Mostrando entradas con la etiqueta Giddens. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Giddens. Mostrar todas las entradas

martes, 25 de febrero de 2014

Pierre Bourdieu - Razones Prácticas sobre la teoría de la acción Parte III


El texto propuesto para este comentario está extraído del libro de Pierre Bourdieu, Razones prácticas. Sobre la teoría de la acción, en su capítulo quinto Espíritus de estado. Génesis y estructura del campo burocrático, anexo El espíritu de familia. Es una compilación de conferencias pronunciadas por Bourdieu en varias instituciones prestigiosas en diferentes partes del mundo.

Comentario Crítico

Bourdieu intentó combinar los niveles de análisis micro y macro, fijando su atención al modo en que los sujetos dan significado al mundo en el que viven, un significado que está “moldeado o limitado por las estructuras objetivas de la sociedad” (Kerbo, 2010:136). La sociología y la filosofía que guió el trabajo de Bourdieu se denominó “sociología relacional de la ciencia y filosofía de la acción” (Silva, 2008:1). Para este autor es clave aproximarse empíricamente la realidad social salvando la “falsa dicotomía entre objetivismo y subjetivismo” (Leone, 2005:129), o lo que es lo mismo individuo y sociedad, evidencia apropiarse lo mejor de ambas perspectivas, y esto lo hace descifrando en dos momentos analíticos fundamentales: el campo y habitus. Esta filosofía de la acción la dispone concentrada en un limitado número de conceptos fundamentales que “tienen como base la interrelación mutua entre las estructuras objetivas (las de los campos sociales) y las estructuras incorporadas (las del habitus)” (Castón, 1996:94).
En definitiva, la perspectiva de Bourdieu sobre la familia es la de representar un papel fundamental en el sostenimiento del orden social. En la reproducción biológica como social, en aquella además que a modo de propagación de la estructura del espacio social y de las relaciones sociales, un espacio de acumulación de capital, en sus diferentes dimensiones e intergeneracional entre sus miembros. Y así lo ha hecho a través de la historia con los diversos tipos de relaciones sociales, de intereses y de recursos propios que dan lugar a esa esfera de la vida social que se ha ido cristalizando durante el tiempo, y que Bourdieu llama campo: (…) una red o una configuración de relaciones objetivas entre posiciones diferenciadas, socialmente definidas y en gran medida independientes de la existencia física de los agentes que las ocupan (Giménez, 1997:7). Es en este espacio donde Bourdieu establece la lucha por el poder simbólico y lugar de reproducción de las relaciones diferenciales, se transmuta en un campo simbólico, uno de los principios para la reproducción cultural. Los productos resultantes de “la lucha por la imposición y la definición de la legitimidad de una creencia son” (Romeu, 2011:122) los que mantienen en función de legítimos culturalmente, la reproducción del orden social mismo.
Como definición básica, una familia es un “grupo de personas directamente ligadas por nexos de parentescos, cuyos miembros adultos asumen la responsabilidad del cuidado de los hijos” (Giddens, 2009:219). Bourdieu es muy categórico en su definición de familia, y lo hace con vehemencia en señalar que es una “ficción social”, con el único propósito de construcción social, que se justifica así misma, y en pura legitimidad en el reconocimiento por parte de la colectividad.
Desde la investigación sociológica se ha tratado la familia como institución desde diferentes perspectivas, por ejemplo Eli Chinoy afirmaba que la familia es la unidad social básica, la vida de cada individuo está vinculada casi por completo a la familia, prácticamente en “todas las sociedades humanas se encuentra alguna forma de familia, aunque su posición dentro del sistema mayor de parentesco varía grandemente” (Chinoy, 1966:141). Los sociólogos han desarrollado largas listas de funciones que cumplen las familias y han debatido sobre cómo éstas se han modificado a través del tiempo. Macionis y Plummer ofrecen una lista “estándar” (Macionis, 2010:475) de estas funciones: socialización, regulación de la actividad sexual, ubicación en la escala de estratificación social o seguridad material y emocional. Según el paradigma funcionalista, la familia cumple objetivos básicos. Para Parsons, la familia nuclear eral la unidad provista para ocuparse de las demandas de la sociedad industrial. En la antípodas del funcionalismo nos encontramos a los teóricos del conflicto (como al propio Bourdieu) que señalan cómo la familia perpetúa la desigualdad. La familia juega un papel fundamental en la reproducción social de la desigualdad: la propiedad y herencia, patriarcado o la raza y etnicidad.
Bauman sociólogo coetáneo de Bourdieu, se refiere a la fragilidad de las relaciones humanas, ya sean de clase o de familia, entre otros. Un hombre sin lazos fijos e irrompibles, su idea de sociedad moderna es “líquida”, como metáfora de cambio constante de maleabilidad. Con la llegada de la industrialización, la familia pierde importancia como unidad de producción económica y se centra en la reproducción, la crianza de los hijos y la socialización. A comienzos del siglo XXI parece que las familias y las relaciones personales están experimentando cambios importantes, donde conviven pretéritas pautas, con algunas otras totalmente nuevas. Las transformaciones que afectan a la esfera personal y emocional traspasan todas las fronteras: las geográficas, las teóricas, las emocionales, las personales, etc.
El sociólogo Anthony Giddens señala que “no es posible un retorno a la familia tradicional, porque tal como suele concebirse, nunca existió” (Giddens, 2009:254) ese modelo de familia del pasado representaba tantas facetas represivas que resulta poco probable pensar hoy puedan significar un modelo. Los cambios sociales han propiciado esa transformación de las concepciones (y construcciones) de familia precedentes. Bourdieu concibe su análisis de la familia en esa mirada constreñida por la dominación, un modelo salvado por la propia evolución de nuestras sociedades.
Hay una reducción de Bourdieu en su proposición de familia, pero a la vez nos orienta a un espacio donde se aloja multitud de concepciones que están compartimentadas en su particular teoría de la acción. De la práctica social que lleva acabo esas construcciones cognitivas de dos caras, una intangible como territorio imaginario, pero una muy tangible en la coerción que ejerce esta esfera (de acción) sobre sus miembros, como por su entorno más inmediato. Un terreno fértil en diversas prácticas de adiestramiento, en capacidades y habilidades que señalan (dirigen) un camino a recorrer. Esa configuración es legítima, y lo es porque así lo decide en conjunto de individuos en sociedad, que con ello la hacen compacta e imperecedera. Bourdieu delimita de una manera muy precisa, señalando dónde se encuentran esos campos de dominación, (la enseñanza o la familia), pero quizás demasiado contundente, tal y como así lo afirman los hermanos Castro Nogueira:
“La gente, en fin, no siempre hace lo que hace para poner en
práctica su sentido práctico, sus creencias o sus habitus sino que,
a menudo, hace lo que hace, paradójicamente, para poder creer
más y mejor en sus creencias y sensaciones y/o, sobre todo,
para que los otros crean en ellos como competentes nativos
y les otorguen su aprobación, consideración, reconocimiento,
estima y afecto” (Castro, 2008:314).

