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sábado, 9 de noviembre de 2013

Resúmenes Cambio Social II Parte 28

En la asignatura de Cambio Social II del segundo cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, algunos compañeros realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria de la asignatura. Derechos reservados, sus autores.


1- Los movimientos sociales como fuerzas de cambio “Sociología del cambio social” de Sztompka, capítulo 19, pp. 303 a 330. Tomás Javier Prieto González // “Las revoluciones: la cumbre del cambio social” de Sztompka, capítulo 20, pp. 331 a 350. Tomás Javier Prieto González 2- Los movimientos sociales: principales teorías Perspectivas teóricas y aproximaciones metodológicas al estudio de la participación (Funes/Monferrer, en Funes/Adell, capítulo 1, pp 21 a 58) // Tomás Javier Prieto González // El estudio del contexto político a través de la protesta colectiva. Participación y democracia (Adell, en Funes/Adell, capítulo 3, pp 77 a 108). // Julia Ortega Tovar Participación y democracia: Asociaciones y poder local (Brugué/Font en Funes/Adell, capítulo 4, pp 109 a 132). Julia Ortega Tovar 3- Los nuevos movimientos sociales en el contexto histórico y de la mundialización Génesis y desarrollo de los movimientos sociales desde una perspectiva histórica. El movimiento obrero (Pastor, en Funes/Adell, capítulo 2, pp 59 a 76). Tomás Javier Prieto González // La dimensión individual en la acción colectiva (Funes, en Funes/Adell, capítulo 8, pp 225 a 254). José Antonio Puig Camps // Los movimientos antiglobalización (Ibarra/Martí, en Funes/Adell, capítulo 10, pp 285). José Antonio Puig Camps 4- Estudios de caso y campañas Dimensión simbólica y cultural del movimiento feminista (Robles/de Miguel, en Funes/Adell, capítulo 5, pp 133 a 162). Víctor Riesgo Gómez // Identidad colectiva y movimiento gay (Monferrer, en Funes/Adell, capítulo 6, pp 163 a 190) //  Javier Hermoso Ruiz Organización y estructura del movimiento ecologista (Jiménez, en Funes/Adell, capítulo 7, pp 191 a 224). Blas García Ruiz

1.    Diversidad de movimientos en el siglo XIX

Debido precisamente al efecto que tiene la Revolución Francesa como confirmación de una idea de “progreso” y de una redefinición de las “necesidades” y las “expectativas de mejora” de las gentes, asistimos desde entonces a muy diferentes movimientos sociales: además del movimiento obrero y del antiesclavista; el movimiento de reforma de la conciencia, feminista, ecologista y antiindustrialista, alternativo t comunitario, campesino. Todos ellos conocen durante el SXIX unos ciclos de protesta significativos en varios países del “Centro” o incluso de la “periferia” del sistema-mundo en formación. Cada uno de los movimientos mencionados ataca alguno de los rasgos que van a ir caracterizando la Modernidad capitalista: el rmantcismo, el feminismo, el pacifismo, el ludismo, el socialismo utópico o el movimeimto campesino.

Estos movimientos no surgen generalmente al margen unos de otros sino que emprenden sus ciclos de protesta en coyunturas históricas determinadas, influidas por uno o varios factores. En lo que se refiere al movimiento obrero, son dos los principales ciclos de protesta que podemos encontrar en el SXIX, con el año 1848 como punto de inflexión:

·      El que transcurre entre 1808 y 1820 que afectó a principalmente a UK.
·      Y el que se desarrolla entre 1866 y 1877 con Francia como epicentro y la Comuna de París de 1871 como acontecimiento extraordinario.
·      Más tarde, otro nuevo periodo de estallidos de malestar social es el de 1880-1890; bandera roja, la jornada internacional del Primero de Mayo y el himno “La Internacional”.

La composición social de ese movimiento obrero también fue cambiado a medida que se fue desarrollando el capitalismo industrial: desde los artesanos especializados de los talleres al peso creciente de los obreros fabriles, paralelamente a la construcción de la nueva clase obrera. Los movimientos nacionales de distinto signo que se han ido desarrollando en muchas partes del planeta y que se han dado lugar a la formación de nuevos Estados o que siguen aspirando a construirlos.

2.    Movimiento obrero y sistema de Estados en el Siglo XX

El tránsito del SXIX al XX es testigo de varios procesos que condicionan la evolución del movimiento obrero:

·      La “segunda revolución industrial” facilitó la tendencia a la concentración de trabajadores en grandes fábricas, así como un alto grado de homogeneización de las condiciones laborales en su interior, facilitando así la extensión del movimiento en sectores como la minería, la metalurgia y el transporte, además de la construcción y el sector público. Se reflejará en el desarrollo de los sindicatos.
·      Otro factor tiene que ver con la creación de redes locales basadas en las zonas de las ciudades en donde se concentra el proletariado. Este proceso contribuye a desarrollar una solidaridad de clase y a sentar las bases de futuras alternativas en el plano institucional.
·      Otro con el desarrollo de partidos vinculados a la Segunda Internacional y las expectativas de crecimiento en el terreno electoral, en la toma del poder político por la vía parlamentaria.

Las acciones de protesta aparecen ligadas a la perspectiva de la Huelga General; la puesta en pie de un nuevo proyecto emancipatorio del proletariado y de la Humanidad. Simultáneamente, la consolidación de un sistema de Estados y la agravación de los conflictos que culminarán en la “Gran Guerra” de 1914 presionarán hacia la “nacionalización” de los movimientos y las organizaciones obreras. Esta dinámica de integración nacional-estatal sólo se ve relativamente rota en Italia y, sobre todo, en Rusia, conduciendo finalmente al proceso revolucionario que transcurre de febrero a octubre de 1917.

El periodo de entreguerras aparece a continuación marcado por la crisis de los Estados liberales y por la aparición de un nuevo tipo de movimientos: el nazismo alemán y el fascismo italiano. Ambos se configuran como movimientos de masas, con rasgos identitarios opuestos a los grandes capitalistas y al comunismo y con proyectos nacionalistas étnicos excluyentes que terminaran recurriendo a la “limpieza étnica”, a los campos de concentración, al genocidio y a la guerra con otros Estados. Estos movimiento se caracterizan por disputar a las corrientes vinculadas al socialismo y al comunismo la influencia dentro de la clase obrera y de las clases medias, empleando para ello recursos discursivos y de movilización que hasta entonces habían sido característicos de aquéllas.

