viernes, 18 de enero de 2013

Sociología de la Diversidad – Resúmenes Parte 29


En la asignatura de Sociología de la Diversidad del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, el compañero Víctor Riesgo Gómez y yo, realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria. Como libro de referencia: Sociodiversidad y sexualidad (José Antonio Nieto Piñeroba) Derechos reservados, sus autores.

Tomás Javier Prieto González:
Tema 1 Planteamiento de la sociología de la diversidad // Tema 2 Acción desviada, conducta desviada y alteridad // Tema 3 El finiquito de la desviación y de la conducta desviada // Tema 4 De la desviación y de la diversidad // Tema 6 Sociología de la diversidad //  Tema 7 Antropología de la sexualidad y discursividad // Tema 8 Los guiones sociales. El individuo, el cuerpo y el transgénero // Tema 9 Notas sueltas sobre sexualidad en la disctadura, transición y democracia española // Tema 10 Despsiquiatrizar el transgénero Tema11 El transgénero en las sociedades polinesias

Víctor Riesgo Gómez:
Tema 5 Razones que justifican la diversidad en sociología



ANTROPOLOGÍA DE LA SEXUALIDAD

Desaparecido Malinoswski, la sexualidad como discurso antropológico se extingue. Desde la discursividad del modelo médico: naturalizar la sexualidad. A partir de los 80 la antropología recupera el discurso sexual que había sido abandonado.

1. El modelo de sexualidad natural

Tradicionalmente, el sexo y la sexualidad se han descrito y analizado como actos naturales. Como actos propios de la naturaleza de los individuos que en forma de deseos (irredentos), impulsos (irreprimibles), descontroles (ingobernables), apetitos (voraces) e instintos (insuperables) marcaban los pasos a seguir por los sujetos en sociedad. Los actos naturales, así, son precursores de las conductas sexuales de los sujetos. Son inevitablemente, porque la sociedad no puede transformar la naturaleza de la fuerza biológica de los deseos, impulsos, descontroles, apetitos e instintos en conductas gobernables por el sujeto social. La sexualidad se situaría en un plano de equivalencia, aunque emplazado en el hemisferio opuesto, al hecho social de Durkheim. Esta interpretación naturalista de la sexualidad y de sus conductas se deba a que, sentimos y pensamos solo en la actividad física de los cuerpos.

Otras veces, el hecho natural sexual se explica en términos de opuestos. Casarse y tener hijos se explica en oposición al hecho no natural, innatural o desnaturalizado, como puede ser el hecho de mantener conductas sexuales recreativas y placenteras sin ánimo reproductor o directamente se enfrenta con conductas pecaminosas, viciosas, perversas, desviadas, anómalas, patologizadas e ilegales. El sentido natural de las conductas sexuales se fundamenta en el hecho de que “nuestro sentido de las conductas sexuales se fundamenta en el hecho de que “nuestro sentido de la normalidad se deriva de los órganos que se emplazan en los orificios legítimos. Se infiere, pues, que la racionalidad que explica la articulación natural del sexo y la sexualidad actúa en los cuerpos de los individuos por abducción. Produciéndose un rapto violento de las conductas sociosexuales de los sujetos, obligándoles, poco menos, que a desear, experimentar y sentir placer por igual. Se universalizan deseos, conductas y placeres que significa tanto como señalar que se calcina la diversidad sexual.

Lo natural sexual se expresa en sociedad porque en sociedad viven las personas, no porque la sociedad, la cultura y la historia condicionen la sexualidad y deconstruyan el esencialismo (inalterable) sexual; muestra ciertas inexactitudes, contradicciones, distorsiones y ausencias.

