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domingo, 6 de enero de 2013

Así cambió la economía el mundo

Artículo de Joaquín Estefanía publicado en El País el 4 de enero de 2013

John Maynard Keynes, uno de los grandes
protagonistas del libro "La gran búsqueda",
en 1940 / TIM GIDAL (GEITY)

Durante las décadas de los años cincuenta y sesenta del siglo pasado se desarrolló una gran polémica, hoy totalmente olvidada, entre economistas de uno y otro lado del océano. Se la denominó la controversia entre los dos Cambridges, pues enfrentó a científicos sociales del Cambridge británico con los del Cambridge de Massachusetts (EE UU). Unos y otros (gente tan importante como Joan Robinson, Paul Samuelson, Robert Solow, Franco Modigliani, Michal Kalecki, Nicholas Kaldor,…) eran keynesianos en una u otra medida pero pasaron años enfrascados en una teoría sobre el capital.

La historia del pensamiento económico es la historia de sus controversias. A través de ellas se ha avanzado en los dos últimos siglos y medio, desde que se considera la Economía como una ciencia social. Un periodo en el que la teoría ha pasado de ocuparse básicamente de lo que no podía hacerse a lo que debe hacerse para mejorar, para llegar a la buena vida de los ciudadanos. La gran búsqueda, de la escritora y periodista estadounidense de origen alemán Sylvia Nasar (editorial Debate) es un fantástico relato de cómo la Economía ha cambiado el modo de vida de los habitantes del planeta, a través de las ideas. Marshall o Keynes, dos de las cimas de ese pensamiento durante el siglo XX, destacaron el papel de la Economía moderna como organón, lo que significa herramienta; más que un conjunto de verdades es un motor de análisis diseñado para alcanzar la verdad, un instrumento que nunca será perfecto sino que requiere continuas mejoras, adaptaciones e innovaciones para ejercer su función.

Keynes, que fue discípulo de Marshall, entendía la economía como “un aparato de la mente” cuyo cometido, como cualquier otra ciencia social, es analizar el mundo y aprovechar al máximo sus posibilidades; un instrumento del conocimiento que permite resolver lo que el genial economista de Cambridge denominó “el problema político de la humanidad”, la combinación de tres principios: la eficiencia económica, la justicia social y la libertad individual.

La escritora y periodista estadounidense
Sylvia Nasar es la autora
de "La gran búsqueda".
Liberales frente a intervencionistas, hayekianos frente a keynesianos, malthusianos frente a quienes no lo eran, marxistas contra liberales e intervencionistas, keynesianosbastardos (de derechas) frente a keynesianos de izquierdas, postkeynesianos frente a partidarios de una síntesis neoclásica y keynesiana, friedmanitas, neoconservadores, partidarios de la regulación, fabianos, socialistas, schumpeterianos… de todos estos debates se salió avanzando. Hay multitud de ejemplos en La gran búsqueda. Por ejemplo, en los años treinta, marcados por la Gran Depresión, a falta de una teoría satisfactoria sobre la crisis, los economistas ingleses se dividieron en dos bandos y preanunciaron la madre de todas las batallas: un grupo partidario de la intervención, liderado por Keynes, y por el llamado Cambridge Circus, en el que estaban algunos de sus discípulos más dilectos que coquetearon con el marxismo como doctrina y con el comunismo como sistema político: Piero Sraffa, Joan Robinson, Richard Kahn (que ha vuelto a la actualidad por una polémica muy actual, que ha emergido del Fondo Monetario Internacional: el papel del multiplicador keynesiano). Es muy curioso cómo Keynes, que era un liberal a la antigua usanza, más cercano a la aristocracia que a la burguesía, que despreciaba al Partido Laborista y ponía a la URSS en el mismo saco que a la Alemania fascista y que odiaba a Stalin, fue tan condescendiente con el izquierdismo marxista de algunos de sus colaboradores. Tendía a ver el fanatismo de los jóvenes economistas simpatizantes con la URSS como una excentricidad inofensiva en fase pasajera. No pensaba que la ideología debiera ser un obstáculo para la amistad o la investigación y, en todo caso, admiraba el idealismo y el valor de estas personas. En 1939 escribió: “En la política de hoy no hay nadie que valga la pena fuera de las filas de los liberales, salvo la generación de comunistas intelectuales de menos de 35 años”. Aunque estuvieran engañados, eran “un material magnífico”, demasiado bueno para no ser aprovechado.

El otro grupo de economistas ingleses, el de los liberales partidarios de la no intervención en la economía (las recesiones se curan solas), estaban relacionados con la London School of Economics, encabezados por Lionel Robbins, molestos por la hegemonía de Cambridge en el pensamiento económico. Robbins, que fichó a Von Hayek para sus filas, quería convertir la London School (fundada y subvencionada por los fabianos, una especie de socialistas utópicos) en “la contrapartida liberal del colectivismo de Cambridge”. La presencia de economistas en uno u otro grupo fue bastante móvil, dependiendo de las circunstancias, aunque los dos jefes de filas fueron Keynes y Hayek.

El primero, alrededor de cuya obra gira casi siempre la toma de posición de los demás, es el astro transversal de La gran búsqueda. Cuando muere su maestro, Alfred Marshall, escribe una necrológica de lo que Keynes considera un buen economista, que sigue vigente hoy. “El gran economista”, escribe Keynes, “debe poseer una rara combinación de dotes (…) Debe ser matemático, historiador, estadista y filósofo (en cierto grado). Debe comprender los símbolos y hablar con palabras corrientes. Debe contemplar lo particular en términos de lo general y tocar lo abstracto y lo concreto con el mismo vuelo de pensamiento. Debe estudiar el presente a la luz del pasado y con vistas al futuro. Ninguna parte de la naturaleza del hombre debe quedar por completo fuera de su consideración. Debe ser simultáneamente desinteresado y utilitario: tan fuera de la realidad y tan incorruptible como un artista, y sin embargo, en algunas ocasiones, tan cerca de la tierra como el político”.

