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martes, 13 de mayo de 2014

Resúmenes Sociología del Género Parte 2

En la asignatura Sociología del Género del segundo cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2013/14, formamos un grupo de trabajo algunas/os compañeras/os y elaboramos los siguientes resúmenes de la bibliografía básica de la asignatura. Derechos reservados: sus autores.


1. -Ehrenreich, Barbara y English, Deirdre (1990): Cap. 1: “Introducción”, en Por su propio bien. (150 años de consejos de los expertos), Madrid: Taurus, pp. 11-41. Javier Prieto González // 2. -Durán, María Ángeles (2006): “Las fronteras sociales del siglo XXI”, en Isabel Morant (Dir.), Historia de las mujeres en España y América Latina. Madrid: Cátedra, Volumen IV “Del Siglo XX a los umbrales del XXI”, pp. 465-493. María Dolores Aviles y José Antonio Delgado Guanche // 3. -Giddens, Anthony (2007), “El género”, en Sociología, Madrid: Alianza Universidad, pp. 441-452. Blas García Ruíz // 4. -Marqués, Josep-Vicent (1991): Cap. 1 (extracto): “Androcentrismo, un caso particular de sociocentrismo”, en Josep-Vicent Marqués y Raquel Osborne, Sexualidad y sexismo. Primera parte: Marqués, “Varón y patriarcado”. Madrid: Fundación Universidad-Empresa, pp. 23-27. Lorenzo Vellarino Cordero // 5. -Osborne, Raquel (1997): "Feminismos", Dossier Debate "La igualdad de la mujer", Temas para el Debate, octubre, nº 35, pp. 46-50. Ruth Cardedal Fernández // 6. -Giddens, Anthony (2007): “Walby: la teorización del patriarcado”, “El ´feminismo negro` y “El feminismo postmoderno”, op.cit., pp. 456-459. Javier Hermoso Ruíz // 7. -Osborne, Raquel (1996): "¿Son las mujeres una minoría"?, Isegoría (Revista de Filosofía Moral y Política), monográfico sobre Multiculturalismo, justicia y tolerancia, Madrid, nº 14, octubre, pp. 79-93. Antonia Pineda Vergara y Fernando Pedro Bruna Quintas // 8. -Giddens, Anthony (2007): “Perspectivas teóricas sobre la familia y las relaciones íntimas”, op. cit., pp. 246-256. Julio Monteagudo Diz // 9. -Ferreira, Virginia (1996), “Mujer y trabajo. La división sexual del trabajo en el análisis sociológico: de natural a socialmente construida”, en María Antonia García de León, Félix Ortega y María Luisa García de Cortázar, (comps.), Sociología de las mujeres españolas, Madrid: Ed. Complutense, pp. 93-119. (Selección: pp. 93-111). Antonio Jesús Acevedo Blanco // 10. -Brullet, Cristina (2004): “La maternidad en occidente y sus condiciones de posibilidad en el siglo XXI”, en Ángeles de la Concha y Raquel Osborne (Eds.): Las mujeres y los niños primero (Discursos de la maternidad). Barcelona, Madrid: Icaria y UNED, pp. 201-228. (Selección: pp.213-228). Antonia Florentina López Caballero // 11. -Osborne, Raquel (2005): “Desigualdad y relaciones de género en las organizaciones: diferencias numéricas, acción positiva y paridad”, Política y Sociedad, vol. 42, nº2, 2005, pp. 163-180. María Aurora Sieiro López // 12. -Torres San Miguel, Laura y Antón Fernández, Eva (2005), Violencia de género, Caja España, Obra Social, Colección: Cartilla de Divulgación (Lo que usted debe saber sobre). (Selección: pp. 18-33). Daniela Isabel Lili Pedraza y Mónica Pedraza Darias // 13. -Osborne, Raquel (2009): Cap. 2, “Malos tratos: un problema estructural”, en Osborne, Raquel: Apuntes sobre violencia de género. Barcelona: Bellaterra Edicions, Serie General Universitaria, pp. 83-136.  Mónica Pedraza Darias Tomás Javier Prieto González // 14. -Platero, Raquel (Lucas) (2013): "Introducción. La interseccionalidad como herramienta de estudio de la sexualidad", en Platero, Intersecciones: cuerpos y sexualidades en la encrucijada. Barcelona: Bellaterra, pp. 15-72. (Selección: pp. 23-48). María Isabel García Duran // 15. -Büchner, J. "Notas para la ponencia “Género y globalización" (versión 2004): 20 pp. Cristina Martínez Blanco

La cuestión femenina

La cuestión femenina surgió en el curso de una transformación histórica cuya dimensión no han captado aún del todo las generaciones posteriores. La gente era arrancada de la tierra de repente, por la fuerza, por la presión del hambre y las deudas: muchos acababan desarraigados de la antigua seguridad de la familia, el clan, la parroquia.

Marx y Engels (a quién se suele considerar con más frecuencia como instigadores de desórdenes que como sus cronistas) fueron los primeros en comprender la naturaleza cataclísmica de tales cambios. Un viejo mundo estaba muriéndose y otro nuevo nacía. Han pasado más de 150 años y la polvareda no se ha asentado todavía.

Al otro lado de la revolución industrial quedaba denominamos Antiguo Orden. Los hechos históricos se suceden: hay conquistas, exploraciones, nuevas rutas comerciales. Sin embrago, las vidas de la gente corriente que hace cosas corrientes cambian muy poco y muy lentamente. Sólo aquí, en la vida cotidiana, encontramos las pautas que nos permiten hablar de un “orden”. Destacan en el antiguo orden tres pautas de vida social que son las que le dan coherencia:

  • Siempre hay una minoría cuyas vidas son complejas y sorprendentes. Pero la vida para la gran mayoría de la gente, tiene una unidad y simplicidad que nunca dejará de fascinar al “hombre industrial”
  • La producción (alimentos, ropas, herramientas) tiene lugar en los mismos espacios, cerrados o al aire libre, donde las personas nacen, crecen, se emparejan.
  • La relación familiar no se limita al área de lo emocional, es una relación de trabajo. La vida biológica afecta directamente a las actividades del grupo, tanto en la producción como en el ocio. Los ritos y supersticiones confirman la unidad del cuerpo con la tierra.


No hay todavía una “economía” externa que conecte la suerte de los campesinos con las decisiones de un comerciante en una ciudad lejana. Existen mercados, pero no hay un mercado que dicte las oportunidades y actividades de la gente corriente. El antiguo orden es patriarcal: la autoridad familiar recae en los varones o el varón de más edad. Bajo el dominio paterno, las mujeres no tienen que hacer elecciones complejas ni plantearse preguntas sobre su naturaleza o su destino: la norma consiste simplemente en obedecer.

El orden patriarcal del hogar se extiende al gobierno de la aldea, la iglesia, la nación. El patriarcado del antiguo orden quedaba reforzado por la organización y las creencias en todos los niveles de la sociedad. La autoridad patriarcal intenta justificarse en las mentes de cada uno de sus hijos mediante una religión que gira precisamente alrededor de la figura del padre. El antiguo orden es también, ginocéntrico: las habilidades y el trabajo de las mujeres son indispensables para la supervivencia. La mujer es siempre una subordinada, pero está lejos de ser dependiente y desamparada. No podía existir “cuestión femenina” en el antiguo orden. El trabajo de la mujer estaba cortado a su medida: las líneas de autoridad que debía seguir estaban claras. La cuestión femenina espera a la llegada de la era industrial que, en el espacio de unas cuentas generaciones, tirará por la borda todas las relaciones establecidas y congeladas del antiguo orden. La unidad entre vida biológica y económica, pública u privada, se hará añicos.

