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sábado, 25 de junio de 2016

Pierre Bourdieu y Paul Rabinow. Reflexiones sobre un trabajo de campo en Marruecos. Conclusión y Posfacio

Bourdieu exhorta la lectura de la obra de Rabinow en la que éste analiza la relación entre el antropólogo y el informante. Sigue siendo necesario recordar que los hechos están construídos, las observaciones no son independientes de la teoría, que el etnógrafo y su informante colaboran en trabajo de interpretación conjunto.
Rabinow concluye ejemplificando a través de la narración de sus experiencias en Marruecos, sus primeros contactos con la otredad, las zonas de transición de la cultura marroquí y la relación con sus informantes de quienes les separaba las diferentes redes de significación hasta que estas se fueron entremezclando. Reconociendo las diferencias mútuas fue como se hizo posible el diálogo.
Leer esta obra permite evaluar las siguientes cuestiones: ¿Qué es un informante y qué hace exactamente cuando elabora una representación de su propio mundo para el antropólogo?, ¿la misma relación encuestadora en la que el interrogado se cuestiona a sí mismo sobre aspectos hasta el momento problemáticos para él, no puede producir una alteración fundamental que sesgue el resto de observaciones, y que suponga una distorsión mucho mayor que el etnocentrismo?
La cultura no se presenta de forma neutral ni de una sola vez, lo que hace que todo hecho cultural pueda ser interpretado en muchas formas distintas, y en más de un nivel, por el antropólogo y los sujetos. Los informantes han de interpretar su propia cultura y la del antropólogo, y viceversa. Ambos viven en mundos ricos y diferentes, y la traslación del conjunto de experiencias de uno al otro no es sencilla. Ese proceso de traslación es una de las habilidades más importantes en el trabajo de campo. Dada esta situación en la que tanto el antropólogo como el informante viven en mundos que tienen sus propias “tramas de significación”, no existe en la antropología ni una posición de privilegio ni una perspectiva absoluta. 
Conectado con este texto, he recordado la lectura de un trabajo de Francisco Frances (2009), ¿Y a mí que me importa?: estrategias hacia un modelo de participación instituyente en la juventud.
Era de especial interés tener acceso a los modos en que los individuos se veían a sí mismos, a sus interlocutores, representantes, a las instituciones implicadas y al mundo que les rodeaba. Se intentaba con ello analizar las narrativas basadas en la experiencia y procedentes de diversos contextos socioeconómicos. En concreto, a través de un trabajo de campo se quería conocer “cuál es la definición social de la situación en todo aquello que tiene que ver con el joven y cómo se construye socialmente esa realidad, especialmente en el marco de sus redes de relaciones grupales” (Francés, 2009:393). Cúal es la definición social de la situación en todo aquello que tiene que ver con ser joven y cómo se construye socialmente esa realidad, no sólo debe interesarnos recoger las narrativas de esta población en particular, sino de todos los actores implicados. Tras el trabajo de campo, quedaría un proceso muy importante, y tal como lo señalaba el texto de Bordieu y Rabinow, el de traslación, pues hay que intentar localizar esas tramas de significación; lo que dota de significado nuestra investigación.

Bibliografía
Rabinow P. (1992) Reflexiones sobre un trabajo de campo en Marruecos. Conclusión y Posfacio de Pierre Bordieu. Júcar Universidad. Madrid.
Francés, F. (2009) ¿Y a mí qué me importa?: estrategias hacia un modelo de participación instituyente en la juventud, en Tezanos, J. (ed.), Juventud y Exclusión Social: Décimo foro sobre tendencias sociales. Editorial Sistema. Madrid.
 

martes, 25 de febrero de 2014

Pierre Bourdieu - Razones Prácticas sobre la teoría de la acción Parte III


El texto propuesto para este comentario está extraído del libro de Pierre Bourdieu, Razones prácticas. Sobre la teoría de la acción, en su capítulo quinto Espíritus de estado. Génesis y estructura del campo burocrático, anexo El espíritu de familia. Es una compilación de conferencias pronunciadas por Bourdieu en varias instituciones prestigiosas en diferentes partes del mundo.

