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lunes, 1 de abril de 2013

Polanyi, La Gran Transformación. Cambio social Parte 1


Autor: Víctor Riesgo Gómez

El texto que es presentado a continuación ha sido realizado en el marco universitario y ha sido realizado por un alumno de la UNED. Se encuadra en la asignatura Cambio Social I de dicha universidad. Es intención del autor comprobar en qué medida la exposición y tesis que presentó en su momento Karl Polanyi puede ser observada mediante el enfoque proporcionado por las diversas teorías del Cambio Social y a cuál de ella o de ellas resulta más cercano.

También resulta sorprendente, y en cierto modo alarmante, la vigencia que cobran en el presente los análisis y la evolución de los hechos que presenta Polanyi. Los tipos de encrucijadas que han de afrontar las sociedades europeas y norteamericanas del siglo XIX y principios del XX se asemejan en gran medida a las actuales. Las decisiones y los intereses de los agentes en permanente “conflicto negociado” que interactúan en el campo sociocultural les acaba conduciendo a situaciones poco deseadas por la gran mayoría. De cómo se desarrollan estos procesos, de por qué desembocan en lo que desembocan y de quiénes son los agentes que actúan y en base a qué interese lo hacen es de lo que trata este trabajo. Estas fuerzas interactuando son las que, en resumidas cuentas, desarrollan diversos cambios sociales llenos de ambivalencias.

Síntesis

De la mano de Karl Polanyi somos sumergidos en la descripción del proceso histórico acaecido en el seno de los países pertenecientes a Europa occidental, y de manera más concreta en Inglaterra, durante el tránsito del Antiguo Régimen hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Este tiempo es modelado de manera crítica y determinante por la aparición, auge y derrumbe de una serie de ideas instrumentalizadas por clases sociales concretas que resultan beneficiarias directas de las mismas. El papel explicativo no recae de manera exclusiva sobre las ideas, éstas son producto, entre otras causas, del cambio en el campo de los hechos materiales, que a su vez resultan modificados posteriormente.


Ideas y hechos, en simbiosis cuasi perfecta, ejecutados por agentes determinados, van pergeñando cambios en los órdenes institucionales, culturales y políticos desde la esfera de lo económico, la cual ha sido previamente emancipada del resto de relaciones sociales en las que permaneció subsumida en el pasado y a la que las sociedades, por su tendencia natural de autoprotección, procuran retornar mediante mecanismos defensivos variados.

El eje central de esta obra de Polanyi es, por tanto, la descripción de los mecanismos empleados para imponer a las sociedades en su conjunto una visión estrecha e irreal de la economía. Ésta es presentada a modo de ciencia exacta que descubre y describe una serie de leyes universales inmanentes e invariables, en torno a las cuales se pretende constituir el único elemento motivacional del comportamiento humano. Tal imposición actúa como motor principal del cambio, provocando profundas dislocaciones en las urdimbres sociales tejidas históricamente con la función de mantener lazos y relaciones que procuran protección, cobijo o razón de ser a los individuos que forman las comunidades.

Consecuencia de esta ruptura, provocada por un cambio social a excesiva velocidad y con cierto poder destructor, los actores perjudicados desarrollan diversos mecanismos de autodefensa que obstaculizan el avance y la hegemonía de los principios y resortes que iniciaron la transformación. El resultado final del conflicto causado por  fuerzas contradictorias luchando en el campo social de manera enconada nos lleva al  auge de los fascismos y, de ahí, a la solución final representada de manera dramática por la Segunda Guerra Mundial.

La obra se divide en tres partes diferenciadas, pero interrelacionadas. En la primera de ellas es descrita la situación institucional internacional que da lugar a lo que Polanyi denomina “la paz de los cien años”. Este periodo, que alcanza de 1815 a 1915, contempla alguna guerra colonial y un par de breves guerras, -la Guerra de Crimea y  la Guerra Franco-Prusiana-, si bien, no hay en este tiempo ninguna guerra de gran duración y que implique a las potencias centrales de aquel momento luchando entre sí. En comparación con cualquier periodo anterior, jalonado de guerras interminables entre los países de la vieja Europa y culminado por las Guerras Napoleónicas, este espacio temporal puede ser considerado como una paz prolongada. Aunque su inicio coincide con el Congreso de Viena y las restauraciones monárquicas por medio de la fuerza, las bases que sustentan y legitiman este período de paz van desplazándose de fuentes sacras e imperiales hacia otras más pragmáticas.

Cuatro son las instituciones principales en que se fundamenta el orden en la cumbre de este periodo: Patrón oro, y mercado autorregulado son las instituciones económicas; sistema de balance de poder y Estado liberal como instituciones políticas. No obstante para el autor la principal, y a la que sirven las otras tres, es el mercado autorregulado, institución ésta que deviene en piedra fundacional sobre la que se erige el cambio social que mayor transformación y en menor tiempo ha contemplado la humanidad.

Del origen, auge, hegemonía, deterioro y derrumbe de la idea del mercado autorregulado trata la parte central del libro. Si bien, insisto, de la idea como tal y de los hechos materiales a los que da lugar o de los hechos materiales que procuran soporte y apoyo para el nacimiento y la extensión de dicha idea y de las consecuencias que en el mismo campo de las ideas tiene.

Su origen parte de un conjunto de concepciones axiomáticas especulativas sin demostración empírica que tiene lugar en la Inglaterra de finales del XVIII y que se extienden al resto de Europa de manera desigual. Tales concepciones son enunciadas por Adam Smith y refinadas y completadas por los posteriores seguidores de sus principios. Utilitaristas como Bentham o moralistas como Malthus aprovechan las elaboraciones teóricas del escocés para seguir construyendo el castillo en el aire que condena a las sociedades, y de manera especial a la británica, a sufrir las “consecuencias de la imposibilidad”. La incipiente economía política reviste de pretendida veracidad objetiva mitos no demostrados como el de la tendencia natural del humano al comercio o la racionalidad pura como guía exclusiva de las acciones del individuo. Una racionalidad concebida sin marco de referencia social ni cultural alguno en su construcción, tornándose por tanto en universal.

