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domingo, 6 de enero de 2013

Así cambió la economía el mundo

Artículo de Joaquín Estefanía publicado en El País el 4 de enero de 2013

John Maynard Keynes, uno de los grandes
protagonistas del libro "La gran búsqueda",
en 1940 / TIM GIDAL (GEITY)

Durante las décadas de los años cincuenta y sesenta del siglo pasado se desarrolló una gran polémica, hoy totalmente olvidada, entre economistas de uno y otro lado del océano. Se la denominó la controversia entre los dos Cambridges, pues enfrentó a científicos sociales del Cambridge británico con los del Cambridge de Massachusetts (EE UU). Unos y otros (gente tan importante como Joan Robinson, Paul Samuelson, Robert Solow, Franco Modigliani, Michal Kalecki, Nicholas Kaldor,…) eran keynesianos en una u otra medida pero pasaron años enfrascados en una teoría sobre el capital.

La historia del pensamiento económico es la historia de sus controversias. A través de ellas se ha avanzado en los dos últimos siglos y medio, desde que se considera la Economía como una ciencia social. Un periodo en el que la teoría ha pasado de ocuparse básicamente de lo que no podía hacerse a lo que debe hacerse para mejorar, para llegar a la buena vida de los ciudadanos. La gran búsqueda, de la escritora y periodista estadounidense de origen alemán Sylvia Nasar (editorial Debate) es un fantástico relato de cómo la Economía ha cambiado el modo de vida de los habitantes del planeta, a través de las ideas. Marshall o Keynes, dos de las cimas de ese pensamiento durante el siglo XX, destacaron el papel de la Economía moderna como organón, lo que significa herramienta; más que un conjunto de verdades es un motor de análisis diseñado para alcanzar la verdad, un instrumento que nunca será perfecto sino que requiere continuas mejoras, adaptaciones e innovaciones para ejercer su función.

Keynes, que fue discípulo de Marshall, entendía la economía como “un aparato de la mente” cuyo cometido, como cualquier otra ciencia social, es analizar el mundo y aprovechar al máximo sus posibilidades; un instrumento del conocimiento que permite resolver lo que el genial economista de Cambridge denominó “el problema político de la humanidad”, la combinación de tres principios: la eficiencia económica, la justicia social y la libertad individual.

La escritora y periodista estadounidense
Sylvia Nasar es la autora
de "La gran búsqueda".
Liberales frente a intervencionistas, hayekianos frente a keynesianos, malthusianos frente a quienes no lo eran, marxistas contra liberales e intervencionistas, keynesianosbastardos (de derechas) frente a keynesianos de izquierdas, postkeynesianos frente a partidarios de una síntesis neoclásica y keynesiana, friedmanitas, neoconservadores, partidarios de la regulación, fabianos, socialistas, schumpeterianos… de todos estos debates se salió avanzando. Hay multitud de ejemplos en La gran búsqueda. Por ejemplo, en los años treinta, marcados por la Gran Depresión, a falta de una teoría satisfactoria sobre la crisis, los economistas ingleses se dividieron en dos bandos y preanunciaron la madre de todas las batallas: un grupo partidario de la intervención, liderado por Keynes, y por el llamado Cambridge Circus, en el que estaban algunos de sus discípulos más dilectos que coquetearon con el marxismo como doctrina y con el comunismo como sistema político: Piero Sraffa, Joan Robinson, Richard Kahn (que ha vuelto a la actualidad por una polémica muy actual, que ha emergido del Fondo Monetario Internacional: el papel del multiplicador keynesiano). Es muy curioso cómo Keynes, que era un liberal a la antigua usanza, más cercano a la aristocracia que a la burguesía, que despreciaba al Partido Laborista y ponía a la URSS en el mismo saco que a la Alemania fascista y que odiaba a Stalin, fue tan condescendiente con el izquierdismo marxista de algunos de sus colaboradores. Tendía a ver el fanatismo de los jóvenes economistas simpatizantes con la URSS como una excentricidad inofensiva en fase pasajera. No pensaba que la ideología debiera ser un obstáculo para la amistad o la investigación y, en todo caso, admiraba el idealismo y el valor de estas personas. En 1939 escribió: “En la política de hoy no hay nadie que valga la pena fuera de las filas de los liberales, salvo la generación de comunistas intelectuales de menos de 35 años”. Aunque estuvieran engañados, eran “un material magnífico”, demasiado bueno para no ser aprovechado.

