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miércoles, 29 de enero de 2014

Resúmenes Sociología Política Parte 48

En la asignatura Sociología Política del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2013/14, elaboré los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria de la asignatura. Derechos reservados, sus autores.


TEMA 1: Las múltiples relaciones entre sociedad y política. El campo de estudio de la sociología política. "Sociedad y política: una relación multidimensional" Autores: Maria Luz Morán y Jorge Benedicto. Capítulo 1 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 // TEMA 2: El proceso histórico de modernización. Estado y mercado, las dos instituciones claves “Modernización y cambio sociopolítico" - Autor: Enrique Gil Calvo. Capítulo 11 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009) // TEMA 3: El surgimiento y desarrollo de la democracia en la sociedad capitalista "Democracia y sociedad industrial" - Autor: Ludolfo Paramio. Capítulo 5 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009). // TEMA 4: Las bases sociales de la política democrática "El concepto de cleavage en las ciencias sociales" Autora: Susana Aguilar. Capítulo 1 del libro de S. Aguilar y E. Chuliá, Identidad y opcion. dos formas de entender la política, Madrid, 2007. "Elecciones para elegir" Autora: Elisa Chuliá. Capítulo 6 del libro de S. Aguilar y E. Chuliá, Identidad y opcion. dos formas de entender la política, Madrid, 2007.// TEMA 5: La construcción de los universos políticos de los ciudadanos. Socialización y cultura política "La construcción de los universos políticos de los ciudadanos" Autor: Jorge Benedicto. Capítulo 8 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009). // TEMA 6: Participación y acción colectiva "Perspectivas teóricas y aproximaciones metodológicas al estudio de la participación" Auotres: Maria Jesus Funes y Jordi Monferrer. Capítulo 1 del libro de R. Adell y M.J.  Funes, Movimientos Sociales: Cambio social y participación. Madrid, UNED, 2003. "Participación política, grupos y movimientos". Autor: Gianfranco Pasquino. Capítulo 5 del libro de G. Pasquino y otros, Manual de Ciencia Política. Madrid, Alianza Editorial, 1991.

8.- Ámbitos de la participación política: los movimientos colectivos

La teoría sociológica muestra una división bipartita originaria entre los estudiosos que atribuyen connotaciones especialmente irracionales a los comportamientos de las masas y los estudiosos como Marx, Durkheim y Weber que, aun cuando con diferentes instrumentos analíticos y perspectivas, atribuyen a los movimientos colectivos un papel de relieve como modalidades de acción social, bien porque prefiguran el paso a formas de solidaridad más complejas o porque anticipan la explosión revolucionaria.

Dilemas de interpretación, la relación entre componentes psicológicos o sociológicos de la actuación social, la normalidad o la excepcionalidad de los movimientos colectivos. Referido al tema de la participación política, el interés se dirige concretamente a los fenómenos colectivos de grupo a aquellos en los que, a diferencia de en las modas, en los boom, en el pánico, los individuos, los participantes experimentan cambios en sí mismos y en el modo de relacionarse con los otros. Se pueden quizás distinguir cuatro posturas cada una de ellas ligada al nombre de un estudioso.

La aportación de Smelser, dentro del esquema analítico estructural-funcional de Parsons, el sociólogo sintetiza su posición así: Los episodios de comportamiento colectivo constituyen a menudo un primer estadio de cambio social, se manifiestan cuando se presentan condiciones de tensión, pero antes de que los medios cuales se hayan movilizado para un ataque concreto y posiblemente eficaz contra las fuentes de tensión.

Smelser inserta toda una serie de distinciones y precisiones que permiten identificar diversos tipos de comportamientos colectivos a partir de los objetivos que persiguen. Las críticas se dirigen a que la sociedad debiera interpretarse como algo estable y ordenado. El cambio que los movimientos colectivos intentan introducir en sus respectivas sociedades parece casi el producto de fuerzas externas a la misma sociedad. El resultado de creencias individuales y colectivas más que la consecuencia de determinados equilibrios histórico-estructurales y sus peculiaridades. La teoría del comportamiento colectivos de Smelser ha demostrado ser inadecuada.