Posiblemente Bourdieu ofuscado por la lógica de la reproducción social de estructuras y campos, no se percató que estos espacios de interiorización del campo social (habitus) no eran capaces de explicar la totalidad de los procesos de subjetivación, no señaló la eventual e imprevisible acción del sujeto, como la incierta e inestabilidad del grupo de referencia de este. Un individuo puede  encontrarse en muchas ocasiones tan alejado del habitus de referencia, que puede experimentar “en cualquier momento, con gran intensidad, otras emociones y creencias muy alejadas (y hasta incompatibles con) de lo que debería ser su nicho (o identidad) social” (Castro, 2008:315). El espejismo de condensar al individuo en un “amasijo de hábitos e inercias sociales cuyas disposiciones reproducen especularmente las posiciones del campo en el que se han socializado” (Castro, 2008:767), es privar de las pasiones propias del ser humano, porque la socialización en y por la familia, por ejemplo, se complementa por fuerzas subjetivas igual de presentes y coercitivas al sujeto en cuestión.
Todo es relativo en relación con la organización social y su emplazamiento espacio-tiempo social y circunstancias particulares. No todas las realidades sociales son ficciones sociales, construcciones sujetas por el único reconocimiento colectivo, la familia como único principio colectivo y responsable de la construcción cognitiva que forma parte de la realidad común. No todo podemos observarlo como calculadas armonías de imágenes orgánicas (como jerarquías) de unidad familiar: lo que en sociedad es natural es natural en cuanto a ideologías, por ejemplo, y en cuanto a ese imaginario social que es inherente a un contexto, a un instante muy preciso de la historia. ¿qué entendemos por familia hoy?
Aceptamos y obedecemos (la mayor parte de las veces, sino siempre o casi nunca) las reglas y costumbres sociales de una manera dócil por (en) nuestro habitus, sin embargo, como una crítica demasiado unilateral de los modelos del actor reflexivo “podría hacernos caer en otro sesgo identificado por el sociólogo americano Harold Garfinkel; tomar a los agentes sociales por -idiotas culturales-“ (Corcuff, 2005:37). Afirmar tan taxativamente, de modo tan dicotómico la lógica intelectual con la práctica es no advertir que la reflexividad (sobre lo que se está haciendo), no siempre es precedente de la acción y no está igualmente ausente de las conductas prácticas. Bourdieu “propone el ejemplo del juego, en el que los jugadores, una vez que han interiorizado sus reglas, actúan conforme a ellas sin reflexionar sobre las mismas ni cuestionárselas” (Aguirre, 1997:1). Con todo ello, los actores se pliegan al propio juego en sí.
Podemos entonces cuestionarnos si la conciencia permite o no huir de las azarosas alteraciones de este habitus (formas de obrar y pensar) como parte de un sistema complejo que se autoorganiza de modo desordenado e imprevisible.
“También hay que tomar nota de todo lo que lo social incorporado (…)
debe al hecho de estar ligado al individuo biológico y, por lo tanto,
de ser dependiente de las debilidades y fallos del cuerpo:
el deterioro de las facultades, mnemónicas en particular,
o la posible imbecilitas del heredero de la corona, o la muerte.”