La transformación social fundamental, de la que incluso la industrialización fue un correlato y no una causa, fue el triunfo de la economía de mercado. En el antiguo orden la producción se regía por factores naturales. Pero en la economía de mercado, las leyes del intercambio comercial iban a dictar el empleo de esa mano de obra y esos recursos. La mentalidad pueblerina de la producción casera iba a descomponerse para dar paso a una amplia red de interdependencias económicas que uniría las vidas del campesino y el ciudadano, de la gente del norte y la del sur. Sólo en el SXIX, con la industrialización y el desarrollo del capitalismo moderno, empezó el mercado a sustituir a la naturaleza como fuerza rectora de las vidas de la gente corriente: los precios regulan la existencia de manera tan firme como antes lo hacían la lluvia y la temperatura, y parecen igualmente arbitrarios.

Con el triunfo del mercado, los patrones de vida establecidos que definían el antiguo orden se vinieron abajo irrevocablemente. A partir de ese momento, el hogar no iba a ser ya una unidad más o menos autosuficiente, que mantenía a sus miembros unidos en un trabajo común. La vida se iba a dividir en dos esferas bien distintas: una esfera “pública” de trabajo y una “privada”. Las dos se oponen entre sí con arreglo a unos valores fundamentales, y la línea entre ellas está cargada de tensión moral. El mercado desafía a siglos de moral religiosa. El mrecdao que domina el nuevo orden rechaza todas las categorías morales con fría indiferencia. Para que unos obtengas beneficios es necesaria la pobreza de otros.

Frente al mercado, todos los aspectos “humanos” de la persona deben agolparse en la esfera de la vida privada. Sólo en el hogar o, en general, en la vida privada, se puede esperar encontrar el amor, la espontaneidad, los cuidados y la alegría que el mercado rechaza. Para los hombres, que pasan diariamente de una a otra esfera, la vida privada adquiere ahora un atractivo sentimental proporcional a la frialdad e impersonalidad del mundo “exterior”. Simultáneamente, las fuerzas que dividen la vida en “pública” y “privad” ponen en duda el sitio y la función de las mujeres.

Era el fin del orden ginocéntrico. Las tradicionales atribuciones productivas de las mujeres pasaron a las fábricas. Las mujeres de la clase obrera podrían proseguir en el nuevo mundo industrial con su antigua tarea, pero ya no controlarían el proceso de producción. Con el tiempo hasta la actividad femenina por excelencia, la de curar, se convertiría en una mercancía femenina y se introduciría en el mercado. Al mismo tiempo era el fin del dominio del padre. A medida que la producción de los bienes necesarios sale del hogar, los lazos orgánicos que mantenían unida la jerarquía familiar se van soltando. El padre no controla ya los procesos productivos del hogar, ahora es un asalariado, como puede serlo su hija o incluso su esposa. Ahora es la empresa quien aporta “los frutos de la tierra” y organiza el trabajo productivo de la familia.

Estas transformaciones no deben considerarse meros resultados de la revolución industrial. Pasar de una sociedad organizada alrededor de la producción familiar a otra organizada alrededor de la producción familiar a otra organizada en torno a la producción a gran escala, en factorías, de una sociedad regida por las estaciones y el clima a otra gobernada por el mercado. Todo lo “natural” fue derrocado.

Las vidas de las mujeres se vieron envueltas en confusión se vieron envueltas en confusión. En el antiguo orden, las mujeres se habían ganado su supervivencia participando en el trabajo compartido de la familia. Fuera de la casa, sencillamente, , no había forma de ganarse la vida, y para una mujer no había ni vida. Las mujeres nacían, crecían y envejecían dentro del denso recinto humano de la familia.

Pero, con la caída del antiguo orden, se empezaba a vislumbrar algo parecido a una elección, aunque resultaría lejana para la mayoría de las mujeres. Entrar en el mercado como trabajadora podía significar salarios bajos y condiciones miserables de trabajo, soledad e inseguridad, pero también significaba la posibilidad de independizarse del dominio familiar. Desde luego, seguía estando el hogar, una vida dedicada al marido y los niños. Pero ese hogar había quedado muy disminuido pro el alejamiento del trabajo productivo. La lógica del mercado en el SXIX llevaba a algunas feministas a dar una respuesta cínica: que la relación entre una esposa que no trabajaba fuera y el marido que la mantenía no era muy diferente a la protistución.

La caída del antiguo orden había roto el patrón que ligaba a cada mujer aun solo destino incuestionable, y este cambio tuvo un doble impacto: no se podía juzgar simplemente como un adelanto o un retroceso para las mujeres. Las transformaciones fueron contradictorias. El capitalismo industrial liberó a las mujeres de la anacacable rutina del trabajo productivo casero, pero al mismo tiempo les arreba5tó las atribuciones que habían construido su peculiar motivo de dignidad.

Estos cambios (tanto los pasos adelante como los atrás) proporcionaron las bases para el nacimiento de la cuestión femenina. Para las mujeres en general, la cuestión femenina era un problema de experiencia personal inmediata: el conocimiento de las posibilidades se oponían a las prohibiciones, las oportunidades se oponían a las antiguas obligaciones.

sábado, 6 de abril de 2013

Resúmenes Cambio Social I Parte 5


En la asignatura de Cambio Social I del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, algunos compañeros realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria Sociología del cambio social de Piotr Sztompka. Derechos reservados, sus autores.

Capítulo 1 Conceptos fundamentales en el estudio del cambio social. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 2 Vicisitudes de la idea de progreso. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 3 La dimensión temporal de la sociedad: El tiempo social. Víctor Riesgo // Capítulo 4 Modalidades de tradición histórica. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 5 La modernidad y más allá. Víctor Riesgo // Capítulo 6 La globalización de la sociedad humana. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 7 El evolucionismo clásico – Julia Ortega Trovar  // Capítulo 8 El neoevolucionismo - Julia Ortega Trovar // Capítulo 9 Teorías viejas y nuevas de la modernización – Andrea Fuente Fernández // Capítulo 10 Las teorías de los ciclos históricosBlas García Ruiz // Capítulo 11 El materialismo histórico - Blas García Ruiz  //Capítulo 12 Contra el desarrollismo, la crítica moderna Julio Monteagudo Diz // Capítulo 13 La historia como producto humanoGalaaz Vaamonde (9 octubre) // Capítulo 14 La nueva Sociología histórica - Galaaz Vaamonde // Capítulo 15 El devenir socialJesús Sánchez Azañedo // Capítulo 16 Las ideas como fuerzas históricas - Carlos Catalán Serrano // Capítulo 17 El surgimiento de lo normativo – María Purificación Moreno Moreno // Capítulo 18 Los grandes individuos como agentes de cambio social - María Purificación M. Moreno  

El mecanismo de progreso

Hay una variedad igual de puntos de vista acerca del mecanismo del progreso:

1.    Las fuerzas motrices o agencias del progreso: ¿qué empuja los procesos sociales en una dirección progresiva? ¿Cuáles son los agentes sociales que activan el proceso?
2.    Tenemos que considerar la forma o el perfil que toma el proceso: ¿Cuál es la trayectoria del progreso, de acuerdo con qué itinerario se mueve?
3.    Tenemos que examinar el modo de operar de un sistema social que produce progreso: ¿cómo se alcanza el progreso, por qué medios se logra?

Al hablar de la agencia del progreso podemos distinguir tres estadios consecutivos en la historia del pensamiento social:

1.    Los primeros pensadores localizaban la fuerza motriz en el dominio sobrenatural: las deidades, los dioses, la providencia, el destino.
2.    Pensadores posteriores colocaron la agencia en el dominio natural. Esta secularización (naturalización) de la agencia condujo a la consideración del progreso como un despliegue natural e inexorable de potencialidades, que demandaba adaptación o ajuste como la única reacción humana concebible.
3.    Pensadores modernos se inclinan a considerar a los agentes humanos como productores, constructores, del progreso, como algo que ha de alcanzarse, construirse, desarrollarse, y que requiere un esfuerzo creativo, una lucha, una búsqueda, como actitudes humanas apropiadas.