Y sin embargo Polanyi muestra como excepción histórica en la producción y el suministro de bienes materiales de las diversas sociedades el mecanismo de mercado. Reciprocidad, redistribución, y el “principio del hogar” son principios que de manera sustancial han venido empleado las sociedades para regir sus sistemas económicos. En ellos la motivación del lucro queda desterrada antes aún de haberse hecho presente. Diversas instituciones sociales, costumbre, derecho, magia, ética o un principio de reconocimiento social por el trabajo bien realizado, mantenían en pie y unidas a las comunidades y aseguraban el funcionamiento económico, integrando a su vez éste en el conjunto de relaciones sociales de las que eran una mera función.

En aquellos lugares donde con posterioridad al siglo XVI se empiezan a generalizar los mercados la institución resultante nada tiene que ver con el mito posteriormente construido de un mercado autorregulado. Estos mercados son sometidos a fuertes restricciones con el fin de evitar desabastecimientos de bienes básicos o monopolios, y consecuentes alzas sostenidas de precios.

Sin embargo, la idea del mercado autorregulado era útil para una serie de clases sociales emergentes en los inicios del siglo XIX. Resultaba un mecanismo que, en su totalidad o en algunos de sus componentes, contenían beneficios para estas clases emergentes. Debido al poder asimétrico que acaparaban de partida, o debido a su capacidad de trazar alianzas estratégicas con otras clases en determinados momentos circunstanciales, fue cuajando su auge y hegemonía. Resultando para Polanyi un proceso para nada espontáneo y sí producto de un conjunto de procesos forzados y artificiales en los que las posiciones previas de los agentes que promueven y fuerzan el cambio resultan determinantes para su desenlace. 

Para que la maquinaria de la Revolución Industrial se desarrollase era necesario contar con una mano de obra abundante, disponible y fluctuante. Era necesario que la mano de obra, y los que la encarnaban, -una incipiente clase obrera-, quedasen sometidos de manera exclusiva a las leyes del mercado autorregulado. Las medidas de protección social fueron arrinconadas y limitadas, por cosficadoras o alienantes que resultasen. La leyenda de la isla de las cabras y los perros revestía de naturalidad el antinatural proceso, a la luz de lo observado en otras culturas, de abandono a su suerte a pobres y desempleados. Spencer o Malthus se encargaban de dotar de sentido práctico esta “evolución”. El hambre se convertía en el mecanismo que empujaba a los humanos al mercado. Los procesos de cercamientos y expropiaciones habían sentado las bases previas para la existencia de este hambre.

Para que los alimentos fluyeran en abundancia y sus precios disminuyesen era necesario levantar aranceles sobre los granos. Se sometía así a la tierra también a las leyes del mercado autorregulado. Poco importaba que como resultado de estos mecanismos los propietarios y trabajadores del agro fuesen sometidos a una elevada indeterminación respecto de sus propias vidas. Como poco importaba que los cercamientos pasados y los que habían de venir deteriorasen las condiciones objetivas de la tierra, del agua y de los humanos que las poblaban. Entre habitación y mejoramiento se elegía mejoramiento, aunque las consecuencias sociales de dicha elección fuesen dramáticas.  Ahora ya, hombre y naturaleza habían sido sometidos a las leyes del mercado.

El último eslabón necesario para culminar la transformación era el del dinero. El patrón oro constituía el resorte empleado para tal fin. Una equivalencia de cada moneda nacional al sistema del patrón oro arrebataba por completo a las instituciones políticas nacionales cualquier capacidad de decisión sobre sus finanzas. Del mismo modo quedaban conectadas las economías que aceptaban este tránsito a un mercado internacional autorregulado. Las consecuencias últimas para la misma industria de este paso final eran también cada vez más negativas. Pero había surgido una nueva clase que acumulaba poder por encima de las demás, suficiente como para ser capaz de someter al resto de poderes a sus dictados. La haute finance era el gran inspirador y máximo beneficiario de esa paz de los cien años antes señalada.

El patrón oro y las tasas de cambio fluctuantes restaban importancia a la denominación que adquiriese cada moneda o la figura que estuviese representada en el billete. Este sistema institucional había dado a luz una nueva clase con poder más allá de las fronteras nacionales. El poder acumulado por esta nueva clase había sido gestado en un proceso prolongado en el tiempo, no lineal, y que había consistido en una serie de cambios en, para culminar con un cambio de, sistema institucional. El resultado del mismo para amplias capas sociales era claramente degradante. Las consecuencias de la degradación iban más allá del campo de lo material y lo económico formal. La desintegración completa del ambiente cultural de las víctimas era patente.

No obstante el autor sostiene que este proceso nunca resultó perfecto y acabado, conforme se iban dando nuevos pasos en su avance integrantes de otros renglones sociales, que resultaban perjudicados por el cambio, articulaban medidas de defensa para detener dicho avance. Las medidas defensivas son tachadas de intervencionistas para su descalificación por parte de los adalides del cambio, ignorando o soslayando que el mismo proceso de cambio era resultado de un tipo concreto de intervención deliberada y, en ocasiones impuesto por la fuerza, y no la consecuencia de un orden natural y espontáneo. Este intervencionismo creciente va socavando las bases de la confianza en que se sustentaba el conjunto de instituciones que apuntalaban el orden anterior existente, lo cual provoca su declive paulatino. Las tensiones destructivas comienzan a acumularse y conducen a los estados de Europa al clima prebélico que reina en los inicios del siglo XX.

Comienza aquí la tercera parte del libro que el autor titula la “transformación en progreso”. En ella se detiene en detallar los enfrentamientos políticos transcurridos durante el periodo en que sucede la modificación dirigida del orden institucional.  La lucha de los cartistas por conseguir extender el sufragio universal y como las clases que acumulan poder político se enfrentan a este objetivo, hasta que las clases obreras y campesinas han quedado suficientemente diferenciadas en intereses en su seno lo que, en un principio, las convierte en agentes inofensivos para el orden resultante.