(Bourdieu, 1999:206)


Bibliografía
Aguirre, J. (1997) Reseña. Razones Prácticas. Sobre la Teoría de la Acción. Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid.
Bourdieu, P. (1991) El sentido práctico. Taurus. Madrid.
Bourdieu, P. (1997) Razones Prácticas. Sobre la teoría de la acción. Anagrama. Barcelona.
Bourdieu, P (1999) Meditaciones pascalianas. Anagrama. Barcelona.
Castón, P. (1996) La sociología de Pierre Bourdieu. REIS núm. 76. Pp. 75-97. Madrid.
Castro L. et alia (2008) ¿Quién teme la naturaleza humana) Editorial Tecnos. Madrid.
Castro, L., Morales, J. (2008) Metodología de las ciencias sociales. Editorial Tecnos. Madrid.
Chinoy, E. (1966) La sociedad. Una introducción a la sociología. Fondo de Cultura Económica. México.
Corcuff, P. (2005) Las nuevas sociologías. Alianza Editorial. Madrid
Giddens, Anthony (2009) Sociología. 5ª Edición. Alianza Editorial. Madrid
Giménez, G. (2002) Introducción a la sociología de Pierre Bourdieu. Colección Pedagógica Universitaria. Nº.  37-38, enero-junio/julio-diciembre 2002. México.
Giménez, G. (1997) La sociología de Pierre Bourdieu. Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. México.
Giner, S., et alia. (2006) Diccionario de Sociología. Alianza Editorial. Madrid.
Kerbo, H. (2010) Estratificación social y desigualdad. El conflicto de clase en perspectiva histórica, comparada y global. McGraw-Hill. Madrid.
Lechte, J. (2010) 50 pensadores contemporáneos esenciales. Del estructuralismo al posthumanismo. Cátedra Teorema. Madrid.
Leone, M. y Rubén, C. (2005) Bourdieu y Pichon Riviere: Sus puntos de vista como vistas tomadas a partir de un punto. Fundamentos en Humanidades. Año VI, núm. I, Pp. 125-134. Universidad Nacional de San Luis. Argentina.
Macionis, J., Plummer, K. (2010) Sociología 3ª edición. Pearson Educación. Madrid.
Ritzer, George (2010) Teoría sociológica moderna. Quinta edición. McGraw-Hill/Interamericana de España. Madrid.
Rodríguez, C. (1997) Gazeta de antropología. Nº13. Recensiones. Granada.
Romeu, V. (2011) Arte y reproducción cultural. Estudios sobre las Culturas Contemporáneas, vol. XVII, núm, 33, pp. 113-139. Universidad de Colima. México.
Silva, V., Browne, R. (2008) Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas, 17. Publicación electrónica de la Universidad Complutense. Madrid.
Wilkis, A. (2004) Apuntes sobre la noción de estrategia en Pierre Bourdieu. Revista Argentina de Sociología, vol. 2, núm. 3, noviembre-diciembre. Pp. 118-130. Consejo de Profesionales en Sociología. Argentina.

sábado, 22 de febrero de 2014

UNA APROXIMACIÓN A LA MODERNIDAD LÍQUIDA DE ZYGMUNT BAUMAN Parte 6


En este ensayo se propone elaborar una aproximación al texto Modernidad Líquida de Zygmunt Bauman -Polonia, 1925-. Para ello se desarrollará un análisis de esta obra a través de los cinco paradigmas que ordena el autor en la solidificación de lo liquido: Emnancipación, Individualidad, Espacio/Tiempo, Trabajo y Comunidad. Se realizará en constante diálogo con otros autores, incluyendo mi propia argumentación sobre los asuntos tratados, tal como se establece en las orientaciones que se encuentran en la guía de estudio de la asignatura.
6. Síntesis. Una mirada critica