La etapa posterior a la Segunda Guerra Mundial en Europa es ya la del proceso de consolidación de las organizaciones del movimiento obrero en un contexto de crecimiento económico y de consolidación del modelo taylorista-fordista de organización del trabajo y del consumo, característico del Estado nacional-keynesiano del bienestar. Los sindicatos tienden a transformarse en grupos de interés o de presión, identificados con un “neocorporativismo” basado en acuerdos periódicos sobre la política de rentas con los empresarios y los gobiernos respectivos.

En los países coloniales asistimos a una nueva ola de movimientos de liberación nacional que conducen generalmente a la formación de nuevos Estados siguiendo el paradigma hegemónico occidental; se originará una conflictividad interna que conduce en muchos casos a guerras y a nuevas líneas de fractura internas.

Parecía que el movimiento obrero tendía ahora a institucionalizarse y a relegar a un segundo plano la utilización de su potencial de acción colectiva directa en conflicto con los poderes establecido, una vez logrados una serie de derechos y tras haber consolidado sus estructuras sindicales. En los 60´s surgirán nuevos ciclos de protesta y un nuevo tipo de movimientos sociales que no deja de influir en el movimiento obrero, como es el caso de Bélgica, Francia e Italia. Será el movimiento negro por los derechos civiles en EEUU, el cual introduce un discurso crítico de la democracia norteamericana y unas formas de movilización, basadas en la desobediencia civil, que ejercen una notable influencia en los movimientos que surgen poco después tanto en las Universidades como en la nueva fase de radicalización de las mujeres. El año 68 se convierte en una punto de inflexión, siendo testigo de una revuelta generalizada de la juventud, principalmente universitaria, a escala internacional. La experiencia fundadora de esta nueva generación unida por una subjetividad común pese a sus diferentes contextos nacionales, es la que dará paso posteriormente a la nueva ola de movimientos sociales. Se van configurando movimientos como el ecologista, el feminista y el pacifista, ahora pujaban por se protagonista en el nuevo escenario político, social y cultural. Los ciclos de movilización que se desarrollan en la mayoría de los países occidentales, al margen generalmente de las organizaciones sindicales y de los partidos, se convierten en un reto a los sistemas políticos y al “modelo” dominante de Estados de Bienestar. Obligan a una revisión de las primeras interpretaciones que desde la sociología y a la ciencia política habían sido hechas respecto de las mismas. Ni las teorías funcionalistas ni la mayoría de las procedentes del marxismo consiguieron captar la relativa novedad de estos movimientos y los desafíos que estaban planteando en distintos ámbitos.

La evolución de estos movimientos termina alcanzando su punto álgido a mediados del decenio de los 80 para, a continuación, conocer un relativo declive en su incidencia en los sistema políticos respectivos. Tampoco se podría entender sin ellos el desarrollo de nuevos partidos de “izquierda libertaria” o verdes así como la proliferación de Organizaciones No Gubernamentales. Pero los 80´s también fueron testigos de la aparición de nuevos movimientos sociales en los países situados dentro del llamado “bloque socialista”, el que protagonizara Solidarnosc en Polonia: le permitieron aglutinar a una amplia mayoría de la población, si bien sus propios éxitos terminarían conduciéndole a su institucionalización y, una vez derrocado el anterior sistema político y social, a su fragmentación en diferentes grupos.

Se ha ido configurando también otro ámbito de conflicto en relación al “modo de vida” y de distribución de los distintos tiempos, así como respecto a las tensiones crecientes entre el reconocimiento de las libertades y derechos ciudadanos y alas diferentes concepciones de la seguridad. Han conducido a la proliferación de redes asociativas de base vecinal o barrial pero de carácter más interclasista que las que se dieron en etapas anteriores.

Se exige una referencia tanto a la diversidad de movimientos populistas no encajables en los hasta ahora descritos ligados a determinadas interpretaciones liberadoras de la religión. La definición de los “populismos” ha sido siempre extremadamente polémica y es difícil alcanzar un consenso en torno a la misma, se le puede considerar como “un movimiento político que se basa en amplias movilizaciones de masas a partir de una retórica de contenido fundamentalmente emocional y autoafirmativo, centrada ene torno a la idea de “pueblo” como depositario de las virtudes sociales de justicia y moralidad, y vinculada a un líder, habitualmente carismático, cuya honestidad y fuerza de voluntad garantiza el cumplimiento de los deseos populares”. Uno de los prototipos de referencia ha sido el peronismo argentino. La tendencia de muchos de estos movimientos a transformarse en partidos les ha conducido generalmente, allí donde han alcanzado el poder a institucionalizarse y a evolucionar hasta adscribirse a alguna de las ideologías en las que se basan los partidos establecidos.

Los mismo podríamos decir de los “fundamentalistas”, ya que suelen caracterizarse por concepciones integristas de la religión o de la ciudadanía basadas en la oposición entre determinados pueblos, naciones o culturas, y otras naciones y culturas consideradas corruptas o inferiores. Su evolución les conduce a optar por una de las principales ideologías en liza. Es innegable la presencia actual de este tipo de movimientos así como su arraigo social en muy diferentes países.

Finalmente, el tránsito del SXX al XXI estamos asistiendo a la aparición de unos “novísimos” movimientos sociales, llamados “antiglobalización”, los cuales surgen en un contexto relativamente diferente a todos los anteriores. 1989 aparece en ese proceso como un punto de inflexión simbólico en cuanto que, según algunas interpretaciones, significa el retorno a la mera lucha contra los Estados absolutistas y a la restauración de un capitalismo que había sido hasta entonces desafiado en alguno o todos sus pilares por los movimientos que habían ido surgiendo.