Artículo de Joaquín Estefanía publicado en El País el 4 de enero de 2013


martes, 5 de junio de 2012

Historia de las Ideas Políticas Resúmenes Parte 53


En la asignatura de Historia de las Ideas Políticas del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED, algun@s compañer@s realizamos un trabajo coral; resúmenes del libro Ideas y Formas Políticas: Del triunfo del Absolutismo a la Posmodernidad, bibliografía básica de esta asignatura. Quiero agradecer el esfuerzo, compromiso y dedicación desplegado por tod@s.  Derechos reservados, sus autores.

José Rodrigo Crespo - Tema 1 El triunfo del absolutismo // Elisa Ruiz Rodríguez - Tema 2 De la Ilustración al Estado Liberal // Alejandro Gessé Ponce - Tema 3 Los fundamentos de la democracia: de Rosseau a la Revolución Francesa // María Hernando García - Tema 4 El idealismo // Tomás Javier Prieto González - Tema 5 Tradicionalismo y Conservadurismo // Mónica Platero - Tema 6 El pensamiento político norteamericano: de los Founding Fathers a la consolidación de la nación americana // Juan José Amate Ruiz - Tema 7 El liberalismo posrevolucionario // Víctor Riesgo Gómez - Tema 8 Utilitarismo y liberalismo en Inglaterra // Pedro Medina Charavía - Tema 9 Del socialismo utópico al anarquismo // Carla Torres Segura - Tema 10 El anarquismo // Antonio Jesús Acevedo Blanco - Tema 11 Karl Marx y el Marxismo // José Bargallo Roges - Tema 12 El nacionalismo en el siglo XXI // Julio Monteagudo Diz – Tema 13 Totalitarismo (I): Fascismo y Nacional-Socialismo // Inocencia González Fernández Tema 14 Totalitarismo (II): El Comunismo Marxista-Leninista // Eva Del Riego Eguiluz – Tema 15 Los Liberalismo de posguerra // Carolina Judith Rabazo Pérez - Tema 16 Políticas del posmodernismo



RAYMOND ARON: LIBERALISMO Y REALISMO POLÍTICO

Mientras Hayek y Poppe vivieron y desarrollaron el conjunto de su obra en un contexto cultural, social y político anglosajón, Raymond Aron hubo de desenvolverse en el ambiente de la sociedad francesa. Durante un periodo de entreguerras, las tradiciones antiliberales disfrutaban de una amplia influencia; y después de la Segunda Guerra Mundial, el marxismo se convirtió en objeto de atracción por parte de los intelectuales franceses más carismáticos, entre ellos Jean Paul Sartre.

Aron
Nació en París el 14 de marzo de 1905. En su juventud, Aron simpatizó con el pacifismo y con el socialismo sin ser marxista; en 1925, se afilio al SFIO (Section Françáise de la Internacional) y en 1936 votó al Frente Popular. En su estancia en la Ecole Normal estudió el pensamiento social de los clásicos franceses; y en su etapa en las universidades de Colonia y Berlin se introdujo en el pensamiento filosófico y sociológico alemán. Fruto de esta etapa fueron sus dos primeras obras: La sociología alemana e Introducción a la filosofía de la historia. De la primera destaca su valoración positiva de Max Weber. En Introducción a la filosofía de la historia, Aron puso a punto una concepción del papel de las ciencias sociales y de la relación entre el científico social y la política. Recuperó la tesis fundamental del historicismo alemán sobre las diferencias entre ciencias de la cultura y ciencias naturales; desmontó las pretensiones científicas de las filosofías de la historia en su vertiente hegeliano-marxista, spengleriana y comtiana; y propuso una concepción de las tareas de la ciencia social. La tarea del científico social es la de favorecer las decisiones “razonables”. El científico social puede ayudar a los hombres de acción a tomar conocimiento de los vínculos en los cuales se podría encontrar su actuación y hacer buen uso, es decir, un uso razonable, de su libertad de decisión.

Tras la derrota de Francia ante Alemania, Aron se trasladó a Londres y colaboró con el general De Gaulle, dirigiendo el periódico La France Libre.

Finalizada la contienda, era ya un liberal convencido. Su proyecto político-intelectual consistió en un intento de reconstrucción filosófico-política del liberalismo. A diferencia de Hayek y Popper, su liberalismo no pretendía estar fundado en principios abstractos, sino en un análisis concreto y realista de la política y de la sociedad.

Uno de los momentos clave fue su libro El opio de los intelectuales, cuyo objetivo fue denunciar el nefasto papel desempeñado por Jean Paul Sartre y otros intelectuales de izquierda con su apoyo a los comunistas y su interpretación del marxismo. A su juicio, el marxismo se había convertido, para estos intelectuales, en una especie de religión secular, que sacralizaba el sentido predeterminado de la historia, el papel del proletariado, la revolución, la lucha de clases, etc. Aron predice, en esa obra, el “fin de la era ideológica”. Sin embargo, Aron distinguió siempre entre el marxismo dogmático y superficial de los intelectuales como Sartre y el marxismo imaginario de Louis Althusser y sus discípulos, de que él denominaba el marxismo de Marx. El marxismo vulgar o el marxismo “imaginario” estaba vinculado a un sistema filosófico utópico, es decir, al materialismo dialéctico, al análisis de las contradicciones sociales, la lucha de clases y la visión historicista de la sociedad, mientras que el marxismo de Marx se encontraba fundamentalmente en El Capital y en los análisis de la estructura productiva de la sociedad, es decir, al materialismo histórico.