Una primer alternativa es la Alberoni. Tomando como punto de partida la existencia de dos estados de lo social y de su contraposición, como en Weber entre el estado naciente y carisma y entre organización patriarcal o burocrática y en Durkheim entre agitación colectiva y solidaridad mecánica u orgánica, él contrapone estado naciente al estado institucional y de la vida cotidiana, movimiento a instituciones. El estado naciente tiene una cierta duración. En un determinado momento, el estado naciente cesa y el sistema social vuelve al ámbito de la vida cotidiana y de las formas institucionales.

La aparición del estado naciente no agota todas las formas de la transformación social. El análisis de Alberoni continúa con la identificación y la especificación de cuándo surgen los movimientos sociales, quién forma parte de ellos, cómo, es decir, de qué tipo de experiencias se trata y por último por qué, o sea, la dinámica del movimiento colectivo. Desde la perspectiva de la participación los elementos más interesantes se refieren ala identificación de los sujetos que están implicados en el proceso de ruptura de las viejas formas de solidaridad y en la creación de nuevas solidaridades. Alberoni añade una distinción entre los que empiezan el movimiento y los que sacan provecho de manera decisiva del resultado, distinción a la que se añade la de entre los que se movilizan en la primera fase del estado naciente y los que se unen en una segunda fase.

La tesis dominante a largo plazo veía en los marginados, en los alineados del sistema los más dispuestos a rebelarse contra el sistema, contra el orden social. Investigaciones han demostrado que los marginados carecen de los recursos necesarios para lanzar un movimiento colectivo. Pero el liderazgo de los movimientos colectivos reside no en individuos periféricos, sino bastante centrales, o si se quiere, de la periferia del centro.

Melucci: los que se rebelan en primer lugar no son los grupos más oprimidos o apartados, sino los que experimentan una contradicción intolerable entre una identidad colectiva existente y las nuevas relaciones sociales impuestas por el cambio. Estos pueden movilizarse con mayor facilidad porque:

1.    Tienen ya experiencia de participación, conocen los procedimientos y los métodos de lucha
2.    Ya tienen sus propios líderes y unos mínimos recursos organizativos, que provienen de vínculos comunitarios o asociativos preexistentes
3.    Pueden utilizar redes de comunicación ya existentes para hacer circular nuevos mensajes y nuevas consignas
4.    Pueden reconocer con mayor facilidad intereses comunes

Pizzorno pudo afirmar, en la línea de las propuestas enunciadas antes:

1.    No es verdad que el ciclo de luchas que se inició en la primavera de 1968 fuera desencadenado por obreros no cualificados, meridionales, jóvenes. Las luchas en general se iniciaron en ambientes de obreros especializados, militantes sindicales o jóvenes con baja cualificación pro con escolaridad relativamente alta.
2.    La presencia predominante de los obreros no cualificados ha caracterizado los conflictos que tuvieron lugar durante la que se puede llamar fase de movilización ampliada, y que comienza en el otoño de 1968.

Touraine; los movimientos sociales pertenecen a los procesos mediante los cuales una sociedad produce su organización a partir de sus sistema de acción histórica, pasando a través de los conflictos de clase y las transacciones políticas. La base de su teoría son los tres principios de identidad, de oposición y de totalidad: a través del principio de identidad el actor da una definición de sí mismo, se caracteriza respecto a los otros actores en medio de un conflicto que le enfrenta a ellos en el campo de la acción social. El conflicto hace surgir al adversario, forma la conciencia de los actores en presencia: esto es el principio de oposición. El principio de totalidad no es otro que el sistema de acción histórica cuyo dominio se disputan los adversarios situados en la doble dialéctica de las clases: cuanto más importantes son los movimientos sociales tanto más válido será el principio de totalidad.

En su teoría estructural de la acción social, Touraine vuelve al revés la explicación de Smelser: Para el francés es preciso reconocer que un movimientos social no es la expresión de una contradicción: hace estallar un conflicto. Es una conducta colectiva orientada hacia el objeto de los conflictos de clase que es el sistema de acción histórica; la dinámica social.