También se describe como, tras la Primera Guerra Mundial, a la que atribuye ser el final real del siglo XIX, las condiciones objetivas resultantes propician el auge de movimientos populistas y demagógicos de corte fascista, el cual se extiende por todo occidente, adopta diversas posiciones estratégicas que van del nacionalismo extremo al pacifismo populista. Una economía de mercado que no acababa de funcionar, y a la que en su gestación se habían fiado las instituciones que daban abrigo a la población, unido a las tensiones contrarevolucionarias y el revisionismo nacional que se extiende por toda Europa, contienen el germen de los movimientos fascistas.

En el primer periodo, tras la Gran Guerra, las revueltas obreras, que persiguen un cambio de orden, inspiradas en el socialismo marxista y por el ejemplo soviético, son contestadas  por milicias fascistas que no tienen inconveniente en realizar la tarea sucia de la burguesía y las clases acomodadas. El espejismo económico de los años veinte parece hacer que retorne la calma. Restablecer el patrón oro vuelve a ocupar a los gobernantes y la misma URSS comienza a integrarse en el sistema de mercado de manera progresiva. Tras la crisis del 29, y el abandono en cadena del patrón oro por parte de los diversos estados de Europa, los conflictos vuelven a estar en el centro de las agendas. Reaparece, con mayor fuerza si cabe, el fenómeno del fascismo en respuesta a los descontentos internos y a las tensiones internacionales provocadas por el hundimiento de las instituciones que habían dado sentido y articulado el orden internacional.

Patrón oro, y mercados autorregulados habían quedado disueltos por la crisis. En su caída arrastraban el balance de poder, ya maltrecho tras la paz de Versalles, y a los propios estado liberales. El New Deal, los planes quinquenales de la URSS o la preparación de la guerra en Alemania habían pasado a ocupar el papel que se reservó durante un siglo al Laiseez-Faire. 

En el capítulo final Polanyi reflexiona acerca del tipo de libertad que resultó de este orden institucional transformador que imperó durante el siglo XIX y principios del XX. De las consecuencias que se derivaron de este axioma conceptual. Así como de las lecciones que cabe aprender con el fin de no repetir errores similares en el futuro. Es decir, contiene una dimensión normativa orientadora de la acción.

Autor: Víctor Riesgo Gómez

domingo, 6 de enero de 2013

Así cambió la economía el mundo

Artículo de Joaquín Estefanía publicado en El País el 4 de enero de 2013

John Maynard Keynes, uno de los grandes
protagonistas del libro "La gran búsqueda",
en 1940 / TIM GIDAL (GEITY)

Durante las décadas de los años cincuenta y sesenta del siglo pasado se desarrolló una gran polémica, hoy totalmente olvidada, entre economistas de uno y otro lado del océano. Se la denominó la controversia entre los dos Cambridges, pues enfrentó a científicos sociales del Cambridge británico con los del Cambridge de Massachusetts (EE UU). Unos y otros (gente tan importante como Joan Robinson, Paul Samuelson, Robert Solow, Franco Modigliani, Michal Kalecki, Nicholas Kaldor,…) eran keynesianos en una u otra medida pero pasaron años enfrascados en una teoría sobre el capital.

La historia del pensamiento económico es la historia de sus controversias. A través de ellas se ha avanzado en los dos últimos siglos y medio, desde que se considera la Economía como una ciencia social. Un periodo en el que la teoría ha pasado de ocuparse básicamente de lo que no podía hacerse a lo que debe hacerse para mejorar, para llegar a la buena vida de los ciudadanos. La gran búsqueda, de la escritora y periodista estadounidense de origen alemán Sylvia Nasar (editorial Debate) es un fantástico relato de cómo la Economía ha cambiado el modo de vida de los habitantes del planeta, a través de las ideas. Marshall o Keynes, dos de las cimas de ese pensamiento durante el siglo XX, destacaron el papel de la Economía moderna como organón, lo que significa herramienta; más que un conjunto de verdades es un motor de análisis diseñado para alcanzar la verdad, un instrumento que nunca será perfecto sino que requiere continuas mejoras, adaptaciones e innovaciones para ejercer su función.

Keynes, que fue discípulo de Marshall, entendía la economía como “un aparato de la mente” cuyo cometido, como cualquier otra ciencia social, es analizar el mundo y aprovechar al máximo sus posibilidades; un instrumento del conocimiento que permite resolver lo que el genial economista de Cambridge denominó “el problema político de la humanidad”, la combinación de tres principios: la eficiencia económica, la justicia social y la libertad individual.

La escritora y periodista estadounidense
Sylvia Nasar es la autora
de "La gran búsqueda".
Liberales frente a intervencionistas, hayekianos frente a keynesianos, malthusianos frente a quienes no lo eran, marxistas contra liberales e intervencionistas, keynesianosbastardos (de derechas) frente a keynesianos de izquierdas, postkeynesianos frente a partidarios de una síntesis neoclásica y keynesiana, friedmanitas, neoconservadores, partidarios de la regulación, fabianos, socialistas, schumpeterianos… de todos estos debates se salió avanzando. Hay multitud de ejemplos en La gran búsqueda. Por ejemplo, en los años treinta, marcados por la Gran Depresión, a falta de una teoría satisfactoria sobre la crisis, los economistas ingleses se dividieron en dos bandos y preanunciaron la madre de todas las batallas: un grupo partidario de la intervención, liderado por Keynes, y por el llamado Cambridge Circus, en el que estaban algunos de sus discípulos más dilectos que coquetearon con el marxismo como doctrina y con el comunismo como sistema político: Piero Sraffa, Joan Robinson, Richard Kahn (que ha vuelto a la actualidad por una polémica muy actual, que ha emergido del Fondo Monetario Internacional: el papel del multiplicador keynesiano). Es muy curioso cómo Keynes, que era un liberal a la antigua usanza, más cercano a la aristocracia que a la burguesía, que despreciaba al Partido Laborista y ponía a la URSS en el mismo saco que a la Alemania fascista y que odiaba a Stalin, fue tan condescendiente con el izquierdismo marxista de algunos de sus colaboradores. Tendía a ver el fanatismo de los jóvenes economistas simpatizantes con la URSS como una excentricidad inofensiva en fase pasajera. No pensaba que la ideología debiera ser un obstáculo para la amistad o la investigación y, en todo caso, admiraba el idealismo y el valor de estas personas. En 1939 escribió: “En la política de hoy no hay nadie que valga la pena fuera de las filas de los liberales, salvo la generación de comunistas intelectuales de menos de 35 años”. Aunque estuvieran engañados, eran “un material magnífico”, demasiado bueno para no ser aprovechado.