Aron contrapuso la figura y la obra de Alexis de Tocqueville a las de Marx. El autor de La democracia en América había puesto de relieve la importancia de las ideas y su influencia en la realidad social, y la autonomía del factor político frente al determinismo económico, así como la exaltación de la libertad como una opción, por la cual es preciso luchar política e ideológicamente. De la misma forma, Tocqueville había sabido prever la emergencia de la sociedad democrática: “ciudadanía burguesa, eficiencia técnica y derecho de cada cual para elegir el camino de salvación”.

Desde esta perspectiva, Aron elaboró su concepción de la sociedad industrial, en que la gran empresa industrial era la forma de producción predominante. Esta sociedad tiene una serie de características universales: la gran empresa supone una economía progresiva con sostenida acumulación de capital;  tiene necesidad de cálculo económico racional para invertir, comerciar, fijar precios de producción, etc..; la unidad productiva industrial introduce la división tecnológica del trabajo y crea un tipo de proceso laboral original; y produce, en fin, una significativa  concentración obrera sobre los lugares de trabajo.

Existían, para Aron, dos tipos de sociedad industrial: el capitalista y el soviético de economía planificada. En la capitalista, los medios de producción son objeto de propiedad privada; la regulación de la economía estaba descentralizada; el reparto de los recursos se regía principalmente por los mecanismos de las leyes de mercado; y el objetivo central de la economía consistía en la búsqueda de ganancias. En la sociedad de economía planificada, los medios de producción eran de propiedad estatal; la regulación estaba centralizada; el reparto de recursos se fijaba por el Plan; y el objetivo principal de la economía parecía ser el fortalecimiento del poder estatal.

Existían algunos caracteres comunes entre ambos modelos de sociedad industrial: la transferencia de la mano de obra de la agricultura a la industrial; el aumento de la producción global y el incremento de la cantidad de valor producido per cápita; crecimiento de la productividad; voluntad de poseer más y vivir mejor; progresiva homogeneidad entre las distintas clases sociales. Aron creía posible que el capitalismo estuviese cada vez más regulado por el Estado; y que el sistema soviético adoptase mecanismos de mercado.

A nivel político, la sociedad industrial no implicaba una determinación unívoca del régimen de Estado. La característica esencial de cada sociedad industrial dependía de lo político; y las sociedades industriales se diferenciaban por la organización de los poderes públicos.

Por una parte, se definen los regímenes constitucional-pluralistas, en los cuales las libertades y los derechos son salvaguardaos por la división de poderes establecida por la constitución y por la heterogeneidad de los grupos sociales múltiples, representados por diversos partidos políticos en competencia entre sí. La competencia electoral era la traducción posible de la idea de soberanía popular. Lo fundamental era, en ese sentido, el respeto a las minorías y la aceptación del compromiso de respetar la competencia pacífica.

Por el otro lado, el sistema soviético se basa en un régimen de partido  único y monopolístico, que se legitima por el proceso de revolución permanente que intenta llevar a cabo. La capacidad de acción del partido único es casi ilimitada en si voluntad de transformar la sociedad; y llevaba a la supresión de todos los grupos independientes o de los grupos intermedios; el dirigismo ideológico e incluso el terror.

En la sociedad industrial, se podía optar entre los regímenes constitucionales-pluralista y los de partido único. Una sociedad capitalista podía evolucionar hacia regímenes de partido único; y que la soviética se transformase en pluralista.

Aron fue siempre un fervoroso partidario de las instituciones de la democracia parlamentaria. Un régimen constitucional-pluralista era preferible a los del monopolio político, cuyos defectos eran esenciales. La justificación más pertinente de la democracia liberal radicaba en la protección que aporta contra los excesos de los gobernantes, los límites y controles del poder. La democracia liberal era incompatible con la revolución, porque consideraba que las decisiones políticas eran revocables y aceptaba recíprocamente las diferencias en busca de un consenso común. Por otra parte, las llamadas “libertades formales” eran muy importantes a la hora de garantizar las conquistas sociales y el principio de igualdad. La democracia liberal tenía por fundamento, no el optimismo, sino la “filosofía de la desconfianza”.

A diferencia de Hayek, Aron no condenó el Estado benefactor; y no dudó en apoyar las políticas keynesianas. Incluso hizo referencia a un posible fin de las ideologías y de las religiones seculares, como el marxismo-leninismo.

Althusser
Aron no recató sus criticas al liberalismo hayekiano. Para Aron, el concepto de libertad negativa no rendía suficiente cuenta de las diferentes modalidades de las relaciones interhumanas. Su definición no permitía distinguir claramente entre las influencias coactivas y no-coactivas. La definición hayekiana de la coacción asimilaba bajo la misma categoría todas las actividades sin preguntarse suficientemente si disfrutaba o no de consentimiento. Reducir la libertad a la ausencia de coacción parecía al sociólogo francés muy problemático. Aron responde a la idea hayekiana diciendo que si se reconoce que la ley general esconde una voluntad humana, entonces la oposición sobre la que se funda el conjunto de su doctrina queda muy debilitado. Asimismo, la concepción hayekiana le parecía utópica porque no daba cuenta de fenómenos tan importantes en el mundo contemporáneo como las relaciones entre Estados y el hecho nacional.

El liberalismo, según Hayek, no podía explicar la esencia de lo político. La exclusión a priori de la libertad positiva le parecía al sociólogo francés difícilmente sostenible. Aron estimaba que existían motivos si no razonables, sí, al menos, inteligibles en la primacía dada por algunos a la independencia de su nación por encima de las libertades individuales. Mientras en el liberalismo de Hayek no aparece el tema de las reivindicaciones nacionales, Aron las aceptaba a condición siempre de poder medir los riesgos políticos y para la libertad individual que pueden comportar los movimientos de emancipación nacional. Aron dejaba abierta la cuestión de saber cómo plantearse el problema de la libertad nacional desde una perspectiva liberal.