Comentario Crítico

Bourdieu intentó combinar los niveles de análisis micro y macro, fijando su atención al modo en que los sujetos dan significado al mundo en el que viven, un significado que está “moldeado o limitado por las estructuras objetivas de la sociedad” (Kerbo, 2010:136). La sociología y la filosofía que guió el trabajo de Bourdieu se denominó “sociología relacional de la ciencia y filosofía de la acción” (Silva, 2008:1). Para este autor es clave aproximarse empíricamente la realidad social salvando la “falsa dicotomía entre objetivismo y subjetivismo” (Leone, 2005:129), o lo que es lo mismo individuo y sociedad, evidencia apropiarse lo mejor de ambas perspectivas, y esto lo hace descifrando en dos momentos analíticos fundamentales: el campo y habitus. Esta filosofía de la acción la dispone concentrada en un limitado número de conceptos fundamentales que “tienen como base la interrelación mutua entre las estructuras objetivas (las de los campos sociales) y las estructuras incorporadas (las del habitus)” (Castón, 1996:94).
En definitiva, la perspectiva de Bourdieu sobre la familia es la de representar un papel fundamental en el sostenimiento del orden social. En la reproducción biológica como social, en aquella además que a modo de propagación de la estructura del espacio social y de las relaciones sociales, un espacio de acumulación de capital, en sus diferentes dimensiones e intergeneracional entre sus miembros. Y así lo ha hecho a través de la historia con los diversos tipos de relaciones sociales, de intereses y de recursos propios que dan lugar a esa esfera de la vida social que se ha ido cristalizando durante el tiempo, y que Bourdieu llama campo: (…) una red o una configuración de relaciones objetivas entre posiciones diferenciadas, socialmente definidas y en gran medida independientes de la existencia física de los agentes que las ocupan (Giménez, 1997:7). Es en este espacio donde Bourdieu establece la lucha por el poder simbólico y lugar de reproducción de las relaciones diferenciales, se transmuta en un campo simbólico, uno de los principios para la reproducción cultural. Los productos resultantes de “la lucha por la imposición y la definición de la legitimidad de una creencia son” (Romeu, 2011:122) los que mantienen en función de legítimos culturalmente, la reproducción del orden social mismo.
Como definición básica, una familia es un “grupo de personas directamente ligadas por nexos de parentescos, cuyos miembros adultos asumen la responsabilidad del cuidado de los hijos” (Giddens, 2009:219). Bourdieu es muy categórico en su definición de familia, y lo hace con vehemencia en señalar que es una “ficción social”, con el único propósito de construcción social, que se justifica así misma, y en pura legitimidad en el reconocimiento por parte de la colectividad.
Desde la investigación sociológica se ha tratado la familia como institución desde diferentes perspectivas, por ejemplo Eli Chinoy afirmaba que la familia es la unidad social básica, la vida de cada individuo está vinculada casi por completo a la familia, prácticamente en “todas las sociedades humanas se encuentra alguna forma de familia, aunque su posición dentro del sistema mayor de parentesco varía grandemente” (Chinoy, 1966:141). Los sociólogos han desarrollado largas listas de funciones que cumplen las familias y han debatido sobre cómo éstas se han modificado a través del tiempo. Macionis y Plummer ofrecen una lista “estándar” (Macionis, 2010:475) de estas funciones: socialización, regulación de la actividad sexual, ubicación en la escala de estratificación social o seguridad material y emocional. Según el paradigma funcionalista, la familia cumple objetivos básicos. Para Parsons, la familia nuclear eral la unidad provista para ocuparse de las demandas de la sociedad industrial. En la antípodas del funcionalismo nos encontramos a los teóricos del conflicto (como al propio Bourdieu) que señalan cómo la familia perpetúa la desigualdad. La familia juega un papel fundamental en la reproducción social de la desigualdad: la propiedad y herencia, patriarcado o la raza y etnicidad.
Bauman sociólogo coetáneo de Bourdieu, se refiere a la fragilidad de las relaciones humanas, ya sean de clase o de familia, entre otros. Un hombre sin lazos fijos e irrompibles, su idea de sociedad moderna es “líquida”, como metáfora de cambio constante de maleabilidad. Con la llegada de la industrialización, la familia pierde importancia como unidad de producción económica y se centra en la reproducción, la crianza de los hijos y la socialización. A comienzos del siglo XXI parece que las familias y las relaciones personales están experimentando cambios importantes, donde conviven pretéritas pautas, con algunas otras totalmente nuevas. Las transformaciones que afectan a la esfera personal y emocional traspasan todas las fronteras: las geográficas, las teóricas, las emocionales, las personales, etc.
El sociólogo Anthony Giddens señala que “no es posible un retorno a la familia tradicional, porque tal como suele concebirse, nunca existió” (Giddens, 2009:254) ese modelo de familia del pasado representaba tantas facetas represivas que resulta poco probable pensar hoy puedan significar un modelo. Los cambios sociales han propiciado esa transformación de las concepciones (y construcciones) de familia precedentes. Bourdieu concibe su análisis de la familia en esa mirada constreñida por la dominación, un modelo salvado por la propia evolución de nuestras sociedades.
Hay una reducción de Bourdieu en su proposición de familia, pero a la vez nos orienta a un espacio donde se aloja multitud de concepciones que están compartimentadas en su particular teoría de la acción. De la práctica social que lleva acabo esas construcciones cognitivas de dos caras, una intangible como territorio imaginario, pero una muy tangible en la coerción que ejerce esta esfera (de acción) sobre sus miembros, como por su entorno más inmediato. Un terreno fértil en diversas prácticas de adiestramiento, en capacidades y habilidades que señalan (dirigen) un camino a recorrer. Esa configuración es legítima, y lo es porque así lo decide en conjunto de individuos en sociedad, que con ello la hacen compacta e imperecedera. Bourdieu delimita de una manera muy precisa, señalando dónde se encuentran esos campos de dominación, (la enseñanza o la familia), pero quizás demasiado contundente, tal y como así lo afirman los hermanos Castro Nogueira:
“La gente, en fin, no siempre hace lo que hace para poner en
práctica su sentido práctico, sus creencias o sus habitus sino que,
a menudo, hace lo que hace, paradójicamente, para poder creer
más y mejor en sus creencias y sensaciones y/o, sobre todo,
para que los otros crean en ellos como competentes nativos
y les otorguen su aprobación, consideración, reconocimiento,
estima y afecto” (Castro, 2008:314).