El otro grupo de economistas ingleses, el de los liberales partidarios de la no intervención en la economía (las recesiones se curan solas), estaban relacionados con la London School of Economics, encabezados por Lionel Robbins, molestos por la hegemonía de Cambridge en el pensamiento económico. Robbins, que fichó a Von Hayek para sus filas, quería convertir la London School (fundada y subvencionada por los fabianos, una especie de socialistas utópicos) en “la contrapartida liberal del colectivismo de Cambridge”. La presencia de economistas en uno u otro grupo fue bastante móvil, dependiendo de las circunstancias, aunque los dos jefes de filas fueron Keynes y Hayek.

El primero, alrededor de cuya obra gira casi siempre la toma de posición de los demás, es el astro transversal de La gran búsqueda. Cuando muere su maestro, Alfred Marshall, escribe una necrológica de lo que Keynes considera un buen economista, que sigue vigente hoy. “El gran economista”, escribe Keynes, “debe poseer una rara combinación de dotes (…) Debe ser matemático, historiador, estadista y filósofo (en cierto grado). Debe comprender los símbolos y hablar con palabras corrientes. Debe contemplar lo particular en términos de lo general y tocar lo abstracto y lo concreto con el mismo vuelo de pensamiento. Debe estudiar el presente a la luz del pasado y con vistas al futuro. Ninguna parte de la naturaleza del hombre debe quedar por completo fuera de su consideración. Debe ser simultáneamente desinteresado y utilitario: tan fuera de la realidad y tan incorruptible como un artista, y sin embargo, en algunas ocasiones, tan cerca de la tierra como el político”.

Artículo de Joaquín Estefanía publicado en El País el 4 de enero de 2013


domingo, 7 de octubre de 2012

Ecología II: Ecología Humana – Cuestiones a comprender y retener – Parte 11


En la asignatura de Ecología II: Ecología Humana del segundo cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2011/12, algunos/as compañeros/as realizamos un trabajo coral: resolver las cuestiones a comprender y retener.  Y como libro de referencia: Medio ambiente y sociedad. La civilización industrial y los límites del planeta de Ernest García (Alianza Editorial), bibliografía básica de esta asignatura. Quiero agradecer el esfuerzo, compromiso y dedicación desplegado por tod@s. Derechos reservados, sus autores.


Tema 1  – Las ciencias ambientales, la sociología y la relación entre medioambiente y sociedad - Nekane Ceballos Aurrekoetxea // Tema 2 - La sociología ecológica o medioambiental  Tomás Javier Prieto González // Tema 3 Sociología, límites y sostenibilidad José Bargallo Rofes // Tema 4 - Cambio social: desarrollo y sustentabilidad Carolina Judith Rabazo Pérez // Tema 5 Cambio social: modernización y medio ambiente  Carlos Catalán Serrano // Tema 6 - Medio ambiente, estructura y conflicto social José Bargallo Rofes // Tema 7 - Percepción social de los problemas medioambientales y cambio cultural – Julia Ortega Tovar



10- Retenga algunos ejemplos de argumentos antimalthusianos.

  • A escala mundial, la disponibilidad de tierra cultivable no es todavía un factor limitante. Más apremiante es la situación relativa al uso del agua
  • Hay un relativo margen para frenar la degradación de los suelos por erosión, salinización y empobrecimiento biológico que resulta de la explotación agrícola intensiva.
  • Es posible mejorar significativamente la eficiencia en el uso del agua mediante sistemas descentralizados de captación, técnicas de riego más ahorrativas.
  • Es posible seguir consumiendo alimentos de origen animal, aunque ese consumo debería ajustarse a lo obtenido a partir de rumiantes que pastan en terrenos no aptos para el cultivo de plantas digeribles por los humanos y a partir de animales que pueden mantenerse con una variada combinación de residuos orgánicos; a ello podría sumarse lo producido mediante acuicultura, siempre que ésta tuviera en cuenta restricciones ecológicas derivadas de la contaminación.
  • Las pérdidas que producen durante la cosecha y después de ella, así como las derivadas de la putrefacción del pescado.
  • Los cálculos habituales sobre necesidades de energía y proteínas podrían tal vez ajustarse a la baja (una conjetura que Smil apoya en la extrema flexibilidad de los humanos como convertidores de la energía contenida en los alimentos y en la compleja combinación de factores diversos –edad, sexo, volumen del cuerpo, niveles de actividad física, condiciones ambientales y otros—que influye en el nivel de las necesidades.
  • La composición de la dieta se ha descompensado durante la modernización, pero podría volver a reajustarse: aunque una corriente poderosa, animada por la agroindustria y por los servicios de comida rápida, empuja en el sentido de un desequilibrio todavía mayor, diversas reacciones sociales ante problemas de obesidad y de mayor incidencia de enfermedades coronarias y de ciertos tipos de cáncer se mueven en sentido contrario.


11- Preste atención a los análisis de Brown y de Smil.

Lester Brown es quizás el proponente más conocido de la tesis según la cual la colisión entre la población y la base natural de recursos ya ha comenzado a manifestarse. Se basa para ello en una interpretación de la dinámica población-recursos en la segunda mitad del siglo XX.

Brown reconoce que las diferentes producciones se incrementaron en el período de 1950 a 1984 para el grano; de 1950 a 1972 para carnes; y de 1950 a 1988 para pescados y mariscos; y a partir de estas fechas las diversas producciones han caído de forma considerable. La interpretación más habitual de la inflexión en el ritmo de crecimiento de la producción es que ésta es un efecto de la relativa saturación de la demanda en los países más desarrollados, puesta de manifiesto por la caída continuada de los precios agrícolas, y que no habrá problemas sustanciales en aumentar la producción para satisfacer demandas adicionales derivadas del crecimiento demográfico y económico (Alexandratos 1995; FAO 2000).

