viernes, 25 de enero de 2013

Sociología de la Diversidad – Resúmenes Parte 36


En la asignatura de Sociología de la Diversidad del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, el compañero Víctor Riesgo Gómez y yo, realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria. Como libro de referencia: Sociodiversidad y sexualidad (José Antonio Nieto Piñeroba) Derechos reservados, sus autores.

Tomás Javier Prieto González:
Tema 1 Planteamiento de la sociología de la diversidad // Tema 2 Acción desviada, conducta desviada y alteridad // Tema 3 El finiquito de la desviación y de la conducta desviada // Tema 4 De la desviación y de la diversidad // Tema 6 Sociología de la diversidad //  Tema 7 Antropología de la sexualidad y discursividad // Tema 8 Los guiones sociales. El individuo, el cuerpo y el transgénero // Tema 9 Notas sueltas sobre sexualidad en la disctadura, transición y democracia española // Tema 10 Despsiquiatrizar el transgénero Tema11 El transgénero en las sociedades polinesias

Víctor Riesgo Gómez:
Tema 5 Razones que justifican la diversidad en sociología

Reconceptualizar la sexualidad desde la antropología

La interpretación de la sexualidad, por muchas capas superpuestas de variantes culturales que tuviera, en última instancia, venía dada en clave biológica. La superposición cultural asentada en los cimientos de la biología producía, a través de los escritos antropológicos apuntados con anterioridad, la impresión de estar contemplándose la imbricación de un todo consistente y compacto.

Lejos de esa nivelación que conduce a la consideración de las dos partes como iguales, la biología se comportaba con propiedades demiúrgicas y la antropología adoptaba características biofilicas; es decir, de biofilia, de “amor” a la biología. La vida en sociedad, lejos de interpretarse con patrones de culturafilia, estaba inyectada, aunque resultara contradictorio, de cultura biogolizada. Se trataba, pues, de sociedades biófilas; la vida en sociedad estaba resuelta por la biología. La programación de la biología, al adentrarse en la organización social y determinar la cultura se transformaba en ideología. Aunque paradójicamente y sin pretenderlo, la biología se reconvertiría a sí misma en cultura.

El modelo unitivo de la biología y la cultura como en el modelo de influjo cultural, es, pues, un modelo bipolar ficticio, cuya propensión teórica se trunca y quiebra de continuo en a práctica societaria. La construcción social de la sexualidad surge del rechazo de esa imbricación modélica entre bilogía y cultura. Las prácticas culturales de la sexualidad desbordaban los límites del modelo de base biologista. Martin Rees señala para el cosmos: la naturaleza en forma de leyes no es otra cosa que la proyección de reglamentos locales, presentes en la realidad como consecuencia del big bang. Las leyes biológicas quedan anilladas por las sociedades y por las expresiones culturales de la sexualidad que en ellas se concitan y producen. Son las culturas las que posibilitan o entorpecen la naturaleza biológica de la sexualidad.

Para los construccionistas sociales comprender la sexualidad significa transformarla de sentido. Pasar de un sentido de interpretación biológica a un sentido de interpretación socioantropológica. La sexualidad, como el trabajo y el ocio, como gastronomía y las composiciones musicales y en general, como todo lo que acaece en sociedad, forma parte de un repertorio que surge como producto del quehacer polivalente humano. Rubin señala que la sexualidad biológica en sociedad deja de ser tal, transformándose en sexualidad activamente humana. McIntosh en relación a la identidad y los roles de los homosexuales en sociedad; lo que, como se sabe, supuso el inicio de a transformación interpretativa de significados de la homosexualidad.