Bauman revisa la terminología del concepto de modernidad, y ésta la plantea desde parámetros relacionados con lo físico: fluidez versus pesadez. El dilema de una modernidad líquida, “luego de una primera modernidad sólida, que ya Marx veía disolverse en el aire” (Fernández, 2005:20). La descripción detallista del primero de los términos: “cambiante, desordenada” sirve para aplicarla, nada más empezar, como metáfora “regente de la etapa actual de la era moderna” (Bauman, 2012:8). Desde los primeros compases del texto, las generalidades de esta nueva denominación se esgrimen en un orden que atenta contra lo establecido: la ruptura de las convenciones sociales establecidas a lo largo del siglo XX, arrancando quizás en la revolución industrial, y reforzándose con el fordismo, quedan servidas para destrozar, para conseguir la ruptura o la disolución de los sólidos, de los tópicos de una forma de proceder social que ha llegado a su límite. A partir de aquí se trabaja para construir un nuevo orden de cosas, pero este trabajo es en cierta medida espontáneo, no responde a ningún programa de acciones, porque la acción en sí misma atenta contra este tipo de revoluciones programáticas.

Bauman incide en el concepto de individualización como base de la emancipación para obtener el paso a esa nueva modernidad leve. La individualización a la que alude radica en convertirse en individuos de jure, frente a la característica anterior en la que eran de facto. Este paso vital se convierte, al fin en una suerte de destino, y no en una elección del propio ser humano. Con ello, con la asunción de ese destino peligran conceptos como el de ciudadanía o comunidad.

Marshall definió la ciudadanía como un estatus que se ha ido adquiriendo con el paso del tiempo y se “ (…) otorga a los que son miembros de pleno derecho de una comunidad” (Marshall, 1997:312), disfrutarán de los mismos derechos y obligaciones. Los derechos de ciudadanía para Marshall mitigan las tendencias a la desigualdad que origina la economía de libre mercado. De todo ello, subyace en su análisis, una tensión entre ciudadanía y estatus social. La incorporación de los derechos sociales al concepto de ciudadanía implicó que toda la sociedad tenía derecho a percibir una renta razonable, independientemente de su posición social. En nuestros días, estamos pasando de una condición de ciudadanía a una de consumidores, donde los derechos están disponibles para los que puedan permitirse pagarlos.

La globalización nos afecta en un nivel individual en diversos grados, identificamos los riesgos como el tipo de peligro que “no vemos ni oímos llegar y de los que no podemos ser plenamente conscientes” (Bauman, 2009:137), estamos expuestos, somos los actores secundarios de la nueva representación macroeconómica del capitalismo donde prima la individualidad, como germen de su propia ineficacia e inoperatividad para dar soluciones a todas las desigualdades sociales de nuestro entorno más inmediato. El proceso de globalización se ve relegado indudablemente en la conciencia social, “la forma en la que concebimos el mundo, tanto en la esfera local como el mundo en su totalidad, está sufriendo un cambio nunca antes observado” (Sztompka, 2008:120). Tras el colapso de la economía capitalista de mercado nos encontramos con más peligros que esperanzas y cuanto más creemos dominar nuestro destino individual, más posibilidades creemos que tenemos de inventar nuestra vida, pero al final como cualquier sobre-entrenamiento llega la “fatiga de ser uno mismo”, una amarga decepción que se torna insoportable:

“Hay que escuchar a Rosseau: dado que el hombre es un ser incompleto,
incapaz de bastarse solo, necesita a otros para realizarse.
Pero si la felicidad depende de otros, entonces el hombre
está inevitablemente condenado a una felicidad frágil”
(Lipovetsky, 2008:39)

El sociólogo británico George Ritzer subraya que las acciones de los empleados son desposeídas de toda destreza, incluida su capacidad para hablar e interactuar con los clientes está siendo ahora limitada y controlada. Para este autor la naturaleza del trabajo está cambiando y cree que el capitalismo se esfuerza en obtener nuevas vías para controlar y explotar a los trabajadores. La plusvalía ya no se extrae sólo del tiempo del asalariado sino “incluso del tiempo libre del cliente” (Ritzer, 2007:196). El sistema económico, la política y la cultura, como dimensiones autónomas aunque interdependientes, generan dinámicas que se solidifican en la creación de un mercado de consumo y en la división del trabajo.