El otro grupo de economistas ingleses, el de los liberales partidarios de la no intervención en la economía (las recesiones se curan solas), estaban relacionados con la London School of Economics, encabezados por Lionel Robbins, molestos por la hegemonía de Cambridge en el pensamiento económico. Robbins, que fichó a Von Hayek para sus filas, quería convertir la London School (fundada y subvencionada por los fabianos, una especie de socialistas utópicos) en “la contrapartida liberal del colectivismo de Cambridge”. La presencia de economistas en uno u otro grupo fue bastante móvil, dependiendo de las circunstancias, aunque los dos jefes de filas fueron Keynes y Hayek.

El primero, alrededor de cuya obra gira casi siempre la toma de posición de los demás, es el astro transversal de La gran búsqueda. Cuando muere su maestro, Alfred Marshall, escribe una necrológica de lo que Keynes considera un buen economista, que sigue vigente hoy. “El gran economista”, escribe Keynes, “debe poseer una rara combinación de dotes (…) Debe ser matemático, historiador, estadista y filósofo (en cierto grado). Debe comprender los símbolos y hablar con palabras corrientes. Debe contemplar lo particular en términos de lo general y tocar lo abstracto y lo concreto con el mismo vuelo de pensamiento. Debe estudiar el presente a la luz del pasado y con vistas al futuro. Ninguna parte de la naturaleza del hombre debe quedar por completo fuera de su consideración. Debe ser simultáneamente desinteresado y utilitario: tan fuera de la realidad y tan incorruptible como un artista, y sin embargo, en algunas ocasiones, tan cerca de la tierra como el político”.

Artículo de Joaquín Estefanía publicado en El País el 4 de enero de 2013


sábado, 2 de junio de 2012

Historia de las Ideas Políticas Resúmenes Parte 50


En la asignatura de Historia de las Ideas Políticas del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED, algun@s compañer@s realizamos un trabajo coral; resúmenes del libro Ideas y Formas Políticas: Del triunfo del Absolutismo a la Posmodernidad, bibliografía básica de esta asignatura. Quiero agradecer el esfuerzo, compromiso y dedicación desplegado por tod@s.  Derechos reservados, sus autores.

José Rodrigo Crespo - Tema 1 El triunfo del absolutismo // Elisa Ruiz Rodríguez - Tema 2 De la Ilustración al Estado Liberal // Alejandro Gessé Ponce - Tema 3 Los fundamentos de la democracia: de Rosseau a la Revolución Francesa // María Hernando García - Tema 4 El idealismo // Tomás Javier Prieto González - Tema 5 Tradicionalismo y Conservadurismo // Mónica Platero - Tema 6 El pensamiento político norteamericano: de los Founding Fathers a la consolidación de la nación americana // Juan José Amate Ruiz - Tema 7 El liberalismo posrevolucionario // Víctor Riesgo Gómez - Tema 8 Utilitarismo y liberalismo en Inglaterra // Pedro Medina Charavía - Tema 9 Del socialismo utópico al anarquismo // Carla Torres Segura - Tema 10 El anarquismo // Antonio Jesús Acevedo Blanco - Tema 11 Karl Marx y el Marxismo // José Bargallo Roges - Tema 12 El nacionalismo en el siglo XXI // Julio Monteagudo Diz – Tema 13 Totalitarismo (I): Fascismo y Nacional-Socialismo // Inocencia González Fernández Tema 14 Totalitarismo (II): El Comunismo Marxista-Leninista // Eva Del Riego Eguiluz – Tema 15 Los Liberalismo de posguerra // Carolina Judith Rabazo Pérez - Tema 16 Políticas del posmodernismo



LA LUCHA POR LA SUCESIÓN DE LENIN

La lucha por la sucesión de Lenin enfrentó dos concepciones distintas del modelo del Estado Soviético. Troski defendía la necesidad de que nuevos Estados abrazasen el socialismo, que no podría sobrevivir en un único Estado ni preparar el camino al comunismo, por lo que defendió la necesidad de la revolución permanente. Stalin defendió el socialismo en un solo país: una Unión Soviética se fuerte para facilitar su acceso al comunismo.