Con mayor atención a los actores se coloca la (casi) teoría de la acción colectiva de Charles Tilly. A partir de la existencia de todas las sociedades de un desequilibrio en la distribución del poder. En el momento en que los grupos y los actores entran en contacto entre sí, desarrollan intereses que muestran quién pierde y quién gana en las diferentes interacciones. Entra en juego la organización: el conocimiento de una identidad común y de un tejido conexivo entre los distintos individuos que componen un grupo. La organización puede permitir la movilización de los recursos por parte de los contendientes y en tanto que proceso puede indicar un control mayor o menor sobre esos recursos. De la movilización se pasa a la acción colectiva, a la persecución de fines comunes. Tanto los detentadores del poder como los que los desafían tendrán que enfrentarse a oportunidades y a amenazas que muestran la medida en que otros grupos, incluido el gobierno, son:

1.    Vulnerables a las nuevas reivindicaciones que, si triunfan, ampliarían la posibilidad de realización de los intereses del desafiante, o bien
2.    capaces de amenazar con reivindicaciones que, si tienen éxito, reducirán la posibilidad de realización de los intereses del desafiante.

La (casi) teoría de Tilly permite descubrir en especial cómo a partir del simple compartir intereses (del potencial de decepción y de protesta) se puede llegar a la acción colectiva.

Probablemente la clasificación más clara sea la propuesta de Alberto Melucci que distingue entre movimientos reivindicativos, movimientos políticos y movimientos de clase, según los objetivos perseguidos por sus dirigentes y/o participantes:

·      En el primer caso el objetivo consiste en imponer cambios en las normas, en los roles y los procedimientos de asignación de los recursos socioeconómicos.
·      En el segundo objetivo consiste en incidir sobre las modalidades de acceso a los canales de participación política y modificar las relaciones de fuerza.
·      En el tercer tipo de movimientos, el objetivo consiste en volcar el ordenamiento social, transformar el modo de producción y las relaciones de clase.

Alberoni, aun partiendo del reconocimiento de que un movimiento es el proceso histórico que empieza con el estado naciente y termina con la reconstitución del momento cotidiano institucional, después afirma que en cambio cuanto a la salida esto no coincide con el resultado de la prueba. Alberoni analiza con perspicacia los mecanismos que se establecen para controlar a los movimientos:

1.    Se obstruye el estado naciente en el momento que surge
2.    Su interpretación se hace a través de unos moldes preestablecidos para que entre en una de las figuras reconocidas como ejemplares o en una de las Figueras reconocidas como de transgresión; el sentido de esta operación consiste en definir el movimiento como institución o canalizarlo en una institución.
3.    El mecanismo mediante el cual el nuevo movimiento se ve obligado a hacer referencia a un fundamento indiscutible del pasado
4.    Los mecanismos para impedir el reconocimiento y la generalización del movimiento
5.    Los mecanismos dirigidos a impedir la movilización
6.    Las reglas para forzar al movimiento a competir eligiendo las reglas del juego y los criterios de comprobación del éxito más favorables a la institución
7.    Los métodos de infiltración
8.    La cooptación de los líderes o su sustitución
9.    La neutralización del movimiento encauzándolo en instituciones sustitutivas
10. La represión violenta

La (casi) teoría de Tilly, basada en la organización y movilización de los recursos para los fines de la acción colectiva y en el reconocimiento de los contendientes en liza es la más adecuada para ofrecer un análisis de los resultados.


La gran mayoría de los estudios de los movimientos parece haber renunciado a adentrarse en esta dirección, tras una pequeña incursión de Gurr, replegándose hacia el análisis del reflujo de los movimientos y de su fragmentación. Sin embargo, las interrelaciones entre las energías desplegadas por los movimientos, sus demandas y la respuestas del sistema y los  actores individuales son objetos de algunas investigaciones en curso referidas precisamente al caso italiano. Todos los análisis y todos los autores subrayan que los movimientos, en su diversidad, son un camino de participación política influyente, que continuará siendo recorrido y que representa una de las maneras modernas de influir sobre las políticas y los detentadores del poder, sobre cómo se eligen y cómo actúan.

sábado, 25 de enero de 2014

Resúmenes Sociología Política Parte 45

En la asignatura Sociología Política del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2013/14, elaboré los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria de la asignatura. Derechos reservados, sus autores.