En estos nuevos lindes construccionistas de interpretación de la sexualidad, la reproducción deja de ser destino único. La sexualidad ya no es equiparable a reproducción. Se favorece la supresión de las diferencias convencionales de género, en el sentido de que la reproducción de la mujer, como fin inexcusable a alcanzar, deja de constituirse como el “gran diferenciador” respecto al hombre. Los actos sexuales por idénticos, similares o parecidos que sean para el contruccionismo social, tampoco tienen significación universal. Tienen que pasar por la significación del tamiz cultural,

El contraste de significados que ofrecen las distintas sociedades y las culturas que las forman, en el construcccionismo social se resaltan. La fellatio de los sambia no tiene el mismo registro cultural que el que viene dado por las culturas occidentales. Las sociedades regulan la sexualidad; es resultado de la organización social. Más aún, para un esencialista, la ingesta de semen de un niño sambia estaría más próxima a la biología que a la cultura. Una ficción que sirve para ilustrar la fellatio es alterable en significados. S su contenido cultural, no el biológico, lo que le confiere significado y diversidad. Idear la fellatio, es idearla socialmente.

La sexualidad en conjunto es ideada socialmente. Las culturas dan forma a las conductas, a las experiencias y a los actos sexuales en sociedad. Las culturas articulan, vertebran, codifican y perfilan las prácticas sexuales de sus ciudadanos. Enmarcan, etiquetan y regulan la vida sexual. El “esquema del análisis cultural del sexo” de Trager sería redundante, casi construiría un pleonasmo. Porque el concepto cultural de “normal”, no sometido al imperativo y preprogramación de lo biológico, también se expande. La construcción social y cultural de la sexualidad proporciona herramientas de interpretación que horadan conceptualizaciones que quisieran ser fijas y estables. Así, se pasa de la perversidad sexual a la diversidad sexual. La sexualidad al pluralizarse y diversificarse culturalmente, resalta no solo conductas y prácticas múltiples, sino que también las corporaliza. Encarna los cuerpos; y en su hacer les da vida. Les hace centro de sus observaciones; observadores y observados devienen inseparables, para dar sentido a la relación que se establece entre ellos.; para dar sentido a los actos que se observan, analizan e interpretan. Se incorporan los cuerpos a la cultura de la sexualidad. El hecho genital, al actuar exclusivamente como medidor de la reproducción, limitaba lo plural de la expresión sexual de los cuerpos. No interesan solo los actos sexuales en sí mismos, también interesan los sentimientos que subyacen en la acción. Las conductas sexuales se acompañan de otras expresiones difícilmente observables, pero de igual interés, como los fantasías.

Hay una transmutación de intereses. La construcción social y cultural de la sexualidad trastoca lo singular genital para reconvertirlo en plural corporal. El protagonismo de los cuerpos conduce al protagonismo de los individuos, de los actores sociales. Y al significado de sus acciones. Ya no se concibe que los discursos sobre sexualidad sean en su significación exclusivamente culturales. Debe incorporarse la significación subjetiva. Los individuos también hay en ellos capacidad innovadora. Que les permite crear, disentir y diferenciar. Enjuiciar, valorar y dar sentido y significado diferenciado a conductas y prácticas físicamente “idénticas” y “similares”. A la lectura interpretativa que el individuo confiera a los significados culturales de la sexualidad, se debe integrar la lectura que los individuos hagan de sus actos. Los significados de la expresión sexual han pasado de tener una plasticidad biológica a tener una plasticidad cultural. Los mismos actos pues, tiene significaciones distintas según los sujetos que las interpreten: biólogos, antropólogos cualturalistas-biologicistas, antropólogos socialcontruccionistas.

Las críticas del feminismo y de los escritos gais y lésbicos a las sexualidad hegemónica, la heterosexualidad, fueron puntuales firmes que facilitaron el surgimiento del construccionismo social. Los escritos feminista pro sexo, nos muestran cómo las mujeres desestabilizan la interpretación del coito penevaginal. Permiten entender cómo el coito, para la mujer, deja de ser un “deber marital” y el orgasmo múltiple clitoridiano pasa a ser un objetivo a alcanzar. Las feministas pro sexos advierte cómo el control de nacimientos desliga la sexualidad de la reproducción, los escritos gais y lésbicos también desvinculan la sexualidad de la reproducción. Igualmente, separan las conductas homosexuales de la identidad gay: las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo no, deben confundirse.

