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sábado, 28 de junio de 2014

Menores transexuales en la escuela: la familia decide

Artículo de Javier Ramajo publicado el 23 de junio de 2014 en eldiario.es


Las familias con menores transexuales serán los responsables del trato dispensado hacia éstos en los colegios andaluces. Los padres y madres decidirán cómo los profesores y compañeros han de dirigirse y actuar hacia un menor transexual, considerando siempre el género con el que se siente identificado el alumno o la alumna. Es la conclusión más importante que se desprende del protocolo de actuación sobre identidad de género en el sistema educativo andaluz, que este viernes presenta la Junta de Andalucía, después de que se apruebe la ley en el Parlamento.
El protocolo, que tiene como finalidad ofrecer pautas que permitan abordar de la forma más adecuada la atención educativa a los menores transexuales, garantizando el libre desarrollo de su personalidad y la no discriminación por motivos de identidad de género, es fruto del que la Asociación de Transexuales de Andalucía (ATA) puso en la mesa del consejero de Educación el pasado octubre ante la demanda de varias familias de menores con problemas en colegios públicos y concertados de Andalucía, que tuvo en el colegio San Patricio de Málaga el caso más conocido.
El texto, al que ha tenido acceso eldiario.es/andalucia y que incluye también las aportaciones de la Asociación de Madres y Padres de Menores Transexuales 'Chrysalis', incluye una serie de medidas educativas básicas en el centro que se contemplarán en el plan de convivencia y en el plan de igualdad del colegio, e implica especialmente al equipo docente a la hora de, por ejemplo, "indicar al profesorado y personal no docente del centro que se dirija al alumno o alumna por el nombre con el que acuerden la familia y el o la menor" o "adecuar la documentación administrativa del centro en aquellas situaciones en las que sea necesario (listas de clase, boletín informativo de notas, carnet de estudiante...)".
También, en los casos en los que el centro no disponga de aseos o vestuarios unisex, "se garantizará que tenga acceso a los aseos y vestuarios que le corresponda de acuerdo con su identidad de género". Asimismo, si en el centro es obligatorio vestir un uniforme y éste es diferenciado, se deberá reconocer el derecho de vestir con uniforme femenino o masculino en función de la identidad de género. Independientemente de la exigencia o no de uniforme se garantizará, en cualquier caso, la igualdad en el uso de cualquier vestimenta.
Se trata de un texto que ha sido consensuado entre Consejería de Educación y colectivos transexuales. Los problemas en algunos centros escolares han provocado que su elaboración haya discurrido paralela a los últimos trámites de la ley de transexualidad, que se aprueba este miércoles y que exige este tipo de protocolos en ámbitos específicos. En este caso, se pretende acabar con la discriminación por identidad de género en los centros educativos, en coherencia con el espíritu de la ley regional.
El vacío normativo existente hasta la fecha hacía que los directores de los centros pudieran negarse a tratar de una u otra manera a los menores transexuales, algo que ya no será posible a la luz de un protocolo que marca el interés superior del menor en todos los aspectos relativos a su interrelación con profesores y compañeros, en relación con el género que los menores sienten como propio, y en la coordinación de posibles actuaciones conjuntas en su beneficio.

El objetivo de esta herramienta, de obligado cumplimiento, es prevenir y evitar situaciones de transfobia, discriminación, exclusión, acoso escolar o de violencia de género, desde una coordinación institucional que permita identificar sus necesidades y adoptar, en su caso, medidas que faciliten una adecuada respuesta educativa y de asesoramiento a los menores, su familia y al profesorado. El protocolo y las medidas o consideraciones recogidas en él deberán ser atendidas en todos los centros sostenidos con fondos públicos del sistema educativo andaluz.
"La transexualidad cuando se manifiesta en edades tempranas puede presentar una especial vulnerabilidad que se traduce en problemas de integración y de rechazo social, que en el ámbito educativo pueden desembocar en un índice de abandono escolar no deseado y fracaso escolar, con la consiguiente repercusión en el futuro personal y profesional", argumenta el protocolo.
Detección e intervención inicial con el alumnado
El texto hace hincapié en situaciones en las que, por ejemplo, la familia comunica al centro una identidad de género de un menor escolarizado o en proceso de escolarización. La dirección del centro educativo trasladará esta información al equipo de orientación para analizar el caso y poder identificar las necesidades educativas, contando con el consentimiento expreso del padre, madre o representantes legales.
Además, cuando cualquier miembro del equipo docente observe en un alumno o alumna la presencia de conductas transexuales que manifiesten una identidad de género no coincidente con el sexo asignado al nacer, lo comunicará a la familia a través de una entrevista donde se recomendará iniciar un proceso de análisis para favorecer su adecuada integración en el centro.
También se asesorará a la familia sobre los recursos del Servicio de Salud de atención primaria que le correspondan. La valoración del menor será remitida al centro educativo, a través de la familia y previo consentimiento de ésta, con recomendaciones a seguir para la adecuada respuesta educativa en relación con el género que el menor sienta como propio.
Como medidas complementarias, el protocolo también contempla la conveniencia de ofrecer formación especializada a los equipos docentes y equipos directivos. En cualquier caso, se incluirá en la oferta formativa la diversidad sexual y de género, haciendo especial hincapié en el conocimiento de la realidad transexual, y el protocolo contempla que se impartan talleres de sensibilización e información al alumnado acompañados de asesoramiento por profesionales en la materia.