Leon Troski

León Troski
Lev Davidovitch Bronstein “Trotski”. (Ucrania 1879-México 1940) fue miembro del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, colaborador de “Iskra” (La Chispa) y uno de los organizadores del soviet de San Petersburgo en la revolución de 1905, por lo que fue deportado a Siberia. Con su gran oratoria y capacidad de análisis y organización, jugó un papel fundamental en la revolución del 17, apoyando sin matices a Lenin en la insurrección de octubre que llevaría a los bolcheviques al poder. Tras encargarse de negociar la paz con Alemania, organiza el Ejército Rojo para combatir la guerra civil rusa. Tras la muerte de Lenin y su enfrentamiento con Stalin, sería desposeído de todos sus cargos, expulsado del Partido, deportado, obligado a exiliarse y asesinado en 1940.
Trotski desarrollo una amplia labor intelectual,  escribiendo “1905. Resultados y perspectivas” o “Historia de la Revolución Rusa”, entre otros títulos; pero su contribución doctrinal al marxismo llegaría tras la muerte de Lenin, al enfrentarse a las posiciones defendidas por Stalin. En “La revolución permanente” y “La revolución traicionada” realiza sus principales aportaciones teóricas al marxismo-leninismo, defendiendo la revolución internacional y permanente para el triunfo definitivo en todo el mundo. Las teorías de Trotski supusieron una contribución más al desarrollo del marxismo-leninismo aunque, sin posibilidad de aplicación debido a su derrota.
Tras la aprobación de la Constitución de 1936 en un contexto de persecución de todo tipo de disidencia y de purgas internas, Trotski definirá al sistema soviético, en “La revolución traicionada”, como un sistema intermedio que no podía ser calificado como capitalista pero tampoco como socialista ya que ni se habían eliminado las desigualdades sociales ni las clases sociales, sobre todo por la preeminencia de una casta dominante que acaparaba el poder y los recursos.
También aporto su idea de una nueva IV Internacional Comunista, independiente de la Segunda Internacional (socialista) y de la Tercera (comunista bajo control soviético). Considera que es necesario ayudar al proletariado a encontrar el puente entre sus reivindicaciones concretas (programa mínimo) y un programa más ambicioso que conduzca a la revolución socialista (programa máximo).

Iósif Stalin

Stalin
Iosif V. Dzhugashvili “Stalin” (Georgia 1878 – Moscú 1953). Estudió en el seminario de Tiflis, adhiriéndose pronto a los movimientos revolucionarios georgianos. Aunque no desataco como intelectual ni como pensador, de 1917 a 1923 fue Comisario del Pueblo para Asuntos Nacionales y en 1922 fue nombrado Secretario General del Comité Central del Partido Comunista, cargo en principio de importancia menor,  pero donde fue acaparando poder hasta situarse en primer plano coincidiendo con la enfermedad de Lenin. Tras la muerte de este, Stalin se posiciono, junto a Zinoviev y Kamenev, contra Trotski, inicialmente mejor posicionado. En el XV Congreso del Partido Comunista de 1927, consiguió la expulsión de los tres, aliando con el sector más a la derecha del partido, representado por Bujarin y Rikov. Tampoco estos tardarían en caer, consiguiendo concentrar todo el poder del Partido y del Estado en sus manos, extendiendo el terror a las purgas entre los propios miembros del Partido Comunista, dando comienzo a los planes de industrialización y colectivización agraria y alentando la construcción del socialismo en un solo país, la Unión Soviética.
En el texto Constitucional de 1936 se recogieron los principios económicos y sociales (concentración y centralización del poder) del Estado socialista configurado por Stalin: propiedad socialista (estatal o cooperativas) de los bienes de producción, planificación estatal y el principio de  “de cada uno según su capacidad, a cada uno según su trabajo”; sistema de partido único con el Partido Comunista como guía del Estado. Las reformas institucionales supusieron la fusión del Congreso de los Soviets de la URSS y del Comité Ejecutivo Central en el Soviet Supremo de la URSS, acumulando funciones legislativas y ejecutivas. Fue un régimen personalista y de terror, sustentado en la idolatría y las purgas indiscriminadas. La victoria de las tesis de Stalin condiciono la historia del comunismo hasta su práctica desaparición como modelo estatal. El estalinismo no fue una doctrina teórica pero sí una forma política: la aplicación sin límites del poder individual en nombre, eso sí, de la doctrina marxista-leninista, que le dotaba de la legitimidad y argamasa institucional necesarias para su permanencia.
Paradójicamente, el hecho de que la Unión Soviética se encontrase años después entre los países vencedores tras la segunda guerra mundial permitió la expansión de los sistemas comunistas por la Europa bajo ocupación de tropas soviéticas y, como resultado de la competencia con norteamérica, ampliará su esfera de influencia a prácticamente todo el planeta.