Brown mantiene, por el contrario, que esa inflexión es el reflejo de la influencia de límites relativos al agotamiento de las posibilidades abiertas por las tecnologías de la “revolución verde”, a la capacidad biológica de las plantas y a la escasez relativa de suelo y agua. Hay por lo menos tres vías –argumenta- para incrementar la productividad agrícola: aumentar el rendimiento de las cosechas, incrementar el número anual de cosechas y obtener más de cada una de ellas “procesando” los residuos mediante rumiantes para producir carne y leche.

Respecto a Smil, su trabajo de síntesis sumamente preciso en los detalles, muy atento a la información científica básica y sensible a la multiplicidad de los factores relevantes y a la complejidad de sus interrelaciones (Smil 2001). Este autor sostiene que una combinación adecuada de recetas económicas y técnicas ya bien conocidas y contrastadas, medidas de protección medioambiental y ajustes en la composición de la dieta puede proporcionar una nutrición adecuada a la próxima y más amplia generación sin deteriorar irreparablemente los sistemas naturales de soporte de la vida. Esta conclusión relativamente optimista—“alentadoramente malthusiana”, dice- se basa en un minucioso argumento que incluye un examen de los factores limitantes, una discusión de los efectos de los cambios ambientales sobre los ecosistemas agrícolas, un repaso a las posibilidades de reducir las pérdidas posteriores a la cosecha, una reconsideración de los criterios habituales sobre la ingesta mínima necesaria de calorías y una evaluación de las posibilidades de que se difunda una dieta más equilibrada.

12- Preste atención a las cuatro acepciones de sostenibilidad comentadas en el texto y el papel de la sociología ecológica en cada una de ellas.

  1. La acepción más próxima al paradigma mecanicista considera que insostenibilidad es la tendencia al colapso causada por sobrepasar los límites establecidos por la capacidad de carga de los ecosistemas. (Nada que tenga  una dimensión material puede crecer indefinidamente en un medio finito). En este contexto, la sostenibilidad implica que la escala física del sistema social, es decir, la totalidad de lo que Boulding (1995) llamó la “sociomasa” (los cuerpos humanos y los artefactos asociados a ellos), así como el flujo metabólico de energía y materiales necesario para reproducirla, han de mantenerse por debajo de la capacidad natural para suministrar recursos (entendiendo por recursos las fuentes de energía y materiales degradados). La lógica del colapso derivado del exceso de carga está presente en diversas versiones del neomaulthusianismo que, con resultados distintos en función de diferentes hipótesis sobre tecnología y consumo, asumen que la capacidad de carga para seres humanos es calculable.
  2. En algunas otras elaboraciones, insostenibilidad es sobre todo el resultado de un desequilibrio catastrófico en el proceso de coevolución. Si una de las especies en presencia recibe una subvención energética demasiado grande, entonces impone al ecosistema una simplificación radical, provocando una reducción drástica de la diversidad biológica. Esto es lo que viene pasando desde el momento en que la especie humana desarrolló una especial habilidad para la oxidación de la “necrosfera” (Margalef 1991). Esta acepción está implícita, por ejemplo en un conocido artículo (Vitousek et al. 1986). Sus autores recuerdan que hay que tener en cuenta que los seres humanos no son los únicos consumidores terrestres de la energía solar capturada mediante la fotosíntesis. La producción primaria neta es la cantidad de energía que queda disponible después de restar la respiración de los productores primarios (plantas principalmente) de la energía total que es fijada biológicamente (la mayor parte de la cual es solar) y proporciona la base para el mantenimiento, crecimiento y reproducción de todos los organismo heterótropos.
  3. Nada dura eternamente. Los sistemas vivientes solo pueden subsistir y evolucionar incrementando la entropía de su medio ambiente. Los sistemas autoorganizadores son necesariamente sistemas desorganizadores, que dependen de un contacto estrecho y una interacción permanente con un medio ambiente que contenga orden y energía disponibles a costa del cual pueden arreglárselas para subsistir. Si el desorden introducido en el entorno es demasiado grande, entonces el sistema puede, -tal vez- acceder a un nuevo nivel adaptativo consumiendo más energía (pero también incrementando todavía más la degradación ambiental). La insostenibilidad puede verse también, por lo tanto, como el resultado del incremento de entropía generado por procesos de producción demasiado grandes o demasiado intensivos. Esta acepción está implícita en la afirmación de que nada dura eternamente. De que ningún proceso material puede prolongarse indefinidamente en un medio finito. En este contexto sostenibilidad tiende a identificarse con conservación (en el sentido de parsimonia en el uso de los recursos)
  4. Por último, insostenibilidad puede significar bloqueo de los dispositivos sociales de aprendizaje, como consecuencia de una aceleración excesiva y de una conectividad demasiado alta. Si el debate sobre la crisis ecológica es algo más que un melancólico ejercicio contemplativo es porque se supone que los seres humanos son capaces de aprender por anticipación y, por tanto, de modificar su conducta por razones diferentes de la construcción física directa.

Según esta acepción, una sociedad se torna insostenible cuando tiene más y más opciones en intervalos temporales más y más cortos. Cuando, por ejemplo, introduce cada año en la naturaleza miles de nuevas sustancias químicas, o cuando se dispone a hacer lo mismo con miles de organismos genéticamente manipulados.

Según  el autor esta acepción de insostenibilidad está implícita en algunas de las incorporaciones recientes a la lista de problemas medioambientales. Es el caso, por ejemplo, de los efectos ecológicos de la difusión en el medio natural de organismos transgénicos, o también, de las informaciones sobre el peligro de desorganización del sistema endocrino de los animales –incluidos los humanos-como consecuencia de la presencia en el ambiente de sustancias químicas de origen industrial que mimetizan las hormonas, dando lugar a que los organismos reaccionen como si los niveles de éstas fuesen distintos de cómo son en realidad.


sábado, 6 de octubre de 2012

Ecología II: Ecología Humana – Cuestiones a comprender y retener – Parte 10


En la asignatura de Ecología II: Ecología Humana del segundo cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2011/12, algunos/as compañeros/as realizamos un trabajo coral: resolver las cuestiones a comprender y retener.  Y como libro de referencia: Medio ambiente y sociedad. La civilización industrial y los límites del planeta de Ernest García (Alianza Editorial), bibliografía básica de esta asignatura. Quiero agradecer el esfuerzo, compromiso y dedicación desplegado por tod@s. Derechos reservados, sus autores.