La diferencia más fundamental es la que divide la noción de progreso mecánico, automático de la noción activista de progreso:

1.    Postula una agencia extrahumana. Afirma la necesidad del progreso. El progreso acontece. Estimula una actitud pasiva, de “esperar a ver qué pasa”, adaptativa.
2.    Se concentra en la gente y en sus acciones. Admite la contingencia del progreso, que puede ocurrir. El progreso se consigue. Demanda un compromiso activo, creativo, constructivo.

Una dimensión de la trayectoria de un proceso de uniformidad, su suavidad. El progreso como un movimiento gradual, incrementando poco a poco. Pero hay otra imagen, alternativa, del progreso, como un proceso irregular, que opera a través de súbitos acelerones y congestiones, tras períodos de acumulación cuantitativa, experimentando un movimiento cualitativo hacia un nivel superior. Ésta es la imagen revolucionaria o dialéctica del progreso. La concepción moderna adelantada por Thomas Kuhn afirma que el progreso científico se logra a través de una serie de revoluciones científicas, cambios radicales de una concepción científica dominante, en lugar de mediante el mero incremento de añadidos al mismo cuadro de un dominio determinado. El rechazo de una paradigma anterior y la adopción de uno nuevo abren un período en el cual se produce trabajo acumulativo normal. Entonces es inevitablemente reemplazado por el nuevo paradigma. En la visión marxiana del progreso social y económico, las revoluciones sociales producen un cambio radical, cualitativo de las “formaciones socioeconómicas”. En los largos períodos entre las revoluciones el progreso se afirma a sí mismo de forma lenta, acumulativa, puramente cuantitativa. Los primeros evolucionistas como Comte, Spencer y Durkheim parecen ser de la primera opinión, lineal. Si tomamos a Karl Marx encontramos una imagen completamente diferente. Dentro de cada formación socioeconómica observamos regresiones regulares, sistemáticas. La revolución significa un salto progresivo de primera magnitud, pero entonces ese mismo proceso de regresión interna y de decadencia comienza de nuevo dentro de una nueva formación socioeconómica. A largo plazo, la trayectoria de la historia es progresiva; a corto plazo incorpora fases transitorias de regresión.

Si consideramos la manera de funcionar del sistema social que da lugar al progreso, aparece otro par de imágenes opuestas:

·      Una imagen enfatiza el despliegue “pacífico”, armonioso de potencialidades progresivas.
·      Se centra en las tensiones internas, en los torcimientos, contradicciones y conflictos, cuya resolución mueve al sistema en la dirección progresiva.

El tema de la lucha entre fuerzas opuestas del bien y del mal, ya está presente en la dicotomía de san Agustín, entre la Ciudad del Hombre y la Ciudad de Dios. En el periodo moderno es característica de la dialéctica de Hegel y Marx. La encontramos en el darwinismo; de la lucha por la existencia y la supervivencia de los mejor adaptados y de la progresiva evolución de las especies. También está presente en el psicoanálisis freudiano, que afirma la tensión permanente entre el “id” y el “superego” dentro de la personalidad humana, y entre la naturaleza y la cultura en el mundo extrapersonal, exterior.

El derrumbe de la idea de progreso

La idea de progreso parece haber entrado en declive durante el SXX; el siglo “espantoso”. Es un siglo que ha sido testigo del holocausto nazi y de los gulags de Stalin, de dos guerras mundiales, de más de 100 millones de asesinatos en conflictos locales y globales, de la tensión del desempleo y la pobreza, de hambres y epidemias, de la adicción a la droga y al crimen, de la destrucción ecológica y el agotamiento de recursos, de tiranías y dictaduras de toda laya desde el fascismo al comunismo, y por último pero no por ello menos importante, de las omnipresentes posibilidades de aniquilación nuclear y de catástrofe ambiental global. No sorprende que se haya extendido la desilusión y el desencanto con la idea de progreso. El progreso es una noción reflexiva: interactúa con la realidad social, florece en los períodos de progreso observable, decae en los periodos en los que el progreso real se vueve controvertido.

Robert Nisbet ha desvelado las principales premisas de la idea de progreso, y afirma que todas ellas son atacadas por el pensamiento contemporáneo. Durante años ha existido la convicción de la superioridad de la civilización occidental, recientemente hemos observado el “desplazamiento de Occidente”. Nisbet encuentra sus síntomas:

1.    En la extensión del irracionalismo, el renacimiento del misticismo, la rebelión contra la razón y contra a ciencia.
2.    En el subjetivismo y en el narcisismo egotista típico de la cultura de consumo.
3.    En el pesimismo reinante, en la imagen dominante de degeneración, de deterioro, de decadencia.

Otra premisa que subyace a la idea de progreso era la afirmación de un crecimiento sin límites de la economía y de la tecnología, la ilimitada expansión de los poderes humanos. La repetida idea de los “límites del crecimiento”, las barreras de la expansión. La siguiente permisa proclamaba la fe en la razón y en la ciencia como las únicas fuentes de conocimiento válido y aplicable. En su lugar observamos tanto el ataque a la ciencia, en nombre del relativismo epistemológico, y el ataque a la razón en nombre de la emoción, la intuición y la cognición extraempírica así como del irracionalismo absoluto. El concepto de progreso en sus versiones secularizadas modernas estaba enraizado en la “creencia en la importancia intrínseca, en el inefable valor de la vida sobre la tierra” (Nisbet). En su lugar, en la sociedad moderna, la cultura de consumo reinante con su énfasis en el tiempo libre y ene le placer hedonista, parece agotar su potencial de gratificación y movilización y aparecen el “hastío del aburrimiento”, el sentimiento de sinsentido, la experiencia de la anomia o de la alienación.

Dos premisas más a la lista de Nisbet el utopismo: la articulación de imágenes generales idealizadas de la mejor sociedad, de la sociedad deseada. Ahora estamos siendo testigos de un clima antiutópico, por ejemplo con la caída del sistema comunista, el último de los intentos fallidos de realizar una visión utópica en el mundo. Lo que queda es la incertidumbre e impredecibilidad del futuro, visto como contingente, abierto a la fortuna y a desarrollos fortuitos. No hay proyecto orientado hacia el futuro capaz de atrapar la imaginación humana y movilizar la acción colectiva. No hay una visión de un mundo mejor; en su lugar tenemos tanto profecías catastróficas o simples extrapolaciones de las tendencias presentes. No hay un programa de mejoramiento socia, no hay líneas maestras sobre cómo escapar a los problemas contemporáneos. No sorprende que la gente olvide su futuro y adopte actitudes presentistas, enfocadas a la gratificación inmediata, de breve horizonte temporal y de existencia meramente cotidiana.

El concepto de progreso ha sido reemplazado por el concepto de crisis como lema del SXX. Dominan las visiones pesimistas de las realidades sociales. La gente llega a acostumbrarse a pensar en términos de crisis económicas, políticas o culturales recurrentes o endémicas. Como dice John Holton: “El pensamiento social contemporáneo ha llegado a estar dominado, si no obsesionado, por la idea de la crisis”. Estamos siendo testigos de una curiosa “normalización de la crisis”. Este concepto deriva en su origen del teatro, o de la medicina, donde significaba el cruce de caminos, los puntos de bifurcación, los momentos en los que la intensificación de un proceso requiere alguna resolución, tanto del tipo positivo (la cicatrización del paciente), o de tipo negativo (la muerte). Por tanto la crisis es temporal, y conduce tanto a la mejora como al desastre. En contraste con ese significado, la gente es capaz de concebir la crisis social como crónica, endémica, y no vislumbrar su eliminación futura.