LA DERIVA DE LA UNIÓN SOVIÉTICA

Tras la muerte de Stalin en 1953, el periodo conocido como el deshielo trajo consigo una tímida apertura y una pequeña liberalización a medio camino entre el reconocimiento de las atrocidades cometidas y la necesidad de articular cambios indispensables para la supervivencia del propio régimen. Jruschov denuncio el culto a la personalidad y en 1961 anuncio el comienzo de una nueva etapa que incluía la transformación estatal, pasando de la dictadura del proletariado al “Estado de todo el pueblo”. En 1962 comenzó el trabajo para la elaboración de una nueva constitución, frenada tras su caída en 1964. La llegada de Brézsniev dio paso a un período de estancamiento económico, atraso tecnológico, crecimiento del gasto y de las dimensiones del sector militar, y de intensificación de la presencia internacional.
En 1972 se emprendió la elaboración del nuevo texto constitucional, que permitiría su uso como propaganda internacional por la inclusión en ella de los derechos humanos, que la URSS acababa de suscribir. Esta Constitución no cambió mucho la estructura estatal, ni el teórico objetivo final de disolución del Estado, pero sí reconoció un hecho incontrovertible: el Partido Comunista, era la fuerza dirigente y orientadora de la sociedad soviética y el núcleo de su sistema político y de las organizaciones estatales y sociales.
El sistema soviético comenzó a dar señales de crisis en los 70 y más en los 80. En 1982 murió Brézsniev, sustituido por Andrópov y en 1984 por Chernienko. En 1985 fue elegido Secretario General del PCUS Gorbachov, cuando la imparable crisis hacia evidente la necesidad de cambios en el sistema. Fue el periodo conocido como la “perestroika” (reestructuración), que trajo consigo grandes cambios al relajarse la política exterior, liberalizarse la economía y flexibilizarse la política informativa (glásnost). Los siguientes años, conformaron una época de luchas internas de la elite soviética por salvaguardar su posición y por hacerse con el control del poder, en una contienda entre dos grandes proyectos, uno que formalmente apostaba por la democracia y el capitalismo, representado por Boris Yeltsin que pretendía la aceleración de las reformas, y otro de corte conservador dispuesto a todo con tal de preservar los privilegios. Las modificaciones del Estado se reflejaron en continuas reformas constitucionales. En 1988 se dio paso a un nuevo Congreso de Diputados Populares y a unas elecciones en condiciones semidemocráticas. En1990, se creó la figura del Presidente de la Unión Soviética y se acabó con el monopolio político del PCUS. Los cambios agrandaron la distancia entre las posturas intensificando su radicalización. La oscilación de Gorbachov entre un grupo y otro, la presión nacionalista y el empeoramiento de la situación económica termino concitando la oposición a su figura que tuvo su máxima expresión en el golpe de Estado de agosto de 1991, cuyo fracaso acelero vertiginosamente los cambios haciendo inevitable la desaparición de la Unión Soviética en las navidades de ese mismo año.

