miércoles, 23 de enero de 2013

Sociología de la Diversidad – Resúmenes Parte 34


En la asignatura de Sociología de la Diversidad del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, el compañero Víctor Riesgo Gómez y yo, realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria. Como libro de referencia: Sociodiversidad y sexualidad (José Antonio Nieto Piñeroba) Derechos reservados, sus autores.

Tomás Javier Prieto González:
Tema 1 Planteamiento de la sociología de la diversidad // Tema 2 Acción desviada, conducta desviada y alteridad // Tema 3 El finiquito de la desviación y de la conducta desviada // Tema 4 De la desviación y de la diversidad // Tema 6 Sociología de la diversidad //  Tema 7 Antropología de la sexualidad y discursividad // Tema 8 Los guiones sociales. El individuo, el cuerpo y el transgénero // Tema 9 Notas sueltas sobre sexualidad en la disctadura, transición y democracia española // Tema 10 Despsiquiatrizar el transgénero Tema11 El transgénero en las sociedades polinesias

Víctor Riesgo Gómez:
Tema 5 Razones que justifican la diversidad en sociología

II. Reflexiones en torno al resurgir de la antropología de la sexualidad

Para resurgir se necesita que lo que resurge hay estado previamente oculto, enterrado. Y, en este sentido, resurgir es resucitar. Es el caso de la antropología de a sexualidad.

Antes de este resurgir, el registro de la sexualidad en antropología se constituía como silencio o, en menor medida, como la descarga involuntaria e incontrolable del impulso biológico en cultura. El resurgir de la antropología de la sexualidad transforma la situación; viene dado fundamentalmente por líneas de pensamiento propias de la construcción sociocultural de la sexualidad. La construcción sociocultural de la sexualidad, al propiciar interés por el estudio del hecho sexual, rompiendo silencios clamorosos o aportaciones esporádicas ha supuesto también el aumento de las publicaciones en que la base biológica sexual da forma y contenido a la sexualidad. Se expondrá cómo la sexualidad se forja en sociedad y en cultura: el pensamiento construccionista y su crítica a aproximación biológica, que en antropología se presenta en forma biocultural.

De lo que se infiere una perspectiva menos neutra, natural y objetiva. Y, por otro, una perspectiva más politizada e (inter)subjetiva de esa misma organización de la sexualidad.

Otra aportación importante de la antropología construccionista ha sido el estudio del impacto de la industrialización, modernización, occidentalización y globalización de la sexualidad en países del suroeste asiático, africanos, caribeños y latinoamericanos. La antropología construccionista de la sexualidad ha contribuido a la desestabilización del fijismo conceptual del sexo y del género favoreciendo la emergencia de la teoría de la performatividad, que enfatiza más la ambigüedad e indeterminación de los actores sociales que producen los discursos sexuales, que su significado.

Lo que une a todas ellas es su posicionamiento no esencialista. El paso de la biología a la cultura. A mi juicio, es el sostén en que reposan las columnas de la “nueva” sexualidad.

El resurgimiento de la antropología de la sexualidad

Para Lindenbaum, el hecho en sí del resurgimiento antropológico sexual está cargado de gran significado. Linderbaum, la “antropología redescubre el sexo”. La autora manifiesta que los antropólogos se han mostrado desapegados, remisos, apartados del simbolismo corporal y del estudio de la sexualidad. Así, desinteresados por la investigación de las conductas sexuales, de la expresión de la sexualidad y de sus significados en distintos contextos sociales e históricos, los antropólogos poco pueden hacer para formalizar teorías acerca del desarrollo de la sexualidad y de la identidad de género. Es en los 80 cuando la antropología retoma con interés la sexualidad.

Vance propicia, reafirma y profundiza la afirmación de Lindenbaum. Que Lindenbaum use el término “sexo” y Vance en su lugar, use el vocablo “sexualidad” no implica gran cosa, el fondo de la cuestión permanece inalterado. Desde la muerte del “padre” de la antropología de la sexualidad, Malinowski, hasta el último tercio del SXX, la sexualidad para la antropología se sitúa en el silencio o en la periferia más apartada de la disciplina.

La antropología social y cultural, Para Vance, a partir de 1975 y, con mayor vigor, desde 1990, distanciándose de posturas deterministas y esencialistas propias de la biomedicina, adopta interpretaciones innovadoras de la sexualidad. La formulación de ideas y principios, previamente no contemplados, que enmarcan la sexualidad desde la perspectiva teórica de la “construcción social”. La antropología se aparta del “Modelo biomédico de sexualidad”.

Vance opone la construcción social de la sexualidad al “modelo de influjo cultural”; representa la versión antropológica del modelo biomédico de sexualidad. Biología y cultura operan contradictoriamente. En el modelo de influjo cultural la cultura frecuentemente queda desdibujada, constreñida o determinada por la biología. De manera que las diferencias culturales y la diversidad sexual quedan anuladas o registradas en un segundo plano. Ya que la sexualidad resulta inseparable de la biología, es inherente a ella, la cultura es el símbolo “inútil”, como la ganga de los minerales, que acompaña a la inmanencia biológica. Y, así, la sexualidad, queda cegada para la antropología y, al igual que para la medicina, se inscribe en contenidos a los que se da proyección y alcance transcultural, universal.

