domingo, 13 de enero de 2013

Sociología de la Diversidad – Resúmenes Parte 24


En la asignatura de Sociología de la Diversidad del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, el compañero Víctor Riesgo Gómez y yo, realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria. Como libro de referencia: Sociodiversidad y sexualidad (José Antonio Nieto Piñeroba) Derechos reservados, sus autores.

Tomás Javier Prieto González:
Tema 1 Planteamiento de la sociología de la diversidad // Tema 2 Acción desviada, conducta desviada y alteridad // Tema 3 El finiquito de la desviación y de la conducta desviada // Tema 4 De la desviación y de la diversidad // Tema 6 Sociología de la diversidad //  Tema 7 Antropología de la sexualidad y discursividad // Tema 8 Los guiones sociales. El individuo, el cuerpo y el transgénero // Tema 9 Notas sueltas sobre sexualidad en la disctadura, transición y democracia española // Tema 10 Despsiquiatrizar el transgénero Tema11 El transgénero en las sociedades polinesias

Víctor Riesgo Gómez:
Tema 5 Razones que justifican la diversidad en sociología


Malignidad, perversión, desviación y trastorno

En sociología, las conductas desviadas habían sustituido en denominación a las rotuladas, como consecuencia de la impronta médica/psiquiátrica, conductas perversas. Se sustituyó la designación del sujeto; el sujeto perverso dejó de ser denominado como tal, para ser designado sujeto desviado. A su vez, la perversidad había sustituido a un término más genérico, pero igualmente indicativo: la malignidad. La encarnación del mal no era otra que la representada y efectuada por el sujeto maligno.

El sujeto perverso es un sujeto que se define por su perversión; por sus actos no naturales, segregados de las normativas conductuales que marcan los códigos sociales; la perversión se puede decir, es una emancipación de la naturaleza. La perversión solo existe, pues, en la humanidad. Los actos humanos nunca pueden ser, por consiguiente, tildados de inhumanos.

De la misma manera que la perversidad ocupó en psiquiatría el locus denominativo de la malignidad, la configuración designante que encierra en su rótulo sociológico el vocablo “desviación” pasa a ocupar lo que tenía designación de “perversidad”, aunque esta, expresada literalmente como perversión, estuvo presente durante mucho tiempo en los textos psiquiátricos.

A medida que la interpretación de la malignidad va alejándose de sus raíces religiosas, para ir echándolas en la tierra, la perversidad, como término sustitutivo que condensa las conductas malignas, va tomando más y más presencia, entidad y proyección. En la Italia renacentista, el crimen no es un medio, es un fin en sí mismo. La acción de matar en sí es un acto sin otra lectura que la del crimen que se “produce por el crimen mismo”. Con el tiempo, algunos zoófilio, dejan de serlo para devenir enfermos psíquicos o débiles mentales, una vez que la zoofilia, reconocida legalmente como bestialismo, fue suprimida del Código Penal.

Cuando en Occidente la interpretación de las conductas de los hombres, desde la perspectiva del modelo médico, empieza paulatinamente a reemplazar al modelo religioso, el pecado se transforma en enfermedad y, a mayor abundamiento, la diversidad de las conductas sexuales se transmuta en perversión. Sin embargo, la psiquiatría actualmente en sus DSM ha eliminado, es una estratagema propia de la prestidigitación, toda referencia a la perversión y a los perversos. La estratagema se debe a que a la perversión se la denomina ahora “parafilia”, para, proviene del griego y significa “desviado”, philia, es “amor”. Parafilia, pues, es “amor a lo desviado”. En el presente se prefiere, desde la perspectiva psiquiátrica, eludir a los sujetos, y se opta por ello para aludir a las conductas. Conductas que psiquiátricamente quedan reconvertidas en trastornos. Todo con un único fin, mostrar que los trastornos conciernen “exclusivamente a la psicofarmacología y a la cirugía” y de este modo pueden ser reducidos “a un desorden, a una disociación, es decir, a una avería del motor”.