El derrumbe de la noción de progreso, y su reemplazo por la idea de la crisis crónica, da un clima intelectual y una ambiente popular en el que la “experiencia social es cada vez menos parte de una épica, y cada vez más parte de una comedia… Uno de los síntomas más llamativos de esta época de chácara sobre la crisis, y de normalización de la crisis es la ruptura de as narrativas optimistas del cambio social y de la evolución histórica”.

¿Significa esto que el progreso ha muerto?. La idea de progreso es demasiado importante para el pensamiento humano, demasiado fundamental para e alivio de las tensiones e incertidumbres existenciales como para eliminarla por las buenas. Está sufriendo un colapso temporal, pero tarde o temprano recuperará su sitio en la imaginación humana, Pero para salvaguardar la continuación de su viabilidad, necesita ser revisada y reformulada, purificada de algunas premisas anticuadas y confundentes. Una dirección posible de tal tarea será sugerida en la discusión que sigue, final, sobre el progreso.

miércoles, 17 de octubre de 2012

La crisis de la socialdemocracia: ¿qué crisis?

Artículo publicado en eldiario.es el 13 de octubre. Ignacio Urquizu


Ignacio Urquizu, profesor de sociología en la Universidad Complutense y colaborador de eldiario.es, publica en la Editorial Catarata, el libro 'La crisis de la socialdemocracia: ¿qué crisis?'. Esta es la introducción del libro.

Es difícil saber en qué momento se comenzó a hablar en los últimos años sobre la crisis de la socialdemocracia. Para algunos, el punto de partida es la publicación del libro de Tony Judt, Algo va mal, que recoge una conferencia pronunciada por el autor en 2009. Este ensayo ha tenido un gran impacto en el debate público actual. En cada una de sus páginas denuncia los modelos social, económico y político que nos han llevado a la situación que vivimos estos días. Al final del texto invita a las actuales generaciones a luchar por aquellos ideales que siempre habían iluminado a la socialdemocracia. Se trata, por lo tanto, de recuperar unos valores que la izquierda parece haber perdido.
Otros, en cambio, situarán el punto de partida de la supuesta crisis de la izquierda en las elecciones europeas de 2009. Los resultados electorales pusieron de manifiesto que la socialdemocracia tenía un problema. No solo el Partido Popular Europeo superó en 14 puntos porcentuales y 103 escaños al Partido Socialista Europeo, sino que además "de los nueve Gobiernos progresistas, ocho sufrieron una derrota en las urnas –88,9 por ciento–, mientras que entre los 18 conservadores solo cinco [fueron] superados por la oposición –27,7 por ciento– "(Urquizu, 2009: 55). Por lo tanto, la derrota electoral sufrida por la izquierda europea fue muy dura.
Sea cual sea el punto de partida de este debate, lo cierto es que en los últimos años la crisis de la socialdemocracia se ha convertido en un argumento muy repetido en numerosos foros. Pero si echamos la vista atrás, la verdad es que no es la primera vez que se habla de ella. De hecho, si hay una constante a lo largo de la historia de la izquierda, es su capacidad para hacerse autocríticas muy severas.
En 1875, en el Congreso de Gotha, la Asociación General de Trabajadores alemanes, dirigidos por Ferdinand Lassalle, se unió con los marxistas del Partido Obrero Socialdemócrata, creando el Partido Obrero Socialista de Alemania. Una vez que Karl Marx tuvo conocimiento de los principios ideológicos acordados, se dirigió de esta forma a sus compañeros: "tengo el deber de no reconocer, ni siquiera mediante el silencio diplomático, un programa que es, en mi convicción, absolutamente inadmisible y desmoralizador para el partido" (Marx y Engels, 2004: 21). Engels no tenía mejores palabras para sus compañeros. En una carta dirigida a August Bebel decía: "habría que criticar casi cada palabra de este programa, redactado además sin jugo ni brío. Hasta tal punto que, caso de ser aprobado, Marx y yo jamás podríamos militar en el nuevo partido erigido sobre esta base y tendríamos que meditar seriamente qué actitud habríamos de adoptar frente a él, incluso públicamente [...] yo estoy convencido de que la unión hecha sobre esta base no durará ni un año" (Marx y Engles, 2004: 52-53). Si se revisa la correspondencia de Marx y Engels en aquellos años, se observa la dureza con la que se critican los programas ideológicos de la socialdemocracia alemana. Hay un argumento que se repite constantemente en sus textos: el principal partido de la clase obrera que hay en esos momentos en Europa ha abandonado la idea original del marxismo.
Años más tarde, en 1916, Rosa Luxemburgo escribe un ensayo que lleva por nombre La crisis de la socialdemocracia. ¿Qué origina esta crisis para la autora? El 4 de agosto de 1914 el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) aprueba los créditos especiales para la Primera Guerra Mundial. Para los defensores de los principios fundadores de la izquierda, esta decisión era una traición: se abandonaba el internacionalismo del movimiento obrero, dando prioridad a los intereses nacionales de la burguesía. Rosa Luxemburgo lo resumía así:
"Hasta en las cuestiones de la lucha contra el militarismo y la guerra siempre era decisiva la opinión de la socialdemocracia alemana. "Para nosotros, alemanes, esto es inaceptable", esto bastaba, por lo general, para determinar la orientación de la Internacional [...] ¿Y qué presenciamos en Alemania cuando llegó la gran prueba histórica? La caída más profunda, del desmoronamiento más gigantesco. En ninguna parte la organización del proletariado se ha puesto tan completamente al servicio del imperialismo, en ninguna parte se soporta con menos oposición el estado de sitio, en ninguna parte está la prensa tan amordazada, la opinión pública tan sofocada y la lucha de clases, económica y política de la clase obrera, tan abandonada como en Alemania" (Rosa Luxemburgo, 2006: 10-11).
Pero no es necesario remontarse a tiempos tan lejanos para encontrar continuos debates sobre por qué la izquierda abandona sus principios fundacionales. En 1979, los laboristas británicos abandonaron el Gobierno tras el invierno del descontento. Las bases de apoyo de la izquierda británica cuestionaban duramente la política económica seguida por el ejecutivo laborista de James Callaghan, convocando numerosas huelgas. El resultado fue la victoria conservadora de Margaret Thatcher y 18 años de oposición. La izquierda británica recuperó el poder en 1997 de la mano de Tony Blair.
Por aquellas fechas, una suerte parecida corrió el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD). La dimisión de Helmut Schmidt en 1982 fue recibida por parte de su partido con alivio. Las políticas de ajuste que tuvo que adoptar el producto del enorme aumento del déficit no fueron bien recibidas por una parte del SPD. De nuevo, el resultado final fue 16 años de oposición y la vuelta al Gobierno bajo el liderazgo de Gerhard Schröder.
En ambos casos, las travesías en el desierto se interpretaron como la oportunidad de recuperar las esencias del socialismo. Pero, paradójicamente, tanto laboristas británicos como socialdemócratas alemanes acabaron en brazos de dos proyectos políticos de escaso contenido ideológico: la Tercera Vía y el Nuevo Centro.
En definitiva, cuando uno echa la mirada atrás, observa en la historia de la izquierda un continuo debate sobre la recuperación de las esencias y la renovación de las ideas. Hay ocasiones en las que a esta discusión se le llama crisis, pero no deja de ser un debate ideológico. Es decir, si algo define a los principios programáticos de la socialdemocracia es su capacidad de adaptarse a las circunstancias. Para algunos, esta adaptación era una traición, para otros, una modernización. Pero, al margen de opiniones y valoraciones, nos podemos preguntar: ¿por qué la izquierda cambia? O ¿por qué hay diferencias entre los distintos partidos socialdemócratas? Quizá, si entendemos el cambio de las ideas, podamos huir de algunos conceptos como crisis o refundación.
El objetivo de este libro es analizar estas cuestiones. Para ello, se estudiará cómo la izquierda ha cambiado sus propuestas programáticas a lo largo del siglo XX y comienzos del XXI, prestando especial atención a los factores que explican estos cambios. Pero este texto se aleja completamente de dos enfoques muy frecuentes en la literatura: una visión normativa y la perspectiva histórica. En cambio, se abordará la principal cuestión del libro desde la teoría política positiva.
Los textos normativos hacen especial énfasis en cómo debería ser el mundo, estableciendo juicios de valor. Por su lado, las obras históricas abordan el relato de los acontecimientos, sin entrar a construir teorías que los expliquen. La teoría política positiva, en cambio, estudia un acontecimiento prestando especial atención a las decisiones de sus protagonistas dentro de un marco institucional (Alt y Shepsle, 1990). Por lo tanto, en las explicaciones que se elaboren en esta obra habrá dos partes fundamentes: los actores y las instituciones.
Esto no significa que los acontecimientos históricos no sean relevantes. De hecho, la presentación de datos que corroboren muchas de las ideas que aquí se desarrollarán, será fundamental. Pero es una visión distinta a muchos de los trabajos que podemos encontrar sobre socialdemocracia.
La estructura del libro es la siguiente. En el primer capítulo, analizaré la evolución ideológica de la izquierda en su conjunto, prestando atención a su moderación a lo largo de los años. Partiendo de los trabajos ya existentes, veremos dos cosas. Por un lado, hasta qué punto es cierto que la izquierda es más moderada que hace 60 años y, por otro, qué factores explican este viaje hacia el centro ideológico.
El capítulo siguiente se centrará en su dimensión más económica. Cómo ha cambiado el programa económico de la socialdemocracia y qué explica estos cambios serán algunas de las cuestiones que se analizarán. Y, finalmente, el capítulo tercero responderá a preguntas muy similares, pero en este caso relacionados con el Estado del bienestar.
En definitiva, se trata de abordar la evolución programática de la izquierda tanto desde una visión muy general como desde dos de sus cuestiones más relevantes: las propuestas económicas y su visión del bienestar. Seguramente, algún lector eche de menos otras materias relevantes de la socialdemocracia, como pueden ser sus propuestas sobre la democracia o sobre las relaciones internacionales. Puesto que uno de los objetivos prioritarios es poder realizar un análisis empírico de la evolución ideológica de la izquierda, los datos que aquí se van a utilizar, lamentablemente, no incluyen indicadores sobre estas cuestiones. Por ello, se queda para trabajos posteriores analizar este tipo de cuestiones.