Posiblemente Bourdieu ofuscado por la lógica de la reproducción social de estructuras y campos, no se percató que estos espacios de interiorización del campo social (habitus) no eran capaces de explicar la totalidad de los procesos de subjetivación, no señaló la eventual e imprevisible acción del sujeto, como la incierta e inestabilidad del grupo de referencia de este. Un individuo puede  encontrarse en muchas ocasiones tan alejado del habitus de referencia, que puede experimentar “en cualquier momento, con gran intensidad, otras emociones y creencias muy alejadas (y hasta incompatibles con) de lo que debería ser su nicho (o identidad) social” (Castro, 2008:315). El espejismo de condensar al individuo en un “amasijo de hábitos e inercias sociales cuyas disposiciones reproducen especularmente las posiciones del campo en el que se han socializado” (Castro, 2008:767), es privar de las pasiones propias del ser humano, porque la socialización en y por la familia, por ejemplo, se complementa por fuerzas subjetivas igual de presentes y coercitivas al sujeto en cuestión.
Todo es relativo en relación con la organización social y su emplazamiento espacio-tiempo social y circunstancias particulares. No todas las realidades sociales son ficciones sociales, construcciones sujetas por el único reconocimiento colectivo, la familia como único principio colectivo y responsable de la construcción cognitiva que forma parte de la realidad común. No todo podemos observarlo como calculadas armonías de imágenes orgánicas (como jerarquías) de unidad familiar: lo que en sociedad es natural es natural en cuanto a ideologías, por ejemplo, y en cuanto a ese imaginario social que es inherente a un contexto, a un instante muy preciso de la historia. ¿qué entendemos por familia hoy?
Aceptamos y obedecemos (la mayor parte de las veces, sino siempre o casi nunca) las reglas y costumbres sociales de una manera dócil por (en) nuestro habitus, sin embargo, como una crítica demasiado unilateral de los modelos del actor reflexivo “podría hacernos caer en otro sesgo identificado por el sociólogo americano Harold Garfinkel; tomar a los agentes sociales por -idiotas culturales-“ (Corcuff, 2005:37). Afirmar tan taxativamente, de modo tan dicotómico la lógica intelectual con la práctica es no advertir que la reflexividad (sobre lo que se está haciendo), no siempre es precedente de la acción y no está igualmente ausente de las conductas prácticas. Bourdieu “propone el ejemplo del juego, en el que los jugadores, una vez que han interiorizado sus reglas, actúan conforme a ellas sin reflexionar sobre las mismas ni cuestionárselas” (Aguirre, 1997:1). Con todo ello, los actores se pliegan al propio juego en sí.
Podemos entonces cuestionarnos si la conciencia permite o no huir de las azarosas alteraciones de este habitus (formas de obrar y pensar) como parte de un sistema complejo que se autoorganiza de modo desordenado e imprevisible.
“También hay que tomar nota de todo lo que lo social incorporado (…)
debe al hecho de estar ligado al individuo biológico y, por lo tanto,
de ser dependiente de las debilidades y fallos del cuerpo:
el deterioro de las facultades, mnemónicas en particular,
o la posible imbecilitas del heredero de la corona, o la muerte.”