Artículo de Javier Ramajo publicado el 23 de junio de 2014 en eldiario.es

miércoles, 6 de febrero de 2013

Sociología de la Diversidad – Resúmenes Parte 48


En la asignatura de Sociología de la Diversidad del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, el compañero Víctor Riesgo Gómez y yo, realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria. Como libro de referencia: Sociodiversidad y sexualidad (José Antonio Nieto Piñeroba) Derechos reservados, sus autores.

Tomás Javier Prieto González:
Tema 1 Planteamiento de la sociología de la diversidad // Tema 2 Acción desviada, conducta desviada y alteridad // Tema 3 El finiquito de la desviación y de la conducta desviada // Tema 4 De la desviación y de la diversidad // Tema 6 Sociología de la diversidad //  Tema 7 Antropología de la sexualidad y discursividad // Tema 8 Los guiones sociales. El individuo, el cuerpo y el transgénero // Tema 9 Notas sueltas sobre sexualidad en la disctadura, transición y democracia española // Tema 10 Despsiquiatrizar el transgénero Tema11 El transgénero en las sociedades polinesias

Víctor Riesgo Gómez:
Tema 5 Razones que justifican la diversidad en sociología

 De la enfermedad del sujeto a la enfermedad de la sociedad como fenómeno trans/disciplinar sociopsiquiátrico


La Escuela de Chicago inicia, en los 30 una línea de pensamiento progresivamente irredento. Sutherland acuña la expresión differential association (socialización diferenciada) mediante la cual, distanciándose de la instrumentación e instucionalización del control social que corrientes sociológicas más conservadoras propugnaban, insiste en que la desviación de las conductas delictivas no es consecuencia de la herencia biológica. El aprendizaje social surge en superficie por medio de actitudes, motivaciones, técnicas y racionalizaciones que difieren en duración, frecuencia, intensidad y prioridad. Permite que lo que hasta ese momento se contemplaba como desorganización social se contemple desde entonces como diferenciación social. La propuesta de Wirth implica por un lado, una sociología que se distancia, hasta renunciar, del perfil fisionómico del criminal delincuente, establecido por Lombroso en el SXIX. En su lugar, establece la proposición de una criminalidad/delincuencia que se perfila por medio de rasgos individuales, y en tal sentido psicológicos, que viene asociados a rasgos de clase social y como tales acompañados de sociedad y de cultura. La propuesta aboga por una psiquiatría social lejos de su aislamiento clínico y desvinculación con la sociedad. With la designa como sociología clínica. El quebranto de la “relación de pareja” interdisciplinar se sustancia sobre la base de que para Lemert la subcultura, tan cara para Blumer y el interaccionismo simbólico, constituye un concepto fundamental del que el pensamiento sociológico no puede desprenderse. Para Blumer el interaccionismo simbólico “es fruto del proceso de interacción entre los individuos”. Esa interacción procesual es lo que diferencia, según Lemert a las clases sociales. Los ricos pertenecen a clubs; los pobres son miembros de la subcultura.

Lemert manifiesta a través de Blumer, cómo una sociedad enferma incide y daña al individuo, sin necesidad de que este esté previamente afectado por un trastorno de personalidad. Lo diferente emerge de un proceso social que dicta normas y promulga leyes. Aquellos que violan el dictado de las normas son los desviados, en tanto que la violación de las leyes es el resultado de la acción de los delincuentes. Si se excluyeran en los manuales de conducta desviada, como síntoma de patologización, la obesidad, la fealdad y las relaciones extramatrimoniales, pocos serían los que escaparían al etiquetado de psicópatas.

Becker crea el concepto de moral entrepreneur (empresario moral) y afirma que la lógica que prevalece en las agencias de control se asemeja a las teorías puritanas sobre la predestinación, la reprobación y la naturaleza del pecado y a preguntar a los sociólogos por quién tomaban partido.