Ahora los movimientos “antiglobalización” parecen aspirar de nuevo a construir un “meta-relato” que supere el marco del Estado-nación y cuestione la mundialización del capitalismo como una injusticia global que tiene que ser erradicada. El hecho de que este movimiento se desarrolle en un contexto de crisis de Estado nacional-keynesiano del bienestar y de crisis de centralidad del movimiento obrero provoca a su vez el retorno a la referencia histórica de las “multitudes” del SXVIII y a su búsqueda de una nueva “economía moral” como alternativa. Lo que sí cabe afirmar es que entramos en una nueva página de la Historia que todavía está por escribir pero que nos demuestra que los conflictos, la acción colectiva y el desafío a las autoridades por parte de unos u otros grupos sociales para alcanzar cambios más o menos profundos siguen formando parte de nuestro paisaje cotidiano.

lunes, 8 de abril de 2013

Resúmenes Cambio Social I Parte 6


En la asignatura de Cambio Social I del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, algunos compañeros realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria Sociología del cambio social de Piotr Sztompka. Derechos reservados, sus autores.

Capítulo 1 Conceptos fundamentales en el estudio del cambio social. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 2 Vicisitudes de la idea de progreso. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 3 La dimensión temporal de la sociedad: El tiempo social. Víctor Riesgo // Capítulo 4 Modalidades de tradición histórica. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 5 La modernidad y más allá. Víctor Riesgo // Capítulo 6 La globalización de la sociedad humana. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 7 El evolucionismo clásico – Julia Ortega Trovar  // Capítulo 8 El neoevolucionismo - Julia Ortega Trovar // Capítulo 9 Teorías viejas y nuevas de la modernización – Andrea Fuente Fernández // Capítulo 10 Las teorías de los ciclos históricos – Blas García Ruiz // Capítulo 11 El materialismo histórico - Blas García Ruiz  //Capítulo 12 Contra el desarrollismo, la crítica moderna Julio Monteagudo Diz // Capítulo 13 La historia como producto humano – Galaaz Vaamonde (9 octubre) // Capítulo 14 La nueva Sociología histórica - Galaaz Vaamonde // Capítulo 15 El devenir social – Jesús Sánchez Azañedo // Capítulo 16 Las ideas como fuerzas históricas - Carlos Catalán Serrano // Capítulo 17 El surgimiento de lo normativo – María Purificación Moreno Moreno // Capítulo 18 Los grandes individuos como agentes de cambio social - María Purificación M. Moreno  

Un concepto alternativo de progreso

El desencanto y desilusión recientes con la idea de progreso está íntimamente imbricado con una erupción de crítica dirigida a las principales variedades de desarrollismo tradicional. La crítica a la “metáfora del crecimiento” y a las ”leyes de hierro de la historia”, tal como fueron proclamadas por las versiones dogmáticas, ortodoxas, del materialismo histórico son entendidas como si implicaran un rechazo necesario a la idea de progreso (Popper) ¿No es posible retener un concepto de progreso que deje a un lado las versiones tradicionales de desarrolismo con su inaceptable presunción de finalismo, fatalismo o determinismo?. ¿En qué fase del proceso es “anclado” el concepto de progreso, o de manera menos metafórica, que fase del proceso es su referente inmediato? Hay tres respuesta posibles:

1.    Refiere al progreso al resultado, el producto final del proceso definido tanto como un bosquejo general, una imagen compleja de la sociedad por devenir. Aquí puede hablarse de “progreso como un ideal”.
2.    En la que cada estadio es visto como una mejora respecto al anterior, y en sí perfectible, pero sin un fin último. Se puede hablar aquí de “progreso como mejoramiento”.
3.    El progreso con el mecanismo originador del proceso enfatizando la potencialidad o capacidad para el progreso inherente a la agencia humana. Aquí se trata la potencialidad para llegar a ser lo que deviene el significado central de progreso. No la consecución sino el conseguir, no el logro sino alcanzar, no el hallazgo sino la búsqueda.

E.H. Carr afirma “progreso ilimitado”: sin postular fin alguno a la historia, ha argumentado, los hombres y las mujeres aún pueden buscar mejoras “no sujetas a límites visibles, dirigidas hacia fines que sólo son definibles en tanto avanzamos hacia ellos”. Algunos afirman que los criterios o medidas de progreso son absolutos; invariables. Nos proporcionan una escala externa, independiente, con la que aprehender el proceso en marcha. La posición opuesta es relativista e historicista. Afirma que los patrones de progreso son en sí dinámicos, están en cambio permanente, evolucionando constantemente a medida que el proceso se despliega. Las necesidades, deseos, fines, valores, son modificados con su satisfacción o cumplimiento, nunca alcanzan una encarnación última, final. Lo que se persigue es cambiante y variable, pero la persecución en sí es constante. La medida del progreso ya no es externa sino, por el contrario, inmanente al proceso mismo.

¿Se refiere a necesidades o a posibilidades? Haban del progreso como algo inevitable, necesario, debido a leyes inexorables de la evolución o de la historia. Las teorías postdesarrollistas de la estructuración de la morfogénesis optan por una descripción diferente, como una oportunidad abierta para la mejora que, por tanto, no se produce de forma inevitable, y que incluso puede permanecer si ser reconocida por los actores humanos.

¿Cuál es la naturaleza sustantiva de esta fuerza causal, generativa que produce el progreso?. Pueden señalarse cuatro respuestas típicas:

1.    La doctrina del “providencialismo”: sitúa la fuerza divina la providencia, a intervención de Dios.
2.    La doctrina del “heroísmo” sitúa la agencia en los talentos excepcionales de los grandes hombres: reyes, profetas, líderes, legisladores, revolucionarios, generales, etc. Depende de las propensiones genéticas, más o menos accidentales, de personas individuales.
3.    La doctrina del “organicismo” introduce el componente social; se ocupa de la agencia causal como ago inherente al funcionamiento del organicismo social, como una propensión interna al crecimiento, a la evolución, al desarrollo. Los orígenes del progreso son sociales. Si en algún caso aparece la gente, lo es sólo en su capacidad de marionetas completamente maleables, ejecutores inconscientes, portadores de veredictos preordenados de la historia; como encarnaciones de fuerzas productivas, de tendencias tecnológicas, de propensiones demográficas, de élan revolucionario.
4.    Sólo con la doctrina del “contructivismo” cambia el énfasis hacia los individuos socializados reales, y la fuerza motriz del cambio, la agencia es situada en sus actividades sociales normales y cotidianas. En su mayor parte es concebido aquí como un resultado involuntario y a menudo no reconocido de los esfuerzos humanos, como el producto de una “mano invisible” (Adam Smith). La agencia es finalmente humanizada y socializada al mismo tiempo. La gente corriente vuelve aparecer en el cuadro y adquiere una dimensión verdaderamente humana, como consciente aunque no omnisciente, poderosa pero no omnipotente, creativa pero con constricciones, libre pero no ilimitada. Tal descripción de la agencia es presupuesta y sostenida por las teorías de las estructuración de la morfogénesis.