(Bourdieu, 1999:206)


Bibliografía
Aguirre, J. (1997) Reseña. Razones Prácticas. Sobre la Teoría de la Acción. Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid.
Bourdieu, P. (1991) El sentido práctico. Taurus. Madrid.
Bourdieu, P. (1997) Razones Prácticas. Sobre la teoría de la acción. Anagrama. Barcelona.
Bourdieu, P (1999) Meditaciones pascalianas. Anagrama. Barcelona.
Castón, P. (1996) La sociología de Pierre Bourdieu. REIS núm. 76. Pp. 75-97. Madrid.
Castro L. et alia (2008) ¿Quién teme la naturaleza humana) Editorial Tecnos. Madrid.
Castro, L., Morales, J. (2008) Metodología de las ciencias sociales. Editorial Tecnos. Madrid.
Chinoy, E. (1966) La sociedad. Una introducción a la sociología. Fondo de Cultura Económica. México.
Corcuff, P. (2005) Las nuevas sociologías. Alianza Editorial. Madrid
Giddens, Anthony (2009) Sociología. 5ª Edición. Alianza Editorial. Madrid
Giménez, G. (2002) Introducción a la sociología de Pierre Bourdieu. Colección Pedagógica Universitaria. Nº.  37-38, enero-junio/julio-diciembre 2002. México.
Giménez, G. (1997) La sociología de Pierre Bourdieu. Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. México.
Giner, S., et alia. (2006) Diccionario de Sociología. Alianza Editorial. Madrid.
Kerbo, H. (2010) Estratificación social y desigualdad. El conflicto de clase en perspectiva histórica, comparada y global. McGraw-Hill. Madrid.
Lechte, J. (2010) 50 pensadores contemporáneos esenciales. Del estructuralismo al posthumanismo. Cátedra Teorema. Madrid.
Leone, M. y Rubén, C. (2005) Bourdieu y Pichon Riviere: Sus puntos de vista como vistas tomadas a partir de un punto. Fundamentos en Humanidades. Año VI, núm. I, Pp. 125-134. Universidad Nacional de San Luis. Argentina.
Macionis, J., Plummer, K. (2010) Sociología 3ª edición. Pearson Educación. Madrid.
Ritzer, George (2010) Teoría sociológica moderna. Quinta edición. McGraw-Hill/Interamericana de España. Madrid.
Rodríguez, C. (1997) Gazeta de antropología. Nº13. Recensiones. Granada.
Romeu, V. (2011) Arte y reproducción cultural. Estudios sobre las Culturas Contemporáneas, vol. XVII, núm, 33, pp. 113-139. Universidad de Colima. México.
Silva, V., Browne, R. (2008) Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas, 17. Publicación electrónica de la Universidad Complutense. Madrid.
Wilkis, A. (2004) Apuntes sobre la noción de estrategia en Pierre Bourdieu. Revista Argentina de Sociología, vol. 2, núm. 3, noviembre-diciembre. Pp. 118-130. Consejo de Profesionales en Sociología. Argentina.