Evolución de la transdiscursividad sociopsiquiátrica del transgénero

Sutherland, Wirth, Lemert y Becker muestran las propiedades de la transdiscursividad sociológica. Los discursos de la psiquiatría se han caracterizado por su contingencia. Las relaciones de intradiscursividad, tanto las psiquiátricas como las sociológicas, lo que Foucault contemplaba como espistemología, trascienden el discurso que las genera y crean dependencias fuera del contorno de los discursos que las contienen. Foucault propone como genealogía y, por otro, relaciones que conjugan condicionamientos políticos, económicos e históricos que se encuadran en los rasgos culturales de una sociedad dada y que en presentación foucaultiana aparece como dinastía del saber. Psiquiatría y sociología muestran corrientes intradiscursivas y extradiscursivas diversas que difícilmente puedan sintetizarse en una unidad disciplinar de pensamiento. La interdiscursividad, las relaciones entre el discurso psiquiátrico y el discurso sociológico, la arqueología del saber foucaltiana, en su contingencia ha mostrado posicionamientos cambiantes que acercaban discursos en ocasiones y los distanciaba en otras. Una proliferación de discursos que sirvió a Foucault para negar la hipótesis represiva de la sexualidad. La proliferación de discursos referidos al género no niega la hipótesis represiva de la psiquiatriozación del transgénero. Goffman, desde la sociología, en 1961, aporta un apellido al término desviación: core (medular, nuclear). Para Goffman hay una core desviation (una desviación medular/nuclear). Que la diferencia de la desviación primaria y decundaria de Lemert. Recuérdese que la desviación primaria se caracteriza por su transitoriedad y por no afectar la psicología del sujeto social, su personalidad. La desviación secundaria, sin embargo, es de mayor extensión en el tiempo y, asimismo, provoca una respuesta en la sociedad. La desviación (nuclear) goffmaniana está más enraizada en el tiempo que la desviación primaria y secundaria de Lemert. En Goffman más que en Lemert, una vez que se abandona la normalidad, el sujeto avanza por un sendero en el que se progresa, con cada paso que se da, hacia un estatus más y más devaluado.

La clasificación de enfermedad mental que Goffman viene marcada por un itinerario extenso, pero delimitado para que el enfermo mental transcurra como prepaciente, paciente y post-paciente. Goffman lo explica como si de una “carrera moral” se tratara. Que en el caso de que la proporción de Goffman hubiera incidido en el transgénero, se infiere que las personas trans hubieran sido etiquetadas como pretransexuales, transexuales y postransexuales o predisfóricos de géneros, históricos de género y posdisfóricos de género. La identidad pertenece al sujeto pero éste no tiene el poder social para marcar e imponer un rótulo positivo a su presentación identitaria. Igual sucede con roles y conductas. El poder de rotular, de etiquetarse no es suyo.

Benjamín, endocrinólogo, padre fundador de la transexualidad en 1966, publica The Transsexual Phenomenon. Daniel C. Brown, se refiere al transexualismo como la inversión del rol sexual de los sujetos que esperaban ser sometidos a dirigía para corregir sus erróneos genitales.

En el año 1967, los escritos se enmarcan, con Laing, en la psiquiatría y, con Garfinkel, en la sociología. La antipsiquiatría, a través de Laing, ataca despiadadamente los postulados de la psiquiatría convencional. Laing, la antipsiquiatría, plantea y cuestiona principios del saber psiquiátrico institucionalizado, con el fin de desacreditarlos. Para Laing, la enfermedad mental surge en sociedad como excrecencia de la voracidad del sistema capitalista y de su represión de las conductas de los individuos. Laing, a mi juicio, en su radicalización, a cambio de desmitologizar la psiquiatría, desmitifica indiscriminadamente la clasificación psiquiátrica de la enfermedad mental. La relación de maridaje entre la sociología y la psiquiatría propuesta por Wirth, quebrantada, en forma de desvinculación afectiva disciplinar, por Lemert, logra con Laing la separación de bienes ante notario.

El cuestionamiento de los procedimientos terapéuticos correctores de la psiquiatría facilita el cuestionamiento del concepto sociológico de desviación. La antipsiquiatría fue para la psiquiatría, más o menos, lo que la etnometodología fue para la sociología. Garfunkel replicaba afirmando que la sociología no herética esto es, la ortodoxa trataba a los sujetos sociales como “idiotas culturales”. Garfunkel se reafirma e insiste en que la etnometodología no tiene delante de sí una “idiota cultural”. La visión de Garfunkel de la transexualidad supone un cambio sociológico paradigmático, pues que transforma lo normativo en interpretativo. Para Foucault, la heterotopía es el rasgo fundamental de la realidad social. Fiel al principio heterotópico que sustenta, flagela y fustiga cuanto puede todo aquello que se represente en forma de unidad, de modo unitario, como pretende la corriente de pensamiento humanista.

Aunque Foucault no estudio la transexualidad per se, sí trabaja sobre la intersexualidad de Herculine Barbin es una hermafrodita del siglo XIX “sufre en su cuerpo y mente todas las estrecheces y crueldad de una sociedad represiva, de una moral católica rígida y de una pretendida “ciencia” desabrida que ignora las inquietudes simplemente humanas de las personas”.

