martes, 22 de enero de 2013

Sociología de la Diversidad – Resúmenes Parte 33


En la asignatura de Sociología de la Diversidad del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, el compañero Víctor Riesgo Gómez y yo, realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria. Como libro de referencia: Sociodiversidad y sexualidad (José Antonio Nieto Piñeroba) Derechos reservados, sus autores.

Tomás Javier Prieto González:
Tema 1 Planteamiento de la sociología de la diversidad // Tema 2 Acción desviada, conducta desviada y alteridad // Tema 3 El finiquito de la desviación y de la conducta desviada // Tema 4 De la desviación y de la diversidad // Tema 6 Sociología de la diversidad //  Tema 7 Antropología de la sexualidad y discursividad // Tema 8 Los guiones sociales. El individuo, el cuerpo y el transgénero // Tema 9 Notas sueltas sobre sexualidad en la disctadura, transición y democracia española // Tema 10 Despsiquiatrizar el transgénero Tema11 El transgénero en las sociedades polinesias

Víctor Riesgo Gómez:
Tema 5 Razones que justifican la diversidad en sociología



Antropología de la sexualidad y puritanismo académico

Por qué se llega a los años 80 con una antropología de la sexualidad tan poco desarrollada: tanto antropología  cultural americana cuanto la antropología social inglesa se despreocupan por puritanismo académico del estudio de la sexualidad. Los antropólogos para no arriesgar carreras y no poner en peligro estatus destierran la sexualidad de sus culturas “exóticas”, como objeto de estudio. Proyectan al exterior lo que viven de forma puritana en sus culturas de origen: inglesa y americana.

Conscientes de su silencio al hacer omisión de la sexualidad, abandonan con la misma lógica recurrente el estudio de las conductas sexuales por el estudio de los sistemas sociales y culturales y por el estudio de la organización social. Handler reconoce como “el problema sexual de América”. Equiparando sexualidad con reproducción y a ésta identificándola como la finalidad de todo matrimonio, la práctica sexual deviene un instrumento social y necesario con respecto a logros. Fuera del matrimonio, la sexualidad se desvía de la norma y se pervierte. Por un lado, patologizando las conductas sexuales extramatrimoniales y, por otro, penalizándolas jurídicamente y reconviniéndolas socialmente, se logra institucionalmente “soterrar” al sujeto. Dentro de las coordenadas del matrimonio, la sexualidad interesa a la antropología , pero le interesa como subproducto, anécdota, margen, desprendimiento, contingencia o apéndice, quedando enterrada en las conductas sociales de la antropología del parentesco o de la antropología del matrimonio y de la antropología de la familia.

Tuzin nos relata el caso de los ilahita arapesh. Observa cómo los antropólogos que le precedieron y conocían, más o menos directamente, la organización social de la sociedad, muestran una enorme extrañeza ante el hecho de que los ilahita arapesh practiquen el cunnilingus. Con la excepción de uno, ningún antropólogo se había interesado por la práctica. No se hicieron preguntas de ningún tipo. Los ilahita arapesh llevan a efecto, en ceremonias rituales, cortes precisos en el pene de los niños, a la mitad o final de la infancia, para hacerles sangrar y desprenderse, así, de las sustancias y esencias femeninas. De no ser efectuado tan acontecer, los niños no podrían desarrollarse y lograr su masculinidad. Lo que sin embargo no reportan la etnografías es el elemnto autoerótico de la práctica. Para hacer el sangrado del pene, este está erecto y la erección se consigue masturbándose y por medo de fantasías. Así, presenciamos un aclara deserotización de conductas, estamos ante posturas erotofóbicas.

No describir ejercicios de la expresión sexual, resulta objetivamente paradójico e irritante en una disciplina que si tuviera que caracterizarse por algo, la característica vendría dada por su poder de descripción. Transmutar la sexualidad pos la socializad, lo sexual por lo social, las conductas sexuales por las conductas culturales o idioculturas es transmutar la comunicación sexual por la metacomunicación, los relatos sexuales por los metarrelatos, la información sexual por la metainformación. De la transparencia se hace opacidad. Desde el momento en que los antropólogos se desentienden de las conductas sexuales, son los psicólogos los que hacen de ellas su estudio.

En 1932, Malinowski, antropólogo de origen polaco imparte docencia en Inglaterra y proclama que hay un “exceso de sexo”. Se “culpa” y “autorresponsabiliza” de haber escrito cuatro libros sobre el tema, de los cuales dos de ellos llevan la palabra sexo en los titulares. Decide subrayar que hay un exceso de sexo en antropología y que, consecuentemente, la disciplina como tan debe interesarse por otros temas distintos a la sexualidad. Malinowski “decreta” la extinción de la sexualidad en antropología. Hay que interpretarla como una proclama-consigna deliberada e intencional, aunque no manifiesta, en el sentido literal de reconocer que así se podrían soslayar potenciales sombras que de producirse empañarían la reluciente carrera del maestro indiscutible del sexo. Malinowski fue factualmente anticipatorio.