lunes, 24 de febrero de 2014

Pierre Bourdieu - Razones Prácticas sobre la teoría de la acción Parte II


El texto propuesto para este comentario está extraído del libro de Pierre Bourdieu, Razones prácticas. Sobre la teoría de la acción, en su capítulo quinto Espíritus de estado. Génesis y estructura del campo burocrático, anexo El espíritu de familia. Es una compilación de conferencias pronunciadas por Bourdieu en varias instituciones prestigiosas en diferentes partes del mundo.
Comentario del contenido

La pretensión de Bourdieu fue salvar los estereotipos para materializar “las relaciones de poder existentes en la realidad social” (Lechte, 2010:116). Una de sus fuentes fue el imperativo sociológico de romper con las ideas preconcebidas, y tal como señala Giménez, en el paradigma bourdieusiano se puede identificar una “doble serie de convergencias tendenciales” (Giménez, 1997:2). En primer lugar, rebasar pretéritas herencias como la de la vieja filosofía social, con la dicotomía entre idealismo y materialismo; sujeto y objeto; colectivo e individual. Y en segundo lugar, captar las realidades sociales como construcciones históricas y comunes de actores individuales como colectivos, éstas como mecanismos que restan voluntad y control de estos mismos actores. Aquí podemos identificar claramente la concepción de la familia que señala Bourdieu en el texto analizado: “(…) principio colectivo de construcción de la realidad colectiva” (Bourdieu, 1997:128).
Para Bourdieu el análisis sociológico debe incluir uno que incluya la construcción de las visiones del mundo, éstas que además contribuyen en dicho proceso constructivo. Las representaciones de los agentes involucrados son diferentes conforme su posición y habitus, estos últimos entendidos como esquemas de percepción y de apreciación, como “estructuras cognitivas y evaluativas” (Leone, 2005:129). La acción del habitus define la posición social en la que se ha construido y afirma que la familia es un “principio de construcción”:

