sábado, 9 de noviembre de 2013

Resúmenes Cambio Social II Parte 28

En la asignatura de Cambio Social II del segundo cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, algunos compañeros realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria de la asignatura. Derechos reservados, sus autores.


1- Los movimientos sociales como fuerzas de cambio “Sociología del cambio social” de Sztompka, capítulo 19, pp. 303 a 330. Tomás Javier Prieto González // “Las revoluciones: la cumbre del cambio social” de Sztompka, capítulo 20, pp. 331 a 350. Tomás Javier Prieto González 2- Los movimientos sociales: principales teorías Perspectivas teóricas y aproximaciones metodológicas al estudio de la participación (Funes/Monferrer, en Funes/Adell, capítulo 1, pp 21 a 58) // Tomás Javier Prieto González // El estudio del contexto político a través de la protesta colectiva. Participación y democracia (Adell, en Funes/Adell, capítulo 3, pp 77 a 108). // Julia Ortega Tovar Participación y democracia: Asociaciones y poder local (Brugué/Font en Funes/Adell, capítulo 4, pp 109 a 132). Julia Ortega Tovar 3- Los nuevos movimientos sociales en el contexto histórico y de la mundialización Génesis y desarrollo de los movimientos sociales desde una perspectiva histórica. El movimiento obrero (Pastor, en Funes/Adell, capítulo 2, pp 59 a 76). Tomás Javier Prieto González // La dimensión individual en la acción colectiva (Funes, en Funes/Adell, capítulo 8, pp 225 a 254). José Antonio Puig Camps // Los movimientos antiglobalización (Ibarra/Martí, en Funes/Adell, capítulo 10, pp 285). José Antonio Puig Camps 4- Estudios de caso y campañas Dimensión simbólica y cultural del movimiento feminista (Robles/de Miguel, en Funes/Adell, capítulo 5, pp 133 a 162). Víctor Riesgo Gómez // Identidad colectiva y movimiento gay (Monferrer, en Funes/Adell, capítulo 6, pp 163 a 190) //  Javier Hermoso Ruiz Organización y estructura del movimiento ecologista (Jiménez, en Funes/Adell, capítulo 7, pp 191 a 224). Blas García Ruiz

1.    Diversidad de movimientos en el siglo XIX

Debido precisamente al efecto que tiene la Revolución Francesa como confirmación de una idea de “progreso” y de una redefinición de las “necesidades” y las “expectativas de mejora” de las gentes, asistimos desde entonces a muy diferentes movimientos sociales: además del movimiento obrero y del antiesclavista; el movimiento de reforma de la conciencia, feminista, ecologista y antiindustrialista, alternativo t comunitario, campesino. Todos ellos conocen durante el SXIX unos ciclos de protesta significativos en varios países del “Centro” o incluso de la “periferia” del sistema-mundo en formación. Cada uno de los movimientos mencionados ataca alguno de los rasgos que van a ir caracterizando la Modernidad capitalista: el rmantcismo, el feminismo, el pacifismo, el ludismo, el socialismo utópico o el movimeimto campesino.

Estos movimientos no surgen generalmente al margen unos de otros sino que emprenden sus ciclos de protesta en coyunturas históricas determinadas, influidas por uno o varios factores. En lo que se refiere al movimiento obrero, son dos los principales ciclos de protesta que podemos encontrar en el SXIX, con el año 1848 como punto de inflexión:

·      El que transcurre entre 1808 y 1820 que afectó a principalmente a UK.
·      Y el que se desarrolla entre 1866 y 1877 con Francia como epicentro y la Comuna de París de 1871 como acontecimiento extraordinario.
·      Más tarde, otro nuevo periodo de estallidos de malestar social es el de 1880-1890; bandera roja, la jornada internacional del Primero de Mayo y el himno “La Internacional”.

La composición social de ese movimiento obrero también fue cambiado a medida que se fue desarrollando el capitalismo industrial: desde los artesanos especializados de los talleres al peso creciente de los obreros fabriles, paralelamente a la construcción de la nueva clase obrera. Los movimientos nacionales de distinto signo que se han ido desarrollando en muchas partes del planeta y que se han dado lugar a la formación de nuevos Estados o que siguen aspirando a construirlos.