LOS SISTEMAS COMUNISTAS

La expansión de los Estados socialistas tuvo tres grandes momentos. Uno coincidente con la instauración y consolidación del Estado soviético. Un segundo, entre 1945 y 1948, en el que numerosos países del este de Europa, donde al finalizar la II guerra mundial estaban presentes tropas soviéticas, constituyeron gobiernos dominado por los comunistas. Y un tercero, que coincidiría con la propagación a distintas zonas de África, Asia y América Latina.
En Europa del Este fue un proceso en cadena en la zona de protección ganada por los rusos al IIIº Reich, comenzando por Checoeslovaquia que ya en 1943 firmó un tratado de amistad con la URSS. En los primero años tras la IIª GM harían lo propio otros países, conformando una red de relaciones económicas y diplomáticas que serian el primer paso para la consecución del poder por parte de los comunistas, bien a través de elecciones libres o por otros métodos; y distinguiendo aquellos países que habían formado parte del grupo de vencedores: Polonia, Yugoslavia y Checoslovaquia, y aquellos que habían sido aliados de Alemania, como Rumania, Hungría y Bulgaria. Una vez en el poder, los nuevos Estados socialistas reprodujeron el referente soviético estalinista. La tónica dominante fue marcada por el curso de los acontecimientos en la URSS. Las crisis e intervenciones soviéticas en Hungría y Checoslovaquia dejaban claro que la autonomía de estos países quedaba condicionada por la presencia del Ejército Rojo en sus territorios. Solo la disolución del poder soviético permitió la desaparición del bloque del Este al liberarse estos países de sus ataduras.
Lenin
El tercer momento, el resto de casos se incorporaron al bloque marxista-leninista en un contexto internacional de competencia entre las dos grandes potencias, la “guerra fría”. En un escenario de descolonización de las antiguas colonias europeas, la lucha consistía en conseguir atraer a los nuevos Estados, como Vietnam o Corea hacia uno de los dos grandes modelos. Numerosos movimientos revolucionarios contaron con ayuda económica y militar soviética. Y algunos de esos estados, como Cuba o Corea del Norte, perduraron tras la caída de la URSS.
El caso chino, por sus particulares características, tiene connotaciones diferentes. Aunque sus transformaciones y evolución posterior no han seguido igual camino, su modelo de Estado fue semejante en lo esencial al soviético. El maoísmo, teoría desarrollada por Mao Zedong, máximo dirigente del Partido Comunista de China y fundador de la República Democrática China, reclama parte de la tradición marxista-leninista más ortodoxa. Mao utilizo los planteamientos del marxismo-leninismo pero reservando un papel principal al campesinado en lugar de a la clase obrera. Si para Lenin o Stalin los campesinos eran de poco fiar por su escasa ideologización y menor movilización, además de sus tendencias burguesas propietarias, para Mao eran el motor de la revolución, un potencial movilizador que, bien dirigido por el Partido, permitiría alcanzar el Estado. Su planteamiento de la estrategia política en término de lucha armada y su teoría sobre la guerra de guerrillas hizo de él un referente y modelo para no pocos grupos de terroristas y movimientos guerrilleros de todo el mundo.

viernes, 1 de junio de 2012

Historia de las ideas Políticas resúmenes Parte 49


En la asignatura de Historia de las Ideas Políticas del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED, algun@s compañer@s realizamos un trabajo coral; resúmenes del libro Ideas y Formas Políticas: Del triunfo del Absolutismo a la Posmodernidad, bibliografía básica de esta asignatura. Quiero agradecer el esfuerzo, compromiso y dedicación desplegado por tod@s.  Derechos reservados, sus autores.