¿Por qué es la separación entre el tiempo y espacio algo de tanta importancia para el dinamismo extremo de la modernidad?, es la cuestión que formula Anthony Giddens en su exposición de la tríada modernidad-tiempo-espacio. Manifiesta que la primera condición es que la separación tiempo-espacio sesga el enlace existente entre la actividad social y su “anclaje” en las singularidades de los contextos de presencia. Se abre un espectro de oportunidades de transformación al emancipar de las restricciones exigidas por las prácticas sociales. La segunda condición es la organización racionalizada, las instituciones modernas pueden concentrar lo local con lo global, con ello influyen en las vidas de la práctica totalidad de la humanidad. La historicidad radical que va asociada a la modernidad es la tercera condición en su planteamiento. El sistema estandarizado de datar sustenta la aprehensión de un pasado unitario, a pesar de que mucha de esa “historia” esté sujeta a interpretaciones divergentes; “el tiempo y el espacio han sido recombinados para formar un genuino marco histórico-mundial para la acción y la experiencia” (Giddens, 2011:31).

Resulta del todo paradigmático recurrir a un extracto de la letra de una de las canciones de la estrella musical infantil-juvenil del momento, Violetta, para constatar el mensaje de la inmediatez, de la contradicción del presente y futuro vivido en el mismo instante, del alejamiento de la realidad, pero siempre corriendo, el tiempo se agota para llegar a mañana:
“(…) Yo no entiendo lo que pasa. Sin embargo se.
Nunca hay tiempo para nada. Y vuelvo a despertar, en mi mundo.
Siendo lo que soy. Y no voy a parar, ni un segundo. Mi destino es hoy”
(Mellino, Correa, Bauza, 2013. Walt Disney Records)

La vida contemporánea supone en muchos casos, una desarticulación de la propia personalidad, la tecnología además de salvar la distancia entre lo físico, es fuente de otro modo de alejamiento como es el psicológico. Los mass media de difusión de las estructuras económicas estimulan el placer en el nivel inmediato, mientras que, “en la constitución de sus propias estructuras, desplaza el gozo de la vida humana tomada en su conjunto hacia actividades concretas pero que no aportan sentido a un proyecto personal de vida” (Ortiz, 2013:252), más allá que retroalimentar la dialéctica trabajo-consumo. Un individuo nunca satisfecho, siempre desea más, Bauman así lo afirma, como un consumidor que no gira en torno a la satisfacción de deseos, sino a la incitación del deseo de deseos siempre nuevos” (Bauman 2006:124).

“El tiempo libre, mediante el ajetreo absorbente de un goce pasivo de
lujos y sensaciones, les aparta del tute extenuante de su trabajo.
Para el hombre moderno, tiempo libre significa posibilidad de gastar
dinero, y trabajo, posibilidad de ganarlo”
(Mills, 1956:238)

El capital de la metrópoli se ha transformado, pues, en el capital de la “redópolis”, como lo subraya Nieto Piñeroba, porque el poder disciplinario empresarial ha globalizado sus intereses, “virtualizado sus relaciones, metamorfoseado su presencia, rivalizado con otros poderes disciplinarios empresariales” (Nieto, 2011:93) y con ello, ha dejado en su mínima expresión a los Estados, pierden fuelle, se anquilosan y esclerotizan. El poder fáctico de los agentes sociales de control, de los sujetos controladores, pierde carnalidad, se des-subjetiva. En el trabajo, la obtención de un beneficio a largo plazo desaparece porque el concepto de futuro es borroso y hasta peligroso. El Estado sólo detentará su poder en el control de las redes. Y por lo tanto “la imposibilidad de ejercer control sobre las redes debilitará irreversiblemente a las instituciones políticas” (Giddens, 2011:177), es decir no podemos controlar algo que no se ha proyectado.

Las nuevas configuraciones sociales aparecen modeladas por lo intangible, donde subyace un nuevo orden que inunda todas las dimensiones que afectan a lo social: “Lo virtual domina posibilitando una multitud de ficciones altamente eficaces (…)” (Marcón, 2009:18), son fuerzas multifactoriales, dinámicas, líquidas. Las estructuras que alimentaban nuestra tranquilidad se desvanecen paulatinamente, tras una crisis económica y financiera que ha aplastado irremediablemente los logros sociales alcanzados en los últimos treinta y cinco años han configurado un Estado de bienestar, que ya no es tal. Estas figuras simbólicas crearon un futuro predecible, uno que dotaba de tranquilidad nuestra existencia, una amparada en saciar nuestro apetito de consumo capitalista.

La sociedad contemporánea, postindustrial, postmoderna o post-postmoderna, en todo caso la nueva modernidad, es líquida, como el agua que pretendemos capturar y se escapa entre nuestros dedos. Aquella que además puede evaporarse, en ese proceso físico que consiste en el paso lento y gradual de un estado líquido hacia uno gaseoso. Necesitamos un nuevo recipiente, donde alojar nuestras pretensiones y demandas, pero, ¿estamos dispuestos aceptar que ya nada será como antes?, ¿queremos ser copartícipes en el nuevo relato de nuestra historia? Como bien apuntaba Bauman, nuestro discurso crítico no tiene dientes, es blando. ¿Optamos por la crítica de estilo consumidor o productor?