Se afirma que la nueva orientación teórica del postdesarrollismo, y en particular la estructuración de la morfogénesis, sugiere una nueva aproximación al progreso social:

1.    Como una capacidad potencial, en lugar de un logro último.
2.    Como una cualidad dinámica, en evolución, relativa a un proceso concreto, en lugar de cómo un patrón absoluto, universal, externo.
3.    Como una posibilidad histórica, como una oportunidad, una opción abierta, en lugar de una tendencia necesaria, inevitable, e inexorable.
4.    Como un producto, a menudo involuntario e incluso reconocido, de la acciones plurales y colectivas humanas.

En la reconstrucción propuesta, el progreso está íntimamente ligado a una agencia fuerte, cualquier agencia parece mejor que ninguna. Para tener progreso, necesitamos un cambio direccional, y si concebimos el cambio direccional como producido por los seres humanos, entonces alguna agencia humana es un prerrequisito obvio del progreso. Pero esta operación sólo es una condición necesaria, y en ningún modo suficiente, para que de ello se siga el progreso. El cambio direccional también puede tener una dirección de retroceso: puede producir regresión en lugar de proceso. Sólo es una agencia específicamente constituida; la que presenta la potencialidad para el progreso. ¿Qué rasgos de la agencia son especialmente relevantes en esta conexión?

1.    Las características de los actores, que pueden ser creativos, innovadores, orientados al logro, o pasivos, conservadores, reconciliados con las posiciones que tiene adscritas. Pueden enfatizar la autonomía, la independencia, la integridad personal, o exhibir conformidad adaptación, dependencia. Una autoconciencia adecuada de su situación social o ser completamente ignorantes, estar atrapados en la mitología o en la falsa conciencia.
2.    Las características de las estructuras son igualmente importantes. Pueden ser ricas en opciones, plurales, heterogéneas, complejas; o todo lo contrario; pobres en opciones, limitadas, homogéneas y simples. El tipo de estructuras que engloben a la mayoría de los actores quedará reflejado en la cualidad de la agencia.
3.    Las características del ambiente natural en el que la sociedad está situada ejercen su impacto en dos niveles: por medio de las condiciones objetivas y por medio de las actitudes subjetivas. Las condiciones natrales pueden ser benignas, ricas en recursos, maleables o duras, pobres y coactivas. La gente puede intentar aprovechas, moldear y dominar la naturaleza, para adaptarla a sus necesidades y aspiraciones, o puede desear meramente adaptarse a la naturaleza, permanecer en el estado de subyugación y pasividad.
4.    Las características de la tradición, parece importar si a tradición está caracterizada por a continuidad, la consistencia, la larga duración, o más bien por las rupturas, las discontinuidades, las ambigüedades. Subjetivamente, la actitud de orgullo, respeto, arraigo en la tradición puede oponerse al presentismo y al rechazo acrítico del pasado.
5.    Las características del futuro esperado. La actitud de optimismo y esperanza se opone al pesimismo, al catastrofismo y a la desesperación. La creencia en que el futuro es contingente que da pie a escenarios alternativos dependientes de los esfuerzos humanos, se opone a todo tipo de fatalismo y finalismo.

En esta lista de características unas determinan si la gente querrá actuar hacia la transformación de la sociedad; esas variables moldean las motivaciones orientadas a la acción. Otras determinan si la gente será capaz de actuar; esas variables modelan las oportunidades conducentes a la acción. La agencia puede considerarse progresiva sólo so produce juntos esos dos prerrequisitos: motivaciones y oportunidades; sólo si la gente desea actuar, y puede actuar al unísono.

Nos aproximamos a tal situación por la conjunción de condiciones en los polos opuestos iniciales de cada dicotomía, esto es por la combinación de:

1.    Actores creativos, autónomo y autoconscientes.
2.    Estructuras ricas y flexibles.
3.    Un medio natural benigno y activamente confrontado.
4.    Una tradición continua y orgullosamente afirmada.
5.    Una anticipación, una planificación optimista y a gran escala del futuro.

Éste es el tipo ideal de una “sociedad activa” (Amitai Etzioni) que genera una agencia orientada hacia el progreso, una sociedad situada en la vía e autotransformaciones progresivas.

¿Cuál es el modus operandi de la agencia situada dentro del conjunto de condiciones e influencias, estructurales, personales, naturales e históricas, contenidas en nuestro tipo ideal?

Serán descritas por dos nociones generales y sintéticas: la libertad y la autotrascendencia. La agencia viable, orientada hacia el progreso es un alguna medida libre; en el sentido de libertad negativa (Libertad de); comporta un cierto nivel de autonomía e independencia de las constricciones; y es libre en el sentido de la libertad positiva (libertad para); tiene la capacidad de influir, modificar, remodelar constricciones y aumentar recursos.

El ir más allá de sí misma, el superar las limitaciones, el romper con las constricciones, el cruzar “fronteras”. La autotrascendencia, el ir más allá de sí misma, el superar las limitaciones, el romper con las constricciones, el cruzar “fronteras”. La autotrascendencia acontece en tres “fronteras” de la condición humana: la trascendencia de la naturaleza aprovechándola, controlándola y regulándola a través del trabajo; a trascendencia de naturaleza aprovechándola, controlándola y regulándola a través del trabajo: la trascendencia de las estructuras sociales mediante las evasiones, las desviaciones, las reformas y las revoluciones; y por último, pero no menos importante, la autotrascendencia de los actores humanos a través del aprendizaje.