Más crítico se muestra Aron con el liberalismo económico de Hayek. Para el sociólogo francés, la competición económica y la competición política no se armonizan de forma espontánea; y no constituyen, de hecho, dos modalidades de una sola e idéntica lógica. Por el contrario, existe una relación dialéctica entre un régimen económico de pura concurrencia y un régimen de competición política. Si la competición política no conduce inevitablemente a la destrucción del principio de libertad económica, favorece, sin duda, la instauración de una economía mixta. Aron cree que el liberalismo económico sin trabas resulta incompatible con la democracia, es decir, con el sistema de competición política.

Existían, sin embargo,  puntos de convergencia ocasionales entre Aron y Hayek.  El socólogo francés se apoyó en algunos planteamientos liberales clásicos hayekianos para mostrar a las democracias occidentales la necesidad de respetar las exigencias esenciales de la tradición liberal, como la libertad de pensamiento y el respeto a los derechos individuales. Sin embrago, el liberalismo de Hayek reposaba, para Aron, sobre una base filosófica limitada e insatisfactoria. Y es que cuando Aron invocaba el fin de las ideologías desginaba no sólo al marxismo dogmático , sino también al “otro sistema global de interpretación”, es decir, a “los liberales a lo Hayek”.

A partir de 1958, Aron fue profesor en la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Sorbona. Su independencia política e intelectual le granjeó un profundo aislamiento. Las derechas nacionalistas no le perdonaron su apoyo a la independencia de Argelia; mientras que las izquierdas nunca olvidaron sus críticas al marxismo, a la realidad dominante en los países socialistas, lo mismo que su rechazo intelectual y político a la significación de los sucesos de Mayo del 68. Aron falleció en París el 17 de octubre de 1983.

domingo, 3 de junio de 2012

Historia de las Ideas Políticas Resúmenes Parte 51


En la asignatura de Historia de las Ideas Políticas del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED, algun@s compañer@s realizamos un trabajo coral; resúmenes del libro Ideas y Formas Políticas: Del triunfo del Absolutismo a la Posmodernidad, bibliografía básica de esta asignatura. Quiero agradecer el esfuerzo, compromiso y dedicación desplegado por tod@s.  Derechos reservados, sus autores.

José Rodrigo Crespo - Tema 1 El triunfo del absolutismo // Elisa Ruiz Rodríguez - Tema 2 De la Ilustración al Estado Liberal // Alejandro Gessé Ponce - Tema 3 Los fundamentos de la democracia: de Rosseau a la Revolución Francesa // María Hernando García - Tema 4 El idealismo // Tomás Javier Prieto González - Tema 5 Tradicionalismo y Conservadurismo // Mónica Platero - Tema 6 El pensamiento político norteamericano: de los Founding Fathers a la consolidación de la nación americana // Juan José Amate Ruiz - Tema 7 El liberalismo posrevolucionario // Víctor Riesgo Gómez - Tema 8 Utilitarismo y liberalismo en Inglaterra // Pedro Medina Charavía - Tema 9 Del socialismo utópico al anarquismo // Carla Torres Segura - Tema 10 El anarquismo // Antonio Jesús Acevedo Blanco - Tema 11 Karl Marx y el Marxismo // José Bargallo Roges - Tema 12 El nacionalismo en el siglo XXI // Julio Monteagudo Diz – Tema 13 Totalitarismo (I): Fascismo y Nacional-Socialismo // Inocencia González Fernández Tema 14 Totalitarismo (II): El Comunismo Marxista-Leninista // Eva Del Riego Eguiluz – Tema 15 Los Liberalismo de posguerra // Carolina Judith Rabazo Pérez - Tema 16 Políticas del posmodernismo



INTRODUCCIÓN

Tras la Primera Guerra Mundial se produce el auge del corporativismo y el  ascenso del bolchevismo y de los regímenes fascista y nacional-socialista, y se produjo el auténtico derrumbe del orden liberal. En las sociedades de tradición liberal, como Inglaterra y Estados Unidos, tuvo lugar el ascenso del intervencionismo estatal y la construcción del Estado del bienestar (Welfare State). En la Inglaterra de entreguerras, John Maynard Keynes, lord Beveridge y otros liberales revisionistas intentaron llegar a un punto de encuentro entre el viejo orden liberal-capitalista y los nuevos ideales socialistas. 

Isaiah Berlin
Durante la Segunda Guerra Mundial, allí donde la opinión política no era franca y explícitamente socialista, reinaba el consenso general de que el futuro se encontraba en el Estado interventor y una economía, no de mercado libre, sino mixta y dirigida por el Estado. Keynes defiende la capacidad del Estado para controlar la demanda en la economía de mercado a través de una intervención adecuada, aumentando el gesto público durante las recesiones, sobre todo para mantener el pleno empleo.

Y también durante la Segunda Guerra Mundial y los años inmediatamente posteriores se produjeron importantes contribuciones a la renovación del liberalismo clásico, tanto a nivel político y filosófico como a nivel económico. En la década de los años cincuenta del siglo XX, el historiador israelí Jacob Talmon esgrimió, desde supuestos liberales, una crítica a la democracia, en su célebre obra Los orígenes de la democracia totalitaria (1952). El historiador israelí veía en la Ilustración el origen de las corrientes democráticas: el liberalismo empirista y pluralista; y el totalitarismo holístico y mesiánico. En cuanto movimiento universalista y racionalista, el comunismo era considerado como un totalitarismo de izquierdas, al cual se opone un totalitarismo de derechas, representado por el fascismo y el nacional-socialismo. Talmon señala una doble genealogía: por un lado, la mitología racial era el origen del nacional-socialismo; por otro, la democracia  rousseauniana era el origen del comunismo.

El historiador y filósofo Isaiah Berlin, con su libro Dos conceptos de libertad (1958), ofreció una reafirmación del concepto liberal clásico de libertad, enfatizando la importancia de las denominadas libertades negativas, es decir, las que consisten en la ausencia de restricción y coerción. Según Berlin, el valor de la elección, y por lo tanto de la libertad humana, deriva precisamente del pluralismo de valores.