“(…) uno de los elementos constitutivos de nuestro habitus, una estructura mental
que, puesto que ha sido inculcada en todas las mentes socializadas
de una forma determinada, es a la vez individual y colectiva; una ley tácita (nomos)
de la percepción y de la práctica constituye la base del consenso sobre
el sentido del mundo social (…)”
(Bourdieu, 1997:129)
Este principio de construcción es a su vez inherente a los individuos y a la vez los sobrepasan, ya que lo encuentran bajo la forma de la objetividad en todos los demás. En la práctica de la vida cotidiana es dónde se cumplen y reproducen todos lo procesos diferentes, que según este autor, lo asocia a la génesis social del habitus, en primer lugar la inculcación como acción pedagógica realizada dentro de ese espacio acotado como el escolar o el familiar, y en segundo lugar, la incorporación, como dimensión de interiorización de las “regularidades inscritas en sus condiciones de existencia” (Giménez, 2002:5). Sin embargo, procesos divergentes pero recíprocamente relacionados, dado que cada institución regula “su poder de inculcación a través de la mediación de condiciones de existencia específicas” (Ibídem:5).
El habitus se revela esencialmente por el sentido práctico, por las habilidades y capacidades que tenemos para actuar conforme al lugar que ocupemos en el espacio social, y siempre desde las propias restricciones en los que estamos comprometidos. Lo hacemos sin reflexionar, sin ser conscientes, sujetos a las distribuciones propias, que actúan como automatismos. Bourdieu señala de esta manera los mecanismos sociales que intervienen en la configuración del habitus:

“ (…) son, en efecto, las estructuras características de una clase
determinada de existencia que, a través de la necesidad económica y social
que hacen pesar sobre el universo relativamente autónomo de la economía doméstica
y las relaciones familiares, o mejor, a través de las manifestaciones
propiamente familiares de esta necesidad externa (forma de división del trabajo
entre sexos, universo de objetivos, modos de consumo, relación entre parientes, etc.)
producen las estructuras del habitus que están en el principio de la percepción
y apreciación de toda experiencia posterior” (Bourdieu, 1991:94)

Bourdieu se refiere a la familia como una de las categorías sociales de percepción, y éstas se convierten en “(…) diferencias simbólicas y constituyen un auténtico lenguaje” (Bourdieu, 1997:20). Un lenguaje que corporaliza la familia como manifestación de la tendencia a perpetuar su ser social, con todos sus poderes y privilegios, que generan las diversas estrategias de reproducción. Asimismo, es el corpus de la eficacia simbólica de todos los ritos institucionales, la familia “(…) no es más que una palabra”, pero una que nos traslada a una frontera, al concepto de delimitación, de un espacio acotado en dicotomía con otros. Para este autor, la familia es el resultado de una “ficción social” realizada y producto de una “auténtica labor de institución” dirigida a establecer rígidamente en “cada uno de los miembros de la unidad instituida unos sentimientos adecuados para garantizar la integración que es la condición de la existencia y de la persistencia de esta unidad” (Ibídem:130).
La familia como “categoría social objetiva (estructura estructurante) es el fundamento de la misma como categoría social subjetiva (estructura estructurada)” (Ibídem:130), un flujo que se retroalimenta y reproduce el orden social. Una categoría cognitiva que construye el fundamento de diversas representaciones y de acciones que asisten a reproducir la categoría social objetiva. Someten a sus miembros a unos principios cognitivos de visión y de división, como afectivos de cohesión, o como lo afirma el propio autor “de adhesión vital a la existencia de un grupo familiar y a sus intereses” (Ibídem:130).

domingo, 23 de febrero de 2014

Pierre Bourdieu - Razones Prácticas sobre la teoría de la acción


El texto propuesto para este comentario está extraído del libro de Pierre Bourdieu, Razones prácticas. Sobre la teoría de la acción, en su capítulo quinto Espíritus de estado. Génesis y estructura del campo burocrático, anexo El espíritu de familia. Es una compilación de conferencias pronunciadas por Bourdieu en varias instituciones prestigiosas en diferentes partes del mundo.