Esta propensión puede explicarse como el fruto de dos rasgos fundamentales del mundo humano: la creatividad (innovación) de los actores, que produce objetos, ideas e instituciones nuevas y originales; y el carácter acumulativo de la experiencia humana, constantemente ampliada y enriquecida, aprendida individualmente en el lapso biográfico, y transmitida socialmente (culturalmente) en el lapso histórico. La fuente principal de progreso se encuentra en la ilimitada creatividad y educabilidad de los seres humanos, capaces de concebir la novedad y de heredar, y también transmitir, las innovaciones, aumentando de forma permanente su depósito común de conocimientos, habilidades, estrategias, técnicas, etc.

No hay necesidad de progreso, porque no está preordenado que la gente esté dispuesta y sea capaz de ejercer su capacidad creativa. La tradición, puede quebrarse (la calidad de la familia, la escuela, la iglesia, los medios de comunicación y otras instituciones pueden ser decisivos aquí). Es más probable que se produzca estancamiento o regresión que progreso. La progresividad última de la agencia reside en el hecho de que no sólo estimula el progreso sino de que efectivamente progresa ella misma. Es un resultado histórico acumulativo de su propio funcionamiento.

sábado, 6 de abril de 2013

Resúmenes Cambio Social I Parte 5


En la asignatura de Cambio Social I del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, algunos compañeros realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria Sociología del cambio social de Piotr Sztompka. Derechos reservados, sus autores.

Capítulo 1 Conceptos fundamentales en el estudio del cambio social. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 2 Vicisitudes de la idea de progreso. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 3 La dimensión temporal de la sociedad: El tiempo social. Víctor Riesgo // Capítulo 4 Modalidades de tradición histórica. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 5 La modernidad y más allá. Víctor Riesgo // Capítulo 6 La globalización de la sociedad humana. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 7 El evolucionismo clásico – Julia Ortega Trovar  // Capítulo 8 El neoevolucionismo - Julia Ortega Trovar // Capítulo 9 Teorías viejas y nuevas de la modernización – Andrea Fuente Fernández // Capítulo 10 Las teorías de los ciclos históricos – Blas García Ruiz // Capítulo 11 El materialismo histórico - Blas García Ruiz  //Capítulo 12 Contra el desarrollismo, la crítica moderna Julio Monteagudo Diz // Capítulo 13 La historia como producto humano – Galaaz Vaamonde (9 octubre) // Capítulo 14 La nueva Sociología histórica - Galaaz Vaamonde // Capítulo 15 El devenir social – Jesús Sánchez Azañedo // Capítulo 16 Las ideas como fuerzas históricas - Carlos Catalán Serrano // Capítulo 17 El surgimiento de lo normativo – María Purificación Moreno Moreno // Capítulo 18 Los grandes individuos como agentes de cambio social - María Purificación M. Moreno  

El mecanismo de progreso

Hay una variedad igual de puntos de vista acerca del mecanismo del progreso:

1.    Las fuerzas motrices o agencias del progreso: ¿qué empuja los procesos sociales en una dirección progresiva? ¿Cuáles son los agentes sociales que activan el proceso?
2.    Tenemos que considerar la forma o el perfil que toma el proceso: ¿Cuál es la trayectoria del progreso, de acuerdo con qué itinerario se mueve?
3.    Tenemos que examinar el modo de operar de un sistema social que produce progreso: ¿cómo se alcanza el progreso, por qué medios se logra?

Al hablar de la agencia del progreso podemos distinguir tres estadios consecutivos en la historia del pensamiento social:

1.    Los primeros pensadores localizaban la fuerza motriz en el dominio sobrenatural: las deidades, los dioses, la providencia, el destino.
2.    Pensadores posteriores colocaron la agencia en el dominio natural. Esta secularización (naturalización) de la agencia condujo a la consideración del progreso como un despliegue natural e inexorable de potencialidades, que demandaba adaptación o ajuste como la única reacción humana concebible.
3.    Pensadores modernos se inclinan a considerar a los agentes humanos como productores, constructores, del progreso, como algo que ha de alcanzarse, construirse, desarrollarse, y que requiere un esfuerzo creativo, una lucha, una búsqueda, como actitudes humanas apropiadas.

La diferencia más fundamental es la que divide la noción de progreso mecánico, automático de la noción activista de progreso:

1.    Postula una agencia extrahumana. Afirma la necesidad del progreso. El progreso acontece. Estimula una actitud pasiva, de “esperar a ver qué pasa”, adaptativa.
2.    Se concentra en la gente y en sus acciones. Admite la contingencia del progreso, que puede ocurrir. El progreso se consigue. Demanda un compromiso activo, creativo, constructivo.

Una dimensión de la trayectoria de un proceso de uniformidad, su suavidad. El progreso como un movimiento gradual, incrementando poco a poco. Pero hay otra imagen, alternativa, del progreso, como un proceso irregular, que opera a través de súbitos acelerones y congestiones, tras períodos de acumulación cuantitativa, experimentando un movimiento cualitativo hacia un nivel superior. Ésta es la imagen revolucionaria o dialéctica del progreso. La concepción moderna adelantada por Thomas Kuhn afirma que el progreso científico se logra a través de una serie de revoluciones científicas, cambios radicales de una concepción científica dominante, en lugar de mediante el mero incremento de añadidos al mismo cuadro de un dominio determinado. El rechazo de una paradigma anterior y la adopción de uno nuevo abren un período en el cual se produce trabajo acumulativo normal. Entonces es inevitablemente reemplazado por el nuevo paradigma. En la visión marxiana del progreso social y económico, las revoluciones sociales producen un cambio radical, cualitativo de las “formaciones socioeconómicas”. En los largos períodos entre las revoluciones el progreso se afirma a sí mismo de forma lenta, acumulativa, puramente cuantitativa. Los primeros evolucionistas como Comte, Spencer y Durkheim parecen ser de la primera opinión, lineal. Si tomamos a Karl Marx encontramos una imagen completamente diferente. Dentro de cada formación socioeconómica observamos regresiones regulares, sistemáticas. La revolución significa un salto progresivo de primera magnitud, pero entonces ese mismo proceso de regresión interna y de decadencia comienza de nuevo dentro de una nueva formación socioeconómica. A largo plazo, la trayectoria de la historia es progresiva; a corto plazo incorpora fases transitorias de regresión.

Si consideramos la manera de funcionar del sistema social que da lugar al progreso, aparece otro par de imágenes opuestas:

·      Una imagen enfatiza el despliegue “pacífico”, armonioso de potencialidades progresivas.
·      Se centra en las tensiones internas, en los torcimientos, contradicciones y conflictos, cuya resolución mueve al sistema en la dirección progresiva.