Bauman nos recuerda al filósofo Theodor Adorno respecto de la emancipación humana y reivindica la resistencia frente a una industria cultural aplastante que además parece satisfacer a una masa ingente de sujetos. E igualmente señala la idea de Bourdieu según la cual “no hay nada menos inocente que el laissez-faire” (Mateo, 2008:22), de todo ello resulta la dicotomía entre la modernidad sólida, la del capitalismo industrial, en contraposición con la modernidad líquida, en la cual vemos como caen las barreras -tangibles o no-. La desregulación de los mercados generan un torrente inagotable de dinamismo sociocultural, las estructuras son maleables. Nuestra comodidad existencial de repente ha desaparecido, aún sin haber hecho la digestión de esta crisis convertida en tsunami, nos ha catapultado a una nueva realidad, aquella que nos obliga a actuar, volvemos a ser frágiles, volvemos a ser humanos.


Tomás Javier Prieto González
Santa Cruz de Tenerife


Bibliografía

Bauman, Z.,  May, T. (2009) Pensando sociológicamente. Nueva Vision. Buenos Aires.
Bauman, Z. (2010) Tiempos líquidos. Vivir en una época de incertidumbre. Ensayo Tusquets Editores. Barcelona.
Bauman,  Z. (2012) Modernidad Líquida. Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires.
Bauman, Z. (2006) Vida Líquida. Fondo de Cultura Económica. México.
Fernández, R (2005) Ciudades al borde del colapso. Notas sobre la insoportable insustentabilidad urbana. Perspectivas urbanas Nº6. Pp.15-23.
Giddens, A. (2011) Consecuencias de la modernidad. Alianza Editorial. Madrid
Giménez, G. (2004) Cultura e identidades. Revista Mexicana de Sociología. Pp.18-44.
Köster, P. R. (2008) Desafíos de la Cultura en el Siglo 21. Creación, capitalismo cultural y dinámicas industriales. Viceconsejería de Cultura del Gobierno de Canarias. Tenerife.
Lipovetsky, G. (2008) La sociedad de la decepción. Entrevista con Bertrand Richard. Anagrama. Barcelona.
Lipovetsky, G. (2008) Desafíos de la Cultura en el Siglo 21. Cultura Mundo. Viceconsejería de Cultura del Gobierno de Canarias. Tenerife.
Lipovetsky, G. (2010) La felicidad paradójica. Anagrama. Barcelona.
Marcón, O. (2009) Modernidades ¿anatema o reconciliación? Enfoques XXI, 1-2: 7-19.
Marshall, T. (1997): Ciudadanía y clase social. REIS. 79/97. Pp. 297-344
Mateo, J. (2008) Zygmunt Bauman: una lectura líquida de la posmodernidad. Revista Académica de Relaciones Internacionales, núm. 9. Pp. 1-26. GERI-UAM.
Mills, C. W. (1956) White Collar: The americans middle clases. Oxford University Press. New York.
Nieto, J. A. (2011) Sociodiversidad y sexualidad. Talasa. Madrid.
Ortiz, M.C. (2013) Placer líquido: aproximación a la sociedad contemporánea. Intersticios. Revista Sociológica de Pensamiento Crítico. Vol. 7(1). Pp. 249-257.
Ritzer, G. (2007) Los tentáculos de la McDonaldización. Editorial Popular. Madrid.
Ritzer, G. (2010) Teoría sociológica moderna. McGraw Hill. Madrid.
Sztompka, P. (2008) Sociología del cambio social. Alianza Editorial. Madrid.
Tezanos, J. F. (2008) La sociedad dividida. Estructuras de clases y desigualdades en las sociedades tecnológicas. Biblioteca Nueva. Madrid.
Violetta (2013) La música es mi mundo. Walt Disney Music Company (ASCAP). Argentina.

lunes, 28 de octubre de 2013

Resúmenes Cambio Social II Parte 16


En la asignatura de Cambio Social II del segundo cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, algunos compañeros realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria de la asignatura. Derechos reservados, sus autores.