2.    Movimiento obrero y sistema de Estados en el Siglo XX

El tránsito del SXIX al XX es testigo de varios procesos que condicionan la evolución del movimiento obrero:

·      La “segunda revolución industrial” facilitó la tendencia a la concentración de trabajadores en grandes fábricas, así como un alto grado de homogeneización de las condiciones laborales en su interior, facilitando así la extensión del movimiento en sectores como la minería, la metalurgia y el transporte, además de la construcción y el sector público. Se reflejará en el desarrollo de los sindicatos.
·      Otro factor tiene que ver con la creación de redes locales basadas en las zonas de las ciudades en donde se concentra el proletariado. Este proceso contribuye a desarrollar una solidaridad de clase y a sentar las bases de futuras alternativas en el plano institucional.
·      Otro con el desarrollo de partidos vinculados a la Segunda Internacional y las expectativas de crecimiento en el terreno electoral, en la toma del poder político por la vía parlamentaria.

Las acciones de protesta aparecen ligadas a la perspectiva de la Huelga General; la puesta en pie de un nuevo proyecto emancipatorio del proletariado y de la Humanidad. Simultáneamente, la consolidación de un sistema de Estados y la agravación de los conflictos que culminarán en la “Gran Guerra” de 1914 presionarán hacia la “nacionalización” de los movimientos y las organizaciones obreras. Esta dinámica de integración nacional-estatal sólo se ve relativamente rota en Italia y, sobre todo, en Rusia, conduciendo finalmente al proceso revolucionario que transcurre de febrero a octubre de 1917.

El periodo de entreguerras aparece a continuación marcado por la crisis de los Estados liberales y por la aparición de un nuevo tipo de movimientos: el nazismo alemán y el fascismo italiano. Ambos se configuran como movimientos de masas, con rasgos identitarios opuestos a los grandes capitalistas y al comunismo y con proyectos nacionalistas étnicos excluyentes que terminaran recurriendo a la “limpieza étnica”, a los campos de concentración, al genocidio y a la guerra con otros Estados. Estos movimiento se caracterizan por disputar a las corrientes vinculadas al socialismo y al comunismo la influencia dentro de la clase obrera y de las clases medias, empleando para ello recursos discursivos y de movilización que hasta entonces habían sido característicos de aquéllas.

La etapa posterior a la Segunda Guerra Mundial en Europa es ya la del proceso de consolidación de las organizaciones del movimiento obrero en un contexto de crecimiento económico y de consolidación del modelo taylorista-fordista de organización del trabajo y del consumo, característico del Estado nacional-keynesiano del bienestar. Los sindicatos tienden a transformarse en grupos de interés o de presión, identificados con un “neocorporativismo” basado en acuerdos periódicos sobre la política de rentas con los empresarios y los gobiernos respectivos.

En los países coloniales asistimos a una nueva ola de movimientos de liberación nacional que conducen generalmente a la formación de nuevos Estados siguiendo el paradigma hegemónico occidental; se originará una conflictividad interna que conduce en muchos casos a guerras y a nuevas líneas de fractura internas.

Parecía que el movimiento obrero tendía ahora a institucionalizarse y a relegar a un segundo plano la utilización de su potencial de acción colectiva directa en conflicto con los poderes establecido, una vez logrados una serie de derechos y tras haber consolidado sus estructuras sindicales. En los 60´s surgirán nuevos ciclos de protesta y un nuevo tipo de movimientos sociales que no deja de influir en el movimiento obrero, como es el caso de Bélgica, Francia e Italia. Será el movimiento negro por los derechos civiles en EEUU, el cual introduce un discurso crítico de la democracia norteamericana y unas formas de movilización, basadas en la desobediencia civil, que ejercen una notable influencia en los movimientos que surgen poco después tanto en las Universidades como en la nueva fase de radicalización de las mujeres. El año 68 se convierte en una punto de inflexión, siendo testigo de una revuelta generalizada de la juventud, principalmente universitaria, a escala internacional. La experiencia fundadora de esta nueva generación unida por una subjetividad común pese a sus diferentes contextos nacionales, es la que dará paso posteriormente a la nueva ola de movimientos sociales. Se van configurando movimientos como el ecologista, el feminista y el pacifista, ahora pujaban por se protagonista en el nuevo escenario político, social y cultural. Los ciclos de movilización que se desarrollan en la mayoría de los países occidentales, al margen generalmente de las organizaciones sindicales y de los partidos, se convierten en un reto a los sistemas políticos y al “modelo” dominante de Estados de Bienestar. Obligan a una revisión de las primeras interpretaciones que desde la sociología y a la ciencia política habían sido hechas respecto de las mismas. Ni las teorías funcionalistas ni la mayoría de las procedentes del marxismo consiguieron captar la relativa novedad de estos movimientos y los desafíos que estaban planteando en distintos ámbitos.