El tema de la lucha entre fuerzas opuestas del bien y del mal, ya está presente en la dicotomía de san Agustín, entre la Ciudad del Hombre y la Ciudad de Dios. En el periodo moderno es característica de la dialéctica de Hegel y Marx. La encontramos en el darwinismo; de la lucha por la existencia y la supervivencia de los mejor adaptados y de la progresiva evolución de las especies. También está presente en el psicoanálisis freudiano, que afirma la tensión permanente entre el “id” y el “superego” dentro de la personalidad humana, y entre la naturaleza y la cultura en el mundo extrapersonal, exterior.

El derrumbe de la idea de progreso

La idea de progreso parece haber entrado en declive durante el SXX; el siglo “espantoso”. Es un siglo que ha sido testigo del holocausto nazi y de los gulags de Stalin, de dos guerras mundiales, de más de 100 millones de asesinatos en conflictos locales y globales, de la tensión del desempleo y la pobreza, de hambres y epidemias, de la adicción a la droga y al crimen, de la destrucción ecológica y el agotamiento de recursos, de tiranías y dictaduras de toda laya desde el fascismo al comunismo, y por último pero no por ello menos importante, de las omnipresentes posibilidades de aniquilación nuclear y de catástrofe ambiental global. No sorprende que se haya extendido la desilusión y el desencanto con la idea de progreso. El progreso es una noción reflexiva: interactúa con la realidad social, florece en los períodos de progreso observable, decae en los periodos en los que el progreso real se vueve controvertido.

Robert Nisbet ha desvelado las principales premisas de la idea de progreso, y afirma que todas ellas son atacadas por el pensamiento contemporáneo. Durante años ha existido la convicción de la superioridad de la civilización occidental, recientemente hemos observado el “desplazamiento de Occidente”. Nisbet encuentra sus síntomas:

1.    En la extensión del irracionalismo, el renacimiento del misticismo, la rebelión contra la razón y contra a ciencia.
2.    En el subjetivismo y en el narcisismo egotista típico de la cultura de consumo.
3.    En el pesimismo reinante, en la imagen dominante de degeneración, de deterioro, de decadencia.

Otra premisa que subyace a la idea de progreso era la afirmación de un crecimiento sin límites de la economía y de la tecnología, la ilimitada expansión de los poderes humanos. La repetida idea de los “límites del crecimiento”, las barreras de la expansión. La siguiente permisa proclamaba la fe en la razón y en la ciencia como las únicas fuentes de conocimiento válido y aplicable. En su lugar observamos tanto el ataque a la ciencia, en nombre del relativismo epistemológico, y el ataque a la razón en nombre de la emoción, la intuición y la cognición extraempírica así como del irracionalismo absoluto. El concepto de progreso en sus versiones secularizadas modernas estaba enraizado en la “creencia en la importancia intrínseca, en el inefable valor de la vida sobre la tierra” (Nisbet). En su lugar, en la sociedad moderna, la cultura de consumo reinante con su énfasis en el tiempo libre y ene le placer hedonista, parece agotar su potencial de gratificación y movilización y aparecen el “hastío del aburrimiento”, el sentimiento de sinsentido, la experiencia de la anomia o de la alienación.

Dos premisas más a la lista de Nisbet el utopismo: la articulación de imágenes generales idealizadas de la mejor sociedad, de la sociedad deseada. Ahora estamos siendo testigos de un clima antiutópico, por ejemplo con la caída del sistema comunista, el último de los intentos fallidos de realizar una visión utópica en el mundo. Lo que queda es la incertidumbre e impredecibilidad del futuro, visto como contingente, abierto a la fortuna y a desarrollos fortuitos. No hay proyecto orientado hacia el futuro capaz de atrapar la imaginación humana y movilizar la acción colectiva. No hay una visión de un mundo mejor; en su lugar tenemos tanto profecías catastróficas o simples extrapolaciones de las tendencias presentes. No hay un programa de mejoramiento socia, no hay líneas maestras sobre cómo escapar a los problemas contemporáneos. No sorprende que la gente olvide su futuro y adopte actitudes presentistas, enfocadas a la gratificación inmediata, de breve horizonte temporal y de existencia meramente cotidiana.

El concepto de progreso ha sido reemplazado por el concepto de crisis como lema del SXX. Dominan las visiones pesimistas de las realidades sociales. La gente llega a acostumbrarse a pensar en términos de crisis económicas, políticas o culturales recurrentes o endémicas. Como dice John Holton: “El pensamiento social contemporáneo ha llegado a estar dominado, si no obsesionado, por la idea de la crisis”. Estamos siendo testigos de una curiosa “normalización de la crisis”. Este concepto deriva en su origen del teatro, o de la medicina, donde significaba el cruce de caminos, los puntos de bifurcación, los momentos en los que la intensificación de un proceso requiere alguna resolución, tanto del tipo positivo (la cicatrización del paciente), o de tipo negativo (la muerte). Por tanto la crisis es temporal, y conduce tanto a la mejora como al desastre. En contraste con ese significado, la gente es capaz de concebir la crisis social como crónica, endémica, y no vislumbrar su eliminación futura.

El derrumbe de la noción de progreso, y su reemplazo por la idea de la crisis crónica, da un clima intelectual y una ambiente popular en el que la “experiencia social es cada vez menos parte de una épica, y cada vez más parte de una comedia… Uno de los síntomas más llamativos de esta época de chácara sobre la crisis, y de normalización de la crisis es la ruptura de as narrativas optimistas del cambio social y de la evolución histórica”.

¿Significa esto que el progreso ha muerto?. La idea de progreso es demasiado importante para el pensamiento humano, demasiado fundamental para e alivio de las tensiones e incertidumbres existenciales como para eliminarla por las buenas. Está sufriendo un colapso temporal, pero tarde o temprano recuperará su sitio en la imaginación humana, Pero para salvaguardar la continuación de su viabilidad, necesita ser revisada y reformulada, purificada de algunas premisas anticuadas y confundentes. Una dirección posible de tal tarea será sugerida en la discusión que sigue, final, sobre el progreso.

sábado, 30 de marzo de 2013

Resúmenes Cambio Social I Parte 4


En la asignatura de Cambio Social I del primer cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, algunos compañeros realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria Sociología del cambio social de Piotr Sztompka. Derechos reservados, sus autores.