José Rodrigo Crespo - Tema 1 El triunfo del absolutismo // Elisa Ruiz Rodríguez - Tema 2 De la Ilustración al Estado Liberal // Alejandro Gessé Ponce - Tema 3 Los fundamentos de la democracia: de Rosseau a la Revolución Francesa // María Hernando García - Tema 4 El idealismo // Tomás Javier Prieto González - Tema 5 Tradicionalismo y Conservadurismo // Mónica Platero - Tema 6 El pensamiento político norteamericano: de los Founding Fathers a la consolidación de la nación americana // Juan José Amate Ruiz - Tema 7 El liberalismo posrevolucionario // Víctor Riesgo Gómez - Tema 8 Utilitarismo y liberalismo en Inglaterra // Pedro Medina Charavía - Tema 9 Del socialismo utópico al anarquismo // Carla Torres Segura - Tema 10 El anarquismo // Antonio Jesús Acevedo Blanco - Tema 11 Karl Marx y el Marxismo // José Bargallo Roges - Tema 12 El nacionalismo en el siglo XXI // Julio Monteagudo Diz – Tema 13 Totalitarismo (I): Fascismo y Nacional-Socialismo // Inocencia González Fernández Tema 14 Totalitarismo (II): El Comunismo Marxista-Leninista // Eva Del Riego Eguiluz – Tema 15 Los Liberalismo de posguerra // Carolina Judith Rabazo Pérez - Tema 16 Políticas del posmodernismo



LA REVOLUCIÓN ¿EN RUSIA?

Engels
La revolución de octubre de 1917 no solo no encajo en el modelo de levantamiento proletario de Marx y Engels, previsto para una potencia industrial, sino que tuvo un carácter específicamente ruso: un país con apariencia de Imperio pero en realidad atrasado, con unas estructuras políticas y estatales rígidas, de espaldas a los movimientos liberales del resto de Europa, un país agrícola en el que pervivían un atraso feudal y una pobreza extrema. Su derrota en la guerra de Crimea (1853-56) obligó a algunas reformas como la abolición de la servidumbre, lo que posibilito la aparición de una mano de obra que tendría gran importancia en el desarrollo industrial posterior. La apertura política se evito por todos los medios, radicalizando más a los pequeños grupos de la oposición revolucionaria, especialmente a anarquistas y marxistas.
Con la industrialización comenzada en 1890, apareció de una clase industrial que reivindico las ideas liberales. De este modo, la revolución de 1905 enfrentó a la anticuada autocracia zarista con dos nuevos grupos: una clase media liberal y una clase trabajadora. 1905 fue la suma de un movimiento reivindicador impulsado por los valedores de las ideas liberales y de una revuelta obrera y campesina. Una serie de concesiones liberales, como la creación de un Parlamento (la Duma), tranquilizaron a la nueva clase urbana, y la formación del primer soviet de diputados de San Petersburgo relajo los ánimos en las clases mas desfavorecidas.
En febrero de 1917, la situación volvió a repetirse, pero acabando en la abdicación del zar. El frente fue doble: Un Gobierno Provisional de corte liberal acabó con el poder de la autocracia y se recupero el soviet de 1905. Regresaron numerosos revolucionarios , como Lenin, que se dedico a analizar la situación y preparar la definitiva revolución. En sus “Tesis de abril” definió los acontecimientos de febrero como una revolución burguesa que daría paso a una revolución socialista. En agosto, estudio y escribió las características de la futura estructura estatal postrevolucionaria. El triunfo de la revolución de octubre supuso la ruptura con el Gobierno liberal y el comienzo del Estado socialista. Un último obstáculo para el definitivo triunfo bolchevique fue la elección de la nueva Asamblea Constituyente en la que, pese a haber encabezado el proceso revolucionario, los seguidores de Lenin apenas consiguieron el 24% de los votos. Ante este contratiempo, Lenin disolvió por la fuerza la Asamblea, dejando expedito el camino al control del poder de los bolcheviques.