La lectura moral y política de la mirada psiquiátrica ha sido cuestionada, de modo directo, por una sociología crítica con los postulados del control social. Sirvan de recordatorio algunos ejemplos. Rosenhan: “caso Rosenhan” varias personas simularon una enfermedad mental para ser ingresadas en un centro psiquiátrico, con el fin de hacer un seguimiento en proximidad de la relación terapéutica entre psiquiatras y enfermos mentales. Después de un tiempo de internamiento y comportamiento normal, alegaron que las voces internas que escuchaban habían sido ficticias. Pero tuvieron problemas para ser dadas de alta, puesto que no lograban convencer al staff responsable de que habían sido objeto de un diagnóstico equivocado. Edgerton contrapone el “caso Rosenhan” y relata que un anciano Hebei, sin causar daño a su comunidad, se colgaba de un árbol boca abajo y manifestaba que tenía un pollo en la cabeza sin sufrir por ello menoscabo, censura u represión alguna en su persona. Era reconocida por los Hebei como psicópata. Stewart relata la conducta de un santo de la secta sufi chistiya, Baba Farid, que “rezaba colgado de los pies durante 40 días”.

Cheslet es su distanciamiento de las aplicaciones terapéuticas al uso de la psiquiatría, indica que los centros psiquiátricos de la segunda mitad del SXX eran lo más parecido, en términos de aislamiento y marginación, a las reservas de indios americanos. Con Pearson, el divorcio entre sociología y psiquiatría se evidencia en 1975, al considerar que los trastornos mentales son desviaciones creativas. Kessler y MacKenna, el alejamiento del modelo médico del transgénero se fundamenta en la construcción social del género. Que la psiquiatría ignora. Kessler refiriéndose a la intersexualidad, muestra cómo ese mismo modelo daña al intersexual; reproduce, refuerza y perpetúa las creencias culturales del género –los genitales culturales. Raymond cuestiona los planteamientos de la psiquiatría. Señala que la psiquiatría no ha acuñado expresiones como insatisfacción negra, incomodidad negra o disforia negra. ¿Por qué entonces disforia de género? Sedwick prefiere referirse a la psiquiatría como política de mente. Des de la teoría razonada Ekins afirma que los encuentros psiquiatra-pacientes constituyen una forma excluyente de recogida de datos que, en su unicidad, no recogen experiencias de trabajo, familia, entornos asociativos y médicos. No establecen criterios de comparación constante y, además, explora y muestra las construcción dinámica del varón feminizante que le sirve para cuestionar las carencias del modelo médico de transgénero.
El divorcio entre la sociología y la psiquiatría señalado por Pearson necesita ser matizado. Por lo siguiente:

1.    El control social propio de la sociología que clasifica las conductas humanas en desviadas con respecto a normas y no desviadas, es decir, centradas en relación a las mismas normas y, por otra, idiotiza culturalmente a los sujetos sociales.
2.    Si a mayor abundamiento, las acciones de los actores sociales inciden políticamente en sociedad y las conductas “perversas” de los sujetos con trastornos mentales, las llamadas  por Pearson desviaciones creativas que cuestionan las normas institucionales son reprimidas por la psiquiatría, consecuentemente, se puede concluir en forma de corolario.
3.    Que tal planteamiento, en lugar de explicar el divorcio entre la sociología y la psiquiatría, como afirma Pearson, contribuiría a los que pudiera denominarse “hermanamiento teórico represivo” entre el control social de la sociología (psiquiátrica) de la desviación y el control psiquiátrico de la identidad de género, propiciado por la psiquiatría de los DSM.

El divorcio entre sociología y psiquiatría se produce, a mi juicio, por medio del fallecimiento epistemológico de la sociología de la desviación, para en su lugar procurar el nacimiento y configuración de una sociología de la diversidad.

Porque una sociología de la diversidad preocupada por la conculcación de los derechos de ciudadanía no concibe la perpetuación del estigma que supone para las personas trans el hecho de seguir etiquetando y diagnosticando su identidad como trastorno mental. Actualmente informes y debates barajan múltiples alternativas, pero no parece que se planteen la eliminación de la disforia de género. Durkheim, al finalizar el SXIX, afirmaba que la desviación es el precio a pagar por el cambio social. Ahora, resultaría más atinado afirmar que el cambio social exige la transformación de la desviación en diversidad y las identidades y conductas desviadas en derecho.

El informe de Cohen-Ketenis y Pfäfflin propone que el concepto de trastorno de identidad de género debe cambiarse en el DSM-V porque el eje central de la disforia de género, la angustia o el malestar, no se manifiesta en las personas trans  que prescinden de la clínica. Muestran su disconformidad con los profesionales de la salud mental que defienden que la angustia, aunque haya personas trans  que viven su identidad sin ella, es inherente al concepto. Cohen-Ketenis y Pfäfflin sostienen que el concepto de trastorno no debería aplicarse a las personas con variantes de género que no experimentan malestar en sus vidas. “Corazón del problema”: la disconformidad de las personas trans  con los rasgos físicos de su sexo y/o el género asignado. En diciembre de 1973 la homosexualidad deja de ser tratada como trastorno mental. No obstante, su psicopatologización no fue eliminada. Hasta la publicación del DSM-III en 1980, la homosexualidad se diagnosticaba como Sexual Orientation Disturbance (Perturbación de la orientación sexual): se incluye la homosexualidad egodistónica, aplicable al homosexual que se encuentra a disgusto con su orientación sexual. En 1987 el DSM-III-R es el momento en que la egodistonia homosexual desaparece y de despatologiza la homosexualidad de los DSM.

