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domingo, 7 de junio de 2015

Apuntes metodológicos sobre el estudio de la selección racial en las políticas inmigratorias de las américas

David Cook Martín trata de explicar los desafíos históricos y sociológicos que plantean las leyes de inmigración y nacionalidad en las Américas. Su objetivo es mostrar la utilidad del estudio de caso como método, y la problemática que viene a solucionar dicho estudio en el caso de las ciencias sociales, y en particular los estudios históricos comparativos, como procedimiento sistemático que puede comparar situaciones, fenómenos, grupos u objetos (Alguacil, 2011:33). Tal como sostiene Schrank (2006:21), el estudio de caso es un diseño de investigación más que sólo un enfoque para la recolección o análisis de datos, debe implicar la utilización de una amplia gama de diversas fuentes de datos y un número de diferentes estrategias analíticas.
Es muy importante recordar el motivo por el que se ha optado por la utilización de un método en concreto, y tener en cuenta qué es lo que nos va a proporcionar. No se trata de escoger un método porque en ese momento esté en auge o porque sea aquel con el que el investigador se sienta más cómodo. Como ejemplo para ilustrar la metodología de los estudios de casos, Cook cita su libro “Culling the Masses: The Democratic Roots of Racist Immigration Policy in the Americas” (2014), ya que fueron los estudios de caso los que le ayudaron a contestar aquellas cuestiones que no se podían resolver con herramientas cuantitativas. El proyecto estudia las leyes migratorias y de nacionalidad en 22 países desde 1790. Se compone de 7 estudios de caso incluido el de Brasil, que será el que ejemplifique el punto de vista metodológico que expone en su conferencia.
Partiendo de la cuestión sobre la compatibilidad o incompatibilidad de la democracia liberal y la selección étnica de los inmigrantes, muchos historiadores y sociólogos aseguran que esto es incompatible, pues dicha selección étnico-racial responde a los requerimientos de la condición de estado liberal como tal, sobre todo tras la II Guerra Mundial. Mientras, Cook nos plantea unos argumentos un poco diferentes: para él, realmente el liberalismo democrático y el populismo han promovido las políticas racistas, y el punto de partida de estas políticas migratorias racistas van desde el Sur global hacia el Norte y no al contrario, como se ha contado tradicionalmente. Esto no ocurre así si se toma un punto de vista concreto con un país de América del Norte en el que hay más variación en el tipo de régimen político junto con un período más amplio, pues aquí las políticas migratorias racistas justifican que fue el factor geopolítico el que diera como resultado un descenso de la selección racista en América del Norte, y en realidad en todo el hemisferio.
Para responder a la cuestión sobre la relación entre democracia, populismo, liberalismo y la selección étnico-racial, Cook y Scott FitzGerald se apoyaron en las leyes sobre inmigración y nacionalidad de los 22 países de América del Norte que no fueron independientes antes de la II Guerra Mundial. Por un lado utilizaron la codificación de leyes públicas y 7 estudios de caso en 5 países, que fueron los que más receptores de inmigración presentaron: Argentina, Brasil, Canadá, Cuba, EE.UU y México. Tras este estudio surgió un caso adicional relacionado con las organizaciones intergubernamentales y las comunidades de expertos. El estudio se completa con 16 mini casos de los países restantes, con el interés que la investigación no sea demasiado extensa, y hasta inabarcable.
Sobre la codificación cuantitativa de la selección étnica, lo que buscaron en la ley fue una mención explícita de una distinción étnico-racial o nacional. Utilizaron un término global que incluía la raza, nacionalidad..., en su sentido más antropológico, que denominaron “etnicidad”. En cuanto a los tipos de selección étnica que codificaron fueron las siguientes:
  • Por un lado, el caso de las leyes de inmigración con discriminaciones negativas, personas de un determinado origen que no pueden entrar al país. Estos casos negativos comienzan en Norteamérica, especialmente en California, Vancouver y la Columbia Británica.
  • En el caso de preferencias positivas, países que quieren personas de un determinado origen, tenemos como ejemplo Argentina, que fomentaba los casos de inmigración europea.


El análisis cuantitativo demostró que los lugares con ideología liberal promovieron la restricción de inmigrantes considerados no aptos para autogobernarse. Las instituciones democráticas y populistas también hicieron lo mismo. Un ejemplo lo encontramos en Brasil, en el período de Getúlio Vargas, y en EE.UU, país históricamente más liberal que fue modelo y líder de selección racista. Generalmente se habla del fin de las selecciones étnicas en las leyes de inmigración a partir de la II Guerra Mundial, pero habrá países que eliminarán estas leyes de forma mucho más tardía. Confirmaron que este empuje hacia la no discriminación y la aplicación de los Derechos Humanos surgió desde el Sur Global, ya que muchos de los líderes y élites políticas latinoamericanas estaban comprobando cómo a ellos también se les estaba excluyendo internacionalmente.

jueves, 19 de junio de 2014

Resúmenes Sociología del Género Parte 27

En la asignatura Sociología del Género del segundo cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2013/14, formamos un grupo de trabajo algunas/os compañeras/os y elaboramos los siguientes resúmenes de la bibliografía básica de la asignatura. Derechos reservados de sus autores.


1. -Ehrenreich, Barbara y English, Deirdre (1990): Cap. 1: “Introducción”, en Por su propio bien. (150 años de consejos de los expertos), Madrid: Taurus, pp. 11-41. Javier Prieto González // 2. -Durán, María Ángeles (2006): “Las fronteras sociales del siglo XXI”, en Isabel Morant (Dir.), Historia de las mujeres en España y América Latina. Madrid: Cátedra, Volumen IV “Del Siglo XX a los umbrales del XXI”, pp. 465-493. María Dolores Aviles y José Antonio Delgado Guanche // 3. -Giddens, Anthony (2007), “El género”, en Sociología, Madrid: Alianza Universidad, pp. 441-452. Blas García Ruíz // 4. -Marqués, Josep-Vicent (1991): Cap. 1 (extracto): “Androcentrismo, un caso particular de sociocentrismo”, en Josep-Vicent Marqués y Raquel Osborne, Sexualidad y sexismo. Primera parte: Marqués, “Varón y patriarcado”. Madrid: Fundación Universidad-Empresa, pp. 23-27. Lorenzo Vellarino Cordero // 5. -Osborne, Raquel (1997): "Feminismos", Dossier Debate "La igualdad de la mujer", Temas para el Debate, octubre, nº 35, pp. 46-50. Ruth Cardedal Fernández // 6. -Giddens, Anthony (2007): “Walby: la teorización del patriarcado”, “El ´feminismo negro` y “El feminismo postmoderno”, op.cit., pp. 456-459. Javier Hermoso Ruíz // 7. -Osborne, Raquel (1996): "¿Son las mujeres una minoría"?, Isegoría (Revista de Filosofía Moral y Política), monográfico sobre Multiculturalismo, justicia y tolerancia, Madrid, nº 14, octubre, pp. 79-93. Antonia Pineda Vergara y Fernando Pedro Bruna Quintas // 8. -Giddens, Anthony (2007): “Perspectivas teóricas sobre la familia y las relaciones íntimas”, op. cit., pp. 246-256. Julio Monteagudo Diz // 9. -Ferreira, Virginia (1996), “Mujer y trabajo. La división sexual del trabajo en el análisis sociológico: de natural a socialmente construida”, en María Antonia García de León, Félix Ortega y María Luisa García de Cortázar, (comps.), Sociología de las mujeres españolas, Madrid: Ed. Complutense, pp. 93-119. (Selección: pp. 93-111). Antonio Jesús Acevedo Blanco // 10. -Brullet, Cristina (2004): “La maternidad en occidente y sus condiciones de posibilidad en el siglo XXI”, en Ángeles de la Concha y Raquel Osborne (Eds.): Las mujeres y los niños primero (Discursos de la maternidad). Barcelona, Madrid: Icaria y UNED, pp. 201-228. (Selección: pp.213-228). Antonia Florentina López Caballero // 11. -Osborne, Raquel (2005): “Desigualdad y relaciones de género en las organizaciones: diferencias numéricas, acción positiva y paridad”, Política y Sociedad, vol. 42, nº2, 2005, pp. 163-180. María Aurora Sieiro López // 12. -Torres San Miguel, Laura y Antón Fernández, Eva (2005), Violencia de género, Caja España, Obra Social, Colección: Cartilla de Divulgación (Lo que usted debe saber sobre). (Selección: pp. 18-33). Daniela Isabel Lili Pedraza y Mónica Pedraza Darias // 13. -Osborne, Raquel (2009): Cap. 2, “Malos tratos: un problema estructural”, en Osborne, Raquel: Apuntes sobre violencia de género. Barcelona: Bellaterra Edicions, Serie General Universitaria, pp. 83-136.  Mónica Pedraza Darias Tomás Javier Prieto González // 14. -Platero, Raquel (Lucas) (2013): "Introducción. La interseccionalidad como herramienta de estudio de la sexualidad", en Platero, Intersecciones: cuerpos y sexualidades en la encrucijada. Barcelona: Bellaterra, pp. 15-72. (Selección: pp. 23-48). María Isabel García Duran // 15. -Büchner, J. "Notas para la ponencia “Género y globalización" (versión 2004): 20 pp. Cristina Martínez Blanco