La construcción social de la sexualidad no implica que sus “arquitectos” construyan todos de la misma forma. La construcción sociocultural se diversifica en tres grandes itinerarios. Todos ellos relacionados con la significación y relevancia que alcanza a cultura:

1.    La “cultura como transformación de la biología” es aquella y no esta la que explica la sexualidad y sus actos. Trata de una inversión del modelo de influjo cultural. Las bases de sustentación biológica dejan de tener la relevancia que previamente se les atribuía. La transformación práctica del deseo no es fija, tampoco estable; el deseo en acción, es cultural y plural. El individuo y sus conductas sociales instituyen el sentido de la sexualidad, la proveen de significado.
2.    La “cultura como entidad interpretativa predominante” de la sexualidad requiere de múltiples formas de sustentación y apoyo. La sexualidad parte pues, de bases que no se estrechan o encierran en el fijismo biológico. El deseo sexual no viene dado en términos de fijación. No es fijo, no consustancial al sujeto. Hay pluralidad de deseos sexuales. Diversidad de la expresión biológica de los deseo. Las intersexualidades son un ejemplo. La pluralidad intersexual que registra la biología es evidente. La orientación sexual de los intersexuales, partiendo de biologías “alteradas” se multiplica en sociedad por medio de las experiencias subjetivas.
3.    La “cultura como determinante explicativo de la sexualidad” implica, como postura interpretativa más extrema, la negación del deseo sexual biológico. La liberación corporal del “yugo biológico”. La expresión del deseo sexual y de sus múltiples facetas se confiere en exclusiva al “cuerpo cultural”. Como las culturas no son fijas no estables en el tiempo, tampoco lo son los cuerpos que las forman. La historia y los individuos se encargan de transformarlos. El deseo sexual, como impulso biológico no sometido a nada ni a nadie, campeando en sociedad sin límite alguno, sin fuerzas culturales que lo restrinjan, pierde su esencialismo cuando se da a la cultura predominio exclusivo para interpretar la sexualidad.

Estos tres grandes itinerarios tienen un mismo denominador común: la discontinuidad; la deconstrucción de las contribuciones antropológicas sexuales que les precedieron. Cualquier interpretación de la sexualidad, en un momento dado, y el construccionismo social no es excepción, parte de un cuerpo de pensamiento precedente. El antropólogo que por tradición investigaba las sociedades “exóticas”, también partía de esos prismas de interpretación que estaban enraizados en su sociedad de origen.

Ese mismo antropólogo, si quiere investigar la sexualidad “exótica” de las sociedades no occidentales, se encuentra también ante dos ideas preconcebidas en forma de premisas, fuertemente instaladas en sociedad:

1.    Del supuesto que la sexualidad está determinada biológicamente.
2.    Preconcebida de que la sexualidad no debe ser objeto de estudio, no sería serio.

El dilema se resuelve durante muchos años no investigando apenas la sexualidad; con el silencio de la antropología. El antropólogo convencional, de las dos opciones posibles que tiene ante sí, la continuidad o la discontinuidad del cuerpo de pensamiento  que le precede, decide optar por la primera. Por el contrario, el antropólogo que sigue las directrices de la construcción social y cultural de la sexualidad opta por la discontinuidad.

Una de las principales críticas al construccionismo sociocultural de la sexualidad, formuladas por los esencialistas, es que los construccionistas ven discontinuidad de conductas e identidades por todas partes. Miradas, pues, diferentes, para unos y para otros, para esencialistas y construccionistas. Los esencialistas no necesitaban definirse como tales y consiguientemente tampoco necesitaban de etiquetas de identificación. No existía oposición construccionista. Con el construccionismo social y los construccionistas surge la denominación y la presentación del esencialismo y los esencialistas. Esta postura si antes resultaba comprensible, ahora lo resulta todavía más, dado que la “globalización” de la genética, como causa final que explica todo lo que sucede en sociedad, se ha superado a sí misma en el último decenio. El esencialismo, como la heterosexualidad, se presenta en términos de asunción y, como tal, se asume y se da por descontado y seguro. El autorreconocimiento identitario no procede. Las cosas se dan por seguro no necesitan demostrarse.