Cohen-Ketenis y Pfäfflin, las recomendaciones que proponen para tratar al trastorno de identidad de género en el próximo DSM. Con el fin de no estigmatizar, consideran que la expresión “disforia de género” es la apropiada para su inclusión en el DSM venidero. Otros profesionales prefieren el uso de expresiones más neutras, como “incongruencia de género”, “disonancia de género”, “incomodidad de género” o “discordancia de género”.

Se proponen transformar “trastorno de la identidad de género” por la de “variantes de la identidad de género”; la no obligatoriedad de la dirigía de reasignación de sexo. Meyer-Bahlburg se decante por la imposibilidad de interpretar el transgénero con fundamentos que se sustenten en la ciencia. Se necesita un consenso entre la ciencia y el servicio que se preste a las personas trans.

Eliminando la faz de los enfermos/trastornados y transformando y descomponiendo sus cuerpos, para que en su descorporización los sujetos resulten innominados. Se pretende resaltar que los DSM emiten y difunden juicios psiquiátricamente clínicos que ocultan veredictos morales y políticos, que sirven injustificadamente para fundamentar la psiquiatrización transgenérica.

En los DSM, el caso del transgénero, se trata, sin evidencia que los justifique, como enfermedad mental. Los DSM emiten un discurso totalizador excluyente de otras culturas del saber, elimina la posibilidad de definición del transgénero, los sujetos sociales trans cognoscentes. Los DSM se instituyen en cetro referncial e insoslayable trans y, en su hacer, de manera envolvente y circular, transforman el pretexto en causa. En su psiquiatrización de la identidad transgenérica, los manuales de diagnóstico y estadísticos no logran neutralizar a las personas trans que demandan ser despsiquiatrizadas.

Si el cuerpo es el lucus de identidad que mediante acciones concretas expresan las personas trans no operadas y que no quieren someterse a la cirugía de reasignación genital, el cuerpo rompe la dicotomía identitaria al uso. Tdos estos torcimientos, mezclas y enturbiamientos de género se explicitan en la demostración de un género subversivo que quiere romper el sistema binario de género y en su ruptura desdualizar la dicotomía imperante. Los DSM, de mirada psiquiátrica, observan la enfermedad mental pero en su observación pierden voluntariamente la perspectiva global que pretenden abarcar, porque reconvierten a los sujetos trans e intersexos en personas elusivas, sin matices ni perfiles diferenciadores. Los DSM integran las conductas de los actores sociales trans bajo el rótulo psiquiátrico de trastorno mental, en equivalencia a los idiotas culturales de los teóricos de la sociología del control social.

sábado, 2 de febrero de 2013

Sociología de la Diversidad – Resúmenes Parte 44


En la asignatura de Sociología de la Diversidad del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, el compañero Víctor Riesgo Gómez y yo, realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria. Como libro de referencia: Sociodiversidad y sexualidad (José Antonio Nieto Piñeroba) Derechos reservados, sus autores.

Tomás Javier Prieto González:
Tema 1 Planteamiento de la sociología de la diversidad // Tema 2 Acción desviada, conducta desviada y alteridad // Tema 3 El finiquito de la desviación y de la conducta desviada // Tema 4 De la desviación y de la diversidad // Tema 6 Sociología de la diversidad //  Tema 7 Antropología de la sexualidad y discursividad // Tema 8 Los guiones sociales. El individuo, el cuerpo y el transgénero // Tema 9 Notas sueltas sobre sexualidad en la disctadura, transición y democracia española // Tema 10 Despsiquiatrizar el transgénero Tema11 El transgénero en las sociedades polinesias

Víctor Riesgo Gómez:
Tema 5 Razones que justifican la diversidad en sociología


Transición y democracia

La transición quiebra los mitos fundadores del franquismo que, como todos los mitos, tienen vocación de eternos. La conjunción dual, Iglesia y Estado franquista, se vertebra, en mi opinión, en una mitologema.

·      Por un lado, la dualidad reside en mostrar, en las monedas de circulación legal, a Franco como “Caudillo de España por la Gracia de Dios”.
·      Y por otro, en mostrar, en una foto para la posteridad, al cardenal Gomá con su saludo fascista.

Monedas y foto constituyen la representación simbólica del mitologema del nacionalcatolicismo. La mitología franquista prescinde del árbol genealógico y de todo vínculo de parentesco y concentra su generosidad divina en la figura del Caudillo. Se instruía en moralidad sexual a la sociedad española y se compensaba con premios a la natalidad a las familias que seguían los dictados del régimen con un número elevado de hijos.