C) La familia se organiza en torno a la división sexual del trabajo

La división sexual del trabajo hace que cada vez más exista una cooperación entre hombres y mujeres en la resolución de los problemas inherentes a la vida cotidiana. Esta cooperación ya existía con el hombre premoderno, cuando la organización social de los tiempos y espacios de producción(fábrica y empresa)  y reproducción(familia). Esta cooperación asimétrica, puesto que se establece desde la desigualdad y la jerarquía entre hombres y mujeres, no ha estado exenta de conflictos pero ha facilitado la reproducción humana. No es absurdo relacionar que el incremento de las familias monoparentales y gineparentales con la reducción de la división sexual en el trabajo y con el incremento de la autonomía de las mujeres. Este incremento de la individualidad no implica la falta de solidaridad y cooperación elegida entre hombres y mujeres.

En las sociedades premodernas, estructuradas sobre una economía agrícola los hombres y las mujeres de toda edad participaban de espacios y tiempos de trabajos comunes, más allá de la asignación y prohibición de tareas  a uno u otro sexo y de la existencia de algunos ámbitos segregados. Con la primera modernidad llega una nueva forma de entender la división sexual en el trabajo. El liberalismo político aporta una la nueva concepción de vida social; que separa los asuntos públicos de los asuntos privados.

Durante los siglos XIX y XX se conforma y se consolida el modelo ideal de mujer "ama de casa" y de "madre amantísima" que realiza su actividad cotidiana en el ámbito privado familiar y coopera con el esposo que trabaja fuera del hogar, siendo ambos mantenedores del grupo familiar.

Hasta fechas muy recientes ser una buena madre y esposa significa atender a los hijos en sus necesidades físicas, psicológicas, emocionales y morales, marcar pautas en la vida cotidiana, hacer el seguimiento escolar, atender el hogar, el marido y estar disponible para cubrir las necesidades del grupo doméstico las veinticuatro horas del día. Ser padre implica traer el dinero a casada y marcar la ley dentro del hogar.

Pero en la actualidad se ha impuesto la "doble presencia" de las mujeres(trabajo remunerado y trabajo doméstico-familiar), ahora bien las madres pueden experimentar dificultades en el ejercicio de la función materna por causa de su "doble presencia, sus actividades y funciones dentro del hogar no se han modificado. Sin embargo, este trabajo de ha visto reducido en términos cuantitativos tenemos pocos hijos y porque el trabajo doméstico ha experimentado transformaciones técnicas(lavadoras de ropa y vajillas, nevera, etc.). A los hombres se le demanda que realicen trabajo no pagado y que entren en un campo de acción que las mujeres han dominado mucho más que ellos.

Desde una perspectivas cultural podemos afirmar que la división sexual del trabajo dentro del hogar ha perdido legitimidad histórica. Esta legitimidad fue sustentada bajo argumentos y creencias que reforzaban la posición superior de los hombres en el orden social, material y simbólico. Sin embargo, las investigaciones tratan de conocer los cambios actuales de las prácticas de reparto del trabajo reproductivo-familiar entre hombres y mujeres.

martes, 17 de junio de 2014

Resúmenes Sociología del Género Parte 25

En la asignatura Sociología del Género del segundo cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2013/14, formamos un grupo de trabajo algunas/os compañeras/os y elaboramos los siguientes resúmenes de la bibliografía básica de la asignatura. Derechos reservados de sus autores.


1. -Ehrenreich, Barbara y English, Deirdre (1990): Cap. 1: “Introducción”, en Por su propio bien. (150 años de consejos de los expertos), Madrid: Taurus, pp. 11-41. Javier Prieto González // 2. -Durán, María Ángeles (2006): “Las fronteras sociales del siglo XXI”, en Isabel Morant (Dir.), Historia de las mujeres en España y América Latina. Madrid: Cátedra, Volumen IV “Del Siglo XX a los umbrales del XXI”, pp. 465-493. María Dolores Aviles y José Antonio Delgado Guanche // 3. -Giddens, Anthony (2007), “El género”, en Sociología, Madrid: Alianza Universidad, pp. 441-452. Blas García Ruíz // 4. -Marqués, Josep-Vicent (1991): Cap. 1 (extracto): “Androcentrismo, un caso particular de sociocentrismo”, en Josep-Vicent Marqués y Raquel Osborne, Sexualidad y sexismo. Primera parte: Marqués, “Varón y patriarcado”. Madrid: Fundación Universidad-Empresa, pp. 23-27. Lorenzo Vellarino Cordero // 5. -Osborne, Raquel (1997): "Feminismos", Dossier Debate "La igualdad de la mujer", Temas para el Debate, octubre, nº 35, pp. 46-50. Ruth Cardedal Fernández // 6. -Giddens, Anthony (2007): “Walby: la teorización del patriarcado”, “El ´feminismo negro` y “El feminismo postmoderno”, op.cit., pp. 456-459. Javier Hermoso Ruíz // 7. -Osborne, Raquel (1996): "¿Son las mujeres una minoría"?, Isegoría (Revista de Filosofía Moral y Política), monográfico sobre Multiculturalismo, justicia y tolerancia, Madrid, nº 14, octubre, pp. 79-93. Antonia Pineda Vergara y Fernando Pedro Bruna Quintas // 8. -Giddens, Anthony (2007): “Perspectivas teóricas sobre la familia y las relaciones íntimas”, op. cit., pp. 246-256. Julio Monteagudo Diz // 9. -Ferreira, Virginia (1996), “Mujer y trabajo. La división sexual del trabajo en el análisis sociológico: de natural a socialmente construida”, en María Antonia García de León, Félix Ortega y María Luisa García de Cortázar, (comps.), Sociología de las mujeres españolas, Madrid: Ed. Complutense, pp. 93-119. (Selección: pp. 93-111). Antonio Jesús Acevedo Blanco // 10. -Brullet, Cristina (2004): “La maternidad en occidente y sus condiciones de posibilidad en el siglo XXI”, en Ángeles de la Concha y Raquel Osborne (Eds.): Las mujeres y los niños primero (Discursos de la maternidad). Barcelona, Madrid: Icaria y UNED, pp. 201-228. (Selección: pp.213-228). Antonia Florentina López Caballero // 11. -Osborne, Raquel (2005): “Desigualdad y relaciones de género en las organizaciones: diferencias numéricas, acción positiva y paridad”, Política y Sociedad, vol. 42, nº2, 2005, pp. 163-180. María Aurora Sieiro López // 12. -Torres San Miguel, Laura y Antón Fernández, Eva (2005), Violencia de género, Caja España, Obra Social, Colección: Cartilla de Divulgación (Lo que usted debe saber sobre). (Selección: pp. 18-33). Daniela Isabel Lili Pedraza y Mónica Pedraza Darias // 13. -Osborne, Raquel (2009): Cap. 2, “Malos tratos: un problema estructural”, en Osborne, Raquel: Apuntes sobre violencia de género. Barcelona: Bellaterra Edicions, Serie General Universitaria, pp. 83-136.  Mónica Pedraza Darias Tomás Javier Prieto González // 14. -Platero, Raquel (Lucas) (2013): "Introducción. La interseccionalidad como herramienta de estudio de la sexualidad", en Platero, Intersecciones: cuerpos y sexualidades en la encrucijada. Barcelona: Bellaterra, pp. 15-72. (Selección: pp. 23-48). María Isabel García Duran // 15. -Büchner, J. "Notas para la ponencia “Género y globalización" (versión 2004): 20 pp. Cristina Martínez Blanco