·      En primer lugar, se prescribe el tipo de sexualidad a seguir, la sexualidad conducente y, asimismo, se anula la diversidad sexual por medio de su regulación, proscribiéndose todas las conductas sexuales que no encajan con lo prescrito. La regulación implica fijar en sociedad criterios de poder político. A la sexualidad natural se une otra característica: la esencia de la misma, su esencialismo. Se establece una concepción unitaria de la sexualidad de la que se deduce como normal una heterosexualidad coitocéntrica, penevaginal y reproductora, a la que Plummer la inserta en su modelo que denomina modelo procreador unitario.
La proscripción de la sexualidad no incluida en el modelo citado no logra que la heterotopía sexual desaparezca de la sociedad. El biopoder controlador no puede con ella. Porque la expresión de la sexualidad ni se funda en el naturalismo ni en el esencialismo recurrente ni la heterosexualidad reproductora es un universal excluyente. La regulación actúa como si el horror instintivo a la diversidad sexual fuera su epicentro y, hicieran de la sexualidad no procreadora un tabú universal. Se comporta como la teoría del horror instintivo al incesto, defendida, entre otros antropólogos, por Lowie: se formula que homo sapiens tiene programada genéticamente su aversión al incesto. Por ello, prohíbe el incesto y proclama su tabú. Sin caer en la cuenta de la contradicción en que incurre tal argumentación. La prohibición del incesto no tendría sentido alguno y estaría fuera de lugar si realmente el horror instintivo fuera cierto. Del mismo modo, el horror instintivo a la diversidad sexual es una inexactitud. El sexo y la sexualidad como modelo procreador unitario es incongruente e innecesario porque ni anula ni extingue la diversidad sexual. No hay programación natural, biogenética y universal en que puede sustentarse. Sus fundamentos son socioculturales.
·      En segundo lugar, del mismo modo que el discurso de la sexualidad como acto natural intenta anular la diversidad sexual, también intenta neutralizar la sexualidad de la mujer. Los impulsos, instintos, descontroles, apetitos y deseos sexuales remiten a los varones. En el modelo de sexualidad natural el cuerpo de la mujer no es una máquina deseante ni impulsiva. Se da entrada al instinto de la mujer de manera sesgada, distorsionada. Se apela al instinto de maternidad, reduciendo, así, la sexualidad al parto. Una distorsión porque el instinto remite a la función social (no sexual) que la mujer ocupa en sociedad como cuidadora.
Se invoca el principio instintivo de la crianza de los hijos. La mujer no constituye una amenaza para el control social de la sexualidad que el modelo procreador ejerce sobre ella. La perversión es cosa de hombres. Sin embargo, a partir del SXIX surge en medicina, la figura del experto sexual es cuando se acuña, de forma incoherente, el término “ninfomanía”, como conducta sexual compulsiva, promiscua y enfermiza. Se medicaliza puesto que la acción ninfomaniaza se presenta clínicamente como  patología, Y que la ninfomanía es un térmico que atañe exclusivamente a las mujeres. Acton en 1857, clasificaba la ninfomanía de la mujer en andromaniaza, clitorimaniaca e hipatomaniaca; muestra a la mujer como “devoradora” de hombres. Se observa que la tipología sexual de la mujer ninfómana constituye una clara contradicción con la figura de la pasividad sexual de la mujer estrictamente procreadora.
·      En tercer lugar, la fijación y canalización del sexo y la sexualidad por medio de la explicación natural significa no tener en cuenta los significados sexuales que damos a las cosas que vemos, oímos, olemos, tocamos y gustamos: a los sentido. La explicación natural de la sexualidad de la especie humana es una explicación indiferenciada de la que se hace del reino animal, Que no toma en consideración, entre otras posibilidades, tres aspectos muy relevantes, significativos y diferenciadores, con relación a otros animales, de homo sapiens, como son su capacidad de simbolización, su articulación del lenguaje y su destreza para desarrollar la escritura. Conviene resaltar la necesidad de comunicar y de construir lenguaje que tiene la especie humana, la necesidad de producir oralmente sintaxis. De ahí surge el “arrebato sintáctico” y la diversidad de lenguas. La sexualidad es un lenguaje que se aprende. Conductas, insinuaciones, actitudes, guiños, indicios, pistas, códigos y posturas, son actos humanos que se simbolizan, que cobran fuerza a través de los símbolos, porque todos los actos de la especie humana mediante su simbolización dan forma a lo informe. La especie humana puede transmitir y transmite a generaciones futuras sus actos, sus símbolos y sus significados. El rasgo diferenciador más acusado de la sexualidad humana, sin negar su biología es que sus conductas se fundamentan en la diversidad sociocultural, no es la fundamentación naturalizada de las conductas. Sexo y sexualidad, pues, no son actos naturales; son actos “artificiales” o “artificiosos”; sociales mediante la sociodiversidad y la diversidad cultural, históricamente cambiantes. De las que la diversidad simbólica y la diversidad de lenguajes son parte muy relevante.
·      El marco que encuadra los tres aspectos apuntados, esto es, la esencializada sexualidad conducente, la neutralización de la sexualidad de la mujer y la ausencia de significados, y que, en sustancia, reflejan las características que definen el modelo de sexualidad natural, permite introducir un cuarto y último punto el ideológico: permite referirse al modelo como un modelo con proyección universal y esencialista, culturalmente asimbólico y asignificativo y teóricamente exclusivo y excluyente. Es propio de una aproximación e interpretación ideológica de la sexualidad. La ideología que define al modelo y constituye el cuarto punto, la cuarta pata de sustentación del mismo, desde los presupuestos teóricos en que se basa, es rechazada; determina su condición. Paul Robinson apuntaba que todos los estudios de la sexualidad citados, a pesar de sus diferencia teóricas, no estaban exentos de ideología no de planteamientos teóricos asimétricos con respecto al género, ni siquiera se salvaban de reflexiones asentadas en prejuicios que dejan traslucir en sus obras.

