martes, 13 de mayo de 2014

Resúmenes Sociología del Género Parte 2

En la asignatura Sociología del Género del segundo cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2013/14, formamos un grupo de trabajo algunas/os compañeras/os y elaboramos los siguientes resúmenes de la bibliografía básica de la asignatura. Derechos reservados: sus autores.


1. -Ehrenreich, Barbara y English, Deirdre (1990): Cap. 1: “Introducción”, en Por su propio bien. (150 años de consejos de los expertos), Madrid: Taurus, pp. 11-41. Javier Prieto González // 2. -Durán, María Ángeles (2006): “Las fronteras sociales del siglo XXI”, en Isabel Morant (Dir.), Historia de las mujeres en España y América Latina. Madrid: Cátedra, Volumen IV “Del Siglo XX a los umbrales del XXI”, pp. 465-493. María Dolores Aviles y José Antonio Delgado Guanche // 3. -Giddens, Anthony (2007), “El género”, en Sociología, Madrid: Alianza Universidad, pp. 441-452. Blas García Ruíz // 4. -Marqués, Josep-Vicent (1991): Cap. 1 (extracto): “Androcentrismo, un caso particular de sociocentrismo”, en Josep-Vicent Marqués y Raquel Osborne, Sexualidad y sexismo. Primera parte: Marqués, “Varón y patriarcado”. Madrid: Fundación Universidad-Empresa, pp. 23-27. Lorenzo Vellarino Cordero // 5. -Osborne, Raquel (1997): "Feminismos", Dossier Debate "La igualdad de la mujer", Temas para el Debate, octubre, nº 35, pp. 46-50. Ruth Cardedal Fernández // 6. -Giddens, Anthony (2007): “Walby: la teorización del patriarcado”, “El ´feminismo negro` y “El feminismo postmoderno”, op.cit., pp. 456-459. Javier Hermoso Ruíz // 7. -Osborne, Raquel (1996): "¿Son las mujeres una minoría"?, Isegoría (Revista de Filosofía Moral y Política), monográfico sobre Multiculturalismo, justicia y tolerancia, Madrid, nº 14, octubre, pp. 79-93. Antonia Pineda Vergara y Fernando Pedro Bruna Quintas // 8. -Giddens, Anthony (2007): “Perspectivas teóricas sobre la familia y las relaciones íntimas”, op. cit., pp. 246-256. Julio Monteagudo Diz // 9. -Ferreira, Virginia (1996), “Mujer y trabajo. La división sexual del trabajo en el análisis sociológico: de natural a socialmente construida”, en María Antonia García de León, Félix Ortega y María Luisa García de Cortázar, (comps.), Sociología de las mujeres españolas, Madrid: Ed. Complutense, pp. 93-119. (Selección: pp. 93-111). Antonio Jesús Acevedo Blanco // 10. -Brullet, Cristina (2004): “La maternidad en occidente y sus condiciones de posibilidad en el siglo XXI”, en Ángeles de la Concha y Raquel Osborne (Eds.): Las mujeres y los niños primero (Discursos de la maternidad). Barcelona, Madrid: Icaria y UNED, pp. 201-228. (Selección: pp.213-228). Antonia Florentina López Caballero // 11. -Osborne, Raquel (2005): “Desigualdad y relaciones de género en las organizaciones: diferencias numéricas, acción positiva y paridad”, Política y Sociedad, vol. 42, nº2, 2005, pp. 163-180. María Aurora Sieiro López // 12. -Torres San Miguel, Laura y Antón Fernández, Eva (2005), Violencia de género, Caja España, Obra Social, Colección: Cartilla de Divulgación (Lo que usted debe saber sobre). (Selección: pp. 18-33). Daniela Isabel Lili Pedraza y Mónica Pedraza Darias // 13. -Osborne, Raquel (2009): Cap. 2, “Malos tratos: un problema estructural”, en Osborne, Raquel: Apuntes sobre violencia de género. Barcelona: Bellaterra Edicions, Serie General Universitaria, pp. 83-136.  Mónica Pedraza Darias Tomás Javier Prieto González // 14. -Platero, Raquel (Lucas) (2013): "Introducción. La interseccionalidad como herramienta de estudio de la sexualidad", en Platero, Intersecciones: cuerpos y sexualidades en la encrucijada. Barcelona: Bellaterra, pp. 15-72. (Selección: pp. 23-48). María Isabel García Duran // 15. -Büchner, J. "Notas para la ponencia “Género y globalización" (versión 2004): 20 pp. Cristina Martínez Blanco

La cuestión femenina

La cuestión femenina surgió en el curso de una transformación histórica cuya dimensión no han captado aún del todo las generaciones posteriores. La gente era arrancada de la tierra de repente, por la fuerza, por la presión del hambre y las deudas: muchos acababan desarraigados de la antigua seguridad de la familia, el clan, la parroquia.