FRIEDRICH VON HAYEK: EL LIBERALISMO CONSERVADOR

Hayek
Friedrich August von Hayek nació en Viena el 8 de mayo de 1899. Su padre pertenecía a la baja nobleza austriaca. Entre sus primos se encontraba el filósofo Ludwig Wittgenstein. En la Universidad de Viena, tuvo como profesor, entre otros, a Hans Kelsen; y consiguió el título de doctor en Derecho. Igualmente, estudió ciencias políticas. En un primer momento, sus ideas políticas eran de corte fabiano.

Sus intereses se fueron centrando en cuestiones económicas. Fue decisivo su encuentro con Ludwig von Mises, uno de los representantes de la Escuela Austriaca de Economía. Esta escuela se había iniciado con la publicación de los Principios de Economía Política de Carl Menger, en 1870. Junto con las obras de León Walras y Stanley Jevons, éste provocó la llamada revolución marginalista y subjetivista en la teoría económica. Sus conceptos fundamentales son el subjetivismo, el individualismo, el proceso de mercado y la capacidad empresarial.

Según Hayek y Mises los gobiernos carecen del conocimiento suficiente como para reproducir el equilibrio perfecto de la teoría pura y que la marginación del empresario, y en consecuencia de los beneficios, significa que los administradores no tiene incentivos para realizar una eficiente asignación de recursos.

En 1931 fue invitado por Lionel Robbins a Londres y se estableció en Inglaterra, adquiriendo en 1938 la nacionalidad británica. Y, desde entonces, siempre se consideró “culturalmente británico”. En ese nuevo contexto, Hayek destacó por su enfrentamiento personal con Keynes, lo que le condujo, al ostracismo intelectual durante gran parte de su vida.

En 1944, Hayek publicó Road to Serfdon (Camino de servidumbre), donde defendió que en la planificación económica socialista se encontraba la causa última de las diversas formas de totalitarismo del siglo XX, unidas por una misma hostilidad hacia el mercado y por una misma voluntad de control estatal de la economía. Según Hayek, el totalitarismo era la antítesis de una sociedad libre, es decir, fundada en las libertades negativas y en las fuerzas impersonales del mercado. El socialismo era portador de un amenaza mortal no tanto para la democracia, sino sobre todo para las libertades negativas. Camino de servidumbre teorizaba una concepción neoliberal -el mercado como fundamento armonioso y autosuficiente del orden social, la defensa de la propiedad, Gobierno de la Ley, etc.-. Sin embargo, no se oponía a una cierta intervención del Estado, defendiendo “la certidumbre de un mínimo dado de sostén para todos”, es decir, un mínimo de alimentos, techo, vestidos suficientes para preservar la salud y la capacidad de trabajar, así como un seguro asistido por el Estado contra la enfermedad, los accidentes y los desastres naturales.

En 1947, Hayek y otros treinta y ocho intelectuales decidieron fundar la Sociedad Mont Pèlerin, cuyo objetivo era crear una asociación internacional de pensadores comprometidos en la defensa de los valores del liberalismo clásico. Entre sus miembros, se encontraron Milton Friedman, Bertrand de Jouvenel, Lionel Robbins, Karl Raimund Popper, Michael Polanyi y Ludwig con Mises.

En 1949, Hayek se traslada a los Estados Unidos, donde tuvo oportunidad de relacionarse con Milton Friedman, Frank Knight, Goerge J. Stigler y Gary Becker, unidos todos por su antikeynesianismo. Tres años después se marchó a la Universidad de Friburgo, donde tomó contacto con los representantes de la escuela ordoliberal alemana: Alexander Rüstow, Wilhelm Röpke y Walter Eucken. Su tarea consistió en asesorar a los gobernantes alemanes en su afán de reemplazar la economía planificada del período de la guerra por otra basada en el libre mercado. Entre 1969 y 1977, residió en Salzburgo.

Desde entonces, su labor se centró en la crítica del socialismo y la defensa del liberalismo clásico. Tal es el proyecto que subyace en sus obras más célebres: Los fundamentos de la libertad, Derecho, legislación y libertad, La fatal arrogancia, La contrarrevolución en la ciencia, etc. Su punto de partida es la crítica epistemológica al cientificismo y constructivismo, cuyos antecedentes ideológicos y filosóficos se encuentran en Descartes, Bacon, Rouseau, Sant-Simon, Comte y Hegel. El cientificismo consiste en la falsa aplicación de los métodos de las ciencias naturales a las ciencias morales y sociales. El racionalismo constructivista es toda forma de pensamiento que considere que la razón puede llevar a edificar una sociedad nueva y mejor, creando de la nada sus instituciones. Los constructivistas consideran que las instituciones ya existentes son productos de la creación deliberada de alguien, por lo menos en todos los aspectos que racionalmente se consideran positivos. El enfoque científico y constructivista es inherentemente colectivista.

Kant
Frente al cientificismo y al constructivismo Hayek cree que la base epistemológica de la sociedad liberal es el racionalismo evolutivo, cuya tesis central es que el orden social es espontáneo. Cada situación analizada es resultado de una infinidad de sucesos interrelacionados que no permiten su selección y aislamiento del resto. Siguiendo a Hume y a Kant, Hayek estima que la mente humana no es una instancia independiente del mundo exterior; es un elenco de normas cuyo origen se encuentra en ese mundo exterior. Hayek mantiene que nuestra civilización debe basarse en la posibilidad de que el hombre puede otorgar fiabilidad a muchas realidades que no pueden ser conocidas plenamente en el sentido cartesiano. Y este es precisamente el papel desempeñado por la tradición y por las instituciones de la sociedad. Hayek entiende por tradición el conjunto de los hábitos, de normas y de instituciones que conforman la sociedad. La tradición es la depositaria de las mejores prácticas. A pesar de su agnosticismo, Hayek alaba las instituciones religiosas como principales guardianes de la tradición.

