recurrir a hacer comparaciones, sobre actitudes y conductas sexuales de los navaho, estudiados por él y por Leighton y Kluckhohn, con el informe de Kinsey. Al forzar de esta manera los principios antropológicos de descripción cualitativa, lo que consigue es un acercamiento cuantitativista al hecho sexual o una “aproximación taxonómica” de los navaho. De forma que la información disponible de algunas conductas sexuales, que el mismo Kluckhohn expone, no es la más apropiada por su cuantificación y por sus carencias etnográficas. Las conexiones biológicas-culturales se ordenan, según Kluckhohn, por medio de la antropología y redundan en puentes unitivos entre el sexo como fisiología y el sexo como un factor enmarcado por pautas conductuales integradoras. Resultando, de hecho, un juego equívoco de equivalencias.

Honigmann

Una formulación clara de lo que es la sexualidad para la antropología la encontramos en Honigmann: critica el uso que los informes Kinsey hacen del material antropológico, a la hora de establecer comparaciones con la realidad sexual norteamericana. La crítica se cierne básicamente en dos puntos:

1.    Las comparaciones se hacen para demostrar la universalidad de ciertos patrones sexuales, sin que en ningún caso se tengan en cuenta las diferencias culturales de as sociedades que se comparan.
2.    Honigmann le parece que los informes usan fuentes secundarias, de manera que la utilización es excesivamente receptiva no crítica.

Dado que la aproximación antropológica al objeto de estudio está alejada del cuantitativismo adoptado por Kinsey y colaboradores y que las etnografías sobre sexualidad son escasas, se puede concluir, según Honigmann, que la práctica norteamericana relacionada con a masturbación, con el coito marital y con el coito fuera del matrimonio, así como los “contactos homosexuales y los contactos sexuales con animales” no son probablemente ni más ni menos frecuentes que los que presentan otras sociedades. Con las comparaciones usadas por Kinsey se nos dice poco.

Las predicciones desarrolladas en el escrito de Honigmann señalan la posibilidad de que algún día y de alguna forma las conductas sexuales, gracias a las aportaciones venideras de la antropología cultural, puedan ser generalizables. En definitiva, se distancia de los informes Kinsey, por ignorar la cultura, en general, y las diferencias culturales, en particular, Rechaza los criterios de universalización.

Para Honigmann el antropólogo trata de relacionar todos los aspectos y los hechos, las acciones y las manifestaciones sociales de una comunidad concreta, pero el último no es el de instituir proposiciones aislada, descolgadas y particularizadas. Por el contrario. El antropólogo trata de proponer criterios de validez transcultural.

La escasa etnográfica-descriptiva sobre sexualidad es la que obliga a Honigmann a mostrar un pobre elenco antropológico de referencias bibliográficas: Pedrals, Malinowski y Ford y Beach.

Honigmann siguiendo postulados de la llamada teoría de “cultura y personalidad” intenta hacer más alcanzables los objetivos de universalización de conductas. Sorprende que Honigmann se decanta por la vía de pagar tributo antropológico, por ese acompañamiento en su recorrido a la psicología, cuando esta, al formular sus generalizaciones sobre las conductas sexuales, apenas se distancia de los conocimientos de sexualidad que se tienen en la sociedad norteamericana.

A Honigmann la antropología de la sexualidad le debe reconocer el mérito que supone formular, en pleno periodo de ostracismo antropológico sexual, unas hipótesis/predicciones como las de universalidad que no se cumplieron. Años más tarde a las formulaciones de Honigmann, se llegara a conclusiones no vislumbradas en sus escritos, como es el caso de tener que admitir que no solo las conductas sexuales, sino también las propias ciencias que entienden la sexualidad, la psicología y la antropología, sin ir más lejos, están condicionadas histórica y culturalmente. Y además, los significados que se dan a las conductas sexuales, lejos de obviar al individuo, constituyen a este en actor representativo de sus actos en sociedad.

Trager

Se parte de la base de que cualquier antropólogo que quiera investigar sobre sexualidad, en general, o más concretamente, sobre sexualidad de una cultura determinada, se enfrenta a la ausencia de información y a la renuencia y aversión de las instituciones académicas a ese tipo de estudios; esas ausencias impiden al antropólogo extraer de la lectura etnográfica datos de lo que la gente en relación al sexo, lo que obtiene de esa situación y qué funciones cumple, en relación al conjunto de la cultura. Trager recurre a una metáfora lingüística.

¿Cómo lo hace? Estableciendo una guía metodológica que le permite analizar culturalmente la sexualidad. Según Trager, siguiendo los pasos señalados por la guía, el antropólogo podrá ordenar y presentar un material “consistente y sistemático”, para que otros antropólogos puedan llevar a cabo comparaciones sexuales. La actitud metodológica comparativa adopta la flexibilidad suficiente como para que los resultados sexuales a obtener refieran a una misma cultura o a culturas diferentes.

El objetivo de la guía metodológica de Trager: conseguir la sistematización teórica de los actos y las funciones sexuales de  una o varias cultura/s o sociedad/es. Las maneras de alcanzar el objetivo también son transparentes. Por medio de tres niveles que Trager llama “procesos”:

1.    Un primer nivel lo sitúa en el “contexto” cultural;
2.    el segundo nivel queda establecido en el “contenido” del sistema cultural;
3.    y un tercer nivel en el “funcionamiento” de ese mismo sistema.