Marx y Engels (a quién se suele considerar con más frecuencia como instigadores de desórdenes que como sus cronistas) fueron los primeros en comprender la naturaleza cataclísmica de tales cambios. Un viejo mundo estaba muriéndose y otro nuevo nacía. Han pasado más de 150 años y la polvareda no se ha asentado todavía.

Al otro lado de la revolución industrial quedaba denominamos Antiguo Orden. Los hechos históricos se suceden: hay conquistas, exploraciones, nuevas rutas comerciales. Sin embrago, las vidas de la gente corriente que hace cosas corrientes cambian muy poco y muy lentamente. Sólo aquí, en la vida cotidiana, encontramos las pautas que nos permiten hablar de un “orden”. Destacan en el antiguo orden tres pautas de vida social que son las que le dan coherencia:

  • Siempre hay una minoría cuyas vidas son complejas y sorprendentes. Pero la vida para la gran mayoría de la gente, tiene una unidad y simplicidad que nunca dejará de fascinar al “hombre industrial”
  • La producción (alimentos, ropas, herramientas) tiene lugar en los mismos espacios, cerrados o al aire libre, donde las personas nacen, crecen, se emparejan.
  • La relación familiar no se limita al área de lo emocional, es una relación de trabajo. La vida biológica afecta directamente a las actividades del grupo, tanto en la producción como en el ocio. Los ritos y supersticiones confirman la unidad del cuerpo con la tierra.


No hay todavía una “economía” externa que conecte la suerte de los campesinos con las decisiones de un comerciante en una ciudad lejana. Existen mercados, pero no hay un mercado que dicte las oportunidades y actividades de la gente corriente. El antiguo orden es patriarcal: la autoridad familiar recae en los varones o el varón de más edad. Bajo el dominio paterno, las mujeres no tienen que hacer elecciones complejas ni plantearse preguntas sobre su naturaleza o su destino: la norma consiste simplemente en obedecer.

El orden patriarcal del hogar se extiende al gobierno de la aldea, la iglesia, la nación. El patriarcado del antiguo orden quedaba reforzado por la organización y las creencias en todos los niveles de la sociedad. La autoridad patriarcal intenta justificarse en las mentes de cada uno de sus hijos mediante una religión que gira precisamente alrededor de la figura del padre. El antiguo orden es también, ginocéntrico: las habilidades y el trabajo de las mujeres son indispensables para la supervivencia. La mujer es siempre una subordinada, pero está lejos de ser dependiente y desamparada. No podía existir “cuestión femenina” en el antiguo orden. El trabajo de la mujer estaba cortado a su medida: las líneas de autoridad que debía seguir estaban claras. La cuestión femenina espera a la llegada de la era industrial que, en el espacio de unas cuentas generaciones, tirará por la borda todas las relaciones establecidas y congeladas del antiguo orden. La unidad entre vida biológica y económica, pública u privada, se hará añicos.

La transformación social fundamental, de la que incluso la industrialización fue un correlato y no una causa, fue el triunfo de la economía de mercado. En el antiguo orden la producción se regía por factores naturales. Pero en la economía de mercado, las leyes del intercambio comercial iban a dictar el empleo de esa mano de obra y esos recursos. La mentalidad pueblerina de la producción casera iba a descomponerse para dar paso a una amplia red de interdependencias económicas que uniría las vidas del campesino y el ciudadano, de la gente del norte y la del sur. Sólo en el SXIX, con la industrialización y el desarrollo del capitalismo moderno, empezó el mercado a sustituir a la naturaleza como fuerza rectora de las vidas de la gente corriente: los precios regulan la existencia de manera tan firme como antes lo hacían la lluvia y la temperatura, y parecen igualmente arbitrarios.