Hayek elabora una concepción del devenir histórico como algo totalmente abierto. Los únicos instrumentos de los que dispone  el científico social son las teorías que permiten elaborar leyes económicas y la información contenida en las instituciones sociales.

Respecto a la aparición del mercado, Hayek descarta la posibilidad de que el mercado haya sido creado de  manera consciente y deliberada. El mercado se crea inadvertidamente, una vez que los hombres se dan cuenta de que es más útil llegar a un acuerdo con gentes que producen otros bienes que emplear la violencia para hacerse con esos mismos bienes. Otro tanto puede decirse de la propiedad privada: no ha sido “inventada” por nadie. Surge porque se abandonaron otras prácticas que ya no satisfacían las necesidades del grupo.

Hayek estima que va produciéndose una eliminación selectiva de las conductas menos convenientes, a la vez que la civilización progresa gracias a la incorporación de los instrumentos y las instituciones que hayan probado su superioridad. En síntesis, se trata de demostrar que las normas que se difundan serán las que rigen las prácticas y costumbres de los grupos de mayor éxito. Lo decisivo es que se mantenga incólume la confianza en una forma de comportamiento que en el pasado ha demostrado su utilidad. El resultado es un progreso autogenerado. De ahí que en muchas ocasiones Hayek haga referencia a un orden espontáneo para aludir al tipo de proceso descrito.

Como corolario de esta teoría, Hayek rechaza todos los proyectos de reforma económico-política auspiciados por la socialdemocracia, el liberalismo utilitarista o el positivismo jurídico. Todos ellos son, para Hayek, variantes del constructivismo político. De la misma forma, rechaza los fundamentos del decisionismo político de Carl Schmitt y del positivismo jurídico de Hans Kelsen.

Hayek realiza una defensa del gobierno estrictamente limitado, el mercado libre, el impersonal gobierno de la ley, al igual que del desarrollo social por mediante del crecimiento espontáneo y no mediante la planificación consciente y la coerción.

Hayek parte de una defensa de la libertad negativa, que define como ausencia de coacción. Una sociedad libre es la que permite al individuo realizar sus proyectos dentro de sus posibilidades, sin que ninguna autoridad pública -elegida o no- ni ninguna persona privada se arroguen la facultad de impedir a nadie el camino a seguir. La libertad se caracteriza por el respeto a ese margen de decisión personal. La libertad económica consiste en que el marco legal vigente no ponga trabas ni a la acumulación de bienes, ni al libre acceso de los mismos por parte de cada ciudadano. Como resultado final tenemos un modelo de sociedad basado en la primacía del mercado, en la retirada del  Estado y en la responsabilidad individual.

La igualdad en el pensamiento de Hayek es sinónimo de igualdad ante la ley; sólo esta es compatible con la garantía de la libertad negativa. La desigualdad social es entendida por Hayek como un rasgo natural y un elemento beneficioso para fomentar el progreso social, porque auspicia las ansias de emulación. Una sociedad igualitaria es una sociedad irremesiblemente condenada la estancamiento y, con el tiempo,al declive económico y cultural.

Hayek no admite el principio de justicia distributiva porque lo juzga incompatible con el Estado de Derecho, dado que supone la vulneración de la libertad negativa. A su juicio, la justicia distributiva es “el caballo de Troya del totalitarismo”. En opinión de Hayek, sólo el comportamiento de los individuos puede ser enjuiciado éticamente. La justicia social exige planificación económica y atribución al poder político de la facultad de asignar funciones, remuneraciones y recompensas a cualquier ciudadano.

Hayek. Premio Nobel de Economía 1974
Para Hayek, la libertad positiva, es decir, la participación política, ocupa un lugar secundario. Liberalismo y democracia no eran sinónimos. La democracia se ocupa del problema de quien debe dirigir el gobierno. El liberalismo requiere que todo poder y, en consecuencia, también el de la mayoría, sea limitado. Lo contrario de la democracia era el gobierno autoritario; mientras que lo contrario del liberalismo era el totalitarismo. Ninguno de los dos sistemas excluía al otro. Una democracia podía empuñar poderes totalitarios; y era concebible que un gobierno autoritario pudiera actuar sobre principios liberales. El liberalismo era, así, incompatible con todas las otras formas de gobierno ilimitado. La opinión de la mayoría sería menos sabia que las decisiones individuales. Para Hayek, en definitiva,  la democracia era esencialmente un medio, un expediente utilitario para salvaguardar la paz interna y la libertad individual. Hayek denuncia que los poderes elegidos democráticamente han sido empleados para recortar sistemáticamente las libertades negativas, mediante la planificación económica, la presión fiscal, políticas de nacionalización, control de precios o de salarios. Y en otras ocasiones, poderes elegidos democráticamente han optado por restringir otras libertades esenciales, como las de pensamiento o la religiosa.

El imperio de la ley exige que los poderes coactivos del Estado no puedan emplearse sino en conformidad con las normas generales; exige que la ley no haga excepción de personas; exige la independencia de los jueces y que éstos no estén sometidos a ambiciones políticas; y exige, por fin, que se proteja el ámbito reservado para la acción y para la propiedad.

Para restaurar la impersonalidad y la universalidad de las leyes, Hayek propone diferenciar el Estado y el gobierno, estableciendo un sistema bicameral. La cámara legislativa estaría compuesta de sabios de más de cuarenta y cinco años, elegidos por representación proporcional. La cámara gubernativa será elegida por escrutinio mayoritario y tendrá por objeto el control del gobierno. Existirá también un Tribunal Constitucional, compuesto por jueces profesionales y antoguos miembros de las dos asambleas. Su función sería dirimir los confictos de competencias entre ambas cámaras.