1- Los movimientos sociales como fuerzas de cambio “Sociología del cambio social” de Sztompka, capítulo 19, pp. 303 a 330. Tomás Javier Prieto González // “Las revoluciones: la cumbre del cambio social” de Sztompka, capítulo 20, pp. 331 a 350. Tomás Javier Prieto González 2- Los movimientos sociales: principales teorías Perspectivas teóricas y aproximaciones metodológicas al estudio de la participación (Funes/Monferrer, en Funes/Adell, capítulo 1, pp 21 a 58) // Tomás Javier Prieto González // El estudio del contexto político a través de la protesta colectiva. Participación y democracia (Adell, en Funes/Adell, capítulo 3, pp 77 a 108). // Julia Ortega Tovar Participación y democracia: Asociaciones y poder local (Brugué/Font en Funes/Adell, capítulo 4, pp 109 a 132). Julia Ortega Tovar 3- Los nuevos movimientos sociales en el contexto histórico y de la mundialización Génesis y desarrollo de los movimientos sociales desde una perspectiva histórica. El movimiento obrero (Pastor, en Funes/Adell, capítulo 2, pp 59 a 76). Tomás Javier Prieto González // La dimensión individual en la acción colectiva (Funes, en Funes/Adell, capítulo 8, pp 225 a 254). José Antonio Puig Camps // Los movimientos antiglobalización (Ibarra/Martí, en Funes/Adell, capítulo 10, pp 285). José Antonio Puig Camps 4- Estudios de caso y campañas Dimensión simbólica y cultural del movimiento feminista (Robles/de Miguel, en Funes/Adell, capítulo 5, pp 133 a 162). Víctor Riesgo Gómez // Identidad colectiva y movimiento gay (Monferrer, en Funes/Adell, capítulo 6, pp 163 a 190) //  Javier Hermoso Ruiz Organización y estructura del movimiento ecologista (Jiménez, en Funes/Adell, capítulo 7, pp 191 a 224). Blas García Ruiz


El paradigma teórico de los nuevos movimientos sociales

Nos centramos en quienes señalan la importancia de los cambios estructurales de las últimas décadas en el surgimiento de estas nuevas formas de participación. Frente a las explicaciones centradas en desvelar el cómo de los procesos de movilización desde una interpretación estratégica de la acción, la perspectiva teórica de los nuevos movimientos sociales trata de estudiar el por qué de la misma. Se considera que la existencia de movimientos sociales sse debe a una cuestión de oferta, si existen grupos, recursos y oportunidades habrá movilización, mientras que los enfoques de los nuevos movimientos sociales plantean que se trata de una cuestión de demanda, en tanto que respuesta a la percepción de necesidades o carencias. Se trata de identificar el origen de las reivindicaciones en un contexto estructural en proceso de transformación y crisis que afecta de forma especial a la estructura de clases y al entorno simbólico de las sociedades capitalistas postindustriales.

Los investigadores, acostumbrados a la visión del conflicto social como resultado de una histórica lucha de clases, se encontraron con gran sorpresa con otras formas de protesta cuyos protagonistas no tenían clara relación con la clase obrera. Parece haber cierto consenso a la hora de considerar que se observa en ellos pautas de acción política y social cualitativamente nuevas en relación con su ideología, bases de apoyo, motivaciones, estructura organizativa y estilo político.

Ronald Inglehart: en estos contextos se han producido cambios importantes en el sistema social, con resultados, por una parte, de los logros del desarrollo tecnológico y económico, que han propiciado un alto grado de satisfacción de las necesidades básicas de la población; y por otra, de la existencia de unas décadas continuadas de seguridad física, dada la ausencia de conflictos bélicos en Europa y Norteamérica tras el final de la II Guerra Mundial. Haber traspasado un umbral de satisfacción de necesidades materiales y de seguridad física, nos ubica en una situación en la que amplios sectores de población disfrutan de una posición económica desahogadas y altos niveles educativos. Surge una nueva gama de demandas sociales basadas en valores postmaterialistas, una mayor necesidad de manifestación de valores expresivos, autoestima, autorrealización, autoexpresión corporal, y la reflexión sobre la calidad de vida, el media ambiente, o la pertenencia a la comunidad. Toda una serie de opiniones, actitudes y acciones que tienden a elevarse por encima del instrumentalismo economicista y que estarían fundamentando necesidades históricas denominadas “postadquisitivas”, al no poder ser satisfechas a través del mercado. Encontramos transformaciones en el sistema sociopolítico que se concretan en una pérdida relativa de la centralidad del histórico conflicto de clase.