Sobre la familia y función materna en la primera modernidad

En las sociedades preindustriales las tareas masculina y femeninas se realizaban en espacios y tiempos polifuncionales. Mujeres, hombres, niñas y niños compartían la vida cotidiana  en un marco de desigualdades por el orden social establecido. La maternidad implicaba a la madre en un corto período de tiempo a la crianza y sin dejar de participar en los trabajos de subsistencia del grupo, al tiempo que la socialización de las criaturas se realizaba en un marco comunitario.

La antropología ha demostrado que en la gran mayoría de las sociedades conocidas siempre ha existido diferenciación de sexo en las prácticas de actividades. Siendo el dispositivo básico social de orden patriarcal.

La reproducción humana ha permitido la continuidad de la especie , la gran mayoría de las sociedades conocidas siempre han dado a la función materna un reconocimiento simbólico de segundo orden, siempre subordinado a la importancia del poder y en hacer masculino.
En los siglos XIX y XX cuando de expande en Occidente la industrialización , la urbanización y el liberalismo político y económico, la función materna adquiere nuevas dimensiones.

En la teoría política del Estado moderno la sociedad contempla dos esferas: la de los asuntos públicos y la de los asuntos privados. La división sexual en el trabajo queda asociada a esta dicotomía de la sociedad y de la vida humana.
Los derechos de la ciudadanía son un atributo masculino y las mujeres reciben los derechos derivados del padre o del marido. La maternidad no implica la adquisición de derechos si no es a través del padre.

El contrato civil del matrimonio refuerza la subordinación y dependencia de las mujeres al marido a todos los efectos familiares, sociales, políticos y económicos. La maternidad y la primera crianza de los hijos se privatiza y la función materna pasa a ser  objeto preferente de la iglesia, higienistas, moralistas, pedagogos y educadores. Aunque los acontecimientos básicos del ciclo familiar -nacimientos, matrimonios y defunciones-, deberán pasar ahora por el registro civil.

El nuevo modelo de familia moderna y al mismo tiempo patriarcal intervienen, además mecanismos jurídicos y políticos, otros elementos de índole ideológica y educativa que serán claves para la expansión del modelo y si interiorización social a través de la propia familia y la escuela.

A lo largo del siglo XIX se expande lentamente el ideal burgués de la figura de "ama de casa", modelo de mujer que en la segunda mitad del siglo XX se constituirá como hegemónico en el mundo occidental. La representación de la "buena madre" supone su presencia insustituible en la crianza a lo largo de los primeros años de la criatura(no sólo durante la lactancia). Este modelo se expandirá entre la élite de la clase obrera gracias al incremento del bienestar material de las familias. En algunos países europeos se amplían los derechos sociales y laborales de los trabajadores y empleados en tanto que maridos y padres(prestaciones económicas para esposas e hijos), y las hijas de madres obreras empiezan a quedarse en el nuevo hogar de casadas para cumplir el mandato del modelo ideal de maternidad y vida familiar. La primera modernidad fue consolidando la privatización y psicologización de la función materna mientras excluía a las madres del trabajo remunerado.

En el siglo XX, los países anglosajones de tradición liberal mantendrá la idea de que el poder estatal no debe intervenir en la esfera de los asuntos privados y familiares, y por ello no promueven políticas familiares explícitas.

En los países de tradición católica del centro y sur de Europa el Estado interviene abiertamente con políticas familiares pronatalistas que premian y subsidian la maternidad, educativas muy discriminatorias por razón de sexo. Un tercer modelo de intervención sobre las familias se plasmará en las socialdemocracias del norte europeo, donde ya en los años treinta del siglo XX, su derecho a las mujeres a la maternidad, su derecho al trabajo remunerado y el derecho de la primera infancia a una atención de calidad.

El "contrato de género"(Iréne Thery) de la primera modernidad vinculaba indisociablemente tres elementos: la desigualdad de sexos, la maternidad de la mujeres y la indisolubilidad del matrimonio. Han tenido que pasar casi dos siglos para que el primer "contrato de género" no ha sido lineal ni uniforme. Contrariamente, ha estado marcado por las desigualdades entre grupos sociales.

La categoría de mujer, en un sentido genérico, incluyen situaciones y experiencias sociales de mujeres muy diversas y muy desiguales(en el acceso a los recursos hoy disponibles en nuestra sociedad).

En el siglo XXI,

  • (1), el ethos de la domesticidad ya no tiene credibilidad en  España, entre las mujeres jóvenes, puesto que la mayoría rechazan ser reconocidas como amas de casa; 
  • (2), el amor romántico ha dejado de ser un mito, ya no es para siempre, ya que se incrementan las rupturas conyugales y cada biografía individual muestra la existencia de varias pareja a lo largo de su trayecto vital; y,
  • (3). el sentimiento de privacidad se vincula al derecho de todo hombre y toda mujer a gestionar su vida personal más allá de los modelos convencionales.


El aumento de parejas de hechos con hijos -parejas hetero u homosexuales-, las familias monoparentales, gineparentales, las parejas sin hijos, los familias recompuestas y las mujeres y hombres que no desean formar familia. Esta diversidad de las formas de hacer, pensar y vivir lo familiar en España está comportando, la aprobación de nuevas regulaciones de las relaciones de familia.