LENIN Y LA CONFORMACIÓN DEL MARXISMO-LENINISMO

Vladimir Lenin
La aportación de Lenin al marxismo fue completar las lagunas de Marx y Engels y trasladar a un escenario como el de Rusia los problemas de organización política que el partido podría encontrar. El marxismo-leninismo pondría así las bases del desarrollo de los sistemas políticos comunistas que surgieron durante el siglo XX y perviven en el XXI.
Lenin fue articulando poco a poco, mezclando teoría y acción, su aportación a la historia de las ideas (el marxismo-leninismo) y de las formas políticas (el comunismo). En “¿Qué hacer?” planteo algunas cuestiones fundamentales relacionadas con los objetivos, organización y estrategia de todo el partido revolucionario que pretendiera conseguir el triunfo, definiendo las características y táctica a seguir para llegar a la victoria revolucionaria, pero entendiendo la revolución como un objetivo a corto plazo y no como un horizonte difuso de lucha. Para ello es necesario establecer una estrategia bien organizada y guiada por el partido con mano firme. Al frente del partido, orientando la acción, un pequeño núcleo centralizado de auténticos revolucionarios profesionales y un periódico que organice colectivamente, difunda ideología y propague las actividades realizadas y por realizarse.
Otra aportación decisiva de Lenin fue completar la teoría marxista del Estado: el control del Estado era necesario no sólo para alcanzar el comunismo, sino a corto plazo para acabar con el enemigo. En el “Estado y la revolución” (1917) sentó las bases de lo que debía hacer el Estado tras la revolución: ser instrumento de represión que asegurara el proyecto revolucionario; mantener la organización social; modificar la estructura económica, social y política y preparar la llegada del socialismo y del comunismo.
Según Lenin la supresión del Estado proletario solo es posible por medio de un proceso de “extinción”. Lenin suponía que muchas de las funciones estatales se simplificarían, ya que es más sencillo el control de la minoría por parte de la mayoría. Las funciones de instituciones represivas (ejército, policía, justicia) podrían ser asumidas por otras formas de organización como los soviets (consejos). Lenin dejo clara la necesidad de hacerse con el control del Estado existente para permitir la transición al comunismo. El planteamiento teleológico de la cuestión, que convertía a los escritos de Marx en dogma de fe, evitaba el cuestionamiento de lo que ocurría en Rusia. Los hechos solo interesaban en tanto en cuanto encajaban en el modelo historicista que hacía inevitable el destino final comunista de la sociedad, pero sin aclarar cómo se llegaría a él.
Al referirse a la transición del capitalismo al comunismo, en la quinta parte de El Estado y la revolución, Lenin afirma que bajo el capitalismo hay un Estado en el sentido estricto de la palabra, una maquinaria para la represión de de la mayoría por la minoría; en la transición al comunismo la represión todavía es necesaria, pero ya es la represión de una minoría de explotadores por la mayoría de los explotados; la necesidad de esa maquinaria de represión comienza a desaparecer finalmente: en el comunismo no hay nadie a quien reprimir en el sentido de clase o de una lucha sistemática contra determinada parte de la población. Al suprimirse la explotación, la penuria y la miseria de las masas, los excesos en la infracción de las reglas de convivencia desaparecerán, aunque no sabemos con qué rapidez y gradación, y con ellos, se extinguirá también el Estado.
Lenin antepuso como primera labor la construcción del Estado socialista proletario, se aprobó la creación de la República Soviética Socialista Rusa y comenzó la elaboración de la constitución de junio de 1918 que establecería la dictadura del proletariado urbano y rural y del campesinado pobre como instrumento provisional para establecer progresivamente el socialismo. La articulación de la dictadura del proletariado la realizarían los soviets, institución que permitiría erigir un nuevo tipo de Estado en el que no habría diferencias entre gobernantes y gobernados. La fuente del poder eran los soviets, mientras que su ejercicio correspondía al Congreso de los soviets de Rusia y a  su Comité Ejecutivo Central.
La guerra civil que siguió a la revolución tuvo un gran coste material, humano y político para los bolcheviques. Una vez finalizada la guerra se procedió a organizar el sistema político bajo un principio federal, y se crea la URSS y la nueva constitución del 1924; pero, pese a estas reformas, se avanzo hacia mayores cotas de centralismo político al crearse el Presidium del Comité Ejecutivo Central cuyo presidente en la práctica ejercía de jefe de Estado.