Hayek no discute la existencia del Estado; pero sus funciones son muy diferentes a las del Estado socialista y a las del Estado benefactor. Corresponde al Estado la defensa y protección de los derechos derivados de la evolución espontánea. En el ámbito económico, debería intervenir para reforzar el propio mercado, ya sea por vía legislativa o a través de políticas públicas. Igualmente, Hayek se muestra partidario de que el Estado asuma aquellas tareas que sean de utilidad pública cuando no puedan llevarse a cabo mediante la iniciativa privada. red de carreteras, ferrocarriles, puertos y aeropuertos. Admite igualmente la existencia de un sistema público de sanidad y de seguridad social.

Hayek recibió, en 1974, el Premio Nobel de Economía. Sus ideas políticas y económicas disfrutaron a partir de esa fecha de gran influencia, sobre todo en los gobiernos presididos por Margaret Thatcher en Inglaterra, y de Ronald Reagan en Estados Unidos. En 1991 recibió la Medal of Freedom, a instancias del entonces presidente norteamericano George Bush. Hayek falleción en Fiburgo en 1992.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Metodología de las Ciencias Sociales. Capítulo 9 Parte II

Metodología de las Ciencias Sociales es una asignatura del grado de Sociología del segundo cuatrimestre de este curso 2010/11 de la UNED. El libro “Metodología de las ciencias sociales. Una introducción crítica” de Luis Castro Nogueria et alia Tecnos 2008, tiene un cuestionario al final de cada capítulo, que estoy subiendo estos días a este blog, sus correspondientes respuestas.
Los capítulos propuestos por el quipo docente para el estudio de este manual son exclusivamente los siguientes:




Tema 1 - Observación, conceptualización y medición en las ciencias sociales. (Manual Tecnos Capítulo 3 (I)).Tema 2 - Aproximación histórico-crítica a la noción de Explicación científica. (Manual Tecnos Capítulo 4)Tema 3 - La Explicación causal en el modelo nomológico-deductivo. Causas y mecanismos. (Manual Tecnos Capítulo 5).
Tema 4 - La Explicación funcional (I): aspectos semánticos y formales. (II): la Explicación funcional en la teoría social y sus
metáforas. (Manual Tecnos Capítulos 6 y 7). Tema 5 - La Explicación desde la teoría de la acción social (I): las raíces históricas del individualismo metodológico. La disputa por el método y la solución weberiana. (Manual Tecnos Capítulo 8). Tema 6 - La Explicación desde la teoría de la acción social (II): el individualismo metodológico: F. von Hayek y K. Popper. (Manual Tecnos Capítulo 9). Tema 7 - La Explicación desde la teoría de la acción social (III): La teoría de la elección racional. (Manual Tecnos Capítulo 10).
Tema 8 - Las leyes científicas. (Manual Tecnos Capítulo 11). Tema 9 - Las teorías científicas (Manual Tecnos Capítulos 12, 13, 14 y 15).

Por favor, si detectan algún error u omisión, les ruego me lo hagan saber. Mi objetivo siempre ha sido compartir e interactuar con otros estudiantes.
Capítulo 9. La explicación desde la teoría de la acción social (I): El individualismo metodológico de F. von Hayek y K. Popper.



3.-Exponga en qué se fundamenta la estrategia de explicación denominada lógica situacional. Pág. 305 y 306

Popper desea alejarse  completamente de una aproximación subjetivista: la acción no puede ser explicada desde la particular percepción, psicológicamente fundada del actor. El análisis del científico social no se dirige al mundo del actor, sino a una configuración precisa y objetiva del mundo (situación) en la que se incluye también el actor y su mundo (motivos) reconstruidos como fines objetivos a partir de la lógica situacional. Poper pretende defender un concepto de racionalidad objetiva: por tal se entiende la adecuación objetiva de la acción al marco situacional. La acción puede ser causalmente explicada por la situación en que se produce bajo el postulado de la racionalidad, entendida al modo popperiano. Las explicaciones de la lógica situacional son reconstrucciones teóricas, racionales. Son simplificaciones, esquematizaciones, en general falsas aunque puedan ser buenas aproximaciones a la verdad.

4.-Establezca las principales diferencias entre la posición de Hayek y Popper. Pág. 299 a 306

Hayek y Popper, como representantes el individualismo metodológico, asumen posiciones causalistas, orientadas a la explicación de la acción, aunque el primero lo haga desde la afirmación de la singularidad metodológica de las ciencias sociales, mientras que el segundo se mantiene dentro de la tradición positivita de la unidad del método científico:

·      Hayek y el Individualismo económico
Podemos calificar a Hayek de individualista radical, tanto en su dimensión ontológica como metodológica. Su postura es manifiestamente individualista. Sólo los individuos actúan, siempre y en todos los casos, actúan movidos por complejos sistemas de creencias, opiniones y percepciones en virtud de los cuales podemos explicar su particular modo de actuar. Desde la tradición del pensamiento de la economía política liberal, individualista y utilitarista, donde se establece que la acción individual ha de interpretarse en el sentido de  una elección eficiente de acuerdo con las preferencias de los actores y lod medios disponibles.
·      Popper y la lógica situacional
Popper si sitúa en el marco de análisis individualista, y cree que las ciencias sociales han de poner su atención en la acción social significativa, pues es la acción, el verdadero átomo social. Popper se posiciona en la tradición de la unidad metodológica de la ciencia, el positivismo. Su opinión apunta a remitir la acción individual al marco situacional en que se produjo. A la hora de analizar la acción individual, se debe enlazar al actor social y sus intenciones, por una parte, y la situación social, por otra.


