martes, 5 de noviembre de 2013

Resúmenes Cambio Social II Parte 24

En la asignatura de Cambio Social II del segundo cuatrimestre del Grado en Sociología de la UNED curso 2012/13, algunos compañeros realizamos los resúmenes de los capítulos de la bibliografía obligatoria de la asignatura. Derechos reservados, sus autores.


1- Los movimientos sociales como fuerzas de cambio “Sociología del cambio social” de Sztompka, capítulo 19, pp. 303 a 330. Tomás Javier Prieto González // “Las revoluciones: la cumbre del cambio social” de Sztompka, capítulo 20, pp. 331 a 350. Tomás Javier Prieto González 2- Los movimientos sociales: principales teorías Perspectivas teóricas y aproximaciones metodológicas al estudio de la participación (Funes/Monferrer, en Funes/Adell, capítulo 1, pp 21 a 58) // Tomás Javier Prieto González // El estudio del contexto político a través de la protesta colectiva. Participación y democracia (Adell, en Funes/Adell, capítulo 3, pp 77 a 108). // Julia Ortega Tovar Participación y democracia: Asociaciones y poder local (Brugué/Font en Funes/Adell, capítulo 4, pp 109 a 132). Julia Ortega Tovar 3- Los nuevos movimientos sociales en el contexto histórico y de la mundialización Génesis y desarrollo de los movimientos sociales desde una perspectiva histórica. El movimiento obrero (Pastor, en Funes/Adell, capítulo 2, pp 59 a 76). Tomás Javier Prieto González // La dimensión individual en la acción colectiva (Funes, en Funes/Adell, capítulo 8, pp 225 a 254). José Antonio Puig Camps // Los movimientos antiglobalización (Ibarra/Martí, en Funes/Adell, capítulo 10, pp 285). José Antonio Puig Camps 4- Estudios de caso y campañas Dimensión simbólica y cultural del movimiento feminista (Robles/de Miguel, en Funes/Adell, capítulo 5, pp 133 a 162). Víctor Riesgo Gómez // Identidad colectiva y movimiento gay (Monferrer, en Funes/Adell, capítulo 6, pp 163 a 190) //  Javier Hermoso Ruiz Organización y estructura del movimiento ecologista (Jiménez, en Funes/Adell, capítulo 7, pp 191 a 224). Blas García Ruiz

EL QUIÉN Y EL CÓMO DE LA PARTICIPACIÓN

En primer lugar,  respecto al quién de la participación ciudadana, Gyford nos recuerda cómo los sujetos de la participación ciudadana han experimentado en las últimas  dos décadas un proceso de activación de sus relaciones individuales con el gobierno y la administración. La situación actual se caracteriza por la aparición de unos ciudadanos más activos, menos sumisos y más exigentes en las relaciones con las instancias político-administrativas. Este nuevo activismo ha explicado a partir de la aparición de una ciudadanía culturalmente más preparada y sofisticada (Inglehart), por las ansias de encontrar vía alternativas de expresión participativa (Budge), por el creciente descontento de los ciudadanos respecto a unas instituciones que no han sido capaces de mantener las condiciones del pacto de bienestar (Kaasen y Newton) por las oportunidades que ofrecen las nuevas tecnologías (Tsaganourious) o como resultado de las exigencias de unos proceso decisionales cada vez más complejos (Subirats).

Los gobernados parecen mas dispuestos a activar sus relaciones con los gobernantes, en todas las dimensiones (económica, política, administrativa). Los ciudadanos pasan a convertirse en accionistas, en propietarios que vigilan y supervisan las actividades de aquellas instituciones que trabajan con sus recursos. Estos mismos ciudadanos estarían hartos de ser tratados como usuarios receptores de servicios. Los ciudadanos quieren  asumir su condición, y quieren expresar y proyectar sobre el día a día de las actuaciones públicas. Todo ello estaría justificando un nuevo quien de la participación, un individuo con voluntad y capacidad para estrechar sus relaciones con unas instancias político-administrativas que deben canalizar estas nuevas exigencias ciudadanas.



Existe una notable coherencia entre este proceso de activación de los roles individuales de los ciudadanos y las presiones hacia una democracia entendida como  el derecho a tomar parte y de inspiración deliberativa. Estos ciudadanos más activos pueden ser aprovechados en múltiples frentes: la co-producción, la legitimación, la mejora de las decisiones y el fortalecimiento del capital social.

Más complejo es a quién de la participación. La distinción entre participación individual y participación colectiva. Encontramos amplio consenso en cuanto a la activación de los roles individuales, las dificultades aparecen al concretar la participación colectiva. Desde la resignada o entusiasta aceptación de una sociedad cada vez más individualista, parecen dar por perdida la batalla a favor de una participación que supere la demanda individual y alcance el proyecto colectivo Por otro lado, también están aquellos que identifican nuevas formas de articulación colectiva que quizá aún son poco visibles por la débil imbricación en las estructuras decisionales formales, pero cuyo potencial de futuro es una fuente de esperanzas y nuevas oportunidades.