Artículo publicado en eldiario.es el 13 de octubre. Ignacio Urquizu



lunes, 16 de julio de 2012

Teoría Sociológica II: Moderna Resúmenes parte 21


En la asignatura de Teoría Sociológica II: Moderna del segundo cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED, algun@s compañer@s realizamos un trabajo coral; resúmenes del libroTeoría sociológica moderna de George Ritzer, bibliografía básica de esta asignatura. Quiero agradecer el esfuerzo, compromiso y dedicación desplegado por tod@s. Derechos reservados, sus autores.

Tema 1 Un esbozo histórico de la teoría sociológica: Los años posteriores– Tomás Javier Prieto González // Tema 2 T. Parsons- Ruth Cardedal Fernández // Tema 3 Funcionalismo Estructural, Neofuncionalismo y Teoría del Conflicto- Carolina Judith Rabazo Pérez // Tema 4 Variedades de la Teoría Marxiana– Carlos Catalán Serrano // Tema 5 Teoría de sistemas– Víctor Riesgo Gómez // Tema 6 Interaccionismo Simbólico – Isabel Bermúdez Pérez // Tema 7 Etnometodología- María de los Ángeles de Diego Miravet // Tema 8 Teorías del Intercambio, de Redes y de la Elección Racional - Yolanda Diez Suárez



En este capítulo se analizan varias teorías, reflexiones sobre las ideas de Marx. Pese a ser derivadas de la teoría Marxiana, hay muchas e importantes diferencias entre las mismas.

DETERMINISMO ECONÓMICO

Karl Marx
Marx otorgaba mucha importancia al sector económico, sobretodo en la sociedad capitalista, y en muchas de sus obras puede parecer un determinista económico.
Como pensador dialéctico, no podía adoptar una postura determinista porque la dialéctica se caracteriza por la noción de la existencia de un proceso retroactivo continuo y una interacción mutua entre los distintos sectores de la sociedad (política, religión, sistemas de ideas, etc.).
Los deterministas marxistas que comulgaban con el determinismo económico veían la caída del capitalismo como algo inevitable. Confiaban en que el marxismo era capaz de producir una teoría científica para tal desmoronamiento. La tarea del determinista económico era descubrir cómo funcionaban los procesos  y estructuras capitalistas.

Friederich Engels (colaborador y benefactor de Marx) fue precursor de esta interpretación de la teoría marxiana, al igual que otros pensadores como Karl Kaustsky y Eduard Bernsteien (Ver cita de Kaustky, pág.166 del manual).
Ideas como la de Kaustky, muestran cómo el determinismo económico no era fiel a la teoría de Marx, destruyendo la dialéctica al considerar irrelevante el pensamiento y la acción individual.
Está claro que, dado el deseo de Marx de integrar teoría y práctica, una perspectiva que ignora la acción e incluso la reduce a la insignificancia no se encuadra en la tradición de su pensamiento.

MARXISMO HEGELIANO

A resultas de las críticas analizadas en el punto anterior, el determinismo económico empezó a perder importancia, y se empezaron a desarrollar otras variedades de la teoría de Marx.
Un grupo de marxista regresó a las raíces Hegelianas en busca de una orientación más subjetiva de la vida social. Los primeros marxistas hegelianos intentaron restaurar la dialéctica entre los aspectos objetivos y subjetivos de la vida social. Se sentaron las bases para el posterior desarrollo de la teoría crítica, que terminó por centrarse casi exclusivamente en los factores subjetivos.

Georg Lukács
La principal aportación de Luckács a la teoría marxiana es su trabajo sobre dos principales ideas: la reificación y la conciencia de clase.

Reificación
Georg Luckas
Lukács no rechaza totalmente el trabajo de los marxistas económicos. Su interés era simplemente ampliar y extender las ideas de éstos.
Partió del concepto marxiano de mercancías y fetichismo de mercancías ( proceso por el que los actores otorgan a las mercancías y al mercado creado por ellas una existencia objetiva e independiente).
La diferencia crucial entre fetichismo de mercancías y reificación se encuentra en el alcance de éstos. La reificación se refiere  a toda la sociedad (estado, derecho y sector económico) mientras que el fetichismo se inscribe en la institución económica. (ver cita de Lukács p.168).

Conciencia de clase y falsa conciencia
La conciencia de clase hace referencia al sistema de creencias compartidas por los que ocupan la misma posición de clase en la sociedad (no es ni la suma ni el promedio de las individuales, es una característica de grupo).
El concepto de conciencia de clase implica necesariamente, almenos en el capitalismo, una condición previa de falsa conciencia. La conciencia de clase implica una inconsciencia condicionada por la clase de la propia condición económica y sociohistórica. ( por ejemplo, la no noción de la sobreexplotación natural en el capitalismo por parte del proletariado).
La capacidad para desarrollar la conciencia de clase caracteriza sobretodo a las sociedades capitalistas. En las sociedades precapitalistas varios factores impidieron el desarrollo de la conciencia de clase.
Aunque enmarcada en la tradición marxiana, Lukács produjo una rica teoría sociológica. Le preocupaba la relación dialéctica entre las estructuras del capitalismo, los sistemas de ideas, el pensamiento individual y, en última instancia, la acción individual. Su perspectiva teórica vincula de modo significativo a los deterministas económicos y a los marxistas más modernos.

viernes, 1 de junio de 2012

Historia de las ideas Políticas resúmenes Parte 49


En la asignatura de Historia de las Ideas Políticas del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED, algun@s compañer@s realizamos un trabajo coral; resúmenes del libro Ideas y Formas Políticas: Del triunfo del Absolutismo a la Posmodernidad, bibliografía básica de esta asignatura. Quiero agradecer el esfuerzo, compromiso y dedicación desplegado por tod@s.  Derechos reservados, sus autores.