Tema 1  – Las ciencias ambientales, la sociología y la relación entre medioambiente y sociedad - Nekane Ceballos Aurrekoetxea // Tema 2 - La sociología ecológica o medioambiental  Tomás Javier Prieto González // Tema 3 Sociología, límites y sostenibilidad José Bargallo Rofes // Tema 4 - Cambio social: desarrollo y sustentabilidad Carolina Judith Rabazo Pérez // Tema 5 Cambio social: modernización y medio ambiente  Carlos Catalán Serrano // Tema 6 - Medio ambiente, estructura y conflicto social José Bargallo Rofes // Tema 7 - Percepción social de los problemas medioambientales y cambio cultural – Julia Ortega Tovar

5- La perspectiva macro y micro en la sociología ecológica. Ponga algunos ejemplos de problemas o temas de estudio de la sociología ecológica de tipo macro o micro.

La distinción macro/micro son demasiado importantes para eludirlas, puntualizando de entrada, sin embargo, que ninguna de las opciones que puedan tomarse respecto de esas distinciones cubra todo el campo de la sociología medioambiental, si se entiende ésta en términos de la problemática a la que trata de dar respuesta.

La distinción entre macrosociolgía y microsociología se ha  establecido en ocasiones en términos de que la primera se ocupa de las sociedades y la segunda de las partes y rasgos que la componen. Otras veces se ha visto sobre todo como una cuestión de escala espacio-temporal y del número de personas o situaciones implicadas; por decirlo así, del ángulo de la lente a través de la cual se observa el mundo (Rosa 2000). En otras ocasiones, se ha remarcado la correspondencia entre las dualidades micro/macro.

El mundo humano suele explicarse unas veces desde la perspectiva de los seres que, consciente e intencionalmente, lo componen y, otras, desde la de las fuerzas anónimas que lo constituyen. En el primer caso, los protagonistas son mujeres y hombres, dotados de pasiones, intereses, preferencias e inclinaciones varias que procuran satisfacer. En el segundo fuerzas demográficas, económicas, biológicas y físicas se mezclan con otras, no menos poderosas y anónimas, como pueden ser las corrientes políticas, religiosas y tecnológicas, para determinar el sino de las gentes. La primera actitud parte de la microsociología y la segunda de la macrosociología. (Giner 1996:309)

6- ¿Qué tiene que ver el construccionismo social con la perspectiva de la acción social? ¿Qué relevancia tiene esta perspectiva para la conexión entre naturaleza y acción social?

La conexión entre los enfoques de la estructura y de la acción social pasa por desligar a esta última de una ontología construccionista. Es decir, que la sociología medioambiental requiere alguna clase de modelo “realista” de integración de la estructura y la acción, pues sólo en un contexto así la conexión entre las acciones sociales y el estado de los ecosistemas continúa siendo relevante incluso si los agentes la ignoran por completo, incluso si se engañan al interpretarla. El estudio de la construcción social de los significados puede llegar a ser del todo incongruentes.

Quien prefiera, una sociología iniciada a partir de la acción intencional puede reformular la proposición tercera y, en lugar de decir que los límites de la naturaleza amenazan la expansión de la sociedad industrial, puede decir que los agentes humanos corren el riesgo de quedar presos de las consecuencias ecológicas no deseadas de sus acciones (Murphy 1997) (el autor insiste, en que la centralidad de esa proposición es independiente de que uno crea o no que ese riesgo es realmente grave y es dependiente sólo de que acepte que las acciones humanas—se construya como se construya su significado—tienen consecuencias ecológicas.

7- Exponga los puntos de vista de la “catástrofe” y de la “cornucopia” en relación a los límites de la naturaleza.

Los términos “catástrofe” y “cornucopia” han sido frecuentemente usados para referirse a dos puntos de vista opuestos acerca del alcance y las consecuencias concretas de la presión actualmente ejercida por las actividades humanas sobre los ecosistemas. El primero de esos puntos de vista mantiene que hay límites naturales que no se pueden sobrepasar sin provocar un colapso y que la escala física actual de la actividad humana excede ya esos límites o está próxima a hacerlo, de forma tal que está comprometiendo la capacidad de sustentación futura de la Tierra. El segundo tiende a negar que la existencia de límites naturales sea algo de interés práctico y a mantener que las capacidades humanas de innovación tecnológica y de adaptación social pueden superar cualquier escasez particular, de forma tal que los límites a la expansión humana, si acaso, serían socieconómicos, no naturales. Quienes se alinean en la primera posición tienden a presentar el crecimiento demográfico, el aumento en el consumo de recursos y el grado de alteración de los sistemas naturales como evidencia de que la presión humana sobre la naturaleza es ya peligrosa. Quienes la rechazan tienden, por el contrario, a presentar la expansión demográfica y económica como prueba histórica del éxito y el dominio humano sobre la naturaleza.

8- Exponga el planteamiento que lleva al diagnóstico de la situación futura del planeta como “la coincidencia de mucho riesgo y mucha incertidumbre”.

Si ponemos en relación el escepticismo expresado por Price sobre la capacidad de carga como concepto biológico sobre su utilidad como concepto sociológico, llegamos a un planteamiento que, en los términos más generales, podría formularse como sigue: si los límites naturales a la expansión del consumo de recursos tienen un alto margen de indeterminación, si no existe un dispositivo natural de regulación que contenga la expansión a medida que ésta va aproximándose a los límites y si, además, en caso de sobrepasamiento, la capacidad de adaptación cultural ha de verse restringida por la inadecuación de la estrategia reproductiva de la especie a una situación así, entonces la eventualidad de un curso histórico en la vecindad de los límites ha de verse como una situación extrema de riesgo. El tipo de riesgo implicado, también en términos muy generales, deriva de la pérdida de flexibilidad en la relación sistema-medio ambiente, flexibilidad que es necesaria para que sea viable a largo plazo un proceso inherentemente impredictible, como es el cambio social. La coincidencia de mucho riesgo y mucha incertidumbre es, entonces, el principal rasgo definitorio del problema. (Pag. 124)

9- Distinga entre los planteamientos malthusianos y los neomalthusianos.