La fragilidad en los pactos privados de pareja lleva al aumento de los hogares monoparentales y familias recompuestas, lo que supone, en términos de filiación, dos movimientos aparentemente opuestos. Por un lado, el reforzamiento de la filiación por vía maternal y por otro, el vinculo filial con el padre biológico del padre(custodia compartida). Uno y otro fenómeno significan en nuestro sistema familiar la alianza pierde peso mientras que la filiación de refuerza.

miércoles, 3 de abril de 2013

Polanyi, La Gran Transformación. Cambio social Parte 3


Autor: Víctor Riesgo Gómez

El texto que es presentado a continuación ha sido realizado en el marco universitario y ha sido realizado por un alumno de la UNED. Se encuadra en la asignatura Cambio Social I de dicha universidad. Es intención del autor comprobar en qué medida la exposición y tesis que presentó en su momento Karl Polanyi puede ser observada mediante el enfoque proporcionado por las diversas teorías del Cambio Social y a cuál de ella o de ellas resulta más cercano.

También resulta sorprendente, y en cierto modo alarmante, la vigencia que cobran en el presente los análisis y la evolución de los hechos que presenta Polanyi. Los tipos de encrucijadas que han de afrontar las sociedades europeas y norteamericanas del siglo XIX y principios del XX se asemejan en gran medida a las actuales. Las decisiones y los intereses de los agentes en permanente “conflicto negociado” que interactúan en el campo sociocultural les acaba conduciendo a situaciones poco deseadas por la gran mayoría. De cómo se desarrollan estos procesos, de por qué desembocan en lo que desembocan y de quiénes son los agentes que actúan y en base a qué interese lo hacen es de lo que trata este trabajo. Estas fuerzas interactuando son las que, en resumidas cuentas, desarrollan diversos cambios sociales llenos de ambivalencias.

Análisis del argumento central

Como ya vengo exponiendo a lo largo de este trabajo, el argumento central del autor se puede resumir de la siguiente manera: a lo largo del siglo XIX y principios del XX tiene lugar una profunda transformación del orden institucional y relacional que había operado hasta entonces. La fuente de la transformación encuentra su inspiración en motivaciones utilitaristas, racionalistas y economicistas. En el campo material es el surgimiento de la máquina y la industria a ella asociada lo que favorece este cambio social, esto supone que la esfera de las relaciones económicas es independizada, por agentes con cierto grado de poder, del conjunto de relaciones sociales en las que siempre se había encontrado inserta.

Las consecuencias de esta emancipación de la economía, como supuesta ciencia independiente y racional, provoca profundas dislocaciones en la urdimbre de la sociedad en su conjunto. Todas las demás relaciones sociales se ven profundamente modificadas, a gran velocidad, con resultados dramáticos para numerosos renglones sociales. Las relaciones no contractuales se ven erosionadas en sus bases y la aparente mejora económica supone un deterioro del ambiente cultural en el sentido más amplio. Finalmente tal proyecto tropieza en su desarrollo con los diversos mecanismos que grupos sociales perjudicados por él ponen en marcha con la función de protegerse de la dislocación a la que se ven sometidos. Este proyecto incompleto de sociedad resulta menos habitable que aquel que la utopía liberal proponía y que el tipo de sociedad anterior. El resultado final es una serie de conflictos violentos posteriores al último intento de reorientar a las sociedades de occidente en una senda de prosperidad y paz.

Polanyi adopta una perspectiva crítica del proceso de mejoramiento material que experimenta occidente como consecuencia de la Revolución Industrial. Duda, por tanto, de los glorificados efectos beneficiosos obtenidos en tal proceso. Su duda no es tanto en un sentido material estricto como en las consecuencias culturales y sociales que dicho proceso llevan aparejadas. Se acerca a la visión de Tonnies y su separación entre comunidad y sociedad. Esta crítica no se basa en meros aspectos especulativos o idealistas. Encuentra refrendo en averiguaciones antropológicas e históricas.

Su análisis se centra inicialmente en los aspectos institucionales que se ven sometidos al cambio forzado. Un determinado orden institucional resulta fundamental en la explicación y en la formación de las acciones que los agentes realizan. En contraposición con las posturas liberales a ultranza él mantiene que este orden institucional no es el resultado de un orden espontáneamente surgido en el curso de acciones individuales, por contra, es el resultado de un proceso forzado de cambio orientado al fin de modificar las condiciones y las reglas de juego. Como consecuencia de esta modificación las conductas sociales que no se adaptan o que son claramente señaladas tienden a su desaparición, lo opuesto sucede con las conductas y los intereses de los actores beneficiados.

Podemos inferir que el concepto de sociedad que alberga Polanyi contiene un cierto grado de organicismo al considerar que dicha sociedad actúa como un todo interrelacionado entre sí. Cabe pensar en este sentido que no resulta extraño para la época en que realizó sus trabajos y la fuerte orientación antropológica que contienen los mismos, si bien, es un organicismo algo peculiar que se podría enclavar en la perspectiva del conflicto. A lo largo de los razonamientos y las exposiciones que despliega en todo el trabajo, el conflicto entre diversas posiciones sociales es una causa explicativa fundamental.  Sin el recurso al conflicto y a la coerción desde posiciones institucionales de poder, ya sea mediante modificaciones legislativas, ya sea mediante el recurso a la violencia, no se puede explicar en absoluto su tesis.

La visión de Polanyi contiene una cierta perspectiva cíclica del acontecer social, si bien los ciclos que se infieren resultan ausentes de determinación intrínseca y hacen suponer un cierto componente de pendularidad. Lo cual evoca una suerte particular de aplicación de la dialéctica hegeliana, las contradicciones se acumulan y provocan respuesta por parte de los sectores o agentes perjudicados por ellas. Lo que en ningún caso nos debe hacer pensar que el resultado del conflicto dialéctico pueda devenir en un orden mejor o superior, pues la contingencia de los acontecimientos y el papel jugado por los diversos agentes son las causas principales que explican el nuevo orden resultante.

Es por tanto difícil de enclavar en una escuela de pensamiento exclusiva respecto al cambio social al combinar elementos de distintas perspectivas de manera singular. Esto sin duda se debe al eclecticismo conceptual que despliega en esta obra. Se sirve de la economía política, de la antropología, de la sociología, de la historia, así como de las teorías de los ciclos históricos o del materialismo dialéctico marxiano para construir sus argumentos y extraer una lógica de los hechos y los acontecimientos y de la evolución de los mismos. Sí parece claro que pone el acento en el papel de los agentes sociales como base explicativa del cambio. 

Otro aspecto que encierra su obra es el análisis del aparato conceptual que alberga el liberalismo puro del laissez-faire. A lo largo de varios capítulos disecciona este conjunto de ideas y orientaciones para la acción que, en la época en que se centra, permanecía revestido de una imparcialidad y objetividad científica. Sin embargo él descompone los principios en que se basa reduciéndolos a un conjunto coherente de presupuestos ideológicos, en ocasiones carentes de refrendo empírico, e incluso yendo contra la evidencia histórica y social. Para esto resulta de una importancia central la perspectiva holística y comparada que emplea, frente al reduccionismo individualista y etnocentrista en el que se origina el credo liberal.

El humano que dibuja Polanyi es un ser inserto en su cultura y resultado de un conjunto amplio de relaciones que le dan sentido, en contraposición al humano que los individualistas metodológicos construyen, el cual se asemeja a una máquina racional de elaborar cálculos estratégicos, con fines exclusivamente instrumentales, y cuyas preferencias no se originan en un ambiente social, son simple función y consecuencia de supuestas condiciones objetivas orgánicas, a las que el utilitarismo encuentra un sistema de medición. El resultado de tal engendro, el “homo económicus”, es un ser aislado cultural y socialmente, solo se vincula con los demás átomos igualmente aislados del sistema social a través de contratos mercantiles, y el motivo de toda acción es la posibilidad de obtener ganancia en metálico. 