Capítulo 1 Conceptos fundamentales en el estudio del cambio social. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 2 Vicisitudes de la idea de progreso. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 3 La dimensión temporal de la sociedad: El tiempo social. Víctor Riesgo // Capítulo 4 Modalidades de tradición histórica. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 5 La modernidad y más allá. Víctor Riesgo // Capítulo 6 La globalización de la sociedad humana. Tomás Javier Prieto González // Capítulo 7 El evolucionismo clásico – Julia Ortega Trovar  // Capítulo 8 El neoevolucionismo - Julia Ortega Trovar // Capítulo 9 Teorías viejas y nuevas de la modernización – Andrea Fuente Fernández // Capítulo 10 Las teorías de los ciclos históricos – Blas García Ruiz // Capítulo 11 El materialismo histórico - Blas García Ruiz  //Capítulo 12 Contra el desarrollismo, la crítica moderna Julio Monteagudo Diz // Capítulo 13 La historia como producto humano – Galaaz Vaamonde (9 octubre) // Capítulo 14 La nueva Sociología histórica - Galaaz Vaamonde // Capítulo 15 El devenir social – Jesús Sánchez Azañedo // Capítulo 16 Las ideas como fuerzas históricas - Carlos Catalán Serrano // Capítulo 17 El surgimiento de lo normativo – María Purificación Moreno Moreno // Capítulo 18 Los grandes individuos como agentes de cambio social - María Purificación M. Moreno  

Vicisitudes de la idea de progreso

Breve historia intelectual


Las primeras raíces de la idea de progreso pueden encontrarse en la antigüedad griega. Platón, Aristóteles o Protágoras; en los tres autores hay una presuposición fuerte de la perfectibilidad del mundo.

La segunda fuente del concepto se encuentra en la tradición religiosa judía. La historia revela el curso y la dirección impuesta “desde arriba”, y su recorrido es progresivo, según se va aproximando gradual e inexorablemente a su complexión última.

Ambas líneas de pensamiento, la griega y la judía, se unen en la tradición judeocristiana, que impregnará la cultura occidental durante los siglos venideros. La idea de progreso, de acuerdo con una interpretación ampliamente aceptada, representa una versión secularizada de la creencia cristiana en la providencia (San Agustín).

Durante la Edad Media, Bernard de Chartres y Roger Bacon aplicaron el concepto al reino de las ideas, afirmando que el conocimiento humano sufre un incremento y crecimiento acumulativo a través de las épocas, siendo gradualmente enriquecido u perfeccionado. Lo que implica es que el conocimiento avanza de forma constante y gradual. Las utopías sociales definen la dirección en la que se supone que se mueve la humanidad. Permiten la crítica de la contemporaneidad al compararla con la imagen ideal, utópica, y en este sentido proporcionan una medida rudimentaria del progreso.

Un cambio interesante de la idea de progreso se produce cuando llega la era de los descubrimientos geográficos. Se pone de manifiesto que las sociedades, las culturas, las organizaciones políticas y económicas humanas no son un bloque homogéneo. Se hace evidente la tremenda variedad de formas sociales en las distintas partes del mundo. La variedad es debida a los diferentes estadios de desarrollo o de progreso que algunas sociedades han alcanzado. Los más primitivos son vistos como so permanecieran en los primeros estadios; los más civilizados representan estadios posteriores. Se presupone que hay una trayectoria común por la que discurren todas las sociedades. Esta imagen es el resultado del intento de convertir la desigualdad que se percibe en una homogeneidad conceptualizada; la homogeneidad de una progresión singular temporalmente ordenada de todos los pueblos del mundo desde los más simples a los más avanzados.

La época de la Ilustración aportó numerosos matices nuevos a la noción en evolución de progreso. Jacques Bousset introdujo la idea de historia universal, un modelo común omniabarcante, Realizó la primera periodización compleja de la historia universal singularizando doce grandes épocas, que señalaba la mejora constante de la humanidad y en particular el progreso constantes de la religión. Condorcet propuso una periodización alternativa en diez etapas, y sugirió un mecanismo más secular de progreso por medio de mejoras constantes en el conocimiento y en la ciencia. Vico saludó el nacimiento de la “Nueva Ciencia”, la búsqueda de regularidades subyacentes necesarias en la historia humana. Immanuel Kant proporcionó un sugestivo criterio de progreso: el significado y la dirección de la historia están marcados por el crecimiento de la libertad individual emparejado al adelanto de la moralidad, que frena el ejercicio de la libertad cuando amenaza la libertad de otros.

Así llegamos al siglo XIX; la “era del progreso”; el “triunfo de la idea de progreso”. La idea de progreso impregna el sentido común, deviene universalmente aceptada en filosofía, es incorporada por la literatura, el arte y la ciencia. Este espíritu de romántico optimismo es acompañado por la creencia en la razón y en el poder humano. La ciencia y la tecnología parece portar la promesa de una expansión y un avance ilimitados. Tal clima intelectual encuentra reflejo en el campo recién nacido de la sociología. Todos los padres fundadores de nuestra disciplina profesan alguna versión del progreso.

Saint-Simon y Auguste Comte se concentraron en el progreso del espíritu, y entrevieron que los cambios se sucedían a través de tres etapas: teleológica, metafísica y positiva. El último estadio es el de la ciencia: conocimiento empírico, centrado en los hechos, capaz de proporcionar explicaciones, predicciones y directivas prácticas.

La ciencia “positiva” es considerada como el logro que corona el pensamiento humano. Herbert Spencer subsumió el crecimiento y el progreso bajo el principio común de la evolución. Planteó el principio universal de diferenciación estructural y funcional. Karl Marx bosquejó la utopía de la sociedad comunista y afirmó que ésta se conseguiría mediante el empuje emancipatorio de las clases explotadas. El movimiento hacia la sociedad sin clases, la sociedad comunista es precedido de una serie de revoluciones sociales. Max Weber se dio cuenta de la poderosa tendencia hacia la racionalización de la vida social y la organización social y consideró ésta la dirección principal en la que se mueve la sociedad. Émile Durkheim señaló la creciente división del trabajo y la integración de la sociedad concomitante a través de la “solidaridad orgánica”. Con Ferdinand Tönnies aparecen las primeras  dudas acerca de la naturaleza progresiva del cambio, y se plantean las primeras advertencias contra los efectos colaterales del desarrollo. Anticipaba la extensión del desencanto respecto al progreso.