Con el triunfo del mercado, los patrones de vida establecidos que definían el antiguo orden se vinieron abajo irrevocablemente. A partir de ese momento, el hogar no iba a ser ya una unidad más o menos autosuficiente, que mantenía a sus miembros unidos en un trabajo común. La vida se iba a dividir en dos esferas bien distintas: una esfera “pública” de trabajo y una “privada”. Las dos se oponen entre sí con arreglo a unos valores fundamentales, y la línea entre ellas está cargada de tensión moral. El mercado desafía a siglos de moral religiosa. El mrecdao que domina el nuevo orden rechaza todas las categorías morales con fría indiferencia. Para que unos obtengas beneficios es necesaria la pobreza de otros.

Frente al mercado, todos los aspectos “humanos” de la persona deben agolparse en la esfera de la vida privada. Sólo en el hogar o, en general, en la vida privada, se puede esperar encontrar el amor, la espontaneidad, los cuidados y la alegría que el mercado rechaza. Para los hombres, que pasan diariamente de una a otra esfera, la vida privada adquiere ahora un atractivo sentimental proporcional a la frialdad e impersonalidad del mundo “exterior”. Simultáneamente, las fuerzas que dividen la vida en “pública” y “privad” ponen en duda el sitio y la función de las mujeres.

Era el fin del orden ginocéntrico. Las tradicionales atribuciones productivas de las mujeres pasaron a las fábricas. Las mujeres de la clase obrera podrían proseguir en el nuevo mundo industrial con su antigua tarea, pero ya no controlarían el proceso de producción. Con el tiempo hasta la actividad femenina por excelencia, la de curar, se convertiría en una mercancía femenina y se introduciría en el mercado. Al mismo tiempo era el fin del dominio del padre. A medida que la producción de los bienes necesarios sale del hogar, los lazos orgánicos que mantenían unida la jerarquía familiar se van soltando. El padre no controla ya los procesos productivos del hogar, ahora es un asalariado, como puede serlo su hija o incluso su esposa. Ahora es la empresa quien aporta “los frutos de la tierra” y organiza el trabajo productivo de la familia.

Estas transformaciones no deben considerarse meros resultados de la revolución industrial. Pasar de una sociedad organizada alrededor de la producción familiar a otra organizada alrededor de la producción familiar a otra organizada en torno a la producción a gran escala, en factorías, de una sociedad regida por las estaciones y el clima a otra gobernada por el mercado. Todo lo “natural” fue derrocado.

Las vidas de las mujeres se vieron envueltas en confusión se vieron envueltas en confusión. En el antiguo orden, las mujeres se habían ganado su supervivencia participando en el trabajo compartido de la familia. Fuera de la casa, sencillamente, , no había forma de ganarse la vida, y para una mujer no había ni vida. Las mujeres nacían, crecían y envejecían dentro del denso recinto humano de la familia.

Pero, con la caída del antiguo orden, se empezaba a vislumbrar algo parecido a una elección, aunque resultaría lejana para la mayoría de las mujeres. Entrar en el mercado como trabajadora podía significar salarios bajos y condiciones miserables de trabajo, soledad e inseguridad, pero también significaba la posibilidad de independizarse del dominio familiar. Desde luego, seguía estando el hogar, una vida dedicada al marido y los niños. Pero ese hogar había quedado muy disminuido pro el alejamiento del trabajo productivo. La lógica del mercado en el SXIX llevaba a algunas feministas a dar una respuesta cínica: que la relación entre una esposa que no trabajaba fuera y el marido que la mantenía no era muy diferente a la protistución.

La caída del antiguo orden había roto el patrón que ligaba a cada mujer aun solo destino incuestionable, y este cambio tuvo un doble impacto: no se podía juzgar simplemente como un adelanto o un retroceso para las mujeres. Las transformaciones fueron contradictorias. El capitalismo industrial liberó a las mujeres de la anacacable rutina del trabajo productivo casero, pero al mismo tiempo les arreba5tó las atribuciones que habían construido su peculiar motivo de dignidad.

Estos cambios (tanto los pasos adelante como los atrás) proporcionaron las bases para el nacimiento de la cuestión femenina. Para las mujeres en general, la cuestión femenina era un problema de experiencia personal inmediata: el conocimiento de las posibilidades se oponían a las prohibiciones, las oportunidades se oponían a las antiguas obligaciones.