El determinismo ideológico del modelo que plantea la sexualidad como acto natural se fundamenta en la afirmación que sostiene sus principios: axiomáticos de objetividad y de neutralidad. Principios que hacen una lectura de la sexualidad desde la perspectiva de las ciencias naturales, sin concomitancias sociales de ningún tipo; muy alejados de la práctica en que los científicos operan; y éstos operan en contextos sociales y culturales particulares y forman parte de ellos. Generalización válida para médicos y biólogos como para antropólogos, psicólogos y todos los profesionales que integran las ciencias de la sociedad. Se observan rasgos comunes como la demarcación del objeto de estudio, la demarcación del territorio competencial, la formulación de normas y reglas metodológicas y deontológicas, la financiación de sus investigaciones, su aplicación práctica , la evaluación de sus proyectos y trabajos. El estudio de la sexualidad no debiera constituir excepción; la sexualidad para los científicos, constituye un ejercicio de aprehensión.

 De ahí, la importancia de lo emic; la necesidad de construir más y más narrativas personales que proporcionen información acerca de la realidad individual uy la forma de “vivir” la identidad, de los que significa la vinculación individual e identitaria con la sociedad; del rol social que juegan los narradores en su entrono más próximo y de su visión del mundo científico que los controla y patologiza; del proceso de construcción de la experiencias sociobiográficas y de la deconstrucción de la medicalización y psiquiatrización padecida; de los silencios, las inseguridades y los cambios habidos en el proceso; de los prejuicios y de las discriminaciones sociales que les afectan; de cómo las normativas y leyes han influido en las vivencias personales; y finalmente, narrar qué ha supuesto y supone personalmente vivir la diferencia y cuáles son las expectativas personales de futuro. Plummer aboga por una diversidad a estudiar por una sociología de las narrativas sexuales.

El modelo de sexualidad natural es, un modelo idealista y dogmático que actúa prescindiendo de la realidad social, puesto que el sexo y la sexualidad humana son productos de esa misma realidad que precede a los sujetos. La diversidad sexual y sus variantes culturales son productos codificados en los que la sociodiversidad se construye por medio de factores económicos, políticos y religiosos. La realidad socio-sexual que los científicos encaran les condiciona. Les dirigen a practicas análisis interpretativos de la sexualidad sobredimensionados de valores que desmienten la objetividad y neutralidad pretendida del modelo y los transforman en dogmático.

La axiología de los estudios sobre sexualidad como conducta natural tiene una doble cara:

1.    Por un lado interna; es la que permitió en el SXIX, la transformación de los valores teológicos, en valores médicos. Con ello se iniciaba la construcción constituyente del modelo médico de sexualidad y se daba paso a la medicalización de la sexualidad. Supuso la negación de la diversidad sexual, propiciaron la patologización y perversión de las conductas sexuales desviadas del modelo. En su lugar su espacio comprensivo fue ocupado por el domino de la clínica. Con el transcurso del tiempo, los manuales de sexualidad al uso en las sociedades de Occidente se desentendían de las reflexiones de los antropólogos y también de los sociólogos e historiadores, para incorporar en sus contenidos exclusivamente la de los médicos, biólogos y psicólogos.
2.    La cara externa del modelos se sexualidad natural permitió que la diversidad sexual de las culturas no occidentales fueran observadas en un principio, como experiencias y conductas exóticas, propias de las sociedades “primitivas” y, más tarde, silenciadas durante muchos años.

El entendimiento científico sexual de la cara interna y externa axiológica de las sociedades occidentales es una pretensión susceptible de ser cuestionada. Los valores que contienen y la ideología que mantiene tal entendimiento dan lugar a que la interpretación de las conductas sexuales no tenga más base que los “códigos seguidos por la más primitiva de las sociedades humanas”.