martes, 17 de mayo de 2011

Metodología de las Ciencias Sociales. Capítulo 9 Parte I

Metodología de las Ciencias Sociales es una asignatura del grado de Sociología del segundo cuatrimestre de este curso 2010/11 de la UNED. El libro “Metodología de las ciencias sociales. Una introducción crítica” de Luis Castro Nogueria et alia Tecnos 2008, tiene un cuestionario al final de cada capítulo, que estoy subiendo estos días a este blog, sus correspondientes respuestas.
Los capítulos propuestos por el quipo docente para el estudio de este manual son exclusivamente los siguientes:




Tema 1 - Observación, conceptualización y medición en las ciencias sociales. (Manual Tecnos Capítulo 3 (I)).Tema 2 - Aproximación histórico-crítica a la noción de Explicación científica. (Manual Tecnos Capítulo 4)Tema 3 - La Explicación causal en el modelo nomológico-deductivo. Causas y mecanismos. (Manual Tecnos Capítulo 5).
Tema 4 - La Explicación funcional (I): aspectos semánticos y formales. (II): la Explicación funcional en la teoría social y sus
metáforas. (Manual Tecnos Capítulos 6 y 7). Tema 5 - La Explicación desde la teoría de la acción social (I): las raíces históricas del individualismo metodológico. La disputa por el método y la solución weberiana. (Manual Tecnos Capítulo 8). Tema 6 - La Explicación desde la teoría de la acción social (II): el individualismo metodológico: F. von Hayek y K. Popper. (Manual Tecnos Capítulo 9). Tema 7 - La Explicación desde la teoría de la acción social (III): La teoría de la elección racional. (Manual Tecnos Capítulo 10).
Tema 8 - Las leyes científicas. (Manual Tecnos Capítulo 11). Tema 9 - Las teorías científicas (Manual Tecnos Capítulos 12, 13, 14 y 15).

Por favor, si detectan algún error u omisión, les ruego me lo hagan saber. Mi objetivo siempre ha sido compartir e interactuar con otros estudiantes.
Capítulo 9. La explicación desde la teoría de la acción social (I): El individualismo metodológico de F. von Hayek y K. Popper





1.-Resuma el marco conceptual que despliega la explicación científica desde la teoría de la acción. Pág. 287 a 293

La red conceptual que despliega el enfoque teórico-metodológico:

·      Acción e individuo, una teoría de la acción humana como acción social obliga a partir del individuo. La acción nos remite inmediatamente a la idea de actor y, éste, no es otro que el individuo, el punto de arranque de la reflexión histórica y social.
·      La acción como átomo social, es aceptar que aquello de lo que hemos de dar cuenta es la propia acción. El acto no es más que un eslabón dentro de una cadena causal. La acción reclama una inmersión en los procesos internos al hacer humano, social e histórico, y un análisis desde el actor y con el actor entendido como autor:
1.    La acción social necesita ser concebida como unidad discreta, discernible y separable de la corriente de acontecimientos.
2.    La acción reclama un actor-autor, el problema de la responsabilidad, ¿quién es el autor de una acción?, ¿cómo ha de entenderse la autoría de la acción?
3.    El nuevo lenguaje de las intenciones, los fines y las razones. Nacen para dar cuenta de la nueva experiencia del hombre moderno, como darle expresión, la convierten en hecho social e histórico.
4.    La acción social nos acerca al terreno de la subjetividad, a los territorios de la conciencia: intención, fin, interés, voluntad, creencia.
·      Acción y racionalidad, intencionalidad y racionalidad son las dos categorías centrales de las metodologías de la acción social. Por una parte, la racionalidad entendida como una cualidad de la acción dependiente de la relación entre medios y fines. Por otra parte, la racionalidad de la acción interpretada en un sentido semántico, y no meramente lógico.
·      La acción y sus consecuencias, nos enfrenta al problema de sus resultados. Toda acción supone por parte del actor una evaluación. Preferencias y creencias se encuentran en el corazón de la teoría de la acción y de sus desarrollos metodológicos:
1.    Las preferencias del actor que le permitan establecer prioridades entre sus deseos, intereses, metas, etc.
2.    Las creencias del actor, un conjunto de saberes acerca del mundo, de sí mismo, de la situación y de los demás actores. Permiten al actor dar cuenta del mundo y actuar en él.
Los actores no actúan en el vacío, un medio físico y social acoge siempre la acción, imponiendo restricciones, ya sea por su naturaleza física o a nuestras capacidades personales. La acción de un individuo va siempre asociada a un medio social integrado por otros actores y por instituciones, normas, costumbres. Un medio así obliga al actor a considerar el significado que cobrarán sus actos para los otros actores, así como evaluar el significado de los actos de los demás. La acción cotidiana discurre, de la mano de patrones de conducta repetitivos, ofreciéndonos esquemas de acción y conocimiento socialmente reconocidos y reconocibles.

2.-Razone en qué consiste la estrategia del individualismo metodológico como paradigma de la explicación científica. Pág. 297

Karl Popper
El individualismo metodológico (IM) es la doctrina que sostiene que todos los fenómenos sociales –su estructura y sus cambios- son en principio explicables por elementos individuales, es decir por las propiedades de los individuos tales como sus metas, sus creencias y sus acciones. Un programa de investigación que se ve obligado a realizar un poderoso esfuerzo de reducción, este exige la desagregación de los fenómenos colectivos u holísticos hasta sus componentes accionalistas mínimos, los actos individuales, y un conjunto de fórmulas relacionales a partir de las cuales se pueda explicar los complejos fenómenos de agregación social.

A.C. Danto ha resumido las propuestas del individualismo metodológico en torno a estas tres tesis:
·      Los individuos sociales o colectivos son casualmente dependientes de las conductas de los actores individuales, y no al revés.
·      Las explicaciones de la conducta de los colectivos no son últimas y deben explicarse, a su vez, mediante conductas individuales.
·      Las explicaciones de las conductas individuales jamás deben formularse en términos relativos a la conducta de los colectivos.