De 1975 a 1978, el periodo político transicional, se vive con gran tensión. La Transición implica transacción. Transacción política entre demócratas y tardofranquistas. De la negociación entre unos y otros surge el, a mi juicio, mal denominado “pacto del olvido”; fruto de un acto deliberado de renuncia al recuerdo. La “recuperación de la memoria”, es la Ley de Memoria Histórica de 2007. La Constitución de 1978 estaba por venir y tampoco se disponía de la ventaja que supone el transcurso del tiempo para analizar la realidad sociocultural y sociosexual de la sociedad española.

Hay que separar la historia de la mitología. Comprobamos que el Holocausto propiciado por la dictadura franquista es irrefutable. Esto es, por evidencia histórica. Pero también lo es por sus huellas existenciales y por memoria oral.

Esta constatación genérica del sistema político franquista es, asimismo, constatable en el ámbito estricto de la sexualidad. La política sexual de la dictadura fue un hecho históricamente indiscutible, pero su proyección de realidad futura fue una aspiración que nunca llegó a cumplirse. La sexualidad del mitologema franquista con el tiempo perdió sus esencias. Pereció, Porque en sexualidad, como en política, las pautas culturales que proyectan se están reescribiendo y reinterpretando constantemente. Historia y mito, en consecuencia, se escinden.

La democracia estableció nuevas regulaciones de la sexualidad, nuevas normativas legales en materia de homosexualidad, matrimoio civil, divorcio, interrupción del embarazo, transexualidad, etc., que derogaron las anteriores leyes franquistas y afectaron positivamente la vida social de individuos y colectivos. Nuevos valores sociales rompieron la inercia continuista, creando un gap generacional.

Las normativas legales más sobresalientes aprobadas durante la transición política y la democracia que modifican, en materia de sexualidad, las disposiciones franquistas son las siguientes.

1.    Educación sexual.- La Ley Orgánica General del Sistema Educativo de 1991 permite introducir en las escuelas la enseñanza de “educación sexual”, corrigiendo, así, disposiciones legislativas posteriores a la muerte de Franco, en concreto, la Ley Orgánica del derecho a la Educación de 1985. El resultado de una ineficiente implementación ha sido, como se ha evidenciado en 2008, un aumento de los embarazos indeseados y de abortos en la adolescencia y juventud. Brückner y Bearman, la educación sexual fundamentada en promover la abstinencia tampoco logra detener la actividad sexual, los embarazos no deseados o la prevención de enfermedades de transmisión sexual.
2.    Homosexualidad masculina.- Los homosexuales eran considerados escoria y constituían un peligro social y se les aplicó la Ley de Vagos y Maleantes y la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social. El 26 de septiembre de 1978 se derogan algunos aspectos de la Ley de Peligrosidad Social y los homosexuales, junto con proxenetas y rufianes, entre otros, dejan de constituir peligro social y ya no son perseguidos con el ensañamiento característico de épocas anteriores. La homosexualidad continúa tipificándose como “escándalo público” en 1983 y hay que esperar a 1988 para que se deroguen algunos de los artículos que la contemplan. La Ley de 4 de agosto de 1970. Fueron definitivamente derogadas por el Código Penal de 1995.
3.    La liberación homosexual.- era en los 70 el objetivo fundamental a cumplir por los colectivos. Se vive lo que pudiera denominarse “fiebre de autonomía homosexual”, que en términos de presión política al Gobierno de Unión de Centro Democrático (UCD), en el poder hasta 1982, merma sus posibilidades reivindicativas para la consecución de derechos.
El día 26 de junio de 1977, el día del orgullo homosexual, desde entonces denominado día del orgullo gay, los homosexuales organizaron su primera manifestación pública por las calles de Madrid y Barcelona. Acto fundacional de la transición homosexual. Ese proceso de apertura a la sociedad se expande y alcanza su máximo esplendor en los 80. Todo un largo camino de franquismo, clandestinidad, encarcelamientos, reivindicaciones políticas por la liberación homosexual y luchas por la consecución de derechos, transición política y democracia; 30 años de recorrido median desde la muerte de Franco en 1975 hasta la aprobación por la ley del matrimonio entre personas del mismo sexo en 2005.
4.    Lesbianismo.- Las actividades de las mujeres lesbianas también se iniciaron y desarrollaron por las mismas fechas. Sin embrago, su presencia pública es menos intensa. Menos conocido que el de la homosexualidad masculina. La eclosión del lesbianismo está asociado al feminismo que, al poco tiempo de la desaparición de la dictadura, como movimiento de mujeres aglutinaba en su ideario distintas tendencias.
5.    Transexualidad.- Para las personas transexuales el reconocimiento oficial fue, hasta cierto punto, más lento. La dirigía de reasignación de sexo fue despenalizada en 1982. Hasta entonces la autorización para modificar la anatomía genital dependía de las decisiones judiciales y las sentencias de los jueces unas veces eran favorables y otras no al cambio de sexo solicitado. La primera dirigía de reasignación de sexo se efectuó en 1979.
6.    Planificación familiar.- El uso de la píldora anticonceptiva, que había estado ilegalizada en el franquismo, se legaliza en 1978 y se permite su expedición en farmacias. También se facilita en centros de planificación Familiar, inexistentes hasta entonces, con el fin de regular los embarazos y la tasa de nacimientos. Los distintos tipos y métodos anticonceptivos, al ser permitidos su empleo, abandonan la clandestinidad de su uso. Desaparecen situaciones embarazosas y grotescas de personas que acudían al médico para conseguir la receta de algún anticonceptivo.
Empiezan a expedirse preservativos en máquinas. En 1990, el Gobierno impulsa una campaña publicitaria institucional, cuyo lema es “¡Póntelo, Pónselo!”. La campaña fue muy criticada por la Iglesia Católica. Otro aspecto novedoso para sociedad española es la apertura de sex shops. La instauración de la democracia supuso que, aunque el modelo de sexualidad reproductora continuara estando presente, la natalidad, que desde 1965 venía decreciendo, a partir de 1974 acelera su ritmo.
7.    Matrimonio y divorcio.- El Fuero de los Españoles, promulgado en 1945, recogía explícitamente que el matrimonio era uno e indivisible y, además, tenía que ser bendecido por el catolicismo. EL matrimonio civil en sí mismo no tenía validez y estaba subordinado y sometido al consentimiento de la Iglesia Católica. No se permitía el divorcio. Este fue legislado, aprobado y puesto en práctica a partir de la Ley de Divorcio de 1981. Para poder divorciarse era obligatorio haber obtenido previamente la separación legal. La pareja separada legalmente no podía contraer matrimonio nuevamente hasta que no hubiera formalizado su divorcio.
Las predicciones (interesadas) de que el divorcio acabaría con la familia tradicional no se han cumplido. Se presencia el aumento de distintas tipologías de familias, su pluralidad. En 1989 se produjo una importante modificación del Código Penal que supuso una mayor protección, en términos de libertad e integridad, para la mujer.
8.    Aborto.- Consideraré la aplicación social de la interrupción voluntaria del embarazo o aborto, cuya implantación se aprobó por ley el 5 de julio de 1985. Se contemplaron y asumieron tres posibilidades, recogidas en un “sistema de indicaciones”, para abortar: éticas, terapéuticas y eugenésicas. Cuando se produce una violación; ante tan éticamente reprobable conducta, puede recurrirse al aborto. La Ley permite el aborto terapéutico cuando corra algún riesgo o esté en peligro la salud física o mental de la madre. Por razones eugenésicas se podrá efectuar siempre que no se haya excedido 22 semanas de gestación.