José Rodrigo Crespo - Tema 1 El triunfo del absolutismo // Elisa Ruiz Rodríguez - Tema 2 De la Ilustración al Estado Liberal // Alejandro Gessé Ponce - Tema 3 Los fundamentos de la democracia: de Rosseau a la Revolución Francesa // María Hernando García - Tema 4 El idealismo // Tomás Javier Prieto González - Tema 5 Tradicionalismo y Conservadurismo // Mónica Platero - Tema 6 El pensamiento político norteamericano: de los Founding Fathers a la consolidación de la nación americana // Juan José Amate Ruiz - Tema 7 El liberalismo posrevolucionario // Víctor Riesgo Gómez - Tema 8 Utilitarismo y liberalismo en Inglaterra // Pedro Medina Charavía - Tema 9 Del socialismo utópico al anarquismo // Carla Torres Segura - Tema 10 El anarquismo // Antonio Jesús Acevedo Blanco - Tema 11 Karl Marx y el Marxismo // José Bargallo Roges - Tema 12 El nacionalismo en el siglo XXI // Julio Monteagudo Diz – Tema 13 Totalitarismo (I): Fascismo y Nacional-Socialismo // Inocencia González Fernández Tema 14 Totalitarismo (II): El Comunismo Marxista-Leninista // Eva Del Riego Eguiluz – Tema 15 Los Liberalismo de posguerra // Carolina Judith Rabazo Pérez - Tema 16 Políticas del posmodernismo



LA REVOLUCIÓN ¿EN RUSIA?

Engels
La revolución de octubre de 1917 no solo no encajo en el modelo de levantamiento proletario de Marx y Engels, previsto para una potencia industrial, sino que tuvo un carácter específicamente ruso: un país con apariencia de Imperio pero en realidad atrasado, con unas estructuras políticas y estatales rígidas, de espaldas a los movimientos liberales del resto de Europa, un país agrícola en el que pervivían un atraso feudal y una pobreza extrema. Su derrota en la guerra de Crimea (1853-56) obligó a algunas reformas como la abolición de la servidumbre, lo que posibilito la aparición de una mano de obra que tendría gran importancia en el desarrollo industrial posterior. La apertura política se evito por todos los medios, radicalizando más a los pequeños grupos de la oposición revolucionaria, especialmente a anarquistas y marxistas.
Con la industrialización comenzada en 1890, apareció de una clase industrial que reivindico las ideas liberales. De este modo, la revolución de 1905 enfrentó a la anticuada autocracia zarista con dos nuevos grupos: una clase media liberal y una clase trabajadora. 1905 fue la suma de un movimiento reivindicador impulsado por los valedores de las ideas liberales y de una revuelta obrera y campesina. Una serie de concesiones liberales, como la creación de un Parlamento (la Duma), tranquilizaron a la nueva clase urbana, y la formación del primer soviet de diputados de San Petersburgo relajo los ánimos en las clases mas desfavorecidas.
En febrero de 1917, la situación volvió a repetirse, pero acabando en la abdicación del zar. El frente fue doble: Un Gobierno Provisional de corte liberal acabó con el poder de la autocracia y se recupero el soviet de 1905. Regresaron numerosos revolucionarios , como Lenin, que se dedico a analizar la situación y preparar la definitiva revolución. En sus “Tesis de abril” definió los acontecimientos de febrero como una revolución burguesa que daría paso a una revolución socialista. En agosto, estudio y escribió las características de la futura estructura estatal postrevolucionaria. El triunfo de la revolución de octubre supuso la ruptura con el Gobierno liberal y el comienzo del Estado socialista. Un último obstáculo para el definitivo triunfo bolchevique fue la elección de la nueva Asamblea Constituyente en la que, pese a haber encabezado el proceso revolucionario, los seguidores de Lenin apenas consiguieron el 24% de los votos. Ante este contratiempo, Lenin disolvió por la fuerza la Asamblea, dejando expedito el camino al control del poder de los bolcheviques.

LENIN Y LA CONFORMACIÓN DEL MARXISMO-LENINISMO

Vladimir Lenin
La aportación de Lenin al marxismo fue completar las lagunas de Marx y Engels y trasladar a un escenario como el de Rusia los problemas de organización política que el partido podría encontrar. El marxismo-leninismo pondría así las bases del desarrollo de los sistemas políticos comunistas que surgieron durante el siglo XX y perviven en el XXI.
Lenin fue articulando poco a poco, mezclando teoría y acción, su aportación a la historia de las ideas (el marxismo-leninismo) y de las formas políticas (el comunismo). En “¿Qué hacer?” planteo algunas cuestiones fundamentales relacionadas con los objetivos, organización y estrategia de todo el partido revolucionario que pretendiera conseguir el triunfo, definiendo las características y táctica a seguir para llegar a la victoria revolucionaria, pero entendiendo la revolución como un objetivo a corto plazo y no como un horizonte difuso de lucha. Para ello es necesario establecer una estrategia bien organizada y guiada por el partido con mano firme. Al frente del partido, orientando la acción, un pequeño núcleo centralizado de auténticos revolucionarios profesionales y un periódico que organice colectivamente, difunda ideología y propague las actividades realizadas y por realizarse.
Otra aportación decisiva de Lenin fue completar la teoría marxista del Estado: el control del Estado era necesario no sólo para alcanzar el comunismo, sino a corto plazo para acabar con el enemigo. En el “Estado y la revolución” (1917) sentó las bases de lo que debía hacer el Estado tras la revolución: ser instrumento de represión que asegurara el proyecto revolucionario; mantener la organización social; modificar la estructura económica, social y política y preparar la llegada del socialismo y del comunismo.
Según Lenin la supresión del Estado proletario solo es posible por medio de un proceso de “extinción”. Lenin suponía que muchas de las funciones estatales se simplificarían, ya que es más sencillo el control de la minoría por parte de la mayoría. Las funciones de instituciones represivas (ejército, policía, justicia) podrían ser asumidas por otras formas de organización como los soviets (consejos). Lenin dejo clara la necesidad de hacerse con el control del Estado existente para permitir la transición al comunismo. El planteamiento teleológico de la cuestión, que convertía a los escritos de Marx en dogma de fe, evitaba el cuestionamiento de lo que ocurría en Rusia. Los hechos solo interesaban en tanto en cuanto encajaban en el modelo historicista que hacía inevitable el destino final comunista de la sociedad, pero sin aclarar cómo se llegaría a él.
Al referirse a la transición del capitalismo al comunismo, en la quinta parte de El Estado y la revolución, Lenin afirma que bajo el capitalismo hay un Estado en el sentido estricto de la palabra, una maquinaria para la represión de de la mayoría por la minoría; en la transición al comunismo la represión todavía es necesaria, pero ya es la represión de una minoría de explotadores por la mayoría de los explotados; la necesidad de esa maquinaria de represión comienza a desaparecer finalmente: en el comunismo no hay nadie a quien reprimir en el sentido de clase o de una lucha sistemática contra determinada parte de la población. Al suprimirse la explotación, la penuria y la miseria de las masas, los excesos en la infracción de las reglas de convivencia desaparecerán, aunque no sabemos con qué rapidez y gradación, y con ellos, se extinguirá también el Estado.
Lenin antepuso como primera labor la construcción del Estado socialista proletario, se aprobó la creación de la República Soviética Socialista Rusa y comenzó la elaboración de la constitución de junio de 1918 que establecería la dictadura del proletariado urbano y rural y del campesinado pobre como instrumento provisional para establecer progresivamente el socialismo. La articulación de la dictadura del proletariado la realizarían los soviets, institución que permitiría erigir un nuevo tipo de Estado en el que no habría diferencias entre gobernantes y gobernados. La fuente del poder eran los soviets, mientras que su ejercicio correspondía al Congreso de los soviets de Rusia y a  su Comité Ejecutivo Central.
La guerra civil que siguió a la revolución tuvo un gran coste material, humano y político para los bolcheviques. Una vez finalizada la guerra se procedió a organizar el sistema político bajo un principio federal, y se crea la URSS y la nueva constitución del 1924; pero, pese a estas reformas, se avanzo hacia mayores cotas de centralismo político al crearse el Presidium del Comité Ejecutivo Central cuyo presidente en la práctica ejercía de jefe de Estado. 