Desde nuestra perspectiva, parece imprescindible completar la activación de los roles individuales con estrategias para dotar a estos mismos roles de una visión colectiva  de sus relaciones con el ámbito público. Sin esta activación difícilmente se pueden potenciar las relaciones entre gobernantes y gobernados. Esta activación colectiva reclama el buen funcionamiento de los mecanismos de agregación y representación de intereses colectivos. La profunda crisis de partidos políticos y desconcierto de las asociaciones ponen en entredicho el adecuado funcionamiento de estos mecanismos. Recuperar la confianza y completar el desarrollo de las asociaciones son condiciones imprescindibles para el desarrollo de una democracia local plena.

Walsh sugiere que partimos de una situación en la que el ciudadano se concibe en tanto que miembro de un Estado, lo que condiciona su pasividad e impulsa un modelo elitista y representativo de democracia. El debate actual se centra en torno a dos grandes alternativas (cuadro 3.): aquella que define al individuo como poseedor de derechos individuales (democracia supermercado), y aquella que lo observa en tanto que miembro de una comunidad (democracia participativa). La reestructuración del municipio del bienestar ha propiciado la crisis de una ciudadanía pasiva y entendida como el conjunto de miembros de un Estado; ha puesto en cuestión el modelo tradicional de democracia representativa. La llegada del municipio relacional ha abierto el debate entre el ciudadano como poseedor de derechos individuales (la activación de los roles individuales) o como miembro de la comunidad (la activación  colectiva); un debate que se refiere a diversas percepciones sobre qué debe ser la democracia local.

En segundo lugar, respecto al cómo de la participación ciudadana, presentaremos algunas reflexiones de carácter general, abundando más en las experiencias de los casos prácticos.  En la última década hemos sido testigos de múltiples y variadas experiencias, aunque sus resultados no han sido todo lo alentadores que esperábamos.  El cómo de la participación parece convertirse en un muro en el que se estrellan las más diversas vocaciones y justificantes para fomentar la participación ciudadana. En opinión de Fox y Miller, para entender las dificultades de los actuales instrumentos participativos, así como para valorar las  posibilidades de futuro, es  imprescindible distinguir entre tres formas de articular la participación ciudadana: a través del monólogo (few talk), del parloteo (many talk) y el diálogo (some talk). Estas tres formas de articular la participación ciudadana pueden interpretarse como el embrión de cualquier discusión sobre cómo ponerla en funcionamiento.



El monólogo representa una forma de organizar la participación ciudadana donde existe un discurso dominante, una élite que lo controla, y una ciudadanía apática y sin capacidad para transmitir opiniones propias. El parloteo define la situación opuesta, todo el mundo habla, las opiniones se multiplican anárquicamente y nadie parece capaz de canalizarlas para alcanzar algún resultado concreto. No existe diálogo ni conclusión; se habla por hablar. Finalmente el diálogo representaría aquella forma de participación ciudadana estructurada a partir de espacios de conflicto específicos y de la presencia de actores informados e interesados en los temas objeto de debate. El diálogo focaliza la atención de los participantes en un abanico limitado de asuntos, clarifica la posición de los actores respecto a los mismos y, a través de escuchar y rebatir, permite alcanzar soluciones operativas. Las dificultades de la práctica participativa están muy relacionadas con el exceso de monólogo y de parloteo, y el déficit de diálogo.

Destacar la existencia de una primera fase dominada por mecanismos formales como los reglamentos de participación, los consejos consultivos, los planes estratégicos. Esta primera etapa mostró una fuerte tendencia a lo que antes denominábamos monólogo, ya que se trataba de espacios participativos fuertemente dominados por el discurso y la agenda de los responsables políticos de turno. En términos de involucración ciudadana quizá más importante, frustrante para unos ciudadanos que no vieron satisfechas sus ansias participativas. Tras esta etapa, aparecen mecanismos de innovación democrática como los núcleos de intervención participativa, los consejos ciudadanos o los presupuestos participativos. Se trata de unos instrumentos que pretenden otorgar poder real a los ciudadanos y que pueden satisfacer sus expectativas participativas. Situación esperanzadora, aunque la complejidad y el coste de algunos de estos mecanismos desaconsejan un exceso de optimismo.

El desarrollo de la participación y de la democracia local requiere de una fuerte sintonía entre las justificaciones (el porqué), los protagonistas (el quién), y los mecanismos de la participación ciudadana (el cómo). Vislumbramos un escenario donde el papel de los ciudadanos será más importante y donde el alma democrática de nuestros municipios experimentará un notable impulso; pero anticipamos también dificultades y barreras.