Hay un largo paréntesis carencial de sexo y sexualidad, como objeto de estudio en antropología. De 50 años. Todos los antropólogos que interesándose por la sexualidad precedieron en el tiempo a Malinowski, nunca llegaron a tener un peso específico suficiente en antropología para permitirles proyectarse hacia el futuro con la fuerza que se proyectó, de hecho, el polaco-británico. Malinowski supo hacer, hacer creer y hacer hacer.

Se infiere la coexistencia de dos fuerzas opuestas:

·      La de la sexualidad representada por los escritos de Malinowski
·      La pacatería aversiva a la sexualidad de la sociedad victoriana, particularizada en su versión académica.

En el caso de Malinowski podría decirse que la parcela de poder que pudiera representar la sexualidad, en el ámbito académico, estuvo durante un tiempo en sus propias manos.

El enfrentamiento del funcionalismo sexual, biologista y psicológico de Malinowski y el estructural funcionalismo que representa el posicionamiento teórico de Radcliffe Brown. Radcliffe Brown se desentiende de la sexualidad, la hace desaparecer de los análisis de la organización social; estructura y vertebración teórica en la que la asfixia. Radcliffe Brown. Al tiempo que posicionaba análisis teóricos y descripción etnográfica, creaba escuela, a la que acudían estudiantes de distintas procedencias y nacionalidades, la ausencia de la sexualidad en los estudios antropológicos toma dimensiones internacionales, a medida que los discípulos de Radcliffe Brown, haciendo de portavoces, expanden la “buena nueva” de las ideas del maestro.

Los ejemplos de Malinowski y Radcliffe Brown nos han permitido comprobar la importancia del actor social. Con todo, cuando el actor social anónimo está exento de poder, cuando no tiene facultades para establecer “decretos”, como Malinowski, o para adoptar “evitaciones”, como Radcliffe Brown.

La relación que se establece entre actor social, sociedad y un momento histórico concreto es crucial para comprender los significados sexuales que se desprenden de la imbricación sujeto, cultura y época. Con independencia de la magnitud de la “desviación” del actor social, su expresión sexual debe estudiarse con carta de naturaleza propia, no, como se ha dicho, como desprendimiento de la sexualidad normativa, tradicionalmente heterosexual reproductora. Es esta imbricación, dada en pareja, individuo-sociedad, la que preocupa a una antropología de la sexualidad pendiente de reflejar las distintas eróticas en su dimensión subjetiva y particularizada más completa, porque hundiendo las raíces subjetivas en sociedad es la forma de resaltar las variantes ontológicas más plurales.

De este modo, el actor social (sexual) no tiene que ser visto y tratado “objetivamente” como otro, al que se constituyen, revela y clasifica a la manera efectuada por Malinowski con los nativos trobriandeses. Y como es conocido, desde la publicación de los diarios, para Mainowski, los nativos son “salvajes” a los que el autor confiere una identidad nítida, son humanos pero son “otros”, distintos a los que él y la sociedad occidental representan.

Con el despectivo otros se trata descriptivamente a los homosexuales, que dan lugar, a su vez, a la exclusión y a la discriminación social y que han sido criticados abiertamente desde distintos ángulos y posicionamientos teóricos. Las resistencias a la norma se ablandan con hechos más pedestres que no figuran en las “sutilezas” normativas. Con reglas no escritas: segregando, marginando, orillando, silenciando y también aprovechándose crematísticamente cuando el estatus económico del colectivo que se desvía de la norma social lo permite. En el caso de los femio-kun japoneses. Adolescentes de Tokio que prescinden de tener una identidad sexual definida. Son muchachos femeninos a los que el mundo de la moda provee de ropas e indumentarias, beneficiándose de los que podría denominarse mercadeo del desvío. Los femio-kun no son travestidos; son adolescentes, hombres, que se visten de chico para parecer chica. También hay mujeres, que por oposición parecen chicos.

Para los estudiosos que interesándose por la homosexualidad la confieren una identidad específica, definitiva, pura, sin mezclas, sin confusión, conceptualmente universal y decididamente esencializada, la “objetividad” radica también en observar a los homosexuales como un cuerpo social “aislado” del grueso de la sociedad, al que se excluye. El aislamiento “objetivo” del homosexual, aquí viene dado por la incomunicación espacial. Esto es, por medio de la construcción de espacios sociales en los que una vez encerrada la homosexualidad, para evitar “contaminaciones” al resto de la sociedad, se asientan las bases de segregación y marginación social. Además, al proceder así, se cortan todas las posibles vías de acceso para establecer comunicación social dialogante.