Habermas señala que son las consecuencias culturales que produce una vida fragmentada, culturalmente empobrecida dada la racionalidad extrema aplicada a los procesos sociales, las que llevan a la defensa de lo que él denomina “el mundo de la vida”. Los nuevos actores sociales permitirían nuevas fórmulas de democracia deliberativa incorporándose como actores de participación en los sistemas democráticos. Estaríamos asistiendo a una “politización mucho más radical que nada que hayamos conocido en el pasado, porque tiene a disolver la distinción entre lo público y lo privado, no en términos de una invasión de lo privado por un espacio público unificado, sino en términos de una proliferación de espacios políticos radicalmente nuevos y diferentes” (Laclau y Mouffe). Otros autores señalan que las nuevas circunstancias generan una crisis de identidad en las sociedades posindustriales y de gobernabilidad en el Estado de Bienestar. Para Raschke las consecuencias de las transformaciones del sistema de producción económico habrían dado como resultado un proceso de erosión de las identidades sociales y de los sistemas de mediación y representación. Aparecen identidades nuevas basadas en categorías adscriptivas y en defensa de la calidad de vida defendidas por los nuevos movimientos sociales como actores políticos. Los movimientos sociales nacidos en los 70´s recogen las nuevas identidades grupales, para expresar y oponerse a las limitaciones sel sistema liberal democrático ante la incapacidad de los partidos políticos para encauzar, generar o atender las nuevas solidaridades.

Offe explica el surgimiento de los movimientos sociales cvomo respuesta a la crisis de mediación de las instituciones políticas como crisis de “gobernabilidad” de estos sistemas democráticos. El fin último de los movimientos sociales sería la activación o politización de la sociedad civil. Lo denomina explicación estructural de los nuevos movimientos sociales y señala tres aspectos que favorecen su aparición:

·      Ensanchamiento: las consecuencias negativas de las formas establecidas de racionalidad económica y política ya no afectan a sólo una clase social, sino a cualquier miembro de la sociedad.
·      Profundización: Aumento y la profundización del control y de la vigilancia del individuo en su esfera laboral y privada debido a el funcionamiento de los actuales sistemas sociales y tecnológicos.
·      Irreversibilidad: por la incapacidad estructural de las instituciones políticas y económicas existentes para percibir y actuar eficazmente ante las privaciones, riesgos y amenazas globales.

Los teóricos de la sociedad riesgo (Beck, Giddens y Lash) explican estas nuevas formas de acción como la reacción ciudadana ante una situación de previsible descontrol y creciente riesgo global. Giddens denomina modelo de política emancipatoria, entendida como un re-nacimiento no institucional de lo político. Los nuevos movimientos sociales incorporan subjetividad a la acción política y adquieren poder real al influir en la agenda pública consiguiendo la inclusión de claves asociadas con los riesgos inherentes a la nueva dinámica económica que conlleva peligros desconocidos hasta la fecha.

1.       Análisis teórico del cambio social

Este apartado teórico con el análisis del cambio, entendido que éste puede producirse tanto en el nivel individual, en el grupal como en el sistémico. Las aportaciones analíticas y conceptuales de las teorías del cambio social permiten una primera delimitación para abordar esta cuestión desde una consideración multidimensional de los efectos de los movimientos individualmente considerados.

Las tipologías analíticas distinguen entre, impactos o cambios “externos” sobre la sociedad producidos por el movimiento, y cambios “internos” en el propio movimiento. Permite afirmar que los movimientos transforman la sociedad transformándose a sí mismos con el fin de cambiar la sociedad:

·      Dentro de los cambios internos es posible analizar a lo largo del tiempo, tanto las transformaciones de las identidades individuales y colectivas de los participantes, como las variaciones que afectan a la propia organización.
·      Los cambios externos se concretan en la producción de alteraciones estructurales. Se hace necesario distinguir, entre los efectos manifiestos producidos de aquellos no intencionados (colaterales).

Podemos distinguir las siguientes dimensiones que pueden verse potencialmente afectadas en diverso grado por estrategias concretas:

·      Ideológica, grado en que se consiguen que su imaginario social se extienda por la sociedad, a consecuencia de su impacto sensibilizador.
·      Cultural o simbólica, grado de impacto reformista en la estructura normativa, expresado por la introducción de nuevos valores, formas de vida, reglas de conductas, roles,
·      Organizativa, grado de su impacto reorganizativo sobre los modelos y canales de interacción social, en la estructura de oportunidad política, sobre su consideración como interlocutor válido, o en la formación de redes sociales, nuevos grupos y coaliciones.
·      Distributiva, grado en que incrementan las oportunidades, beneficios, privilegios o gratificaciones para sus miembros y seguidores, y en la misma medida previenen desventajas deslegitimando a sus oponentes.

Kriesi considera que la posibilidad de los movimientos sociales de generar cambios mediante su acción colectiva ha de ser interpretada en términos de éxito y éste directamente relacionado con las condiciones específicas de la estructura de oportunidad política en que actúan los movimientos. Kriesi distingue entre:

·      Éxito procedimental: obtenido mediante sus actos, abrir canales de participación para los desafiadores y obtener reconocimiento público.
·      Éxito sustantivo, cuando los movimientos consiguen cambios políticos en relación con sus objetivos. Puede ser proactivo, cuando supone la introducción de nuevas ventajas, o reactivo, en aquellos casos que impide nuevas desventajas.