Autor: Víctor Riesgo Gómez


martes, 5 de junio de 2012

Historia de las Ideas Políticas Resúmenes Parte 53


En la asignatura de Historia de las Ideas Políticas del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED, algun@s compañer@s realizamos un trabajo coral; resúmenes del libro Ideas y Formas Políticas: Del triunfo del Absolutismo a la Posmodernidad, bibliografía básica de esta asignatura. Quiero agradecer el esfuerzo, compromiso y dedicación desplegado por tod@s.  Derechos reservados, sus autores.

José Rodrigo Crespo - Tema 1 El triunfo del absolutismo // Elisa Ruiz Rodríguez - Tema 2 De la Ilustración al Estado Liberal // Alejandro Gessé Ponce - Tema 3 Los fundamentos de la democracia: de Rosseau a la Revolución Francesa // María Hernando García - Tema 4 El idealismo // Tomás Javier Prieto González - Tema 5 Tradicionalismo y Conservadurismo // Mónica Platero - Tema 6 El pensamiento político norteamericano: de los Founding Fathers a la consolidación de la nación americana // Juan José Amate Ruiz - Tema 7 El liberalismo posrevolucionario // Víctor Riesgo Gómez - Tema 8 Utilitarismo y liberalismo en Inglaterra // Pedro Medina Charavía - Tema 9 Del socialismo utópico al anarquismo // Carla Torres Segura - Tema 10 El anarquismo // Antonio Jesús Acevedo Blanco - Tema 11 Karl Marx y el Marxismo // José Bargallo Roges - Tema 12 El nacionalismo en el siglo XXI // Julio Monteagudo Diz – Tema 13 Totalitarismo (I): Fascismo y Nacional-Socialismo // Inocencia González Fernández Tema 14 Totalitarismo (II): El Comunismo Marxista-Leninista // Eva Del Riego Eguiluz – Tema 15 Los Liberalismo de posguerra // Carolina Judith Rabazo Pérez - Tema 16 Políticas del posmodernismo



RAYMOND ARON: LIBERALISMO Y REALISMO POLÍTICO

Mientras Hayek y Poppe vivieron y desarrollaron el conjunto de su obra en un contexto cultural, social y político anglosajón, Raymond Aron hubo de desenvolverse en el ambiente de la sociedad francesa. Durante un periodo de entreguerras, las tradiciones antiliberales disfrutaban de una amplia influencia; y después de la Segunda Guerra Mundial, el marxismo se convirtió en objeto de atracción por parte de los intelectuales franceses más carismáticos, entre ellos Jean Paul Sartre.

Aron
Nació en París el 14 de marzo de 1905. En su juventud, Aron simpatizó con el pacifismo y con el socialismo sin ser marxista; en 1925, se afilio al SFIO (Section Françáise de la Internacional) y en 1936 votó al Frente Popular. En su estancia en la Ecole Normal estudió el pensamiento social de los clásicos franceses; y en su etapa en las universidades de Colonia y Berlin se introdujo en el pensamiento filosófico y sociológico alemán. Fruto de esta etapa fueron sus dos primeras obras: La sociología alemana e Introducción a la filosofía de la historia. De la primera destaca su valoración positiva de Max Weber. En Introducción a la filosofía de la historia, Aron puso a punto una concepción del papel de las ciencias sociales y de la relación entre el científico social y la política. Recuperó la tesis fundamental del historicismo alemán sobre las diferencias entre ciencias de la cultura y ciencias naturales; desmontó las pretensiones científicas de las filosofías de la historia en su vertiente hegeliano-marxista, spengleriana y comtiana; y propuso una concepción de las tareas de la ciencia social. La tarea del científico social es la de favorecer las decisiones “razonables”. El científico social puede ayudar a los hombres de acción a tomar conocimiento de los vínculos en los cuales se podría encontrar su actuación y hacer buen uso, es decir, un uso razonable, de su libertad de decisión.

Tras la derrota de Francia ante Alemania, Aron se trasladó a Londres y colaboró con el general De Gaulle, dirigiendo el periódico La France Libre.

Finalizada la contienda, era ya un liberal convencido. Su proyecto político-intelectual consistió en un intento de reconstrucción filosófico-política del liberalismo. A diferencia de Hayek y Popper, su liberalismo no pretendía estar fundado en principios abstractos, sino en un análisis concreto y realista de la política y de la sociedad.

Uno de los momentos clave fue su libro El opio de los intelectuales, cuyo objetivo fue denunciar el nefasto papel desempeñado por Jean Paul Sartre y otros intelectuales de izquierda con su apoyo a los comunistas y su interpretación del marxismo. A su juicio, el marxismo se había convertido, para estos intelectuales, en una especie de religión secular, que sacralizaba el sentido predeterminado de la historia, el papel del proletariado, la revolución, la lucha de clases, etc. Aron predice, en esa obra, el “fin de la era ideológica”. Sin embargo, Aron distinguió siempre entre el marxismo dogmático y superficial de los intelectuales como Sartre y el marxismo imaginario de Louis Althusser y sus discípulos, de que él denominaba el marxismo de Marx. El marxismo vulgar o el marxismo “imaginario” estaba vinculado a un sistema filosófico utópico, es decir, al materialismo dialéctico, al análisis de las contradicciones sociales, la lucha de clases y la visión historicista de la sociedad, mientras que el marxismo de Marx se encontraba fundamentalmente en El Capital y en los análisis de la estructura productiva de la sociedad, es decir, al materialismo histórico.

Aron contrapuso la figura y la obra de Alexis de Tocqueville a las de Marx. El autor de La democracia en América había puesto de relieve la importancia de las ideas y su influencia en la realidad social, y la autonomía del factor político frente al determinismo económico, así como la exaltación de la libertad como una opción, por la cual es preciso luchar política e ideológicamente. De la misma forma, Tocqueville había sabido prever la emergencia de la sociedad democrática: “ciudadanía burguesa, eficiencia técnica y derecho de cada cual para elegir el camino de salvación”.

Desde esta perspectiva, Aron elaboró su concepción de la sociedad industrial, en que la gran empresa industrial era la forma de producción predominante. Esta sociedad tiene una serie de características universales: la gran empresa supone una economía progresiva con sostenida acumulación de capital;  tiene necesidad de cálculo económico racional para invertir, comerciar, fijar precios de producción, etc..; la unidad productiva industrial introduce la división tecnológica del trabajo y crea un tipo de proceso laboral original; y produce, en fin, una significativa  concentración obrera sobre los lugares de trabajo.

Existían, para Aron, dos tipos de sociedad industrial: el capitalista y el soviético de economía planificada. En la capitalista, los medios de producción son objeto de propiedad privada; la regulación de la economía estaba descentralizada; el reparto de los recursos se regía principalmente por los mecanismos de las leyes de mercado; y el objetivo central de la economía consistía en la búsqueda de ganancias. En la sociedad de economía planificada, los medios de producción eran de propiedad estatal; la regulación estaba centralizada; el reparto de recursos se fijaba por el Plan; y el objetivo principal de la economía parecía ser el fortalecimiento del poder estatal.

Existían algunos caracteres comunes entre ambos modelos de sociedad industrial: la transferencia de la mano de obra de la agricultura a la industrial; el aumento de la producción global y el incremento de la cantidad de valor producido per cápita; crecimiento de la productividad; voluntad de poseer más y vivir mejor; progresiva homogeneidad entre las distintas clases sociales. Aron creía posible que el capitalismo estuviese cada vez más regulado por el Estado; y que el sistema soviético adoptase mecanismos de mercado.