Breve nota sobre el autor

Pierre Bourdieu (1930-2002), sociólogo y antropólogo social francés, fue catedrático de sociología del Collége de France. Ha sabido reunir a tres de los padres fundadores de la sociología, “que tradicionalmente se consideraban opuestos: Karl Marx, Émile Durkheim y Max Weber” (Corcuff, 2005:30). Son destacados sus trabajos centrados en la “reproducción de la dominación cultural mediante el sistema escolar y universitario” (Giner, 2006:71), como los referentes a los procesos sociales y cognitivos que generan las prácticas culturales, como es el caso del texto que nos ocupa en este trabajo (Raisons pratiques, 1994), como otros que les dedicó el mismo objeto de estudio (Le sens pratique, 1980; La misere du monde, 1993; Esquisse d´une théorie de la pratique, 1972).
La sociología de Bourdieu es una sociología crítica, de análisis del poder, con el objeto de descubrir los mecanismos no visibles que les permiten ejercer esa dominación económica y simbólica por medio de la legitimación de su poder por los dominados. Intentó distanciarse de las “representaciones tradicionales de la jerarquía social” (Wilkis, 2004:128), y lo hizo dando a conocer el mundo social estructurado conforme propiedades relacionales que intervienen como poderes. Al final del prólogo de Razones Prácticas, Bourdieu se refiere a su propio trabajo como una “sociología de la libertad”, que viene defendiendo desde hace treinta años. Esta sociología de la libertad “(…) ofrece algunos de los medios más eficaces para acceder a la libertad que el conocimiento de los determinismos sociales permite conquistar contra los determinismos” (Bourdieu, 1997:10).
Localización

La sociología de Bourdieu aparece como una de las más significativas que ha conocido Francia después de la guerra, tanto por sus desarrollos teóricos como por la diversidad de sus aportaciones empíricas. Bourdieu siempre procuró que la elaboración teórica nunca estuviese completamente desligada de la investigación, interesándose fundamentalmente por la observación de la desigualdad y la distinción de clases en la perspectiva estructural más que ideológica, aunque sin someterse frente a lo que llamó “la ilusión objetivista del estructuralismo” (Lechte, 2010:116). Su idea se fundamentaba desde la máxima por conseguir que la ciencia se liberara de su dependencia de todo modelo, para obtener así capturar la verdadera naturaleza de la vida social y sus relaciones con la praxis del conocimiento. Las ciencias humanas han de desconfiar de modelos que expliquen las acciones, ya que “muy pocos comportamientos se rigen por intenciones estratégicas” (Rodríguez, 1997:1). 
Lo que Bourdieu designó como “constructivismo estructuralista” condensa la originalidad de su enfoque, y lo define como la conciliación de lo objetivo y lo subjetivo, una orientación donde reside la idea de ruptura epistemológica. En definitiva, el acercamiento de las ciencias sociales a las de la naturaleza. Bourdieu intenta vincular el estructuralismo y el constructivismo, aunque en su trabajo se puede observar una cierta inclinación hacia el estructuralismo, por lo que se le ha considerado un posestructuralista. Su constructivismo rechaza la subjetividad y la intencionalidad, lo significativo es conocer el modo en que las personas, “sobre la base de su posición en el espacio social, perciben y construyen el mundo social” (Ritzer, 2010:488). Sin embargo, la percepción y la construcción que tienen lugar en el mundo social es animada y constreñida por las estructuras.
Siguiendo particularmente la filosofía de Wittgentein, Bourdieu elaboró una sociología de la acción que se origina desde una crítica de las perspectivas intelectualistas, aquellas teorías de la acción que condensan: “el punto de vista intelectual de aquel que la observa” (Corcuff, 2005:36), en perjuicio de aquel de quien actúa. Y lo hace distinguiendo la postura del observador que reflexiona y razona sobre la acción, y la del agente que actúa. La sociología de la acción propuesta por Bourdieu se fija en la cuestión de las lógicas prácticas:
“La teoría de la acción que propongo (con la noción de habitus) equivale a decir
que la mayor parte de las acciones humanas tienen como principio
algo absolutamente distinto de la intención, es decir disposiciones
adquiridas que hacen que la acción pueda y tenga que ser interpretada
como orientada hacia tal o cual fin sin que quepa plantear por ello que
como principio tenía el propósito consciente de ese fin”.
(Bourdieu, 1997:166)