Esos tres niveles ayudan a desentrañar las pautas culturales de la sexualidad por medio de un análisis “procesual”. Una subdivisión posterior permite que los niveles o procesos, una vez analizados, den lugar a la ordenación de las distintas actividades sexuales, que quedan enmarcadas en áreas y constituyen un total de nueve. Trager las llamas “focos” culturales y establece nombres específicos y concretos para cada una de ellas. Los 9 focos culturales se ramifican en 27 “ámbitos culturales y, en ese desgajamiento continuo, los ámbitos culturales se transforman en 81 “sistemas culturales”.

Trager muestra el proceso de elaboración de uno de los 9 focos, concretamente el que llama “bisexualidad”. Ajustándose, así, al modelo dos sexos/dos géneros que se desentiende de cualquier tipo de discrepancias no acomodada a los principios y contenidos de las directrices “modélicas”. Este es, en síntesis, el esquema de análisis cultural del sexo de Trager.

Porque tanto los procesos culturales de los distintos niveles de contexto, de contenido y de funcionamiento, como los llamados focos culturales, ámbitos culturales y sistemas culturales, no tienen la relevancia que indican las continuas subdivisiones. Las ramificaciones culturales que se nos muestran, crean, a medida que se extienden, la falsa sensación de ser generadoras de una acumulación muy rica en matices, que nacen del fondo de la organización social. No es así. El sustrato de la ramificación cultural de una organización social dada, para Trager, no tiene fondo cultural. Sus bases están “fuertemente encerradas en la naturaleza biológica del ser humana”. El biologismo de Trager es mucho más radical, con diferencia, que el de Honigmann y el de Kluckhohn. Trager añade que la biologización de la cultura de la sexualidad se sustenta no solo en su proposición. La mayor parte de los antropólogos de la época siguen la misma idea. Es, pues, en la biología, no en la cultura, donde se encuentra la esencia de la sexualidad. Que en Trager se configura fundamentalmente porque el ser humano, ante todo, es un mamífero con presencia sexualmente dimórfica. Es el mamífero de dos sexos lo que le conduce a formular a “bisexualidad” como foco. Y más, como epicentro de la “cultura”. Sus fundamentos, dice Trager, radican en a “naturaleza biológica y neurológica del ser humano” y, por extensión, en la “naturaleza del universo físico”. Apuntala su visión de la sexualidad de varón y de la mujer, cuando afirma que la actividad cultural (de las actitudes y conductas sexuales, hay que deducir de sus palabras) de ambos emerge de esos cimientos “físicos y fisiológicos” que procuran y modelan sus existencia.

La Barre

Menos radical es la reflexión teórica de La Barre. La inclinación biologista de este autor es menos firme que la de Trager. Reconoce y da crédito a unas bases primarias biológicas pero no se identifica con la sobredeterminación biológica que resalta los instintos. La representación biológica de tal cuño, para La Barre, es una tentación que llama “sobreinstintividad”. Y para un humanista, como él mismo se define, no es de recibo.

La sexualidad de ser humano, para La Barre, puede taxonomizarse en al menos 10 niveles, que se reúnen en 3 grupos. Hay una sexualidad primaria, otra secundaria y finalmente una terciaria o de tercer grado:

1.    la sexualidad primaria es la básica, la de mayor relevancia, la que da forma y consistencia a las demás. Esa sexualidad primaria y básica tiene distintos componentes (4) enfundados en la biología o en la morfología anatómica, son: el sexo celular o cromosómico, el sexo gonadal, el sexo genital externo y las estructuras de reproducción accesorias internas; al útero y la próstata. La sexualidad primaria constituye una representación fuertemente biologizada, que predeterminará la representación cultural del individuo en sociedad.
2.    La configuración anatómica de la sexualidad primaria evoluciona con los años, dando lugar a los que La Barre llama “sexualidad secundaria”. Esta es el resultado de aquella. La sexualidad primaria en su evolución posibilita la emergencia de la sexualidad secundaria. Es la aparición en la adolescencia de los rasgos corporales de la diferenciación masculina y femenina. Hombros anchos del varón, frente a caderas anchas de la mujer y todo lo demás. En este nivel la biología se somete a un ligero y superficial contraste cultural. Lo que La Barre no explica es por qué la biología y, por extensión, la sexualidad primaria y secundaria son productoras de diversidad. La Barre indica cómo la cultura, por medio de sus variantes, hace que los mismos rasgos de configuración anatómico-biológica tengan distintas lecturas en distintas sociedades.
3.    En la llamada sexualidad terciaria es donde La Barre se inclina por dar más peso a la cultura. Por medio de la asignación del sexo, del rol de género y de la orientación de género. Produciéndose, así, que las diferencias culturales de masculinidad y feminidad sean significativas. Las normas culturales de las conductas sexuales para unas sociedades o amistosa para otras, al compararse, permiten a La Barre extrapolarlas a una misma cultura. Pasa, así, de la comparación intercultural a la comparación intracultural. El factor que introduce aquí, para permitir la comparación, es el factor “tiempo”; nos quiere proporcionar la posibilidad de contemplar los cambios históricos de expresión cultural. Podrían hacer de La Barre un “construccionista social”. Aparte del sentido biológico de algunas de sus ideas, a través de los ejemplos que utiliza se obtiene la impresión de que el énfasis impuesto en el factor “tiempo” se desvanece.

El posicionamiento de La Barre le hace situarse entre dos extremos. En uno sitúa la sobredimensión biológica de la sexualidad; en el otro, la sobredimensión cultural, propia de los antropólogos culturales, pronos a los excesos relativistas. Esto para nuestro antropólogo es un caos. Alejándose de dogmatismos biológicos y de caóticos relativismos culturales, aboga por un humanismo interpretativo de la sexualidad. Y así, como humanista que sabe que “siempre hay cambios de estilo y muchas formas de ser humano”. Haciendo hincapié en las diferencias, no es la diversidad.