A nivel político, la sociedad industrial no implicaba una determinación unívoca del régimen de Estado. La característica esencial de cada sociedad industrial dependía de lo político; y las sociedades industriales se diferenciaban por la organización de los poderes públicos.

Por una parte, se definen los regímenes constitucional-pluralistas, en los cuales las libertades y los derechos son salvaguardaos por la división de poderes establecida por la constitución y por la heterogeneidad de los grupos sociales múltiples, representados por diversos partidos políticos en competencia entre sí. La competencia electoral era la traducción posible de la idea de soberanía popular. Lo fundamental era, en ese sentido, el respeto a las minorías y la aceptación del compromiso de respetar la competencia pacífica.

Por el otro lado, el sistema soviético se basa en un régimen de partido  único y monopolístico, que se legitima por el proceso de revolución permanente que intenta llevar a cabo. La capacidad de acción del partido único es casi ilimitada en si voluntad de transformar la sociedad; y llevaba a la supresión de todos los grupos independientes o de los grupos intermedios; el dirigismo ideológico e incluso el terror.

En la sociedad industrial, se podía optar entre los regímenes constitucionales-pluralista y los de partido único. Una sociedad capitalista podía evolucionar hacia regímenes de partido único; y que la soviética se transformase en pluralista.

Aron fue siempre un fervoroso partidario de las instituciones de la democracia parlamentaria. Un régimen constitucional-pluralista era preferible a los del monopolio político, cuyos defectos eran esenciales. La justificación más pertinente de la democracia liberal radicaba en la protección que aporta contra los excesos de los gobernantes, los límites y controles del poder. La democracia liberal era incompatible con la revolución, porque consideraba que las decisiones políticas eran revocables y aceptaba recíprocamente las diferencias en busca de un consenso común. Por otra parte, las llamadas “libertades formales” eran muy importantes a la hora de garantizar las conquistas sociales y el principio de igualdad. La democracia liberal tenía por fundamento, no el optimismo, sino la “filosofía de la desconfianza”.

A diferencia de Hayek, Aron no condenó el Estado benefactor; y no dudó en apoyar las políticas keynesianas. Incluso hizo referencia a un posible fin de las ideologías y de las religiones seculares, como el marxismo-leninismo.

Althusser
Aron no recató sus criticas al liberalismo hayekiano. Para Aron, el concepto de libertad negativa no rendía suficiente cuenta de las diferentes modalidades de las relaciones interhumanas. Su definición no permitía distinguir claramente entre las influencias coactivas y no-coactivas. La definición hayekiana de la coacción asimilaba bajo la misma categoría todas las actividades sin preguntarse suficientemente si disfrutaba o no de consentimiento. Reducir la libertad a la ausencia de coacción parecía al sociólogo francés muy problemático. Aron responde a la idea hayekiana diciendo que si se reconoce que la ley general esconde una voluntad humana, entonces la oposición sobre la que se funda el conjunto de su doctrina queda muy debilitado. Asimismo, la concepción hayekiana le parecía utópica porque no daba cuenta de fenómenos tan importantes en el mundo contemporáneo como las relaciones entre Estados y el hecho nacional.

El liberalismo, según Hayek, no podía explicar la esencia de lo político. La exclusión a priori de la libertad positiva le parecía al sociólogo francés difícilmente sostenible. Aron estimaba que existían motivos si no razonables, sí, al menos, inteligibles en la primacía dada por algunos a la independencia de su nación por encima de las libertades individuales. Mientras en el liberalismo de Hayek no aparece el tema de las reivindicaciones nacionales, Aron las aceptaba a condición siempre de poder medir los riesgos políticos y para la libertad individual que pueden comportar los movimientos de emancipación nacional. Aron dejaba abierta la cuestión de saber cómo plantearse el problema de la libertad nacional desde una perspectiva liberal.

Más crítico se muestra Aron con el liberalismo económico de Hayek. Para el sociólogo francés, la competición económica y la competición política no se armonizan de forma espontánea; y no constituyen, de hecho, dos modalidades de una sola e idéntica lógica. Por el contrario, existe una relación dialéctica entre un régimen económico de pura concurrencia y un régimen de competición política. Si la competición política no conduce inevitablemente a la destrucción del principio de libertad económica, favorece, sin duda, la instauración de una economía mixta. Aron cree que el liberalismo económico sin trabas resulta incompatible con la democracia, es decir, con el sistema de competición política.

Existían, sin embargo,  puntos de convergencia ocasionales entre Aron y Hayek.  El socólogo francés se apoyó en algunos planteamientos liberales clásicos hayekianos para mostrar a las democracias occidentales la necesidad de respetar las exigencias esenciales de la tradición liberal, como la libertad de pensamiento y el respeto a los derechos individuales. Sin embrago, el liberalismo de Hayek reposaba, para Aron, sobre una base filosófica limitada e insatisfactoria. Y es que cuando Aron invocaba el fin de las ideologías desginaba no sólo al marxismo dogmático , sino también al “otro sistema global de interpretación”, es decir, a “los liberales a lo Hayek”.

A partir de 1958, Aron fue profesor en la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Sorbona. Su independencia política e intelectual le granjeó un profundo aislamiento. Las derechas nacionalistas no le perdonaron su apoyo a la independencia de Argelia; mientras que las izquierdas nunca olvidaron sus críticas al marxismo, a la realidad dominante en los países socialistas, lo mismo que su rechazo intelectual y político a la significación de los sucesos de Mayo del 68. Aron falleció en París el 17 de octubre de 1983.

domingo, 3 de junio de 2012

Historia de las Ideas Políticas Resúmenes Parte 51


En la asignatura de Historia de las Ideas Políticas del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED, algun@s compañer@s realizamos un trabajo coral; resúmenes del libro Ideas y Formas Políticas: Del triunfo del Absolutismo a la Posmodernidad, bibliografía básica de esta asignatura. Quiero agradecer el esfuerzo, compromiso y dedicación desplegado por tod@s.  Derechos reservados, sus autores.

José Rodrigo Crespo - Tema 1 El triunfo del absolutismo // Elisa Ruiz Rodríguez - Tema 2 De la Ilustración al Estado Liberal // Alejandro Gessé Ponce - Tema 3 Los fundamentos de la democracia: de Rosseau a la Revolución Francesa // María Hernando García - Tema 4 El idealismo // Tomás Javier Prieto González - Tema 5 Tradicionalismo y Conservadurismo // Mónica Platero - Tema 6 El pensamiento político norteamericano: de los Founding Fathers a la consolidación de la nación americana // Juan José Amate Ruiz - Tema 7 El liberalismo posrevolucionario // Víctor Riesgo Gómez - Tema 8 Utilitarismo y liberalismo en Inglaterra // Pedro Medina Charavía - Tema 9 Del socialismo utópico al anarquismo // Carla Torres Segura - Tema 10 El anarquismo // Antonio Jesús Acevedo Blanco - Tema 11 Karl Marx y el Marxismo // José Bargallo Roges - Tema 12 El nacionalismo en el siglo XXI // Julio Monteagudo Diz – Tema 13 Totalitarismo (I): Fascismo y Nacional-Socialismo // Inocencia González Fernández Tema 14 Totalitarismo (II): El Comunismo Marxista-Leninista // Eva Del Riego Eguiluz – Tema 15 Los Liberalismo de posguerra // Carolina Judith Rabazo Pérez - Tema 16 Políticas del posmodernismo



INTRODUCCIÓN

Tras la Primera Guerra Mundial se produce el auge del corporativismo y el  ascenso del bolchevismo y de los regímenes fascista y nacional-socialista, y se produjo el auténtico derrumbe del orden liberal. En las sociedades de tradición liberal, como Inglaterra y Estados Unidos, tuvo lugar el ascenso del intervencionismo estatal y la construcción del Estado del bienestar (Welfare State). En la Inglaterra de entreguerras, John Maynard Keynes, lord Beveridge y otros liberales revisionistas intentaron llegar a un punto de encuentro entre el viejo orden liberal-capitalista y los nuevos ideales socialistas. 