martes, 15 de mayo de 2012

Historia de las Ideas Poíticas Resúmenes Parte 38


En la asignatura de Historia de las Ideas Políticas del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED, algun@s compañer@s realizamos un trabajo coral; resúmenes del libro Ideas y Formas Políticas: Del triunfo del Absolutismo a la Posmodernidad, bibliografía básica de esta asignatura. Quiero agradecer el esfuerzo, compromiso y dedicación desplegado por tod@s.  Derechos reservados, sus autores.

José Rodrigo Crespo - Tema 1 El triunfo del absolutismo // Elisa Ruiz Rodríguez - Tema 2 De la Ilustración al Estado Liberal // Alejandro Gessé Ponce - Tema 3 Los fundamentos de la democracia: de Rosseau a la Revolución Francesa // María Hernando García - Tema 4 El idealismo // Tomás Javier Prieto González - Tema 5 Tradicionalismo y Conservadurismo // Mónica Platero - Tema 6 El pensamiento político norteamericano: de los Founding Fathers a la consolidación de la nación americana // Juan José Amate Ruiz - Tema 7 El liberalismo posrevolucionario // Víctor Riesgo Gómez - Tema 8 Utilitarismo y liberalismo en Inglaterra // Pedro Medina Charavía - Tema 9 Del socialismo utópico al anarquismo // Carla Torres Segura - Tema 10 El anarquismo // Antonio Jesús Acevedo Blanco - Tema 11 Karl Marx y el Marxismo // José Bargallo Roges - Tema 12 El nacionalismo en el siglo XXI // Julio Monteagudo Diz – Tema 13 Totalitarismo (I): Fascismo y Nacional-Socialismo // Inocencia González Fernández Tema 14 Totalitarismo (II): El Comunismo Marxista-Leninista // Eva Del Riego Eguiluz – Tema 15 Los Liberalismo de posguerra // Carolina Judith Rabazo Pérez - Tema 16 Políticas del posmodernismo

Karl Marx y el Marxismo.



Introducción.

  1. Karl Marx: formación intelectual y acción política.
  2. materialismo dialéctico y materialismo histórico.
  3. Crítica de las ideologías.
  4. del socialismo al comunismo.
  5. La herencia de Marx: reforma o revolución.

INTRODUCCIÓN.

Marx
Socialismo y comunismo surge como consecuencias políticas de La Revolución Francesa (ideal individualista, teoría de derechos naturales y pacto social, considerar al hombre como elemento más importante del Estado) y de La Revolución Industrial. Ésta última convirtió al “hombre económico” en el ser más respetado en la comunidad, amplió mercados, produjo la fábrica. Es en este escenario donde grandes masas obreras, desposeídas, aumentan progresivamente su conciencia reivindicativa.

El aumento del capitalismo e industria convirtió el escenario de batalla en una lucha  entre capitalistas y obreros. El Antiguo régimen y sus clases dominantes lograron fundirse con las élites capitalistas en el S XIX , haciendo concesiones de ciudadanía hacia las demás clases (obrera, campesina y medias).

Las primeras ideas comunistas (Owen, Cabet y otros) se centran en sustituir el régimen capitalista liberal por otro de producción organizada e intercambio, igualdad de riquezas. Pero existen diferentes enfoques socialistas, lucha obrera / humanismo social , Nacionalistas/ Internacionalistas, sociedad perfectas/ evolución según leyes naturales.
En 1830 empezó a denominarse socialismo al ideal político que aspiraba a la abolición de la propiedad privada, tierra y factores, igualdad de consumo y el uso de la fuerza por los explotados.
El precursor del comunismo, Babeuf preconiza en su “Manifiesto de los Iguales” que la Revolución Francesa es antecesora de la Gran Revolución, la de la igualdad de los bienes que debía establecer la comunidad de bienes. Era un comunismo esencialmente agrario debido a la estructura de la Francia de la época. Babeuf concebía legítimo el uso de la violencia organizada que desembocaría en una dictadura del proletariado.

Blanqui se postula a favor de una dictadura posrevolucionaria, su objetivo era armar al pueblo para derribar la burguesía. Subraya la importancia de la organización revolucionaria, estos debía ser grupos armados conspiracionistas que puedan, en un momento determinado políticamente favorable, tomar el poder.

 En aquella época se constituyen en varias capitales europeas distintas sociedades clandestinas comunistas, apoyadas por la masonería o diferentes sociedades “secretas”.  Pese a ser muy reducidas se muestran bastantes “activas”.

 En 1848 se produce la Revolución en Francia, los obreros muestran su apoyo a Louis Blanc. Este crea los llamados “Talleres Nacionales” apoyados por el Estado. Blanc exigía el derecho al trabajo y la satisfacción de las necesidades básicas. Blanc veía en el Estado al  promotor del nuevo  proyecto social.

 Proudhon, rechaza todo gobierno, la propiedad privada es objeto de su atención considerándola un “robo”. Propugnaba la “asociación libre” negando cualquier tipo de autoridad.

 El Socialismo de Estado donde mayor influencia tuvo fue en Alemania, LaSalle funda el partido Democrático- Social, crítico con el individualismo liberal, aconsejó la unión obrera alemana. Era partidario de la intervención estatal económica del Estado que como fin último debía conseguir el bienestar general. Se mostró activamente partidario de la unificación alemana colaborando con Bismarck.

 En este contexto surge el proyecto de Marx, cuyo principal  postulado es su creencia en la ciencia social, ésta nos ofrecerá un conocimiento exhaustivo de la realidad que permitirá la construcción de un movimiento obrero destructor del sistema burgués. Marx pretendió hacer del socialismo una “ciencia”.

  1. KARL MARX: FORMACIÓN INTELECTUAL Y ACCIÓN POLÍTICA.

Primeros contactos (1835);  Marx  con la “izquierda hegaeliana”  propugnaban estos un racionalismo especulativo, contraponiendo los ideales de la Revolución francesa a la realidad del Estado prusiano. Interpretaban la historia a partir de los supuestos de la dialéctica hegeliana; tenían fe en la potencia de las ideas y magnificaban la crítica de la existente y la función renovadora de la teoría. En lo político, los jóvenes hegelianos se veían como una parte del movimiento liberal, pretendían concretar la idea hegeliana del Estado ético en un sistema constitucional y se oponían al Estado confesional y, por derivación, al pietismo religioso dominante.

 Varios de los exponentes de la izquierda hegeliana participaron en “La Gaceta Renana”, proyecto publicístico que chocó frontalmente con la política de Federico Guillermo IV, “La Gaceta Renana” fue suspendida y el hegelianismo de izquierdas pasó rápidamente de la crítica de la religión oficial a la crítica de la religión en general. Par los más radicales, como Marx, la crítica era sinónimo de afirmación del ateísmo y, a nivel político, de republicanismo.