Lo más significativo del salto del “modelo de influjo cultural” al “Modelo de construcción social y cultural de sexualidad” se sustancia en dos grandes apartados:

1.    El salto de la biología a la cultura, a la hora de interpretar la sexualidad circunscrita por la realidad social.
2.    El salto de la universalidad comprensiva de la sexualidad a su comprensión particularizada.

Lo primero a su vez, lleva en sí y envuelve una nueva presentación de los distintos aspectos de la sexualidad. Lo segundo permite dar mayor relevancia a la particularidad cultural de sociedades muy concretas. El modelo de construcción social y cultural sitúa la comprensión de la sexualidad con precisión temporal, en tanto que en el modelo de influjo cultural puede decirse que el factor tiempo queda abstraído, al no establecerse, desde la perspectiva temporal, diferencias sociales y culturales. A esa postura antropológica en que en sus propuestas la sexualidad resulta invisible, está soterrada y no forma parte de la vida, la llamé erotofóbica. La reproducción sigue considerándose como centro nuclear, la denominé erotoliminal. Erotofilia: el registro etnográfico de la diversidad sexual.

Ese periodo de erotoliminalidad se caracteriza por dos rasgos fundamentales:

1.    Encerrada en si misma, arrastrada por la inercia de una sexualidad que se caracteriza por las ausencias y abstenciones teóricas y etnográficas, en comparación a otras líneas de desarrollo antropológico.
2.    Mostrando brotes, que, aunque empapados de biología, anticipan el interés antropológico por el estudio de la sexualidad y la eclosión de sus significados en distintos contextos sociales: la sexualidad del sujeto en sociedad y en cultura; la sexualidad desprovista del determinismo esencialista que la oprime y reduce.

La primera incidiendo en proyecciones de erotofobia. La segunda empieza a proyectar signos culturales que pueden interpretarse en clave de iniciación a la erotofilia.

La erotoliminalidad supone para la antropología imbricarse en un juego de tensiones que permiten, por un lado, la ocultación y, por otro la manifestación.
·      Ocultan; los escritos etnográficos y antropológicos que ignoran y silencian, por no ser “académicamente correcta”, la sexualidad.
·      Manifiestan: los mismos escritos que en sus páginas, aunque titubeantemente, hacen emerger la sexualidad.

El titubeo de la producción antropológica sexual lleva la firma de profesionales de la disciplina a los que, desde el poder académico, se da poco o nulo reconocimiento, siendo, de hecho, unos proscritos. Por varias razones:

1.    Las publicaciones de los artículos se hace en revistas que no reflejan el sentir institucional de la antropología.
2.    No se publican revistas antropológicas de sexualidad.
3.    En los capítulos de libros sobre sexualidad, la participación antropológica figura en un segundo plano, como adenda al núcleo duro biológico.

Frank A. Beach publica Human Sexuality in four Perspectives, Beach invita a una antropólogo, William H. Davenport, a contribuir con una capítulo “Sex in Cross-Cultural Perspective”.

Estos ejemplos evidencian que las reflexiones y las investigaciones sobre sexualidad tienen lugar en el seno de las diversas especialidades de las ciencias psicológicas, médicas y biológicas. Ignoran en sus fundamentos de partida que la sexualidad humana, a diferencia de la sexualidad de las ratas de laboratorio, se ensambla y adquiere significación por medio de los lenguajes, símbolos y discursos sociales. Forzando los postulados pudiera decirse que los conceptos de sexualidad y sociedad, si no son intercambiables, corren y se expresan en paralelo. La incorporación de los antropólogos, como consortes de los psicólogos, representa algo parecido a la servidumbre y al canon que la antropología debe pagar a la psicología, al haber abandonado aquella el estudio de las conductas sexuales.

Antropologicamente entendidas, todas las culturas instituyen procesos formales e informales que troquelan el alcance de lo permitido y, por ende, el ámbito de lo que no se acopla a lo pautado: la diversidad. Según la sociedad, las tipologías de la pluralidad sexual, de la diversidad, se aceptarán, proscribirán o se declararán ilegales. En materia de sexualidad el discurso de la diversidad se encarna en directrices políticas y sociales, que no constituyen pruebas científicas irrefutables. Se puede afirmar que son dos los procesos sociales que intervienen y dan forma a la sexualidad:

1.    Uno remite a la sociedad. Permite que la sociedad fije los límites de lo que sexualmente es aceptable o inaceptable. Constituyen procesos “reguladores” que refieren a la ordenación del deseo, al control corporal de los instintos y a la regulación del orden simbólico.
2.    El otro, a los individuos, a los actores sociales. Permite al individuo de una sociedad dad abordar su propia sexualidad. Son procesos “reactivos”; tienen al individuo como protagonista.