Isaiah Berlin
Durante la Segunda Guerra Mundial, allí donde la opinión política no era franca y explícitamente socialista, reinaba el consenso general de que el futuro se encontraba en el Estado interventor y una economía, no de mercado libre, sino mixta y dirigida por el Estado. Keynes defiende la capacidad del Estado para controlar la demanda en la economía de mercado a través de una intervención adecuada, aumentando el gesto público durante las recesiones, sobre todo para mantener el pleno empleo.

Y también durante la Segunda Guerra Mundial y los años inmediatamente posteriores se produjeron importantes contribuciones a la renovación del liberalismo clásico, tanto a nivel político y filosófico como a nivel económico. En la década de los años cincuenta del siglo XX, el historiador israelí Jacob Talmon esgrimió, desde supuestos liberales, una crítica a la democracia, en su célebre obra Los orígenes de la democracia totalitaria (1952). El historiador israelí veía en la Ilustración el origen de las corrientes democráticas: el liberalismo empirista y pluralista; y el totalitarismo holístico y mesiánico. En cuanto movimiento universalista y racionalista, el comunismo era considerado como un totalitarismo de izquierdas, al cual se opone un totalitarismo de derechas, representado por el fascismo y el nacional-socialismo. Talmon señala una doble genealogía: por un lado, la mitología racial era el origen del nacional-socialismo; por otro, la democracia  rousseauniana era el origen del comunismo.

El historiador y filósofo Isaiah Berlin, con su libro Dos conceptos de libertad (1958), ofreció una reafirmación del concepto liberal clásico de libertad, enfatizando la importancia de las denominadas libertades negativas, es decir, las que consisten en la ausencia de restricción y coerción. Según Berlin, el valor de la elección, y por lo tanto de la libertad humana, deriva precisamente del pluralismo de valores.

FRIEDRICH VON HAYEK: EL LIBERALISMO CONSERVADOR

Hayek
Friedrich August von Hayek nació en Viena el 8 de mayo de 1899. Su padre pertenecía a la baja nobleza austriaca. Entre sus primos se encontraba el filósofo Ludwig Wittgenstein. En la Universidad de Viena, tuvo como profesor, entre otros, a Hans Kelsen; y consiguió el título de doctor en Derecho. Igualmente, estudió ciencias políticas. En un primer momento, sus ideas políticas eran de corte fabiano.

Sus intereses se fueron centrando en cuestiones económicas. Fue decisivo su encuentro con Ludwig von Mises, uno de los representantes de la Escuela Austriaca de Economía. Esta escuela se había iniciado con la publicación de los Principios de Economía Política de Carl Menger, en 1870. Junto con las obras de León Walras y Stanley Jevons, éste provocó la llamada revolución marginalista y subjetivista en la teoría económica. Sus conceptos fundamentales son el subjetivismo, el individualismo, el proceso de mercado y la capacidad empresarial.

Según Hayek y Mises los gobiernos carecen del conocimiento suficiente como para reproducir el equilibrio perfecto de la teoría pura y que la marginación del empresario, y en consecuencia de los beneficios, significa que los administradores no tiene incentivos para realizar una eficiente asignación de recursos.

En 1931 fue invitado por Lionel Robbins a Londres y se estableció en Inglaterra, adquiriendo en 1938 la nacionalidad británica. Y, desde entonces, siempre se consideró “culturalmente británico”. En ese nuevo contexto, Hayek destacó por su enfrentamiento personal con Keynes, lo que le condujo, al ostracismo intelectual durante gran parte de su vida.

En 1944, Hayek publicó Road to Serfdon (Camino de servidumbre), donde defendió que en la planificación económica socialista se encontraba la causa última de las diversas formas de totalitarismo del siglo XX, unidas por una misma hostilidad hacia el mercado y por una misma voluntad de control estatal de la economía. Según Hayek, el totalitarismo era la antítesis de una sociedad libre, es decir, fundada en las libertades negativas y en las fuerzas impersonales del mercado. El socialismo era portador de un amenaza mortal no tanto para la democracia, sino sobre todo para las libertades negativas. Camino de servidumbre teorizaba una concepción neoliberal -el mercado como fundamento armonioso y autosuficiente del orden social, la defensa de la propiedad, Gobierno de la Ley, etc.-. Sin embargo, no se oponía a una cierta intervención del Estado, defendiendo “la certidumbre de un mínimo dado de sostén para todos”, es decir, un mínimo de alimentos, techo, vestidos suficientes para preservar la salud y la capacidad de trabajar, así como un seguro asistido por el Estado contra la enfermedad, los accidentes y los desastres naturales.

En 1947, Hayek y otros treinta y ocho intelectuales decidieron fundar la Sociedad Mont Pèlerin, cuyo objetivo era crear una asociación internacional de pensadores comprometidos en la defensa de los valores del liberalismo clásico. Entre sus miembros, se encontraron Milton Friedman, Bertrand de Jouvenel, Lionel Robbins, Karl Raimund Popper, Michael Polanyi y Ludwig con Mises.

En 1949, Hayek se traslada a los Estados Unidos, donde tuvo oportunidad de relacionarse con Milton Friedman, Frank Knight, Goerge J. Stigler y Gary Becker, unidos todos por su antikeynesianismo. Tres años después se marchó a la Universidad de Friburgo, donde tomó contacto con los representantes de la escuela ordoliberal alemana: Alexander Rüstow, Wilhelm Röpke y Walter Eucken. Su tarea consistió en asesorar a los gobernantes alemanes en su afán de reemplazar la economía planificada del período de la guerra por otra basada en el libre mercado. Entre 1969 y 1977, residió en Salzburgo.

Desde entonces, su labor se centró en la crítica del socialismo y la defensa del liberalismo clásico. Tal es el proyecto que subyace en sus obras más célebres: Los fundamentos de la libertad, Derecho, legislación y libertad, La fatal arrogancia, La contrarrevolución en la ciencia, etc. Su punto de partida es la crítica epistemológica al cientificismo y constructivismo, cuyos antecedentes ideológicos y filosóficos se encuentran en Descartes, Bacon, Rouseau, Sant-Simon, Comte y Hegel. El cientificismo consiste en la falsa aplicación de los métodos de las ciencias naturales a las ciencias morales y sociales. El racionalismo constructivista es toda forma de pensamiento que considere que la razón puede llevar a edificar una sociedad nueva y mejor, creando de la nada sus instituciones. Los constructivistas consideran que las instituciones ya existentes son productos de la creación deliberada de alguien, por lo menos en todos los aspectos que racionalmente se consideran positivos. El enfoque científico y constructivista es inherentemente colectivista.