La definición del progreso

La idea de progreso en su formulación original está firmemente situada dentro del modelo de transformación direccional, dentro de alguna versión de desarrollismo. Carece de sentido hablar de sociedades en progreso, avanzado, volviéndose mejores, si son consideradas como básicamente estables, reproduciéndose meramente a sí mismas (enfoque funcional-estructural), o si son vistas como cambiando sólo dentro de círculos cerrados. Es sólo junto a la idea de transformación (cambio de, y no sólo cambio en). Siguiendo a Nisbet, puede definirse el progreso como la “idea de que la humanidad ha avanzado lenta, gradual, continuamente, desde la condición original de privación cultural, ignorancia e inseguridad hacia niveles cada vez más altos de civilización, y de que tal avance continuará, a pesar de algunos retrocesos ocasionales, a través del presente hacia el futuro.

El concepto de progreso puede ser diseccionado en varios componentes fundamentales:

1.    Hay una noción de tiempo irreversible. El progreso es la diferencia positivamente evaluada entre el pasado y el presente.
2.    Ningún estadio se repite, y cada estadio posterior se va acercando relativamente más a un estadio final divisado que a cualquier estadio anterior.
3.    Está la idea de progreso acumulativo que opera de forma gradual, paso a paso, o en forma revolucionaria, a través de “saltos” periódicos cualitativos.
4.    Está la distinción de “estadios necesarios”, típicos a través de los cuales pasa el proceso.
5.    Está el énfasis en las causas “endógenas” (internas, inmanentes) de los procesos, como el despliegue de potencialidades internas alojadas dentro de la sociedad que sufre el cambio.
6.    El proceso es concebido como inevitable, necesario, “natural”: no puede pararse o desviarse.
7.    Está la noción de mejoramiento, la valoración de cada estadio consecutivo del proceso como relativamente mejor que su predecesor, culminando en el estadio final que se espera produzca la satisfacción completa de valores apreciados como la felicidad, la abundancia, la libertad, la justicia, la igualdad, etc.

El progreso siempre es relativo a los valores que se tomen en consideración. No es un concepto puramente descriptivo, distanciado, objetivo sino más bien una categoría evaluativa. Puede ser concebido como progresista o no. Éstas difieren ampliamente entre las personas individuales, los grupos, las clases, las naciones. Lo que constituye el progreso para unos puede no ser considerado progreso por otros. ¿Progreso para quién y en qué respecto? No hay progreso absoluto. No debemos caer en la trampa del relativismo absoluto. Hay varios grados en los que los valores son relativos. En un extremo encontraremos medidas de progreso en las que coincidirán la mayor parte de la gente, lo más parecido a criterios absolutos de progreso; la vida humana en sí como valor último.

En el SXIX bien entrados en el XX, la industrialización, la urbanización y la modernización eran tratadas como sinónimos de progreso. Sólo recientemente se ha reparado en que han ido demasiado lejos, y que también las cosas buenas pueden producir efectos colaterales viciosos. También se ha hacho evidente que el progreso en un área puede a menudo acontecer a costa de otro retroceso en otra. La democratización, la apertura de las sociedades, la emergencia de la actividad empresarial y el mercado libre están acompañadas por el crecimiento del desempleo y la pobreza, por la pérdida de disciplina social, por las tasas crecientes de crimen y delincuencia, por luchas entre facciones y por ingobernabilidad, y por un torrente de cultura de masas de baja calidad. ¿cómo puede calcularse el balance de beneficios y pérdidas, de funciones y disfunciones?

Desde Tomás Moro a Mao Tse-tung, desde Platón a Marx, han creído que es posible salvaguardar el progreso en todas las dimensiones de la sociedad. Han dibujado las imágenes de as sociedades perfectas, de las utopías sociales. Tales imágenes proporcionaban su criterio sintético, general, de progreso. Progreso significaba acercarse a la perfección de la utopía, ya fuera ésta la Nueva Armonía, el milenio, la Ciudad del Sol o el comunismo.

Otros, seleccionaron aquellos aspectos de la vida social que para ellos tenían una importancia superior, y definieron el progreso por referencia a ellos. Para algunos, la religión era el dominio central, y los que más contaba era el progreso espiritual y moral conducente a la salvación. Para otros, el conocimiento secular era crucial; el progreso del conocimiento conducente a la ciencia “positiva” era decisivo. Otros se concentraron en el dominio de la vida cotidiana, la importancia de los vínculos, la presencia de “comunidad” como el aspecto más importante del progreso. Otros trataron el dominio de la política como central, y propusieron el criterio de la libertad ante todo:

1.    La libertad negativa: la libertad frente a las constricciones las barreras, los obstáculos a la expresión individual y a la autorrelización.
2.    La libertad positiva: la participación y la representación democráticas, esto es, libertad para influir y modelar la propia sociedad.

El progreso era medido por la creciente inclusividad y la menguante exclusividad en la sociedad. Otros pensadores han enfatizado la tecnología, considerando el dominio cada vez mayor sobre la naturaleza como la medida última de progreso. Otros se dirigieron a la economía y contemplaban la producción organizada humanamente y la distribución equitativa comos los prerrequisitos del progreso, con la justicia y la igualdad como sus criterios básicos. Otros se concentraron en las oportunidades, en la disponibilidad de elecciones y opciones ocupacionales, educativas, político-ideológicas, recreacionales, etc., como criterio de progreso (Dahrendorf). El criterio de oportunidades es asociado con frecuencia a la noción de igualdad e inclusividad, enfatizando el acceso igual a las oportunidades para grandes segmentos de la población. Entre los criterios fragmentarios, parciales de progreso encontramos la salvación, el conocimiento, la comunidad, la libertad (negativa y positiva), la emancipación, el dominio sobre la naturaleza, la justicia, la igualdad, la abundancia, opciones oportunidades vitales ampliamente accesibles.