La evolución de estos movimientos termina alcanzando su punto álgido a mediados del decenio de los 80 para, a continuación, conocer un relativo declive en su incidencia en los sistema políticos respectivos. Tampoco se podría entender sin ellos el desarrollo de nuevos partidos de “izquierda libertaria” o verdes así como la proliferación de Organizaciones No Gubernamentales. Pero los 80´s también fueron testigos de la aparición de nuevos movimientos sociales en los países situados dentro del llamado “bloque socialista”, el que protagonizara Solidarnosc en Polonia: le permitieron aglutinar a una amplia mayoría de la población, si bien sus propios éxitos terminarían conduciéndole a su institucionalización y, una vez derrocado el anterior sistema político y social, a su fragmentación en diferentes grupos.

Se ha ido configurando también otro ámbito de conflicto en relación al “modo de vida” y de distribución de los distintos tiempos, así como respecto a las tensiones crecientes entre el reconocimiento de las libertades y derechos ciudadanos y alas diferentes concepciones de la seguridad. Han conducido a la proliferación de redes asociativas de base vecinal o barrial pero de carácter más interclasista que las que se dieron en etapas anteriores.

Se exige una referencia tanto a la diversidad de movimientos populistas no encajables en los hasta ahora descritos ligados a determinadas interpretaciones liberadoras de la religión. La definición de los “populismos” ha sido siempre extremadamente polémica y es difícil alcanzar un consenso en torno a la misma, se le puede considerar como “un movimiento político que se basa en amplias movilizaciones de masas a partir de una retórica de contenido fundamentalmente emocional y autoafirmativo, centrada ene torno a la idea de “pueblo” como depositario de las virtudes sociales de justicia y moralidad, y vinculada a un líder, habitualmente carismático, cuya honestidad y fuerza de voluntad garantiza el cumplimiento de los deseos populares”. Uno de los prototipos de referencia ha sido el peronismo argentino. La tendencia de muchos de estos movimientos a transformarse en partidos les ha conducido generalmente, allí donde han alcanzado el poder a institucionalizarse y a evolucionar hasta adscribirse a alguna de las ideologías en las que se basan los partidos establecidos.

Los mismo podríamos decir de los “fundamentalistas”, ya que suelen caracterizarse por concepciones integristas de la religión o de la ciudadanía basadas en la oposición entre determinados pueblos, naciones o culturas, y otras naciones y culturas consideradas corruptas o inferiores. Su evolución les conduce a optar por una de las principales ideologías en liza. Es innegable la presencia actual de este tipo de movimientos así como su arraigo social en muy diferentes países.

Finalmente, el tránsito del SXX al XXI estamos asistiendo a la aparición de unos “novísimos” movimientos sociales, llamados “antiglobalización”, los cuales surgen en un contexto relativamente diferente a todos los anteriores. 1989 aparece en ese proceso como un punto de inflexión simbólico en cuanto que, según algunas interpretaciones, significa el retorno a la mera lucha contra los Estados absolutistas y a la restauración de un capitalismo que había sido hasta entonces desafiado en alguno o todos sus pilares por los movimientos que habían ido surgiendo.

Ahora los movimientos “antiglobalización” parecen aspirar de nuevo a construir un “meta-relato” que supere el marco del Estado-nación y cuestione la mundialización del capitalismo como una injusticia global que tiene que ser erradicada. El hecho de que este movimiento se desarrolle en un contexto de crisis de Estado nacional-keynesiano del bienestar y de crisis de centralidad del movimiento obrero provoca a su vez el retorno a la referencia histórica de las “multitudes” del SXVIII y a su búsqueda de una nueva “economía moral” como alternativa. Lo que sí cabe afirmar es que entramos en una nueva página de la Historia que todavía está por escribir pero que nos demuestra que los conflictos, la acción colectiva y el desafío a las autoridades por parte de unos u otros grupos sociales para alcanzar cambios más o menos profundos siguen formando parte de nuestro paisaje cotidiano.