TEMA 1: Las múltiples relaciones entre sociedad y política. El campo de estudio de la sociología política. "Sociedad y política: una relación multidimensional" Autores: Maria Luz Morán y Jorge Benedicto. Capítulo 1 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 // TEMA 2: El proceso histórico de modernización. Estado y mercado, las dos instituciones claves “Modernización y cambio sociopolítico" - Autor: Enrique Gil Calvo. Capítulo 11 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009) // TEMA 3: El surgimiento y desarrollo de la democracia en la sociedad capitalista "Democracia y sociedad industrial" - Autor: Ludolfo Paramio. Capítulo 5 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009). // TEMA 4: Las bases sociales de la política democrática "El concepto de cleavage en las ciencias sociales" Autora: Susana Aguilar. Capítulo 1 del libro de S. Aguilar y E. Chuliá, Identidad y opcion. dos formas de entender la política, Madrid, 2007. "Elecciones para elegir" Autora: Elisa Chuliá. Capítulo 6 del libro de S. Aguilar y E. Chuliá, Identidad y opcion. dos formas de entender la política, Madrid, 2007.// TEMA 5: La construcción de los universos políticos de los ciudadanos. Socialización y cultura política "La construcción de los universos políticos de los ciudadanos" Autor: Jorge Benedicto. Capítulo 8 del libro de J. Benedicto y M.L. Morán, Sociología Política, Temas de Sociología política, Madrid, 1995 (1º reimp. 2009). // TEMA 6: Participación y acción colectiva "Perspectivas teóricas y aproximaciones metodológicas al estudio de la participación" Auotres: Maria Jesus Funes y Jordi Monferrer. Capítulo 1 del libro de R. Adell y M.J.  Funes, Movimientos Sociales: Cambio social y participación. Madrid, UNED, 2003. "Participación política, grupos y movimientos". Autor: Gianfranco Pasquino. Capítulo 5 del libro de G. Pasquino y otros, Manual de Ciencia Política. Madrid, Alianza Editorial, 1991.

4.- Proceso con varias fases

Todo el proceso no se puede centrar exclusivamente en la participación, debe extenderse hasta abarcar las fases de la politización, previa a la participación política, y de la receptividad, aguas debajo de la participación. Que los interrogantes importantes no se pueden plantear ni se les pueden dar las respuestas adecuadas, si no se amplía adecuadamente el campo de visión.

Cuando crezca el conocimiento de que otros individuos y grupos influyen y a veces conforman destinos personales y colectivos, se asignan recursos, se apropian de oportunidades, cuando surjan empresarios políticos, cuando gracias a sus esfuerzos y empeños, vean preparados los canales de acceso y de influencia política, las demandas se politizarán y en consecuencia la tasa de participación crecerá.

El problema empírico más importante se refiere naturalmente a la explicación de las diferentes tasas de politización, y por tanto a la exploración de los factores que conducen a algunos individuos a tener una mayor politización que otros, a algunos grupos a dirigir sus demandas en mayor medida a la esfera política, a algunos sistemas políticos a presentar una tasa de politización en conjunto más elevada que otros, con la presencia de más grupos y de empresarios políticos más numerosos y más en conflicto entre sí. La explicación debe referirse a un conjunto de factores y derivan de la cultura y de la estructura política del sistema.

Si la participación ha tenido éxito la inclinación a participar después se verá incrementada. Entonces se verá incentivada la posterior participación. Ningún análisis de la participación política puede decir que es exhaustivo si no afronta también esta vertiente: la de las consecuencias de la participación política. La utilidad concreta e inmediata de la participación está puesta en discusión y se difunden estímulos de diferente tipo y de distinta intensidad hacia la no participación, al abstencionismo electoral, al abandono del ámbito de lo público a favor del retorno a lo privado.

Lo que cambia es la frecuencia y la intensidad con que se recurre a ellas y por otra, aún más importante, el distinto paquete dentro del que se insertan las distintas modalidades, llegando a formar configuraciones diferenciadas, tanto en los que se refiere a los sistemas políticos como en las predisposiciones y a las actividades concretas de los participantes individuales. La participación se expresa bajo formas de actividad orientada a la decisión y de actividad orientada a la expresión.

5.- Modalidades de participación política

La participación electoral no es más que una de las modalidades de participación política y quizás no si quiera la más importante; la más difundida y la más universal. Puede constituir tanto el momento culminante de un conjunto de otras actividades de participación política como el momento inicial. Se presta a diversos análisis en profundidad, a los diferentes niveles del sistema político, y entre sistemas, de tipo comparado. Ningún análisis de la participación política puede, pues, prescindir del análisis del comportamiento y de la participación electoral.