Kant
Frente al cientificismo y al constructivismo Hayek cree que la base epistemológica de la sociedad liberal es el racionalismo evolutivo, cuya tesis central es que el orden social es espontáneo. Cada situación analizada es resultado de una infinidad de sucesos interrelacionados que no permiten su selección y aislamiento del resto. Siguiendo a Hume y a Kant, Hayek estima que la mente humana no es una instancia independiente del mundo exterior; es un elenco de normas cuyo origen se encuentra en ese mundo exterior. Hayek mantiene que nuestra civilización debe basarse en la posibilidad de que el hombre puede otorgar fiabilidad a muchas realidades que no pueden ser conocidas plenamente en el sentido cartesiano. Y este es precisamente el papel desempeñado por la tradición y por las instituciones de la sociedad. Hayek entiende por tradición el conjunto de los hábitos, de normas y de instituciones que conforman la sociedad. La tradición es la depositaria de las mejores prácticas. A pesar de su agnosticismo, Hayek alaba las instituciones religiosas como principales guardianes de la tradición.

Hayek elabora una concepción del devenir histórico como algo totalmente abierto. Los únicos instrumentos de los que dispone  el científico social son las teorías que permiten elaborar leyes económicas y la información contenida en las instituciones sociales.

Respecto a la aparición del mercado, Hayek descarta la posibilidad de que el mercado haya sido creado de  manera consciente y deliberada. El mercado se crea inadvertidamente, una vez que los hombres se dan cuenta de que es más útil llegar a un acuerdo con gentes que producen otros bienes que emplear la violencia para hacerse con esos mismos bienes. Otro tanto puede decirse de la propiedad privada: no ha sido “inventada” por nadie. Surge porque se abandonaron otras prácticas que ya no satisfacían las necesidades del grupo.

Hayek estima que va produciéndose una eliminación selectiva de las conductas menos convenientes, a la vez que la civilización progresa gracias a la incorporación de los instrumentos y las instituciones que hayan probado su superioridad. En síntesis, se trata de demostrar que las normas que se difundan serán las que rigen las prácticas y costumbres de los grupos de mayor éxito. Lo decisivo es que se mantenga incólume la confianza en una forma de comportamiento que en el pasado ha demostrado su utilidad. El resultado es un progreso autogenerado. De ahí que en muchas ocasiones Hayek haga referencia a un orden espontáneo para aludir al tipo de proceso descrito.

Como corolario de esta teoría, Hayek rechaza todos los proyectos de reforma económico-política auspiciados por la socialdemocracia, el liberalismo utilitarista o el positivismo jurídico. Todos ellos son, para Hayek, variantes del constructivismo político. De la misma forma, rechaza los fundamentos del decisionismo político de Carl Schmitt y del positivismo jurídico de Hans Kelsen.

Hayek realiza una defensa del gobierno estrictamente limitado, el mercado libre, el impersonal gobierno de la ley, al igual que del desarrollo social por mediante del crecimiento espontáneo y no mediante la planificación consciente y la coerción.

Hayek parte de una defensa de la libertad negativa, que define como ausencia de coacción. Una sociedad libre es la que permite al individuo realizar sus proyectos dentro de sus posibilidades, sin que ninguna autoridad pública -elegida o no- ni ninguna persona privada se arroguen la facultad de impedir a nadie el camino a seguir. La libertad se caracteriza por el respeto a ese margen de decisión personal. La libertad económica consiste en que el marco legal vigente no ponga trabas ni a la acumulación de bienes, ni al libre acceso de los mismos por parte de cada ciudadano. Como resultado final tenemos un modelo de sociedad basado en la primacía del mercado, en la retirada del  Estado y en la responsabilidad individual.

La igualdad en el pensamiento de Hayek es sinónimo de igualdad ante la ley; sólo esta es compatible con la garantía de la libertad negativa. La desigualdad social es entendida por Hayek como un rasgo natural y un elemento beneficioso para fomentar el progreso social, porque auspicia las ansias de emulación. Una sociedad igualitaria es una sociedad irremesiblemente condenada la estancamiento y, con el tiempo,al declive económico y cultural.

Hayek no admite el principio de justicia distributiva porque lo juzga incompatible con el Estado de Derecho, dado que supone la vulneración de la libertad negativa. A su juicio, la justicia distributiva es “el caballo de Troya del totalitarismo”. En opinión de Hayek, sólo el comportamiento de los individuos puede ser enjuiciado éticamente. La justicia social exige planificación económica y atribución al poder político de la facultad de asignar funciones, remuneraciones y recompensas a cualquier ciudadano.

Hayek. Premio Nobel de Economía 1974
Para Hayek, la libertad positiva, es decir, la participación política, ocupa un lugar secundario. Liberalismo y democracia no eran sinónimos. La democracia se ocupa del problema de quien debe dirigir el gobierno. El liberalismo requiere que todo poder y, en consecuencia, también el de la mayoría, sea limitado. Lo contrario de la democracia era el gobierno autoritario; mientras que lo contrario del liberalismo era el totalitarismo. Ninguno de los dos sistemas excluía al otro. Una democracia podía empuñar poderes totalitarios; y era concebible que un gobierno autoritario pudiera actuar sobre principios liberales. El liberalismo era, así, incompatible con todas las otras formas de gobierno ilimitado. La opinión de la mayoría sería menos sabia que las decisiones individuales. Para Hayek, en definitiva,  la democracia era esencialmente un medio, un expediente utilitario para salvaguardar la paz interna y la libertad individual. Hayek denuncia que los poderes elegidos democráticamente han sido empleados para recortar sistemáticamente las libertades negativas, mediante la planificación económica, la presión fiscal, políticas de nacionalización, control de precios o de salarios. Y en otras ocasiones, poderes elegidos democráticamente han optado por restringir otras libertades esenciales, como las de pensamiento o la religiosa.

El imperio de la ley exige que los poderes coactivos del Estado no puedan emplearse sino en conformidad con las normas generales; exige que la ley no haga excepción de personas; exige la independencia de los jueces y que éstos no estén sometidos a ambiciones políticas; y exige, por fin, que se proteja el ámbito reservado para la acción y para la propiedad.

Para restaurar la impersonalidad y la universalidad de las leyes, Hayek propone diferenciar el Estado y el gobierno, estableciendo un sistema bicameral. La cámara legislativa estaría compuesta de sabios de más de cuarenta y cinco años, elegidos por representación proporcional. La cámara gubernativa será elegida por escrutinio mayoritario y tendrá por objeto el control del gobierno. Existirá también un Tribunal Constitucional, compuesto por jueces profesionales y antoguos miembros de las dos asambleas. Su función sería dirimir los confictos de competencias entre ambas cámaras.

Hayek no discute la existencia del Estado; pero sus funciones son muy diferentes a las del Estado socialista y a las del Estado benefactor. Corresponde al Estado la defensa y protección de los derechos derivados de la evolución espontánea. En el ámbito económico, debería intervenir para reforzar el propio mercado, ya sea por vía legislativa o a través de políticas públicas. Igualmente, Hayek se muestra partidario de que el Estado asuma aquellas tareas que sean de utilidad pública cuando no puedan llevarse a cabo mediante la iniciativa privada. red de carreteras, ferrocarriles, puertos y aeropuertos. Admite igualmente la existencia de un sistema público de sanidad y de seguridad social.

Hayek recibió, en 1974, el Premio Nobel de Economía. Sus ideas políticas y económicas disfrutaron a partir de esa fecha de gran influencia, sobre todo en los gobiernos presididos por Margaret Thatcher en Inglaterra, y de Ronald Reagan en Estados Unidos. En 1991 recibió la Medal of Freedom, a instancias del entonces presidente norteamericano George Bush. Hayek falleción en Fiburgo en 1992.