Según Plummer el “orden simbólico siempre implica desorden: aparecerán ambigüedades, los fenómenos no encajarán, surgirá nuevo material que ponga en peligro la pureza del simbolismo vigente”.

Ambos puntos de vista reflejan preconcepciones anuladoras del sujeto. Representan ideas de un discurso formulado verticalmente, de arriba abajo; de un discurso de poder. Ambos procesos, los reguladores y los reactivos, hay que tenerlos en cuenta para construir modelos culturales específicos de sexualidades. El científico dedicado a investigar la sexualidad, como sujeto social que es, también puede incurrir en dos lógicas procesuales:

1.    Que remite a la aceptación y el continuismo de prácticas científicas que obvian el constituyente social de la sexualidad.
2.    Rompe con la continuidad imperante en un momento dado y crean nuevos paradigmas interpretativos que remodelan y deconstruyen los fundamentos compresivos de la sexualidad.

El modelo de influjo cultural es un modelo de rasgos contradictorios. Por un lado, interrumpen el continuismo de la omisión sexual, por otro, prosiguen con la continuidad, al permanecer aferrados a la inherencia biológica. Así, por ejemplo, el modelo de influjo cultural sostendrá, por un lado, que la sexualidad está determinada biológicamente. Y, por tanto, es un modelo esencialista, en el que las conductas sexuales están predeterminadas por la biología: la genética, las hormonas y, por extensión, la anatomía y la fisiología corporal. Los actos sexuales en este modelo son, ante todo, actos “naturales”. El modelo de influjo cultural, en forma opuesta a la anterior, expone que en la cultura se asientan las bases de la motivación o desmotivación sexual de la expresión sexualidad; que actos, actitudes, conductas y relaciones sexuales se modelan en sociedad por medio de la cultura y a través de su aprendizaje.

Un ejemplo, que desmiente la impronta del determinismo biológico y sostiene la diversidad cultural es el de la homosexualidad. Los actos homosexuales tienen distinta lectura e interpretación, significados diferentes según la sociedad en que se manifiesten. Son el resultado de organizaciones sociales diferentes que facilitan, hacen prescriptiva o restringen la expresión de la homosexualidad. Hay posturas de permisividad social o de resistencias colectiva a la restricción que ejerce la sociedad. Los roles homosexuales se ejercen culturalmente; entre ellos hay diferencias culturales sustanciales que no permiten ser encuadradas en un mismo marco conceptual; detrás de todo ello, una organización y una estructura social que hace posible la manifestación sexual, en su práctica en sociedad, se exprese de una forma u otra. Puede distinguirse:

1.    Relaciones homosexuales estructuradas por edad.
2.    Relaciones homosexuales enmarcadas en la transformación del género y de los roles que le caracterizan.
3.    Relaciones homosexuales entre “iguales”.

El determinismo biológico que apunta el modelo de influjo cultural queda invalidado en los ejemplos de homosexualidad que han quedado más arriba indicados. Las conductas homosexuales no son “fotos fijas”. No se pueden entender las sociedades, integradas por sujetos con capacidad de autoorganización, en términos exclusivamente biologistas. El uso y abuso de la biología con fines indeseados e indeseables no es nuevo. A finales del SXIX. Lombroso afirmaba que el criminal “nacía”. Su vida, pues, estaba anticipatoriamente predeterminada por la biología. Pococ científicos, hoy en día, serían capaces de invocar las ideas de Lombroso. Sin embargo, hay científicos que explican la homosexualidad en clave determinista y base biologista. Para Weill los homosexuales tiene desarrolladas las caderas. Para Henry, por el contrario, las tienen poco desarrolladas. Para Le Vay, los homosexuales muestran un núcleo intersticial del hipotálamo más pequeño que el de los heterosexuales. Allen y Gorski sostienen que el conjunto de fibras nerviosas que constituyen la comisura anterior del cerebro tiene dimensiones más anchas en los homosexuales que en los heterosexuales; y Hamer no duda en afirmar que la conducta homosexual está cuasi determinada por los genes.

El determinismo biológico es una explicación reduccionista de la vida humana en la que las flechas de causalidad van de los genes a los humanos y de los humanos a la humanidad. Pero es más que una simple explicación: también es política. La justificación biológica anule teóricamente la condición sociológica del individuo, permitiendo en la práctica que las desigualdades sociales vayan en aumento. A pesar de la falta de apoyo financiero, la contribución antropológica y de otras ciencias sociales a la sexualidad, desde la construcción social, ha ido en aumento. A partir de esa fecha paradigmática situada en el inicio de los 90. Quedan atrás los tiempos en que, según Vance mencionar. En una reunión internacional de sexología, que el sexo, la sexualidad y el género no están configurados por la historia y son productos de experiencias sociales, además de resultar “chocante”, provocaba risitas nerviosas en los oyentes y el ostracismo social de quien mantenía esa tesis.