Las predicciones de Malthus sobre crecimiento demográfico y producción de alimentos. En la forma estricta en que Malthus planteó la cuestión—suponiendo que la producción de alimentos sólo puede aumentar mediante la puesta en cultivo de nuevas superficies--, la historia ha sido hasta hoy diferente de sus predicciones, pues el aumento de población ha ido en paralelo a incrementos muy grandes en la productividad agrícola debido a nuevas técnicas.

Sobre los argumentos del neomaltusianismo, de los límites de la naturaleza es la idea de que la finitud de la Tierra ha de condicionar de alguna manera su capacidad de sustentación, su capacidad para suministrar recursos. Formulada en general, en abstracto, esa idea tiene hoy pocos detractores. Tratar de medirla, de hacerla operacional, es sin embargo algo muy distinto. Hay límites naturales, pero éstos parecen ser inherentemente indeterminados, sobre todo si la escala del análisis es muy grande

El concepto de capacidad de carga se refiere en ecología a la máxima población de una determinada especie que puede ser mantenida indefinidamente por un ecosistema. Parece que se originó como un referente práctico en la gestión de las praderas dedicadas a la alimentación de los herbívoros. Adquirió una significación más precisa cuando Odum (1953) lo conectó con el modelo general de crecimiento de la población conocido como “ecuación logística”  Este modelo supone que debe haber un límite absoluto más allá del cual la expansión de una población se hace imposible y que la tasa de crecimiento, alta en circunstancias propicias, ha de disminuir en la proximidad de ese límite.

lunes, 1 de octubre de 2012

Ecología II: Ecología Humana – Cuestiones a comprender y retener – Parte 5


En la asignatura de Ecología II: Ecología Humana del segundo cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2011/12, algunos/as compañeros/as realizamos un trabajo coral: resolver las cuestiones a comprender y retener.  Y como libro de referencia: Medio ambiente y sociedad. La civilización industrial y los límites del planeta de Ernest García (Alianza Editorial), bibliografía básica de esta asignatura. Quiero agradecer el esfuerzo, compromiso y dedicación desplegado por tod@s. Derechos reservados, sus autores.


Tema 1  – Las ciencias ambientales, la sociología y la relación entre medioambiente y sociedad - Nekane Ceballos Aurrekoetxea // Tema 2 - La sociología ecológica o medioambiental  Tomás Javier Prieto González // Tema 3 Sociología, límites y sostenibilidad José Bargallo Rofes // Tema 4 - Cambio social: desarrollo y sustentabilidad Carolina Judith Rabazo Pérez // Tema 5 Cambio social: modernización y medio ambiente  Carlos Catalán Serrano // Tema 6 - Medio ambiente, estructura y conflicto social José Bargallo Rofes // Tema 7 - Percepción social de los problemas medioambientales y cambio cultural – Julia Ortega Tovar

1.    Señale las dos opciones teóricas en torno la mayor o menor vinculación de la incipiente sociología ecológica y la tradición sociológica.

Las opciones teóricas se polarizaron en torno a visiones diferentes sobre la mayor o menor vinculación entre la sociología ecológica y la tradición sociológica, de forma que algunas propuestas se orientaron más hacia una fuerte discontinuidad entre ambas y una aproximación a la biología y otras pusieron más el acento en la continuidad y en la elaboración a partir de la acción social y el conflicto.

2.    Caracterice a la sociología del medio ambiente en su primera fase.

El año 1972 puede ser adecuado como año de referencia, pues en él coincidieron la conferencia de Estocolmo sobre desarrollo y medioambiente y la publicación del primer informe al Club de Roma sobre límites al crecimiento.

  1. En Europa, la problemática medioambiental fue recibida como algo nuevo, difícil de integrar en los enfoques existentes; al final de los años sesenta y al principio de los setenta, casi no existían conceptos, paradigmas o teorías que tuviesen en su centro la relación entre el hombre y su medio ambiente. La naturaleza y el medioambiente eran entonces desconocidos en tanto que objeto de estudio, y el medio ambiente físico en general era una categoría casi olvidada por las ciencias sociales. Fueron menos abundantes las investigaciones con un contenido empírico.
  2. En Estados Unidos la sociología medioambiental se desarrolló al principio a través de estudios empíricos sobre fenómenos de degradación urbana, contaminación en ambiente locales, opinión pública, movimientos sociales o gestión de recursos y de espacios protegidos.
  3. En España se discutieron los criterios desarrollistas de ordenación territorial y expansión económica desde una perspectiva sensible a sus costes ambientales. Se apuntó la convergencia de capitalismo y socialismo, se analizó la posición de los dirigentes económicos y políticos del sector energético, se examinaron la relación entre el ecologismo y la lucha de clases y los problemas planteados por la crisis ecológica a la confianza marxista, se publicaron los primeros estudios sobre el movimiento ecologista y se revisaron los fundamentos de la relación entre sociedad y naturaleza.

En general la primera fase de la sociología ambiental estuvo caracterizada por diferentes intentos de tomar posición, de reaccionar ante los nuevos problemas. La cuestión ambiental le llegó a la sociología desde fuera, que se trataba de algo que no estaba previsto en sus desarrollos modernos.

3. Identifique las tres posiciones principales respecto a la continuidad/discontinuidad entre la nueva subdisciplina (la sociología del medio ambiente) y la tradición sociológica. Preste atención a la argumentación, los conceptos, los ejemplos y a los autores principales de cada una de ellas.