El voto es un acto relativamente simple pero también es un acto que traduce con rapidez las preferencias de cada uno de los electores, sin por otra parte comunicar información específica. Con el voto los electores suelen expresar preferencias de gran importancia pero no ofrecen, ni puede hacerlo, informaciones concretas.

En cuanto que es simple, de impacto inmediato y exento de informaciones concretas, el voto está también relacionado y es relacionable con otras modalidades de participación política, o con la predisposición a recurrir a ellas. Constituye un acto de participación política eminentemente individual y personal, presenta un conjunto de características que permiten, e incluso animan a ello, analizando en un contexto más amplio.

Entre las generalizaciones más corroboradas las investigaciones, en lo que respecta a la inclinación de los individuos a ejercer su derecho de voto se refieren por un lado a algunas orientaciones psicológicas, y por otro a algunos componentes que podemos definir en sentido amplio como ambientales. Es muy improbable que una persona que tenga escaso interés por la política, pocas informaciones y limitado sentido de eficacia pueda motivarse o ser motivado lo bastante como para acercarse a las urnas.

Las investigaciones empíricas muestran que de todos los indicadores socio-económicos son las personas que se encuentran en los puntos más altos de la escala las que votan más y, por el contrario, las más desfavorecidas desde el punto de vista socio-económico habitualmente votan y participan menos, de ello se deduce que el estatus socio-económico es la variable independiente a qye hacer referencia para explicar la presencia o la ausencia, así como la cantidad y la calidad de los comportamientos de participación política. Las personas cercanas al centro de la sociedad están más inclinadas a participar en política que las personas cercanas a la periferia.

Milbrath afirma qué debe entenderse por “centro”: éste está constituido por aquellas personas y grupos que disponen de un nivel de renta elevado, tienen un buen grado de instrucción, desempeñan un trabajo no manual, controlan su propio tiempo, pertenecen a sectores sociales, lingüísticos, religiosos y étnicos dominantes. Su mayor participación política sería debida a su deseo sustancial de conservar los recursos a su disposición, su posición privilegiada.

Pizzorno formula un segundo modelo susceptible de una fecunda extensión y ofrece una respuesta alternativa también al problema de “quién vota”. Sostiene que la participación política es mayor cuanto mayor es la conciencia de clase.

Las organizaciones constituyen el instrumento principal de participación política, aquel en el cual las desigualdades de estatus pueden colmarse, aquel gracias al cual personas de condición socio-económica inferior pueden aspirar a reducir el desnivel en el acceso al poder político y en la distribución de los recursos. Si las necesidades no son simplemente traducidas, sino transformadas, si la organización supone implícitamente estratificación y por tanto burocratización y desigualdades, ella, que se ofrece como condición de solidaridad y de participación, contiene dentro de sí también los gérmenes que la llevan a esclerotizar la misma participación.

El punto crucial es que serán también los individuos con el estatus socio-económico relativamente más alto los que ocupen las posiciones d emayor importancia, resultando los participantes dotados de mejores recursos, más activos y por consiguiente más influyentes, se reproducen en las organizaciones algunos desequilibrios de influencia que encuentran sus ríces en desequilibrios de estatus preexistentes. Estas organizaciones; las de las clases inferiores, pueden tener un efecto positivo, si son capaces de movilizar a todos o a gran parte de sus potenciales seguidores, en la tarea de reducción de las desigualdades entre sectores de estatus socio-económico elevado y sectores de estatus socio-económico inferior.

Se mezclan las variables personales con las de grupo. Se definen como existencia de una comunidad relativamente estable, inserción de los individuos en redes organizativas, presencia de partidos que dirigen sus llamamientos y sus esfuerzos a la movilización de los sectores inferiores. La capacidad de las organizaciones de infundir solidaridad y de crear identidad en sectores sociales que participan de experiencias socio-económicas y culturales similares. Pizzorno: la conciencia de clase promueve la participación política y la participación política acrecienta la conciencia de clase.

La centralidad y el privilegio pueden definirse también con referencia al sexo y a la edad. Las investigaciones demuestran que el conjunto de factores más importantes para facilitar la participación política cuajan cuando los individuos alcanzan la plena inserción en la vida social y laboral. Resueltos los problemas de la búsqueda de un trabajo y de una pareja, los individuos de las clases centrales de edad entran en una vida de relaciones que es eminentemente orientable hacia la participación política como elemento añadido importante precisamente de esa vida de relación.