Ludwig Feuerbach
Otro representante de la izquierda hegeliana, Ludwig Feuerbach la esencia del cristianismo”(1841). Su crítica de la religión perfiló su criticismo y le llevó a combinar su ateísmo con la antropología y un programa filosófico para el hombre emancipado. Marx se sintió entusiasmado con la inversión de tipo materialista de la filosofía hegeliana que realiza Feuerbach, así como por la formulación de la idea de alienación práctica del hombre religioso. La distancia de Marx con las ideas de Feuerbach viene dada por la excesiva consideración de éste a la naturaleza y, según Marx, a la demasiada poca atención de Feuerbach hacia  la política y al análisis de la sociedad.

Marx se identificó con el proyecto político de Arnold Ruge , en sus artículos se muestran las líneas generales de su nuevo concepto de filosofía enfrentado con las ideologías y realidades vigentes. Dos direcciones, la primera el concepto de filosofía y sus relaciones con la realidad social; la segunda se movió en la crítica de las ideologías conservadoras.
Marx propugnó el análisis de lo concreto y determinado históricamente como principio metódico. Lo cual se concreta en la crítica de las ideologías conservadoras: La religión, la filosofía especulativa de Hegel y la Escuela Histórica del Derecho. Se consigue con estas críticas consagrar la realidad dada como única posibilidad, revestida de un fundamento absoluto que reducía al absurdo todo intento de transformación revolucionaria. La religión posee una función justificadora y encubridora de las relaciones de poder y de las contradicciones de una sociedad determinada. La última consecuencia de la crítica a la religión era la superación de ésta, la compresión de la realidad social filosóficamente, como praxis, no a través del mundo fantástico que la religión construye.
 La crítica marxista a la construcción hegeliana para Marx se fundamente en el error de Hegel, éste consiste que en lugar de ascender desde la realidad concreta a sus determinaciones abstracta, lo que hacía era independizar éstas convirtiéndolas como “idea” en la única realidad verdadera, y procediendo enseguida a deducir de ésta como movimiento dialéctico a los distintos momentos de aquella realidad concreta, los cuales quedaban así revestidos de una necesidad lógica que en sí no poseían.

Engels
Marx acabó dimitiendo como director de la gaceta ante las constantes censuras de que era víctima por parte de las autoridades prusianas. Emigrado a París, contactó allí con Proudhon, Bakunin y otros representantes del socialismo y del anarquismo. Más importante fue el contacto con Engels (hijo de rico industrial) que había realizado estudios de filosofía que le introdujeron en los círculos hegelianos de izquierda.

En París dos escritos; 1º “la cuestión judía” , aquí la distinción principal es la que da Marx entre emancipación política y emancipación humana. La política es emancipación del Estado con respecto a la religión. La humana es la liberación del hombre de las situaciones derivadas del modo de vida de la sociedad burguesa, en particular respecto de la doble moral, en lo público y en lo privado, como burgués y como ciudadano, que caracteriza la existencia de las personas en el estado político. Marx discutía la distinción entre los derechos del ciudadano y los derechos del hombre. Los del ciudadano eran de orden político: se expresaban en la participación del hombre en la universalidad del Estado, reflejaban la esencia social del hombre y la reivindicación de esa esencia daría lugar a la emancipación humana. Los derechos del hombre en general, siendo la expresión de la división de la sociedad burguesa, nada social había en ellos. Así ninguno de los derechos del hombre iba más allá del hombre egoísta separado de la comunidad como miembro de la sociedad civil. Marx reflexionó sobre el significado secular del judaísmo, el culto judío profano del dinero, era la metáfora e incluso el paradigma de la cultura o de la civilización burguesa. El espíritu práctico de los judío había engendrado el espíritu práctico de los pueblos cristianos. En el fondo, lo judíos se habían emancipado ya, hasta el punto de que los cristianos se habían convertido en judíos.

Hegel
2º “Introducción a la crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel”.  Marx  somete a crítica la idea de que el Estado es, por su origen y valor; independiente de los individuos empíricos que lo componen. La funciones del Estado no eran sino “nada más que las formas de existencia y actuación de las características sociales del hombre”. Marx, siguiendo a Feuerbach, critica la “inversión de la relación entre predicado y sujeto” en la filosofía de Hegel, por la que los individuos, que son sujetos reales, se convierten en predicados de una sustancia universal. En realidad, todo lo que es general no es más que un atributo del ser individual, y el verdadero sujeto es siempre finito. Marx se propuso así reducir todas las instituciones políticas, como objetos de reflexión teórica, a sus orígenes reales humanos, subordinar el estado real a las necesidad humanas. Para Marx, la doctrina hegeliana del Estado reflejaba la ideología de la burocracia prusiana que se persuadía a sí misma de que era la suprema personificación del bien general. Este texto, crucial en Marx, es donde se expresa por primera vez la idea de misión histórica del proletariado y la interpretación de la revolución no como la violación de la historia, sino como el cumplimiento de su tendencia intrínseca. Marx propugna una revolución de la necesidades radicales del hombre, una emancipación general de los hombres y el proletariado; prerrequisito para ello lo veía en la formación de una “clase con cadenas radicales”, el, que podía ser el sujeto universal de la emancipación.

 (1844) “Manuscritos de París” comenzó Marx a desarrollar algunos de los temas de la economía política como salario, beneficios del capital y renta de la tierra; lo mismo sus críticas a los planteamientos de los grandes economistas de la época: Ricardo, Smith, Mill. Las ideas principales son las de enajenación del trabajo o la relación entre capital y trabajo. En este mismo año publicó junto a Engels “La Sagrada Familia”  , una crítica a los planteamientos filosóficos de los jóvenes hegelianos. En sus páginas se afirma el comunismo como movimiento por excelencia de la clase trabajadora.

Marx
Expulsado por las autoridades francesas a Bélgica, Marx prosiguió sus reflexiones filosóficas en sus “Tesis sobre Feuerbach” donde afirma que la tarea fundamental no es ya interpretar el mundo, sino transformarlo, elabora nuevos conceptos como clase social, lucha de clases, estado, etc., entendidos ya según la problemática del “modo de producción” que vinculaba estrechamente lo técnico, lo político y lo cultural.

 Paralelamente, estuvo inserto, junto a Engels, en la labor de organización y coordinación de las diversas asociaciones obreras. Su influencia se hizo cada vez más preponderante frente a otros líderes como Proudhon o Bakunin. Marx y Engels, se fusionaron el la Liga de los Comunistas, para la cual redactaron el célebre “Manifiesto Comunista”.

 Exiliado nuevamente, Marx vivirá, desde entonces, en Londres. Preside la organización de la Asociación Internacional de Trabajadores,                                “La I Internacional” redactando el Discurso Inaugural y sus estatutos. Marx pretendió que la Internacional se convirtiera en un cuerpo centralizado y uniforme; se esforzó por hacer que todo el movimiento compartiera las bases ideológicas que él había elaborado, esto terminó por producir una ruptura dentro de la Internacional. Marx combatió los supuestos de Bakunin y Proudhon, a quien criticó el irrealismo político de su anarquismo; y a Lassalle, a quien acusó de nacionalismo alemán y de connivencia con Bismarck.

 (1860) en esta década el marxismo se convierte en la más importante de la ideología socialistas rivales, en el sentido de que las doctrina de todo el mundo definieron sus posiciones por referencia a Marx. Marx presenta el cuerpo de doctrina más consistente y elaborado a la publicación del primer volumen de “El Capital” su tesis fundamental es que la explotación deriva de la venta de la fuerza de trabajo por los trabajadores asalariados.

 La importancia de Karl Marx en la historia de las ideas socialistas fue doctrinal, el marxismo aportó a la ideología socialista una filosofía – el materialismo dialéctico- una sociología- el materialismo histórico. Y un proyecto político revolucionario.