Hay que apuntar que ante el aumento considerable de abortos en adolescentes y en edades cada vez más tempranas, en 2008, el Gobierno, preocupado, ha lanzado una nueva campaña publicitaria contra los embarazos no deseados, utilizado la jerga coloquial de los adolescentes como mensaje, para insistir en el uso del preservativo. Adolescencia y juventud actual disponen de una información que nunca tuvieron generaciones precedentes. Acaso el quid de la cuestión radique en el uso responsable de la información disponible. La transmisión de una educación sexual y cívica sin cortapisas no contradicciones, y por supuesto también guiada por el principio de la responsabilidad resulta imprescindible. Las disposiciones legales y una renovada cultura de la sexualidad en democracia supuso un revulsivo social para las normativas y discursos del franquismo.


lunes, 31 de diciembre de 2012

Sociología de la Diversidad – Resúmenes Parte 12


En la asignatura de Sociología de la Diversidad del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, yo y Víctor Riesgo Gómez realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria. Como libro de referencia: Sociodiversidad y sexualidad (José Antonio Nieto Piñeroba) Derechos reservados, sus autores.

Tema 1 Planteamiento de la sociología de la diversidad – Tomás Javier Prieto González // Tema 2 Acción desviada, conducta desviada y alteridad - Tomás Javier Prieto González // Tema 3 El finiquito de la desviación y de la conducta desviada – Tomás Javier Prieto González// Tema 4 De la desviación y de la diversidad – Tomás Javier Prieto González// Tema 5 Razones que justifican la diversidad en sociología – Víctor Riesgo Gómez // Tema 6 Sociología de la diversidad – Tomás Javier Prieto González //  Tema 7 Antropología de la sexualidad y discursividad – Tomás Javier Prieto González // Tema 8 Los guiones sociales. El individuo, el cuerpo y el transgénero – Tomás Javier Prieto González // Tema 9 Notas sueltas sobre sexualidad en la disctadura, transición y democracia española – Tomás Javier Prieto González // Tema 10 Despsiquiatrizar el transgénero – Tomás Javier Prieto González // Tema11 El transgénero en las sociedades polinesias – Tomás Javier Prieto González

Diferencias culturales y la regulación emancipatoria

Para De Sousa la política de asimilación o integración cultural supone una derrota para una de las culturas subalterna. Porque la cultura triunfante, la hegemónica, en su asimilación, practica la absorción de la cultura subalterna. En el proceso se succionan las diferencias y se obtiene como resultado un universalismo antidiferencialista; “las políticas de asimilación nunca impidieron que las diferencias culturales, religiosas o de otro tipo continuaran”. Si la cultura asimilada y subalterna, tiene que ceder tradición, cultura y religión para someterse a los principios de regulación que condenan la mutilación genital, ¿significa que la cultura hegemónica es insolidaria con la cultura subalterna? Según Nieto, en los casos de clitoridectomía, infibulación y en general de mutilación genital, la emancipación de la mujer tiene primacía sobre la práctica cultural que cercena clítoris e infibula labios vaginales.