La perversión, pues, tuvo su momento de vigencia avalada por la ciencia médica, en su especialidad psiquiátrica; hasta que en 1987 el discurso de la psiquiatría, por las razones indicadas, opta por diluir en el olvido al perverso y a la perversión. Porque no se acomodan al cambio de paradigma que vive entonces la psiquiatría y que convulsiona el mundo de sus ideas, pensamientos e interpretaciones: pasar de la apropiación clasificatoria de sus conductas.

La ciencia médica y la ciencia jurídica, son los dos grandes pilares de los que se ha servido el Estado para establecer criterios de normalización y, por extensión, de normalidad; criterios que en la práctica permiten clasificar y desclasificar, incluir y excluir conductas. Pero, claro, excluido de la calcificación normativa no implica eliminación de a realidad social. Todo catálogo de conductas clasificadas/incluidas como normales es, paralelamente, un catálogo de otras conductas desclasificadas por anormales. Y como anormales, excluidas de la norma, al ser conductas “contaminadas y contaminantes”, estigmatizadas y estigmatizantes, discriminatorias y discriminantes, demonizadas y demonizantes, descalificadas y descalificantes. Conductas propias del ángel caído. Conductas arrumbadas.

Ahora la ciencia jurídica, veremos que todas las conductas entre adultos, efectuadas en privado con el consentimiento de las partes intervinientes, son legales. La normativa legal permite, pues, que conductas como la copofragia, la urofilia, la zoofilia, la necrofilia, la coprofilia, no sean perversas.

De modo que las perversiones, sobre todo las sexuales y las mentales, fueron campo de abono para la psiquiatría y con el tiempo hubo que reconducirlas en designación para transformarlas en enfermedades. Del mismo modo que a la perversidad de los síntomas específicos que definían la enfermedad también hubo con el tiempo que reconducirlos hasta transformarlos en trastornos. Las mismas conductas y a los mismos síntomas la psiquiatría, con el paso del tiempo y gradualmente, asigna distintas designaciones: perversión, parafilia, trastorno. El sujeto perverso pasó, pues, a ser considerado sujeto trastornado; la perversidad quedó sobreseída y en su tarjeta de presentación, donde figuraba perversión, pasa a figurar trastorno. En sociología, en lugar de perversión, perversiones o perversos se aludió a desviación, desviaciones y desviados, si la psiquiatría se apropió de las perversiones y de su recalificación terminológica en forma de trastornos conductuales del sujeto, la sociología se apropió de las desviaciones y, por ende, de sus conductas subjetuales. En suma, pudiera afirmarse que la perversión fue a la psiquiatría y a la clínica, lo que la desviación fue a la sociología; lo que la desviación, baremada por el referente determinante del control social, es a la sociología jurídica.

El sujeto desviado, al igual que el perverso, es un sujeto no sujeto a códigos. No sujeto a arraigos, un sujeto desarraigado. La sociología de la desviación la ha atendido bajo el prisma de un desorden no acomodado a reglas de conservación del establishment. Sin embargo, la sociología de la desviación, se despreocupó del sujeto desviado que se desvía de su desviación para ser sujeto centrado.

Estamos pues, ante la presencia de un sujeto bipolar. Un sujeto de conductas desviadas que también hubieran podido ser objeto de estudio de la sociología de las desviación. Se trata de un sujeto que no solo distancia de la excentricidad conductual o de las acciones desordenadas para ajustarse a los estatutos socialmente establecido, sino que también hace alarde de “ser más papista que el papa”.

Pero si en la individualidad desordenada está etiquetada la patología y a la perversión, en la organización colectiva de las individualidades también podría adherirse la etiqueta de la reivindicación. Cuando ese desorden es producto de colectivos procedentes de campos diversos, con estructuras internas muy organizadas dirigidas a la construcción social de la protesta, las conductas además de dejar de ser individuales, dejan de ser desviadas. Pasan de ser denominadas a autodenominarse y se transforman en movimientos sociales. Estos movimientos, por su propia entidad, son las reivindicaciones políticas y sociales, han desbordado el objeto de estudio de las sociología de la desviación. Movimientos sociales, entre otros, como el de los mapuches chilenos, aymaras bolivianos, “sin tierra” brasileños, “zapatistas” mexicanos, confederaciones indígenas de Ecuador, Colombia, Venezuela y Guayanas que surgieron después de 1975.