Un núcleo de interés fue entonces el grado de continuidad o discontinuidad con los enfoques sociológicos existentes y, dado que éstos están conectados de muchas maneras con la teoría clásica, la relevancia de ésta para tratar dicha cuestión, puede distinguirse tres tipos de respuesta:
En primer lugar se ha afirmado que existe una ruptura o discontinuidad fundamental entre sociología medioambiental y los diferentes enfoques (funcionalismo, interaccionismo simbólico, etnometodología, teoría del conflicto, marxismo…) que dominaron la sociología en la segunda mitad del siglo XX. Una ruptura expresada en términos de un cambio de paradigma, como conjunto de supuestos preteóricos que conforman una determinada visión del mundo.
Catton y Dunlap asociaron el antropocentrismo con el excepcionalismo de la sociología, y hablaron del paradigma del excepcionalismo humano, para más tarde pasaron a referirse al paradigma del exencionalismo humano. Su idea, es que la conciencia de los límites ecológicos fundamenta una visión alternativa, egocéntrica, en la que los seres humanos son reintegrados al mundo natural del que forman parte, refiriéndose a ella como nuevo paradigma ecológico.
Dunlap se refiere explícitamente a Durkheim y a Weber como precursores de la visión exencionalista.  La regla durkheimiana de que la explicación de un hecho social debe buscarse siempre en otro hecho social y el principio weberiano de que es importante comprender los modos en que la gente define su situación con el fin de comprender sus acciones. Aunque en ambos casos no es concluyente y tiene bastante de circunstancial. El propio Dunlap acepta la posibilidad de que la sociología medioambiental recurra con provecho a esquemas conceptuales y métodos heredados de la tradición sociológica y, al mismo tiempo, destaca la ruptura con algunas de sus visiones y supuestos preteóricos. El (NPE) Nuevo Paradigma Ecológico era y sigue siendo una visión general del mundo que conduce a ver éste de tal modo que la necesidad de la investigación sociológica sobre las cuestiones ambientales se hace obvia; el modo preciso en que se hará esa investigación se verá claramente afectado por la perspectiva teórica específica que se adopte.
Una segunda posición coincide con la anterior en cuanto a la existencia de una discontinuidad muy marcada entre la sociología ecológica y las perspectivas teóricas vigentes en el momento de su aparición. Sin embargo, considera que sí existen precedentes fuera de la corriente principal. Podemos llamar a este punto de vista la hipótesis Guadiana de la sociología medioambiental, dado que la falta de conexión que hay a menudo entre esos precedentes hace inviable aludir a éstos como parte de una tradición o descubrir entre ellos una teoría clásica.
Malthus sería el precursor más indiscutible de la sociología ecológica. Situó la existencia de límites externos, biofísicos, en el centro de su reflexión: la provisión de medios de subsistencia depende de la superficie cultivable (que es finita) y de las características de los suelos. Profecías maltusianas no cumplidas, porque el incremento de la productividad agrícola ha sido muy grande. Un incremento debido a una enorme subvención externa como fertilizantes, que ha convertido a la agricultura moderna en consumidora neta de energía; cada caloría contenida ahora es los alimentos requiere el consumo de más o menos diez calorías de energía fósil. Ideas de Malthaus sobre los límites a la producción de alimentos que no han sido refutadas, y continúan siendo objeto de discusión en la actualidad.
Malthaus fue un ecólogo avanzado a su tiempo, un antropólogo ingenioso, un sociólogo poco sutil y un ideólogo declaradamente antiilustrado, poco amigo del progresismo.
Una tercera posición ha mantenido que hay, aunque escasamente desarrollada, una sociología medioambiental clásica.
La idea durkheimiana de que la división del trabajo mejora la adaptación a su ambiente de las sociedades más densamente pobladas, reduciendo la competencia directa por la apropiación de los recursos y provocando cambios culturales que redefinen y amplían la base de recursos. La abundancia de analogías biológicas y la influencia del evolucionismo de Durkheim.
La idea de Weber de que los factores ambientales aun no siendo determinantes universales, pueden tener una importancia causal en ciertos momentos clave de la historia de cada sociedad. El análisis weberiano del papel histórico de la ética protestante ha inspirado, más o menos directamente, diferentes versiones de la tesis de que una especie de conversión, de naturaleza religiosa, al ecologismo está siendo el motor de los movimientos y cambios sociales que tienden hacia una mayor compatibilidad entre sociedad y naturaleza. Una definición de clase social de inspiración weberiana en términos de oportunidades objetivas de vida ha sido la base para un intento de conceptualización de las clases ambientales como una nueva dimensión de la estructura en las sociedades contemporáneas.
En los últimos años es visible una tendencia a la aproximación mutua entre las tres visiones reseñadas de la relación entre la sociología ecológica y la tradición sociológica.

domingo, 5 de septiembre de 2010

La transición demográfica

Fueron principalmente los economistas como el inglés Thomas Robert Malthus, los que iniciaron el estudio moderno sobre las poblaciones en el siglo XVIII, no sin encontrarse en el siglo siguiente, con las críticas de las teorías socialistas y marxistas, que no aceptaban la relación biologista establecida en la hipótesis de Malthus.
Thomas Robert Malthus
Con las teorías maltusianas y la industrialización en movimiento, se origina un proceso llamado transición demográfica, que es el curso del cambio histórico de las sociedades humanas en el paso de unas características demográficas por las altas tasas de fecundidad y mortalidad, y a otro extremo, en el que ambas tasas son bajas. La transición demográfica atiende a cinco períodos, que los profesores Antonio Lucas Martín y Jesús Romero Moñivas desarrollan como:

1.    Fase Estacionaria alta, en el período preindustrial con tasas de natalidad y mortalidad altas.
2.    Fase Expansión primera, en el período industrial temprano con un descenso de mortalidad por los avances sanitarios pero con alta tasa de natalidad.
3.    Fase de Expansión tardía, moderna o reciente  en el período industrial avanzado con descenso equilibrado de natalidad y mortalidad existiendo una brecha demográfica; la tasa de mortalidad desciende primero y más rápidamente  que la natalidad.
4.    Fase Estacionaria baja, en el período reciente posindustrial con una población estacionaria singularizada por una fecundidad y mortalidad reducida.
5.    Fase de Declive que presentan los países europeos en el que la fecundidad es menor que la mortalidad.

Esta transición responde a la modernización e industrialización de las sociedades y ha constituido casi una triplicación en la duración de la vida humana y una reducción en la cuarta parte de la natalidad, de la dimensión familiar y del envejecimiento de la población. Las desigualdades entre los países radica no sólo en aspectos económicos y tecnológicos sino en tendencias demográficas, evidenciando la preservación de la pobreza en diferentes zonas del mundo y una potente segmentación entre países industrializados ricos con un cero en crecimiento poblacional, y otros países no industrializados y expoliados con una población que no deja de crecer y sin capacidades de sustentación.