viernes, 27 de agosto de 2010

Las nuevas sociologías

El pasado 7 de agosto publiqué un resumen del epígrafe El círculo tedioso de las relecturas clásicas perteneciente al libro <<La Sociedad Dividida>> del profesor Tezanos. En él se expone esa tendencia de algunos/as sociólogos/as a considerar sólo las teorías clásicas como válidas. Hay un estudio muy extenso emprendido por muchos científicos; las nuevas sociologías. Este libro puede ser una muy buena muestra de algunos de esos trabajos.
El autor de este libro es Philippe Corcuff (Argelia 1960), doctor en sociología y director del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Lyon y presenta esta obra originalmente realizada en 1995, bajo el título <<Les nouvelles sociologies, La réalité sociale en construction>> y editado en España en 1998 y, más tarde, en una primera reimpresión en 2005, que es la que aquí comento.
Corcuff se refiere a esas antiguas trifulcas en escuelas, departamentos y facultades de ciencias sociales sobre las dualidades: estructura/sujeto, macro/micro, material/ideal, colectivo/individual, objetivo/subjetivo, al parecer una común hostilidad entre paradigmas, teorías y por ende, entre sociólogos/as. Desde esta parte introductoria desarrolla un conjunto de confluencias de ideas –algunas inéditas- entre investigaciones, intentando con ello, vencer esas dicotomías clásicas.
Philippe Corcuff
En cinco capítulos y veinte epígrafes Corcuff explica desde el origen de las oposiciones clásicas de las ciencias sociales, con referencias a la herencia de la filosofía, el principio de la sociología: lo colectivo y lo individual – la valorización de lo colectivo de Émile Durkheim-. También el autor examina los planteamientos constructivistas de Norbert Elias, Pierre Bourdieu y Anthony Giddens, todos desde diversos contextos temporales y nacionales, Corcuff como hace repetidas veces a lo largo de este libro, por igual presenta las principales aportaciones, como críticas de las mismas.
Continúa con la problemática constructivista en el capítulo tres, con autores como Peter Berger, Thomas Luckmann, Michel Callon, Bruno Latour o John Elster. Investigaciones que intentan salir del nivel macrosociológico por lo que de igual modo, esquivan la tradicional dicotomía, antes citada. En el cuarto capítulo repasa la construcción de grupos; la clase como formación histórico-social refiriéndose a autores como el británico Edward P. Thompson, prosigue con Luc Boltanski y la objetivación de los grupos –enfoque constructivista- o la reactivación de la dimensión de la tradición durkheimiana de la antropóloga británica Mary Douglas, entre otros enfoques como las categorías socioprofesionales de Alain Desrosiéres y Laurent Thévenot. Este capítulo concluye con más trabajos e investigaciones como las cuestiones de las identidades de Alessandro Pizzorno o el enfoque genético de los grupos sociales y los modos de clasificación.
Ya en el quinto capítulo manifiesta el interés de las ciencias sociales en los últimos años sobre el carácter plural de cada individuo –deseos, intereses, recursos cognitivos y afectivos o de sus identidades-. Estudios de George Herbert Mead, el interés sobre las interacciones cara a cara de la vida cotidiana –orden de la interacción- de Erving Goffman, la sociología de la experiencia de Francois Dubet , las problemáticas del yo múltiple de Jon Elster, además de otros pormenorizados estudios.



En definitiva un recorrido sintético desde los últimos treinta años, cuestionando una serie de oposiciones y categorías en esa tendencia a hacernos percibir el mundo social de forma dicotómica. Un libro con muchas referencias que hace necesario una posterior consulta sobre las citas mencionadas, por lo que es una obra que requiere una lectura avanzada, pero un texto para tener cerca en el estudio del grado. Claro está, desde mi punto de vista, of course…

Corcuff, Philippe
Las nuevas sociologías
Alianza Editorial, primera reimpresión 2005, Madrid
ISBN: 84-206-5729-8
120 páginas