Con el cambio de los tiempos de trabajo y de los tiempos de vida que ha experimentado el mundo juvenil y el femenino, la propensión a la participación política, aunque no en sus formas clásicas e institucionalizadas, como instrumento para modificar las propias oportunidades de vida y de trabajo, puede haber aumentado. La propensión a participar experimenta cambios de fondo y también la tendencia a retirarse de la esfera política de algunos sectores de los participantes tradicionales.

La participación electoral no agota la actividad de participación política y, muchos autores sostienen que el comportamiento electoral constituye un terreno de investigación y teorización que hay que distinguir y separar de la participación política.

Milbrath sistematiza sobre todo la literatura y la práctica estadounidense y anglosajona sobre la materia. En orden creciente de complejidad, los comportamientos de participación política de alguna manera aceptada e institucionalizada son:

1.    Exponerse a estímulos políticos
2.    Votar
3.    Empezar una discusión política
4.    Tratar de convencer a otro para que vote de una determinada manera
5.    Llevar un distintivo político
6.    Tener contactos con un funcionario o con un dirigente político
7.    Dar dinero a un partido o un candidato
8.    Participar en un comicio o en una asamblea política
9.    Contribuir con su propio tiempo a una campaña política
10. Inscribirse como miembro activo en un partido político
11. Participar en reuniones en las que se toman decisiones políticas
12. Solicitar contribuciones en dinero para causas políticas
13. Presentarse como candidato para un cargo electivo
14. Ocupar cargos públicos o de partido

La investigación de Verba, Nie y Kim abarca cuatro tipos de actividades:

1.    Tomar parte en las campañas electorales
2.    Desempeñar actividades de colaboración en grupos
3.    Votar
4.    Tomar contactos con dirigentes políticos y de partidos

La investigación realizada en Italia Barbagli y Macceli han utilizado la siguiente relación de comportamientos:

1.    Dedicar tiempo y trabajo a un partido
2.    Acudir a oír un debate político
3.    Participar en una manifestación
4.    Inscribirse en un partido
5.    Dar dinero a un partido
6.    Participar en un comicio
7.    Dirigirse a un hombre político por algún problema personal o de su propia familia
8.    Enviar cartas o peticiones a autoridades públicas
9.    Tratar de convencer a alguien para que vote por una candidato
10. Tratar de convencer a alguien para votar por un partido
11. Firmar proposiciones de ley por iniciativa popular y de referéndum

Una comparación entre la relación de Milbrath y la de Barbagli y Maccelli muestra dos modos distintos de leer la participación política.

·      En el contexto estadounidense, la participación política es un asunto de individuos en su comunidad,.
·      En Europa está fuertemente mediatizada por y desde el interior de los partidos. Hay que tomar en consideración el papel y el peso de los partidos.

Otro punto importante de la relación de Barbagli y Maccelli consiste en la recuperación de algunos comportamientos que otros autores pretenden colocar dentro de la participación heterodoxa, no convencional. En cuanto a las formas de este último tipo de participación su relación podría ser:

1.    Adherirse a un boicot
2.    Negarse a pagar los impuestos y tasas
3.    Ocupar edificios o fábricas, realizar sentadas
4.    Participar en una huelga salvaje
5.    Bloquear el tráfico con una manifestación callejera

Según las relaciones que se usen, las estrategias de la investigación y los objetivos que se persiguen se pueden hacer distintas clasificaciones de los ciudadanos, participantes o no. Kaase y Marsh dividen a los ciudadanos de los cinco países a que se refiere su análisis comparado (Austria, UK, Holanda, RF Alemana y EEUU) en cinco tipos:

1.    Los inactivos: aquellos que como mucho leen de política en los periódicos y están dispuestos a firmar una petición, si se les pide
2.    Los conformistas: los que sólo se implican en formas convencionales de participación
3.    Los reformistas utilizan las formas de participación convencional, pero su repertorio político incluye también formas de protesta, manifestación y boicot.
4.    Los activistas llegan hasta adoptar las formas no legales e ilegales de acción política.
5.    Los contestatarios son parecidos a los reformistas y a los activistas en su vinculación con los comportamientos de protesta. Pero no toman parte de las formas convencionales de actividad políticas, participarán en manifestaciones, irán a la huelga, ocuparán incluso edificios, pero no entrarán en contacto con los dirigentes ni se dejarán ver en las urnas.