domingo, 4 de mayo de 2014

UN ENSAYO SOBRE ACCIÓN POLÍTICA Parte 9


En el contexto de un discurso generalizado al respecto de una crisis de la política y de lo político, el presente ensayo trata la acción política. Una práctica elaborada con datos extraídos del barómetro de abril de 2012, en concreto el estudio 2941 del CIS. Se va a trabajar con dos modelos a modo de hipótesis, con el objeto de obtener una explicación a través de un análisis pormenorizado de la información resultante. Se realizará un estudio comparando ambos modelos e intentando en todo momento, dialogar con la información resultante, como con otros estudios conexos. El contraste de estos resultados puede permitir distinguir hasta qué punto los modelos desarrollados con la regresión logística, son explicativos.

En primer lugar, es necesario ocuparse de la definición de participación política. Una de las acepciones más consensuadas alude al desarrollo de “incorporación activa de los ciudadanos al sistema político y englobaría el conjunto de acciones emprendidas con la pretensión de influir en la selección de gobernantes o en las decisiones políticas que éstos toman” (González, 2012:108). O la definición análoga de acción política a  la que se refiere Rojas Tejada como “cualquier tipo de acción realizada por una persona o grupo de personas con el fin de incidir de una u otra manera en los asuntos públicos” (Rojas, 1999:3). Entre las diversas variables que pueden definir las estrategias participativas se debe tener en cuenta las de naturaleza ideológica que establecen distintas respuestas referentes al reto de la desafección y gestan concepciones divergentes respecto al papel que debe desarrollar el ciudadano en ámbitos democráticos.
La propuesta inicial de este ensayo consistía en situar el índice de actividad política como función de: Nivel de Estudios, Ocupación, Tendencia Política, Nivel de Descontento, Optimismo o en Interés en la Política. Comentaré a continuación todas estas variables a través de los datos obtenidos en este ensayo y en un diálogo permanente con otros estudios disponibles.  

Referente a las variables “Descontento/Optimismo” e “Interés” en la política construidas en este trabajo, sería interesante relacionarlas con su descripción como variables psicosociales que han evidenciado mayor relevancia empírica en relación a la participación política, tal como subraya por ejemplo el estudio realizado por Alejandra (2009), donde señala que las variables más sobresalientes son la eficacia política, como creencia subjetiva de los sujetos en adquirir las capacidades necesarias para intervenir en el desarrollo de los sucesos políticos; la confianza política, entendida como la creencia que tenemos en las acciones y en la que representan al gobierno; el nivel de entendimiento que los individuos tienen de la dinámica política en la cual está sumido, y reconocido como “conocimiento político”; y por último, el “Interés” que poseen sobre los asuntos políticos, o al menos, sobre los resultados de éstos.

El interés por la política es posiblemente una de las orientaciones más generales hacia lo público. Muchos estudios se han ocupado de esta actitud junto a otras variables subjetivas, midiendo fenómenos como la sofisticación política o el apoyo político. El déficit de “esta actitud se ha asociado a distintos síndromes, como la alineación política, el cinismo político o la desafección política institucional” (Galais, 2012:111). La pregunta más habitual en las encuestas de opinión pública “¿diría usted que la política le interesa mucho, bastante, poco o nada?”, desvela que el interés político se refiere a la curiosidad por los asuntos relacionados con la política, por tanto, ésta limitará la manera en que las personas procesan la información del contexto político.  Resulta la actitud contraria a la indiferencia, por lo que el interés se asemeja al grado en que los individuos están dispuestos a recibir y tratar esa información en su relación con la política. Una variable cognitiva sometida a las circunstancias del contexto político, tal como se señaló anteriormente. Para el caso español es habitual expresar actitudes negativas junto a escasos niveles de interés por la política en general.

Para la variable “Confianza política” los resultados obtenidos en las investigaciones de Sabucedo y Cramer afirman que esta variable es destacada respecto a la participación política. Otros trabajos reflejan que la desconfianza política se correlaciona más con actividades políticas de tipo no convencional, y a este respecto cabe mencionar que el porcentaje de varianza “explicada de la conducta no convencional por parte de la confianza política no resulta demasiado alta, a la vez que sus formas de medición resultan discordantes entre los diferentes estudios, razón por la cual se producen discrepancias serias entre distintos autores a la hora de interpretar los resultados obtenidos” (Alejandra, 2009:280).

Para concluir con las variables encuadradas en la dimensión subjetiva, con los valores se constata la mayor incidencia de participación entre quienes muestran interés por la política y mayoritariamente se definen como de tendencia izquierdista. Existe un predominio de quienes se declaran como post-materialistas, que nos lleva al debate sobre la clasificación de valores materialistas/post-materialistas proveniente de las investigaciones de Inglehart. Según este autor, las tendencias actitudinales son el mecanismo fundamental del cambio cultural y de valores en una sociedad. En el caso español, un incremento “del compromiso, la atención y la curiosidad política supondría romper con la persistente tendencia a la apatía y al desapego político que caracterizan a la cultura política española” (Alejandra, 2009:280). Por el contrario, la persistencia en la escala de interés por la política constituye la reproducción de estos patrones culturales.