La tensión que existe entre regulación y emancipación no está superada, pero Nieto entiende que pronunciarse en contra de la mutilación genital, además de ser una manifestación plena de sentido en un mundo globalizado, es una forma muy concreta de solidaridad, una manera de solidarizarse con la mujer. La superación entre aquello que se regula y aquello que se emancipa, no se puede asumir el hecho de que haya que esperar a la extinción cultural y unilateral de la práctica mutilatoria de la cultura subalterna, para emprender y crear en la cultura hegemónica alternativas de regulación que liberen a la mujer del sometimiento genital. Estaríamos ante una regulación emancipatoria y un sincretismo más de los que se generan las culturas se encuentran y desencuentra. El canibalismo cultural hegemónico se encuentra, rivaliza, asfixia y neutraliza el canibalismo genital subalterno. La oxigenación de ciertas prácticas subalternas de diferenciación cultural, como la mutilación genital, supondría, en caso de llevar la política de laissez faire en la cultura hegemónica, perpetuar la ignominia.

El reconocimiento de los derechos de transexuales e intersexuales que los colectivos respectivos viene reclamando para que su identidad sea reconocida, sin confundirla con una enfermedad, con el trastorno de disforia de género, también es regulable. La regulación no supondría penalización, supondría emancipación; emancipar a las personas trans del yugo del trastorno disfórico. La transformación social no está sometida, pues, a un exclusivo criterio de regulación. Necesita de dominios concretos. De forma que el dominio de la regulación es el dominio de conductas delictivas y de le emancipación. La pluralidad de identidades y conductas necesita de frentes concretos y diversos que presionen para lograr la transformación social y con ella la emancipación de los injustamente excluidos, de los “sin derecho”.

La regulación necesita un nuevo marco legal que por medio de un nuevo marco jurídico actualice y reforme los principios modernizadores del Derecho. Una actualización y reforma jurídica-legal que confirmara que “el consenso sobre la primacia del derecho y del sistema judicial es uno de los componentes esenciales de una nueva forma política del estado e igualmente en que mejor vincula la globalización política con la globalización económica” (De Sousa).

Se restituye la legitimación de conductas/identidades deslegitimadas y, así, se contribuye a transformar la realidad social. Desde el punto de vista de la emancipación, la sociología deje de nutrirse de conductas desviadas. La esencia conceptual que definía la desviación de identidades y conductas se ha disuelto, esfumado, y ha devenido existencia normativa emancipadora. El transgénero que médicamente se penaliza y discrimina a los/las transgeneristas, una vez que se haya regulado desde la perspectiva de la emancipación evitaría la penalización médica de las personas trans.

Nieto prefiere enmarcar la conducta/cultura/identidad trans a modo de transición paradigmática y de emancipación, aunque inacabada, dentro de los presupuestos de la sociología de la diversidad, en lugar de la sociología de la desviación. Decidirse por la inclusión de la transexualidad y el transgénero en el ámbito de lo sociológicamente diverso es contribuir a su desmedicalización. Nieto intencionalmente desplazó la transexualidad de la desviación a la diversidad y del análisis de los DSM (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) que la contemplan como trastorno mental al análisis sociológico y antropológico de la diversidad. El estudio sobre el transgénero realizado se confirma como un funeral comparativamente tardío, el deceso de la sociología de la desviación propuesto por Sumner. Como un estudio anticipatoria de la despsiquiatrización del transgénero.

La Alta Autoridad de la Salud francesa parece estar dispuesta a decretar que la transexualidad/el transgénero dejen de ser afecciones psiquiátricas, para que las personar trans, sin tener que abandonar sus conductas/identidades, no sean consideradas  enfermos mentales. El Gobierno Sueco basándose en que s ofensivo y causa prejuicios, autorizó retirar el diagnóstico de “trastorno de identidad de género de la infancia”. Suecia ha sido el primer país en realizar una eliminación diagnóstica de tanta significación y alcance. Estas decisiones constituyen una realidad y una posibilidad con un mismo objetivo: evitar a estigmatización, la discriminación y la exclusión social del transgénero. Desde ATC, una plataforma pro derechos trans catalana: “Consideramos que la transexualidad debe despatologizarse, que debe dejar de estar supeditada a la medicina, a la psiquiatría, y que entonces cuando hablemos de un día internacional contra la homofobia y contra la transfobia”. De hecho, la desclasificación de los trans, en sus diferentes facetas, como enfermedad psiquiátrica como “trastorno de identidad de género”, constituirá un hito histórico.